jueves, 25 de octubre de 2018

De autores y libros


Recién salido del horno, he aquí una antología variopinta de artículos publicados a lo largo de un cuarto de siglo, más o menos, en toda clase de medios: revistas de amigos, revistas institucionales, boletines vecinales o en recopilaciones de ceñudos congresos. El resultado es, por fuerza, desparejo, aunque hay una consistente solvencia del A. que brilla en todos y cada uno de estos trabajos, por no mencionar su pasmosa erudición (como brilla, por ejemplo, cuando se dedica al torso artúrico en la obra de Tolkien). 
Sólo indicaré aquí (por si hay allá afuera algún lector interesado) que aquí uno se encuentra con Castellani y Dolina, con Tolkien y con Lewis, con Pieper y con Chesterton, además de que nos toparemos con toda clase de asuntos, como un autor de la especialidad profesional del A., el canciller Ayala, cuya obra es estudiada con erudición y minuciosidad que sólo, me parece, le puede interesar a los iniciados en la baja edad media española. Destaco, sin embargo, el artículo intitulado Acedia y eutrapelia en algunos textos medievales españoles, por su actualidad, bien que su lectura puede resultar realmente difícil para el que no está acostumbrado a la lengua del s. XIV español (consejo eficaz: probar de leer sus versos en vos alta).
Pero a mí, qué quieren que haga, me interesa más la obra de Dios que la del Sr. Ferro, que a fin de cuentas no es más que el resultado de su subcreación, como diría Tolkien. 
No, a mí me interesa la persona del subcreador, Jorge Ferro, creado por Dios, y eso más que nada porque hemos sido amigos durante casi medio siglo y no hemos dejado de conversar todas las semanas de los últimos 43 años, y a veces, más de una vez por semana (la cuenta me da algo así como un total de 4000 conversaciones, ninguna de la cual duraría menos de una hora—o más bien dos).
Ha sido, como casi todas lo son, una amistad despareja, no sólo porque me lleva seis años, sino porque sabe sesenta veces más, sobre sesenta tópicos diferentes, y del que siempre aprendí más y más (eso continúa al día de hoy). Brevemente dicho, para mí, cuando comenzamos a charlar en un campamento de Sierra de la Ventana sobre C.S. Lewis y luego, pocos años después, se mudó a la vuelta de casa, resultó ser un regalo de Dios, en razón de los innumerables beneficios que me hizo este, del que estamos hablando, nuestro subcreador. 
Y ahora me gustaría intentar un inventario de esos beneficios que he recibido de él y agradecerlos aquí y ahora, antes de que se nos muera (al modo del Divino Ned). 
Sin orden y concierto, quiero señalar que en un mundo esencialmente triste, abúlico y melancólico hemos compartido largas carcajadas a propósito de las lecturas de Castellani, de Evelyn Waugh, de Alejandro Dolina, de P.G. Wodehouse, de Chesterton y del Bustos Domecq de Borges y Bioy Casares. Esas risas han servido para enfrentar decenas de tribulaciones y pruebas de todo tipo que me han tocado en suerte, como le cabe a un cristiano cualquiera en los tiempos que corren. Claro que además, de humor “literario” digamos, Jorge conoce docenas de historias, cuentos y chistes que son desopilantes. 
Pero hay más, mucho más. Hemos compartido con gratitud el inmenso legado de Roque Raúl Aragón y Fray Mario Pinto, además de combatir juntos en la terrible guerra contra la desacralización, contra toda suerte de progresismo, contra varias sectas y sectarios. Hemos vuelto a leer a Guénon y a Évola —a la búsqueda de la tradición primordial— además de repasar una y otra vez a Santo Tomás, a muchos de los Padres, a los mejores tomistas del siglo XX, empezando por el gran Josef Pieper, siguiendo por Etiénne Gilson y alguno más que ahora no recuerdo. Hemos compartido también una afición creciente por los grandes autores católicos ingleses, empezando por Newman y terminando por Joseph Pearce.  
En un mundo estúpidamente prosaico, hemos leído juntos a Péguy y José Hernández, a Lugones y a T.S. Eliot, nos ha enseñado a saborear a Garcilaso, a San Juan de la Cruz, a los hermanos Machado, a infinidad de autores más o menos consagrados, aparte de compartir la afición por las poesías de nuestros amigos, queriendo yo ahora destacar en ese registro a Juan Martín Devoto, a Nicolás Mihura y, claro que sí, a Eduardo Allegri. Claro que en materia de poesía, nuestro subcreador es imbatible, no sólo porque se conoce buena parte de toda la poesía en lengua española, sino que también, cuando le viene en gana es capaz de recitarlas de memoria, lo que constituye para los que lo oyen, una fiesta del espíritu.
