miércoles, 8 de julio de 2020

La madre del cordero

¿Por qué la crítica al concilio de Monseñor Viganò debería tomarse muy en serio?


por Peter Kwasniewski


¿En una de esas, no podríamos sostener que el reciente ataque de Monseñor Viganò al Concilio Vaticano II, de hecho nos puso en jaque (digo a nosotros, los tradicionalistas)? ¿O quizás, no será el caso que estamos dirigiendo nuestra enemiga hacia un concilio legítimo y laudable en lugar de centrar nuestra ira como corresponde sobre un liderazgo inepto que lo ha seguido, para luego traicionarlo?

Ésa ha sido la línea adoptada por los conservadores durante mucho tiempo: una “hermenéutica de la continuidad” combinada con una fuerte crítica de obispos bribones acompañados de una canalla clerical.

La debilidad de semejante postura queda demostrada—aparte de otras muchas señales de eso—por el éxito infinitesimal que han tenido los conservadores al intentar revertir la catarata de desastrosas “reformas”, hábitos e instituciones establecidas como secuela del último concilio y llevadas a término con aprobación papal, o al menos, contando con su tolerancia. 

Lo que el Arzobispo Viganò viene diciendo recientemente con una franqueza inusual en los prelados de hoy (véase aquí, aquí y aquí), no es sino un capítulo más de la prolongada crítica al Concilio formulada por católicos tradicionalistas, desde El Concilio del Papa Juan de Michael Davis, pasando por el famoso Iota Unum de Romano Amerio, siguiendo con El Concilio Vaticano Segundo, la historia nunca escrita de Roberto de Mattei y terminando con el libro de Henry Sire, Phoenix from the Ashes: The Making, Unmaking, and Restoration of Catholic Tradition (este último no ha sido todavía traducido al castellano).

Hemos visto cómo los obispos, las conferencias episcopales, los cardenales y varios Papas han venido construyendo el “nuevo paradigma”, pieza por pieza, durante más de medio siglo—una fe católica “nueva” que, en el mejor de los casos se superpone parcialmente con la fe católica tradicional, cuando no barre con ella directamente, contradiciendo la fe católica tradicional tal como la hallamos expresada por los Padres de la Iglesia, los Doctores, los primeros concilios, y cientos de catecismos tradicionales, por no mencionar los antiguos ritos litúrgicos latinos que terminaron suprimidos y reemplazados por otros enteramente diferentes.

Un abismo semejante entre lo antiguo y lo nuevo no puede dejar de contemplarse sin que uno se pregunte acerca del papel jugado por el Concilio Ecuménico Vaticano II en el despliegue progresivo de una historia modernista que comenzó a fines del s. XIX y que florece plenamente en los días que corren. La línea que va desde Loisy, Tyrrel y von Hügel hasta Küng, Teilhard, Ratzinger (cuando joven), Kasper, Bergoglio y Tagle, resulta ser bastante consistente si uno empieza a conectar sus ideas. Esto no equivale a decir que no hay interesantes e importantes diferencias entre esta gente, sino sólo que comparten principios que habrían sido tachados como dudosos, peligrosos, malolientes o heréticos por cualquiera de los grandes confesores y teólogos, desde Agustín hasta el Crisóstomo, desde Tomás de Aquino hasta Belarmino.  

Es hora de que demos de mano de una vez y para siempre con la ingenuidad de creer que lo único que importa son los textos promulgados por Vaticano II. No. En este caso, tanto los progresistas como los tradicionalistas concurren correctamente en afirmar que el acontecimiento en sí mismo importa tanto como los textos (sobre esto, vean el incomparable libro de de Mattei). La ambigüedad en los propósitos abrigados cuando se convocó el Concilio; cómo se manipularon todos sus procedimientos; la forma consistentemente liberal en que se lo implementó con apenas algún débil gemido de protesta por parte de los episcopados del mundo entero—nada de esto resulta irrelevante para interpretar el significado y relevancia de los textos conciliares, que, además, exhiben por sí solos géneros literarios nuevos y peligrosas ambigüedades, por no señalar los pasajes directamente erróneos, como la enseñanza de que musulmanes y cristianos adoran al mismo Dios (acerca de lo cual se expidió brillantemente el obispo Athanasius Schneider en su Christus Vincit).

Resulta sorprendente que tantos años después, aún se encuentren defensores de los documentos del Concilio cuando está más que claro que nunca que se prestaron exquisitamente al objetivo de una total secularización y modernización de la Iglesia. Aun cuando su contenido fuera inobjetable, su verborrea, complejidad, su mezcla de verdades obvias con quebraderos de cabezas, constituyeron la fórmula y el pretexto perfectos para llevar adelante la revolución. Esta revolución está ahora fundida en esos textos, fusionados dentro de ellos como piezas de metal pasadas por un horno sobrecalentado.  

Así, el sólo hecho de citar a Vaticano II se ha convertido en santo y seña del que desea alinearse con todo lo que ha sido hecho por los Papas—¡sí, por los Papas!—o bajo su paraguas. En su vanguardia se halla la destrucción litúrgica, pero los ejemplos se podrían multiplicar ad nauseam: consideren ustedes momentos funestos como los encuentros interreligiosos de Asís, cuya lógica misma fue formulada por el Papa Juan Pablo II socorriendo su iniciativa con una sucesión de citas de Vaticano II. El pontificado de Francisco no ha hecho más que apretar el acelerador.

Siempre lo mismo: siempre se recurre a Vaticano II para explicar o justificar cada una de las desviaciones y despegues de la fe dogmática en los términos en que siempre se la había concebido. ¿Es todo puramente casual—una serie de notablemente desafortunadas interpretaciones y juicios caprichosos que se podrían disipar fácilmente con una lectura honesta, como el sol radiante dispersando las nubes?

¿Pero es que los documentos no tienen cosas buenas?

He estudiado y enseñado los documentos del concilio, algunos de ellos en numerosas oportunidades. Los conozco muy bien. Devoto como soy de la escuela de los “Grandes Libros”,* siempre he enseñado en colegios afiliados a esa pedagogía y así mis cursos de teología típicamente comenzarían con la Escritura y los Padres, para pasar luego a los escolásticos (especialmente Santo Tomás), terminando con los textos del Magisterio, encíclicas papales y documentos conciliares. 

A menudo se me caía el alma a los pies cuando en el curso llegábamos a los documentos de Vaticano II, textos tales como Lumen Gentium, Sacrosanctum Concilium, Dignitatis Humanae, Unitatis Redintegratio, Nostra Aetate, o Gaudium et Spes. Desde luego—¡por supuesto!—en ellos se encuentran párrafos hermosos y ortodoxos. Nunca habrían alcanzado los votos necesarios si se hubiesen opuesto flagrantemente a la enseñanza católica. 

Y con todo, allí uno se topa también con textos despatarrados, oscuros, productos inconsistentes paridos en algún anónimo comité que innecesariamente complican muchos temas y que carecen de la claridad cristalina que se supone es la difícil pero primordial incumbencia de un concilio. Todo lo que tenéis que hacer es echarle una mirada a los documentos de Trento o a los primeros siete concilios ecuménicos para comprobar allí ejemplos brillantes de un estilo conciso y consistente, que da de mano con la herejía en cada renglón, cosa en la que se empeñaban con máximo esfuerzo los padres conciliares en las épocas históricas en las que les tocaba vivir. Y luego los párrafos de Vaticano II—y no son pocos—ante los que uno se detiene y se dice: “¿De veras? ¿Estoy realmente viendo las palabras que tengo impresas en la página delante de mí? ¡Qué manera enmarañada de expresarse, qué forma más problemática de decir las cosas, qué proximidad con el error, qué manera embarullada de decir las cosas!”. (Y no se trata sólo de traducciones deficientes; eso también, pero aun las primeras versiones tenían estas taras). 

Yo también supe sostener, con tantos otros conservadores, que debíamos “tomar lo bueno, y dar de mano con lo demás”. El problema con esto ha sido adecuadamente señalado por el Papa León XIII: 

Ciertamente que los arrianos, los montanistas, los novacianos, los décimocuartos, los eutiquianos, no se oponían a toda la doctrina católica: sólo abandonaban algunos de sus principios. Y, sin embargo, ¿quién no sabe que fueron todos declarados heréticos resultando luego excomulgados? Y de igual modo fueron condenados todos los autores de proposiciones heréticas en los siglos subsiguientes. “Nada puede haber más peligroso que aquellos herejes que admiten prácticamente el ciclo entero de la doctrina y que, sin embargo, con una sola palabra, como si fuera una gota de veneno, infectan la fe simple y real enseñada por Nuestro Señor transmitida por la tradición apostólica” (Tract. De Fide, Orthodoxa contra Arianos). 

