viernes, 19 de agosto de 2016

Black Mischief

Black Mischief es una hilarante novela de Evelyn Waugh, recomendable para quienes deseen reírse un rato. Acabo de comprar en Mercado Libre una edición española de los ’50, en la que traducen el título como Fechoría negra. Otra traducción prefiere Merienda de negros (pueden bajar desde aquí). De lo más oportuno para sintetizar, según mi opinión, los puntos que discutimos en el artículo anterior.
Y empiezo otra vez con una referencia a Castellani. El 25 de junio de 1970 le escribía a su gran amigo Alberto Grafiggna: 
“En cuanto a la patria me pasa algo raro: que ya no le tengo amor, no es eso; que no sienta sus contrastes, tampoco; que no me importe nada, menos; que sea una nación “anómala” como decía César Pico, “blandengue” como decía Scalabrini, o “cretina” como decía Améndola, no estoy seguro. Lo que me pasa es difícil de explicar: una especie de indiferencia resignada y triste junto con una viva atención del intelecto; en fin, esa “inútil sabiduría de la vejez”, que quien sabe si es útil”. 
Y yo, sin tener sabiduría y sin ser todavía viejo (o, al menos, no del todo) siento esa misma indiferencia resignada aunque no triste, por el momento. Y la expongo en la siguiente síntesis, propia de un aficionado a la historia y no más que eso.
Argentina nació de un parto prematuro, acunada por una Primera Junta -rejunte de contrabandistas y jacobinos (cf. Roberto Di  Stefano, Ovejas Negras. Historia de los anticlericales argentinos, Sudamericana, Buenos Aires, 2010)-, y bautizada por clérigos liberales y amancebados, triste antecedente de la tradición clerical y episcopal argentina (cf. N. Calvo, R. Di Stefano y K. Gallo, Los curas de la Revolución. Vida de eclesiásticos en los orígenes de la Nación, Emecé, Buenos Aires, 2002). Sus victorias militares contra el Reino de España fueron lideradas por un soldado que se había formado en España, que había jurado fidelidad al rey español y que había combatido bajo su pabellón durante veintidós años y que, de pronto se dio vuelta. Y que, además, llegó al Río de la Plata luego de pasar un año y medio entre Londres y Escocia, donde aprendió a compartir los ideales del imperialismo británico (cf. Rodolfo Terragno, Maitland & San Martín, Sudamericana, Buenos Aires, 2012). ¿Qué clase dirigente podía salir de semejante condumio?
Y sin embargo, salió. Porque, a mi entender, Argentina gozó de una clase dirigente hispánica y criolla, aristocracia en sus mejores términos, entre 1835 y 1852, mientras fue gobernada por Juan Manuel de Rosas y los caudillos federales. Habrán tenido muchas fallas pero todas ellas se podrían haber ido puliendo en el tiempo si no hubiese ocurrido Caseros. Como bien dijo un comentarista en el artículo anterior, después de esa batalla, a la verdadera y más noble clase dirigente del país no le quedó más remedio que exiliarse en Southampton. 
Avanzaba la segunda mitad del siglo XIX apareció otra clase dirigente, de otro signo, liberal, masónica y anticlerical, que no me gusta nada, pero que era clase dirigente, y su máximo exponente fue Julio Argentino Roca. Nos gustará poco o mucho, pero Roca fue un estadista como lo fue Rosas. Los dos únicos que ha tenido el país. 
Los hijos de esa generación se aburguesaron y se desentendieron por pereza de los destinos del país. No estaba en ellos darnos una patria católica e hispánica, pero al menos nos podrían haber dado orden, seriedad, previsibilidad, educación, cultura, trenes y todas las demás ventajas de las que gozó este país durante décadas. Prefirieron vivir en París, dejaron solo a Roque Sáenz Peña que promulgó su famosa ley y entonces los negros, con Irigoyen a la cabeza, hicieron sus primeras fechorías, y ya no dejarían de hacerlas hasta la actualidad. Genta los llamó calamidad; podríamos llamarlos también orcos; como sea, el apelativo negro nada tiene que ver con el color de la piel, ni con la raza ni con las señoras gordas de Recoleta. Demás está decirlo, pero hay algunos que no lo entienden. 
Ya no nos recuperamos más. Una posibilidad fue la presidencia del Gral. José Félix Uriburu, pero la frustró la envidia y el oportunismo de un coctel de militares liberales, rezagos de la clase dirigente de la generación del ’80 y socialistas. Hasta hace poco pensaba que Frondizi, aunque muy lejos de Rosas y Roca, algo podría haber hecho, pero veo que estaba equivocado: no fue más que un pequeño traidorzuelo que no dudó en pagarle, a través de Rogelio Frigerio (tío del actual Ministro del Interior) varios cientos de miles de dólares a Perón para que ordenara a su seguidores que votaran por él. (Cf. Juan Bautista Yofre, Puerta de Hierro. Los documentos inéditos y los encuentros de Perón en el exilio, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pp. 91-131). Una última e improbable chance fue el gobierno del Gral. Juan Carlos Onganía, que se rodeó de gente buena, de gente capaz y, también, de inútiles y descastados, pero ya era tarde. La economía liberal de Krieger Vasena y el marxismo que se filtraba desde Cuba condimentado con las arengas oportunistas de Perón desde Madrid impidieron cualquier recuperación (cf. Roberto Roth, Los años de Onganía, Ediciones de La Campana, Buenos Aires, 1980). 
Ya sabemos lo que vino después. Y acabamos de salir de doce años de ser gobernados por una negra de piel blanca y con una fortuna de cientos de millones de dólares, que se rodeó de miles de negros que esquilmaron el país, cometiendo fechorías propias de Uganda. Y lo más triste de todo es que fue elegida y re-elegida con el 54% de los votos por “esa patria nuestra” de la que hablaba Sebastián S., y nos salvamos de que volviera al poder por apenas el 1,6% de votos. Porque no la eligieron los marcianos ni los bolivianos: la eligieron los argentinos. Yo me resisto a ser parte de una patria que tiene semejantes hijos. 
Y así estamos ahora. Con Macri. Hijo de un comerciante inescrupuloso, que hace psicoanálisis semanalmente desde hace viente años, practica yoga, tiene como gurú a un publicista ecuatoriano de izquierda y se casó, en terceras nupcias, con una turca de frondoso pasado. En la ceremonia, expresó su compromiso con estas palabras: “Gracias por haberme elegido, gracias negrita, mágica, única y hechicera”, mientras se apiñaban sus invitados, entre otros, Marcelo Tinelli, Jorge Rial y Guillermo Cóppola. En fin, una merienda de negros.
Quizás Castellani tenía razón. Frente a este panorama, el mejor sentimiento es la indiferencia resignada

97 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo la tengo con el título traducido "Merienda de Negros".

Gabino Ezeiza dijo...

Si les parece esuchen esto:
https://www.youtube.com/watch?v=iWU5tLJ7g1s

Anónimo dijo...

Qué interesante, Wanderer. En muchos puntos se pueden trazar paralelos con la historia de mi país, Chile (y probablemente de otras repúblicas sudamericanas). También tuvimos en el cambio de siglo una clase dirigente que se fue a vivir a París, desentendiéndose de la conducción del país. Eso hizo que se desmoronara por completo el modelo social de la hacienda heredado del período indiano, en el que por cierto se habrán producido muchos abusos, pero que tenía cosas buenas, como la preocupación por la transmisión de la Fe (normalmente a cargo de la mujer del hacendado, que se preocupaba de que la gente se casara, los niños se bautizaran y que se les enseñara el catecismo). Así, también fueron reemplazados por otra gente y en 1920 llegó al poder nuestro Yrigoyen, Arturo Alessandri.

Wanderer dijo...

Sr. Aloisio Argentino, su comentario no fue publicado por el siguiente motivo: usted no argumenta, simplemente declama lugares comunes.
Respondo simplemente a su objeción sobre los autores que leo y refiero en el artículo. No me importa la ideología que tiene; me importa los documentos que muestran. Y la historia se hace y se discute sobre documentos. Todos lo documentos, y no solamente los que sirven a una causa. Eso hacen los abogados: muestran las pruebas que benefician a sus clientes, y a las otras las esconden. También lo hacen algunos historiadores, y son capaces de narran relatos muy entretenidos.

Anónimo dijo...

Suscribo todo el artículo, pero me resisto al comentario sobre la Junta y San Martín. Por razones de espacio remito a "Mayo Revisado" (Enríque Díaz Araujo, Ed. Ucalp, 3 tomos). Aunque aquí trata poco el tema de San Martín, en otros artículos menciona, por ejemplo, la preocupación del prócer por recuperar el Estandarte de Pizarro, cosa que pudo conseguir cuando llegó a Lima, y que era su principal preocupación... ¿para qué quería ese Estandarte?, bueno Díaz Araujo lo explica bien, en cuanto tenga la referencia la acompañaré. De todos modos no "condeno" su postura Wanderer, leo lo suyo y lo de Díaz Araujo, con más lo que aporten los comentaristas. Recordemos que Mitre hizo desaparecer documentos que le diera Merceditas, por lo que la historia nos llega con baches...
El de H-

Anónimo dijo...

Es sabido lo muy difícil que resulta el nadar contra la corriente.
Ni qué decir de la extrema dureza de la lucha contra la ley de gravedad sin una buena base de sustentación que la neutralidad.
Tampoco se puede soslayar la dificultad de llegar a cualquier meta si se elige el camino más impropio para arribar allí.
Por supuesto, ese panorama se vuelve sombrío y lóbrego cuando todos estos contratiempos se conjugan a la vez.
Pues bien, eso nos pasó a nosotros. Y de yapa, el colectivo para llegar al poder llamado peronismo, que durante tres cuartos de siglo se encargó de enraizar lo peor de ese menjunje.
Diga que existe el Apocalipsis y que data de dos milenios a la fecha. Si no fuera así, darían ganas de hacer un trabajo audiovisual acerca del Kongourbano, con pinceladas de la imitación rioplatense de las peores favelas para describir, como literatura costumbrista, una versión posmoderna del infierno de los Pedantes e Ignorantes. Más conocida por Argenzuela. Tierra donde la bomba de neutrones fue probada, con el mayor de los éxitos, sin que nadie se diera cuenta.
Pero, hagamos lío y sigamos llorando, que el futuro es nuestro.
Iluminado Avela, un ciego que guía a otros ciegos al pozo de Vargas

Anónimo dijo...

El archivito está corrupto, si lo pueden subir corregido estaría bien.

Sí, no sé si hubo una aristocracia que no quiso gobernar "gratis" como dijeron. Lo que no se puede es decir es que Perón o una merienda de negros devino en gobierno necesario al no hacerse cargo la aristocracia, porque el peronismo gobernó y eso es necesario por necesidad histórica. Por otra parte no se puede cargar el descalabro a una clase que nunca gobernó.