En un mundo que se destaca por su ignorancia, Jorge, nuestro sucreador, creado por Dios, para beneficio de todos, conoce a fondo (e imparte su saber a quién cuente con un mínimo de docilitas) a los clásicos griegos y romanos, citando, cuando la oportunidad es venida, a Homero, a Sófocles, a Virgilio o a Horacio, con una solvencia y una familiaridad que constituye la envidia de todos sus amigos. Por no mencionar aquí su perfecto dominio del latín, sus conocimientos de griego (además de dominar a la perfección el inglés, el francés y el italiano). Jorge conoce y ama también a la Edad Media, a los grandes precursores de ella como Boecio y San Agustín, pero también a sus protagonistas, como Santo Tomás del que ya hemos hablado y conoce como su palma los bellísimos himnos latinos del breviario. No quiero pasar por alto su perfecto dominio de los cuatro evangelios y de lo que antes se daba en llamar la “Historia de la Salvación”.  
Y por razón de su formación clásica, Jorge odia, como Saint Exupéry, a la modernidad con todas sus fuerzas. Y ha aprendido a lo largo de los años, a reconocer de lejos sus taras y pretensiones, denunciándolas siempre con un acento fuertemente “Lewisiano”, diría yo, que ahora que está de moda hablar de “grietas”, no la hay más grande que la que separa el mundo clásico (La imagen descartada, diría Lewis) y la modernidad. En ese orden de cosas, le debo también una especie de claridad mental para detectar y denuncias a los modernos y sus estúpidas ideas, ni bien alguien las formula (sea el Papa o el vecino de casa, qué más da). 
Nuestro subcreador es, sin embargo, mucho más que lo que acabo de decir, e infinitamente más que esta su última subcreación que no es más que un librito comparado con su autor. Porque, repito, lo hizo Dios. 
En un mundo dominado por la acedia, la “tristeza ante el bien”, un mundo compuesto de millones de personas que no conocen el arte de vivir, Jorge da cátedra cuando de pesca se trata, si se pone a hablar de caballos no hay quien lo pueda detener. Sabe de bichos, de animales varios, distingue el canto de los pájaros. Le encantan los deportes, el tenis y más que nada el rugby (del que sabe bastante, después de todo, de joven jugó en Los Matreros). Pero le gusta y sabe mucho de militaria, de táctica y estrategia, de historia militar y de armas (y en esta materia está perfectamente actualizado). A Jorge le encanta la geografía, estudiar los mapas, además del mar y cualquier recipiente acuático: no he visto a mucha gente disfrutar como él de un buen baño en la alberca. Le gusta (y de esto sabe mucho) el tango, habiendo memorizado (como antes era más común) más de una letra (cantándolos desafinando levísimamente y es la tortura de quien lo oye cantar). Sabe mucho de música clásica, bastante jazz, muchísimo de los temas neo-oleros de los años 50 y 60, desde Billy Cafaro (a veces canta Pity Pity), hasta los “Mambos” y boleros de Tito Rodríguez, los grandes temas de los del “Club del Clan” y aunque no lo crean, algún que otro tema de Los Beatles. Jorge se conoce bien, aunque lo niegue a veces, a los grandes clásicos del folklore criollo, desde Atahualpa Yupanqui hasta los Chalchaleros, claro que sí.  
Pero hay más: nuestro subcreador sabe mucho de novelas policiales, de la guerra fría, de la guerra de Corea, de la de Vietnam, puede hablar durante horas de ambas guerras mundiales, además de comida, sabe de cocina, de cómo preparar un buen mate, de cuchillos y de asados; sabe (y sabe saborear) los postres criollos (ambrosía, yema quemada o huevos quimbos, lo mismo da), de las pastas italianas y los embutidos españoles, aparte de disfrutar como ninguno de sus viajes a Europa, para admirar las catedrales góticas, los pueblucos castellanos, la universidad de Oxford y la cerveza inglesa.
Jorge disfruta inmensamente de todas las cosas: le gusta el cine clásico (y de eso sabe un montón), le gustan las bebidas alcohólicas, le gustan las mujeres (como corresponde a un cristiano cabal) y en esto tiene buen gusto (como corresponde a un cristiano cabal). Le gusta la buena ropa (y cuando quiere se viste bien), tiene una estética que hace culto de la modestia, de lo sencillo, y eso le hace disfrutar de un atardecer en el campo, o de una buena tormenta tropical.
A nuestro autor no le interesan ni las computadoras, ni los autos, ni, claro está, los “shoppings” y el rock ’n roll contemporáneo. Jorge detesta el ruido y ajetreo de las megalópolis contemporáneas, la “Devotio Moderna”, cualquier forma de artificiosidad, el subjetivismo en cualquiera de sus variantes, la casuística moral y, por sobre todas las cosas, la acumulación desordenada y supersticiosa de devociones propia de los meapilas. 
Es su estética la que finalmente todos hemos compartido, una estética que nos domina de tal modo que en materia moral, si no hacemos algo, no lo hacemos tanto, como diría Thibon, porque está mal, sino porque queda feo, porque es feo.
Jorge ama la belleza en todas las cosas y creo que Alejandro ha acertado con la tapa de este libro (y de muchos otros), que los libros también pueden ser objetos bellos, cómo no, aparte de su contenido.  
De modo que para coronar esta mi presentación del subcreador y de su obra, no puedo resistir la tentación de declamar aquí y ahora el soneto con que remata esta edición, Señales, que, según me contó, escribió no hace mucho, supongo que en Bella Vista. 