En otras palabras, es la mezcla, el revoltijo, entre cosas grandiosas, buenas, indiferentes, malas, genéricas, ambiguas, problemáticas, erróneas, todo eso en párrafos interminables, lo que hace que Vaticano II sea el único concilio merecedor de un repudio.

¿Es que no hubo siempre problemas después de los concilios de la Iglesia?

Indudablemente: los concilios de la Iglesia siempre han dado lugar a controversias más o menos importantes. Pero aquellas dificultades generalmente se suscitaban a pesar de la naturaleza y contenido de los documentos, no por razón de su formulación. San Atanasio podía apelar una y otra vez a Nicea, como quien apela a un estandarte durante una batalla, porque sus enseñanzas eran concisas y sólidas como una roca. Los Papas después del Concilio de Trento podían apelar una y otra vez a sus cánones y decretos porque sus enseñanzas eran sucintas y claras como el agua. Mientras Trento produjo un gran número de documentos a lo largo de los años en que ocurrieron las sesiones (1545-1563), cada uno de esos textos constituyen una maravilla de claridad, sin una palabra de más.

Por decir lo menos, los documentos de Vaticano II fallaron miserablemente en lo que se refiere a los propósitos del Concilio, tal como los explicó el Papa Juan XXIII. En 1962 dijo que quería una presentación de la fe más accesible para el hombre moderno. Ya para 1965 resultaba dolorosamente obvio que los dieciséis documentos nunca serían una cosa que uno podía juntar en un libro para dárselo a cualquier lego o laico con inquietudes. Bien se podría decir que el Concilio se quedó sin el pan y sin la torta: ni produjo un punto de acceso fácil para el mundo moderno, ni tampoco un breve bosquejo o plan para apoyo de pastores y teólogos. ¿Qué diablos logró? Una cantidad inmensa de papeles, mucha prosa insustancial, y un codazo acompañado de un guiño: “Muchachos, ¡llegó la hora de adaptarse al mundo moderno!” (Y si no lo hacen, parafraseando a Hobbes, tendrán problemas con “el poder irresistible del dios mortal” en Roma, cosa que el Arzobispo Lefebvre no tardó demasiado tiempo en descubrir). 

He aquí por qué este último concilio resulta absolutamente irrecuperable. Si el proyecto de modernización terminó en una pérdida masiva de la identidad católica, incluso de las doctrinas más básicas de dogma y moral, el único modo de proceder es despedirse respetuosamente de ese gran símbolo y proyecto y asegurarse de que quede bien enterrado. Como dice Martin Mosebach, la verdadera “reforma” siempre ha de significar una vuelta a la forma—esto es, un regreso a una disciplina más estricta, una doctrina más clara, un culto más pleno. No significa y no puede significar lo contrario. 

¿Por ventura existe algo perteneciente a la sustancia de la Fe, o alguna cosa indiscutiblemente beneficiosa que perderíamos si fuéramos a darle el adiós al último concilio para no oírlo mencionar nunca más? La Tradición Católica de por sí contiene recursos inmensos (que hoy, por lo general, desafortunadamente no son aprovechados) para enfrentar cualquier de las irritantes cuestiones que nos plantea el mundo de hoy. Hoy a casi un cuarto de camino en otro siglo, estamos en otro lugar, y las herramientas que nos hacen falta no son las de los ’60.

¿Qué se puede hacer en el futuro? 

Desde que el Arzobispo Viganò escribió la carta del 9 de junio y sus siguientes escritos sobre este asunto, la gente ha comenzado a discutir qué cosa podría significar “anular” al Concilio Vaticano II.

Por mi parte, veo tres posibilidades teóricamente posibles para un futuro Papa:

  1. Podría publicar un nuevo Syllabus de errores (tal como propuso el Obispo Schneider allá por el año 2010) que identifica y condena los errores más comunes asociados con Vaticano II sin atribuirlos explícitamente a Vaticano II: “Si cualquiera dijese XYZ, sea anatema”. Esto dejaría abierta una especulación acerca del grado en que los textos conciliares de hecho tienen errores; sin embargo, cerraría la puerta a muchas interpretaciones “populares” del Concilio.
  2. Podría declarar que, contemplando retrospectivamente los últimos cincuenta años, podemos ver claramente que, debido a sus ambigüedades y dificultades, los documentos conciliares han hecho más daño que bien en la vida de la Iglesia y que, en el futuro, no deberían utilizarse como referencia magisterial en discusiones teológicas. El Concilio debería ser tratado como un acontecimiento histórico que ha perdido toda relevancia. Nuevamente, en este caso no haría falta afirmar que los documentos contienen errores; sólo que se reconoce que el Concilio se ha mostrado más problemático de lo que se esperaba, y que no vale la pena. 
  3. Podría explícitamente “desautorizar” o apartar ciertos documentos o partes de algunos de ellos, así como partes del Concilio de Constanza nunca fueron reconocidos ni repudiados.   

La segunda y tercera alternativa abrevan en el reconocimiento hecho tanto por el Papa Juan XXIII como Pablo VI en el sentido de que el Concilio adoptaba la forma—única entre todos los demás concilios ecuménicos de la historia—de concilio “pastoral” tanto en su propósito como naturaleza misma; esto facilitaría lo de dejarlo de lado. En cuanto a la objeción de que todavía, necesariamente, concierne a temas de fe y moral, por mi parte contestaría que los obispos nunca definieron ni anatematizaron nada. Incluso las “constituciones dogmáticas” no hacen afirmaciones dogmáticas. Se trata de un concilio curiosamente declarativo y catequístico, que no zanja prácticamente ninguna cuestión y desestabiliza más de una. 

Si acaso y como fuere, un Papa futuro o concilio se decidiese a enfrentar redondamente este verdadero despelote, nuestra tarea como católicos permanece como siempre la misma: aferrarse a la Fe de nuestros Padres, en sus fórmulas normativas de siempre y en las que podemos confiar: principalmente en la lex orandi de los ritos litúrgicos de Oriente y Occidente, en la lex credendi de los Credos aprobados y el testimonio consistente del magisterio universal ordinario, además de la lex vivendi que nos han mostrado los santos canonizados a lo largo de los siglos, antes de que arribara esta era de confusión. Con esto alcanza y sobra. 


Publicado originalmente en Onepeterfive.

Tradujo Jack Tollers


The Great Books fue una idea de dos profesores de la Universidad de Chicago (Robert Hutchins y Mortimer Adler) que consiguieron que la Enciclopedia Británica publicara en 54 tomos los textos esenciales de la literatura occidental (“el canon literario de hombres blancos  muertos” como le gusta decir ahora a los progres yanquis). Eso fue en 1952. Desde entonces, eso dio lugar a una cantidad de colegios donde no se enseñaba otra cosa, siendo el más famoso el “Saint Thomas Aquinas” de California en el que estudiaron algunos argentinos aventajados, como Roberto Helguera (aunque hay unos cuantos más)

64 comentarios:

Quico dijo...

¿De verdad alguien piensa que desautorizar un concilio universal, legitimamente convocado y presidido por un papa legítimo nos va a devolver algo en la iglesia católica? ¿No sería más bien, para muchísimos, la constatación de que la infalibilidad de la iglesia es un cuento y el Espíritu Santo una paloma en vacaciones perpetuas?

Anónimo dijo...

Excelente artículo, excelente postura. Suscribo 100%. Ya dejemos (digo dejemos porqué algún día lo hice) de insistir en salvar los restos flotantes del CV II. Dejemos que todo se hunda por su propio peso. Especialmente la misa que trajo consigo; tan dañina y perjudicial para la fe de los fieles del mundo entero. Ya todo está en evidencia, hay pocos claroscuros aún, la mayoría está negro negro.
Dios nos arroje lucidez y coraje.
A.G.

_ dijo...

Yo estoy con Quico.

¿Qué pasajes herejes hay en el CVII? ¿Qué fragantes omisiones hay?

Creo que el ambiente tradicionalista a menudo vive en una burbuja: no, la misa nueva no cae por su propio peso o, al menos, no se ve una victoria de la misa tradicional a corto ni mediano plazo: las capillas de misa tradicional acostumbran a ser de un tamaño mísero en la mayoría del mundo si es que las hay.

