lunes, 20 de julio de 2015

La soledad de San Pancracio

Hace algunos días recibí en el blog el comentario particularmente significativo de un joven de diecisiete años. Entre otras cosas, nos hablaba de la soledad que experimentaba en medio de su colegio y de sus amigos al intentar vivir plenamente su fe cristiana. Y enseguida pensé en San Pancracio, un joven que vivió toda su vida golpeado por la soledad y que, sin embargo, resistió hasta el final.
Aquí les propongo un relato en el que reconstruyo su vida. Su ejemplo y su intercesión nos ayudarán en estos tiempos difíciles en los que la soledad y orfandad son las persecuciones que nos tocan sufrir. 

En la península de Anatolia se levantaba la ciudad de Synnada que poseía, a fines del siglo III, cierta importancia en Frigia, la extensa zona del Asia Menor que era parte integrante del Imperio Romano. Era una ciudad pagana y del matrimonio pagano formado por Cleonius y Cyriada nació, en 289, su primer hijo a quien llamaron Pancracio. 
Su vida no iba a ser fácil. Apenas nacido fue cargado con el peso que lo acompañaría a la largo de todos sus años: la soledad y el sentimiento de orfandad. Su madre murió al darlo a luz y el bebé desvalido quedó a cargo de su padre. 
Cleonius era ciudadano romano y pertenecía a una familia conocida de Diocleciano, un dálmata hijo de un liberto que, a fuerza de habilidades oscuras, había sido proclamado emperador por el ejército romano de Oriente en 284 y se había hecho con todo el poder poco tiempo después.   Sus medios económicos le permitían a Cleonius dar a su hijo una buena educación y formación en las virtudes que aún conservaba, en cierta medida, el Imperio. Además, Frigia era un región donde florecían las letras y las artes, y florecía también la fe cristiana. Hacia el este limitaba con Capadocia, de donde saldrían pocas décadas más tarde tres de las luminarias más grandes del Cristianismo: Basilio y los dos Gregorios. Synnade, además, era vecina de las ricas y cosmopolitas ciudades que comerciaban en los puertos del Mediterráneo y del Mar Negro. El porvernir de Pancracio, el niño sin madre, podía preverse como auspicioso. Sin embargo, la soledad volvió a golpearlo: cuando tenía ocho años murió su padre Cleonius y el pequeño, solo, quedó al cuidado de su tío Dionisio.
Es éste un personaje cautivante, a pesar de lo poco que sabemos de él. Eligió la soledad para dedicarse a criar a su sobrino y asumió sin vacilar los costes que esto significaba para su vida personal.
Nada sabemos de los años siguientes, pero seguramente Pancracio habrá cargado con su orfandad, habrá aprendido a vivir solo y a consolarse con el cariño de su tío. Y también habrá continuado su educación a la que Dionisio, pareciera, se abocó con ahínco. Quizás esa sea la clave comprender la decisión que tomó algunos años después cuando, junto a su sobrino, dejaron Synnade y se establecieron en Roma, la capital del Imperio. Era, una vez más, otro golpe de la soledad a Pancracio quien, comenzando su adolescencia, debía dejar a sus amigos frigios y comenzar una nueva vida en un lugar desconocido que lo obligaría a hacer nuevas amistades y tejer nuevas relaciones. 
Dionisio eligió vivir en el monte Celio, una de las siete colinas de Roma donde se había establecido un fuerte núcleo de población cristiana. Y será este un hecho que marcará su destino y el de su sobrino.
Ambos, solos en una nueva ciudad, hombres virtuosos y honestos, sienten la necesidad de la paz que trae consigo el afecto humano y añoran también un ideal que de sentido a sus vidas golpeadas y doloridas. La zona de la ciudad en la que viven les ayuda puesto que sus vecinos son amables con los recién llegados y éstos, a su vez, descubren en ellos la serenidad y la paz que tanto anhelan. En la casa lindera vive un anciano llamado Cayo, al que acuden a visitar diariamente muchas personas caracterizadas por la misma mirada luminosa. Los domingos se reúnen más visitantes y se escuchan cánticos y oraciones que provoca en Pancracio y en su tío una gran curiosidad. 