La flor se inclina ya, la flor se inclina
llevada por el aire tormentoso
que desde lejos insinuó su acoso
acariciando apenas a la encina.

Una arruga en la fuente, repentina,
un quebrarse fugaz de su reposo;
empañado su espejo tembloroso
nos dice de la calma que termina.

Cambia la luz. Se está muriendo el día,
y en un cielo con cobres y morado
se arremolinan nubes. Y en el pasto

bailan hojas caídas en un casto
enredarse de ocre y colorado, 
en revuelo de pena y de alegría. 

¿Qué más? Señores, nada, nada más. 

Jack Tollers





El lunes 12 de noviembre, Natalia SanMartín Fenollera presentará en Madrid los tres volúmenes de la obra del P. Javier Olivera Ravasi, en la que trata de un modo ameno y claro, una gran variedad de temas complejos y controvertidos a partir del pensamiento católico y de la historia.
Los lectores españoles del blog tendrán una buena oportunidad para escuchar a ambos amigos, y comprar los libros.












Acaba de aparecer el tercer volumen de los Sermones monásticos del P. Diego de Jesús, prior del monasterio del Cristo Orante. El primer volumen está dedicado al tiempo de Adviento y Navidad; el segundo, a Cuaresma y Pascua, y este tercero a los domingos del tiempo ordinario.
Más de una vez nos hemos deleitados en estas páginas y hemos sido iluminados por la palabra del P. Diego de Jesús, que combina en su pedagogía del mensaje cristiano un profundo conocimiento  teológico y literario con una cuidada retórica.












15 comentarios:

Anónimo dijo...

Un mostro el autor este.

Capitán Dalroy dijo...

No recuerdo bien, pero Chesterton dice algo así como que los artistas enseñan más en su trato cotidiano que en su producción, llenan de gracia su entorno por no sé yo qué razones misteriosas. Algo así yo he visto en Jorge, y eso que por razones de distancia no he tenido la ventaja de conocerlo más.
Qué noticia alegre la aparición de un buen libro, es encontrar un ampolla de luz en bosques tenebrosos. Lo digo por todos los que anota, Mr. Wanderer.
Mi afecto cordial,

Capitán Dalroy.-

Anónimo dijo...

Me encantó la poesía de Ferro. Gracias por publicarla

Anónimo dijo...

No estaría completo el personaje si olvidamos su pipa. El apodo mejor olvidarlo por ahora.
Felicitaciones por el libro y muy buena la descripción.

Saludos desde La Pampa

USOZ dijo...

Para facilitar la compra a los que estamos en España, ¿no podrían los Sres. Wanderer y Tollers recomendar al A. que hable con la editorial para que se pueda adquirir en formato digital en amazon?

Como hizo el Sr. W. con su libro, y debería hacer el Sr. T. con la segunda parte de su biografía de Castellani.

Gracias

Anónimo dijo...

Después de semejante presentación cómo no hacerme con este libro.
Gracias miles a ambos, presentador y autor, Sebas Tollers y Jorge Normando.


El de H. dijo...

Falta mencionar la afición del prof. Ferro por el tabaco... Aunque sólo lo he visto fumar cigarrillos, supongo que sabrá saborear una buena pipa ...

el coco feroz dijo...

