miércoles, 22 de marzo de 2017

Latín

En la entrada anterior, un lector dejó una legítima pregunta: “Están claras las ventajas de celebrar en una lengua sagrada. Ahora, siendo así, ¿no hubiera sido más lógico que los primeros cristianos que introdujeron la Misa en Latín al Imperio Romano de Occidente, la hubieran dejado en griego, o en arameo?. ¿Qué quisieron conseguir poniéndola en una lengua que el ciudadano de Roma podía entender?”. Lo que se esconde en el fondo es la cuestión del latín en la liturgia occidental y de la existencia, o no, de las lenguas litúrgicas. Y varios lectores dieron su opinión. Yo doy ahora la mía.
1. La liturgia cristiana se celebró en Occidente en lengua griega hasta la segunda mitad del siglo IV cuando la totalidad de los textos fueron traducidos al latín por obra del Papa español San Dámaso. Es verdad, sin embargo, que desde un siglo antes algunas partes, sobre todo las lecturas, se decían en latín. Estas fechas tienen comprobación histórica. Cito un solo caso: Mario Victorino escribe en 360 su Adversus Arium en el que cita párrafos de la plegaria eucarística aún en griego.
2. Esto implica que, al menos durante un siglo, la liturgia se celebraba en Roma en una lengua -el griego- que era conocida por pocos pues la inmigración de Oriente había disminuido notablemente. Análogamente, es lo que ocurre hoy, por ejemplo, con los descendientes de ucranianos en Argentina que siguen celebrando su liturgia en la lengua de sus abuelos aunque no la entiendan, o entienden muy poco. Más aún, las celebraciones eran en griego porque esa había sido la lengua de las clases bajas de la ciudad, integradas por los emigrados de la zona oriental del Imperio porque eran esclavizados o porque huían por razones económicas, y fue entre ellas que se expandió primeramente el cristianismo. A comienzos del siglo IV, sin embargo, eran parte de la nueva religión también las clases más altas y cultas cuya lengua era el latín y no conocían, al menos la mayoría, el griego. Es decir, los primeros cristianos no tuvieron ningún inconveniente ni objeción pastoral en celebrar los divinos misterios en una lengua que no era conocida por el pueblo. Y cito aquí otro testigo privilegiado: el Ambrosiaster, un presbítero romano que escribió hacia el 380 lo siguiente: “Es obvio que nuestra mente ignora si se habla en una lengua que no conoce, como ocurre con los que hablan latín y están acostumbrados a escuchar los cantos en griego que, aunque se deleitan con el sonido de las palabras, no saben lo que significan” (In epistulas ad Corinthios 1, 14, 14).
3. Entonces, ¿por qué se dejó el griego y comenzó a usarse el latín? Esta es una pregunta que exige rigor histórico y no puede ser respondida por lo que a mí me gustaría que fuera la respuesta o por lo que mejor conviene para alimentar la leyenda modernista (del siglo XX o del siglo XIX). Dos de las autoridades más respetadas en el tema -Bernard Botte y Charles Pietri- afirman que lo que llevó a San Dámaso en Roma junto a San Ambrosio en Milán a celebrar en latín fue su intención de cristianizar la cultura de su época. En Roma existía todavía una fuerte presencia pagana y especialmente la aristocracia seguía apegada a los ritos paganos aunque nominalmente fueran cristianos. Además, la Urbe seguía siendo el centro cultural del imperio. Por tanto, la formación del latín litúrgico fue parte de este esfuerzo para evangelizar la cultura romana y atraer a las elites influyentes del imperio a la fe cristiana. Aquí no hubo un interés pastoral tal como lo entienden los progresistas, y tampoco bajó un ángel del cielo a enseñar una lengua sagrada según lo entienden los ultramontanos. Hubo una legítima conveniencia política orientada a la expansión y triunfo de nuestra fe.

