jueves, 26 de diciembre de 2013

Don Gabino y los restauracionistas


Don Gabino ya había preparado en el amplio jardín de su casa los sillones, las sillas y la mesa petisa en torno a la cual, los domingos por la tarde, se reunía con sus amigos. Cada uno aportaba la bebida espirituosa del caso –salvo las interdicciones ya conocidas por todos- y así pasaban varias horas en desvariantes o formativas conversaciones.
Ese domingo, Bulgarovich venía muy enojado y lo mismo ocurría con otros miembros del grupo. Por la mañana, algunos de sus hijos, que concurrían al único colegio religioso del pueblo regenteado por tres monjas, habían hecho su primera comunión. Como era tradicional, las madres habían ataviado a las niñas con vestidos blancos y largos y unas pequeñas tocas de tul. Los varones, habían ido con sus blazers azules y, sobre la manga derecha, un gran moño de raso blanco.
Cuando la superiora de la comunidad vio llegar al grupo así ataviado se puso lívida y después furiosa. Su orden habían sido que tanto niños como niñas debían asistir con pantalones de jeans y remeras blancas a fin de eliminar cualquier tipo de diferencia que denotara procedencias sociales y que los tres o cuatro primeros comulgantes de un villa miseria vecina que se unirían al grupo, no se sintieran discriminados. Además, de ese modo, el colegio daría testimonio fehaciente -y al día siguiente así lo retratarían los medios de prensa-, de que se estaba adecuando rápidamente a los nuevos tiempos de pobreza y acercamiento al pueblo con misericordiaciones incluidas, cuyo ejemplo vívido era el jefe de estación.
La superiora era la hermana Wanda que, en tiempos pasados, había sido la hermana Purificación, pero que un día había decidido vivir cercana al cercanía del pueblo y, de ese modo, había cambiado su nombre y se había sacado el velo que completaba su hábito. Hacía varios años ya que estaba destinada al pueblo de don Gabino. Nadie sabía bien por qué aún conservaba el cargo de superiora. Algunos aventuraba que se debía a que era la más joven del grupo – la hermana Wanda todavía no había cumplido los ochenta años-; otros opinaban que se imponían sus hirsutos bigotes sobre la pelusa mal depilada de sus compañeras, y otros, que se debía a su astucia y habilidad para trepar y ocupar los primeros puestos.
Lo cierto es que la hermana Wanda, apenas pudo salir de su sorpresa y disgusto, y mientras arrancaba tules y brazaletes de cabezas y brazos infantiles, espetó a los padres que miraban azorados el despojo ceremonial de sus hijos:
- ¡Restauracionistas! Eso es lo que son ustedes. Unos restauracionistas.
- Lo que pasa –retrucó Bulgarovich- es que usted es marxista.
- Yo no me ofendo que me digan marxista. Tengo amigos marxistas, para que ustedes sepan, y los quiero mucho. Lo que pasa es que ustedes son fascistas. O peor aún, tradicionalistas. Esos es. En este pueblo tenemos una célula tradicionalista.
Las guitarras comenzaron a sonar con la algarabía del “Juntos como hermanos”, la hermana Wanda esbozó su mejor sonrisa, tomó de las manos a los dos pequeños que encabezaban las filas, y entró con ellos al templo, donde el cura los esperaba revestido de una amplísima alba –sin amito ni cíngulo- y con una estola multicolor  tejida. Hacía mucho calor para ponerse la casulla.

