jueves, 7 de marzo de 2019

"Sodoma", de Frédéric Martel. Conclusiones y una apostilla




1. ¿Frédéric Martel dice la verdad en su libro? No, aunque dice muchas verdades. ¿Se trata de un libro mentiroso? No, aunque diga muchas mentiras. Que las pruebas 
que ofrece para verificar su hipótesis sean tan débiles no es suficiente, al menos en este caso, para descartar de plano todo el contenido del libro. Y hay que ser justos: si Martel fuera un mero mentiroso, podría haber mentido mucho más, y sobre todo hacerlo con respecto a personas y situaciones que habrían favorecido sus tesis, como en el caso de los cardenales Burke o Bagnasco, pero no lo hace. Más aún, lo dice explícitamente: “No escuché comentarios de homosexualidad referidos a estos purpurados”. Por otro lado, lo que afirma acerca de gran parte de los miembros de la Curia vaticana es verosímil y no aparecen contradicciones. El core del libro confirma con detalles lo que se sabía en círculos reservados  y no tanto desde hace décadas; todo coincide; todo cierra; y se explican muchas cosas si se utiliza como clave de lectura la hipótesis del libro. Lo que se escuchaba y se veía en Roma en los ’90, y a lo que no se quería dar crédito y se negaba a admitir la evidente interpretación de ciertos hechos, aparece ahora como real. Era verdad. Yo, como tantos otros, era un ingenuo que aún creía que los obispos necesariamente estaban en el estado más alto de la perfección cristiana. 
Y pongo un ejemplo entre tantos. Lo que Martel narra de Sodano explica no solamente el encubrimiento a Maciel sino a otros sinvergüenzas. Muchos recordarán la asombrosa protección de la que gozó el cuestionado y actualmente condenado fundador de un instituto religioso argentino por parte del entonces Secretario de Estado, que le llegó a torcer el brazo al episcopado argentino en su conjunto. Hay un elemento en común en los tres personajes.

2. ¿El libro es un ataque a la Iglesia? Claro que lo es; está escrito por un enemigo de la fe, pero no sirve escudarnos en esta razón para negar el libro y hacer oídos sordos a lo que dice. Eso es precisamente lo que hicieron los funcionarios de la Iglesia durante décadas cuando le advertían, por ejemplo, de las andanzas del Sr. McCarrick. Si no nos hacemos cargo, porque resulta mucho más cómodo cerrar los ojos, no esperemos que los problemas se solucionen. Pero además, hay un factor extra que debemos tener en cuenta: este ataque a la Iglesia no puede ser comparado con los que le infligían los emperadores romanos o los soviéticos, que atacaban a los santos en razón, precisamente, de que eran santos. Este ataque, en cambio, es un ataque que a su modo se justifica: es un ataque a la Iglesia en razón de la enorme cantidad de personajes que perdieron la fe en Jesucristo y que se enquistaron en sus más altos puestos de poder y gobierno para dar satisfacción a sus pasiones. Se trata de un ataque inverso a las gloriosas persecuciones que sufrieron quienes nos precedieron en la fe. A estos otros los persiguen por pérfidos y traidores, y bien merecido se lo tienen.

3. La enorme mayoría de los casos que menciona el libro demuestran un hecho indiscutible: sus protagonistas hace tiempo que perdieron la fe. Seguramente ingresaron al seminario con buenas intenciones pero, en algún momento de sus vidas, comenzaron a flaquear hasta que en un punto determinado pronunciaron el temible: Non serviam. Dejaron de servir a Dios, y sabemos a quien sirven los que no recogen junto a Cristo. Por tanto, la terrible realidad a la que debemos enfrentarnos y aceptar aunque nos cueste, es que la Iglesia católica está gobernada mayoritariamente por hombres que no tienen fe. Hacen su trabajo; un trabajo que les reporta muy buenos beneficios de todo tipo. Satisfacen su carne, satisfacen su vanagloria y su soberbia, y satisfacen su bolsillo. A cambio, deben representar una comedia; hacer finta de hombres piadosos, y escribir y pronunciar discursos religiosos que no le cuesta demasiado borronear. Esa es la realidad, mal que nos pese y cueste aceptar.

4. ¿Hemos llegado al fondo del pantano? No lo creo. El autor dedica varios párrafos a tratar la extensión de la homosexualidad en el clero y episcopado de Italia (“la homosexualidad es tan general, tan omnipresente en la jerarquía italiana, que la mayoría de las carreras dependen de ella. Si se escoge bien al obispo, si se sigue la senda adecuada, si se hacen buenas amistades, si se juega al «juego del armario», se suben rápidamente los escalones jerárquicos” (Pos. 6801); España, Francia, México (“Yo diría que en México la mitad de los sacerdotes son gais, tirando por lo bajo, aunque decir tres cuartas partes sería más realista. Los seminarios son homosexuales y la jerarquía católica mexicana es gay de un modo espectacular” (Pos. 4347) y Cuba (“es impresionante el número de homosexuales entre los sacerdotes y los obispos de Cuba. Protegidos en el obispado, esta auténtica masonería se hizo muy visible, desbordando ya el armario (Pos. 9432)”. Sabemos de lo sucedido en Chile y en Estados Unidos. Y mucho me temo que estamos en los umbrales del gran destape del caso argentino.  Y me pregunto si no comenzará a develarse lo que ocurre en las órdenes religiosas más antiguas. ¿O es que allí dentro no habían redes de corrupción sexual?

