lunes, 28 de noviembre de 2016

San Ireneo de Arnois

El libro de Natalia Sanmartín Fenollera El despertar de la señorita Prim es un best seller mundial, traducido a múltiples lenguas, y que permaneció en el sector de los libros más vendidos durante varios meses y en varios países. Como ya comentamos en este blog, es una novela que admite diferentes niveles de lectura pero me interesa hacer una reflexión sobre el registro en el cual lo leímos nosotros, y en el cual lo concibió su autora. 
En pocas palabras, ella plantea la vida de los habitantes de un pequeño pueblo a partir de los acontecimientos que vive la protagonista. Este historia sencilla ha disparado en mucha gente que yo conozco y en muchísimos más que no conozco el deseo y el anhelo de recrear un San Ireneo de Arnois o, desde otra perspectiva, una cierta nostalgia por lo que no tenemos pero que alguna vez tuvimos, al menos como miembros del género humano e hijos de la Iglesia. Lo que me llama la atención -aunque admito que no es fácil caer en la cuenta de ello-, es que el objeto de ese profundo deseo es algo muy sencillo, natural y humano: vivir, es decir, desarrollar lo más básico, elemental e importante que hace el hombre, en un poblado pequeño, en el que sus habitantes se conozcan, en el que se trabaje pero que también haya tiempo suficiente para la amistad, en el que las mujeres se junten por la tarde a tomar el té con tortas y pasteles, y los hombre lo hagan a la noche a tomar cerveza y fumar; en el que haya una verdulería y una carnicería a cuyos dueños conozcamos y confiemos, una papelería y una florería. 
Debemos reconocer que la propuesta de vida en San Ireneo es bastante básica. No existen allí edificios sofisticados como una piscina en el décimo piso y una cancha de golf en el vigésimo; autos inteligentes con GPS y que obedecen órdenes orales; aerolíneas low cost que nos pueden transportar a cualquier lugar paradisíaco del mundo en poco tiempo y por poco dinero; restaurantes de cocina molecular en que nos sirvan helado de aire de zanahoria a la parrilla y gel de spaghetti y caviar. Nada de eso. Lo que nos presenta la novela es una vida simple, sencilla y humana.
Por supuesto, han saltado y siguen saltado los hombres poseedores de sentido común. “Es una utopía” o “Es puro escapismo”, es lo que dicen. “Nada más que inútil ciencia ficción”, opinan otros. Lo más curioso de todo es que, si bien vemos, utópica sería si la novela hablara de edificios de categorías, autos inteligentes y comida molecular. ¿O es que, acaso, todo eso no es más que ensueño, o más bien una terrible pesadilla hecha realidad? ¿Cómo es posible pensar, en nombre del sentido común, que vivir humanamente es utópico? ¿Y cómo es posible pensar, en cambio, que la vida artificial del mundo contemporáneo es humana y normal? La inversión de la visión del mundo es pavorosa, sobre todo porque no caemos en la cuenta que estamos viendo al mundo completamente invertido, y creemos que es una utopía verlo en su posición normal.
El hombre del sentido común exigirá, con toda razón, que yo pruebe que esa vida sencilla y humana que presenta la novela realmente existió en algún momento y en algún lugar, y que no se trata de la pura imaginación de la escritora. Y la respuesta es que ciertamente existió y que tenemos abundantes testimonios al respecto, y no debemos irnos tan lejos en el tiempo para encontrarlos. Ya hablamos en esta página de José María de Pereda, a mi entender una las mejores plumas de la literatura española, completamente olvidado y desconocido para muchos por ser, justamente, conservador, carlista y católico. En una de sus novelas, Peñas arriba, escrita en 1895, narra la vida en un pequeñísimo poblado, o caserío más bien, perdido en las montañas de Cantabria. Bien podría ser San Ireneo de Arnois, aunque en Tablanca no habrían seguramente papelerías o florerías y, en vez de tomar cerveza o whisky, tomarían vino. 
Y me objetarán aún: “Usted está probando la veracidad del estilo de vida narrado en una novela con otra novela. La prueba es inválida”. Pues bien, aquí va otra prueba.
Maurice Baring fue un diplomático y hombre de letras inglés que se convirtió al catolicismo y tuvo el enorme privilegio de ser amigo de G. K. Chesterton, Hilaire Belloc, Ronald Knox y Evelyn Waugh. En sus memorias (The Puppet Show of Memory), narra que cuando terminó su colegio secundario, su padre lo envió una larga temporada a Alemania a fin de que aprendiera la lengua. Se radicó en Hildesheim, que en esos momentos -fines del siglo XIX-, eran un pequeño poblado. Allí vivía en una casa de familia, compartiendo justamente la vida de familia tal como se vivía en ese momento. Y relata: 
“La simplicidad y el encanto se encontraban en la casa de los Timme en Hildesheim. En las acogedoras noches de invierno, en la pequeña sala con una estufa que calefaccionaba el ambiente, la lámpara se ubicaba sobre la mesa frente al lugar de honor, que era el sofá, contra la pared y al fondo de la habitación, se traía una botella de cerveza y vasos, y el Dr. Timme encendía un cigarro y proponía algún juego de naipes. El tío Adolfo me decía al oído: “Nein, Herr Baring, das dürfen Sie nicht spielen”. En ese momento, quizás la madre de la señora Timme entraría y ocuparía el sofá, o quizás lo hiciera la tía Inés, o la tía Emilia, o una vecina como la señora Schultzen o la señora Ober-Förster. Y entonces, la madre del Dr. Timme sacaría su tejido y comenzarían a hablar sobre los niños. El tío Adolfo y el Dr. Timme hablarían de política y, seguramente, se lamentaría por el actual estado de la situación; quizás estaría allí Herr Wunibald Nick y cantaría alguna canción y deploraría la cantidad de operas de compositores conocidos que nunca fueron estrenadas. Y mientras él seguía hablando sobre estos temas musicales, la señora Timme y la señora Ober-Förster comentaría en voz baja las últimas novedades sobre las enfermedades de los vecinos, y la conversación llegaría a su climax cuando alguna dijera: “Y entonces pidió que llamaran al médico”. Entonces se produciría una pausa y alguien inevitablemente preguntaría: “¿Qué doctor”?, porque habían varios doctores en Hildesheim. Y cuando la respuesta fuera dada, se dividirían las opiniones y, finalmente, algunos se sentirían aliviados, mientras que otros dirían: “Pobre mujer. Se equivocó”. Y la conversación seguiría, y las personas mayores dirían que las grandes ciudades habían arruinado todo y que la vida allí no era más que prisas y apuros.
Toda esta escena, que era diaria, me envolvía por su calidez y afecto (cosiness) y Gemüthlichkeit, y se tenía la sensación de la total simplicidad y bienestar profundo que me daban los cuentos de Grimm”.
San Ireneo de Arnois, alguna vez, existió.


