lunes, 3 de octubre de 2016

Al modo de don Gabino. Magia y oración

por El Poeta

Existe una forma de orar mediante la cual no se trasciende este mundo, sino con la que más bien se intenta incluir lo divino en la cadena de fines de los días de trabajo como algo que funciona en ella a modo de parte integrante de la misma. Hay una corrupción de la religión en magia, en la que no se realiza la entrega a lo divino para disponer de ello; se pervierte la oración haciendo de ella una práctica que siga haciendo posible la vida bajo la cúpula.” Josef Pieper

Como quien se afana por un tesoro perdido sobre la voz cifrada de secretas cartografías, los invitados a la tertulia, sobre un texto vívido de Josef, debatían su búsqueda tras huellas desoladas de vera oración. Y es que las palabras del filósofo desnudaban la triste realidad de muchos católicos que, aletargados en su rutina o concentrados en su carrera material, confunden la oración con una especie de método descongestivo que les permita ser más eficaces y saludables en sus solicitudes terrenas. 
Después de un desahogo común y el necesario reposo del silencio dilatador de horizontes, Pablo Paz exclamó:
- Sepan algo: el mundo se ha vuelto estrecho. El mundo del trabajo y las urgencias se ha convertido en nuestro mundo “a secas”. No hay tiempo ni ganas para el saber libre y la contemplación; así es imposible alzar la mirada. La religión se asfixia y la oración genuina enmudece, se dispara al desierto…
- O peor todavía –soltó El Poeta–, se hace funcional a nuestras apetencias. Sería algo así como…¿cómo hacer un Dios a nuestra medida? 
El joven abogado Juan Velero se había incorporado no hace mucho a las tertulias del viejo. Aunque reflexivo y silente, se dispuso a comentar: 
- Algo así dice Josef, ¿no? Incluir lo divino en nuestra cadena de fines, en vez de sustraernos de ellos para intentar acceder al mundo divino. En lugar de elevarnos por la conmoción de una mirada contemplativa y amorosa, rebajamos la oración a nuestra modalidad. ¡En el fondo es una estafa!
- De acuerdo, porque no hay religión. No se pretende religar con Dios, según me enseñaron de niño, sino menguar una realidad que resulta exigente y hasta incómoda, porque puede cambiarnos nuestros planes –musitó el Sr. Forgeron. 
Mientras la tertulia discurría y el Dr. Velero se sosegaba, el rostro de don Gabino parecía querer decir lo que aún sus labios callaban, lo que sus cavilaciones encendían. Dejó su whisky para tomar la palabra:
- Así es. Eso padecemos hoy: la corrupción de la religión en magia. Y si leyeron a Tolkien, no se les será difícil comprender la frase. Ustedes saben cómo distingue Magia de Fantasía. Ésta es un arte difícil que aspira lograr un Mundo Secundario cuya experiencia nos conmociona, libera, enaltece. La Magia, en cambio, intenta producir una “alteración en el Mundo Primario”, suspendiendo por un instante las leyes que lo rigen. Por eso insiste en que la Magia no es un arte, sino una técnica; “desea el poder en este mundo, el dominio de las cosas y las voluntades”. Ahora bien, conforme al pensamiento tolkieniano, podrán entender mejor porqué la religión corrompida degenera en magia. Es una religión que no pretende trascender nuestro mundo, sino dominarlo.
- ¡Interesante! Ciertamente –exclamó Juan Velero, queriendo compartir su descubrimiento interior–, del arte de la oración han querido hacer una técnica funcional que cuadre a sus moldes voluntariamente establecidos.  
 - A ver si entendí. Estos tales, quieren hacer de la oración la magia de su mundo material. Capaz de otorgarles un cierto poder de resistencia o resignación, capaz de alterarles –materialmente, claro– los sinsabores de sus acontecimientos. 
- De acuerdo con usted, Sr. Forgeron. Es que en este mundo del trabajo se ha cifrado toda la humana existencia, condenándola a vivir según su tiranía. Marechalianamente, diríamos que ha triunfado el “tiempo del buey” –dijo El Poeta, memorando páginas inmortales.
- ¡Claro! –sentenció un don Gabino perspicaz– Y en ese comprimido moderno (de efectos colaterales insospechados) quieren hacer de la oración un engranaje más de su estabilidad mental y emocional. En fin, una apuesta constante por la añadidura…
Entre sonrisas cómplices y un silencio de retorno a reclamar su derecho, las voces fueron mermando para ofrendar luz y calor a sus compañeras pipas. Sobre la bruma melancólica del final, se escuchó la frase de Pablo, espiritual consuelo para volver al hogar: “…porque no sabemos qué orar según conviene, pero el Espíritu está intercediendo Él mismo por nosotros con gemidos inexpresables”.
La oración auténtica seguía siendo el tesoro perdido. Sin embargo, la tentativa por descubrir una plegaria fraudulenta, era una buena forma, quizás, de emprender un viaje ascensional inesperado.  

23 comentarios:

Anónimo dijo...