Y el CVII no deja de ser un Concilio Ecuménico sancionado por los legítimos pontífices. ¿Qué sentido tiene abrogar algo así? Forma parte de la tradición de la Iglesia.

Me parece un poco inadecuado achacar al CVII todos los males de la Iglesia. No digo que no haya sido algo que lo haya facilitado: la nueva misa, más flexible que la anterior, ha permitido meter en ella gran cantidad de elementos horrendos, aunque la mayoría de ellos abusivos. ¿Qué problema grave encontraríamos en una misa según los últimos misales celebrada en latín, ad orientem y con canto verdaderamente sacro?

Porque la crisis de la Iglesia es una crisis del mundo que afecta también a la Iglesia, y la inestabilidad que supuso un nuevo concilio significó la invasión de esas ideas. ¿La solución es la absoluta contraculturalidad que no responda a nada?

Algunos podrían argumentar que si otras iglesias orientales no parecen influidas por todo esto gracias a no haber tenido un Vaticano II ni equivalentes, sin embargo, creo que no van por ahí los tiros. Generalmente han estado más apartados de aquello que es lo occidental: se ve por ejemplo en la influencia de la filosofía moderna en la iglesia católica (no hablo de tiempos contemporáneos, sino ya desde Descartes & Co.) en comparación de la que ha tenido entre el clero ruso.

Abrogar un Concilio es algo aberrante, y la excusa de que no es solo un concilio pastoral y no dogmático es un poco cutre, especialmente desde el momento en que hay trabajos llamados "Constitución dogmática".

Volver a las formas anteriores al Vaticano II no creo que sea lo ideal: en primer lugar, la necesidad de reforma era algo evidente en la etapa anterior al Concilio y aquí a menudo se ha criticado también ciertos tipos de tradicionalismo (siguiendo un poco la línea de Bouyer en "La descomposición del catolicismo"); y una segunda razón muy importante es que la gente no está preparada.
Para la mayor parte de los católicos, la misa según los últimos misales forma parte de su vivencia de la fe católica y una ruptura sería para ellos demoledora. Se ha criticado mucho al Vaticano II por haber sido rupturista, considerando ahora totalmente inadecuado en mi opinión provocar una segunda ruptura. No hablo respecto al magisterio ni dogmática ni similares (siendo evidente que debe haber fidelidad completa), pero si, por ejemplo, en lo litúrgico y en otros elementos propios de la vivencia cristiana de los fieles. Si la preocupación es la salus animarum, merecen un proceso orgánico.

(También siento cierta curiosidad por saber cómo debería ser un desarrollo orgánico de la liturgia a partir del siglo XVI que no caiga en un mmomento inicial de abuso litúrgico -pues el primer presbítero que elevó la Hostia consagrada, lo hizo intentandose una norma que no aparecía en ningún misal-.)

Anónimo dijo...

La archimanida fórmula de la "hemnéutica de continuidad" no es más que una invención de los conservadores y, si me apuran, encuentran su fundamento ni más ni menos que en Lefebvre y la discusión de un primer acuerdo con Roma, donde se hablaba de interpretar el V II a la luz de la Tradición. Claro que Lefebvre distinguía, al menos, entre incorporar lo bueno, interpretar lo interpretable y desechar lo inconpatible. Ese último aspecto lo eliminaron los conservadores.
Otra cosa MUY distinta es la "hermnéutica de reforma en continuidad", fórmula oscurísima propuesta por Ratzinger para ajustar la Tradición al Concilio, justificando que se pudiesen decir cosas opuestas (reforma) bajo una apelación a una significación profundísima (continuidad) que es alcanzada a costa de contradecir incluso un texto, a partir de, supuestamente, extraer la esencia pura de la doctrina evangélica.
Esta manera de "interpretar", contra todo lo que señalaba Ratzinger, termina de hacer del Concilio un Super Dogma, al transformarlo en el eslabón final que da sentido a toda la tradición, reconduciéndola a su pureza original. Todo el magisterio y las fórmulas anteriores pasan a ser expresiones parciales, vinculadas a problemáticas superables y superadas. De ahí que las condenas al liberalismo por parte del magisterio pre conciliar, se relativizaban en función de interpretaciones históricas, de valor mudable, pues la verdadera doctrina pasaba a ser la asimilación de las ideas de la Ilustración y la Modernidad, transfiguradas en Evangelio por efecto del Concilio.

Don Benja dijo...

Quizá ud, como yo (hasta hace unos días) no leyó el documento Nostra Aetate, pues ahí verá concretamente confusión y sofismas y contestará su pregunta.

Horacio Boló dijo...

Excelente artículo. Felicitaciones

Wanderer dijo...

Quico, no veo en qué compromete la infalibilidad de la Iglesia que se "desautorizara" (habría que ver qué quiere decir con eso) al Concilio Vaticano II. Creo que más bien sería lo contrario.
Por otro lado, tampoco entiendo que el argumento sea como usted lo propone: "No desautoricemos al Concilio porque la gente dejará de creer en la infalibilidad de la Iglesia". Es justamente este tipo de argumento el que se usó durante décadas para encubrir los abusos sexuales de los sacerdotes: "Ocultemos, no sea que la gente deje de creer en la santidad de la Iglesia".
Las cosas son como son, más allá de lo que pueda pensar o querer la gente.
Finalmente, no veo dónde entra la infalibilidad en el Vaticano II, un concilio que se caracterizó justa y explícitamente por no formular definiciones. No tuvo pretensión alguna de infalibilidad.
Y para hablar de este tema, y me refiero al Concilio Vaticano II, es imprescindible el libro de Roberto de Mattei.

Anónimo dijo...

"Por otro lado, tampoco entiendo que el argumento sea como usted lo propone: "No desautoricemos al Concilio porque la gente dejará de creer en la infalibilidad de la Iglesia". Es justamente este tipo de argumento el que se usó durante décadas para encubrir los abusos sexuales de los sacerdotes: "Ocultemos, no sea que la gente deje de creer en la santidad de la Iglesia".

Lo que pasa es que Quico representaun tipo de mentalidad, que es precisamente la conciliar.

Anónimo dijo...

Hace años tengo la idea de que sería posible para el "ala progresista" de la Iglesia volver a permitir la libre celebración de ritos como el mozárabe que fueron desplazados por la liturgia romana.
Sería una solución que podrían tragar ya que les gusta tanto la "diversidad" y la libertad.

Sería cuestión de que los españoles peticionen para que la Iglesia les permita celebrar el rito mozárabe en todo el territorio de España, y luego importar eso a América Latina.

Anónimo dijo...

Muy bueno Wanderer. El problema es que nadie sabe que puede ser dejado de lado y que no. Se evidencia en los comentarios anteriores. Debería ud. publicar un artículo enseñando los distintos niveles de enseñanza de la Iglesia, el principio de no contradicción y un recetario para saber con que quedarse y con que no de lo que publica la Iglesia (ej Memoriale Domini, la leticia del amor, la ecologia y demás). Porque si se enseña el principio de no contradicción y despues aparecen con "la tonsura es infalible porque lo enseña trento", es que no entendieron los distintos niveles de enseñanza de la Iglesia. Es bueno aprender a usar el brand new concept of weaponized amniguity y hacerlo de uso cotidiano. Un abrazo

Jack Tollers dijo...

"Yo estoy con Quico" dice que "la excusa de que no es solo un concilio pastoral y no dogmático es un poco cutre, especialmente desde el momento en que hay trabajos llamados "Constitución dogmática".

Pero esa objeción está contestada en el artículo mismo.

Tendrá que releerlo más despacio.

J.T.

Anónimo dijo...

Respuesta a la respuesta a Quico.

En la parte de "Ocultemos (...)" que no le falte la terminación "no sea que arruine la imagen de la SSPX". Con esa excusa forzaron a maridos a divorciarse de sus esposas y viceversa cuando uno de ambos se daba cuenta de los problemas internos y cuestionaba a los sacerdotes. Siguieron moviendo de lugar a sacerdotes abusadores y todo con el aval de Fellay. El abuso de menores y su posterior coverup no es simplemente fruto del concilio. Una cosa es ser tradicional y querer restaurar nuestras sagradas costumbres y otra es hacer una deidad de Lefebvre y que nadie cuestione a la SSPX. Digo por quien cree que la solución a lo que se plantea el artículo sea unirse a dicho grupo. Lastima que no se cuenta mucho esa parte. Quien esté interesado diríjase a los recientes Spotlights sobre la SSPX de Church Militant.