No sé de qué manera se puede discutir un no hecho o decir que sin dudas y absolutamente gobernó Perón, queriendo decir que no fue su culpa sino su culpa necesaria.

saludos

Wanderer dijo...

El de H., como dije, soy un aficionado a la historia. No un historiador.
Pero entiendo que la historia se basa en documentos y en hechos. Y los hechos sobre San Martín son los que relaté en el blog. Y son hecho documentados también los que Terragno aporta en su libro. No vale decir que a esos documentos no se hace referencia "porque eso haría el juego al enemigo". Eso sería cosa de abogado, no de historiador.
En cuanto a Mayo, repase usted la vida de los miembros de la Primera Junta: eran todos comerciantes -que en el Buenos Aires de esa época era lo mismo que contrabandista-, o abogados formados en las nuevas ideas revolucionarias. Y un cura, Castelli, dado a la lecturas de Voltaire y Diderot. Quizás Paso podría ser una excepción. Son hechos, gusten o no.

Whiskerer dijo...

Vamos Wanderer, carajo, que buen post! (Y que mierda es la palabra post)

Anónimo dijo...

Wanderer,
¿Las esperanzas fallidas que usted encontró en siglo XX fueron José Félix Uriburu, y Onganía?. Really?.
José Félix Uriburu fue un general golpista que, no estando la Patria en peligro, sacó a los cadetes del Colegio Militar (caso único en la historia, que yo recuerde), poniendo sus vidas en peligro para derrocar a un gobierno constitucional.
Y Onganía..., no sé. Un muy correcto jefe de regimiento, o comandante de brigada, que se puso al frente de una situación política y social que a todas luces lo desbordaba (y lo desbordó, Lanusse mediante). Y para más datos, Onganía estaba metido con los Cursillos de Cristiandad (…de colores…).
Respecto de la fascinación con Rosas, ¿qué decir?. Un hacendando de Buenos Aires que se negaba numantinamente a compartir las rentas de la aduana y que, por esa precisa razón, jamás convocó a una constituyente. Por otro lado, yo preferiría toda la vida moverme en el entorno de Carlos Pellegrini o de José Figueroa Alcorta, que tener que alternar con el Coronel Ciriaco Cuitiño, con don Eusebio de la Santa Federación, o con los candombes federales.

Jorge Rodríguez dijo...

De acuerdo a un criterio materialista la derrota es total, acá y en todas partes, también la Iglesia, en su aspecto mas visible, ha sido aplastada. No hay que hacerse ilusiones con regeneraciones, reconquistas, conversiones masivas ni vueltas al pasado, etc., estamos mucho mas cerca de un mundo tipo Matrix que de la Edad Media o el Siglo de Oro. La única esperanza es sobrenatural.

Anónimo dijo...

Excelente, Wanderer, en relación a la tristeza, me parece que hay que escrutar un poco más lo que dice el Padre Castellani, triste sí, pero inmediatamente a continuación y sin separación agrega "junto con una viva atención del intelecto". No es una tristeza desesperada, es un sufrimiento atento, expectante, fiel a las palabras de nuestro Salvador: "cuando empiecen a suceder estas cosas, levantad las cabezas y alegraos, porque se acerca vuestra salvación".
Vladimir.

Anónimo dijo...

Jorge Rodríguez,
¡Ah, sí, la España del Siglo de Oro!. Maravillosa sociedad. ¿Usted leyó 'El Lazarillo de Tormes'?.

El principito dijo...

Excelente su artículo. Lo esperaba. Estaba yo en proceso de síntesis de los comentarios y no podía lograrlo hasta que Ud. publicó este último Post. Me resulta novedoso su juicio sobre el Gral. San martín.Habrá que ver los documentos que trae Terragno...y si son concluyentes. Creo que ha hecho Ud. una buena síntesis (y definitiva) de la discusión que se había suscitado. Muy Bueno

el muerto dijo...

Plaudite

Anónimo dijo...

Y dale con "Mayo revisado". Como historiador, el Lobizón es excelente abogado.
No es historiador quien recorta citas, quien se niega a tratar ciertos temas "porque es hacerle el juego al enemigo", etc.

Felicito a Wanderer por su entrada. Ha puesto en palabras lo que muchos pensamos.

J. Cañón

Negro Falucho dijo...

¿Tu también Whiskerer? Entonces, ¿quién se dará cuenta de los yerros que aquí se están enunciando? Se enuncian,claro, con la más noble intención y alto espíritu.Se enuncian sin malicia, bien lo sé. Pero son yerros. Lo peor es que parece inútil indicarles en dónde hallarán respuesta a esos errores. Pesa sobre esos autores y esas páginas el apriorismo descalificante de ser "nazis". Sonamos.
Un abrazo
Negro Falucho

Anónimo dijo...

Amigo Wanderer: no sabía que Castelli era cura.¡Por algo no me gustaba este hideputa!

Anónimo dijo...

Cuatros Reflexiones

1. Origen. Ninguna Nación, por pequeña, casual e insignificante que hoy parezca,
ha entrado en la historia sin unos pocos actos heroicos y una concatenación de actos generosos que presagian un destino

2. Mitología. Al principio, como en el amor y el odio entre humanos, no aparece un logos explicito ni un índice: hay sólo ambigüedades y presentimientos que se juran. Por eso se da normalmente unas fase de idealización de lo que alguna vez comenzó, seguida de correcciones y revisionismos.

3. Decadencia. Cuando ni ese pasado ni su mitología inspiran o promueven más emulaciones, cuando glorias antiguas no se mencionan más que ironías, la nación ha muerto.

4. Experimento. Fijarse cuándo en Alemania se vería a Arminius (= Hermann der Cheruker) como un traidor, después del juramento de lealtad al Impero romano, infringiéndolo sangrientamente en los bosques de Teutoburgo. Con nuetro San Martín es lo mismo.

Carlos Dufour

Raúl Benjamín dijo...

La de Colombia igual. Bolívar, masón reconocido en todas las logias del país, se formó en Inglaterra. Se valió del traidor Miranda (formado militarmente en España) a quien luego también traicionó (devolviéndolo al reino español), y mandó asesinar a los que se dieron cuenta de que su intención era cambiar el reino español por el británico (José María Córdoba, entre otros), de allí en adelante nunca volvió a haber paz social en estas tierras, cambiamos las primeras guerrillas para la independencia por las liberales y luego por las marxistas: de locos

Wanderer dijo...

Anónimo de las 22:48: ¿Orden constitucional? ¿Constitución? ¿Democracia? Me suena... pero no entiendo.
Con respecto a Onganía, tengo dos argumentos. Uno totalmente subjetivo: mi padre siempre dijo, y sigue diciendo a sus ochenta años, que el mejor gobierno que vivió fue el de Onganía. Y la lectura del libro de Roth (buena pluma, fina ironía y relato de hechos), que fue Secretario Legal y Técnico de ese gobierno me lo confirma: quiso pero no pudo.
En cuanto a Rosas, como dije en el artículo, tuvo muchos defectos. A mi tampoco me hubiese gustado vivir cerca de Cuitiño y sus muchachos de La Mazorca, una especie de La Cámpora rosista pero que, en vez de jugar con los avioncitos de Aerolíneas, jugaban a las refalosa en la sangre de los unitarios que degollaban. Por eso dije que el tiempo podría haber haber solucionando las cosas. Para que Francia tuviera un San Luis, primero tuvo que pasar por los merovingios. En fin, no es argumentación convincente. Quizás sólo sea una expresión de deseos. Es contrafáctico. Nunca los sabremos.

Anónimo 7:37: Error mío. El cura era Alberti. Castelli era abogado.

Sebastian S. dijo...

Estimado Mister:
Iba a abstenerme de comentar esta nueva entrada suya, procurando resistir la tentación de intervenir y “figurar”. Pero aquí me tiene, pecando.
Admite usted que es “aficionado” a la historia y me parece muy bien. No es cosa rara en un país donde nadie, casi literalmente, sabe de historia. Ahora bien, aficionarse a la historia no es como aficionarse al bonsái, sobre todo si se piensa divulgar los resultados de esa afición. La ignorancia supina sobre nuestro pasado, primero, y la mutilación y falsificación del mismo, después, han sido las grandes herramientas del liberalismo y marxismo para socavarnos como patria.
Se nota esa afición suya con las referencias bibliográficas que nos manda a confrontar. Roberto Di Stefano, considerado actualmente el non plus ultra del historiador de la Iglesia, es un personaje nefasto de una cueva académica de la UBA, cuyo nombre –lo digo sinceramente- nunca pensé ver estampado aquí. La Historia de la Iglesia en la Argentina, firmada por el susodicho, es una de las más ideologizadas y malintencionadas obras escrita sobre el tema, análoga a la bazofia que viene vomitando F. Malimacci en “sociología de la Iglesia” desde hace décadas. Las obras de divulgación que usted cita, destinadas a los aficionados a la historia, son tubérculos originados en ese libro que le señalo. Por otro lado, servirse de Terragno (!) para tratar de traidor a San Martín…pues me ha dejado sin palabras. En serio.
Se lo digo respetuosamente, valerse de esa bibliografía, le hace caer en errores groseros, como decir que Argentina nació en Mayo, antiguo error viciado de historiografía liberal. Hay muchos buenos historiadores a quien acudir antes de caer en los best sellers. Pienso ahora en Rómulo Carbia y su La Iglesia y la Revolución de Mayo, que le vendría a usted muy bien. Pero hay tantos otros!
A propósito, como comentar es gratis y el anonimato no exige responsabilidad alguna, noto que se ha criticado aquí la sapiencia histórica de Enrique Díaz Araujo que es el historiador más sabio que nos queda. Don Enrique no es católico bloguero por lo que no creo que vaya a defenderse comentando aquí, de modo que lo único que digo a quien así ha comentado es que hay que leerlo y si no cerrar la impertinente bocota por respeto a un hombre que hace 50 años empezó a escribir sobre nuestra historia.
Del resto de su entrada apenas escribiré cosa alguna. Como esquema, más allá de sus comentarios sobre los albores de la Argentina criolla, coincido bastante, con matices. Pero quizás el desacuerdo serio es otro y está referido a mi insistencia sobre esta “Patria nuestra”. Corrijo mi error: es mi Patria, evidentemente no la suya. Es mía y seguramente la de muchos comentaristas de aquí y, lo que es más importante, de muchos otros que nunca comentarán en su blog. Está bien, creer en la patria no es materia obligatoria, aunque uno sea una especie de glosador de Castellani. Pero no nos corra usted con la vaina, con el fácil expediente de decir que la patria se sintetiza en un electorado. Encerrarse en ese esquema, tan huero, tan elemental, es poca cosa para usted.
Como Castellani, como usted, yo también siento esa resignada indiferencia. No creo que coincidamos en los motivos que nos llevan a ese estado. Yo siento cada vez cómo se encona mi indiferencia hacia quienes, blasonando ideales nobles, son en realidad sartreanos: “el infierno son los otros”. A pesar de que camino rápido a los 50 y toditos vividos acá, la Argentina, los argentinos, me suscitan esperanza.
Ps: es muy bueno el recurso a Waugh, ese simpático oxoniense aficionado al Rito Tridentino. Yo voy por Bloy y más que Merienda de negros prefiero el título de Ensalada burguesa.

