martes, 17 de diciembre de 2013

Don Gabino e Isidoro Cañones

Con la primavera avanzada, don Gabino había retomado la costumbre de sacar su silla de totora a la vereda en las tardecitas, y sentarse a leer. Ese día, había salido con una pila de revistas pequeñas y apaisadas, de historietas en blanco y negro. Era la colección casi completa de Isidoro Cañones, personaje de Dante Quinterno que lo había divertido en su juventud.
El viejo prefería pasar el tiempo con esas lecturas superficiales que ponerse a hablar con sus vecinos cuyo único tema de conversación, era, desde hacía quince días, el nuevo jefe de la estación de ferrocarril. Es que, luego de apenas una semana de asumido el cargo, había cambiado todo: no usaba más el uniforme, -decía que era cosa del pasado andar con gorra, vivos rojos y galones-, y se lo solía ver caminando por los andenes en bermudas floreadas cuando llegaba el tren de la tarde; había puesto como señalero a una mujer –decía que se había postergado injustamente a las mujeres en la vida ferroviaria-; repartía boletos gratis para viajar al pueblo vecino –pero no decía que después los pasajeros debían pagar el boleto de regreso con un suplemento especial de temporada-; se había abrazado con el dueño de la compañía de ómnibus de media distancia, la competencia feroz y secular del ferrocarril en el pueblo; se lo había visto tomando un vermut con el farmacéutico, un masón reconocido por todos y había dado jugosas entrevistas a cuanto diario y radio se lo pidiera. Los periodistas estaban felices y no dejaban de alabarlo y compararlo con la rigidez de sus antecesores. Betty Piqueta, por ejemplo, había escrito un artículo profetizando que el nuevo jefe de estación eliminaría las clases en los vagones del tren y en las salas de espera. No debía haber ya ciudadanos de primera, de segunda y de tercera, que viajaran y esperaran en lugares diversos. Parecía que Mandela había vivido inútilmente y que el obispo Desmond Tutu había hablado en vano, concluía la reportera. Pero ya estaba en el pueblo, ¡por fin!, el jefe de estación revolucionario.
Sentado a la sombras de los carolinos que bordeaban su calle, don Gabino comenzó a leer las historietas de Isidoro Cañones y reírse a carcajadas. Dos muchachitos que andaban con sus bicicletas jugando en la vereda se acercaron al viejo.
- ¿Qué está leyendo don Gabino?, le preguntaron
- Las historietas de Isidoro Cañones.
- ¿Y quién es ese señor?
- Isidoro Cañones –respondió todavía riendo don Gabino-  era un porteñito que se las sabía todas, sobre la base de clichés, simplificaciones y lugares comunes pseudo informativos que lo convertían en un ciudadano del mundo canchero, conocedor de personalidades arquetípicas. Siempre ganador con las mujeres, era el característico langa que siempre estaba a la caza de alguna nueva belleza, aunque su amiga inseparable era Cachorra. Pretendía ser un ser de mundo y de cultura pero, en realidad, tenía apenas una pátina de saberes superficiales, cosa que cualquier entendido enseguida notaba y que provocaba que, piola como se creía, se metiera siempre en líos de los que lo tenía que rescatar su ahijado, el cacique Paturuzú o su tío, el Coronel Cañones. Era un esquema que Dante Quinterno, su autor, ideó para personas de escasa cultura y alguna alfabetización pero que sentían la sensación de sabérselas todas por ser porteños, y veían en Isidoro una réplica de lo que ellos eran o pretendían ser.
- ¿Y tanta risa le causa Isidoro?
- No, ¡qué va! El que me causa risa es el nuevo Jefe de Estación.

(Los créditos correspondientes para Ludovicus)

13 comentarios:

J dijo...

Me dirijo a usted, don Wanderer que sabe de casi todo y no versea:
¿Hay alguna vinculación filológica o etimológica entre los vocablos Argentina y Armageddon?

¿Es posible que San Juan no haya escuchado bien cuando le soplaban esa parte?

Anónimo dijo...

Por no cargar las tintas sólo en los porteños, uno piensa en Isidoro y en Gardel y en Neustadt y en Maradona y en Perón y en Menem y parece que los argentinos producimos un solo tipo de hombre célebre.

Cherchez l'éducation.

Anónimo dijo...

Muy buenas estas historias de Gabino, sobre todo la primera, aquella sobre el límite y la plenitud.
Respecto al porteño, la opinión del porteño lamentablemente no vale nada, pues tiene la consciencia invadida por los medios de comunicación. No está la originalidad de la opinión que surge del sentido común y la contemplación de la realidad, como puede tener un tipo que vive en el campo, por ejemplo. Los porteños tienen una opinión ideologizada por el periodismo liberal.

Saludos

PS: nota aparte, alguien vio este canal? Que opinan?
http://www.youtube.com/user/CanalTLV1?feature=watch

Me parece que son católicos, anduvo Caponetto de invitado.

Estuve viendo este video, http://www.youtube.com/watch?v=Xk1FbG-UfIk

Sobre la economía del País, tristísimo.

Agustín Leyrós dijo...

Triste y Veraz crónica del Capanga Universal... Dios nos libre.
Ya vieron lo que quiere hacer con las Conf Episc

http://sagradatradicion.blogspot.com.ar/2013/12/el-preocupante-apartado-32-de-la.html

Tétrico!

Walter E. Kurtz dijo...

¡Ese jefe de estación se parece tanto a nuestro Punterus Máximus!

Anónimo dijo...

Sin que coincida sobre lo accidental, pero coincidiendo con lo sustancial que se le reprocha al porteñismo (en esta nota y en aquella), leí esto:

http://argentinidad.org/nota/pongamoslo-en-contexto

Paco.

Anónimo dijo...

Hay algo que me da esperanzas. No nos va a aniquilar del todo. Nos necesita para zarandearnos. Si nos liquida se queda sin enemigo.
N.

Anónimo dijo...

El Punterus Maximus se parece tanto al jefe de estación cuanto a Isidoro.

Anónimo dijo...

Anónimo de 15:09.

¿Podría decir porqué incluyó a Gardel entre los personajes que menciona?

¿No encuentra una diferencia entre él y el resto, siendo que fue un artista sin par y un santo varón?

Porque una cosa es que el Jefe de Estación haya tomado ciertas maneras del tango que son impropias de su oficio y de la claridad que necesita la exposición de su magisterio. Pero otra es, en su específico ámbito, negarle a esta música su rol paradigmático en la formación de la cultura argentina (ya no solo porteña) y una hermosura que no necesita de mayores comentarios.

Jorge M.

perkin el parrandista dijo...

"su rol paradigmático en la formación de la cultura argentina".

Esa parte, por desgracia o no, vaya uno a saber, es cierta.

simkin, desde tabard inn dijo...

¡Lo rajó a Burke!

"El peronismo es pecado" (Sarda Salvany).

Jack the Ripper dijo...

Isidoro Cañones, Demonio, Punterus Maximus, Jefe de estación...
Hay algo de histeriqueo posmo en no querer nombrar al personaje en cuestión.
Ya todos sabemos quien es: Macri.

Jack the Ripper

Anónimo dijo...

Feliz Navidad! Paz y bien