martes, 22 de enero de 2019

Atención y silencio (reposteo)



Publico nuevamente una entrada que apareció en este blog el 18 de noviembre de 2010. Luego de ocho años, el tema sigue aún vigente.


En abril de 1942, Simone Weil le escribe al P. Perrin, O.P, que había sido nombrado capellán de un colegio de Montpellier, una interesante carta acerca de la atención. En sustancia, Weil afirma que los ejercicios escolares sirven, fundamentalmente, para acrecentar la atención de los estudiantes a fin de que puedan rezar mejor, toda vez que la oración está hecha de atención. Para consuelo de muchos, admite que, si un alumno pasa dos horas tratando de resolver un ejercicio de matemática, no es relevante que lo logre o no, sino que lo importante es el ejercicio de atención que ha realizado puesto que le será muy útil cuando quiera rezar, más allá, claro, que el tipo de atención que requieren estas prácticas escolares es menor que el exigido por la oración. 
La oración “es la orientación hacia Dios de toda la atención de la que el alma es capaz”. Y por eso, “la calidad de la atención tiene mucho que ver con la calidad de la oración”. Todo esto aparece en Attente de Dieu.
Lo que yo me pregunto es cómo hacer para mantener la atención en la oración en estos tiempos de distracciones. O, dicho de otra manera, cómo lograr el silencio necesario para rezar. 
Si miramos para atrás, nos damos cuenta que vivimos en la civilización del ruido. Habitar en las ciudades es habitar en medio del continuo ruido, aunque no seamos conscientes de él. ¿Cómo habrá sido vivir en las ciudades medievales, sin automóviles, bocinas, frenadas, música, etc.? Los ruidos sería solamente los “naturales”: voces, gritos, trote de caballos, ladridos… Las noches del Buenos Aires colonial solamente sería rasgada por “Las tres han dado, y sereno”, como nos enseñaban en el colegio. No sé si en esos tiempos sería más fácil rezar, pero ciertamente sería más fácil conseguir el silencio exterior, que es fundamental para la oración. Por algo los monjes huyen al despoblado para llevar su vida de plegaria y en algo se les facilitará a ellos el rezar, aunque dicen que los demonios del desierto son más bravos que los demonios de la ciudades. 
Lo que a mí más preocupa en la distracción creciente -o la atención decreciente-, que provoca Internet. Quienes por un motivo u otro pasamos gran parte del día frente a la pantalla, estamos recibiendo durante todo ese tiempo un bombardeo continuo de información que, si uno la ha seleccionado bien, es positiva y beneficiosa, pero es un bombardeo al fin que, a la larga, interfiere con el o los momentos diarios que cada uno de nosotros dedica a la oración. Cuesta mucho mantenerse antento – y mucho más con la atención exquisita de la que nos habla Simone Weil- durante el rosario, el breviario, la lectio o el tipo de oración que se haga. 
Hace algunas semanas tuve oportunidad de hablar con un monje de una importante abadía argentina y saqué este tema. El OSB veía también a Internet como un peligro en ese sentido. Si bien era él quien, en su abadía, se encargaba de la recepción y envío de correo electrónico y otros menesteres informáticos, me comentó que lo trataba con mucho cuidado y, más bien, con distancia (lo cual me consta, porque hace más de veinte días que le escribí un mail y aún no recibo respuesta). Yo le objeté que Internet puede ser una interesante herramienta de evangelización. Conozco a muchos religiosos que la utilizan en ese sentido, y estoy convencido de que hacen mucho bien a las almas. El monje me respondió que, efectivamente, así era, pero que ese no era su oficio monástico. “¿O Ud. se imagina a un cartujo conectado desde su ermita a Internet intercambiando continuamente mensajes apostólicos?”. Y, la verdad es que no me lo imagino, ¿cómo haría el pobre monje para rezar? Si tal cosa sucediera -un pretendido cartujo manteniendo largas conversaciones y posteos en Facebook- sería indicio cierto que algo allí anda muy, pero muy mal, y que sólo es cuestión de tiempo para que explote. Y si adujera que su función es apostolado, pues no sería cartujo, ni monje siquiera. 
Pero dejamos a los monjes en sus celdas y pensemos en nosotros. Creo que Internet, y en mi caso particular, los blog, sirven para “crear lazos”, para aprivoiser, como le dijo el zorro al Principito, y sostenernos por necesidad mutua, en este camino difícil hacia la Patria definitiva. Pero los blog, y todo Internet con ellos, tienen la desventajas de robarnos la atención que debe estar dirigida, toda ella, a la oración. Una de cal y una de arena; la cosa es formar con ellas la argamasa. No sé cómo resolverlo. Habrá que recurrir a los maestros, pero me temo que éstos no usan Internet.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Por lo que a mi respecta, debo agradecer enormemente la presencia de este blog en Internet. A través de sus artículos y las búsquedas, tanto bibliográficas como de otras webs católicas, que Wanderer ha propiciado, he ido ampliando y algunas veces conociendo por vez primera las simientes que el Non Serviam ha plantado en la estructura temporal de la Iglesia, pero sobre todo he conocido quién es, en realidad, Bergoglio. Por todo ello, creo que el servicio que este blog hace a los católicos es impagable.