Junto a la casa de Cayo, vive su hermano Gabino, viudo desde hace años, quien tiene una sola hija, Susana, apenas mayor que Pancracio, dedicada al cuidado de su padre y de los más pobres de la zona del Celio.
Es Susana la que invita a Pancracio y Dionisio a las reuniones que se realizan en casa de su tío Cayo. Y será en estos encuentros, discretos y alejados de las algarabías mundanas propias de la capital imperial, en que los dos frigios conocerán la fe cristiana y se enterarán de que su vecino es el obispo de Roma. Convertidos al evangelio de Cristo, ambos son bautizados por el papa Cayo. 
Habrá pensado quizás Pancracio que las tormentas que se habían abatido sobre su vida habían ya pasado: había descubierto la fe verdadera y tenían un grupo de amigos al que lo unía algo más fuerte que los afectos. Tenía catorce años y la vida se le abría ante sus ojos. Pero, una vez más, la soledad vendría a golpearlo puesto que, pocos días después del bautismo, murió su tío Dionisio. Pancracio estaba otra vez solo en el mundo.
La fe que había abrazado se convirtió en su tabla de salvación, en el sentido más amplio del término. Se abrazó a ella con pasión y se entregó con fervor al servicio del papa Cayo, rodeado de la amistad y el cariño de Gabino, Susana y otros cristianos del Celio. 
Pero la persecución del emperador Diocleciano, que sería la última y más sangrienta de todas, estaba comenzando. Quizás haya sido el ardor del amor a Cristo y a su Evangelio lo que llevó a Pancracio a proclamar públicamente su fe cristiana, acompañado de los ímpetus propios de su juventud. Lo cierto es que fue encarcelado y colocado en celdas en las que se hacinaban asesinos y ladrones. Nuevamente Pancracio debe vérselas con la soledad y el desamparo, aunque esta vez no sería por mucho tiempo. 
A los pocos días de su encierro, se le exigió que quemara incienso a los dioses paganos a fin de ser liberado. El joven no solamente se negó sino que fundamentó y defendió con una vehemencia y elocuencia impropia de su edad la decisión tomada. 
El emperador, que había sido conocido de su padre, quiso verlo a fin de ayudarlo a abandonar la ceguera que lo invadía.  Fue llevado, entonces, frente a Diocleciano quien le mostró con argumentos racionales la necedad de su postura -adherir a la extravagante fe en un líder judío muerto en una cruz hacía casi trescientos años- y le prometió riquezas y poder en su administración si tan solo accedía a arrojar algunos pocos granos de incienso frente a las estatuas de las divinidades romanas. Pancracio no sólo se negó sino que redobló la defensa de su fe y proclamó nuevamente su amor a Cristo. 
Diocleciano no insistió y entregó al adolescente en manos de sus verdugos. Al día siguiente, el 12 de mayo de 303, fue conducido a la vía Aurelia y allí, en soledad, fue decapitado. 
Por la noche, Otavilia, una piadosa mujer cristiana, recogió su cuerpo, lo ungió y envolvió en lino, y lo sepultó en una catacumba cercana. 


(Como sucede con frecuencia en el caso de los primeros mártires cristianos, las noticias de su vida y de su muerte carecen de detalles y de cronologías exactas. De allí ciertas incongruencias en cuanto a las fechas que pueden encontrarse en este relato).  

25 comentarios:

Anónimo dijo...

Nos mantenemos anónimos. Quizás sea esta una tara de la educación pseudo jesuita-voluntarista-puritana que recibimos algunos de chicos, que nos hace dificil abrirnos a nuevas amistades. La realidad es que, de este blog podrían surgir muchas amistades nuevas por el hecho de compartir lo que más queremos: nuestra auténica Fe en Cristo y su Iglesia.
Por qué no pensar que en wanderer puedan surgir amistades nuevas? No es esta la forma natural en que la gente se conoce y entabla amistad?