4. Alguien podría objetar: “Sea como sea, lo cierto es que la liturgia se terminó celebrando en la lengua del pueblo”. Pero la realidad es que no fue así. El latín al que se tradujeron los textos litúrgicos no era el latín coloquial a punto tal que, quien no era cristiano, no lo entendía. Es lo que se conoce como lenguas especiales. Y pongo un ejemplo: si quienes no somos médicos entráramos a una junta médica en cualquier hospital, lo más probable es que entenderíamos sólo un porcentaje mínimo de lo que hablan los profesionales allí reunidos puesto que hablan un lenguaje especial. Algo similar ocurrió con el latín cristiano, es decir, el latín de la liturgia y el latín de las Escrituras. Es esta la teoría de la Escuela de Nimega cuya principal representante fue Christine Mohrmann y que, con matices, es aceptada por la mayoría de los especialistas. Pero más allá de los eruditos, es muy claro el ejemplo de San Agustín, retor romano e insigne conocedor de la lengua de Tulio, quien, al comenzar a formarse en la fe cristiana luego de su conversión y al enfrentarse con los textos de la Escritura y de la liturgia “verum tamen ego primam hujus lectionem non intelligens...” (no podía entender la primera página de esas lecturas... [se refiere al libro del profeta Isaías] decidí entonces retomarlo cuando hubiese aprendido dominico eloquio, el de hablar del Señor” (Confesiones IX, 5, 13). Dicho y hecho, renunció a su cátedra de retórica en Milán y se retiró a Cassiciacum con un grupo de amigos para aprender el lenguaje y el contenido de su nueva fe. En conclusión, como en todas las lenguas litúrgicas, el latín al que fue traducida la liturgia griega original poseía características estilísticas especiales que la separaban del lenguaje ordinario del pueblo: los romanos no hablaban en el estilo del Canon o de las Colectas de la Misa. Tan pronto como fue reemplazado el griego, se creó un medio lingüístico estilizado exclusivamente para el culto divino.
5. ¿No es, entonces, el latín una lengua sagrada? Dependerá de qué entendemos por lengua sagrada. Si se sostiene que habría un grupo de tres lenguas (arameo, griego y latín) que son sagradas, algo así como divinamente inspiradas, y la liturgia solamente puede ser celebrada en una de esas tres, ciertamente el latín no es lengua sagrada. Desde los primeros siglos del cristianismo se usaron otras lenguas además de las tres citadas: el siríaco, en el patriarcado de Antioquía, es decir, toda Siria e Iraq, con sus ramificaciones en la India y China; el armenio antiguo en Armenia; el copto en Egipto, el etíope antiguo o ge’ez en Etiopía o el paleoeslavo en los pueblos eslavos. 
Sin embargo, podemos hablar de lengua sagrada en tanto que medio de organización de la experiencia religiosa, como un medio de expresión no solamente de cada individuo sino de una comunidad que vive de acuerdo a ciertas tradiciones. Las formas lingüísticas son transmitidas de generación en generación; frecuentemente son estilizadas y mantenidas a salvo del lenguaje contemporáneo. 
Siguiendo a Mohrmann, tres son las características que distinguen a las lenguas sagradas
a. Es una lengua estable. Demuestra tenacidad en mantener las formas lingüísticas arcaicas. En la Roma pagana esto se ve claramente puesto que sus sacerdotes repetían fórmulas que eran incapaces de entender. Y lo mismo ocurrió en la Alta Edad Media cuando buena parte de los sacerdotes del imperio carolingio no sabían latín y cometían gruesos errores al celebrar la liturgia (pero ni a Carlomagno, ni a Alcuino ni al Papa Adriano se les ocurrió celebrar la misa en franco. Lo que hicieron fue organizar sistemáticamente la enseñanza del latín en las escuelas monásticas). 
b. Se introducen elementos tomados de otras lenguas a fin de asociarlos a las antiguas tradiciones. San Agustín, refiriéndose a estos términos (Alleluia, Amén, Hossana, etc.) dice que son preservados propter sanctiorem auctoritatem
c. Usa figuras retóricas que son típicas del estilo oral como paralelismos y antítesis, cláusulas rítmicas, ritmos y aliteraciones. 
En este sentido entonces, el latín ciertamente es una lengua sagrada. Y en este sentido, consecuentemente y para volver al origen de la discusión, la traducción actual del misal romano para su uso en Argentina no es, ni por asomo, lengua sagrada o lengua litúrgica. 

40 comentarios:

Praesidium dijo...