5. Concluyamos, en los últimos cuarenta o cincuenta años, hemos sido engañados. Muchos de nuestros sacerdotes y buena parte de nuestros obispos, a los que señalábamos como progresistas y reprochábamos su adhesión a la nueva liturgia, y también a los que considerábamos conservadores, piadosos y respetuosos del culto divino, eran pecadores impenitentes; lobos colados en el aprisco divino, dispuestos a despedazar a las ovejas no solamente falsificando su fe, sino mancillando sus cuerpos. La Iglesia romana se ha convertido, como decían las profecías, en la Gran Prostituta. ¿Tiene esto solución? Lo sabrá Dios, pero de lo que estoy seguro, como lo está la mayor parte de los católicos bien pensantes, es que con las “medidas” que se están tomando y con la organización de cumbres y summits en el Vaticano, no se solucionará nada. Más aún, mientras Francisco sea Papa es imposible que se solucione nada puesto que él mismo es pieza fundamental del problema, y no sabemos aún hasta qué punto lo es. 

Finale: Me cuestioné si era conveniente dedicar tanto espacio y tiempo a la reseña de este libro, y pedí consejo a amigos más sabios que yo, y decidí que lo era. Varios lectores del blog me han hecho saber a través de sus comentarios que no están de acuerdo, y los entiendo. Pero mi argumento, repito, es que mientras no seamos capaces o no queramos ver en su totalidad la crisis de la Iglesia, nada podremos hacer para solucionarla. Lo más fácil y tranquilizador es despachar el libro de Martel como una burda patraña y adjudicarlo a los enemigos de la Iglesia. Siempre hay judíos y masones a mano para señalar. Pero lo terrible es que esta vez no los necesitamos, porque el enemigo está dentro. 
Es un trago muy amargo y requiera entereza aceptarlo, pero estamos viviendo, a mi entender, la crisis más profunda que ha afectado a la Iglesia. No se trata solamente, como todos los que frecuentan esta página sabíamos, de una crisis doctrinal -modernismo- que tuvo repercusiones litúrgicas; se trata también de una crisis moral sin precedentes, que desconocíamos. Es la tormenta perfecta. 


Apostilla: 
A muchos, como me pasó a mí, toda la situación que estamos viviendo y que el libro de Martel no hace más ratificar, nos produce una enorme tristeza y una enorme ira. Es lógico que así sea, pero no es bueno. Ambas, la tristeza y la ira, son según la tradición de nuestros Padres, pecados capitales, es decir, canales abiertos por los cuales se filtran los demonios, y que dadas las circunstancias actuales buscarán por todos los medios que todo esto termine con la pérdida de la fe. Ese es el gran riesgo: perder la fe. Es lo que ya ha ocurrido a millares de católicos al enfrentarse a la realidad de una situación tan dura, y no dejan de resonar las palabras divinas: “Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”. Por eso mismo, hay que estar muy atentos y rechazar con fuerza ambas tentaciones.
No olvidemos el perdón y la misericordia. Sería insensato condenar a los que tanto daño han hecho  a la Iglesia creyéndonos nosotros mismos inmunes al pecado. La caída original dañó irremediablemente la naturaleza humana y ningún hijo de Adán está libre del pecado, y si Dios nos ha preservado de algunas caídas más fieras, ha sido por pura bondad y gracia, y no por mérito alguno de nuestra parte.
Por eso, si quienes pecaron violando sus votos, abusando de su autoridad moral y comprometiendo a la Iglesia, se arrepienten sinceramente, nuestro deber es el perdón de corazón y, más todavía,  la com-pasión, porque si ese arrepentimiento es sincero, no quisiera estar yo en su pellejo y sufrir lo indecible que estarán sufriendo. A ellos, entonces, nuestro perdón y nuestra oración.
Pero hay una condición que me parece imprescindible. ¿Qué hacía la Iglesia con los pecadores de este tipo que volvían al redil? Se los condenaba a una vida de oración y penitencia hasta que los encontrara la muerte. Y esa debe ser, creo yo, la muestra del arrepentimiento verdadero: desaparecer literalmente del mundo y rogar ser olvidado por todos; retirarse a un monasterio perdido y desconocido, y hacer allí vida de monje penitente. Si eso no sucede, no me creo yo los arrepentimientos.

45 comentarios:

Isabel dijo...

....." nos produce una enorme tristeza y una enorme ira. Es lógico que así sea, pero no es bueno. Ambas, la tristeza y la ira, son según la tradición de nuestros Padres, pecados capitales..." entiendo que hay una mala y una buena tristeza. La mala es la que nos lleva a la desesperación o pérdida de la fe. La buena es la de Cristo cuando dijo: (San Mateo 26, 38) Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. No sé quién será el Padre de la Iglesia que ponga a ala tristeza como pecado capital, pensé que eran sólo siete.

Chestertoniano español dijo...