Un Anónimo.

Wanderer dijo...

Anónimo, han surgido amistades. Muchas más de las que yo podría haber pensando.

Anónimo dijo...

Bellísimo Wanderer, gracias por contarnos la historia de este Santo, no la conocía.
Es un gran ejemplo y de muy valiosa ayuda. Dios lo guarde.

Anónimo dijo...

Amor de amistad, que cosa mas bella!!!
Josefina

Anónimo dijo...


Hay otra historia muy interesante, y es la del Beato Fernando de Portugal.
Pueden buscarla en Google.
Era un joven príncipe del siglo XV y quedó prisionero de los moros en Marruecos,
hasta su muerte.

Anónimo dijo...

anónimo de las 10.26, amistad hay, y en la Pulpería se han cocinado varios locros.
Pero aquí muchos son castos, y todos, cautos.

El Pulpero de la Recoleta.

Anónimo dijo...

Me parece buena idea

Anónimo dijo...

Muy bueno, Wan.

Anónimo dijo...

Ideal para completar el relato. O para el chico este de 17 años, y para todos nosotros que sentimos sobre nuestros hombros la lápida de los tiempos que corren, es la novela ya recomendada por Wanderer. Calixta, de Newman. La descripción de la soledad de los pocos cristianos que vivían en esa ciudad de áfrica, en un ambiente que les era profundamente hostil, es muy similar a la que cualquier cristiano auténtico siente hoy día.
Venían de una relativa paz, o ausencia de persecución -año 250-, hasta que salió el edicto de Severo.
Bueno, parece que acá también -y en todo occidente-, se están dictando edictos varios. Otra coincidencia.
Oremos y preparémonos para el martirio, aun cuando sea un martirio moral.

Anónimo dijo...

Son tiempos de amistad con el Sagrario, miren que tal vez no falte mucho para que se de la desolación de estos sagrados lugares, aprovechen ahora tal vez mañana sea tarde.

Anónimo dijo...

http://www.diarioveloz.com/notas/146834-la-camara-diputados-aprobaria-un-proyecto-ley-contra-los-comentarios-internet


http://www.nexofin.com/notas/313027-avanza-el-proyecto-oficialista-que-busca-censurar-los-comentarios-en-la-web-n-/

Anónimo dijo...


MARAVILLOSA VALERIA MAZZA CONDUCIENDO EL CICLO CON SANCHEZ SORONDO
Y LA ALCALDESA LAICISTA DE MADRID AL HABLA !!!

http://www.infovaticana.com/2015/07/21/carmena-en-el-vaticano-propone-reflexionar-sobre-por-que-uno-se-va-de-putas/

Anónimo dijo...

“Friendship is born at that moment when one man says to another: "What! You too? I thought that no one but myself...”
― C.S. Lewis, The Four Loves

Ringo Malavena y su Quinteto de Violoncelos de Cumbia Tropical dijo...

No hay que ser teenager o niño para sufrir los embates cada vez mas ácidos del mundo. Uno puede ser merecedor de tan insigne sino a cualquier p. edad. Con solo declarar la pertenencia a la tradición católica y luego de explicarla solo algo superficialmente es razón suficiente para que lo dejen de lado en casi cualquier ambiente y dentro inclusive de la familia. Este sufrimiento se agrava cuando los pastores son el enemigo lo que a veces da ganas de cruzarse a la ortodoxia o irse a la mismísima m., lugar que puede ser mas confortable que los consejos y compañía de muchos que se dicen católicos.

Para el pibe motivo del post: Flaco ánimo, lo peor aún no llegó.

PD:
Wanderer, lo suyo: encomiable. Si se arma algún grupito de amigotes de las catacumbas avisen porfa y le mando mi email al suyo.

