domingo, 24 de noviembre de 2019

Deconstruyendo


La semana pasada tuvo lugar en Mendoza un encuentro académico organizado por la universidad pública del lugar, denominado “Nuevo acuerdo social: momento para deconstruirnos”. No sería esto novedad. Para eso está la universidad, para discutir incluso lo indiscutible. Ya sabemos todos lo que significa la deconstrucción. Lejos quedaron los días en que Jacques Derrida la propuso, y ahora ha trascendido los ámbitos académicos para ser el concepto emblemático que expresa la tarea a la que está dedicado el progresismo cultural y político del mundo entero. De-construir significa des-armar o incluso destruir ya no sólo lo que a lo largo de miles de años construyó la civilización y el cristianismo, sino también lo que “construyó” la misma naturaleza. Se trata, por ejemplo, de “de-construir” el modelo de familia que fue “construida” suponiendo la existencia de un padre y madre. La nueva construcción reconoce diversos tipos de familias. O hay que de-construir la concepción binaria según la cual la humanidad se clasifica en dos sexos, para construir una sociedad en que se reconozcan todas las diversidades sexuales posibles que permite la curiosa ideología de género. O bien, hay que desconstruir la idea que los gobiernos están, entre otras cosas, para asegurar el orden de la sociedad, porque el concepto mismo de orden debe ser deconstruido, ya que fue elaborado por varones, blancos, europeos y pertenecientes a las clases sociales privilegiadas. Y podríamos seguir así un buen trecho. Si hay algo sobre lo que los cristianos deberíamos estar convencidos es que en estos momentos oscuros que estamos viviendo, el objetivo es tatar de impedir la deconstrucción del edificio de la civilización que llevó milenios levantar.
Lo notable de ese encuentro académico es que participó también un obispo. Se trata de Mons. Eduardo Taussig, ordinario de San Rafael, una pequeña diócesis del oeste argentino. Taussig es uno de los mejores obispos argentinos: sabe leer y escribir; es capaz de elaborar un discurso coherente,  maneja bien el castellano, sabe usar los cubiertos para comer y conserva la fe católica. Deberíamos darnos ya por satisfechos. Pera además, don Eduardo proviene de una familia porteña que se ha distinguido en la defensa pública de la fe, tiene un doctorado en teología conseguido en universidades romanas y ha estado en varias ocasiones de su vida vinculado al ámbito académico. Su problema, como el de la mayor parte de los prelados argentinos, fue que la elección del cardenal Bergoglio al pontificado lo descolocó. Salió huyendo de las alas protectoras de Mons. Héctor Aguer bajo las que había empollado su episcopado y trató de buscar su lugar en el nuevo escenario. Por supuesto, no lo encontró, pero hay que decir que lo intentó con empeño admirable, y que de tanto en tanto, le vuelven los ímpetus. No se resigna a que sus días acaben en las periferias eclesiales.
Como puede verse en la noticia, nuestro obispo tuvo que compartir la mesa, de igual a igual, con el representante de la comunidad LGTBQ+, con mujeres feministas, con una decana de izquierda y con algún que otro personaje con el que difícilmente podría llegarse a un acuerdo. Hay que decir que, por lo que deja ver la foto, Mons. Taussig se encontraba bastante incómodo y fastidiado en la reunión, y no es para menos, teniendo que escuchar lo que escuchó. Yo creo que no debería haber aceptado el convite y se habría ahorrado más de un disgusto, y más de una rabieta con sus sacerdotes y sus fieles que están justamente escandalizados y enfurecidos con su pastor.
