martes, 29 de noviembre de 2016

Cito veniet salus tua

La terraza de la casa de los Paz se abría hacia el sur y, ubicada sobre lo alto de la barranca, permitía una extensa mirada al río y, más allá, a las montañas que rodeaban el pueblo de San Etelberto. Habían tomado el té, recurso inevitable cuando se hallaba presente la señora Paz, y varios litros de jugo de frutas porque había sido una tarde calurosa. Ahora, el cielo se había llenado de nubes gigantescas, con volutas que trepaban sobre otra hasta cubrir todo el firmamento. El sol se estaba poniendo. Al oeste, las nubes hervían en un blanco incandescente al calor de los últimos rayos del sol pero, a medida que se alejaban, hacia el sur o hacia el norte, comenzaban a tornarse azules y se iban poco a poco oscureciendo, hasta terminar en las profundas sombras del negro.
- Color de adviento -dijo la señora Alvear señalando un sector del celaje que había cambiado hacia un violeta profundo.
- ¡Qué oportuno! -dijo don Gabino-, el adviento es el tiempo más cosmológico de la liturgia.
- Toda la liturgia es cosmológica -aseguró con convicción Pablo Paz- Se mueve con los meses y los días; con las estaciones, con el frío y con el calor; con la luz y con la oscuridad.
- Sí, así es. Sin embargo, me parece que en adviento la presencia del cosmos está todavía más marcada
Hernán Alvear se levantó de su asiento y comenzó a mirar hacia donde la línea irregular de las montañas atravesaba las pesadas nubes oscuras que caían sobre ellas.
- Aspiciens a longe, ecce video Dei potentiam venientem, et nebulam totam terra tegentem -dijo con solemnidad.
- “Al mirar hacia lo lejos, veo que la potencia de Dios se está acercando y a las nubes cubriendo toda la tierra” -tradujo la señora Paz, que sabía latín.
- Es el responsorio de los maitines de hoy... -dijo Alvear pensativo.
Se quedaron en silencio. Las dos mujeres comenzaron a mirar a sus hijos que seguían corriendo por el parque persiguiendo a un conejo mientras un gato negro, trepado en una rama, se lavaba con parsimonia su cara mientras miraba con indiferencia las desgracias del gazapo en manos infantiles. El desasosiego, y hasta un cierto temor, había comenzado a extenderse en el alma de los cinco. Así como las nubes refulgentes de la derecha iban apagándose, y así como los nubarrones oscuros ya casi no dejaban ver las estrellas que estaban comenzando a nacer, así un amargo desconsuelo poblaba las almas.
- ¿Por qué nos hemos puesto tristes? -pregunto la señora Paz.
- Es imposible no estar un poco tristes en adviento. La misma liturgia se pone pone triste: se viste de morado y comienza a describir con crudeza el estado del mundo: “Yo crié hijos y los hice crecer, pero ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su amo y el asno, el pesebre de su dueño; ¡pero Israel no me conoce...!” Y así sigue, volviendo una y otra vez al profeta Isaías- dijo don Gabino.
El señor Alvear comenzó a cantar despacio algunas estrofas del Rorate coeli:
- Ecce civitas Sancti est deserta: Sion deserta facta est: Jerusalem desolata est: domus sanctificationis tuae et gloriae tuae, ubi laudaverunt te patres nostri. (“He aquí que la ciudad del Santo está desierta; Sión ha quedado desierta; Jerusalén está abandonada; la casa de tu santificación y de tu gloria, donde te alabaron nuestro padres” (Is. 64-9-10).
- Si la Iglesia nos manda cantar y rezar día tras día en el adviento estas palabras, que son palabra inspirada, por algo será -insistió don Gabino.