Internet, en general, potencia los egos, pero incluso la opción de poder comentar como anónimo minimiza ese flamígero peligro, pues queda la opinión como tal y se obvia el perfil del que opina.

Personalmente le agradezco su presencia en la Red, desde luego.

Saludos desde España.

Fuenteovejuna dijo...

Es muy cierto que para concentrarse en la oración el silencio es fundamental. Tal vez por ese motivo la iglesia del barrio donde uno quisiera ir a rezar es el último lugar que debería escoger, porque antes de empezar la Misa la gente no para de hablar, suenan los celulares que siempre se olvidan de apagar, los chicos corren y hasta lloran sin parar, y ya iniciada la Misa los chicos siguen corriendo y llorando y la música -o el ruido que parece música- de guitarras y panderetas no deja de aturdir. ¿Así quién puede rezar?

Anónimo dijo...

Creo que internet es un peligro si uno se deja llevar por los vicios, busca imágenes dañinas para el alma, gasta por demás en sitios de compras o se involucra en peleas sin sentido.

Pero si luchamos por el Señor para evangelizar en la web, para despertar consciencias, descubrir que no estamos solos, unirnos con hermanos de cualquier lugar del planeta, estar al tanto de las fechorías del enemigo, etc. creo que es útil.

Lamentablemente hoy la vida también ocurre en el ciberespacio, y podríamos dejarle este espacio al enemigo, pero no tendríamos cómo saber lo malo que ocurre y luchar para que no ocurra, como está sucediendo en los EEUU con los abusos clericales.

Hay un tiempo para todo. Un tiempo para orar y un tiempo para bloguear. Que todo lo que hagamos aquí sea para mayor Gloria de Dios.

unodelmonton dijo...

Es un dilema que también me he planteado con frecuencia. Cómo armonizar la necesidad de silencio y contemplación, con el frenesí de la vida posmoderna ¿ No es un absurdo proponer un monacato secular a través de internet? Personalmente creo que no; supongo que el cristianismo siempre, desde sus orígenes, tuvo una dimensión mística y otra profética. Nuestro Señor se retiraba a rezar por las noches y durante el día predicaba y curaba. Entonces el recurso a internet cabría dentro de esa necesidad imperiosa de comunicar la verdad a los demás.
Ahora, la faz contemplativa es muy difícil de lograr en nuestros tiempos, vivimos inmersos en el ruido, basta sentarse en cualquier lugar público para ver como todo el mundo de aferra a sus teléfonos personales, nadie presta atención a nadie, ni a nada. En ese contexto, el ejercicio de la atención de Weill es una necesidad ineludible. El sacerdote y escritor Pablo d¨Ors, discípulo del teólogo benedictino Elmar Salmann, ha escrito sobre ello; su libro "El Amigo del Desierto" es muy recomendable.
PD recomiendo a d Ors con relación al tema del silencio, no como un ejemplo de ortodoxia doctrinal.

Anónimo dijo...

Fuenteovejuna,
Tiene toda la razón. En algunas parroquias tradis aquí en la vieja Uropa, hay guarderías para los más chicos.
Al principio renegaba con ello pues pensaba que hasta los más pequeños debieran de asistir a misa, aunque rezonguen los viejos.
Pero, con el tiempo, me parece bastante sensata la decisión ya que permite a los que asisten a misa poder rezar sin soportar gritos y corridas de niños bien o mal educados.
Luego, pueden elegirse capillas sin guitarras ni panderetas.
Abrazo,


Jan Ellery dijo...

La verdad es, o creo que es, que se trata de una herramienta útil. Tiene su lado pernicioso, sin dudas, pero es como todo en el mundo, ayer, hoy y siempre (aunque lo malo esté agudizado en nuestros tiempos). Es útil pero debe ser acotado el uso de internet. En todo sentido. Lógicamente evitar salirse de los sitios verdaderamente católicos y serios. De dudosos para abajo esquivarlos a todos.
Y si... serán muy pocos los que queden. Mejor. Es de agradecer que existan sitios como este blog, que debemos a la dedicación de Wanderer. En cuanto a la oración, dejando a salvo la cuestión de que cada quien tendrá su método, para mi debe fijarse y mantenerse a toda costa una disciplina. Lugar y momento sostenidos con firmeza. Y lectura. Mucha lectura de LIBROS. Garantizadas todas las condiciones que acabo de enunciar, me parece que internet no deberia ser peligroso.