Pero más allá de su cuestionable presencia en ese ámbito, es más cuestionable aún lo que dijo, pues Mons. Taussig se dedicó a mostrar que la Iglesia no se está quedando atrás en el proceso global de deconstrucción sino que, como una abanderada de los nuevos tiempos y“experta en humanidad”, en los últimos años se ha dedicado de-construir sistemáticamente su propio edificio por obra y gracia —ni que decirlo hay— del Papa Francisco. Según el reporte, el primer aspecto deconstructor tiene que ver con las acusaciones y denuncias sobre abuso sexual por parte de los miembros del clero. Yo no terminó de entender dónde radica tal proceso deconstructivo. ¿Será que la construcción previa suponía que todos sacerdote o religioso, por default, era un abusador? No lo creo. Pero el hecho es que el obispo explicó que “el papa Francisco se puso el problema al hombro, afrontándolo con toda decisión, realizando una purificación exigente y severa. Esto, hoy en día, permite afirmar que la Iglesia católica está liderando las medidas de prevención y erradicación de este flagelo…”. Frente a esta declaración, Mons. Taussig se salvó que no lo acribillaran a preguntas porque si justamente algo está haciendo el Papa Francisco, es encubriendo a los abusadores. Por dar solamente dos noticias de la última semana, el pontífice dio cobijo en el Vaticano creándole un puesto con sueldo de tres mil euros, a Mons. Zanchetta, acusado de abuso sexual y desfalco económico, y acaba de nombrar en un elevadísimo puesto de la Santa Sede a un sacerdote descubierto in fraganti mientras sobornaba a dos rumanos con doscientos mil euros para encubrir las prácticas sexuales sodomíticas de su obispo (y no de un sacerdote como se dijo en los medios de prensa). 
Siguió el obispo sanrafaelino afirmando que Francisco es el argentino más famoso e influyente del mundo, destacando que ha logrado desconfigurar la imagen del pontificado al rechazar lujos que eran exclusivos para él. Es este un argumento no solamente endeble sino que se cae a pedazos. Que Bergoglio sea el argentino más conocido e influyente del mundo, no quiere decir nada, o puede querer decir muchas cosas. Jack el Destripador fue en su momento el personaje más conocido de Inglaterra y tuvo también una notable influencia. Y en cuanto a deconstruir la imagen del pontificado, estoy de acuerdo en que no vendría mal bajarle un poco los humos al papado de Roma, pero no puedo acordar en que tal tarea se alcance porque se deje de usar un antiguo automóvil Mercedes Benz, la muceta, los zapatos rojos y algún chirimbolo más. Estos son cambios de maquillaje que han servido para ocultar la tiranía que actualmente se vive dentro de las murallas vaticanas. Pregúntenle si no al comandante de la gendarmería pontificia que recibió órdenes del mismo pontífice de allanar las oficinas de la Secretaría de Estado, y pocos días después el mismo pontífice lo despidió de su cargo por haber hecho lo que se le ordenó. O pregúntele a los obispos misericordiados, o lean el reporte diario de Specola, que conoce como pocos los pasillos apostólicos y dá cuenta del ambiente de terror soviético que se vive en ellos. Francisco, como Tancredi, el sobrino del Gatopardo, se dijo: “Cambiemos todo para que nada cambie”, e hizo unos cuantos cambios de maquillaje, que algunos ingenuamente tomaron como una deconstrucción del pontificado, cuando en realidad se dedicó a fortalecer y consolidar el poder pontificio.
El último signo deconstructivo que menciona Mons. Taussig parece más bien una broma. La “conversión ecológica” de la habla el Papa es un disparate que ninguna persona seria puede tomar en serio. La lucha contra el cambio climático liderada por una niña enferma manipulada por los poder fácticos es un grotesco que paga buenos réditos, y a ella se suma Bergoglio amenazando con sumar al decálogo un nuevo pecado contra la ecología.
Total que Mons. Eduardo Taussig se metió gratuitamente en la boca del lobo, no ganó absolutamente nada más que el repudio de sus fieles y de su clero y para peor, se convirtió en el hazmerreír de los claustros universitarios —y lo dice quien sabe de lo que habla—, donde se asegura por lo bajo y por lo alto, que sus palabras no hicieron más que confirmar el estado de irremediable postración intelectual por el que atraviesa la iglesia católica y su incapacidad no solamente ya para discutir, sino incluso para comprender a la sociedad contemporánea.