Cristo le dijo a Pedro que se quedara en Roma. Razón suficiente para suponer que el Señor le habrá dejado a Pedro algunas instrucciones para la continuidad y florecimiento de su Iglesia. El Señor nada dejo librado al azar y la obediencia de Pedro esta mas que probada. Como el Señor fue conformando la Única Iglesia. Santa, Católica,Apostólica y ROMANA. Pues bien. Habrá dejado el Señor pasar este "detalle" de la lengua sagrada? Las cosas de Dios nunca fueron ni serán cosas de los hombres.
Esta cuestión del latín tiene relación con lo que estamos viviendo, es decir el tiempo esjatologico y lo que esta esperando el poder mundial es decir que se retire el "obstáculo" la figura de la "romanitá" que incluye además de la Santa Misa toda la Divina Liturgia y el Papado.
Ese es el punto. Estamos hablando de vida sobrenatural y si creemos en la comunión de los santos también debemos creer en como el Señor los fue instruyendo desde el principio y hasta el fin de los tiempos para dar la vida por la salvación de las almas.

Anónimo dijo...

¡Excelente entrada, Wanderer. Excelente!. De las mejores.

Anónimo dijo...

“El latín al que se tradujeron los textos litúrgicos no era el latín coloquial a punto tal que, quien no era cristiano, no lo entendía” ¿No es un poco exagerado? No habría que decir que entendía menos, aunque bastante más que si usaban el griego?
Pocho.

Anónimo dijo...

Muy bueno, Wanderer, gracias. Interesantísimo.

Alguien preguntaba también por qué era el latín y no alguna otra lengua muerta, el sánscrito por caso.

Además de las explicaciones históricas (histórico-teológicas) dadas, hay una cuestión de teología de la historia en los Padres de "amor - odio" con Roma; cuestión que volverá a resurgir durante el Papado de Aviñón. El mismo San Pedro llama a Roma con el nombre de "Babilonia" (1 Pt 5,13) y lo mismo San Jerónimo (Pról. a Dídimo, De Spiritu Sancto), San Agustín (2ª Enarrat. Ps. 26) y otros. Es más, Jerónimo (Ep. 151, q. 11) llega a afirmar: "Según el Apocalipsis de san Juan, en la frente de la meretriz purpurada está escrito un nombre de blasfemia: 'Roma Eterna'". En su exégesis, Cornelio à Lápide afirma: "Digamos lo que han dicho todos los escritores eclesiásticos. En la consumación del mundo el reino de los romanos será destruido" [Com. in Script. Sacram, t. XIII (Daniel), 7, 8]; y en el t. XXI (Apocalipsis), 18, 20, "...Dios la destruirá [a Roma]: pues castigará los primitivos pecados de los romanos al haber colmado entonces su medida; por lo que los romanos, entonces, serán más gravemente castigados de lo que lo hubieran sido si no les hubieran precedido los pecados de los antiguos romanos".

Y aún así, Dios ha querido que sea "... la metrópoli del Reino y de su Iglesia, es decir, Roma" (t. XXI, 17). Y el latín es su lengua.



Anónimo dijo...

Si nos descuidamos, algún untramontano vendrá a decirnos que el katejon es el latín!
Lo digo por el primer comentario: Dios le habrá dicho algo a San Pedro sobre la lengua sagrada, es decir, sobre el latín. ¿Y le habrá dicho algo a San Andrés por el griego? ¿O a Santo Tomás por el siríaco? ¿O a San Marcos por el copto? Por favor, qué disparate. Como si la Iglesia católica fuera exclusivamente la Iglesia latina.

Iac dijo...

Una de las cosas que hace particular al latín que se encuentra en los textos litúrgicos tiene que ver con los tecnicismos teológicos que en latín clásico significan otra cosa. Por ejemplo, la palabra "persona" en latín (πρόσωπον, en griego) alude a las máscaras que se utilizaban en los espectáculos o al rol de los actores. Nunca para significar lo que nosotros entendemos por persona. Hay varios ejemplos como este que dan cuenta de que las particularidades tienen que ver más con la adaptación de términos para uso teológico que con la estructura y el estilo del idioma, que a mi modo de ver suele ser bastante elegante. Por lo que se refiere a la predicación, ya San Agustín es partidario de utilizar de cara al pueblo un discurso entendible, aunque ello merezca la corrección de los eruditos (Enarrat. In Psalm, 138, 20), lo cual confirma el hecho de que, más allá de la terminología teológica, el latín que se utilizaban en la Iglesia no siempre era comprendido por todo el mundo.