The International Péronist dijo...

Estimado Wanderer, suscribo una vez más su post, si bien pondría más énfasis en que los hijos del liberalismo claudicaron, y aliviaría la responsabilidad del pueblo Irigoyenista. Después de todo, no puede esperarse mucho más de una masa napolitana.

Respecto a la clase dirigente posterior a 1835, creo que es importantísimo continuar destacándola. Aún está por ser estudiada en profundidad.

DOn Julio Irazusta abrió la picada, en su Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia. EL gran maestro dejó en claro el discernimiento ejercitaron los hombres de la legislatura de Buenos Aires, en cuyas palabras no debe confundirse una legítima indignación por las agresiones, con un “temprano” antiimperialismo universitario que buscarán atribuirles posteriormente tanto la historiografía antirrosista (Ramos Mejía, Bustamante) como la revisionista (El Campana de José María Rosa). Irazusta da voz a Rosas, pero también, con la transcripción extensiva de los debates parlamentarios, permite conocer la emergencia de una cultura política que, debe advertirse, no cayó en lo telúrico, el cual habría sido un rasgo distintivo según el prejuicio historicista aún vigente, sino que, lejos de ello, advirtió desde esa legislatura que el momento histórico iba a permitirle al país ser parte del escenario internacional en forma activa, como en la independencia, como lo fue después y que debería dejarse de atribuir exclusivamente a la generación del ’80.

Tal es el poder de la evidencia compilada en la “Vida Política” que, sin mayor dificultad, o circunloquios argumentativos, la imagen de una corte legislativa de necios aislacionistas se deshace frente al lector ya en las primeras páginas de la obra de Irazusta y entre la hojarasca de los mitos surge el escenario de un país que , luego de una década de bloqueos, hacia 1847 desea volver al comercio y a la vida internacional.

Felicitaciones por el post, porque es riesgoso rescatar la dirigencia federal sin dar la impresión de un voluntarismo de la evidencia, que cree encontrar en los más mínimos indicios, valores políticos que “la época oscura de Rosas nunca pudo tener”. es riesgoso porque antes deberá recorrerse un camino largo para lograr tal reconceptualización, empezando por desarmar el prejuicio del folclorismo aislacionista. Irazusta pone a disposición accesible y copiosa evidencia en contrario. Revisar lo que revisó Irazusta.

Saludos

Anónimo dijo...

Wanderer,
está claro que San Martín traicionó. La pregunta es, ¿a quién traicionó?. En 1812, cuando se unió a la Revolución en Buenos Aires, ¿traicionó al monarca legal de España, el Rey José I Bonaparte, que procuraba modernizar España según lineamientos franceses bonapartistas?, ¿o traicionó a las Cortes de Cádiz, que se sostenían con el apoyo de Gran Bretaña, y estaban promulgando la Constitución liberal de 1812, conocida como ‘La Pepa’?, ¿o traicionó al monarca borbón, Fernando VII, 'El deseado', que pasaba sus días en el cautiverio francés, sin despeinarse el jopo?. Y luego, a partir de 1814, ¿traicionó -ahora sí- al absolutista Fernando VII, que desconoció 'La Pepa', y que reprimió y desterró a héroes de la guerra contra Napoleón, como Juan Martín, 'El Empecinado'?. Y a partir de 1820, ¿San Martín traicionó también el régimen constitucional liberal impuesto por la fuerza a Fernando VII por el levantamiento militar de Riego (levantamiento que destruyó la última chance que tenía España de una victoria militar contra los insurgentes de América)?.
A mi no me queda tan claro a qué gobierno, o a qué idea de España, traicionó San Martín.
Agreguemos que su hermano Justo Rufino, también militar, permaneció en la Península, luchó bajo las órdenes del General inglés Doyle contra los franceses (y contra el monarca legal español, José I), adhirió en 1820 al levantamiento de Riego, siendo nombrado oficial de milicias. Pero luego se exilió en París (que estaba gobernado por un Borbón absolutista, Luis XVIII), aparentemente al radicalizarse el gobierno del Trienio Liberal. Desde París, visitó numerosas veces a su hermano 'traidor', que en esa época había ya iniciado su retiro europeo.
Agreguemos además que el gran amigo del General San Martín, el Marqués Alejandro María Aguado -quién nombró a San Martín su albacea testamentario y tutor de sus hijos-, en su momento se había declarado fiel al monarca legal de España, José I Bonaparte, llegando a edecán del Mariscal Soult, y a jefe de un regimiento de lanceros, puestos desde los cuales combatió con gran distinción a los británicos (en el bando enfrentado a San Martín). Se podría decir que Alejandro Aguado fue otro traidor a España, dado que no se alineó con los británicos en defensa de Fernando VII.

Anónimo dijo...

El guánder tiene su padre de ochenta mmm...jejeje entonces el debe tener algo asi como sesenta.....me lo hacía como de setenta.

Anónimo dijo...

Nosotros no cambiamos nada Raúl Benjamín, están las élites a todo lo que da desde la revolución francesa y en América los rohschild conspirando desde principios de 1800.

Anónimo dijo...

22:52 he venido a traer fuego a la tierra....

gustavo rance dijo...

merienda de negros en la edición de anagrama

Agustín dijo...

Wanderer, me hizo acordar a mi abuelo, que siempre dice cuando se queja del estado del país "hace falta que vuelvan los militares, pero como Onganía". Y siendo como es mi abuelo, tuvo que haber sido bueno el tipo.

Anónimo dijo...

Wanderer,

Como contribución al debate me permito sugerir la escucha de la entrevista que la radio de la Universidad Nacional de La Plata le hace a Julio Irazusta en 1976.

No es larga: sólo once minutos y medio.

Disponible para escuchar y descargar en este link:

https://archive.org/details/1LosDosBicentenariosRadioUNLPJulioIrazusta

Aunque no surge de la entrevista, ésta tiene relación con el doctorado Honoris Causa que la Universidad le otorgó ese año, impulsado por el entonces Secretario de la Facultad de Humanidades, Dr. Pedro Barcia.

En cuanto a su libro Tomás de Anchorena, o la Independencia a la luz de la circunstancia histórica, mencionado en el audio, se podía conseguir hasta hace pocos días en mercadolibre.

Espero sea útil esta sugerencia.

Atentamente

El Aprendiz II





Wanderer dijo...

Estimado don Carlos Dufour, no estoy del todo de acuerdo con sus argumentos disandristas de origen, mitología, decadencia y experimento. No significa esto juicio de valor alguno sobre Carlos Disandro que sin duda fue uno de los intelectuales argentinos más importantes, pero no por eso debe estar de acuerdo en todo con él.
Pero más allá de eso, no me parece que pueda analogarse totalmente el caso de San Martín con el de Arminio. San Martín era hijo de padres españoles, y Arminio de padres germanos, y la sangre es importante.
San Martín se fue del Río de la Plata a los seis años, se educó en la Península y entró al servicio del ejército real a los once años. Dígame usted qué recuerdo o aquerenciamiento puede tenerse a la tierra que uno abandonó a los seis años, edad sobre la que poco y nada se recuerda, y cuando todas las relaciones familiares y de amistades fueron españolas. No fue este el caso del vencedor de Varo que, aunque ciudadano romano, siempre vivió rodeado de germanos y comandando un ejército germano aunque luchara por el Imperio.

Wanderer dijo...

Estimado Sebastián S., le agradezco su intervención que enriquece el debate.
Yo creo que empezamos mal cuando, de entrada, usted califica a la UBA como “cueva académica” y a la obra de Di Stéfano como “bazofia académica”. Yo estoy en las antípodas ideológicas del 95% de los profesores de la UBA, pero eso no me impide reconocer los méritos científicos que puedan tener, y que son muchos.
De Di Stefano he leído algunas obras de divulgación y lo que me interesa de ellas no el análisis que hace el historiador, claramente contrario a la Iglesia, sino los hechos que presenta. Le pongo un ejemplo. Por el libro al que hago referencia en el artículo, me enteré que Vicente Pazos Kanki fue un sacerdote de padre español y madre aymara, una delicia para los exaltadores del hispano-criollismo. Pues bien, el señor cura fue partidario de la Revolución de Mayo, se alió al bando de Moreno y luego al de Rivadavia. Se exilió luego en Londres donde, junto a Sarratea, tradujo el libro de un francés titulado Los inconveniente del celibato de los sacerdotes, que ya podrá imaginarse de qué trataba. Con fondos masónicos seguramente, hizo imprimir cientos de ejemplares que se distribuyeron como pan caliente por el ex-virreinato. Di Stefano sintetiza el contenido del libro en diez páginas y, luego, indica las reacciones que tuvo, sobre todo la de Diego León Villafañe que escribe también un libro para refutarlo, y al que el historiador también reseña.
Con esto le quiero decir que Di Stefano me presenta un hecho histórico documentado y eso me sirve para formar mi juicio. El análisis que él haga del hecho me servirá más o menos, pero no me interesa en sí mismo. Lo que yo busco en un libro histórico es ciencia, es decir, evidencia, es decir, documentación. Lo que busco de un historiador es que sea hombre ciencia y no defensor de una causa, por más santa y nacionalista católica que sea. No digo que esa función esté mal; todo lo contrario. Lo que digo es que no es ciencia. Es alegato.
En un trabajo serio se debe tener en cuenta toda la bibliografía, y no solamente la que favorece mi opinión. Alguien que quiera hacer historia de la Iglesia debe leer a Di Stefano, a Mellimaci y los cuatro tomos de Verbinsky, aunque no esté de acuerdo con ellos. Si los descalifica de entrada, tachándolos de “bazofia académica”, no está haciendo ciencia histórica. Está defendiendo a un cliente.
Y no me corra con la vaina diciendo que yo trato de traidor a San Martín sirviéndome de Terragno. Lo hago sirviéndome de hechos, más allá de quién los exponga. Y en la entrada está muy clara la sucesión de hechos, y en el libro de Terragno están los documentos a los que hago referencia. Sobre eso me baso; sobre la evidencia, no sobre la leyenda.