Terrible. Pero mucha razón en hacer una recensión. Yo he procurado descargarmelo (no pienso darle dinero a ese sujeto ni a la editorial). Y estoy seguro de que tiene mucho de razón, aunque del asunto de los homofilos no activos voy a ignorar su gaydar la verdad, es posible que tenga razón con algunos pero es una pura especulación.
De acuerdo en lo de la ira, pero creo que aquí ha faltado sangre caliente, un poco de ira y animo de luchar. Cuantos muchachos sanos habrán entrado en el seminario convencidos de que poner la otra mejilla, ser misericordioso y caritativo significaba que si le hacían alguna proposición tenían que callar y apiadarse del pobre pecador; si le pedía el rector que no dijese nada y lo dejase en sus manos pues lo dejaba; si veía mariconeo por todas partes pues cerraba los ojos y no pensaba en ello. Alguno eso le despertaría alguna inclinación no reconocida y terminaría uniendose a la fiesta; alguno terminaría su seminario con todo aparentemente bien pero con algo muerto en el alma y ese espiritu sumiso que le llevaría a callarse demasiadas cosas; alguno buscaría discretamente otro seminario pero sin decir nada a nadie y alguno se saldría del seminario pero sin decir nada también, asumiendo que "no tenía vocación".
Pues si por cada proposición hubiera habido un buen puñetazo (reacción muy sana y normal en un chaval); si ante el mariconeo le hubiera inundado la furia y hubiera denunciado al rector, al obispo, a no se que congregación y si nadie hacia nada hubiese hablado claramente de eso y hubiese prevenido a los preseminaristas (si, ya se que muchas veces las denuncias se terminaban perdiendo... pero si cada vez que alguien veía algo se hubiese denunciado a toda autoridad posible y así una y otra vez no hubiera sido tan fácil).
Si los que no son truchos hubieran sido mas hombres... otro gallo hubiera cantado.

Wanderer dijo...

Isabel, los Padres del Desierto, que son los primeros que hablan de ocho espíritus malignos, hablan de la tristeza como uno de ellos. Evagrio Póntico el primero, y detrás de él muchos otros.
En Occidente, también la menciona Casiano, por ejemplo. Cuando San Gregorio Magno establece la lista de siete pecados capitales, la tristeza, junto con la acedia, quedan asociadas a la pereza.

Anónimo dijo...

Una anécdota: hace muchos años atrás (andaba en los 20) por un trabajo que realizaba para la Iglesia de mi Ciudad, tuve que entablar comunicación con un sacerdote con el que debía trabajar, el sacerdote apenas al segundo día de trabajo me comenzó a enviar imágenes homosexuales, cuando le indiqué que le delataría, su reacción fue burlarse de mi, diciéndome que no tenía idea de cómo funcionaban las cosas en el clero (y que Roma no era lo que yo ingenuamente creía), la verdad, luego de esa experiencia, comencé a precatarme de una terrible realidad, un porcentaje importante del clero de mi Arquidiócesis era/es homosexual.

Anónimo dijo...

Hay quienes dicen que nada de esto parece haber sido profetizado, pero digo yo: no sera esto la temible "abominacion desoladora en el lugar santo"....pareciera que no si nos remitimos al typo en Daniel, pero....es el "pecado abominable" del que hasta los demonios se horrorizan....y es "en el lugar santo".

Anónimo dijo...

Excelente análisis, don Wanderer. Nada más permítame llamar su atención sobre una pequeña errata: "Sería insensato condenar a los que tanto daño han echo a la Iglesia creyéndonos nosotros mismos inmunes al pecado." Falta allí una "h" ("hecho").

Anónimo dijo...

Para eso estan la profecias...para que cuando aquellas cosas sucedan sepamos que fueron predichas y no perdamos la alegria ni la esperanza. Imaginese ud si todo esto no hubiese sido profetizado, en que situación estaríamos.
Si no analizamos esto a la luz de las profecías canónicas estamos fritos.

Anónimo dijo...

Gracias, Wanderer. Me han dolido mucho las reseñas, pero era un dolor necesario. Muy necesario. Gracias.

Anónimo Mañanero dijo...

Parece ser que la Iglesia está enferma de muerte.

¡No me sorprende nada de todo esto! Digo, el total descalabro litúrgico-doctrinal en el que vivimos desde hace varias décadas, ¿no había de tener su correlato moral? ¿A quién puede ocurrírsele que las locuras que venimos viendo desde los '60 para acá podían salir de almas santas con recta intención? Lex orandi, lex credendi, lex vivendi. Ahora cierra todo. Siempre cerró, no lo veíamos con claridad.

Evidentemente, la infiltración en la Iglesia fue muy exitosa. El cáncer se ha esparcido por todo el Cuerpo Místico. Pero N.S.J.C. la salvará. Portae inferi...

Eso sí: habrá que hacer penitencia, mucha. A esta altura ya no vale decir "yo no tengo nada que ver con estos tipos". Habrá que rezar, ofrecer, ayunar, hacer limosna. La poda que se viene será tremenda, y todo aquel que escupa para arriba será arrojado al mismo fuego que estos criminales.

SM dijo...