Anónimo dijo...

Estuve googleando la biografia de este Peter Kawasaki (o como se escriba), a quien no conocía (aunque me jacto de conocer a casi todos), y no me parece nadie extremadamente relevante, aunque ya sabemos que las mismas cosas suenan mejor si están en inglés que en el lenguaje del Padre Saenz o de Mons Aguer. Al fin y al cabo, lo que dice este Pedro K es una exposición de la polémica que se está dando actualmente, a instancias de Mons Viganó, sobre la conveniencia de repudiar el Vaticano II in totum, y olvidarnos de él (cf Adelante la Fe, Infovaticana, etc).

Hay otro "apologeta" tradicionalista americano con cierta difusión en algunos blogs: un tal Taylor Marshall. Pero yo prefiero recomendar al italiano Mons Antonio Livi, un verdadero intelectual tomista de la escuela de Gilson y Garrigou-Lagrange, de quien se dice que asesoró a JP2 en la "Fides et Ratio".... del cual Sandro Magister dijo que era el mayor teólogo de la actualidad (pero falleció, lamentablemente, hace unos meses, en Abril 2020). Ha dejado una memorable disputa con el hereje Enzo Bianchi, el prior del monasterio ecuménico de Bose.

Y con relación a esta crisis neo-modernista, no hay que dejar de repasar la Pascendi y ese extraordinario artículo de 1946 de Garrrigou: "Adónde va la Nueva Teología" (sobre las formulas dogmáticas y las nuevas formulaciones....tema también de Romano Amerio y Iota Unum, por supuesto...como dice Peter K)

Ver texto en frances aqui http://salve-regina.com/index.php?title=La_nouvelle_th%C3%A9ologie,_o%C3%B9_va-t-elle_%3F

Ver texto en español aqui https://infovaticana.com/blogs/adelante-la-fe/la-nueva-teologia-donde-nos-lleva-padre-garrigou-lagrange/

En ese artículo de Garrigou está claramente expresado el problema actual, sobre el abandono de la metafísica y la caída en el fenomenismo historicista y relativista. También sobre un lenguaje que parece decir lo mismo pero siempre con otro sentido, que no encaja con la doctrina de la Tradición.

Finalmente, yo mismo he encarado un ensayo sobre lo que está pasando en la Iglesia, y para el cual acepto correcciones y sugerencias. Lo pueden ver en este link (con el permiso de Wander) www.soldani30.wixsite.com/iglesia

Saludos.

Fuenteovejuna dijo...

Hace un tiempo que Monseñor Viganó empezo a escribir cartas que más que cartas son verdaderos misiles contra la Santa Sede.
Primero fueron sus denuncias contra el Papa Francisco a quien acusó de proteger al oscuro Cardenal McCarrick, al punto de tener que esconderse para evitar posibles represalias sobre su persona.
Ahora publicó una durísima carta contra el Vaticano II al que considera responsable de la crisis terminal que hoy vive la Iglesia.
Esa posición intransigente motivó una dura critica de Sandro Magister publicada en su blog Settimo Cielo, donde acusa a Monseñor Viganó de atacar a Benedicto XVI por haber engañado a toda la Iglesia haciéndole creer que el Concilio Vaticano II era inmune a herejías y hasta que estaba en verdadera continuidad con la doctrina de siempre.
Por tal motivo, Magister afirma que Viganó está "al borde del cisma".
A raíz de ello, Monseñor Viganó escribió otra carta donde rechaza las acusaciones de Magister y le pide derecho a réplica publicando su carta en Settimo Cielo para que sus lectores puedan conocer las dos campanas.
Como están las cosas, más allá de la polémica por el Vaticano II lo que sobrevuela cada vez con más fuerza en la Iglesia es el fantasma del cisma.
Si bien Viganó niega que esté al borde del cisma como lo acusa Magister, no hay duda que la guerra entre tradicionalistas y progresistas a favor y en contra del Vaticano II es a cara de perro y su suerte ya está sellada.
Salvo un milagro -como bien advierte el Padre Santiago Martin- todo indica que a corto plazo el cisma será un hecho consumado.

Anónimo dijo...

También habría que explicar que intachable Mr. Voris, que dirige Church Militant, está financiado por acaudalados fieles de la Fraternidad San Pedro. Digo, como para entender su "objetividad" en asuntos de la sspx.
El Anónimo 8 de julio de 2020, 20:07 tiene el típico argumento de querer desviar el foco de la cuestión.
Si el CVII y la misa que trajo no son buenos, va más allá de quienes los defienden.
Y si hay una institución que desde el principio marcó los errores del Concilio y su misa, también su bondad al respecto estará más allá de dos o tres de sus miembros.
Hay muchos que no ven el bosque porque los tapan los árboles

Anónimo dijo...

Es gracioso leer los comentarios. Uno parece burlar que un artículo esté escrito en inglés sin saber que es en EEUU donde está el mayor trabajo real cooperativo tradicionalista observando "la lengua del P Saenz y Mons Aguer" y también pone "un tal Taylor Marshall" que no es nada menos que doctor en teología y tiene el nuevo instituto Santo Tomas de Aquino, habla regularmente en su podcast de youtube y toca todos los temas. Cabe destacar que no conoce al redactor del artículo, quien publica hace rato en el conocido 1P5. Otro citando al P Santiago Martin que hace una reducción muy básica y errada de dos focos extremos (conservar o tirar el concilio), aunque con buen espíritu (el buen espíritu no da credibilidad a lo que uno dice).

Radiografía de Argentina: Crear una deidad, adorarla y creerle todo, diga lo que diga, todos son inferiores a la deidad, todo lo que hace es santo y digno de mérito, que no le falte criticar a los yanquis y por último, no se vaya a asociar con alguien que piense levemente diferente, ojo con eso. Ahh y de conocer un judío hay que matalo porque "eso enseña la biblia"

Recomendación: Aprendamos del movimiento tradicional de EEUU que ya tienen años en ésto.

PD: Ojo con los ídolos, no tiene por que ser solo una pachamama de madera ehh. Que pasa con los ídolos? Leer: Romanos 1, Libro de la sabiduría, etc.

Anónimo dijo...

Al que preguntó:
"¿Qué problema grave encontraríamos en una misa según los últimos misales celebrada en latín, ad orientem y con canto verdaderamente sacro?"

La verdad es que yo pensaba eso hasta que me puse a estudiar y comparar los textos de los misales. Los mismos textos (por ejemplo de las colectas, del ofertorio, etc. ) han sido profundamente alterados.
Ni hablar del oficio divino que perdió 3 de sus 5 salmos y se le inventaron unas preces no pocas veces cuestionables.
Incluso celebrado "bien", el novus ordo necesita graves y amplias reformas.

Anónimo dijo...

Bueno,desde mi ignorancia, quiero decir que quizás no es necesario hacer especulaciones sobre las posibles formas o maneras de arreglar lo que fue el último concilio; el mal está hecho y no parece que este mal vaya a tener buen arreglo en nuestra Iglesia.. Quizás lo mejor ante el "fiasco" podría ser: ser más conscientes de la realidad de la existencia de Dios en cada uno de nosotros (según nos dice el evangelio) y hacer vida a nivel personal lo esencial: CARIDAD,amor al prójimo,senda estrecha,oración,...etc.,las enseñanzas de Jesús fueron muy sencillas y simples.
Se puede observar que el pueblo fiel está totalmente desconectado de lo que ellos llaman "los curas" y muchos ni se acuerdan que hubo un Concilio: sencillamente opta por "pasar olímpicamente" y si la liturgia no les dice nada sencillamente no van a misa. Lo que personalmente creo observar es que la gente de la calle no ha dejado de creer en Dios.Y eso me parece muy gratificante.

Recogenaranjas dijo...

Alguien cita por ahí a Adelante la Fe y al padre Santiago. Que se sepa, no tienen opinión propia sobre nada, y menos en temas complejos, se limitan a difundir lo que dicen otros. Por aquí se les conoce más que como tradicionalistas como a un grupo de nostálgicos falangistas y ex simpatizantes de Fuerza Nueva, clericalistas que tragaron con el CVII porque había que obedecer sin rechistar a lo que mandaban los curas. Ahora se posicionan en el sector crítico de la Iglesia en plan tradicional apuntándose los tantos que marcan otros pero ideas propias ninguna e iniciativas prácticas y vida litúrgica y piadosa tradicional nada de nada. Puro celo amargo y nada más.