- ¿Qué nos queda entonces? ¿Esperar sentados a que caiga la tempestad? -preguntó la señora Alvear mientras se levantaba a buscar a los niños que seguían corriendo despreocupados por el jardín.
- No, esa no puede ser la solución. No sería propia de un cristiano -le dijo su marido.
- Y no lo es -afirmó don Gabino-. Yo creo que si hurgamos un poco más en la liturgia, allí mismo encontraremos la respuesta.
- ¿Y usted ya hurgó?
- Sí, y creo haber encontrado algo: oración, vigilancia y esperanza. Lo que acaba de cantar don Alvear tiene un estribillo que se repite incansablemente: Rorate coeli desuper, et nubes pluant justum (“Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al justo”). Observen: otra vez la referencia al cosmos; se le pide al cielo y a las nubes que hagan descender al Deseado. “Veni, veni Emmanuel”; Mitte qui missurus est (“Envía al que debe ser enviado”).
- Si no pedimos, no va a venir.
- Si no pedimos, seguirán extendiéndose la tristeza y las nubes oscuras sobre el mundo y sobre nuestras almas. 
- ¿Y la vigilancia? -preguntó impaciente la Señora Paz.
Esa es la que más me cuesta entender, pero su presencia en es muy marcada. Ite obviam ei, et dicite: Nuntia nobis si tu es ipse, qui regnaturus es in populo Israel (“Acercaos a Él y decid: Dinos si Tú eres quien habrá de reinar en el pueblo de Israel”), sigue diciendo el responsorio. Desde lejos se ven lo signos majestuosos y terribles y, sin embargo, igualmente debemos ir a preguntar si es Él. Pareciera que Dios nos pide que discernamos, que obremos según nuestra naturaleza, es decir, que pensemos. 
- Lo que dice el Evangelio del primer domingo de adviento -dijo Paz- Estar atentos a la higuera y los otros arboles.
- Así es. Discernir, porque ese mismo Evangelio nos dice que en esos días por venir las gentes temerán el sonido del mar y de las olas, y que las estrellas del cielo se moverán -concluyó don Gabino.
Todos se quedaron en silencio un rato, con la mirada fija en el cielo oscuro que, de tanto en tanto, se agrietaba con la línea ardiente de un relámpago. Las montañas habían desaparecido atrapadas por la noche y solamente brillaban, bamboleadas por el aire de la tormenta que se avecinaba, las antorchas que la señora Paz encendía en su jardín los días de visitas.
Sentados aún en sus sillones, con los niños acurrucados en sus regazos, los cinco amigos no podían dejar de observar el espectáculo de la tempestad que tenían frente a sus ojos. El fulgor de los relámpagos se había multiplicado y el ruido retumbante de los truenos se sabía cada vez más cercano.
- Le falta la tercera: la esperanza -dijo Alvear dirigiéndose a don Gabino.
- Y esa es la más bella de todas. Escuchen el Rorate Coeli. Luego de describir a lo largo de varias estrofas el estado desesperante del mundo caído, se escucha, al final, la voz tranquilizadora del Padre: Consolamini, consolamini popule meus: cito veniet salus tua; quare maerore consumeris, quia innovavit te dolor? Salvabo te, noli timere, ego enim sum Dominus Deus tuus, Sanctus Israel, Redemptor tuus (Consoláos, consoláos, pueblo mío [Is. 40,1]: pronto llega tu salvación. ¿Por qué te consumes de tristeza? ¿Por qué se renueva tu dolor? [Miq. 4,9] Te salvaré, no temas. Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor [Is. 43, 1]). 
- Cito veniet salus tua -dijo la señora Alvear mientras abrazaba a su hija que dormía tranquila en su halda. 
Y aunque los relámpagos seguían tejiéndose sobre ellos, hacia las montañas del sur, las nubes ya no eran más que un tenue velo a través del cual la luz de la luna comenzaba a filtrarse. Y, más allá, se adivinaba ya un puñado de estrellas. 