- Se está sacando la careta-, dijo don Gabino.
- La careta será, porque el velo se lo sacó hace rato-, dijo sonriendo el que hacía sonidos guturales desde el fondo del grupo.
- Y además es medio tonta. No termina de darse cuenta de lo que dice y, sobre todo, de lo que no dice cuando dice lo que dice-, reflexionó el Poeta.
- Tiene razón, don –continuó don Gabino-. Fíjese que, si para la monja es un insulto o al menos una deshonra ser restauracionista, es porque ella se ubica en el polo opuesto, es decir, el progresismo.
- A mí me parece que el polo opuesto del progresismo es el tradicionalismo-, dijo uno apurando una copita de Hesperidina.
- No sé…- dijo don Gabino-. Les largo aquí una idea para discutirla y pensarla. A mí me parece que los  binomios, que no se excluyen sino que se complementan, son: tradicionalismo – evolucionismo y restauracionismo – progresismo. Diría que el primero es estático y el segundo dinámico.  Los tradicionalistas consideran que deben guardar intacto lo que les fue entregado mientras que los evolucionistas piensan que eso que fue entregado debe ir modificándose y adaptándose según los tiempos. Los restauracionistas también consideran que debe conservarse lo recibido, pero agregan un elemento dinámico: también afirman que debe volverse a lo que fue en el origen o “restaurar el principio”; los progresistas, en cambio, desconocen y se desinteresan por lo recibido y, mucho más, por el origen, y su meta es “ir” hacia un mundo mejor. Resumiendo, los restauracionistas quieren “volver” a un mundo mejor, mientras que los progresistas quieren “ir” hacia él.
- Lo que usted propone entonces es volver hacia la Cristiandad medieval…- dijo con dudas Bulgarovich.
- Para nada, mi amigo. Eso no sería ni posible ni cristiano. Recuerde que el Apóstol dice que no tenemos en este mundo morada permanente sino que nuestra morada está en el cielo junto a los santos, es decir, en el Paraíso que perdimos. Ese es el “mundo mejor” al que debemos volver. Lea si tiene ganas las lecciones de maitines del tiempo de adviento del breviario tradicional que están tomadas de Isaías.  Todas ellas hablan justamente, en lenguaje profético, de una “restauración”. Y si no, recuerde los salmos: “Junto a los canales de Babilonia, allí nos sentábamos a llorar mientras nos acordábamos de Sión…”. La idea es la misma: debemos volver, restaurar lo que perdimos, y esa es la causa de nuestra esperanza y de nuestra alegría. Es lo que nos decía hace poco don Tollers.
- Humm… qué quiere que le diga don Gabino. Eso me suena a herejía gnóstica. ¿No estará proponiendo la pre-existencia de las almas con toda esa idea del volver? Ya parece un platónico hablando de retornar al mundo de las ideas… - dijo otro que siempre husmeaba herejías.
- No me refiero a eso, y usted lo sabe. Nosotros , y me refiero a todo el género humano, “estábamos” en nuestros primeros padres cuando cayeron del estado de inocencia original. Si no, ¿por qué cree que todas nacemos con ese pecado? Sencillamente, porque todos nosotros pecamos en nuestros padres protoplasmáticos, como los llama la liturgia. Entonces, si estuvimos con ellos en el paraíso, debemos volver a ese mismo lugar de donde fuimos expulsados por nuestras culpas y cuya entrada es custodiada por un ángel con espada de fuego.
- Entonces, -dijo el Poeta-, el cristiano debe ser, necesariamente, restauracionista. 
- Y el progresismo no es cristiano…-, reflexionó Bulgarovich.
- Y, si llevamos las cosas al extremo, así es. Escuche nomás predicar a un cura o a un obispo progre. ¿Qué escuchará? Hablar de los pobres, los marginados, la unidad, la paz social… sociología pura. Eso no es cristianismo.
- Lo que a mí me llama la atención –dijo el juez de paz- es que en esta época todavía hayan cristianos progresistas. Podía llegar a entenderse en los ‘60 o a comienzos de los ’70, pero ¿ahora? ¿Es que no ven el mundo? ¿Es que no ven el estado en el que el progresismo dejó a la Iglesia? Y siguen hablando de construcciones humanas de un mundo mejor. La misma monja Wanda, en el reportaje que le hizo la semana pasada Betty Piqueta, explicaba que las nuevas herejías  tienen que ver todas con la dignidad del hombre o, dicho de otra manera, son herejías antropológicas. ¿Quieren progresismo cristiano más anacrónico que ese? ¿Es que no hay herejías cristológicas o trinitarias? A la monja no le interesan esas cosas…
- Eso no da rating y los medios de prensa la tratarían de integrista… - dijo el del fondo.
- A mí me cuesta creer que la monja haya dicho que no la ofende que le digan marxista- acotó el profesor Worms – ¿Es que no sabe, acaso, que un papa declaró al marxismo “intrínsecamente perverso”? ¿Será que no le importa que le digan que es perversa?
- Le digo más profesor, el marxismo stalinista solamente, dejó cincuenta millones de muertos, muchos de los cuales murieron porque eran cristianos. Y ella, alegremente, dice a todo el mundo que no le importa que le digan marxista- dijo don Gabino.
- Estamos mal con estas monjas… y el problema es que no sabemos cuándo se van.

Todos se quedaron callados un rato, entre tristones y preocupados. Últimamente, casi siempre les pasaba lo mismo. Cuando se acabó la Hesperidina, se levantaron despacito y don Gabino se quedó solo nuevamente.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, teniendo en cuenta que la menor del grupo ya pasa de los 80 años. No habrá que esperar mucho con las despedidas...

Un poco de paciencia, no más, señores. Que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio.

Jack Tollers dijo...

Lo que se olvidaron de contar es que la Hna. Wanda se ocupó muy especialmente de "despegar" las manitos de los que tomaban la Primera Comunión mientras les decía: "¿Qué? ¿Tenés las manos atadas?".

Jack Tollers dijo...

Lo que se olvidaron de contar es que la Hna. Wanda se ocupó muy especialmente de "despegar" las manitos de los que tomaban la Primera Comunión mientras les decía: "¿Qué? ¿Tenés las manos atadas?".

Anónimo dijo...


No se trata de restaurar sino de restituir.

No se puede restaurar porque aquello aplica volver a colocar un cosa en el estado o circunstancia en la que se encontraba antes.Y aquello es imposible sin la destrucción del la esencia del hombre caído, motivo por el que Dio se embarca en una misión de rescate, que eso es la redención.

El acto concreto del pecado original, aquello específico que en la escritura se categoriza como pecado de envidia para Satanás y de soberbia para nuestros primeros "padres" sin especificar qué fue, impide las restauración porque por aquel pecado específico entró la muerte en el mundo. Y como el último enemigo en ser vencido será la muerte, la restauración es imposible.