En cuanto a las Escrituras, estas fueron traducidas y corregidas por uno de los escritores cristianos más elegantes y ciceronianos de todos los tiempos. Sin embargo, en la Vulgata se pueden hallar varios permisos sintácticos y estilistícos que no respetan del todo la estructura del latín clásico, en parte porque San Jerónimo consideraba que hasta el orden de las palabras debía conservarse en lo posible, lo cual lo llevó a adaptar, cuando lo cobsideró necesario, parte de la sintaxis del griego al latín clásico. Nunca para vulgarizar el latín. Por eso que, a pesar de ciertos permisos que se da el traductor, la Vulgata no deja de ser un texto traducido en buen latín.

Iac

Anónimo dijo...

La mejor explicación, no superada, a este cuestión la dio el Santo Padre Beato Juan XXIII en el año 1962 en su Constitución Apostólica, en bello latín, Veterum Sapientia:

http://w2.vatican.va/content/john-xxiii/la/apost_constitutions/1962/documents/hf_j-xxiii_apc_19620222_veterum-sapientia.html

Anónimo dijo...

El castigo por la construcción de la Torre de Babel es la aparición de las lenguas. De manera que no se entendían entre si.
No voy a discutir si es por cefas o por nefas pero lo cierto es que teníamos una lengua para la liturgia y ahora tenemos un montón de ellas.
Gracias por el post, Wanderer.

lucardo dijo...

Si, muy buen comentario.

En tren de ponderar, el punto A : es una lengua estable me parece crucial.

y eso es particularmente importante en la época modernista, donde el vocabulario se achica a pasos agigantados, y el lenguaje cambia permanentemente.

La traducción actual de la Biblia : "El libro del pueblo de Dios" , que ya tiene decenas de años no es fidedigna, superfializa el contenido., y lo cambia.

Donde antes se decía Faz, ahora se dice superficie. No conozco varón por no tengo relaciones , etc, etc.

Obviamente, todo esto es planeado, es con intención, con la intención de bestializar.

Anónimo dijo...

Muy buen post!! Lo erudito no quita lo pedagógico.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 14:12,
no mezclemos lengua sagrada litúrgica con traducción bíblica, porque son dos cosas la mar de distintas. La Biblia tiene que ser un libro que una persona pueda leer y entender en su lengua. 'No conozco varón' es estéticamente muy bello. Pero es un patois bíblico que nosotros entendemos porque hemos sido criados en el catolicismo. Pero si alguien le da ese pasaje a un hispanoparlante no cristiano y este lee 'No conozco varón', ese lector jamás se enterará de qué es lo que la Virgen María quiso comunicar (que en castellano actual es, sencillamente, ‘Soy virgen’).

Anónimo dijo...

Anónimo 17:58,

Fíjese en el diccionario y verá qué acepciones de conocer hay en castellano.

Por ejemplo: http://dle.rae.es/?id=AMmujSR

El problema es que desde el engendro de Trusso-Levoratti se pretenden no hacer las Sagradas Escrituras más comprensibles, sino más vulgares (en el peor sentido de la palabra vulgar).

Jorge Rodríguez dijo...

Es que la religión trata del Ser, que debe ser inmutable. Por eso el hombre religioso quiere que el dogma, la moral y si puede ser la liturgia y la lengua que se expresa sean (y hayan sido) también inmutables. Pero cuando vemos la historia vemos que las cosas no han sido inmutables sino cambiantes e inestables, sometida a la continua generación y corrupción: primero arameo, luego griego, luego latin, luego lenguas vulgares. Es la interminable lucha entre Parménides y Heráclito

Anónimo dijo...
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Unknown dijo...

Bueno, todo esto tiene sentido, aunque me cuesta creer que no entendieran nada del latín especial.

Por otra parte, con la misma lógica uno podría argumentar a favor de una liturgia en idioma vernáculo especial.

Excelente post. Gracias.

Anónimo dijo...

El artículo es impecable don Wanderer, buena reflexión. Dotada de conocimiento, objetividad y sensatez. Ahora bien, noto que sobre este tema(y sobre muchos otros más por supuesto) se comenta con mucha liviandad; es decir, sin conocimiento, reflexión ni sensatez. Creo que antes de opinar sobre el latín, su inserción en el idioma litúrgico y compararlo así nomás con la inserción de las lenguas vernáculas hay que tener un mínimo conocimiento de historia, historia de la iglesia y apenas, pero apenitas, un mínimo conocimiento de las lenguas en cuestión. De lo contrario se aborda el tema desde "lo que a mí me gustaría que fuera la respuesta o por lo que mejor conviene para alimentar la leyenda modernista". Dirán algunos que con las condiciones que pongo no se podría opinar de nada ya que la mayoría de los comentaristas (estimo) carecen de pericia en mucho temas; pero no, no pienso eso. Solo digo que es un principio básico o por lo menos una costumbre educada, sensata e inteligente comentar con prudencia de aquello que desconozco o que conozco muy poco. Simplemente ese es mi reclamo.