Anónimo dijo...

Parece que no se envió el comentario anterior. El anónimo de las 20:07 quiere darle credibilidad a una acusación falsa desmentida por el mismo Voris, en vez de a los reportes minuciosamente fundados de Church Militant. Por favor vea los Spotlight y deje de repetir el famoso "nos atacan de todos lados, somos la salvacion de la iglesia aca en la sspx, es el demonio" y bla bla bla. En todos los comentarios a los Spotlight se vio lo mismo, la chiquilinada de que por que se descubrió a la sspx ahora todos los "rivales" tienen que tener los mismos problemas también. Déjese de hinchar, no sea cosa que le corra mala suerte a uno de sus hijos, y despues sea tarde.

Anónimo dijo...

Según B_dijo de las 14.43: “¿Qué problema grave encontraríamos en una misa según los últimos misales celebrada en latín, ad orientem y con canto verdaderamente sacro?”,
Para preguntar livianamente esto se tienen que desconocer todas las críticas serias que se han hecho al Novus Ordo desde su misma institución en abril de 1969. Desde el famosísimo Breve examen crítico al Novus Ordo, firmado por los cardenales Ottaviani y Bacci, pasando por todas las advertencias de Dietrich von Hildebrand, Louis Bouyer, Michael Davies, Louis Salleron, Didier Bonneterre, Romano Amerio, Roger Calmel, Klaus Gamber y, más cerca de nosotros, Arnaldo V. Xavier da Silveira con su “Implicaciones teológicas y morales del Nuevo Ordo Missae”, Juan C. Ossandón Valdés en Chile con su “La Misa Nueva de Paulo VI” y acá Augusto del Río con su análisis comparativo de los dos ritos en El drama litúrgico.
Después de leer todo esto es muy probable que se vea obligado a revisar su postura (si es que sinceramente busca la verdad).

Cunctator dijo...

8 de julio de 2020, 23:36

En lo que respecta al Oficio divino si refiere a las Laudes sabrá que nuevo perdió 2 de los 5 salmos. Originalmente eran 8 y San Pío X le quitó 3, por eso Ud encuentra solamente 5.

Dato de referencia.

Anónimo dijo...

Al anónimo del 8 de julio de 2020, 20:11:
Más quisiera usted que el Padre Sáenz y Mons. Aguer tuvieran las publicaciones de Peter Kwasniewski. No puede compararlos, están a otro nivel intelectual. Kwasniewski es un académico de fuste.
Además, me consta que sus lecturas son profundas. Tuve la posibilidad de compartir un volumen en colaboración con él y antes me informé quién era. Pues bien, me di cuenta de que el tipo piensa en serio.
Saludos y gracias por la traducción, Jack.

Anónimo dijo...

En referencia al Anónimo de ayer hs. 20:07. Soy chileno (59 años), pero vivo en Estados Unidos desde 1981. Frecuento las comunidades tradicionalistas, que efectivamente son fuertes y valientes. Por el clima de libertad religiosa norteamericana y porque tienen libertad económica. Tienen fuerza de coraje y de recursos. El norteamericano dona buen dinero a lo que quiere apoyar. También quiero comentar que he encontrado en mas de un ambiente el estilo de la efebofilia. Algunos la justifican diciendo que es "tradicional", que siempre existió y que la tradición de la costumbre es también regla de vida cuando nunca ha sido efectivamente combatida sino tolerada. A mí no me cuadra que esas "tradiciones" se legitimen, tanto por el silencio como como por este tipo de argumentos. Patricio K.

Anónimo dijo...

Algunos comentarios me hicieron recordar a las viejas polémicas sobre el Novus Ordo Missae y las invectivas contra los defensores de la liturgia tradicional.

El aparato oficial, sostenido por los coros conservadores hablaban de la "derogación" del Misal de Pio V (como el Abad de Solesmes, Dom Oury), defendían la ortodoxia de las traducciones oficiales u oficiosas (recuerdo a Mons. Bonet Alcón defendiendo la traducción del "pro multis" por "por todos los hombres"), etc.

Hubo que aguantar las invectivas durante años, hasta que un papa tuvo que recordar que el Ordo Tradicional nunca fue abrogado.

Anónimo dijo...

Viganó es un " francotirador "

como todos los sacerdotes y obispos francotiradores , responden solamente a ellos mismos .
En general terminan mal o muy mal ....

Anónimo dijo...

«Viganó es un "francotirador" como todos los sacerdotes y obispos francotiradores , responden solamente a ellos mismos. En general terminan mal o muy mal....»; no tan mal como el ex-cardenal y ex-obispo theodore mccarrick.

Agustín dijo...

Me pregunto por qué el Dr. Kwasniewski no ve como "posibilidad teóricamente posible" que se condene al Concilio y sus derivados in toto, como parece ser que insinúa Viganò en sus intervenciones. ¿Por qué no se podría?

Jack Tollers dijo...

Wanderer, observo que algunos de sus comentaristas se muestran preocupados por la salud espiritual de Mons. Viganò, otros temen que devenga en cismático, otros lo tachan de "francotirador" recordando que esos generalmente terminan mal (lo que nos recuerda a los que se preguntaban con qué autoridad enseñaba Jesucristo), etc.

Digamos que ventilar aquí semejantes preocupaciones no viene a cuento, suponiendo que sea lícito juzgar sobre las razones que tiene para decir lo que dice, que no lo es. Baste con recordar el viejo dicho romano: "De internis non iudicat praetor", además de ser un off-topic grande como una casa. O, lo que es peor, un argumento "ad hominem", cuando no puro "bulverism" que decía C.S. Lewis.

Que, además y por supuesto, impide que rija el único paradigma válido para examinar lo que aquí dice Kwasniewski: el paradigma de la verdad.

¿Tiene razón o está equivocado? Y si lo está, ¿en qué? Decirlo, y a discutir a todo trapo.

¿Pero si tiene razón, qué hacemos? Bueno, para empezar, dársela.

Para eso (tengo o no razón el autor) se escribió, para eso se tradujo y para eso se publicó aquí.

Para pensar un poco, para ver si no podemos adelantar en el conocimiento de la verdad.

Al lado de eso, todo lo demás es perfectamente irrelevante (cuando no procede de causas más oscuras... como el mismísimo "espíritu del Concilio").

Y ciertamente, no son cosas para ventilar en su blog de usted.

J. T.

_ dijo...

Ciertamente, las constituciones dogmáticas sí hacen afirmaciones dogmáticas, cosa que aquí se niega. Otra cosa es que no supongan afirmaciones dogmáticas nuevas.

SM dijo...

Por sus frutos los conoceréis... excelente criterio evangélico de discernimiento: y los frutos del CVII son malos y venenosos. La Pachamama y Abhu Dabi son la fruta prutefacta final del indeferentismo religioso y falso ecumenismo. No hay vocaciones, parroquias, conventos que cierran, sacerdotes sin identidad católica no saben que es un sacerdote ni para que está, cada uno se hace su idea de lo que es ser Obispo, sacerdote o seglar, librerías " católicas" llenas de libros de autores o monjes hereticos.
Se niegan o ponen en duda dogmas de fe y no pasa nada, que cada uno piense libremente lo que se le antoje, "creatividad" liturgica dónde es lo mismo cualquier cosa, misas playeras y en shorts, y si no hay vino no importa la coca cola " se igual" para la misa.
Sacerdotes y monjas comunistas...y la lista sigue de la caja de Pandora abierta por el CVII.
A vino nuevo odres nuevos, y no se puede remendar un vestido viejo con tela nueva porque se rompe. El CVII es un odre y vestido viejo que no puede ser reparado, es irrecuperable, demasiadas gotas de veneno anidan en el. Ya estamos tocando el fondo del abismo desde donde salió ese humo de Satanás que infesto la Iglesia. Cuánto más puede caer la Iglesia si no se detiene está caída libre?
Jesucristo que hace nuevas todas las cosas y fundó la Iglesia no la abandonará. Y eso nuevo no es más que volver a las fuentes y el origen que es el mismo Jesucristo.

J. A. dijo...

Lo del famoso carácter pretendidamente “pastoral” del Vaticano II no es más que una impostura, porque el Vaticano II no fue en absoluto un concilio de “pastores”, sino que se trató de un concilio hecho por profesores centroeuropeos de teología para profesores centroeuropeos de teología, donde algunos (Congar, concretamente en "Situation et tâches présentes de la théologie") llegaron prácticamente a sostener que la teología académica (la que se publica en revistas indexadas con índice de impacto, diríamos hoy) es fuente de la Revelación, y que el magisterio ordinario debe limitarse a hacer de mero vocero de sus logros, limitándose el Papa a ser, parafraseando a Montesquieu, "la bouche qui prononce les paroles des professeurs".