La oración cristiana no nos sustrae de nuestra cadena de fines. Porque la gracia no destruye la naturaleza. La sana, la eleva, la perfecciona y hasta la deifica. Ni siquiera la contemplación infusa de los misterios de la fe, fruto eminente de la gracia, es idéntica a la visión beatífica.

Walter E. Kurtz dijo...

Muy bueno, Poeta, gracias.

Me hizo acordar a un texto de John Senior (creo que en La destrucción...) donde refiere a que nuestra teología contemporánea, fideísta en el peor sentido de la palabra (irracionalista, i.e. ajena a la metafísica), degenera fácilmente en superstición. Y cómo la superstición nos abre a "la magia", magia que es dominio del principem potestatis aeris.

Anónimo dijo...

Bellísima reflexión, muchas gracias.

Por gracia de Dios, pertenezco a una comunidad de amigos que reflexiona y conversa sobre estas cosas. Y que se ha vuelto sobre textos patrísticos, monásticos o clásicos de espiritualidad buscando ampliar y purificar nuestra mirada de Fe. Me parece un importante desafío en estos días de confusión.

M. L.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Poeta por el post, y gracias Wander por compartirlo con nosotros.
Si me permiten, me recuerda lo que decia un viejo monje, que uno no busca a quien no ama y extraña. Si mi amor, me tiene el corazón prendado, lo busco involuntaria y desinteresadamente , no?
Pero lamentablemente, ( en mejor de los casos) caemos en la oración utilitarista y aun peor, la transformamos en el mejor "abrakadabra" para que nuestro asunto llegue a buen puerto.
Y como Bilbo, me parece que inútiles mochilas nos cargamos al pensar que todo depende de nosotros.
Saludos!

Sra. de Forgeron

Anónimo dijo...

Muchas gracias, querido poeta.
Qué bien expresado: "una apuesta constante por la añadidura…"
Pablo Paz

Anónimo dijo...

Muy bueno Poeta, para releer. Muchas gracias
Alex

el poeta dijo...

Gracias.
Aprovecho a hacer una salvedad semántica: uso el término "magia" según se lo da Tolkien en su opúsculo sobre los cuentos de hadas, para mostrar un trasfondo espiritual que es lo importante. Ahora bien -y esto me lo aclara el Athonita-: la voz "magia" es un término ambivalente como la belleza misma...no es para desecharla así como así. Creo que algo dice Ferro en su introducción a Tolkien. Pero, insisto, pienso que es un debate lingüístico distinto de ese mercantilismo espiritual que ahora se intenta mostrar y condenar.
Suyo,
el poeta.-

Anónimo dijo...

Creo q algo de eso dice Castellani en su libro Juan XXIII (XXIV) al tratar la merma de milagros en Lourdes. Cito de memoria (no tengo el libro a mano): "La condiciòn para que obre el milagro la han convertido en causa".

El linyera errante

Anónimo dijo...

Es la oración de Bergoglio, siempre por debajo de la cúpula (de la cúpula de su solideo). Y vaya que no le fue útil!

Anónimo dijo...

Excelente. Pero, aun sabiéndolo, qué difícil es olvidarnos, en la oración, de la "cadena de fines" del mundo del trabajo, que cada vez nos absorbe más. Es bueno leer textos así para tenerlo presente y, como se dice al final, quizás así podamos ir ascendiendo.

Castellano dijo...

Cuánto me gustaría tener tertulias así en el tú a tú... pero estos tiempos, son lo que son.

Creo que los católicos del siglo XXI nos hemos dejado robar la oración. Ésta se ha convertido en una meditación budista con aires filantrópicos, más que oración. Si orar es dejarse mirar por aquel que nos ama, esta mirada puede ser silenciosa, como la brisa de la tarde de Elías, y no el terremoto o el huracán. Y pretendemos que la oración sea siempre un remanso de paz, de relajación... Un yoga, más que oración. No hay más que leer la mayor parte de artículos de nuestros semanarios y webs diocesanas. Uno ora para sacar un provecho material, y a partir de ahí, filosofía barata y de rebajas. Orar es en muchas ocasiones una batalla, un tú a tú cuerpo a cuerpo, un esperar, un responder, un ejercicio de esperanza... Y entrelazar todo esto con nuestro día a día, es complicado.

Anónimo dijo...

Acaba de fallecer el Dr. Alberto Caturelli. Elevemos una oración por su alma.

Anónimo dijo...



http://fr.aleteia.org/2016/10/04/communion-des-divorces-que-veut-exactement-le-pape-francois/

Anónimo dijo...

Tener una vida “activa”, trabajo, vida social, diversiones , muchas veces nos hace olvidarnos un poco de lo importante, personalmente en momentos de soledad o sufrimiento agradezco esa soledad y el sufrir pues me acerca y hace pensar más en Dios, como si no tener las distracciones del mundo hagan que uno busque lo importante. Lo ideal es pensar en Dios y en nuestro fin último de ser santos en todo momento, que nuestra vida sea un constante servicio, entrega, en cada acto del día, trabajo , diversión, y no solo recurrir a la oración cuando las papas queman… LA

Anónimo dijo...