La Verdad nos hará libres. Estos pecados ya están rebosando la copa. No podran ocultarse más, el hedor intoxica las almas y al mundo. Ese mundo para el que la Iglesia debe ser sal y luz, pero a perdido en gran parte sabor y se ha oscurecido. Que siga entonces la purificación de la Iglesia conforme Dios ya lo estableció. A doblar rodillas que lo que se viene hará temblar a todos. La Palabra se esta cumpliendo. La Gran Ramera caera y dentro de poco, Dios lo hara, ya no hay forma humana de solucionar esto. Enraizados en Cristo lo soportaremos. Que no desfallezca la fe.

Aitor dijo...

A mí me parece que el libro debe tomarse como lo que es, es decir, un ataque frontal a la Iglesia y una defensa interesada de aquellos que van contra la propia Iglesia desde dentro y desde fuera. Sobre todo hace una loa al Papa Francisco como el gran reformador rodeado de conspiradores y defiende, como describe el bloguero, a aquellos prelados a los que llama "moderados" y que continuamente contradicen la doctrina de la Iglesia. Un panfleto que sobra. Si se quiere conocer la verdad se puede leer el Testimonio de Msgr. Viganò, un prelado que defiende la Fe católica y es coherente. Las verdades del libro las han contado otras personas que sí buscan el bien de la Iglesia y, por tanto, es innecesario y nada recomendable leer a este autor.

Walter E. Kurtz dijo...

Gracias Wanderer por el enorme esfuerzo que seguro te ha significado leer y digerir esta porquería. Es terrible.

En cuanto a tu Apostilla, te entiendo pero no sé si no hay que precisar un poco el alcance de este "perdón y misericordia".

No nos corresponde a nosotros "perdonar", los que "pueden" perdonar no son sino los que han sufrido estos abusos, los que han confiado en estos sacerdotes, los que han puesto vida y hacienda en sus obras... Y esto no debe ser nada fácil (así que también debemos entender y compadecernos de ellos, las verdaderas víctimas).

Lo que nosotros debemos hacer es seguir denunciando, "ad intra" en lo posible (y denunciando cuando haya delito), combatiendo este flagelo, tratando de extirparlo en cuanto sea humanamente posible. Y sobre todo, rezando por las víctimas y porque Dios limpie a su Iglesia.

En cuanto a mandarlos a un monasterio, creo que lo mejor es alguna cueva en Capadocia o una columna en el Sinaí. De paso les damos la posibilidad de purgar mejor la pena temporal de sus terribles pecados. Y esto sí es misericordia.

catalpa dijo...

Estuve en Roma con mi familia en 2011. Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro. Había muchos sacerdotes jóvenes con sotana o alzcuellos. Me sorprendió, y así se lo comenté a un sacerdote amigo, la cantidad de afeminados que había. Iban demasiado impecables en su atuendo, daban grima. Por eso cuando hablan de los perifollos de Burke, a mi se me erizan los pelos de la nuca. No puedo soportar un cura emperifollado en el siglo XXI.
No se pierde la fe pero si ese deseo ingenuo e inocente de que los hijos de uno sean sacerdotes. Muy triste.

Vivi dijo...

Según el apóstol Pablo, la sodomía es la inmundicia a la cual Dios entrega a quienes, diciendo que Lo conocen y sirven, caen en deshonra de Dios, envanecimiento de sus razonamientos, necedad, mentira, dando como fruto el entenebrecimiento del corazón y un falso culto, un culto al hombre y a las criaturas antes que a su Creador. Ésta es la retribución que corresponde a semejante extravío. Pueden leerlo en Romanos 1:21-27.

Anónimo dijo...

Catalpa:

La mayoría de los curas argentinos andan vestidos como zaparrastrosos, con barbas descuidadas y pelos despeinados... y no por eso son más "machitos".

En cierta congregación a la que hace referencia W., son famosos los "juegos de manos" y el hacerse el macho... y no se han privado de escandaletes.

Perdón, pero no pasa por ahí.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Wanderer.

Creo que es un resumen brillante y accesible para cualquier católico, sin poner en peligro el alma, dado el tema tan escabroso que trata. Suficiente para evitar su lectura y tener un elemento de juicio sobre el libro. Nadie debería necesitar más.

Muy importante la advertencia de la primera entrada(*), hay visiones, letras o acciones que se quedan grabadas en el alma, y no precisamente para bien. La Iglesia era muy sabia cuando protegía a sus hijos con herramientas como el Índice, que no eran prohibiciones como las entiende el mundo moderno sino prevenciones/protecciones por su gran conocimiento de las debilidades humanas.

(*) Me refiero al daño que puede hacer su lectura. Advertencias que un católico no debería tomar a la ligera.

Capitán Ryder

Anónimo dijo...

Don Wanderer, me disculpará el pesimismo pero me parecen bastante evidentes dos cosas:

Primero, que este mal está diseminado de modo muy amplio por la jerarquía eclesiástica. Es decir, no se trata de mandar al monasterio a dos o tres cardenales y una docena de obispos... Tampoco sé si se podrá hablar de una "mayoría", pero la impresión que me queda cotejando sus comentarios a este libro con mi experiencia personal, es que la infección ya se ha extendido demasiado. No alcanzarían veinte monasterios para albergar a toda esta mafia.