Nota: La fotografía que ilustra esta entrada es de un pequeño pueblito de Oxfordshire, llamado Great Tew, que bien podría ser San Ireneo de Arnois. Casas pintorescas -y que no son los simples cubos que gustan diseñar los arquitectos actuales-, un pub, una iglesia, y un par de negocios que venden lo básico. Esos lugares aún existen. 

54 comentarios:

Anónimo dijo...

No termino de entender bien qué relación existe entre 'pueblo chiquito' y catolicismo. Nazaret era un pueblo chiquito, a escala humana. En donde todos se conocían. A Jesús lo conocían bien, y sin embargo, lo quisieron asesinar (San Lucas 4).

Anónimo dijo...

Creo que es mucho más probable que en los pueblos chicos se viva más naturalmente, que la naturaleza humana logre desarrollarse mejor allí. Y donde hay una naturaleza mejor dispuesta es más fácil que la gracias haga lo suyo.

Anónimo dijo...

http://www.lanacion.com.ar/1960305-dos-curas-presos-acusados-de-abusos-sexuales-en-un-instituto

De locos

Anónimo dijo...

Amigo! La relación que existe es que la Gracia no niega la naturaleza,sino que la eleva... Si ud. es alumno de un colegio donde asisten diariamente dos mil personas usted es parte de una gran masa llamada "alumnado", pero si concurre a una institución que admite un muy reducido número de alumnos usted difícilmente pasará desapercibido, el trato será más personal, más humano. A aquello de transformar la sociedad de salvaje en humano y de humano en divino podemos agregar de "artificial en humano, o de "inhumano en humano"...

Anónimo dijo...

Sí, don Guánder. Le concedo que hubo un tiempo en que existieron lugares y ambientes como San Irineo de Arnois, y que por tanto no es una utopía. Pero es utópico imaginar un lugar así ahora, para nuestra generación. No sería posible fundarlo por el procedimiento de juntar a unas cuantas familias tradicionalistas en una aldea despoblada. Porque, como bien dice Natalia Sanmartín, no somos como ellos. Nosotros somos hijos de nuestro tiempo.