Un afectuoso saludo,
El Mozalbete

Agustín dijo...

Anónimo de las 17:58

Más allá de lo excelentísima que sea la lectura de las Escrituras, teniendo a la Iglesia para que nos transmita la Verdad, ella no es necesaria e incluso puede ser contraproducente para el simple. Así que no tiene por qué ser legible para el común, como la Liturgia.

Wanderer dijo...

Agustín, supongo que lo suyo es en broma, ¿no es cierto?

Anónimo dijo...

Anónimo de las 22:29,
“Quien no conoce las Escrituras, no conoce la potencia de Dios ni su sabiduría. Ignorar las Escrituras significa ignorar a Cristo“. San Jerónimo.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 19:32,
es interesante lo que usted plantea: distribuir Biblias juntamente con el diccionario de la RAE.

Juan dijo...

Coincido con el comentario de las 11:04 de Iac en que "las particularidades tienen que ver más con la adaptación de términos para uso teológico que con la estructura y el estilo del idioma, que a mi modo de ver suele ser bastante elegante." Era el latín culto usado en obras literarias con terminología teológica propia, el cual es equiparable a cualquier lenguaje del cual exista una versión culta usada en literatura, mucho más aún si la gramática y vocabulario de esa versión culta es normada por una institución como la Real Academia de la Lengua Española, la Académie Française, etc.

La cuestión de la inteligibilidad del vocabulario por parte de los no iniciados no es exclusiva del lenguaje litúrgico. Un fenómeno semejante ocurre en el campo de la filosofía, en el cual, para dar un ejemplo, hoy la mayoría de la gente no entiende el término "ley natural" en el sentido escolástico, simplemente porque en el lenguaje cotidiano contemporáneo "natural" significa "biológico" y no "inherente a la naturaleza", naturaleza que en el caso del ser humano no es puramente biológica. Esto ocurre en todos los idiomas: castellano, inglés, etc. De hecho, yo he llegado a la conclusión de que esto hace que desde el punto de vista práctico sea una pérdida de tiempo usar el término "ley natural" en una discusión con ateos. Es preferible extenderse y decir "ley moral inherente a la naturaleza humana y cognoscible por la razón".

Anónimo dijo...

Evangelio San Juan: 19 Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús de Nazaret, el rey de los judíos.»
20 Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego.

Unknown dijo...

Ahora entiendo por qué se retiró el latín de la enseñanza en España y, supongo que en otras naciones, y cuyo fin es arrinconar el catolicismo. Todo es uno y lo mismo. Quién quiera entender que entienda.

Anónimo dijo...

Por ahi lei antes que el latin de las oraciones de la Misa, como bien dice Wanderer no era el de uso diario, sino uno "mas refinado". El latin en cuestion segun algunos prestigiosos rubricistas se llama "Itala Vetus", que a su vez es distinto del latin empleado en la Vulgata.

Anónimo dijo...

La notable labor de traducción de la Biblia Argentina contó con la contribución de notables letrados. Además del arte de Soldi y Nora Borges. La última edición hecha en España por VerboDivino que ya no tiene las viñetas y es obra casi postuma de Levoratti es notable por sus introducciones y notas.

Anónimo dijo...

La derrota de la geopolítica de J. D. Perón centrada en la idea de latinidad (véase Zanata Loris, La internacional Justicialista) y la opción (tal vez forzosa) de Pacelli (P. XII) post guerra civil europea (a.k.a 2a Guerra Mundial) de pivotear en torno a Washington, significó el ocaso de aquélla (la idea latina), lo que explica el ¿irremisible? ocaso de la latinidad. En esa época casualmente, por ejemplo, comenzó la eliminación del latín en los planes de estudio de la educación secundaria argentina.

Tribunus Plebis.

Anónimo dijo...

Hablen de como persiguen a los seminaristas por el latín y lo que están haciendo en Argentina con los nuevos planes.
Es algo muy triste y nos van matando la vida. Lo peor son los que llegan al sacerdocio, los elegidos. Han dediquen un post sobre la formación en los seminarios

Anónimo dijo...