Segundo, que la hipocresía, doblez, simulación, dolo, corrupción, falsedad, de esta manga de pérfidos es de tal envergadura que el que uno solo se convierta ya sería un milagro de proporciones hagiográficas. Ciertamente que Dios todo lo puede, pero como enseña Santo Tomás, cada pecado mortal hace al alma menos permeable al influjo de la gracia. Y el abismo de iniquidad en el que se han hundido las almas de estos siervos del demonio (pensemos solamente en la cantidad de sacramentos sacrílegos) ya ha de superar el punto de no retorno. Dios los ha abandonado a su corazón obstinado. Que tenga misericordia de ellos y de nosotros el día del juicio.

A lo que voy es que ya hemos pasado el momento de las "denuncias", de los "mea culpa", de mandar al tipo al monasterio un par de meses... la situación parece realmente apocalíptica. Yo, personalmente, empezaría a prepararme para el retorno del Señor. Porque eso es lo único que puede revertir una situación como esta. Pensemos que en medio de este vendaval, el que está al timón de la barca no es un San Pío V, un Inocencio III, un San Pío X... es... Jorge Mario Bergoglio!!!

J.P.A.

Anónimo dijo...

Tengo una sensación encontrada con este libro:

- Por un lado, creo que hice una apreciación errónea de la trascendencia del mismo. Consideré que tenía más información de la que realmente muestra. Parece un refrito de muchas cosas, entre las que tienen su importancia las calumnias sobre personas de las que no hay hechos probados.
En ese sentido, entono el mea culpa.
- Por otro lado, insisto en considerar un error hacer como que no existe.

En torno a este libro sigue habiendo muchas cuestiones relevantes. Cuestiones que han explotado por la valiente denuncia de Vigano. Algunas de ellas serían:

- El famoso "quien soy yo para juzgar" hace referencia a Ricca, rehabilitado por Francisco. Hablamos del año 2013.
- Ricca es el cicerone de Martel cuando se empieza a escribir el libro. Si hemos de creer al autor, en torno a 2015.
- Antes, durante y después de estas fechas hay toda una serie de gestos, reuniones, medidas palabras etc por parte del Papa y sus colaboradores para dar cierta normalidad a la homosexualidad. Una especie de distinción a la homosexualidad entre adultos o entre adulto y niño. La primera sería algo a valorar, la segunda, de momento no.
En el peor de los casos, sería una pequeña falta como otra cualquiera. Desde luego, algo que no inhabilita para el sacerdocio siempre que el desliz haya sido entre adultos.
Por eso, y dada la colaboración con que ha contado desde dentro de la Iglesia el escritor de este libro es legítimo preguntarse

¿Formaba parte de una operación de calado, junto a otras, para buscar un fin determinado?

Como digo, Vigano lo ha cambiado todo.

Capitán Ryder

P.D: Reiterar el agradecimiento a Wanderer y al resto de comentaristas. No caminamos sólos.

Isabel dijo...

Gracias por la aclaración Wanderer.

Anónimo dijo...

Se acabaron las palabras. No hay adjetivos que describan semejante desastre a escala mundial y a escala moral. Es la hora de los hechos concretos y las reparaciones acordes a la tragedia vivida.
Sólo se me ocurre tener presente el anuncio de Nuestro Señor Jesucristo que dijo: "Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará fe sobre la tierra?
Vergüenza y Espanto.

Anónimo dijo...

También está la ira santa, no?

Jack Tollers dijo...

Suscribo lo que dice el Anónimo Mañanero:

"¡No me sorprende nada de todo esto! Digo, el total descalabro litúrgico-doctrinal en el que vivimos desde hace varias décadas, ¿no había de tener su correlato moral? ¿A quién puede ocurrírsele que las locuras que venimos viendo desde los '60 para acá podían salir de almas santas con recta intención? Lex orandi, lex credendi, lex vivendi. Ahora cierra todo. Siempre cerró, no lo veíamos con claridad."

Yo tampoco lo vi venir, pero sí, ahora cierra todo.

Anónimo dijo...

"Pensemos que en medio de este vendaval, el que está al timón de la barca no es un San Pío V, un Inocencio III, un San Pío X... es... Jorge Mario Bergoglio!!!"

Quizá Dios quiera sacarnos de esta, precisamente con este papa, para que se vea claramente que la solución es 100% providencial y no se debe a ningún mérito humano. Tal vez Francisco sea el instrumento (renglón torcido de Dios) escogido para solucionarlo todo.

Anónimo dijo...

Y del cardenal Pell dice algo el libro? Puede decirse que es una injusticia su condena, como ha dicho Muller? Desde ya gracias a quien me responda

Fuenteovejuna dijo...