Gnosticismos y vanidades profesorales aparte, de fondo había indudablemente una pugna por el Poder dentro de la Iglesia, trasunto en pleno siglo XX de las viejas luchas de poder entre papistas y conciliaristas, hipócritamente disfrazadas en esta ocasión bajo la astucia, las toneladas de erudición y los brumosos sofismas filosófico-teológicos del dúo Rahner-Ratzinger.

J. A. dijo...

Sea como fuere, hay algo que personalmente me resulta difícil de entender, y es que los tradicionalistas anglosajones, y los anglófilos en general, se abonen sin reparo al discurso anticonciliar y lamenten el olvido de la metafísica, pero luego manifiesten un entusiasmo africano por la figura de Juan Enrique Newman, que no deja de ser (la figura, no el individuo) la verdadera piedra angular del último concilio ecuménico. A la figura de Newman miraron siempre todos los progresistas, porque a ojos de ellos el exotismo newmaniano, ajeno por completo al tomismo y a la metafísica, abría por fin la puerta al maridaje posible entre la teología y la modernidad y, por encima de todo, a sacudirse de encima el yugo intelectual de la escolástica, la metafísica aristotélico-tomista y la síntesis teológica neotomista.

De hecho, es bien conocido que Newman fue utilizado como bandera antirromana por los principales ideólogos modernistas, que lo propusieron explícitamente como paradigma alternativo al neotomismo de la Escuela. Hoy todo eso probablemente ya no nos diga nada, pero semejante percepción del cardenal inglés marcó los años formativos de todos los peritos conciliares. Ser newmaniano era en buena medida ser antirromano. Y todos querían ser considerados newmanianos: historicistas, vivencialistas, individualistas y, en definitiva, hijos de su tiempo, intelectualmente respetados en los círculos académicos interconfesionales en los que se movían.

Esto último es clave, porque obviamente hay un factor humano que no se puede despreciar. Salvo conversos tardíos (Bouyer), hablamos en general de personas que, como ellas mismas se preocupan de narrar en sus memorias, de jóvenes se vieron obligadas a asistir a centenares de horas de soporíferas lecciones en latín macarrónico, donde se les impartía una filosofía condensada en fórmulas que ellos y sus coetáneos tenían por letra muerta, mientras fuera de la Iglesia se vivía una época de oro de la filosofía y la literatura centroeuropeas y se producían cambios de paradigma a nivel científico. Paralelamente, tenían su auge el marxismo y los totalitarismos estatistas y se producían nada menos que dos guerras mundiales. En esas circunstancias, es normal que a cualquier joven inquieto le dejen frío las disertaciones en latín de un anciano fraile sobre el problema del continuo y la distinctio formalis a parte rei.

Debo aclarar de todos modos que no tengo nada en contra del cardenal Newman, sino todo lo contrario. Pero adoptarlo como referente normativo absoluto me parece un error, precisamente porque fue una figura enormemente atípica y excepcional, absolutamente anómala en las circunstancias de tiempo y lugar en las que le tocó vivir. Nunca lo sabremos, pero muchas veces me pregunto que habría sucedido si, en lugar de mirar a Newman, los periti conciliares hubieran mirado al gran Matías Scheeben, que es el verdadero gigante y el verdadero renovador (y el verdadero santo) de la teología católica del siglo XIX.

Unknown dijo...

Buen artículo como casi todos. Observo que en general en todos los círculos tradicionales no tienen una idea clara de lo que quieren para la Iglesia. Siempre hay algo que ven en el otro para descalificar.
Habría que "pensar" con Caridad una Iglesia para los próximos 50 años... al menos para los próximos 13... los fieles lo necesitamos.

Anónimo dijo...

Otro tanto ocurre con el autor de la nota, preguntar si es un intelectual importante o no, en vez de considerar humildemente si dice la verdad.

Anónimo dijo...

Las constituciones dogmaticas del CV_II hacen afirmaciones doctrinales que no son solemnes o definitivas. Si entendemos "definicion dogmatica" por "definicion doctrinal solemne o definitiva", entonces esas constituciones dogmaticas no hacen definiciones dogmaticas.

anonimo dijo...

Estimado Wanderer: no dudo de los beneficios que las declaraciones de Viganó puedan producir, sobre todo en aquellos que no está en la tradición sino en camino de retorno. pero hay algo que, nobleza obliga, debe ser reinvindicado y que Viganó calla (¿por prudencia?). Cuando insiste que "TODOS FUIMOS ENGAÑADOS" por el ala progresista del Concilio y creimos que la obediencia a las autoridades era la salvación, olvida que un grupo bastante numeroso de obispos y cardenales alineados en el Coetus Internationalis Patris (que él mismo nombra en uno de sus mensajes) denunció, desde el principio, los errores que el Modernismo iba introduciendo en los documentos conciliares. En ese "Coetus" estaban los cardenales Ottaviani (que los lideraba), Bacci y Monseñor Lefebvre, entre muchos otros. Por tanto, los sacerdotes más jóvenes, como Viganó, podían escuchar libremente a unos u otros, claro que las autoridades de la Iglesia no ampararon al Coetus sino todo lo contrario y ahí sólo queda la excusa de la "obediencia debida" en que muchos católicos fueron formados. El mismo comentador que usted transcribe, no cita las primeras críticas contra el CVII y la Misa Nueva que fueron escritas por los tres nombrados.
Pero, además, Monseñor Lefebrve cargó sobre sus espaldas la recuperación de la Misa Tridentina y no para que lo siguieran a él sino para que siguieran la tradición. Claro, murió injustamente excomulgado. Por lo que nombrarlo, citarlo, ponerlo de ejemplo, es convertirse en leproso.
La generación de intelectuales que nunca se dejaron "engañar" por el CVII, estaban informados por las publicaciones tradicionalistas europeas, como Itinéraires, en la que escribían Calmel, Madiran y el mismo Lefebvre. Y la vieron desde el principio, junto a curas de coraje e inteligencia ejemplar como Meinvielle y Castellani.
En conclusión: no era imposible zafar del engaño y si no se pudo, bueno, mejor tarde que nunca. Pero no hay que esperar demasiado de los viejos clérigos cargados con todas las mañas del curato oficialista, de las excusas de obediencia, de la humildad que es cobardía, de la corrección fraterna que es envidia, de la confesión de faltas ajenas y la delación.

Juan dijo...

Todo el magisterio del Concilio Vaticano II es magisterio conciliar ordinario, el cual, al igual que el magisterio pontificio ordinario, es falible. Un ejemplo de magisterio conciliar de hecho fallido es la afirmacion, en el Decreto para los Armenios del Concilio de Florencia, de que la traditio instrumentorum era la materia del sacramento del Orden (y no de que esa traditio "era necesaria para la validez de las órdenes" como erroneamente dice Viganó), error corregido - esta vez sí por una afirmacion infalible - por Pio XII en Sacramentum Ordinis de 1947.

Pero descartar la totalidad del magisterio ordinario de un concilio ecumenico tiene presupuestos y consecuencias no triviales. Primero, si es legítimo hacerlo ¿por qué no sería legítimo descartar parcialmente el magisterio ordinario pontificio anterior sobre la libertad religiosa? Segundo, si de hecho se descartase Dignitatis Humanae, volveria a estar vigente de iure el canon 3 del Concilio Ecumenico Letran IV, que manda a las autoridades exterminar a los herejes en su territorio. Y no vengan con que el verbo exterminare tenia el sentido de expulsar.

Este punto es interesante porque Mons. Athanasius Schneider, en su documento del 1 de junio [1] al cual es respuesta el documento de Mons. Viganó tratado en este artículo, menciona los canones 26 y 27 del Concilio Ecumenico Letran IV, que ordenan que los judios lleven una marca distintiva en sus ropas y que no puedan ejercer cargos públicos respectivamente, pero no menciona el canon 3 que ordena que los herejes sean exterminados. Omision objetivamente muy conveniente pero sobre cuya causa no opino porque "De internis non iudicat praetor". Lo que sí hago es preguntar a los conocedores del magisterio anterior al Vaticano II lo siguiente:

¿Pueden mencionar algun documento conciliar o pontificio posterior a Letran IV y anterior a Dignitatis Humanae que haya abrogado de iure la orden del canon 3 de Letran IV de exterminar a los herejes? Insisto, de iure, mas allá de que las condiciones concretas hayan hecho imposible la puesta en práctica de esa orden.

