lunes, 14 de julio de 2014

De fundadores y fundaciones. Apostillas

Ver todos juntos algunos casos de intervenciones o medidas de la autoridad  puede dar la impresión de que se produce todo junto. No es así. Hay procesos que vienen de larga data y recién tienen un principio de  resolución. Hay otros que ya están concluidos. Otros en pleno desarrollo.
En mi informe anterior sólo he tenido en cuenta  aquellos sobre los que hay una intervención en la Santa Sede (o en sede diocesana pero con informe a Roma), en los que  hubiera algún argentino vinculado y que me hubiera sido accesible la información.
Algunos comentadores mencionan otros casos argentinos (Miles Christi, Torres Pardo, fraticelli), que no identifico ni  tengo datos disponibles. Esto no significa que no  existan o que el informe los quiera ocultar, simplemente no me resultan en las actuaciones romanas que conozco. Me llama la atención que exista en la Argentina alguna congregación que se llame “fraticelli”, porque ese fue el nombre de una secta  herética del siglo XIV. Pero, en fin, la iniciativa fundacional religiosa es muy activa.
Fuera de los casos mencionados, en distintos países hay otros casos problemáticos. El esquema es siempre muy semejante: atentado a la libertad, a la integridad sexual y desórdenes económicos. Es posible pensar que, instalado el dominio sobre las personas, está dado el escenario para que se activen  las otras tendencias desviadas, cuando existen.
Si tomamos en cuenta no sólo el caso de fundadores, podemos hacer algunas consideraciones.  Como hemos tenido dos cambios de papa en poco tiempo muchos procesos vienen de la época de Juan Pablo II. Es cierto que a este papa le costaba admitir algunas denuncias, porque valoraba los frutos apostólicos positivos y/o  tenía la duda de que fueran tramadas por los enemigos de la Iglesia (especialmente el comunismo). También es posible que él hubiera confiado más en la estructura de los dicasterios, que en ocuparse de dar  un impulso personal al asunto.
 Al papa Benedicto, en cambio, le costó y le dolió admitir los problemas que se escondían en asociaciones muy afines a su aprecio por la tradición en la liturgia y en las formas.
Por ejemplo el caso del alemán David Berger, que fue promovido sucesivamente en tareas intelectuales y doctrinarias vaticanas, incluso en la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su vigorosa militancia tradicionalista en el contexto progresista teutónico. De nada sirvieron las observaciones a su poco científico abordaje de las cuestiones filosóficas y teológicas (con un tomismo simplificado y repetitivo) y lo  extraño de su personalidad. Finalmente emergió declarándose homosexual y actualmente es un líder de movimientos contestatarios pro gay.
Otro caso es el de una asociación para el cultivo de la lengua latina en un país europeo. A pesar de las alarmas que existían, gozó del apoyo del nivel más alto y casi adquiere un status oficial vaticano ligado a la nueva Academia para la Lengua Latina.  En algún momento salió a la luz que si bien formalmente se manifestaba como una iniciativa  filocatólica y devota del papa Benedicto, en su interior el núcleo era de un neopaganismo clásico, muy crítico del cristianismo, considerado como una corrupción de la antigüedad  clásica, y con el cultivo de la efebofilia en sus miembros (como parte de la recuperación de un pretendido ideal  antiguo). 
Es cierto que hay procesos que podían  haber alcanzado  resolución más rápidamente. Además de la lentitud de las actuaciones, donde se debe probar objetivamente la acusación,  hay otras razones de mentalidad que entorpecieron las cosas.
 Una de ellas es la sospecha de que fueran infundios de los enemigos externos  (masonería, comunismo, regímenes dictatoriales) o por celos y fantasmagorías internas. También existió el criterio ingenuo de confiar en  la fácil enmienda después de un arrepentimiento; no se medía la gravedad de la estructura de personalidad que se mostraba, ni se ponía suficientemente la atención en los sujetos-víctimas. Otro factor ha sido la mentalidad de evitar dar curso a lo que podía mancillar el nombre de la institución (cuando en verdad ya estaba dañada más que en su nombre, en la realidad eclesial de las personas). Por otra parte,  también del lado de las víctimas ha existido una actitud  de no denunciar por diversos motivos (vergüenza, temor reverencial, acostumbramiento, inercia, etcétera)
Aquí me parece oportuno advertir que, al estudiarse la situación de los delicta graviora (abusos sexuales a menores), muchos de ellos datan de la década del 40, 50 y 60 (Irlanda, Holanda, Inglaterra, USA). Es decir, de contextos muy anteriores a la indisciplina y al pansexualismo que hoy penetra los ambientes.
A los lectores que asocian las medidas de intervención a la orientación tradicionalista o conservadora de las asociaciones les hago presentes algunas consideraciones. La primera, que no hay fundaciones de tipo progresista o secularista. La segunda, que rasgos de personalidad desviados pueden acompañar o incluso enmascararse con cualquier definición religiosa (sucede en otras religiones). Muchas veces personalidades patológicas ideologizan algún tipo de espiritualidad, llevando sus rasgos a extremos, que pueden ser atractivos pero no dejan de ser síntomas.
La Santa Sede tiene claro que las nuevas fundaciones proceden del ámbito tradicional o conservador. Incluso reconoce y apoya a aquellas tipo la Fraternidad San Pedro (que son varias), las cuales tienen como rito propio la misa tridentina. Las comunidades que vienen del anglicanismo también son de matriz tradicional. Ciertamente, no puede admitir que se desconozca la validez del Concilio Vaticano II. Pero en las intervenciones que he elencado en mi informe anterior la razón de las actuaciones (todas de más o menos larga data) giran en los problemas que he señalado.
Obviamente los puestos bajo examen no suelen admitir los problemas, sino cuando explotan de modo imparable hacia afuera (especialmente en los medios de comunicación). Es fácil el recurso de decir: nos persiguen porque somos fieles a la tradición o porque tenemos éxito con las vocaciones (así los Legionarios, el Opus, los IVE, et via dicendo).
Mi informe anterior se limitaba casi exclusivamente a las asociaciones masculinas. Hoy puedo dar una novedad respecto a la rama femenina de la Communauté Saint Jean (del p. D-M. Philippe). Se ha trasladado a Vergara (España) la cúpula de la
Congregación para los Religiosos  junto con varios obispos de sedes donde está la comunidad, y se ha dado un paso adelante. Se ha reafirmado el actual  buen rumbo de la congregación, manteniendo su espiritualidad, despejando hacia un pasado no iterable los puntos de acusación y ajustando las normas internas. Curiosamente su defensor más activo es el obispo de Saltillo (México) Raúl Vera López op (de neto corte progresista y no muy bien recibido en Roma).
La constante en la mirada de la Santa Sede es respetar el pluralismo en las iniciativas fundacionales, clarificar el carisma propio dentro de la ortodoxia y el derecho canónico, resolver los focos de irregularidad que existiesen, y relanzar la vida de la congregación en su identidad. El caso más claro es el de los Legionarios, que ya están relanzados autónomamente; la Santa Sede sólo le aportará ahora un asesor sin voz ni voto. Para esta tarea se designó al P. Ghirlanda sj, canonista octogenario de gran experiencia.
Por otra parte, la Santa Sede no ha sido benévola con la Conferencia de Superioras Religiosas de USA de neto perfil progresista, a pesar del apoyo que le dio el card. Kasper. Tampoco con Martha Heizer y su marido Eheman Gert, líderes del movimiento internacional  Wir sind Kirche (Nosotros somos Iglesia), que fueron excomulgados por el obispo de Innsbruck, en consulta y  con apoyo de Roma. Todo esto en los últimos meses.
 Dall’ombra der Cuppolone