Martin Ellingham dijo...

Es bueno que la autora destaque la medida humana que tienen las pequeñas urbes y el valor del contacto con la naturaleza.
Me disculpo de antemano por seguir a Santo Tomás en el tema naturaleza-gracia...
Porque, con todo lo que me gusta el campo, no termino de ver si algunas lecturas de la obra citada suponen que los pueblos pequeños causarían gracia ex opere operato; o si el ambiente rural sería un ex opere operantis tan poderoso que lograra cambiar las disposiciones interiores del ser humano; o un sobreañadido que pudiera dar un plus de disposición natural a la naturaleza humana, en una suerte de pelagio-ruralismo…

Saludos.

Anónimo dijo...

Para nosotros, hombres de nuestro tiempo, el sueño de fundar un San Ireneo de Arnois es la tentación de la secta. Las sectas ejercen una fuerte atracción sobre el hombre actual, que se ve solo y perdido en una sociedad desintegrada, sin vínculos. De ahí la gran boga que tienen en la Iglesia los movimientos, que son grupos sectarios. Pero los movimientos son sectas perniciosas, que destruyen las almas de sus prosélitos. Y no solo porque se fundamentan en desviaciones doctrinales y prácticas. También una secta de tradicionalistas sería sectaria y destructiva y anticristiana.

Anónimo dijo...

En comunidades humanas tan pequeñas se facilita el contacto,la comunicación y puedes ser tu mismo en cierta manera. Las redes familiares y comunitarias están mejor entretejidas. Es además más fácil vivir la sencillez de costumbres,la hospitalidad, la sobriedad y tantas virtudes, esa palabra : virtudes, a veces,sin percatarnos de ellas.
No se impone el afán de ser a base de poseer cosas,de invertir nuestro tiempo en la producción de eso que se llama " realizarse".
Una forma de vida humaniza ,la otra complica la posibilidad de "tener tiempo",para pequeños lujos, como bien describe el artículo, que aportan la felicidad de las cosas pequeñas.
El verdad también, que en entornos tan pequeños,puede surgir otros defectos no tan deseables: tu vida pasa a ser del dominio de otros.
Me recuerda la foto un poco a la comunidad de los hobbit.Lo que no tengo tan claro es que la candidez del entorno no esconda la debilidad humana.Hombres somos en una idílica aldea de Cantabria, como en una devoradora urbe como Nueva York.

el poeta dijo...

Caro Wanderer, gracias por su escrito.

Pienso -sin estar seguro- que una comunidad arraigada en veras tradiciones, lecturas clásicas y sana espiritualidad (después de un arduo caminar, claro); puede vivir en un pequeño San Ireneo anclado en medio de la gran ciudad. Quiero decir, se puede ir levantando murallas para evadirse del constreñido mundo moderno...y tener un hogar irenita, una hostería volante y una librería volante. Aulas para clases informales, madres costureras, catequesis en casa, etcétera. Si se lograra, sería algo así como sal de la tierra o luz del mundo.
¿No le parece?

Suyo,

el poeta.-

Wanderer dijo...

En varias entradas de ese blog he expresado mi escepticismo acerca de la eficacia de la formación artificial de un poblado católico. Y, como bien dice Ellingham, el solo ambiente rural no asegura ni garantiza nada, aunque pueda ayudar mucho.
Mi intención al escribir el post fue más bien mostrar la utopía invertida que implica vivir en el mundo en que vivimos, y lo natural y normal que es vivir en el mundo de S. Ireneo de Arnois.
Reconozco que una lectura lineal del texto podría llevar a pensar que propongo literliter, como Senior, formar pequeñas comunidades apartadas de las grandes ciudades. No creo que eso esté mal; solamente digo que es una cuestión prudencial, que podrá funcionar en algunos casos pero sobre lo cual no pueden proponerse recetas universales.
Como dice Natalia Sanmartín Fenollera, San Ireneo de Arnois es un estado del alma más que un lugar físico.

Martin Ellingham dijo...