Pensador dijo...

Ya que se habla de clase dirigente, negros, y perdida de cualquier tipo de identidad.


Esto no es la panacea ni el santo remedio, pero es algo, y muy importante.

Destaco cuatro cosas: el ámbito genuinamente tradicional (acepta críticas, como todo, pero en Argentina esto tiene su peso)
la difusión no propagandística ni marketinera (otra cosa que lleva mérito en Argentina)
la organización
el clima Católico

Para los que hemos asistido, esta peregrinación marca, y realmente deja huella.

https://www.facebook.com/nuestrasenoradelacrisitandad.nsc/photos/?tab=album&album_id=934682956661309

Anónimo dijo...



Estoy releyendo artículos de " Jauja " ...

Estamos impregnado de pesimismo...

Wanderer dijo...

Estimado Anónimo de las 10:12 hs.: le agradezco su comentario y los datos que aporta. Mi hizo acordar a los “Episodios Nacionales” de Pérez Galdós, en los que se pinta crudamente la realidad de la España post napoleónica y, por tanto, las ganas de rebelarse contra ella.
Convengamos por un momento que, efectivamente, San Martín se rebeló contra esa España liberal, o bien que intentó preservar los territorios españoles de ultramar, y que su intención al comandar las guerras de la emancipación fueron conservar el legado católico e hispánico. Pero, si es esta la hipótesis que queremos demostrar, antes debemos salvar un escollo: ¿por qué San Martín, una vez que dejó España, pasó una temporada en Gran Bretaña? Alguno podrá decir que para hacer turismo o para perfeccionar su inglés. Pase. ¿Pero no levanta al menos alguna sospecha que, una vez que regresa al Río de la Plata, su estrategia para vencer a los españoles haya sido exactamente la misma que la indicada en el Plan Maitland?
Thomas Maitland fue un militar escocés , gobernador de Ceylán y después de Malta; seguramente masón. Es decir, la quitaesencia del imperialismo británico. Pues bien, Rodolfo Terragno- y me importa un bledo que sea liberal o católico; radical o peronista-, descubre en 1981 en los archivos escoceses un plan que había presentado Mr. Maitland al gobierno británico, al que titulaba “Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Perú y Quito”. Este plan fue escrito en 1800.
Los pasos que propone Maitland para lograr el objetivo son:
Ganar el control de Buenos Aires
Tomar posiciones en Mendoza
Cruzar Los Andes
Derrotar a los españoles y controlar Chile
Continuar por mar a Perú
Emancipar Perú.
Repase la campaña de San Martín: es exactamente la misma.
Estos son hechos. Documentos. Evidencias. Sobre esto no hay discusión posible.
Podemos discutir la interpretación de los hechos.
¿Coincidencia? Sí, es posible. Tanto Maintland como San Martín eran estrategas. Éste podría haber concebido un plan exactamente igual al de aquél en forma independiente. Sería, en todo caso una coincidencia asombrosa, pero a mi no me convence. Y creo que tengo derecho a no estar.
¿En qué baso mi duda? En toda la evidencia -insisto, documentación irrefutable- que aporta Terragno. Y le pongo un ejemplo. San Martín pasa cuatro meses en Londres alojado en casa de Francisco de Miranda, el venezolano que decía: “Mi casa en esta ciudad es y será siempre el punto fijo para la independencia y libertades del continente colombiano”. Miranda fue un directo colaborador de los intereses británicos -intereses comerciales, por supuesto- a fin que los territorios españoles de ultramar se independizaran. Seguramente estaba al tanto el plan Maitland. No habría sido extraño, entonces, que los compartiera con San Martín.
Y demos una vuelta más a la conjetura. Es muy probable que las invasiones inglesas de 1806 hayan perseguido la ejecución del plan, pero se frustraron, y el que finalmente lo llevó a cabo fue San Martín.
Aclaro: no estoy diciendo que el gobierno inglés reclutó a San Martín para que ejecutara su plan. Bien pudo haber sido que San Martín consideró que la ayuda inglesa era oportuna para mantener las posesiones españolas de América mientras los peninsulares seguían con sus trifulcas internas. Recordemos que, en esos momentos, Inglaterra era aliada de España.
El problema en ese caso es que tanto San Martín como muchos otros, empezaron la revolución con una idea, y los hechos los llevaron a otras que en un principio no querían. Es los que dice Julio Irazusta que ocurrió con Washington en la entrevista que un comentarista pasó hace un rato.

Anónimo dijo...

Wanderer

Resumen impecable no le agrego ni le saco una coma.


Benigno.

Anónimo dijo...

Wanderer,
no me parece que San Martín haya nunca querido luchar por conservar el legado católico. Tal vez sí, el hispánico. Parece más o menos claro que los hermanos San Martín eran liberales, en el sentido clásico del término. Pero no tan liberales como para alinearse con José I.
A lo mejor, la idea de San Martín en 1812 fuera acompañar en América el avance de las fuerzas liberales que en España estaban representadas por las Cortes de Cádiz, y por la Constitución de 1812. No olvidemos que en esas Cortes había diputados americanos que propiciaban la fundación constitucional de una hispanidad bioceánica, con igualdad de derechos para todos los territorios, y para todos los hispanos, de cualquier clase, raza, o religión. Todo esto fue absolutamente bloqueado a partir de 1814 por Fernando VII, quien posiblemente haya sido la encarnación más antipática posible del legado católico e hispánico.
Ya perdidas para España casi todas las colonias de América, hubo en 1836 elecciones a las Cortes Españolas, de las que participaron Cuba y Puerto Rico. Pero los diputados de estas islas, al llegar a España, encontraron que las Cortes se negaban a aceptar sus actas de diputados.
Y los españoles todavía andaban discutiendo, allá por 1870, sin convenía abolir la esclavitud en Cuba. Terminarían por abolirla recién en 1886.
Se entiende un poco que alguien como San Martín, perdiera la calma frente a gente tan tozuda.

marcos dijo...

Don Wanderer :el articulo me parece memorable. Si le ayuda en algo,lea " San Martin y la tercera invasion inglesa" de juan Bautista Sejean.

criollo y andaluz

Anónimo dijo...

Yo no le creo a Terragno. Ellos siempre cuando quieren torcer la historia encuentran "archivos"..jeje

Anónimo dijo...

no existe el tal imperialismo británico, existe el imperialismo sionista, una parte de él instalado en UK.

Sebastian S. dijo...

Estimado Wanderer:
Última intervención-tiene mi palabra- con un par de aclaraciones.
No escribí que la UBA es una cueva académica sino que me refería a que Di Stefano labora en una cueva académica llamada Instituto Ravignani, que pertenece a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es cosa distinta.
Los he leído a todos. También a Lanata e incluso, como quien se acerca a un veneno, al bazofia de Verbitsky. No los califico de entrada, sino de salida, después de leídos. Un poco por obligación, otro por cierta morbosidad y mucho porque, ¿cómo juzgar lo que no se conoce?
El berretín de los hechos y los documentos!! Desde Mitre y V. Fidel López-los primeros taitas oficiales de la historia, diría Castellani- nos han corrido con la vaina con aquello de la "historia científica se hace en los archivos". Mire, yo de teología sólo leo y escucho a los que saben, por eso sigo con fruición los sapienciales comentarios de su blog. Pero de humanidades, de historia, no toco de oído. Y en estos años -muchos ya- que llevo en el tema he aprendido con certeza una cosa: el objeto de la historia, como de cualquier disciplina científica saneada de ideología, es la búsqueda de la verdad. Y para hacer asequible la verdad en historia, no alcanza con los documentos. La poesía, la filosofía, el mero sentido común, son "herramientas" de las que el historiador se sirve para llegar a la verdad. Por eso, sirve más leer la Pequeña historia de Inglaterra de Chesterton que sumergirse en todo el archivo Cronwell. Y las Cruzadas explicadas por Belloc tiene más valor que las miles de páginas del historiador científico Hobswabm. En el mismo sentido se puede aprender más de la Reconquista leyendo el Poema de las invasiones inglesas de Anzoátegui, que mortificándose con Lanata. Incluso le digo más, se aprende más historia prehispanica con Apocalypto de Mel Gibson que con tomos completos de historiadores científicos indigenistas. Y en ninguna de esas obras "historiograficas" aparece un ostensible aparato erudito.
La ciencia histórica busca la verdad, como toda ciencia. Y la verdad es una causa, la encuentre y ostente un nacionalista, un católico o cualquier otro.
Respecto de Terragno, ¿qué puedo decirle? Es una traidorzuelo que, como el sifilítico, busca reproducir su mal por doquier. Por eso trata al Libertador de traidor, documentadamente eso sí.
Sepa, estimado, que no es mi intención ser agresivo con usted. Si denoto cierta acidez es más por temperamento que por afán de personalizar un ataque.
Lo saludo cordialmente.

Anónimo dijo...

Saben por qué los "historiadores profesionales" (ósea, los que estudiamos el oficio en una Universidad) tendemos a no participar de de este tipo de debates?

Sencillo. Porque es como discutirle a una tía vieja sobre la genealogía familiar. Quedas mal, se enojan todos y te vas pensando en que, en realidad, el "que pasó" les importa un pito.

Tulio Irazusta Donghi

Anónimo dijo...

Falta agregar que el macrismo es emético.

Anónimo dijo...

Wanderer, otra contribución, por si alguien tiene ganas de leer.

Resumen de una conferencia dada hace tres años y medio en San Rafael, Mendoza, por el Dr. Enrique Díaz Araujo sobre desmitificación de San Martín.

Le dedica unos párrafos al tema de Maitland y Terragno.

Se puede descargar en el siguiente link

https://archive.org/details/1.DiazAraujo.DesmitificandoALosEnemigosDeSanMartin17DeEneroDe2013

Espero sea de utilidad

Atentamente

El Aprendiz II



Anónimo dijo...

En una entrevista, publicada por La Nación, Onganía reconoció a fines de los 80' que el derrocamiento de Illia fue un error. Explicó que mirando en perspectiva advierte que no fue un acierto. Si encuentro el recorte les doy la fecha exacta.

Wanderer dijo...

Sebastián, siga interviniendo. Como le dije anteriormente, sus "aportes aportan", y mucho.
Y no me mortifica ni me molesta estar en desacuerdo en estas cuestiones. Otra cosa sería que las disputas fueran sobre la Trinidad.
Puede ser que yo tenga una formación muy cientificista, pero no me convencen sus argumentos. Creo que en historia como en la filosofía y en las demás ciencias, la prioridad la tienen los documentos.
En fin, es probable que yo sea demasiado positivista sin darme cuenta. El criterio y juicio de los lectores del blog sabrá discernir una cosa de otra.