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy lindo, y siempre me conmovió ese canto litúrgico.

Pero lo de los Alveares y Paces hablando así de temas litúrgicos y latines es tan verosímil como Ricardo Fort haciéndolo en su mansión sobre las virtudes de la vírgenes castas, o Cristina Kirchner sobre la transparencia en el manejo de los fondos públicos.

Plenamente inverosímil. Y, aclaro, lo dicho no significa ningún juicio de valor general negativo sobre la religiosidad o moralidad de dichas familias o sus integrantes, en absoluto. Simplemente que la posibilidad de una conversación así en ellos es remota. Lo que no es óbice para que hayan tratado otras altas cuestiones, más complejas y profundas incluso.

Saludos,

Wanderer dijo...

Tiene razón. Es tan inverosímil como cualquier pieza literaria.
Los cuentos de Horacio Quiroga son inverosímiles, y lo son también los de Castellani.
Los míos son mucho más malos que los de ellos, pero igual de inverosímiles.

Anónimo dijo...

Me encantan los cuentos de Horacio Quiroga.
Más que los de Borges, Castellani y Güiraldes.
Uno se transporta a la selva misionera cuando era mucho más inhóspita que hoy.
Especialmente el del pequeño que en medio de la selva, con sus bichos y peligros, se encuentra en una casucha, solo y con su padre recién muerto.

Walter E. Kurtz dijo...

Estimado Wanderer: ¡Gracias! Buenísimo el cuento. El carácter esjatológico de los primeros días del Adviento deberían servirnos para meditar más y mejor aquel misterio que Castellani actualizó para nosotros aquí y ahora. O, mejor, para contemplarlo... y nada más.


Anónimo 9:46. Gracias por recordar a H. Quiroga. Sus Cuentos de la selva fueron posiblemente los primeros que leí solo y de corrido cuando apenas había aprendido a leer en un libro que me regaló mi abuela. Creo que aún hoy puedo repetir de memoria partes de "El tigre", "La tortuga gigante" o "Las medias de los flamencos".

Anónimo dijo...

Gracias Wanderer. Como siempre, excelente.
Al primer anónimo le sugiero que vaya revisando su concepto de verosimilitud en las letras.
Saludos

Anónimo dijo...

Disculpe Wanderer, soy el mismo anónimo que lo críticó de buena fe.

Justamente el arte del buen relato literario es que una ficción tenga carácter verosímil, pese a ser ficción. Justamente su texto es muy bueno, salvo por los apellidos que eligió para los personajes. Simplemente piense que si Ud. creara un personaje llamado Javier Zuviría, o una Elena de Estrada, y hasta que apareciera Ernesto Padilla, tendría más verosimilitud y verosímiles resonancias que un apellido Alvear o un Paz -asociado con La Prensa y la sed de dinero y poder-.

Saludos,

Wanderer dijo...

Estimado Anónimo, la asociación de Paz con "La Prensa" y de Alvear con la masonería corre por su cuenta. Esos nombres han sido elegidos porque no son más que un código para designar a personajes reales de carne y hueso que constituyen mi preciado grupo de amigos. Si usted quiere, es un juego. Más aún le digo, esos apelativos fueron elegidos por sus referencias geográficas, sin ninguna otra intención aviesa.

El Profesor de Worms dijo...

Gracias Wanderer por el cuento. Y también por la verosimilitud de los personajes... aunque en un momento pensé que Alvear, fiel a sus costumbres, iba a ofrecer algo más exótico para beber.

El Profesor de Worms.

Anónimo dijo...

"Consolamini, consolamini popule meus: cito veniet salus tua; quare maerore consumeris, quia innovavit te dolor? Salvabo te, noli timere, ego enim sum Dominus Deus tuus, Sanctus Israel, Redemptor tuus (Consoláos, consoláos, pueblo mío [Is. 40,1]: pronto llega tu salvación. ¿Por qué te consumes de tristeza? ¿Por qué se renueva tu dolor? [Miq. 4,9] Te salvaré, no temas. Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor [Is. 43, 1])."