Este Martel más que aclarar oscurece.
Según Infovaticana, ahora ha dicho que el 5 de abril a las 12 pm el Papa Francisco dará un histórico discurso reconociendo las uniones homosexuales.
Según Martel, su fuente de información es del entorno del Papa. Aún así, no sería extraño que fuera mentira, porque en ese caso Bergoglio estaría contradiciendo toda la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.
No obstante, no habría que descartar del todo semejante locura porque el Papa ya dio algunas señales en ese sentido. En 2009, en ocasión de discutirse el matrimonio homosexual en la Argentina, el Cardenal Bergoglio apoyó las uniones homosexuales como el mal menor. Y el rabino Skorka, su gran amigo, declaró más de una vez que el Papa y él rechazan el matrimonio homosexual pero son partidarios de las uniones homosexuales. Habrá que esperar el 5 de abril a las 12 pm. A lo mejor no pasa nada...

G S M dijo...

A ver, señores, a levantar el ánimo un poco! Cuando en el siglo X, un Papa asesinaba al que lo precedía, (quien en realidad era un antipapa porque había depuesto y asesinado al Papa legítimo) y a continuación engendraba un hijo ilegítimo que luego terminaba siendo Papá también, mientras en la Cristiandad los sacerdotes eran inmorales e ignorantes, nadie imaginaba la reforma de San Gregorio VII y los monjes de Cluny. La inmoralidad se puede limpiar cuando Dios lo quiera. Y lo mismo con la doctrina y la liturgia. Preocuparse, si. Informar y si es necesario denunciar, también. Pero nunca desesperarse

Dark Henry dijo...

"A estos otros los persiguen por pérfidos y traidores, y bien merecido se lo tienen."

¿Quién los persigue? Que yo sepa nadie. Ese es el problema. Mas bien los celebran.
Ojalá hubiera hoy un Stalin mandando al puterio al Gulag!

Anónimo dijo...

Los "Padres del Desierto", los "Padres de la Iglesia", y luego, libros ascéticos de Santos que se auto-recluyeron, explican y consideran a la tristeza como el "octavo pecado capital" ó Demonio...
La tristeza de nuestro Señor Jesucristo en Getsemani es una Santa Tristeza...también nos dice N.S.: "que angustia siento hasta que todo esté cumplido".
El santo Padre Pío también nos dice: "huyan de la tristeza, como del peor de los demonios"
La tristeza deja de ser santificante ó deja de edificar nuestra Alma, cuando apaga nuestra voluntad, sentidos y se transforma en "depresión" (que, aunque el modernismo ó la nueva-falsa Iglesia la considere hoy enfermedad, es una total infestación espiritual demoníaca).

También la ira de Dios es Santa; nuestro Señor Jesucristo, a piernas y cuerdazos demostró su celo amoroso divino por el Templo "casa de Dios", y su amor a nosotros al corregirlos de tan grave pecado. Sus duras palabras hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados, también salían con Amor de su Boca y Corazón.

También el resentimiento del orbe, por consecuencia de nuestros pecados, es causa manifiesta del Amor y la Misericordia de Dios. El Mar Rojo (Hebreos-Egipcios)
Distinto nosotros, con espíritu humano que reprendemos, ó corregimos enojados, ó por venganza; no buscando el bien y salvación de las almas, sino aveces, apagar nuestra ofuscación.

También, así como palabras tristeza e ira de Dios son santas; alcontrario, nos está ocurriendo vivir una falsa, pecaminosa paz yoguística, nada más lejos de la PAZ de N. S. Jesucristo, que es la Paz en medio de las "Persecuciones", haciendo Su Voluntad, buscando la Conversión y Salvación de las Almas.
FT

Anónimo dijo...

Con respecto a pensar que Dios utiliza a un sucesor de San Pedro, y codescendientemente permite a través de él: herejias, sacrilegios, pisoteo y vaciamiento de dogmas y moral, vulgarización de María Santísima y sus Santos, sistemático encubrimiento del alto/menor clero activamente homosexual, y todo esto para obtener un "mayor bien",...todo ese: ""mayor bien"" se obtendrá a través de la oración, denuncia y acción de sus Santos de Su Iglesia; ó través de Su directa intervención sobrenatural (la cual, según Su voluntad, puede depender de la intensidad de entrega y acción de sus Santos)...como ha ocurrido en nuestra historia general o particular.
No lo permite para que seamos meros espectadores.
FT

Denisovic dijo...

Sinceramente, no participo de la opinión de quienes afirman que el libro de Martel, titulado "Sodoma" sea un ataque a la Iglesia, salvo que tengamos una idea falsa de la Iglesia. Que el autor sea homosexual o ateo, me es indiferente, pero si lo expresado en su libro tiene un porcentaje de verdad del 65 %, nos está permitiendo abrir los ojos al descubrir con toda crudeza que lo que llamamos iglesia, no es sino una estructura eclesial que está totalmente corrompida.

Creo que hemos acabado idolatrando la "estructura" de la iglesia, creyendo que esa estructura era la verdadera Iglesia, cuando en realidad eso es totalmente falso. Por lo tanto, desde este enfoque, sea bienvenido el libro de Frederyc Martel, en cuanto que ya sea homosexual o ateo, agnóstico o liberal, marxista o cristiano, está descubriendo lo que no pocos (me incluyo personalmente), disponíamos de no poca información sobre el enorme grado de corrupción e infiltración por parte de marxistas, homosexuales o ateos dentro de la Iglesia y, esto, desde las primeras décadas del siglo XX. Infiltración que se convirtió en masiva a partir del Concilio Vaticano II.