Anónimo dijo...

Estimado Tulio,
en cuatro líneas ha conseguido insultarnos a los foristas que participamos acá, y que a usted no le hemos hecho nada. Es un logro no menor.

Anónimo dijo...

Benigno, aclárese la mollera, hombre.

Wanderer dijo...

Estimado Sebastián, abundo en pocas líneas sobre su último comentario:
1. Recuerde que yo no mencioné nunca a Lanata quien, como historiador, es un charlatán. Por eso, no me parece justo ponerlo en el mismo nivel que historiadores de profesión, más allá que se ubiquen en las antípodas de nuestro pensamiento.
2. Estoy de acuerdo con usted que, si quiero hacerme una idea de la historia de Inglaterra, tengo que leer a Chesterton, y de las cruzadas a Belloc. Pero si quiero saber en serio y profundidad sobre esos temas no puedo quedarme con esos libros, que son poemas. Y esto no lo digo yo. Lo afirma Maisie Ward en su biografía de Chesterton. Dice que la "Pequeña historia de Inglaterra" es un poema como lo es la "Balada del Caballo Blanco". Y recuerde que Ward fue amiga del Gordo. Y su mejor biógrafa.
En cuanto a las cruzadas, luego de leer a Belloc, leería un buen estudio científico, como los tres tomos de Steven Runciman, que era fue un creyente cristiano, y documenta puntualmente todas sus afirmaciones (están en Scribd por si alguien quiere leerlos).
Yo estoy de acuerdo que la poesía es el mejor, o quizás el único modo de conocer y expresar ciertas realidades, como la propia interioridad, la vida espiritual e incluso Dios mismo. Ahí tiene a los salmos, bellísimas poesías que sirven para conocerme a mi mismo y a la acción de Dios en mi.
Pero en otras ciencias, los humanos conocemos por la evidencia. Y esto no es positivismo. Es Aristóteles y es Tomás de Aquino. Es realismo. El Estagirita bien decía, y lo repetía Perón, que "la única verdad es la realidad". Y la evidencia en historia son los documentos. No hay otra.
Si yo hago historia privilegiando la poesía puedo relatar, si soy buen escritor, una bellísima leyenda del color que más me guste, y que podrá ser muy edificante, pero no será toda la verdad, sencillamente porque no reflejará la realidad. Si con toda razón criticamos a los autores y propagadores de todos los géneros de leyendas negras sobre, por ejemplo, la conquista de América que leen solamente a Bartolomé de las Casas y se olvidan de muchos otros testimonios, no caigamos nosotros en el mismo error. No es serio. No estamos defendiendo una causa; estamos buscando la verdad.

Anónimo dijo...

"Convengamos por un momento que, efectivamente, San Martín se rebeló contra esa España liberal, o bien que intentó preservar los territorios españoles de ultramar, y que su intención al comandar las guerras de la emancipación fueron conservar el legado católico e hispánico."

Wanderer, aunque está claro que Ud no considera plausible esta hipótesis argumentativa, quiero hacer notar que la presencia permanente de Bernardo de Monteagudo al lado de San Martín hace que dicha hipótesis no sólo no sea plausible, sino que sea totalmente descabellada. Sería como postular que la intención de Hitler al perseguir a los judíos era en realidad afianzar el judaísmo ortodoxo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Monteagudo

http://web.archive.org/web/20081212091438/http://www.odonnell-historia.com.ar/libros/Monteagudo.htm

Constante dijo...

El Rogelio Frigerio compañero de Arturo Frondizi es abuelo del ministro actual, por ser padre de Octavio Frigerio, funcionario de Menem, y padre del Rogelio de ahora. El viejo Rogelio se llamaba Rogelio Julio, habrá que llamarlo así para evitar confusiones.

Anónimo dijo...

Muy buena la síntesis de la conferencia de Diaz Araujo, a la que remite El Aprendiz II.
Respecto a la política religiosa de San Martín, le añado que tenía una visión muy pragmática y poco reverente de la corte pontificia de su época. La veía como enredada en intereses temporales y fácil de persuadir con dinero.
Si bien él personalmente no estuvo en Roma, era la percepción que tenía por la información de que disponía. Pensaba que con ofertas monetarias se podía obtener el apoyo pontificio a la causa americana.
Yo pienso que la falta de apoyo se debía por una parte a los lazos con la monarquía, por otra a los vínculos de los independentistas con los ingleses y los liberales, pero también a que estas tierras eran un desorden en ebullición. No había ninguna situación política definida y estable. Con quién tratar? Había una dispersión de negociadores dando vuelta en Europa y un estado de rencillas internas totalmente tumultuoso. El papa sería muy conservador, pero tampoco comía vidrio.

Sebastian S. dijo...

Estimado, le agradezco la deferencia de responder. Por mi parte, iba a dejarlo ahí pero convengamos que usted me incita!
Por supuesto que el conocimiento, también el histórico, se adquiere por vía sensible. Pero de ahí a pegar el salto y decir que la historia se conoce por los documentos es un poco forzado, no le parece?
El realismo aristótelico, precisamente, señala la preeminencia de la poesía sobre la historia. Aristóteles se ocupa de ello en la Poética y la Retórica. Hay al respecto un bello libro de Antonio Caponnetto, Poesía e historia, sumamente recomendable.
La frase de Perón no es mera imitación, sino muestra de mala intención. La formuló por primera vez en la Comunidad Organizada, la conferencia inaugural del Congreso de Filosofía del '49. Claro que ese escrito pseudofilosófico no era de él sino probablemente de Raúl Mendé. La frase la toma de Baruch Spinoza, no de Aristóteles, y con ella el hebreo de Amsterdam restringe la verdad a una realidad desprovista de metafísica. Es decir, a lo absolutamente sensible...material.
Sigue corriéndome usted, ya no con la vaina sino a planazos, con lo del alegato, recurriendo -me extraña- a la dialéctica leyenda negra-leyenda rosa. Usted no me conoce, ni tiene porque, pero sepa que sin ser historiador tengo alguna cosa escrita y siempre me he cuidado de caer en el discurso facilón. Si usted quiere, aunque a mi me da un no se qué, he procurado hacer tarea científica. Pero eso poco importa ahora. Lo lindo es departir un poco, aunque sea por blogger.
Saludos.

Anónimo dijo...

Creo que en la conferencia Díaz Araujo habla sobre la religiosidad de San Martín EN POLÍTICA.

The International Péronist dijo...

Es interesante el intercambio respecto a la necesidad o pertinencia de la evidencia en la elaboración de la historia. Yo concuerdo con don Wánderer, en que hay personas que estuvieron en lugares, callaron o dijeron tal cosa, hicieron o dejaron de actuar en tal ocasión.

Señalado por no pertenecer a la Academia por Tulia Halperín Donghi, el desconstructor, Irazusta tomó el legado de Ravignani, y desarrolló un planteo desbordantemente basado en evidencia. Fue esa forma de aproximarse la que permitió que hoy se pueda, al menos en alguna medida, rescatar el legado de Rosas y los dirigentes de la confederación.

Sebastián S creo que se equivoca al incluir a Mitre y López entre aquellos que hicieron de la evidencia la base de su trabajo. MUY AL CONTRARIO: Mitre y López jugaron a la literatura. Compusieron textos en los que predomina una voluntad de ejercer la estética, con cieros valores de la filosofía política de fondo. "EL Santo de la espada" "el tirano" son expresiones totalizantes que corresponden más a la personificación de ideales morales, que a hombres de carne y hueso que debieron administrar las difíciles circunstancias de un país en formación. Escribir por escribir no es historia, aunque lo escrito haga uso de nombres y lugares históricos.

Y fue con Tulio Halperín DOnghi que la historiografía volvió a centrar su atención en las formas. Ah, ojalá yo alguna vez tenga esa maravillosa capacidad para titular mis libros: "La Argentina y la tormenta del mundo", "el revisionismo como visión decadentista". Son realmente fórmulas que transmiten un sentido de síntesis, de contexto, de manera muy eficaz.

Pero apenas se abren las páginas se descubre que el autor sólo puede ofrecer la comodidad del nihilismo, montado en un esteticismo de orfebre de las palabras, pero escepticismo al fin. Su hermana gemela, cuyos escritos disfruto mucho, Beatriz Sarlo, dijo de él que fue "un genio". Un genio que antes de morir alcanzó a arrojar su ácido escéptico sobre la propia historia del liberalismo, desconstruyendo a Belgrano.

Así que yo diría que la evidencia tiene su propia fuerza, y le recordaría a Tulio Irazusta DOnghi que es más fácil declararse prescindente que ponerse a ordenar la información.

Saludoos

Anónimo dijo...

Si pudiese usted explayarse un poco mas tal vez yo seria capaz de entender por donde viene el sarcasmo.
Benigno

Anónimo dijo...

El Peronista Internacional (como Bergoglio), me llama a silencio porque no le gustó lo que dije (tambien como Bergoglio).

Lo curioso es que coincido en todo lo que afirma menos en ponderar a don Tulio como un esteticista, justo al tipo que, sin duda alguna, mas veces se peleó con la gramática castellana de nuestra historiografía.

Pero si, que bien titulaba. Mi favorito es "Una nacion para el desierto argentino". Impecable.

Igualmente mejor ni sigo. Parece ser que di no se cita Año X, el librito ese que escribió Palacio de memoria (o dictó, mejor dicho) y alguna cosilla más publicada por editorial oriente allá por los 70s, se es un garca, liberal, ateote y masón mitrista.

Pot ello no me decido si irme a dormir leyendo a Pepe Rosa (garca), a Rothbard (liberal), a Borges (ateote), a de Maistre (masón) o a Perón (mitrista). Quizás agarre algo de Jauretche que fue todo eso dependiendo la década.

Nah, mentira, me voy a acostar leyendo a Javier Cercas que es bolche.

TULIO IRAZUSTA DONGHI

Anónimo dijo...

El anónimo del 20 de agosto de 2016, 10:12 da en la clave. Eso es lo que los carlistas no entienden. Al que ellos llaman legítimo rey de España le importaba un comino España. Y esto no es un argumento de Díaz Araujo, sino de los mismos hechos.

El carlismo no es tradición, sino mero romanticismo.

Eso no significa canonizar la revolución de mayo. Creo que Rosas fue muy claro en el tema de no ser el pato de la boda.

Ahora, eso no quita que los carlistas (cuando no hablan de genealogías) no sean agradables y buenos tipos.

Venancio

El mulato dijo...