Anónimo dijo...

Ringo,
lo que usted dice es cierto. Pero, ¿cómo puede ser que, por un lado, a los católicos nos duela y nos aísle tanto la hostilidad de mundo, mientras que, por otro lado, yo veo cerca de casa a los paisanos de Jabad Lubavitch, de barba, sombrero, saco, la mujeres jóvenes de pollera larga, boina o peluca, y la hostilidad del mundo no podría importarles menos?.

Anónimo dijo...

Yo a la edad de este chico --un año más, pongámosle-- casi me paso a una Iglesia ortodoxa. Claro, no sabía que existía la Misa tridentina, y menos los ritos orientales. Los conocí por youtube, viendo videos de las Misas de Benedicto. Y entonces me saltó un video lefe. Y cambió bastante todo. Eso, y saber que no estaba solo. Blogs, un instituto neocon al cual le estoy muy agradecido, un grupo de amigos "del palo" que me mandó Dios en el momento preciso... Dios provee, puedo asegurarlo hoy, viendo su mano en mi historia personal.
Claro, hubo que rebajar la dosis ultra-ultra-lefe que me produjo la reacción anti-modernismo. Y duró un par de años la ultra-ultranza, pero matizada con los ritos orientales y con literatura del Oriente cristiano, sumado a la oración, maduré el equilibrio radical (y no es oxímoron) que es el cristianismo.

Yo le diría a este chico que lo rece mucho al tema. Todos los que somos de los '90 sabemos lo que es ir a un colegio parroquial donde tus compañeros se cagan de risa de la fe, putean a la Iglesia, donde el cura o es bueno y lo odian, o es un progre gil por el cual sentís vergüenza. Es así. Pensá que antes te mataban. Ahora se te cagan de risa en la cara o simplemente te ignoran.
Lo importante es que no maquines mucho, que no te calientes la cabeza leyendo literatura fanática lefe o que te metas en los grupos-secta que buscan buenos pibes para convencerlos de que dan para cura. Diariamente: lee el Evangelio, rezá el Rosario, comulgá. Si querés más, metele a los clásicos del cristianismo. No viciés con los blogs loquitos porque te enferman. Lo sé por experiencia personal. Y confiá que Dios te va a dar lo que necesitás, a su tiempo y por sus medios.

Tomás Fisher dijo...

Anónimo de las 16:55: Yo también veo cerca de casa a los paisanos de Jabad, etc (quizá vivamos en el mismo barrio), y debo decir que, en medio del caretaje urbano, me resultan simpáticos; lo que no veo en absoluto es la hostilidad del mundo. Anéctdota: Hace un tiempo me paró uno en la puerta del seminario rabínico y muy amablemente me preguntó si le podía pagar un taxi. "Me olvidé de que es nuestro año nuevo y no podemos tocar dinero", explicó. Conteniendo la risa, me disculpé porque no tenía un sope. Igual me dio las gracias. Todo un caballero. Volví a casa riéndome solo como los locos por la situación (judío rico pidiendo guita para el taxi a cristiano pobre para no tocar dinero en año nuevo).

Anónimo dijo...

No hay que tomar poca pena. Que todo lo malo que está pasando no pasará, y vendrán cosas peores.

Ringo Malavena y su Quinteto de Violoncelos de Cumbia Tropical dijo...

Amigo del 21 de julio de 2015, 16:55,

los paisanos que Ud ve aunque vistan barba y cuelguen postizos son EL mundo, en sentido teológico y sociológico. Y aunque los actuales poco tengan que ver con sus antepasados bíblicos recuerde que Alguien los llamó hijos del demonio. Si, ya se; hay excepciones y muy buenas como de nuestro lado hay material fecal hasta con capello. Casualmente mi amigo el Ruso Ale y mi vecina Rebeca son de lo mejor que conozco...y están en la lona porque tuvieron la osadía en distintas épocas de decirle no a sus rabinos y tesoreros.