El demonio induce al orante a ser unilateral; con ello de seguro empobrece su oración. Nos referimos a lo siguiente. La oración cristiana tiene, genéricamente, dos formas: la oración personal y la oración en común, que en primer lugar implica la oración litúrgica. Tanto por la naturaleza del hombre como por la naturaleza de la oración, ambas formas son necesarias, y complementarias. La oración común enriquece al orante con la dimensión comunitaria, evita así ilusiones y subjetivismos, a lo cual es más proclive la oración puramente personal. Pero ésta, a su vez, es la que nos permite interiorizar profundamente la Palabra de Dios y las mociones del Espíritu Santo, y acceder a la intimidad de Dios.
La tentación está en que hay personas que por la razón que sea, no pueden o no quieren sino orar en común. No pueden mantener una oración personal prolongada. Esas personas tienen que recuperar la dimensión personal de su oración, de otro modo el demonio alcanzará su objetivo a la larga: empobrecer la oración común que se nutre de la savia de la experiencia personal del orante, y hacer que éste rece muy poco.
También hay pocas personas que no pueden rezar sino en privado; la oración comunitaria no parece aportarles nada, y las distrae. La respuesta a esta tentación sutil de individualismo y tal vez de intimismo ilusorio (que también empobrece la oración) es, una vez más, educarse en descubrir las riquezas de la oración común. Pues una cosa es sentirse mejor rezando solo, lo cual es muy legítimo y otra cosa es prescindir de la oración en común.
Evitando la tentación de la oración unilateral, todo orante debe seguir su vocación a la forma de oración que se adapta mejor a él.

el pibe de rivendel dijo...

Como lefe tuve siempre diferencias con el Dr. Caturelli en algunas de sus obras, pero todas fueron un dechado de sabiduría y amor a la verdad.
Ha escrito varios libros que están entre los mejores de los editados en Argentina, como su Metafísica del trabajo, El abismo del mal, su Historia de la filosofía, Dos en una sola carne y varias más.
Un hombre que sabía en serio y de muy difícil reemplazo.
Extrañaré su prolífica obra que tan regularmente nos ponía frente a un nuevo libro que valía la pena ser leído.
Dios lo tenga en la gloria.

Anónimo dijo...

Una vez pregunté a mis amigos cuantas horas de soledad tenían por semana. Creo recordar que ninguno pasaba consigo mismo un tiempo prolongado. Se le huye a la soledad como si fuera una especie de muerte. Y la sociedad actual evita que los hombres puedan estar solos e invade la interioridad con mil trampas. No es raro entonces que no surja la oración verdadera. Si se profundiza en la soledad la oración brota como agua de la fuente. Pero nos evadimos constantemente.

Anónimo dijo...

¿ dónde se podría encontrar el documento que remitió el Prepósito Kolvenbach a la Santa Sede hablando de la personalidad psicopática de Bergoglio y recomendnando que no fuera ordenado obispo? Me interesa mucho. Gracias.

Anónimo dijo...

Agios O Theos
Agios Ischiros
Agios Athanatos

Anónimo dijo...

Anónimo del 5 de octubre de 2016, 6:44

Kolvenbach era un progresista que le molestaba que Bergoglio fuera peronista, en lo que esto tiene de bueno.

Igualmente la personalidad psicopática de Francisco está a la vista.

De todos modos supongo que en el archivo de la SJ debe quedar alguna copia o constancia. En el ámbito del Vaticano (nunciatura, congregación de los religiosos, de los obispos y doctrina de la fe) parecería que no, porque cuando alguien es elegido Papa lo primero que se hace es entregarle su dossier. Eso permite que pueda vengarse con fundamento de sus enemigos.

Dicen que Juan XXIII cuando fue elegido Papa recibió su dossier y se enteró que había sido sospechado de modernista. Evidentemente la sospecha no era infundada.

De todos modos si le interesa mucho puede escribirle a Francisco y pedírselo. Es tan morboso que lo debe tener en su escritorio.

Anónimo dijo...

Anónimo de 4 de Octubre. ¿Sería tan amable de traducirme esa frases griegas? ¡Mi griego no pasó del primer año de la Facultad de Letras!

Seminarista dijo...

Anónimo del 7 de Octubre,
Supongo que se refiere al del 5 h no 4. En tal caso es:
Santo Dios
Santo Fuerte
Santo Inmortal
Al menos en Novus Ordo se usa en la vigilia Pascual y ahora se está popularizando en el rezo devocional de la coronilla de la Divina Misericordia.
En el tridenrino, la verdad, no sé cuándo se canta, si alguien quiere que ilumine, si no, supongo que Internet lo hará.

Anónimo dijo...

Hay hombres verdaderamente providenciales. En el magnífico sepulcro en que yace Don Juan de Austria, en el Panteón de Infantes del Escorial, se le aplica por epitafio —nada hiperbólico— este versículo del Prólogon o Último Evangelio: «Fuit homo missus a Deo cui nomen erat Johannes».