Estimado Wanderer: Acabo de leer "Desmitificando a los Enemigos de San Martín" del gran historiador Enrique Díaz Araujo. No se puede dudar de la seriedad científica de este hombre, ni de que en algún momento caiga en el error de hacer alegatos o novelas históricas, ni de que no se sirva de documentos. Allí responde a lo que Ud., muy ligeramente a mi parecer y muy equivocadamente, sostiene, apoyándose en los documentos de Terragno y Cía. Me sorprendió leer la palabra TRAIDOR para calificar a San Martín, nuestro héroe patrio; y como le tengo admiración a Ud. me permití dudar hasta no cerciorarme. Coincido con su visión (poniendo algunos bemoles) con casi la totalidad de lo que pone en su Post, el cual es muy bueno. Ahora bien, creo que ha cometido Ud. un tropiezo grande.Con respeto se lo digo. No suscribo lo que Ud afirma sobre San Martín (muy grave) y sigo la senda y la guía de Díaz Araujo. Me aparto de su interpretación falsa de San Martín como traidor y lamento que haya Ud. cometido tal error. Quiero agregar también que los documentos, que son la base de la "ciencia" histórica, por sí mismos no valen nada y que su interpretación depende de la filosofía que profese el historiador que manipula tales documentos.

El mulato dijo...

Agradezco mucho al anónimo que hace referencia a la conferencia de Diaz Araujo sobre San Martín e invita a leerlo. Saludos cordiales.

El mulato dijo...

Querido Tulio: si tiene algo con fundamento para decir, dígalo, será escuchado, tanto por mí como por muchos otros. Ahora... si ud. llega a cometer una barrabasada (y más siendo universitario) bueno, en ese caso, aténgase a las consecuencias.

el muerto dijo...

La poesía, la leyenda, la épica, son formas de conservación (o mejor, del mantenimiento vivo) del pasado en el presente; y ,tal vez, de manera más efectiva que la del historiador. Uno conoce más de España, por ejemplo, a través de los poetas que a través de los historiadores.Se conoce lo más esencial. Decía Petit de Murat que una época o cultura se conoce por medio de sus artistas. Por algo decía Aristóteles que la poesía era más universal que la historia... La historia no es, en sentido filosófico, ciencia. Y la poesía y la mitología son actividades más universales que aquella. Ahora bien, hablando en sentido positivista, la historia ES ciencia (tal como la entiende el positivismo, claro) y parte de la evidencia de los documentos. Pero cuando decimos evidencia de los documentos estamos hablando de evidencias no muy evidentes...
Sin embargo, la disciplina histórica nos es, en algún grado, necesaria. Al menos en sociedades antihistóricas como las nuestras, en las cuales las tradiciones mueren y el pasado se desvanece en las sombras. Sin la base empírica de los documentos no hay posibilidad de hacer historia. Si algún tipo de prueba o argumentación cabe hacer en esta "ciencia" es a partir de documentos históricos. Ahora bien, los documentos deben ser interpretados, enmarcados, analizados y puestos dentro de un cuadro general según criterios del historiador o, mejor dicho, según una filosofía que el historiador adopta, consciente o inconscientente. Y un buen historiador no es sólo el que más documentos maneja sino el que con mejor criterio los recrea -el que tiene algún don poético. Así, Chesterton puede darnos una mejor Historia de Inglaterra que la de un profesional de la historia, porque el poeta es más universal que el historiador (¡cuánto más cuando el poeta sabe filosofía!) aunque puede cometer errores de detalle. Hoy día que reina la especialización todo esto que digo puede parecer un horror a los profesionales, pero bueno...Lo que importa en realidad es llegar a la verdad.
¿ Habrá mucho positivismo en Don Wanderer? No lo creo, aunque anda algo desconocido. San Martín, un traidor...
Para terminar, creo que Díaz Araujo posee los documentos con los que prueba sus tesis, posee la honestidad intelectual para no fraguar ni torcer el sentido de ellos y, sobre todo, conserva un sano juicio, es decir, no está atrapado en una ideología. Es un historiador confiable. Tendrá algunos errores,supongo. Pero en su defensa contra los errores y ataques sobre San Martín parece concluyente.
Ps: Tal vez si el racionalismo no hubiese triunfado nuestra historia nos sería contada o cantada junto al fuego por viejos aedos

Francisco Antonio dijo...

Ha puesto un enlace a una página "pirata" de descargas. La obra de Waugh está protegida por los derechos de autor. ¿Se acuerda del 7º Mandamiento?

Anónimo dijo...

Diga lo que se diga de Díaz Araujo, ningún historiador carlista lo ha refutado. Y muchos otros, lo que es peor, ni siquiera lo han leído... Eso es acercarse a la historia con prejuicios, y eso no está bien.

El hispano.-

El ebrio y el dormido dijo...

¡Menos mal que alguien se acordó de citarlo al Tony Caponnetto! El tipo es el que más ha estudiado estos temas: leyenda negra,metodología, filosofía y teología de la historia,historiografía revisionista, la patria y sus orígenes, Rosas, San Martín...¡qué sé yo qué más!¿Sería mucho pedir que le dieran un poco de bola? Encima me avisa un chabón de Tucumán que está por salir otro libro de él sobre estas cuestiones:
http://nacionalismo-catolico-juan-bautista.blogspot.com.ar/2016/08/independencia-y-nacionalismo-novedad.html
Conste que yo no me banco el gorilismo de Antonio.Tampoco lo aguanto cuando escribe Cabildo con letra gótica. Pero menos soporto aún la conspiración de silencio que pesa sobre su obra, en prosa y verso.Es de maula hacer esto, diría Castellani.
Salute a la barra, salute.
El ebrio y el dormido

el poeta dijo...

Estimado Wanderer, permítame una opinión muy particular: considero que estos debates no llegan a buen puerto, y son más los dolores que causan que las riquezas intelectuales que se obtienen. Y a mi modesto entender, creo que esto es así al menos por dos razones:
1) porque el valor que unos y otros le dan al asunto, difiere radicalmente. Para usted, quizás, decirle traidor a San Martín es como criticar el tango o defender la cocina peruana. Para otros, en cambio, es un tema histórico de relevancia al cual le han dedicado años de estudio. Algunos se comprometen con el tema y otros no...algunos lo hablan con liviandad y otros no. Y eso enciende rencillas.
2) porque, pese a insistir en que lo importante es la verdad no importa quien la diga, se parte con prejuicios hacia el revisionismo histórico. Entonces, verbigracia, se sugiere leer a Terragno o Di Stefano sin prejuicios, pero se sugiere o explicita que Díaz Araujo es un propagandista inconsistente cuando -me animo a la estadística- el 90% de los anónimos no lo ha leído. Creo que no es justo desestimar así como así una obra científica de porte. Y no lo digo sólo por usted, sino por el atrevimiento anónimo que se levanta en esta atmósfera propicia que ocasiona.

La pregunta sería ¿qué se busca con estas aseveraciones apresuradas? ¿se busca la verdad, o la mofa de quienes defienden su postura o se dedican por vocación a este tópico?
En fin, caro amigo, sólo una reflexión en mi recreo laboral. Suyo,

el poeta.-

Don Juan de los Palotes dijo...

Animado por los últimos comentarios (confieso que antes no me animé), quiero hacer el mio:Enrique Díaz Araujo y Antonio Caponnetto, son juzgados a priori, sin ser leídos.Son distintos entre sí, pero convergentes en este destino de víctimas del silencio. El ajeno y el de la "propia tropa" (¿ ?). Qué levante la mano con honradez el que leyó los tres tomos de Caponnetto sobre "Los críticos del revisionismo histórico" o sus restantes obras sobre el oficio de historiador,el conocimiento histórico,etc, por ejemplo. Después que levante la mano el que leyó los tres tomos de Díaz Araujo sobre San Martín. Por favor, muchachos. ¿Por qué no les ceden la palabra a ellos en estos temas? ¿Por que ellos no merecen ser leídos y sí en cambio los académicos de la UBA o del Ravignani? ¿Por qué sus obras no son comentadas? Yo no tengo autoridad para hacerlo. Soy,literalmente, Don Juan de los Palotes. Pero en este blog escriben intelectuales de nota. ¿No han encontrado ningún jugo en esos libros de estos historiadores nacionalistas y católicos? ¿O por ser lo uno y lo otro no merecen ser leídos? Aca hay una injusticia. Me siento mal. Perdonen. No quiero ofender a nadie.Soy de las últimas camadas de dinosaurios anónimos
Don Juan de los Palotes

Anónimo dijo...

Estoy seguro de que yo no existiría si hubiera triunfado Rosas.
No estaba escrito en el destino que 5 millones de europeos emigrarían a Argentina entre 1880 y la segunda guerra mundial.
Para que eso suceda fue necesaria la generación del 80.

La Argentina de la independencia o de Rosas era muy distinta a la actual. La etnogénesis del pueblo argentino simplemente no estaba terminada en esa época. Era casi otro país. Uno más parecido al resto de latinoamérica, con una elite formada por descendientes de la administración colonial española que gobernaban sobre mestizos, indios y negros.
Rosas podría haber sido venezolano (como el tirano genocida de los llanos, Boves).

Anónimo dijo...

El anónimo del 20 de agosto de 2016, 10:12 da en la clave. Eso es lo que los carlistas no entienden. Al que ellos llaman legítimo rey de España le importaba un comino España. Y esto no es un argumento de Díaz Araujo, sino de los mismos hechos.

Hay algunos conceptos que desde estas tierras es dificil de entender. España como nación nunca existió. Como tampoco Italia. Existieron los "españoles" como existieron los "italianos" pero eran italianos piemonteses, friulanos, venecianos, napolitanos, sicilianos. Los saboya los unieron despues de tres guerras de anexión pero continuaron a ser italianos de su lugar subditos de los saboya. Siempre se sintieron de "su" lugar más que italianos. Y a los Saboya les importaba su reino más que Italia o cualquiera de sus conquistas en si misma.
A los españoles los unió Isabel de Castilla mucho antes que a los italianos, pero aun hoy los catalanes se sienten catalanes y no españoles, como los vascos y gallegos.
Siempre me hicieron reir ls historiadores revisionistas que alababan al virey ceballos por luchar contra los portugueses y denostaban a Vertiz por no hacerlo, cuando esa situación dependia de que tan bien se llevaban las coronas española y lusitana y nada más.

Sebastian S. dijo...

Estimado Ebrio y dormido:
Si usted le llega a decir Tony a don Antonio, le agarra un patatús. Comparto lo de la conspiración del silencio. Es sintomático que haya tanta gente señalando la "falta de inteligencia" en la Argentina de hoy y no pueda verla frente a sus narices. De todos modos, además de Antonio tenemos unos cuantos más, igual de tapados.
Aprovecho para responder a The international peronist (ja): escribí que Mitre y López son los taitas precursores de la historia oficial y que con ellos se inició en Argentina toda la "mitología" acerca de la historia científica. No dije que ellos fueran historiadores científicos sino más bien propaladores ideológicos de leyendas.