And yet…, yo creo que Mons. Eduardo Taussig tiene razón. La Iglesia se encuentra en un intenso proceso de deconstrucción, aunque él no haya acertado a explicitarlo correctamente. Y a este tema dedicaré la próxima entrada del blog.


10 comentarios:

Fuenteovejuna dijo...

Que Monseñor Eduardo Taussig es uno de los mejores obispos argentinos debe ser porque en el país de los ciegos el tuerto es rey.
En tiempos de Juan Pablo II, viendo algunas diferencias que Monseñor Taussig supo tener con el Instituto del Verbo Encarnado, un viejo arquitecto tradicionalista que en las décadas del '40 y '50 había conocido al padre del obispo en la Unión de Padres de Familia, me confió que si el padre viviese no se hubiera sentido muy orgulloso de su hijo.
Y en cuanto a que Francisco es el argentino más famoso del mundo, lo dudo mucho. Me parece que Monseñor se olvidó de Maradona. No dudo que en Occidente la popularidad del Papa argentino y la mano de dios van cabeza a cabeza, pero en los países islámicos y en China y el Lejano Oriente, Maradona es un ídolo entre los fanáticos futboleros, la mayoría de los cuales no tiene ni idea de la Iglesia católica y mucho menos del Papa argentino.

Anónimo dijo...

Estamos hablando de un obispo liberal... Recuerdo que allá por el 94 o 95 sostenía en clase de Teología (UCA-FILOSOFÍA-CABA)...que muchas veces la Iglesia estaba condicionada por el poder político por la plata que está recibía del Estado. Y lo afirmaba...no como una crítica..., sino como una realidad que era aceptada..
Si éste es de los mejores obispos argentos...!!!???

Anónimo dijo...

Capaz que aprendamos a ser mas humildes con patinazos de este calibre.
Y/o más estudiosos.

Raúl Benjamín dijo...

Para procesos deconstructivos, les agradezco me permitan enviarle por algún medio las tres nuevas iglesias de Cartagena (Colombia), construidas en los últimos cinco años: El Campestre y las dos de Bocagrande, no puede haber mayor adefesio arquitectónico porque no alcanza el dinero para seguir "deconstruyendo"
Raúl COL

Anónimo dijo...

Tiene usted razón , don Wanderer, Specola conoce a fondo lo que ocurre tras los muros vaticanos, pero, atención, si lo sigue usted a través de las traducciones de sus escritos que ofrece INFOVATICANA, se perderá algunos que INFOVATICANA no le traduce (ignoro el porqué), como el recentísimo que recoge la última denuncia durísima de Viganò sobre la pachamama, etc. Alerta pues.

Anónimo dijo...

En menos de tres décadas desde la caída del Muro nos dejamos conquistar Occidente y la Iglesia por el comunismo. Increíble.

Anónimo dijo...

El sindrome de Asperger no es una enfermedad, es el grado leve del trastorno del espectro autista. Más aun, la palabra trastorno tiene en este caso, así como en el albinismo, un sentido inconsistente con su etimología, ya que "tras-torno" alude al mareo después de girar, implicando que hubo un estado normal "pre-torno", el cual tanto en el espectro autista como en el albinismo jamás existió. La palabra disorder, usada en ingles para ambas condiciones, no presenta esta inconsistencia etimologica.

En resumen, sugiero usar para el sindrome de Asperger, o el espectro autista en general, la misma categoría que Ud usaría para el albinismo. Ambos cuadros estan presentes desde el nacimiento y limitan fuertemente a los sujetos respectivos, los cuales, si no se adaptan a esas limitaciones, entonces sí pueden contraer enfermedades.

Anónimo dijo...

Más deconstrucción que ésta, imposible:
“It is here that the greatest newness is going to be noticed, the newness of language. No longer Latin, but the spoken language will be the principal language of the Mass. The introduction of the vernacular will certainly be a great sacrifice for those who know the beauty, the power and the expressive sacrality of Latin. We are parting with the speech of the Christian centuries; we are becoming like profane intruders in the literary preserve of sacred utterance. We will lose a great part of that stupendous and incomparable artistic and spiritual thing, the Gregorian chant. We have reason indeed for regret, reason almost for bewilderment. What can we put in the place of that language of the angels? We are giving up something of priceless worth. But why? What is more precious than these loftiest of our Church’s values?
“The answer will seem banal, prosaic. Yet it is a good answer, because it is human, because it is apostolic. Understanding of prayer is worth more than the silken garments in which it is royally dressed. Participation by the people is worth more — particularly participation by modern people, so fond of plain language which is easily understood and converted into everyday speech.”
Justo hoy salió publicado en New Liturgical Movement, General Audience, November 26, 1969 de Pablo VI, el deconstructor autoritario por antonomasia del culto sagrado. La frase final, remata todo: "el lenguaje llano que se entiende fácilmente y se convierte en lenguaje corriente". Adiós el lenguaje sagrado para dirigirse a Dios en el culto, no, ahora cuanto más chabacano, mejor. Así estamos. Todo tiene que ser prosaico, banal, humano en el sentido de hombre caído y no redimido

Anónimo dijo...

Lo tuve como profesor de Teología en la UCA de Madero. Primera parte: aprenderse unos números del Catecismo. Segunda parte: "los rostros de Jesús" (ponía el cañón y proyectaba imágenes, algunos íconos antiguos, otros retratos modernos... y hacía unos análisis truchísimos). Muy flojito.

Anónimo dijo...

Y cuál es el sitio original? Sigo la Specola, y siempre pensé que lo que ofrecía Infovaticana era el original. Algún link?