Anónimo 23:11,

No propongo eso. Si nos atenemos al idioma hablado hoy, ni el diccionario ni Levoratti/Trusso son entendibles sino para gente muy culta.

Su propuesta populista sería un castellano con 100 términos que son los que maneja el promedio del Congourbano.

Y dijo Jesús: "Eh, rescatate gato". Algo parecido a Jesús de Laferrere.


Juan Strasnoy dijo...

Nadie va a lo más alto sin lo más bajo

Anónimo dijo...

Para los futuros sacerdotes, sepan que en Roma, hace años que no se consiguen breviarios en Latin..., la librería Vaticana no los hace más. Solamente hay una edición que traen de USA, 4 tomos gigantes, al estilo americano.
Estoy hablando del breviario "nuevo", porque el "tradicional" sí se consigue y de muy buena calidad en varios lugares, internet, etc.
Tal vez la única solución, antes de cambiar de rito, es que lo recen con el celular...
Es un tema que no veo claro, el libro del breviario fue siempre "como" un sacramental, y ahora dicen que da lo mismo leer (rezar) de un libro que de una tablet o celular, no lo sé, o mejor dicho, ¿hasta dónde vamos?, porque luego vendrá el misal-tablet (que algún pobre cura ya usará), por ahora me resisto a ver curas rezando con su celular.
Y el Santo Cura de Ars no se iba de Ars porque le escondían el breviario... si huviese tenido celular, no sería el cura de Ars... ¡que Dios nos ilumine!

Anónimo dijo...

Anónimo de las 0:52,
mi único punto es que hoy, si una señorita quiere comunicar que es virgen, dice en correcto castellano "Soy virgen", no dice "No conozco varón". Es más, es muy probable que esto último ni siquiera sea correcto castellano antiguo, sino un hebraísmo. Y para más, un hebraísmo que no es de comprensión inmediata para todo hispanoparlante culto no cristiano.
Lo de 'rescatate gato' lo trae usted, y se le ocurrió a usted.

Eck dijo...

Yo pondría otra razón: el latín es la lengua que nos pone en contacto con nuestros mayores de la Antigüedad, la Edad Media y la Moderna en una comunidad de espiritu que da la lengua y la oración común.
Respecto a latín eclesiástico, este no tiene nada que ver con el clasico como demuestra S. Agustín y los latinistas del reNacimiento. Es un latín culto lleno de jerga especial y basado en un estilo literario semita y oriental por su origen en las traducciones de la Biblia. Comparese estos dos fragmentos:
« Abasto a uos estar en el monte este! Katad i movedvos a vos, y venid a monte de el ' Emori y a todos sus vezinos, en la lianura, en el monte, y en la baxura, y en el darom y en puerto de la mar, tiera del Khena'ani y el Lebanon, hasta el rio el grande, rio de Prath. Veei ! Di a delante de vos a la tierra, venid y heredad a la fiera ke guro. Y. a vuestros padres, a Abraham, a Isac i a Jacob, por dar a elios, y a su semen enpues elios. »
Harto habéis estado en este monte. Volveos, partios y id al monte del Amorrheo y todas sus comarcas enel llano, enel monte y en los valles, y al mediodía y a la costa de la mar, a la tierra del Cananeo y el Libano hasta el gran río, el río de Eufrates. Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia. Entrad y poseed la tierra que le habia jurado a vuestros padres, a Abraham, Isaac y a Jacob, que les daría a ellos y asu simiente despues de ellos" (Deut. 1, 6-9)
Ambas traducciones son del siglo XVI (la primera es una traducción ladina hecha en Constantinopla, la segunda de la del Oso). La primera es similar al la que leyó S. Agustín y la segunda a la traducción de S. Jerónimo. Decidme ¿un español del XVI, sefardí o cristiano, entendería la primera sin estudio? Leed el ladino o español-calco así como los textos intermedios con el español vulgar de los sefardíes y se entenderá el latín eclesiástico.
Coda: el latín culto se paró en el sg. II a. C. en el aspecto gramatical y fonético. Para el III a nivel popular los casos se había simplificado, la fonética mutado, la cantidad silábica sustituida por la acentual, etc. Leed a un frances su idioma pronunciando todas las letras de su ortografia (como en el XII) y vereis..

Jerónimo Vincent dijo...