Martel se limita a describir la cruda realidad que nos incomoda a todos, en cuanto que pensábamos que todo estaba bajo control. Lo que en realidad hace el autor del libro, es describir una estructura eclesial que ya está muerta, poblada por una legión de depravados que, ni son la Iglesia ni actualmente la representan. Es una estructura totalmente podrida, donde ya no habita el Poder de Dios ni tampoco su Inspiración; en realidad, el Vaticano es el Templo de Jerusalén tras la muerte de Cristo, pero en versión del siglo XXI.

Millones de personas están perdiendo la fe; eso es cierto; pero esos millones de personas que están perdiendo la fe, no la están perdiendo por los escándalos de una pandilla de sinvergüenzas que habitan los pasillos vaticanos o las cancillerías episcopales; simplemente están perdiendo la fe porque nunca la tuvieron; y nadie puede perder lo que nunca tuvo.

Jorge Rodriguez dijo...

Si la realidad supera la ficción (suponiendo que el libro de Martel tenga algo de ficción) entonces ya sabemos donde estamos parados y mejor ir pensando que va a pasar de aquí en adelante.
Yo creo que la siguiente etapa es la del orgullo gay del clero homosexual, es decir van a ir saliendo del armario y ya lo están haciendo. Esto es así porque hasta hace unos 30 años la homosexualidad estaba mal vista socialmente, pero luego del "trabajito" cultural que han hecho los medios esto ya está aceptado como normal. El obstáculo es la doctrina, pero ya Francisco empezó a trabajarla con el "quien soy yo para juzgar". Este libro es probablemente un esfuerzo en esta dirección, y que los sacerdotes entrevistados se hayan prestado al juego de Martel es indicativo que existe ese deseo de salir del armario.

Cuanto mas puede soportar una estructura, que ya hace tiempo es una cáscara vacía, el peso de tantas contradicciones sin derrumbarse? La cuestión es que va a hacer la minoría de aquellos católicos que quieren apegarse a la doctrina bimilenaria de la Iglesia ¿van a seguir yendo a las misas celebradas por curas notoriamente homosexuales en comunión con estos "Papas"?¿se van a ir a confesar con estos curas? ¿van a seguir haciéndoles donaciones? ¿El que tenga vocación sacerdotal, irá a estos seminarios?

A Cloaked Raven dijo...

Que la corrupción doctrinal tenía que tener un correlato moral era obvio. Supongo que uno lo que sí tendía a imaginar que sería conforme a la naturaleza y no contra la naturaleza.

Como notita aparte y sin pretender ser un comentario del todo de la cuestión:

Dios siguió mandando vocaciones y siempre hubo lugares a los que los acomodados con las mafias no quisieron ir. Hay razones por las cuales existe un Mons. Schneider. Nadie quiere ser obispo auxiliar de Astana (para el que tiene alguna idea de cómo es Kazajstán y cómo es en particular Astana entiende clarito por qué no ha sido misericordiado). En esos lugares es donde hay que mirar por el clero decente y donde probablemente se lo encuentre.

Anónimo dijo...
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Iac dijo...

Muchas gracias Wanderer por publicar estos artículos y estas reflexiones. ¡No debe hacer sido fácil! Solo agregar que somos cristianos por el infinito amor de Nuestro Señor Jesucristo, que dio su vida por nosotros, pecadores. También por aquellos sacerdotes que le desprecian al comportarse como unos verdaderos sinvergüenzas. Permanezcamos, pues, firmes en su Amor, sin dejar que el demonio nos arrebate la Paz, hasta que vuelva, que parece que esto no tiene solución humana. ¡Cristo vence!

Wanderer dijo...

En respuesta a quien preguntaba, Martel entrevista también al CARDENAL PELL. Si bien destaca que es un purpurado claramente conservador, no aparecen críticas, más allá de su situación judicial en Australia.
En cuanto a su reciente condena por abuso de menores, es cuento menos, dudosa. Recomiendo la lectura de este artículo, publicado sorprendentemente en un diario de pésima línea, pero que muestra con claridad las enormes dudas que hay sobre el caso: https://www.mdzol.com/opinion/mario-simonovich/en-detalle-el-caso-que-condeno-al-numero-3-del-vaticano-20190303-18638.html

Isabel dijo...

Hablando de Roma.... o de EE.UU...http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=34380

Anónimo dijo...

Excelente, Coronel. No podemos ni nos corresponde perdonar las ofensas a terceros. Además de fácil es ridículo. Cómo perdonar al violador de mi vecina? Sólo Dios o la víctima pueden perdonar.

Lo que no me cierra es la oración y penitencia en un monasterio perdido. Son crímenes, por qué no la cárcel? No es pregunta retórica, es genuina. Por el sacerdocio? Están lejos de haberse comportado como tales... Me gustaría que alguno me lo explicara y agradezco desde ahora.

Wanderer dijo...