Anónimo dijo...

Fallecio Esperanza...pregunto esta mal rezar pidiendo el castigo de los q lamataron?..se q no tiene q ver con el tema..pero estoy con mucha bronca. Argentina en q te han convertido?..pablo desde pehuajo

Pepe dijo...

Los antiguos hablaban de los tres ochos que abarcan las veinticuatro horas de un día. Ocho horas de sueño, ocho de trabajo o estudio y ocho horas dedicadas a la comida, higiene, ocio y oración. Soy consciente que ese deseo constante de información, de la que dedico muchas horas en perjuicio de otras mejores, no es más que una trampa que me distrae de lo verdaderamente importante: Dios. Cuantas veces me he descubierto hablando, estudiando o leyendo sobre teología sin elevar mi alma a Dios, cayendo en lo puramente intelectual.
Poniendo internet en una balanza me quita más que me aporta. Eso sí. Si al final consigo restringir mis horas perdidas en internet, no me privaré de mi visita habitual en Wanderer.

pedro navaja dijo...

Creo que es fundamental tener claras nuestras intenciones, como todo en la vida.
La intención en el blog no debe ser "pugilística".
Hay que dedicarle poco tiempo diario, además de encontrarlo divertido. Si resulta enojoso puede ser una cantera de pecados.

Lo mismo el whats app, que también es internet.
Por ese otro medio, me decía un sanrafaelino no sé qué cosas sobre la FSSPX y pudimos tener un ida y vuelta porque diga lo que diga, me lo tomaba en broma.
¿Cómo no tomar en broma la perorata de la devotio moderna/FSSPX/Misal de Pío XII si quien me lo decía era una persona que hasta hace unos años iba a misa nueva?
Y así muchas cosas más. Podemos llevarnos bien y hasta ser amigos, callando ante las rotundas afirmaciones de otros, sonriendo por lo bajo (mientras nos banquemos que se sonrían de nosotros) y a todos tratando con cortesía.
No se puede coincidir siempre, pero ante todo la cortesía.

Se tocan temas caros a cada uno y los que no pueden tomarse así estas cosas, por el bien de su alma, deben olvidarse de los blogs.

En Adelante la Fe se dice que es una "aproximación" de la FSSPX a la Santa Sede que en una escuelita (creo que suiza) recibirán a un obispo conservador que se está jubilando.
¿Por qué enojarnos?, ¿cómo tomar en serio tamaña afirmación cuando apenas se le da hospedaje a una persona mientras no haga lío?, ¿o a caso lo vieron ordenando curas tradis?
El que no entienda esto y otras cosas por el estilo (ahora va para los lefes), también debe obviar internet...

Un saludo a todos.

Anónimo dijo...


No se puede rezar para pedir castigo . Muchos " no saben lo que hacen "

Si , hay que rezar para la conversión de los pecadores , eso es obligatorio .

Demodoco dijo...

“¿O Ud. se imagina a un cartujo conectado desde su ermita a Internet intercambiando continuamente mensajes apostólicos?”. Y, la verdad es que no me lo imagino, ¿cómo haría el pobre monje para rezar? Si tal cosa sucediera -un pretendido cartujo manteniendo largas conversaciones y posteos en Facebook- sería indicio cierto que algo allí anda muy, pero muy mal, y que sólo es cuestión de tiempo para que explote.
Y estamos asistiendo, y padeciendo, algo así por estos mares (o mejor montañas) del sur; monjes e internet... ruido y mas ruido. La "horrible fortaleza" que nos acompaña 24/7.

Jan Ellery dijo...

Si. Ruido y más ruido. Es una sociedad ruidosa hasta el hartazgo. Pero... lo que se aplica para los cartujos o los monjes en particular no creo que deba ser aplicable 100 por 100 en nosotros, que no somos monjes. Entonces... el necesario recogimiento y silencio para los momentos que aplica. Y ya.

luciano tanto dijo...

jalou. educado en colegios católicos (primaria), en Italia y aquí, hijo de madre católica en el país que inventó el catolicismo, el "momento de oración" era una especie de disipación anti-estrés, a través de la repetición de un versito con algunas palabras misteriosas que no entendía pero que ayudaban a que el todo funcionara como descanso de la mente. claro, no todos somos Simone Weil, lejos de toda capacidad mística. que los dioses me perdonen (el que sea y si se entera).

luciano tanto dijo...

...y para colmo, yo nací en abril del 42.