Anónimo dijo...

Juan (que supongo es el Ingeniero Teólogo habitual comentarista en la mecha humeante) le ruego que vea en el Du Cange la acepción medieval del verbo exterminare:

https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=nyp.33433000335244&view=1up&seq=153&q1=exterminatio
.

Por otra parte, los cánones sobre los judíos del IV Laterano están mal citados: se trata de los cánones 67-70.

Saludos

Don Pelayo dijo...

Al anónimo de 20:01: Reivindico la valentía de Mons. Lefebvre y de Mons. de Castro Mayer, sobre todo en la última etapa de sus vidas. Pero no alegrarse porque Mons. Viganò, un ex nuncio, Arzobispo (parecido a Mons. Lefebvre que era delegado apostólico) ve las cosas que ve, pide perdón humildemente y sinceramente; dice "me equivoqué" y señala muy acertadamente la raíz de la desolación post conciliar porque no cita Mons. Lefebvre por "prudencia" (juzgando las intenciones de Mons. Viganò por otra parte, cosa que no sabemos) es la misma actitud que la del hermano mayor del hijo pródigo. En vez de alegrarse con la vuelta a la casa del padre de su hermano perdido, reclama para sí reconocimiento porque envidia el homenaje a su hermano.
Alegrémonos con lo que dice Mons. Viganò, un arzobispo nuncio en EEUU (no un pelagatos) que dice con firmeza y caridad unas cuantas verdades; y sobre todo va al meollo del asunto. Ataca frontalmente el único dogma "eclesiásticamente correcto" que es el Vat II. Eso es ser prudente! eso es obrar de acuerdo a la razón y a la fe. No es prudencia de la carne; es valentía.
Gracias Mons. Lefebvre, gracias Mons. de Castro Mayer, gracias Mons. Viganò, y tantos otros no tan conocidos que desde "adentro" siguieron y siguen dando el buen combate.

Dick Winters dijo...

Excelente punto. Definitorio. Exterminare: poner fuera de los limes, finis, terminus.

Adolfo Jesús Astinza dijo...

También hay que estar agradecido por hacer Verdad, al padre Raúl Sánchez Abelenda, que siempre defendió la tradición y la verdadera Misa.

Anónimo dijo...

Entiendo que lo que hoy está en discusión no es tanto la dirección doctrinal del actual papa Francisco como las bases doctrinales en las que se apoya, lo que remite derechamente a la consideración crítica del CVII. Sin duda éste Concilio marcó una época de lamentable desprecio de la tradición anterior con el brumoso objetivo de adaptarse a los nuevos tiempos de la Iglesia. Obviamente, no está al alcance de la mayoría de los lectores de estos comentarios hasta qué punto las enseñanzas del Concilio contrastaban con las enseñanzas de la tradición anterior. Y ciertamente, algo de esto debe haber ocurrido, porque, hacia el año '63, el P. Francisco Marin-Sola publica por BAC un voluminoso libro cuyo título reza "La evolución homogénea del Dogma Católico", donde, el autor, reconociendo el hecho incuestionable de que el dogma de la Iglesia Católica fue evolucionando con el correr de los años, advirtió la necesidad de que los cambios que se pudieran establecer en el orden dogmático deben ser rigurosamente respetuosos de los principios de la fe católica.
De modo que, si, en verdad, como ya lo han señalado numerosos estudiosos de la doctrina católica, muchas de las enseñanzas del CVII se oponen o niegan derechamente a alguno de dichos principios, quienes, por su grado de responsabilidad eclesial, capacidad y formación teológica estén en condiciones de hacerlo deben poner en conocimiento de los demás, lo que, por falta de adecuada formación e información, se desconoce en gran medida. Ciertamente, gran parte de la responsabilidad para que esto se haya ocultado a la inmensa mayoría de los fieles católicos, cae sobre los hombros de muchos miembros de la jerarquía de la Iglesia, pero toca a quienes ven la incompatibilidad entre las enseñanzas del CVII y la enseñanza de toda la tradición y magisterio de la Iglesia, mostrarlas no sin caridad fraterna, pero en completa e integral adhesión a los principios de la fe. De lo contrario, bien podría ocurrir, que, sin darnos cuenta, la gran mayoría de los cristianos estemos adhiriendo a un conjunto de verdades que en nada se podrían entender como el sano fruto de una evolución homogénea que debe ser plenamente fiel al Depósito de la Fe Católica. Entiendo que esto es precisamente lo que, con buena dosis de prudencia, valentía y sabiduría, buscan poner en evidencia obispos de la talla de Monseñor Viganò y quienes lo acompañan en tal difícil como delicada labor apostólica. Mis oraciones para que el Espíritu Santo ilumine a quienes buscan que la Iglesia Católica cumpla fielmente el divino mandato de Cristo: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20).

Juan dijo...

Pero si cada principe catolico debe poner a los herejes fuera de los limites de su territorio, le estaria pasando el problema al principe limitrofe, que a su vez deberia pasarlos al territorio de otro y asi sucesivamente hasta llegar a un pais cristiano que limite con territorio gobernado por musulmanes. Por otro lado la implementacion historica del mandato concuerda con el sentido usual de exterminare, pero si alguien puede citar un pronunciamiento de la jerarquia eclesiastica tipo "No! La orden no es ejecutarlos sino expulsarlos!", adelante.

PD: no recuerdo haber comentado en la mecha humeante sino en la honda de David.

Anónimo dijo...

Muy acertado el aporte de J.A. del 10/7 a las 16:26......sabe lo que dice ...felicitaciones !

Unknown dijo...

Mi querido don Pelayo: la analogía no es muy conveniente en este caso. Cuando el pródigo volvió, ignoró al hermano fiel? Por otro lado, Lefebvre y De Castro siempre pelearon desde adentro, lo que ocurre es que JPII los echó y los dejó morir en la intemperie.

Unknown dijo...

Querido don Pelayo: a qué se refiere Viganó cuando afirma "debemos reconocer lo inadecuado de la respuesta de los bueno?" .O sea, vuel el pródigo a la casa del Padre y le dice que el hijo bueno, en realidad, ha tenido una conducta "inadecuada" . Vuelvo a lo primero, bien por Viganó, pero que reinvindique a Lefebvre, nobleza obliga.

Don Pelayo dijo...

Estimados "unknowns" de las 9:51 y 10:08.
De acuerdo que Mons. de Castro Mayer y Mons. Lefebvre estaban "adentro", por eso lo puse entre comillas. Lo que nos corresponde no es fijarnos qué hace el hijo pródigo de insuficiente sino alegrarnos que vuelva: punto. En el Evangelio no dice nada del hijo pródigo a su hermano, se dirige a su padre. Mons. Viganò no nombra a nadie más que a los papas. A JPII y a Benedicto los critica con respeto, a Francisco le dice Bergoglio y lo desprecia. Habla de críticas al Concilio hechas antes por eminentes prelados. Lo fundamental es lo que dice y critica. No cuelen el mosquito y se traguen el camello; no exigan al pródigo reconocimiento, Mons. Lefebvre no lo hubiera hecho.
NO es el 13avo artículo del Credo adherir a todo lo que hizo y dijo Mons. Lefebvre.
A Viganò pronto lo van a ver en Ecône, no se apuren; denle tiempo.
Y por favor: no hay que extrapolar como si Viganò dijera solamente que la "hermenéutica de la continuidad" es "inadecuada". Es tremendamente crítico del Vat. II

Don Pelayo dijo...

Aclaro: voy a misa a la Frat. SPX. (no exclusivamente). Voy a toda misa católica

Anónimo dijo...

A los que, como JA 16:26, afirman que Newman fue un precursor o inspirador del CVII les pediría que citen los textos en que fundamentan esa idea. Habré leído tan mal a Newman?

Anónimo dijo...

Juan: el canon anti-herético del Laterano IV es claramente disciplinar, muestra del poder coactivo material propio tanto de la Iglesia como de los príncipes cristianos. Aplicable sólo en un contexto de Cristiandad, como toda norma disciplinar eclesiástica, puede ser relajada hasta su mínima expresión sin que implique una negación de esa potestad específica de la Iglesia. DH implica otra cosa bien distinta: afirma que la inmunidad de coerción en materia religiosa se funda en la Revelación, lo que deja muy mal parada a la Iglesia en el concreto ejercicio del munus regendi a lo largo de su histora.