Anónimo dijo...

¡Excelente don Wanderer!. Desde mis lejanos 16 años también me resisto a ser parte de una patria que tiene semejantes hijos.

Anónimo dijo...

"No suscribo lo que Ud afirma sobre San Martín (muy grave) y sigo la senda y la guía de Díaz Araujo. Me aparto de su interpretación falsa de San Martín como traidor y lamento que haya Ud. cometido tal error."

San Martín quería afianzar la herencia hispánica y católica. Cometió el error ingenuo de rodearse de gente como Monteagudo y eso salpicó su figura.

Hitler quería afianzar el judaísmo ortodoxo. Cometió el error ingenuo de rodearse de gente como Himmler y eso salpicó su figura.

Anónimo dijo...

Revolución y Guerra. Tulio Halperin Donghi

T. Irazusta Donghi

Anónimo dijo...

Estimado DOn Juan. Es asi nomas. En nuestra desesperacion actual vivimos una suerte de revisionismo antinacionalista. Esa mala costumbre argentina de querer buscar culpables de todo. Y por eso canalizamos nuestra frustracion en diversos personajes, sean Peron, Rosas, y la madre que los pariò.
Incapaces de ver las grandes lineas historicas y nuestra realidad en ellas. Y entonces llegamos a las mas absurdas conclusiones: que si no hubiera existido Rosas, que si no hubiera existido Peron y que patatin patatan....que se yo, a mi me parece pura desesperaciòn.

Anónimo dijo...

Como bien dice El hispano ningún carlista refutó a Díaz Araujo. Lo único que hacen es decirle despectivamente "Lobizón".

Muchachos, para decirle Lobizón a Díaz Araujo hay que tomar mucha sopa y pisar los 70 años.

Venancio

Whiskerer dijo...

Negro Falucho, sin querer se me pasó lo de San Martín, si a eso se refiere, del cual no pienso igual que Wanderer si es que Wanderer piensa que fue un traidor, que habría que preguntarle.
En todo el resto, lo suscribo.

Anónimo dijo...

Wanderer : Me resultan muy estimulantes sus artículos y muchos de los comentarios aquí vertidos. No creo que estas discusiones a veces un poco desordenadas no sirvan. Mantienen vivo el interés por temas de los más importante. Aquel que se desanima pronto es por que no tiene aguante. La búsqueda del sentido de las cosas y de la verdad es penosa, pero vale la pena. Ud nos hace un servicio, y se lo agradecemos. Hasta luego

Anónimo dijo...

El llamado derecho de autor no es propiedad.

El mulato dijo...

Anónimo de las 14:27. Querido amigo: De política religiosa ya queda claro por Díaz Araujo qué pensaba San Martín. De su amor inspirado por la América española también sabemos por sus gestos y sus gestas. Y si de algo carecía es de ingenuidad. La figura del General no está salpicada; creo, más bien, que lo que está salpicada es la pupila de los que lo ven con mala intención. Yo soy de los que creen que aún tenemos Patria, y como escuché decir de los irlandeses, yo voy a decir: mientras quede un argentino habrá patria argentina.
Revisaré lo de Monteagudo y qué pudo haber "salpicado". No soy historiador pero tengo la formación suficiente para discernir a qué maestro seguir.
Algo más, cuando don wanderer escribió que San Martín no tuvo arraigo suficiente a estas tierras como para motivar su misión americana no le di tanta importancia. Esa objeción tiene algún peso, pero no suficiente. Aunque lo deja pensando a uno... América era España (una parte suya). España se estaba derrumbando y en grave crisis política y la América española no debía quedar a la merced de cualquiera. San Martín era un español americano, su patria era España y América era España. No hay allí una traición, hay un amor. Confirmado cuando felicita a J. Manuel de Rosas por su defensa contra el enemigo. Tampoco creo que se deba entender que San Martín haya pensado a la manera de los constitucionalistas liberales y haya concebido una nación nueva, independiente, y salida de la nada. La antipatria fundada en 1853. Saludos.

Anónimo dijo...

Anónimo de 12:28. La importancia de la inmigración es muy relativa. Una religión fuerte y viva y una política verdaderamente nacional asimila los elementos extraños y los unifica. Pienso en Roma. La fuerza de la sangre es real, existe, pero está en el orden de las causas materiales.

Wanderer dijo...

Una aclaración, por si acaso: El Prof. Antonio Capponetto me honra con su amistad desde hace varios años. Y ya más de una vez he dicho en este mismo lugar que lo considero un verdadero caballero cristiano.
Resulta claro, por otra parte, que no comparto con él su visión de la historia argentina ni su defensa del nacionalismo. Pero coincidimos en algo infinitamente más importante: la fe en Jesucristo, y eso es suficiente para mantener la amistad.

Anónimo dijo...

In necessariis unitas, in dubiis libertas,in omnibus caritas.

Anónimo dijo...

Un comentario desde España. Yo tengo la impresión que Argentina fue víctima de su propia prosperidad. Al acabar la segunda guerra mundial era el quinto país en renta per cápita del mundo. Los terratenientes siempre tuvieron una mentalidad rentista, en general. En Argentina no se produjo un proceso de desarrollo capitalista porque falló lo principal: el capital. Durante el siglo XIX todas las grandes empresas argentinas han requerido capital extranjero: tranvías, ferrocarriles, ... casi siempre británico pero también belga o de otros paises. Luego en el siglo XX ya saben Vds. La alternativa nacional hubiera sido la acumulación de capital de los fondos obtenidos de las actividades exportadoras a través de un banca nacional (no estatal) que hubiera impulsado dirigida por el gobierno o por una institución nacional, como en Alemania, el desarrollo industrial. Sin embargo, creo que los ricos siempre tuvieron mucha desconfianza en su país y sus instituciones. Ya saben eso que se dice que lo más miedoso del mundo es un millón de dolares. Esta impresión que yo tenía se ve confirmada por algunos de los comentarios que leo en los que se dice que los terratenientes preferían disfrutar de su dinero en París que invertirlo en su patria.
En cierta forma los males de Argentina han sido parecidos a los de España pero acrecentados. Exagerados.
Respecto a si San Martín era o no un traidor, yo creo que hay que desplazar el foco a España donde hay dos grandes traidores: Fernando VII y el General Riego. El rey felón traicionó todo lo traicionable: padre, juramentos, constitución, esposas, ... y el masón Riego cogió las tropas destinadas a América para imponer un régimen exaltado (en la terminología de entonces). La independencia de las repúblicas americanas fue sobre todo obra de la incapacidad de España y de su monarquia.

Zalacain

Aprendiz dijo...


No existe una conspiración de silencio. Lo que pasa es que hay obras que son imposturas intelectuales no conscientes. Y en el mundillo académico a nadie le interesa perder tiempo criticando esa clase de obras. Queda bien victimizar al líder.

The International Péronist dijo...

Qué buen intercambio. El laburo me impide seguirlo como gustaría. Tulio, tranca que el debate siempre sigue, pero ruego evites compararme con el rufián. En cuanto a Quique Días Araujo, me imagino a varios de los historiadores oficiales leyendo sus libros con una linterna abajo de la sábana. Sin especular sobre el alcance que tienen sus libros, podemos en cambio decir que no podemos saberlo, pero que es imposible permanecer indiferentes ante ellos.

Y por otro lado, los libros de D.A. son de historia, y los de muchos historiadores no pasan de la antropología de época o desconstrucción del discurso. Por lo tanto es imposible que lo citen.

Saludos

Anónimo dijo...

Aquí el único que puede cortarles la leche de la merienda a los negros es el Ingeniero Macri. Déjenlo y no le pongan palos en la rueda.

El Pulpero de la Recoleta

Anónimo dijo...

"América era España (una parte suya). España se estaba derrumbando y en grave crisis política y la América española no debía quedar a la merced de cualquiera. San Martín era un español americano, su patria era España y América era España. No hay allí una traición, hay un amor."

Confrontemos esta visión con los hechos durante el Protectorado de San Martín en el Perú, durante el cual tuvo tres ministros; Juan del Río (colombiano), ministro de Relaciones Exteriores; Bernardo de Monteagudo (argentino), ministro de Guerra y Marina e Hipólito Unánue (peruano), ministro de Hacienda (1, p. 125). Destaco el número para contrastar con el caso de Macri, que tiene tantos ministros que necesita dos niveles de coordinadores entre él y ellos y puede así aducir desconocer los pormenores de su gestión.

Veamos entonces los hechos que Monteagudo produjo durante el año que duró su gestión, entre la proclamación de la independencia el 28/7/21 y su destitución y destierro el 25/7/22, cuando aprovechando la ausencia de San Martín, quien había partido a Guayaquil, los peruanos lo destituyeron y embarcaron inmediatamente hacia Panamá, bajo pena de muerte en caso de regresar. Para eso cito de nuevamente la obra de Restrepo (1, pp. 229-230), sobre quien no puede pesar sospecha alguna de hostilidad a la causa independentista, conservando exactamente su grafía:

"El ministro de Estado, de guerra y marina don Bernardo Monteagudo era quien dictaba la mayor parte de las violentas medidas que el gobierno protectoral habia juzgado necesarias para llegar al fin que se propusiera. La persecucion y expulsion de los Españoles europeos avecindados en Lima fué una de las principales. Según confesára despues el mismo Monteagudo, diez mil españoles habia en Lima cuando arribó al Perú el ejército de San Martin; en este año apénas se contaban ya seiscientos, pues todos se habian visto compelidos á emigrar ó á sufrir destierros."

Una descripción pormenorizada de la política de hostigamiento y expulsión de los españoles durante la gestión de Monteagudo puede verse en la referencia 2.

Curiosa manera de amar a España.


1. José Manuel Restrepo. "Historia de la revolución de la República de Colombia en la América Meridional", Volumen 3, 1858.
https://books.google.com/books?id=GpQVAAAAYAAJ

2. Gustavo Montoya. "La independencia del Perú y el fantasma de la revolución", Capítulo III. Protectorado y dictadura: 1821-1822, Sección “[...] INFLAMAR EL ODIO CONTRA LOS ESPAÑOLES [...]”
http://books.openedition.org/ifea/4184

Anónimo dijo...

Castelli no fue cura, pero sí fue seminarista (o como sea que se llamase el cursus des-honorum requerido para llegar a clérigo en esos días), y mientras estudiaba Teología, también leía a Diderot, Dalembert y Rousseau. Yo creo que somos un error histórico, una desviacion. Pero acá estamos y algo habrá que hacer, porque el pasado no tiene remedio, más allá de hablar con franqueza. Y no parece una mala época para hablar con franqueza, cuando a los conservadores ya no les queda nada que conservar.
LEdF

Líder victimizado dijo...