Lo dejo porque me faltaron 2 del quinteto y tengo que reemplazarlos con un buen long play de los Wawancó y una coreo con las jetas de Bergoglio pontificando sobre intrascendencias.

Anónimo dijo...

Tomás,
tal vez me expresé mal. Por un lado nadie les va a gritar por la calle a los Jabad, porque todo el mundo tiene pánico de ser acusado de antisemita (aclaro: celebro que no los insulten por la calle). Pero por otro lado, no creo que nadie les tenga a ellos -que son rigoristas y lo expresan hasta en el vestir- más simpatía que a los católicos observantes. En el mejor de los casos, al mundo, los hasidim y otros judíos ultraortodoxos le resultarán incomprensibles (cómo le resulta incomprensible cualquiera que se tome la religión en serio). Pero lo que me llama la atención es que, mientras a los católicos la hostilidad o incomprensión del mundo parece lastimarnos, a los hasidim parece importarles un bledo. A mi me cuesta imaginarme un jefe de sistemas de un empresa que atienda a los proveedores en hábito benedictino. Sin embargo, a mi me ha atendido un jefe de sistemas judío ortodoxo de barba, sombrero, saco oscuro, camisa sin corbata, sin cinturón, con las cintitas colgando, etc.. Y si a mi me gustaba bien, y sino, también. Y me parece una actitud muy saludable de parte de ellos. Que sería la misma de los Macabeos. A ver si ellos que tienen la Revelación (así lo creen), se van a poner a ver que piensan los goyim.
(Aclaro que una vez también me recibió un cliente que mientras hablaba conmigo pasaba por entre sus dedos las cuentas de un rosario musulmán. Y me atendía el teléfono diciéndome: 'Salam Aleikhum, buenas tardes'. Al final, los únicos que estamos tan pendientes de no pisar callos, vamos a ser los católicos).
Y si, tal vez seamos vecinos. Yo estoy cerca del colegio Wolfsohn. Que si no es el más grande que tiene Jabad en Argentina, le pega en el palo.

Anónimo dijo...

Tomas Fisher tiene razón: los judíos son queridos, al igual que otras "minorías". Lo que resulta insoportable es la minoría católica: a esa no la bancan ni los mundanos mundanos ni los mundanos católicos. Hay sacerdotes que pueden hacer cualquier desastre litúrgico, pero basta que a uno de la diócesis se le ocurra tan solo osar celebrar la misa de Pablo VI ad orientem y se gana el odio de jerarcas y pares.
José el Fino.

Tomás Fisher dijo...

Estimado amigo (supongo que no hará falta que ponga la hora): lo que despiertan los judíos observantes es extrañeza; lo que despertamos nosotros es hostilidad (imagínese cómo sería la cosa si lleváramos "uniforme"; por ejemplo, en la universidad). Le concedo algo -y quizá usted se refiera a eso-: los judíos tienen menos respeto humano que nosotros (quizá si hubieran convencido a todos de que soy por naturaleza una víctima impoluta yo tampoco lo tendría, pero eso no me justifica). Se ve en los casos de judíos conversos: conozco uno de cerca. Claro, ya está empezando a experimentar hostilidad contante y sonante. Un saludo.

PD: Me gustaron mucho los consejos del anónimo de las 18:40 para el chico que dio pie a la entrada.

khispano atlántico dijo...

aprenda por lo menos a espaciar entre parrafos, antes del dia del Juicio.

El dia del Juicio ya no tendrá ni Gracia, ni salvación....

Anónimo dijo...

Hablando de soledad, apuesto a que Pell se va a quedar muy solo por decir una verdad como un templo:

«Cardenal Pell: “La Iglesia no tiene ningún mandato del Señor para pronunciarse sobre las cuestiones científicas”»

¿Burke 2.0? Apuesten, Sres.

Anónimo dijo...

Tomás la próxima que te agarren fuera del seminario para pedirte plata deciles que usen guantes...