Hay una lectura que -de alguna manera- impugno y me recuerda a los debates sobre el “estado de perfección”, que algunos pensaron santifica de modo casi-automático por el mero hecho de ingresar en el mismo. En esta lectura, la pequeña aldea rural, sería algo semejante a un “estado de perfección” natural-existencial, en virtud del cual el campo tendría una virtud humanizadora (casi) automática. Si me voy al campo, me hago más humano… y si soy más humano, me dispongo mejor para la gracia…
El problema está en que el ser humano no puede por sus solas fuerzas disponerse para la gracia. Habitar en el campo puede ser un bien, pero de orden natural; algo que en sí mismo no puede disponer positivamente para la gracia (pelagianismo). Y tampoco, agregarán los tomistas, puede disponer negativamente. Porque toda disposición para la gracia es causada por la gracia actual. Y esta es fruto de una acción íntima de Dios en el alma, que se realiza con total independencia del lugar físico en el cual el ser humano habita. Así, Dios puede dar gracias actuales dispositivas en un submarino o en una nave espacial, y puede no darlas en un pueblito de ensueño.
Agreguemos que los medios ordinarios sensibles para recibir la gracia son los sacramentos. Que yo sepa, son siete, y ninguno de ellos tiene siquiera por materia el lugar físico “campo”.
Por último, el sacramento que realiza la Presencia de Dios de modo más eminente es la Eucaristía. La cual puede estar reservada tanto en un sagrario urbano como en uno rural. En el orden sobrenatural, ordinariamente, es preferible una ciudad moderna y horripilante, pero con la presencia real y adorable de Cristo en el sagrario, que una aldea soñada sin Santísimo Sacramento y con una celebración esporádica del Santo Sacrificio. Es que por más “sacramental” que sea el cosmos rural, ordinariamente, no da lo mismo cualquier modo de presencia de Dios en el mundo.
Saludos.

Anónimo dijo...

¡¡Excelente Ellingham, excelente!!.

Anónimo dijo...

Bueno, con sus más y sus menos...Bella Vista...

Xavier De Bouillon

Wanderer dijo...

Excelente el aporte de Ellingham. Nada natural otorga la gracia y ni siquiera dispone a ella.
Pero eso no quita que la gracia suponga, para actuar, la naturaleza. "La gracia supone la naturaleza", nos hemos cansado de escuchar. Y es mucho más natural al hombre la vida en pueblos pequeños y rurales que en enormes ciudades donde todo es artificial, desde los ruidos hasta la comida.
Me parece que a nadie se le ocurriría decir que San Ireneo de Arnois produce por sus solas fuerzas la gracia, o que hace santo a sus habitantes. Sería, como bien dice Ellingham, pelagianismo puro. Lo que sí afirmo es que las comunidades pequeñas que no necesariamente deben ser pueblos aislados -y désele a la expresión "comunidades pequeñas" la amplitud que se quiera-, son más conformes a la naturaleza humana y, en tanto tal, y solamente en tanto tal, son un terreno más apropiado para la acción absolutamente gratuita de la gracia.

Dark Henry dijo...

"Una mala noche en una mala posada."
Frase acuñada ya hace casi cinco siglos y siempre vigente.
Ciertamente que hay posadas y posadas. El Gran Bs As ha devenido un lugar hostil al ser humano. Lo mismo que otras tantas urbes distópicas. Me quedo con San Irineo si consiguiese laburo.

Anónimo dijo...

Para quien no veía relación entre pueblo pequeño y catolicismo recordarle que lea el Génesis. Allí comprobora que la primera ciudad la fundo Caín.Y creo que la segunda que se cita es Babel. Con eso creo que queda todo dicho.

Anónimo dijo...

Por lo menos cuando yo pienso el campo, no creo irme a 200 kms. de la ciudad. Pienso en lugares con vegetación, alejados lo más posible (pues totalmente es imposible) del ruido. Hay lugares en la Argentina en los que a pocos minutos de viaje ya se está en zonas semirurales o en pequeños pueblos como los que describe Wanderer. Cualquier terreno o casa allí es mucho más barata que cualquier monoambiente en la ciudad (el cual estoy pagando toda la vida). No sé Ud. don Martín E, pero yo prefiero que mis hijos jueguen al aire libre antes que encerrados entre cuatro paredes, que miren los árboles, los pájaros y demás animales antes que la tablet o el TV. Y eso en un lugar así es más fácil.

Alberto Althaus dijo...