De lo que se trata es dar al hombre la potencialidad de RESTITUCION a su condición primigenia bajo otras circunstancias.

Por eso San Pablo en su epístola a los Corintios les dice a sus hermanos "Os voy a contar un secreto. No todos moriremos pero todos seremos transformados".

Ahí está anunciada la restitución para algunos antes del final de los tiempos y la restauración para todos, fuera del tiempo.

La clave es el pecado original. Aquella falta concreta por la que entró la muerte en el mundo, cuyas consecuencias todos tenemos por transmisión de sus consecuencias, las cuales se explican por el pecado cometido.

XYZ.


Andrés UcB dijo...

¿Alguien sabe dónde pudeo conseguir un breviario tradicional?

Anónimo dijo...

"Los restauracionistas también consideran que debe conservarse lo recibido, pero agregan un elemento dinámico: también afirman que debe volverse a lo que fue en el origen o “restaurar el principio”

No me parece. El mismo concepto de tradición supone el dinamismo que le achaca solo al restauracionismo. A eso se le suma que el asunto del origen es cuna herética; aunque puede ser que no, como seguramente en su caso. Vea usted el peligro.

Los tradicionalistas no pretenden que la misa se rece como la codificó Pío V. Aceptan los cambios posteriores. Lo que no aceptan es el salto que es más brinco de animal desbocado que cambio paulatino, sutil, imperceptible y por ello aceptable.

¿Sabe porqué digo esto?
Porque si no terminaremos aceptando "la misa nueva bien rezada" y otras bobadas.

No sé, Wan; si lo estoy contradiciendo o no. Es que no se entiende exactamente para qué lado va el diálogo de esta historia. O no lo entendí yo.

El Carlista.

Martin Ellingham dijo...

Muy buena la serie de Don Gabino.
Saludos.

Anónimo dijo...

El tiempo vence al espacio. Fortaleza hecha paciencia. Construir en positivo, sin dejar de señalar lo negativo. pero darle más importancia la formación positiva.
Bendiciones. XXL sj.


Cuidado con los sharmuta !!!

kufisto dijo...

¿No vais a hablar de la carta de Alberto Villasana?

Anónimo dijo...

Unos aportes para hacer honor a la verdad, que supongo es aceptada en este blog:
Jesús sí hablaba de los marginados, de los pobres y de la paz... Y respecto de la frase del papa sobre el marxismo, faltó poner en boca de la monja (si esa era la intención, referirse a lo que dijo el papa), lo que dijo antes: "el marxismo es una doctrina equivocada".

Wanderer dijo...

Carlista, bienvenido nuevamente al blog.
Como dejo bien claro en el texto, no creo que los "restauracionistas" sean contrarios a los "tradicionalistas". En todo caso, son complementarios.
Y en cuanto a dónde va el diálogo, es cuestión de que lea las noticias y reportajes que vienen de las Siete Colinas.

Anónimo dijo...

Con motivo de los cambios litúrgicos a lo salto de tigre me decía un sacerdote amigo días atrás: el rito tiene características y fines principales y subalternos, y entre los segundos se encuentra la estabilidad, la que tiene la inmensa utilidad de poner coto a la imbecilidad del hombre.

Si bien se mira es así. Impresionante la pedagogía ritual.

El Carlista.

Anónimo dijo...

Esas características del rito no pertenecen solo a los de la Iglesia. Ya el paganismo no los cambiaba así porque sí. El rito siempre fue algo inmemorial, materia de los dioses vedada al antojo humano. Lean a Homero. Si algo heredamos de Grecia, antes que la filosofía y la lengua destinadas a unos pocos, es esto. O no heredamos nada.

simkin, desde tabard inn dijo...

"No solo la tradición y la costumbre, sino toda clase de cultura afinada, la belleza, la gracia, el gusto por el vestir, la seguridad en las formas de trato, el lenguaje selecto, la actitud retenida, que delatan educación y autodisciplina, exasperan a la sensibilidad ordinaria. Un rostro de facciones distinguidas, un pie esbelto que pisa con ligereza y elegancia... La cultura, en su superioridad, es su enemigo". (Oswald Spengler, Años Decisivos)

Ojo con los peronistas...

Anónimo dijo...

"Ciudadela es mansión en el espacio y rito en el tiempo".

Saint Exupéry.

Dummy dijo...

Don Wan: creo que la "complementariedad" que le resalta al amigo Carlista merece una entrada aparte.

Cualquier enlace entre ambos vértices esta compuesto por la semirecta de la búsqueda de "lo estable" o "inmutable", entendido al modo platónico. Pero al acortarse la distancia va a llegar un momento en que ambos puntos han de confundirse, necesariamente.

Es la tensión de cada uno de ellos a lo que no muda lo que los acerca y terminará fundiendo.

Comparto con doc Martin, me estoy haciendo fan de Don Gabino, aunque el personaje nuevo de Bulgarovich me choca, parece un coro afirmador de obviedades.

Dummytri Dummienov.