Anónimo 11:29. Hay que distinguir. Tanto el Coronel como usted tienen razón en que el perdón debe venir de la víctima, y no de los terceros que somos nosotros. Y esto corre para los casos de abuso, sea de menores o no tanto. Y creo que aquí sí que corresponde la cárcel y no el monasterio en Capadocia.
Otros son los casos que revela el libro de Martel, y que son la gran mayoría. Son las relaciones homosexuales consentidas entre adultos. Aquí no hay víctima alguna, excepto nosotros los fieles, que fuimos engañados en nuestra buena fe, esperando que nuestros obispos y sacerdotes respetaran sus votos y fueran lo que decían que eran. Y por eso creo que somos nosotros, los ofendidos, los que debemos perdonar. Y como no se trata de delitos, no hay cárcel; pero que haya monasterio.

Anónimo dijo...

No. Monasterio nooo. Es un zorro en un gallinero. A otro lado por favor.

Anónimo dijo...

En cuanto a la tristeza y la ira. Pueden ser vistas como vicios capitales, o como pasiones del apetito concupiscible o iracible. Por experiencia propia le digo que es muy difícil decirse a uno mismo "no estés triste, que es un vicio". A mí me sirve mád direccionar las pasiones: cuando me agarra tristeza o enojo por algún motivo, direcciono esa tristeza hacia mis muchos pecados o de los demás, o el enojo lo direcciono hacia mi soberbia y ligereza en amar a Dios.
Además de evitar ocasiones de pecado no leyendo tanto lo que hace o deja de hacer el Papa.

Jan Ellery dijo...

Queridos compañeros de amarguras, Wanderer and co.
Como dice Tollers "ahora todo cierra".
Como dice Wanderer, muchos en ingenuidad creímos (en mi caso, hace muchos años) que esto que hoy sabemos es cierto, eran calumnias de los enemigos de la Iglesia y de Dios.
Como se ha dicho, el enemigo esta adentro. Pero hace rato que lo está.
Aquí coincido también con que no podía ser de otro modo, las crisis eclesiástica, liturgica, doctrinal (sobre todo) tenían que ir de la mano con la soterrada (hasta ahorita) crisis moral.
No se cual apareció primera, pero apostaría que el mecanismo es aquel que anuncia san Pablo. Primero dejaron de amar la Verdad y entonces vino el resto. Porque el amor de la verdad nos preserva del error... y no dudo en afirmar que también de los vicios todos.

Si acaso esto que ahora sabemos es o se aproxima a aquello anunciado como " la abominación desoladora " pues, bendito sea Dios, porque entonces hay que alzar la cabeza porque Su Venida estaría proxima. Eso si... no sin temor y temblor porque no será tal episodio un dia de jolgorio meramente.
Parece ser (y los acontecimientos, si, cotidianos lo confirman) que será terrible.
Por lo demas, es amargo el trago. Es durísimo todo esto. Indignante, pues. Doloroso y desconcertante pero... tiene algo bueno: EXPLICA MUCHAS COSAS. Las hace entendibles y saber siempre es mejor que suponer.
Gracias Wanderer porque se lo que ha significado para usted analizar y reseñar lo de Martel (dicho sea de paso, un perverso hdp).
Coincido prácticamente en las conclusiones wanderianas. En las que no, que son muy pocas, son menores y no tienen importancia.

Plácido dijo...

Muchas gracias Wanderer por sus reflexiones.
¿Ha leído el libro The Banished Heart, Origins of Heteropraxis in the Catholic Church de Geoffrey Hull?
Le agradecería mucho una reseña.
Pienso sería útil en esta dura tarea de enfrentarse con la realidad.

Carlo - dijo...

Plácido, hay una buena reseña en inglés acá:
http://theradtrad.blogspot.com/2013/08/book-review-banished-heart-origins-of.html

The Rad Trad dijo...

@ Carlos: ¡Gracias por la referencia!

@ Wanderer: Soy de acuerdo cone las ultimas frases de de este articulo. Queremos mantener el cuerpo de doctrina pero tenemos la tentacion para olvidar nuestro lugar ante del Señor y el deber vivir una vida Christiana. El Señor habrá cualquier quiere con la Iglesia en su tiempo...

Un anti moderno dijo...

Muchas gracias, Wanderer, por tu dedicación. Me vi reflejado en mucho de lo que has expresado. Yo también sentí, en un primer momento, deseos de leer el libro, pero en seguida pensé que me haría mal al alma.
Como bien dices, supongo que mucho de lo que dice es verdad, aun cuando pueda haber mentiras o medias verdades.
Comparto que la ira y la tristeza no pueden derrumbar nuestra fe, como se ha derrumbado la de muchos a causa de estos pecados en la Iglesia. Tendrán que responder por haber escandalizado a estos pequeños.
Comparto plenamente la compasión y la misericordia -atributo principal de Dios- para con estos pecadores si se arrepienten. Pero creo, también, que es necesaria la penitencia y el retiro del mundo. El perdón se expresa en el mantener la comunión con la Iglesia, pero no se puede hacer como si nada.
Dios nos ampare, nos conserve la alegría y nos dé luz frente semejante crisis.
Así como el Mesías tenía que padecer para entrar en la gloria, así también será con la Iglesia. Esta Iglesia, así como la conocemos, debe morir.