Muy bueno el artículo solamente algo me chocó, la crítica al sentido común, porque las personas de ese pueblo demostraban tener mucho sentido común, Chesterton nos habla con respeto del sentido común del hombre común y el Padre Garrigou Lagrange trata del sentido común en una de sus obras. Los que muy posiblemente hagan las críticas que menciona serán intelectuales de los tiempos modernos o contemporáneos en busca de novedades o críticos literarios influidos por el socialismo pero no gente con sentido común. Pero bueno en el artículo no tiene importancia pero esperamos que el autor lea más sobre cómo los católicos han entendido siempre ese sentido común antes de utilizar esas palabras en un sentido peyorativo.
Con respecto al otro tema tratado en los comentarios de si es positivo o negativo que haya comunidades más pequeñas y gente en los campos, bueno, creo que piensan diferente tienen una vida más familiar y su aporte al bien común es valioso, generalmente, el hombre de campo es inclinado a la familia, es patriota y cree en Dios. Creo que son elementos humanos valiosos en la conformación de una sociedad. No se afanan por las novedades de ideas son más conservadores y no son tan proclives en caer en ideología o herejías.

Anónimo dijo...

En cuanto a esto último Wanderer, no hay discusión...

Anónimo dijo...

Me gustó lo del tío Adolfo. Eran otros tiempos, definitivamente.

Wanderer dijo...

Alberto Althaus: me refiero, efectivamente, al sentido común entendido como el sentido común del cristianismo burgués bienpensante. No es mi intención hacer referencia al sentido común chestertoniano.

Anónimo dijo...

Tengo a mi familia...Tengo a mis amigos...Tengo libros, tengo con quién reunirme y tengo, entre otras maravillas, una comunidad en internet que me permite escuchar y a veces hablar con personas de las que sólo me separa el Atlántico. Y si quiero, un sagrario a cinco minutos para seguir comentando.Ese es mi San Irineo, en el que entra un poco de todo. Con murallas que protege la Gracia a pesar de sus adormilados centinelas. Con reuniones de vez en cuando en las que circula todo lo que debe haber en una buena mesa, con gratas charlas de las que uno suele salir un poco mejor de lo que entró. Por lo menos, a veces.
Además, por el verano, unos cuantos días en un pueblo de montaña, cerca del puerto de Pajares. Excelente para pasar unos días, nada más. "Pueblo pequeño, infierno grande", dicen, y a veces con razón. Pero sólo eso. San Irineo no ocupa otro espacio que el de cada cual.

Olaveaga

Anónimo dijo...

Les recomiendo que lean "Lo pequeño es hermoso" de E.F.Schumacher, un bello libro sobre lo inhumano que es el gigantismo en economía.
Jorge de Chile

Anónimo dijo...

En referencia al libro que cita Jorge de Chile, allí leemos: "... el habitante urbano es más aislados que sus antepasados estaban en el campo: El hombre de la ciudad en un metrópolis moderna ha llegado a un grado de anonimato, la atomización social y el aislamiento espiritual que prácticamente no tiene precedentes en la historia humana. "

Anónimo dijo...

Grande! Olaveaga....

Anónimo dijo...

El romanticismo no se identifica con el cristianismo ni el catolicismo. Más aún, si se radicaliza resulta incompatible. El utopismo es una herejía perenne (Thomas Molnar)

Anónimo dijo...

Me parece que es innegable que, ya sea en la ciudad o en el campo o en un pueblo, vivimos una sociedad del desarraigo y sin límites y de las no relaciones, lo que causa una cantidad de depresiones y angustias y soledad tremendas en incontables personas. Las ciudades, sobre todo, son casi "no lugares", como se dice de los aeropuertos. No sé cómo ni en qué cantidad incidirían esas "dolencias" antes de la revolución industrial. Esto solo desde el punto de vista natural. Para enmascarar esos vacíos, están facebook, sms, whatsapp, etc. Y hay una "cultura" global (música, moda, arte, entretenimiento...) que se impone en todas partes, y no contribuye para nada al arraigo, me parece. Bueno, muchas cosas mezcladas, perdonen.

Anónimo dijo...

tal vez San Ireneo tenga algo de La República. creemos algo perfecto, y encontremos luego en eĺlo lo que buscamos..

Anónimo dijo...

Wanderer
Que se haga realidad ! Muchos buscamos algo muy parecido.
Solo basta buscar un lugar amplio y que cada uno haga lo suyo.



Martin Ellingham dijo...

W.:
De acuerdo con el suyo de 18:46.
Estaba pensando en algunos comentarios a otras entradas y en un anónimo de esta.
Saludos.

Anónimo dijo...


Conozco un pueblito muy bello en la zona Vasca de los Pirineos , donde la vida es muy parecida a la que se describe ....Tenía alta tasa de suicidio.