¡Ven pronto Señor!

https://gloria.tv/text/31Vnfcy3tGyj1t2eWYr1PXqhC

Anónimo dijo...

Off-topic (...o no),
ya es oficial: está desapareciendo el cristianismo de Alemania. Y también están desapareciendo los alemanes de Alemania. Y sin embargo, nos quieren hacer creer que la solución para la Iglesia pasa por Kasper y por sus innovaciones teológicas:
Se acaba Alemania

Anónimo dijo...



En Alemania el Cristianismo empezo a desaparecer hace 500 años ...Por eso , a lo mejor , Francisco quiere rescatar algo ....

Anónimo dijo...

Pero, además, el anónimo de 17:33 demuestra su propio esnobismo con el comentario. Quizá no sabe que, además de los Paz de "La Prensa" hay muchas otras ramas de la familia, no sólo en Buenos Aires sino también -y sobre todo- en el Interior (¿Mama Antula le suena? ¿el grupo folclórico tucumano Los Paz?).

Y de Alvear otro tanto. No todos descienden de Carlos María. Está la importantísima rama chilena, con descendientes de varias generaciones argentinas, y también muchos de la inmigración reciente venidos de España. ¿Le suena la mendocina bodega Alvear?

El Genealogista

Hernan Sanchez Rioja dijo...

Si de verosimilitudes quieres tratar
a Don Gilberto Chesterton has de preguntar.

Anónimo dijo...

Genealogista:

Conozco muy bien a los Paz del interior porque están entre mis antepasados, incluida la Mama Antula. Y también conozco -aunque no tanto- la genealogía de los Alvear.

Pero, justamente, decir Alvear, y poner ese apellido en un relato al lado del apellido Paz, llama a la mente, en primer lugar, a las conocidas familias porteñas contemporáneas por generaciones de bienestar común, no muy afectas a discutir sobre canto gregoriano -al menos en el imaginario-: los dueños de la Prensa y los Alvear terratenientes. En ningún momento hice alusión tampoco a la masonería: la sed de poder y riqueza de los Paz es objetiva, sean masones o no. No hace falta ser masón para tener sed de poder y riqueza, la tienen muchos católicos desequilibrados mentalmente también.

Resulta insólito como en este blog, por expresar una opinión o sugerencia de estilo literario en orden a mejorar un texto -que además se alaba- se termina inmediatamente descalificando a uno como snob, te mandan a leer a Chesterton, o se pretende que uno ignora las genealogías argentinas. ¡Suficiente sobre-reacción para soportar!

Saludos,

Hernan Sanchez Rioja dijo...

Estimado anónimo primero y último (hasta ahora):
Desestrésese Ud. y podrá soportar lo que llama ‘sobre-reacción’, que no es más que el lógico intercambio de opiniones y pareceres en una tertulia, y no una agresión… De lo contrario, esto se convertiría en un monólogo. Si a su mente llaman las imágenes de familias conocidas por Ud. quizá a otras mentes, ancladas en otras latitudes, dichas evocaciones resultan ajenas. Y si por imitar el estilo del célebre Infante creyó Ud. ser ´mandado´ a leer Chesterton, el modo de decir se encauzó tras la huella de la rima, no más… Lo mismo podría haberse ejemplificado mentando a García Márquez, un inverosímil como el que más; y no ‘mandaría’ yo a nadie a leerlo; no al menos sin cautela, aunque dijese que _en cuanto estilo literario_ el realismo mágico me agrada.
Puedo decir que tengo el gusto y honor de conocer personalmente a los contertulios de Don Gabino y doy fe de que son capaces de sostener sin afectación las sustanciosas y elegantes conversaciones que aquí se transcriben a pesar de que varios de ellos son bastante más jóvenes que yo; sin enfatizar en que también varios de ellos tienen el respaldo de títulos y dedicación (remarco esto último) académicos…
Saludos