Anónimo dijo...

Quizás el problema era el “munus regendi” y no la DH.
Basta pensar lo que significó (y significaría en la actualidad) en manos “ dei papi ditattori”
De hecho, muchos lefes y tradis enarbolan este principio de “inmunidad de coerción” sobre casi cualquier otro: “Non possums, non possumus” vienen recitando en contra del CVII y todo lo posconciliar, desde hace medio siglo.
Y son más conciliares de lo que piensan.
Es curioso el extraño sentido del humor que a veces manifiesta nuestro Buen Dios.

Anónimo dijo...



CITO: "Altos funcionarios de la Administración Trump han confesado a la agencia CNA su “frustración” ante los tuits en los que el presidente respalda a “personajes católicos polémicos” como Viganò o Taylor Marshall, asegurando que esos comentarios públicos podrían frustrar la labor que muchos funcionarios católicos esperan realizar."

https://infovaticana.com/2020/07/10/altos-funcionarios-catolicos-alarmados-por-el-acercamiento-de-trump-al-sector-tradiocionalista/

.

Anónimo dijo...

Pueden dejarle de rendir culto a Lefebvre en los comentarios? Si el V2 tiene errores, porqué entonces el firmó todos los documentos de dicho concilio?

Si te dan a firmar un recibo con errores, primero lo firmás y después decís que tiene errores?

Lean con sus propios ojos el acuerdo del 5 de mayo del 88, el que también firmó. Y si, se la mandó él porque tuvo que haber sido paciente con el juego de cartas con fecha vencida, o haber usado otra estrategia. No porque alguien diga lo que querés escuchar convierte todo lo que dicha persona hace en bueno.

Metafísica avanzada, aprobado. Lógica básica, desaprueba.

Anónimo dijo...

El comentario de las 22:00 deja mucho que desear. No aporta nada destacable, salvo bilis contra los lefebvrianos. El abuso de la potestad no implica la falta de ésta. Lo concreto es que la Iglesia aplicó y pedía aplicar a la autoridad secular medidas coercitivas materiales por motivos religiosos durante la mayor de su historia. Según DH, eso atenta con la dignidad de la persona humana, fudnamentándolo en la Revelación.

El jocoso comentarista podría responder claramente si la Iglesia, en el ejercicio específico del munus regendi violó o no la dignidad de la persona humana y si al sostener doctrinalmente la postestad para hacerlo, fallaba en su enseñanza.

Y si el jocoso comentarista tiene ganas, le sugiero vivamente que lea los estudios de los cadenales Stickler y Castillo Lara sobre el tema.

Anónimo dijo...

No mi amigo. La bilis es contra la ideología lefebvrista, su pretensión de “destino manifiesto” y el modernísimo culto a la personalidad que enarbolan constantemente a favor de Lefebvre.
Y si es jocoso, es porque lo humorístico, muchas veces, es la forma más caritativa de tratar esa ridícula “autoreferencialidad” que usted tan animosamente defiende.
En fin. El lefebvrismo que usted defiende, y quizás profese, es más moderno de lo que usted piensa.

Anónimo dijo...

Sigue sin responder a la observación que le hice. Por otra parte, lamento informarle que no soy lefebvrista, que sí admirador del gran Arzobispo.

¿La Iglesia defeccionó (al menos del 380 hasta 1789, por poner fechas arbitrarias) al sostener doctrinalmente la licitud de la coerción en materia religiosa tanto propia como del poder secular?

Y me gustaría que me señale la autoreferencialidad con la que insiste.

Anónimo dijo...

La coercion en materia religiosa por parte del poder secular da lugar a escenarios muy interesantes. Por ejemplo en el Gran Cisma de Occidente, dado que aquellos en comunion con el antipapa estaban objetivamente en cisma respecto a la unica verdadera Iglesia regida por el unico verdadero Sucesor de Pedro, su culto publico deberia haber sido prohibido en una situacion de tesis, implicando no mas misas, matrimonios ni bautismos en aproximadamente la mitad de la Cristiandad. Aunque en la situacion de hipotesis en que el Estado erraba en la identificacion de papa y antipapa, el culto publico que resultaria prohibido seria el de la verdadera Iglesia!

Otro escenario interesante es si un barco con armenios huyendo del genocidio de 1915 recalase en las costas de un Estado catolico coercitivo a full.

"Pueden desembarcar pero no pueden celebrar su culto hasta que se conviertan al catolicismo."

"¡Pero si hasta los musulmanes nos permitieron siempre celebrar la liturgia hasta que decidieron matarnos!"

"Las reglas son esas. Si se quedan aca, o se convierten al catolicismo o viven como ateos practicos. Si no les gusta vuelvanse al Imperio Otomano."

Anónimo dijo...

Hay coerciones y coerciones. La mandada por S. Pablo no implica impedir que el que objetivamente erra actue segun su conciencia: "Al hereje, despues de una y otra amonestacion, evítalo" (Tito 3,10). Por otro lado, los individuos a evitar por los cristianos no son sólo los herejes: "no os mezcleis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con éstos, ni comer" (1 Cor 5,11).

En una sociedad catolica, donde todas las entidades intermedias (profesionales, educativas, etc.) y el Estado mismo fuesen catolicos, esta evitacion haria la vida casi imposible al evitado.

Anónimo dijo...

Con el argumento del "estado de necesidad" y el "non possunus", más de uno terminaría en las mazmorras vaticanas preconcliares

Anónimo dijo...

No va contestar con hipótesis no verificadas. Falló o no falló la Iglesia?

Anónimo dijo...

En tal caso el Estado no necesitaría prohibir los sacramentos pues son válidos.

Anónimo dijo...

En las ciencias exactas, un solo caso particular que conduzca una proposicion a una contradiccion es suficiente para demostrar el error de esa proposicion. Deberia tenerlo en cuenta el preguntador insistente si estima el rigor logico. Podria tambien dignarse considerar otra pregunta general. Mientras una persona o un grupo de ellas no ha llegado a captar la verdad del catolicismo, es mejor para ellos, para los catolicos, o para ambos que vivan publicamente como ateos practicos o que profesen y practiquen publicamente su religion? Notemos que en el caso de que las normas de ese grupo mandasen que el matrimonio sea celebrado en el contexto de un acto religioso publico, la primera opcion implica el celibato forzoso de ese grupo y su extincion al cabo un tiempo. El caso del Gran Cisma de Occidente deberia servir para contestar esta pregunta.

Cualquier planteo de la cuestion que no considere la dimension temporal a nivel individual y colectivo es invalido. Negar DH es sostener que cuando los catolicos lleguen a ser la mayoria de la poblacion de un pais y establezcan en él un Estado catolico, la situacion de tesis es que les presenten a los no catolicos de ese pais tres opciones: convertirse, emigrar, o vivir publicamente como ateos practicos.

Lo anterior no incluye la idolatria, por lo que la cuestion planteada por Mons. Schneider en su critica de DH no aplica.

Por ultimo, si la Iglesia falló o no falló en las medidas concretas - o en los criterios de exegesis - que recomendó en el pasado no es una cuestion matematica atemporal. Hay un plano permanente y otro contingente, como explicó Benedicto XVI en el discurso a la curia del 22/12/2005.

Anónimo dijo...

Lo temporal en el ultimo parrafo de mi comentario anterior alude a un punto mencionado por DH dentro del orden publico: la tutela de los derechos de todos los ciudadanos y la armonizacion de esos derechos. Los que estan en posesion de la plenitud de la verdad y la plenitud de los medios de salvacion tienen el derecho de no ser inducidos a perder estos bienes, lo cual ocurriria si recibiesen propaganda que los apartase de la fe y la Iglesia católicas. En epocas pasadas, la mera presencia de un grupo disidente que ejerciese su culto publicamente actuaba como induccion en ese sentido para muchos catolicos, por lo que la armonizacion de los derechos exigia la supresion de ese culto publico disidente.

Similarmente, en epocas pasadas muchos catolicos no podian separar la historicidad de los milagros y resurreccion de NSJC y la autoria de los Evangelios por Mateo, Marcos, Lucas y Juan de la historicidad de que 600.000 hombres aptos para las armas mas sus mujeres y niños salieron de Egipto en el Exodo y la autoria de todo el Pentateuco por Moises.