Anónimo dijo...



Thomas Molnar ...

Tuve la suerte y el gusto de asistir a sus conferencias .....

Carlo dijo...

Y si pensamos al revés? La vida en la gran ciudad es terrible, casi infernal, y por lo tanto una excelente oportunidad para vivir penitencialmente. No necesitamos prácticas ascéticas duras porque el mismo ambiente ya nos las suministra de sobra: ruido, polución, suciedad, exceso de gente, embotellamientos, crimen. Y también oportunidades de caridad material y hasta espiritual, considerando la cantidad de pobres de bienes y de alma que hay. Si uno logra vivir cristianamente en un ambiente así, llegará sin duda a la más elevada santidad.

Pensador dijo...

Para quienes estamos en la docencia y estudiando al mismo tiempo, no nos es ajeno pensar en la importancia del ambiente y los factores circundantes para lograr mejores resultados.
En la liturgia pasa lo mismo
En el amor pasa lo mismo.
A fuerza de razonamientos solamente no se llega a la verdad, el hombre es alma y cuerpo, y el saber entra primero por los sentidos. Y si Dios nos ha dado toda la creación, y como dice Chesterton en su libro sobre San Francisco de Asis, una creación redimida que ya no nos lleva a los vicios y demonios como a los paganos sino a la grandeza y majestuosidad del Dios Creador y Padre, es ingratitud e impiedad negar los aspectos benéficos sobre el hombre (si, aunque suene medio naturalista o hippie es la realidad).
¿No dijo nuestro Señor, que para aprender la Providencia, había que mirar a las aves y los lirios del campo? Se que a muchos acá les suena biblista, protestante y literalista todo esto....
¿Pero en qué megaciudad ven un ave, o un lirio? ¿ En que megaciudad aprendemos de la Providencia si todo nos lo da el Estado, el municipio, y los niños de ahora ni siquiera saben lo que es una gallina de verdad, como decia Senior?

No al sectarismo, claro, pero tampoco seamos estúpidos.

Francisco Javier Rosaz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

La secta. Es una tentación mucho más peligrosa de lo que muchos se imaginan. Algunos ya lo vivimos.
Alguien me recomendó ver la película "La ultima cima". Con la alergia que le tengo a los neocones, me la veía venir: un curita mojigato beatón metido en una burbuja. Pero no, me llevé una gran sorpresa. Un cura con todas las letras, con un amor a la Eucaristía impresionante. Un cura que tenía corazón humano y una solidez tanto doctrinal como anímica envidiable. En medio del mundo, con gente normal, con costumbres normales y una alegría que daba testimonio de cercanía a Dios. Se fue a los 42 años. La película está en Netflix.
Creo que la cosa va por ahi, vivir autenticamente la Fe donde te tocó. Estoy de acuerdo con Ellingham.
Otros que me llaman la atención son los Friars of The Renewal. Los tipos viven entre los pobres en NY, con hábito y barba tradicional y atren mucho porque no tienen ni un pelo de amaneramiento. Se ve que hay sana virilidad. No es garantía de nada, claro, pero es un buen signo. Me gustó mucho el video que hicieron jugando al basquet:
https://www.youtube.com/watch?v=m8yDDB1SmD0

Al Capote

Anónimo dijo...

¿Cual sería el parámetro para definir "Pueblo Chiquito"? Digo, para ir sabiendo si vivo en Jauja o en Mordor.

El Séptimo Rey Mago

Anónimo dijo...

No me digan que vivir en ciudades como Buenos Aires o Rosario es humano. Que se hayan acostumbrado y que tengan una vida ya hecha allí, eso es otra cosa y no es que se les pida que abandonen eso. Sin embargo, creo que la vida de las grandes ciudades (ritmos frenéticos, horas de viaje por día, maximización desenfrenada de ganancias, hiperactivismo, etc.) es despiadada, además de ser lugares generalmente horribles estéticamente hablando.

Anónimo dijo...



Al Capote

Muy bueno lo de los Franciscanos del Bronx ...Un ejemplo urbano , y de lo mejor .....

Anónimo dijo...



He leido sobre los Franciscanos del Bronx .....La verdad , salis de ahí , y todo te parece aburguesamiento barato ....Eso es la Iglesia..

https://www.amazon.fr/fleurs-en-enfer-Luc-ADRIAN/dp/2750900220

https://en.wikipedia.org/wiki/Franciscan_Friars_of_the_Renewal

Anónimo dijo...