Me mata que los vagonetas de Vórtice no abran a la mañana, siendo que me rajo de Capital antes del medio día; cosa que me tiene pendiente de comprar la novela de Anzoátegui y éste de Ferro.
Unos de estos días me quedo hasta un cacho más tarde sufriendo la megalópolis y paso por allá.
Qué cosa más placentera -cabe mencionar también- es pasar por Vórtice.

Anónimo dijo...

Vórtice es una editorial y le dedico a esa tarea la mayor parte del tiempo, empezando por toda la mañana. Mejor sea feliz, coco feroz, y aproveche que habilité algo parecido a una librería unas horas por la tarde; después cierro y sigo. O sea que le envidio que pueda rajarse ud. antes del mediodía. Pero bueno, si le resulta difícil ceder un poco de su tiempo personal, le cedo un poco de mi tiempo laboral: llámeme antes y lo recibo una mañana.

Alejandro el vagoneta

el coco feroz dijo...

Lo sabemos. Lo digo sólo por bromear.
Hablando de uno de los poetas mentados y de la editorial, quise dar con una poesía que le salió buenísima, pero no la encuentro.

Antonio Caponnetto dijo...

Le agradezco a Jorge, entre tantas cosas,la recopilación de pensamientos sobre Pieper que trae en esta valiosa antología. Lamento -de puro chambón- no haberla conocido antes de escribir mi librete sobre la pedagogía del maestro germano. ¡Cuánto me hubiera aprovechado!No me sumo a los elogios, porque aunque merecidos todos,sé que entre las cosas que él sabe y enseña, está aquello de las Academias Morales de las Musas de Antonio Enríquez Gómez: "no blasones...".
Antonio Caponnetto

Paulus Albus dijo...

Estimado Wanderer,

Llevo un tiempo dándole vueltas a este tema, y ahora que he leído su entrada he decidido animarme a preguntar de una vez. ¿Cuál es el problema exacto con la Devoto Moderna? ¿Cómo podemos librarnos de su influencia quienes hemos sido espiritualmente educados bajo su sombra (en mi caso, el Opus Dei)? Realmente siento que mi vida interior y mi relación con Dios han llegado a una especie de punto de no retorno, y quisiera saber cuáles son las fuentes a las que volver... Por favor, no se trata de una cuestión de dirección espiritual, sino de la necesidad de saber cómo se ha de vivir realmente el cristianismo. Las planificaciones y las tablas de devociones hace tiempo que me abruman, pero no sé por dónde salir. Y ya ni hablo de la misa, con toda la dramática cuestión litúrgica que conlleva...

Saludos desde España y muchas gracias.

Pavlvs Albvs

Wanderer dijo...

Estimado Paulus Albvs, La suya no es una pregunta fácil por la sencilla razón que casi sin darnos cuenta podríamos tirar el agua sucia de la tina con el bebé adentro. No me parece acertado descartar de plano la Devotio Moderna; creo que tuvo muchos aspectos positivos y que deben ser justamente valorados. Pero creo también que se distorsionó muy rápidamente, y llegamos a lo que llegamos y que usted menciona: las planificaciones y tablas, por ejemplo.
Una posible solución, si tal cosa fuera posible y si yo fuera alguien para proponerla, es tratar de volver al modo en el que los cristianos de los los primeros siglos y de la primera Edad Media vivieron su cristianismo y su relación con Dios. Por los frutos -millares de mártires y millares de santos que lograron evangelizar Europa- es fácil darse cuenta que su "método" fue eficaz. ¿Y cuál fue? Eminentemente monástico y litúrgico. Creo que allí está la clave.
El problema que resulta casi imposible llevar una vida monástica -y no me refiero solamente a la vida del monje en un monasterio- en medio del cada vez más agitado fárrago contemporáneo, y mejor no hablemos de la posibilidad de vivir la piedad litúrgica.
A mi particularmente me ayudaron mucho algunos libros de Louis Bouyer, en especial "Introduction à la vie spirituelle" y "Le sens de la vie monastique". Creo que ninguno de ellos está traducido, pero se consiguen fácilmente en francés.

Anónimo dijo...

Pero, don W. !!!!
La Introducción a la vida espiritual de Bouyer está traducido desde hace 50 años por la ed. herder !!!!
Todavía se puede adquirir por Amazon.
Atte.-
Ch. de Guernsey

Paulus Albus dijo...

Estimado Wanderer,

Muchas gracias por su respuesta y recomendaciones. Hace tiempo que venía rumiando la posibilidad de acercarme al Breviario Romano... quizá sea una manera de entrever esa luz que tan difícil nos es conseguir en estos tiempos. Tomo nota también de los libros, gracias de nuevo.

Pavlvs