Cuando dice axiomáticamente que el cambio del griego al latín no fue por una necesidad pastoral, pero luego dice que se tomó esa decisión para evangelizar la cultura, pues eso no es más que una "medida pastoral"!

Respecto de las demás Iglesias apostólicas que Ud. menciona, claramente adoptaron la lengua local. Antioquía utilizaba su zona de influencia el griego, pero la Iglesia Asiria de Oriente, de corte nestoriano y por tanto bien anti-melquita, utilizaba el siríaco y el arameo (la lengua que el propio Jesucristo hablaba en la Galilea) y que fue la que se expandió por Oriente Medio y Extremo. Sin embargo la Iglesia maronita y la caldea, dependientes de Antioquía, también usaban (y hasta el día de hoy) esas lenguas, al menos en parte.
Y si se usaba el griego, no era por una exclusividad de lengua especial o sagrada, sino porque era la lengua universal que todos podían entender en el Imperio romano de Oriente, o en su sucesor, el bizantino. Todos los demás, desde Asia menor al Sur, exceptuando la Iglesia melquita (que reunía a los mercaderes y citadinos burgueses de la época en Medio Oriente), usaban sus lenguas locales o las que heredaban. Es el caso de la Iglesia de Oriente, de la Iglesia de Alejandría (en la que el copto campesino desplazó mayormente al griego citadino), de las Iglesias Tewahedo de Eritrea y Etiopía donde aún se desplazó el copto mesopotámico por el nativo ge'ez, un dialecto semítico.. Es el caso de la Iglesia malabar que heredó el siríaco de los jacobitas, es el caso de los armenios que resistieron el griego y el latín.. Y es el caso de los eslavos: Cirilo y Metodio tradujeron
Todas esas lenguas ahora son obviamente antiguas y venerables (donde se conservan), pero en su momento eran lenguas locales. En las iglesias bizantinas eslavas, tanto ortodoxas como católicas, con la única excepción de la liturgia catedralicia en Rusia (porque en las parroquias en general se usa el ruso), la Divina Liturgia se celebra en vernáculo. El eslavo eclesiástico fue reemplazado hace muchas décadas. Y ni que hablar en los países de inmigración, donde incluso las lenguas vernáculas de aquellos países son abandonadas por las de los países receptores.
Ciertamente que las traducciones deben ser cuidadas y con lenguaje culto. Es interesante, por caso, el Uso Anglicano del rito romano, una suerte de Misa tradicional en un inglés antiguo (mucho Thee-Thou) pero no celta o bretón, un poco complicado para un latino de Miami, pero perfectamente comprensible con el mínimo entrenamiento del ojo. Y es bello.
Hay que buscar un punto medio aristotélico entre los fundamentalistas del ritualismo y los achatadores congregacionalistas. La forma litúrgica aprobada para Fongtombault a fines de 1960 puede ser la clave.

Anónimo dijo...

Jerónimo Vincent,
¡excelente su aporte!. ¡Excelente!.
Consulta: ¿en dónde puede uno profundizar sobre el rito de Fontgombault que usted menciona?.

Iac dijo...

El comentarista Eck no tiene ni idea de lo que dice.

Wanderer dijo...

Estimado Jerónimo Vicent, le agradezco su valioso aporte, y hago un solo comentario.
En ningún sitio del post dije axiomáticamente que "el cambio del griego al latín no fue por una necesidad pastoral". Lo que dije fue: "Aquí no hubo un interés pastoral tal como lo entienden los progresistas". Es decir, que ciertamente detrás de San Dámaso había una razón pastoral pero una pastoral que no puede ser entendida en el sentido progresista contemporáneo como habitualmente se entiende. Por eso es que la liturgia se traduce a un latín especial o particular, que no era el latín hablado por el "pueblo", que es al que traduciría un liturgista contemporáneo.

Anónimo dijo...

Off-topic:
esto no es modernismo ni progresismo. Esto es -lisa y llanamente- hacer el ridículo:
El Papa Francisco va a un baño químico

Anónimo dijo...

¿Cómo se dice en latín baño químico?
¿Y dormir la siesta en una celda de una cárcel?
Chantus Súbitus, un enamorado de los flashes y las selfies espontáneas. De toda espontaneidad

Anónimo dijo...



Por favor Wanderer , no deja que se baje la calidad del blog ....

Samarpan Thorat dijo...

Very Nice Article

May God of Psalm 23 guide you and bless you abundnatly.