Les contaré a ustedes lo que es un "estado del alma" real, no de pura ficción (pace la Srta. o Sra. Sanmartín), en un San Irineo material. Vivo apartado en un pueblito, que cuenta en el invierno tan sólo con unos veinte habitantes; a veces quedamos aislados. En otros momentos somos alrededor de 50. Allí estoy apartado con mis libros y mis pensamientos, retirado y "dilatándome", como quería Quevedo, "cuanto más me estrecho". Si contásemos con un grupo ideal (más panadería, "pulpería", etc.), tal vez los días se acercarían algo a cuanto se refleja en la novela. Pero la vida es más terca, pues la Srta. Sanmartín ha olvidado (y está en su derecho, no lo discuto), la facies oscura de la convivencia social: la envidia entre familias, las rencillas arrastradas desde pasados conflictos, la desconfianza, la cerrazón, la rivalidad política (con la típica saña española). Cierto que puedes aislarte de ello y mantenerte al margen, pero no es agradable ver cómo la gente consume su existencia sin altitud de miras, de forma bastante oscura. Cierto también, desde luego, que hemos logrado crear nuestro pequeño grupo: tres somos doctores universitarios (aquí entra mi esposa), uno es homeópata (con él hablo de Dioscórides, pero por desgracia viene esporádicamente), otra es una profesora americana ya jubilada que estuvo, inter alia, en Princeton (es la tercera doctora: convivimos con ella varios meses al año). El resto, gente rural, de quienes procuramos alabar lo bueno y hacer que no vemos lo malo. ¿Quieren más vida real? Ya hace años que, si hay suerte, algún sábado tarde aparece el párroco de la zona (atiende a 8 pueblos), y oficia la Santa Misa. Pero en cuanto termina, desaparece. Debo hacer un gran esfuerzo para recordar a un cura -muy joven por cierto- con el que lograba hablar de forma distendida cuando salía de la Iglesia. Suma y sigue: por tener, tuvimos relativamente cerca un cenobio benedictino, a cuyo superior (no era prior ni abad) quise ayudar, pues se trataba de una nueva fundación (le regalé una buena edición de la regula Benedicti, que aún no tenían). Aquella experiencia fue un desolador fracaso, no quiero hurgar en la herida (¿conocen el problema de Montserrat, que nada tiene que ver con el nacionalismo, sino con la débil naturaleza humana?); el superior, que había pasado por Samos y otro monasterio, fue apartado y denunciado por el obispo residencial, y la comunidad disuelta. ¡Qué pena!, ¿verdad? Ya me gustaría a mí haber intimado con verdaderos y santos monjes, como los que acaba conociendo en su"estado del alma" la Srta. Prim (con admirables benedictinos estuve años ha, en la dulce Baviera [Plankstetten]). Pero la vida es más terca y más dura, y quienes hemos leído a Nietzsche sabemos que la verdadera medida de un hombre la ofrece la cantidad de soledad que es capaz de soportar. Y de esa realidad que he elegido no me quejo. Saludos desde la tierra, Srta. Prim.

Anónimo dijo...

Yo conozco gente que vive así en el campo y no es ninguna secta ni cosa rara.

Anónimo dijo...


Amigo Wander, muy lindo su relato, y verdadero como el pan.
Creo haber leido los mismos conceptos en algun texto
del pesimista Ernesto Sabato...ya se lo voy a encontrar.

Y para citar a un poeta más pedestre, me vienen a la memoria l
os versos de Facundo Cabral , que dicen

Me gusta el sol, Alicia y las palomas
el buen cigarro y la guitarra española
saltar paredes y abrir las ventanas
y cuando llora un mujer

Me gusta el vino tanto como las flores
y los conejos y los viejos pastores
el pan casero y la voz de Dolores
y el mar mojándome los pies

HAY ALGO DE LA BELLEZA ELEMENTAL EN ESTAS COPLAS
"De vero Pulchro"

Cordiales saludos desde Rosario!

.

Anónimo dijo...