Aprendiz: es una suerte que la epistemología cuente con una nueva disciplina, y que usted sea su mentor y garante. A saber, la de las clasificaciones bibliográficas en:a)imposturas intelectuales no conscientes; b)subconscientes;c)conscientes. Recíprocamente:a)verdades intelectuales de carambola; b)bajo el efecto de alucinógenos; c)durante la vida onírica.
Líder victimizado

Anónimo dijo...

Zalacain,
muy buena intervención. Realmente es difícil de entender cómo los republicanos españoles tienen como himno el "Himno de Riego".
Por otro lado, ¿quién era por esos años España?. ¿Era Fernando VII sosteniendo su corona en los Cien Mil Hijos de San Luis?. ¿Era 'El Empecinado', héroe de la resistencia contra Francia, y ahorcado por orden de Fernando VII tras haberse alineado con Riego?. ¿Era Justo Rufino de San Martín, que peleó junto a los ingleses contra el invasor francés, y que luego fue liberal exiliado en París?. ¿Era Alejandro de Aguado, que peleó en el ejército del Rey José I y luego se exilió en Francia?. ¿Era el mismo afrancesado Aguado que luego, porque tenía toda la tarasca junta y estaba dispuesto a ponerla en España para salvarle las papas a Fernando VII, recibió de este un marquesado y cuanta condecoración borbónica había a mano?. (¿Habrá protestado Don Carlos María Isidro por las inversiones de este ‘afrancesado’ y traidor a la Casa de Borbón?).
Es difícil -muy difícil- saber qué -o quién- era por esos años España, y qué era -o no- traicionarla.

El mulato dijo...

Errata: donde dice "auxiliarnos" de decir "auxiliarlos". La cita fue extraída del libro "Tomás de Anchorena" de Julio Irazusta.

El mulato dijo...

Mensaje de Juan Manuel de Rosas a la Legislatura Porteña el 25 de Mayo de 1836

"¡Qué grande, señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la nación para festejar el primer acto de soberanía popular, que ejerció este gran pueblo en Mayo de 1810!¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo!No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la nación, había caducado de hecho y de derecho. No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos con los españoles sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud, poniéndonos en disposición de auxiliarnos con mejor éxito en su desgracia. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella y no ser arrastrados al abismo de males en que se hallaba sumida la España. Estos, señores, fueron los grandes y plausibles objetivos del memorable cabildo del 22 de Mayo de 1810 cuyo acto debería gravarse en láminas de oro para honra y gloria eterna del pueblo porteño. Pero ¡ah!...¡Quien lo hubiera creído! Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la nación española y a su desgraciado monarca, un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada por lo que debieron agotar su admiración y gratitud para corresponderlo dignamente. Y he aquí, señores, otra circunstancia que realza sobremanera la gloria del pueblo argentino, pues que ofendidos con tamaña ingratitud, hostigados y perseguidos de muerte por el gobierno español perseveramos siete años en aquella noble resolución, hasta que cansados de sufrir males sobre males...nos pusimos en manos de la Divina Providencia, y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: declararnos libres e independientes de los Reyes de España y de toda otra dominación extranjera."

Nosotros no traicionamos a España. España nos abandonó. Esta es la línea que va desde el Libertador hasta Rosas. Este texto se vuelve transparente bajo la luz de la explicación del maestro Enrique Díaz Araujo. Esta es nuestra grandeza perdida, pero no totalmente. Perdonen la extensión del comentario. Pero me cayó en las manos cuando más lo necesitaba y quería compartirlo.

Mario Caponnetto dijo...

Estimado Wanderer:
Sin duda tiene usted una envidiable capacidad de síntesis: resumir en apenas dos o tres páginas más de doscientos años de historia argentina es todo un logro, casi una hazaña. Por cierto que su síntesis deja un sabor amargo en el alma y confirma en el lector aquel sentimiento tan bien descrito por Castellani como indiferencia resignada. Pero las cosas son así y hay que aceptarlas.
Sin embargo disiento con usted en algo que me parece fundamental. Afirma usted que “Argentina nació de un parto prematuro, acunada por una Primera Junta -rejunte de contrabandistas y jacobinos”, dando por sentado que Argentina nació en 1810. Pero a mi juicio, y el de no pocos mucho más autorizado que el mío, Argentina nació antes, bastante antes. Mi recordado amigo Ricardo Paz dijo, en cierta ocasión, que Argentina nació el día que el primer conquistador español copuló con una india. Otros sostienen que ese nacimiento debe situarse el día en que se celebró la primera misa en el actual territorio argentino (San Julián) allá por el año 1520. Todos tienen razón y no veo incompatibilidad alguna entre ellos. Por su parte, mi ilustre amigo y primo Edmundo Gelonch Villarino acaba de publicar un formidable libro, Las gracias y desgracias de Argentina, donde sostiene que “lo más claro e indudable […] es que nacimos y nos consolidamos como un bastión militar de la evangelización. Argentina nació con la Contrarreforma, para defender el derecho a conocer íntegramente y a vivir la Fe del Evangelio sin mutilaciones” (Las gracias y desgracias de Argentina, Mendoza, 2016, p. 49, 50). Y este juicio me parece muy interesante porque no alude a la cuestión cronológica del nacimiento de Argentina (cuándo nació) sino apunta a la substancia (qué es lo que nació). Resulta evidente que la Argentina es un vástago de la Hispanidad Católica; y esto es previo a cualquier otra consideración: Mayo, San Martín, Rosas, lo que vino después… nada se explica adecuadamente si no se tiene en cuenta al sujeto, es decir, a ese vástago del que hablamos. Es cierto, coincido, que “Argentina gozó de una clase dirigente hispánica y criolla, aristocracia en sus mejores términos, entre 1835 y 1852, mientras fue gobernada por Juan Manuel de Rosas y los caudillos federales”. Pero ¿de donde salió esa clase dirigente sino de una Argentina muy anterior a 1810?
En cuanto al rejunte de contrabandistas y jacobinos, ocurre algo parecido. Nuestros jacobinos no descendían de Francia sino de la Península. En cuanto a los contrabandistas, eran españoles que trataban de sobrevivir en aquel Buenos Aires en el que, según parece, la disyuntiva era contrabandear o no sobrevivir aunque suene escandaloso decirlo. Pero además, me parece, hay que tener en cuenta otras cosas porque no todos fueron contrabandistas y jacobinos. Don Roberto Marfany demostró que la mayoría de los firmantes del Cabildo Abierto del 22 de mayo eran oficiales y tropas del Regimiento de Patricios cuyo Jefe, Don Cornelio de Saavedra, acabó presidiendo la Junta tres días después. Don Hugo Wast, en su Año X, documenta que a los que se sabía contrarios a la instalación de un nuevo gobierno, las tropas apostadas en las cercanías del Cabildo le cerraron el paso. De esta manera, el 25 de mayo de 1810 se consumó el primer fragote de nuestra historia al que don Hugo Wast califica con el castizo término de pucherazo. Este elemento militar no es de despreciar, me parece.
En todo lo demás, estoy de acuerdo; por eso, más que de “parto prematuro” me animo, siguiendo la metáfora obstétrica, a sostener que la Argentina es el fruto de un aborto: el aborto de un linaje hispano y católico que no llegó a término. Y fue un aborto provocado sucesivamente por el liberalismo masónico y laicista, el populismo radical y peronista, el latroprogresismo kirchnerista y, finalmente, la ictericia de Cambiemos.
Sí, no queda otra que la indiferencia resignada y esperar, con gozosa esperanza, la Patria del cielo.
Cordialmente
Mario Caponnetto


Wanderer dijo...

Estimado Dr. Caponnetto, Muchas gracias por su comentario que enriquece aún más el debate que estamos sosteniendo.
No comparto con usted algunas de sus afirmaciones, pero le aclaro que sí las compartía hasta hace algunos años hasta que, poco a poco, no eran más que expresión de deseos.
Y le pongo un ejemplo: Cornelio Saavedra. Siempre había sostenido la opinión que se trataba de un honorable militar y de lo mejor de la Primera Junta, ejemplo de honestidad e hispanismo. Un día se me ocurrió comentar esto con un amigo, de edad y sabiduría avanzada, formado en lo mejor del pensamiento argentino; culto, leído, católico de ley, autor de varios libros, compañero de Sacheri, alumno de Meinvielle, etc. Con esto le quiero decir, no lo hablé con Felipe Pigna.
Pues bien, este amigo me respondió: "Mirá, Saavedra era un nativo del Alto Perú que vivía en Buenos Aires y hablaba inglés. Y eso, en esas circunstancias, lo único que podía significar es que se trataba de un señor contrabandista".
Y tenía razón.

Mario Caponnetto dijo...

Estimado Wanderer:
Muchas gracias por su respuesta. Lo que dice de Saavedra, me sorprende; pero a estas alturas ya es muy poco lo que me desilusiona. De todas maneras, creo que Argentina, con sus gracias y desgracias (mucho más estas últimas, al parecer, que las primeras) es este vástago de alto linaje venido a menos. Hay que amarla así y encomendarla al Buen Dios.
Cordialmente
Mario Caponnetto
PD: lo felicito por la página y le agradezco el inmenso bien que hace.

Anónimo dijo...

Comentario del otro lado del cordillera:
La tesis del "aborto" la postuló en Chile el gran historiador Alberto Edwards....

Peruano angloparlante dijo...

Amigo Wanderer: Usted le pide a la historia evidencias, documentos, papeles probatorios, hechos.Y está bien. Pero ahora resulta que "la prueba" de que Saavedra era un contrabandista es que se lo dijo un amigo de confianza.Y además, la "prueba" que aporta ese amigo es que Saavedra vivía en Buenos Aires y hablaba inglés. No le veo consistencia al argumento. Si en cambio usted estudia el desempeño de Saavedra como Administrador de granos, lo encontrará en pugna con los contrabandistas. Lo mismo sucederá si estudia las medidas anticontrabandistas tomadas por la Primera Junta. Saavedra vivía en Buenos Aires desde los 8 años,cuando sus padres se trasladaron a la capital del Virreynato. ¿Eso lo hace un potencial contrabandista? Le tocó viajar por los Estados Unidos y Europa, como tantos otros,en cumplimiento de tareas oficiales, para lo cual tuvo que haberse valido de conocimientos del idioma inglés.¿Eso lo vuelve sospechoso de contrabandista? ¿Y los hechos, las evidencias, los papeles, los documentos?
Le mando un abrazo. No crea. No estoy en beligeranca con el blog.
Peruano angloparlante