En el último suplemento dominical del diario español ABC Juan Manuel de Prada publicó un artículo denigrando a los que critican a Francisco, que, según él , sólo lo hacen "por oscuras razones ideológicas" que no aclara cuáles son. Y añade que él estaría dispuesto a dar la vida por Francisco. Lo chusco del caso es que este señor , sin nombrarlo, ha lanzado anteriormente contra Francisco las críticas más feroces y más demoledoras que yo he leído nunca , identíficándolo incluso implícitamente con el falso profeta del final... Y, ahora, sin embargo, golpe de timón de ciento ochenta grados...Sólo se me ocurren dos hipótesis: o no está bien..., o bien su periódico y su editorial han sido presionados y a su vez lo han presionado con lo de que sus garbanzos peligran..., porque parece que hemos llegado ya a la fase de las amenazas explícitas. A los cuatro cardenales de los "dubia" el capo de la Rota los ha amenazado también con retirarles la condición de cardenales . ¡Por preguntar! Hay que verlo para creerlo. ¿Qué piensan ustedes al respecto?

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Dos cosas, por si interesaran o interesasen a alguien.

1. Creo que es de Tolstoi la frase "Describe tu aldea y describirás el mundo". Tiene su miga.

2. Poco que ver con el tema, pero vale la pena leerlo:
http://infovaticana.com/2016/11/29/eclesiastico-mason-amenaza-los-cuatro-cardenales/

Atentamente

El Aprendiz II



Anónimo dijo...

El Señor dijo que éramos la sal de la tierra no que saliéramos de ella.

Martin Ellingham dijo...

Una aclaración sobre mis anteriores. Usé como sinónimos aproximados "campo" y "pueblo chico", para oponerlos a las grandes ciudades que todos conocemos. Tal vez me expresé mal. En la Argentina, nuestros pueblos pequeños suelen estar rodeados de campo; y si uno vive en el campo, por lo general tiene cerca algún pueblo chico con el cual se vincula. Por supuesto que un "san Ireneo" puede ser una pequeña cristiandad y tal cosa es muy buena. Una cristiandad particularizada por su pequeña escala y su cercanía con el medio rural.
Saludos.

Anónimo dijo...

Relacionado con lo escrito por Martín Ellingham en sus primer y segundo comentarios, puede ser útil recordar la etimología de la palabra pagano: habitante de un pagus, aldea o comarca rural.

Por otro lado, comento al anónimo del 29 de noviembre de 2016, 12:15 que, en cuanto a la escala, los casos de Buenos Aires y Rosario son totalmente distintos, la primera fuera de escala humana y la segunda no. El problema de Rosario es otro, el hecho de que el 20% de la población vive en villas miseria y no hay perspectivas de que la situación mejore.

Anónimo dijo...

San Juan y la Virgen Maria vivian en una casa sencilla apartada de Efeso.

San Jose se fue de Belen con Jesús y Maria para evitar que los maten, y se quedaron hasta que Herodes murió y recién volvieron a su ciudad.

Abraham salió de su tierra, y nosotros podemos salir sin dejar de ser sal de la tierra. La oración y el ejemplo de una vida sencilla son grandes evangelizadoras para los que nos conocen y nuestros familiares.

Sebastian dijo...

Coincido plenamente con el anónimo de las 19:58 respecto de la última nota de Juan Manuel de Prada. Lo único bueno de ese panfletito es que el personaje en cuestión se devela una vez más. Ojalá mucho compatriota embelesado con este farsante -muchos "compraron" a Castellani cuando lo "importó" este hombre-, se de cuenta de quien es este farsante.

Anónimo dijo...

Todo San Ireneo de Arnois debe tener un alcalde que haya leido al padre Julio Meinville y obre en consecuencia cuando se presenten los corruptores de la Cristiandad.
Fernando R.H.

Carlo dijo...

Me acuerdo que hace unos meses leí un artículo de Juan Manuel de Prada donde él afirmaba estar pasando por un crisis de fe, exactamente por los más recientes sucesos en la jerarquía eclesiástica, llamado "La Última Luz". No conozco casi nada de él, no he leído sus libros, pero por los pocos artículos que sí he leído me pareció una persona muy razonable, inteligente y honesta. Habrá resuelto mal su crisis, volviéndose papólatra? Me parece que es una posibilidad.

Anónimo dijo...

Aunque desde una perspectiva más institucional, interesante este artículo de Rafael Gambra Ciudad

http://www.carlistes.org/index.php?option=com_content&view=article&id=267:ordenanzasmunicipalesroncal&catid=47:rafaelgambra&Itemid=74

Hay de él un libro, "El valle del Roncal", que me gustaría conseguir, que creo que ilustra un poco lo que se dice en este post.

Si alguien lo tuviera y pudiera escanearlo y subirlo a algún sitio, le quedaría eternamente agradecida.