miércoles, 9 de julio de 2014

Un compendio del cristianismo



Aquí les dejo un video sobre C.S. Lewis que es, en muchos sentidos, un compendio de lo que a lo largo de estos años hemos queridos transmitir todos los que escribimos en este blog.
Por cierto, el descubrimiento y el subtitulado se lo debemos a nuestro incansable amigo Jack Tollers.

lunes, 7 de julio de 2014

Scannone, el teólogo del Papa

Los papas siempre han tenido en su entorno a varios teólogos que los asesoraban en sus discursos y escritos que, en otras épocas, eran muy raros y breves. Oficialmente, la figura estaba representada en el Maestro del Sacro Palacio que, luego de la reforma de Pablo VI, pasó a denominarse Teólogo de la Casa Pontíficia y, tradicionalmente, es un fraile dominico. En la actualidad, el cargo lo desempeña el P. Wojciech Giertych, o.p.
Pero, claro está, estos teólogos de escritorio y erudición, no tienen olor a oveja, y el actual pontífice prefiere asesoramientos más populares y configurados con el pueblo de Dios. Es por eso que Mons. Tucho Fernández ocupa un papel importante en la tarea de asesoramiento teológico pero hay otro personaje al que también debemos prestar atención.
Se trata del ya octogenario P. Juan Carlos Scannone, s.j., estrella brillante de la teología zurdoide de los '70, y que estaba terminando sus días en el Colegio Máximo de San Miguel, dedicado a la formación de los noveles jesuitas y miembros de otros institutos religiosos. Pero la elevación de su hermano Jorge Mario al solio de Pedro significó un cambió. Ahora, viaja con mucha frecuencia a Roma, y pasa la mayor parte del tiempo en Borgo Santo Spirito bajando línea sobre la teología pontificia. Y lo hace a través de "La Civiltá Cattolica" y de la redacción de discursos y escritos pontificios.
Aquí les dejo la colaboración de un lector del Wanderer que conoce muy de cerca a Scannone. Nos enteraremos de quién es el teólogo del papa:


Introito
Quien puede demoler y erigir liturgias a piacere no se demora en retocar dogmas. Mejor que decir es hacer. ¿O imaginaba alguien, en la larga noche preconciliar, que la Iglesia romana entronizaría en su misa el Viejo Testamento o recortaría para Pascua el Evangelio de San Juan?
Las razones de lo que ahora está ocurriendo se remontan al tomismo trascendentalista de principios del siglo XX. Una vez que el Vaticano II, esa anticipación eclesial del postmodernismo, se hubo consumado con todos los honores, se empieza a apurar el baile. Entonces, en el umbral de los años setenta, los jesuitas se aprestaban a afianzar su influencia y desbrozar camino para sus operaciones políticas. En la Argentina destacó Juan Carlos Scannone como cacique de tales afanes. Este teólogo escribía entonces sin ambages: “somos subversivos, en el sentido etimológico de la palabra”. ¿Quién da más? Usaré el caso de Scannone como premisa menor, a título de ilustración drástica. Permítanos el discreto lector abordar la máquina del tiempo, dar un salto a la Europa de los años veinte y de allí pasar al Argentina de los setenta. Así sentaremos las dos premisas del silogismo – lo que observamos ahora en Bergoglio se seguirá como ineluctable conclusión.

Del Tomismo Trascendentalista al Vaticano  II
A poco de instaurado el neotomismo surgieron en él dos puntos de vista antagónicos. Para unos, tercos y cerriles,  la correcta posición se resumía en un “ya todo lo dijo el Aquinate”, coronado con una palabrota o un puñetazo sobre la mesa. El exabrupto podía funcionar en los seminarios y en las charlas parroquiales; ante el público académico provocaba desdén, como asunto clerical. Entre los mismos tomistas cundía un complejo de inferioridad, ya que se estaba borrando de un plumazo unos siete siglos de filosofía. ¿Se puede volver antes de haber ido sin ser simplemente un reaccionario? Los tomistas se ruborizaban, un rasgo muy humano y comprensible.
En el grupo más amplio se fue acentuando una posición historicista, con erudición filológica muy germánica, donde la prolijidad en la genealogía de una sentencia valía más que la sentencia. El jesuita belga Joseph Maréchal – muchos  lectores argentinos suelen conocerlo por referencias de Castellani –  se propuso derrotar a los alemanes en su propio campo y compuso una descomunal obra en cinco tomos (inacabada!) con el sugerente título Le Point de Départ de la Métaphysique. Allí Marechal tramaba una demostración histórica de la legitimidad del tomismo apoyándose en Kant, Fichte y Husserl.
Claro, los teólogos preconciliares serios, que los había, advertían que andaban metidos en camisa de once varas. No es que fueran derrotistas pero captaban ciertos problemas graves. La voluminosa obra del epistemólogo francés Louis Rougier (La Scolastique et le Thomisme, 1925) y la concisa del jesuita alemán Lorenz Fuetscher (Akt und Potenz, 1932) coincidían sorprendentemente en complicar la vida de tesis centrales del tomismo, como la distinción de esencia y existencia, junto con la metodología subyacente.
Pero había un problema aún más grave. Las revoluciones científicas ahí estaban, triunfantes, sin que nadie pudiera enmendar la plana. Newton en astrofísica, Strauss en filología, Darwin en biología… muchos frentes a la vez. ¿De qué servía argüir con textos de Tomás la coincidencia de la propia doctrina con Aristóteles  cuando la imagen del mundo había cesado de ser aristotélica desde hacía siglos  – y sin el menor desdoro? La Teodicea se volvía una Odisea. P. ej. la laboriosa cadena de motores y movidos de la hora de Metafísica (todo lo que se mueve se mueve por otro) la rompía el profesor de Cosmología sin querer cuando, honesto, explicaba el principio de inercia (todo persiste en su estado de movimiento rectilíneo o de reposo a menos que actúe una fuerza). ¿En qué quedamos?
Si en el fondo se quería afirmar a Dios, pensaron estos varones perspicaces ¿no se podría evitar el rodeo escolástico, poner las cartas sobre la mesa y partir directamente de Él? Ulises regresa a la verde Ítaca porque de allí partió. El punto de partida habría de ser, de uno u otro modo, el mismo Dios. Esa fue la idea de Antonio Rosmini y otros en el siglo XIX, culminando en el XX con el “dinamismo intelectual” de Maréchal.
Así como una figura se percibe gracias a un fondo, así lo finito se recorta de lo infinito. En toda afirmación habría implícitamente una referencia a priori al Ser absoluto, que vale como condición de posibilidad del ente finito. Afirmar que un jarro de cerveza existe será afirmar que alguna entidad dependiente del Ser infinito es un jarro de cerveza. Voilà!
Las consecuencias de esta filosofía las enfatiza más el jesuita Karl Rahner con su “Vorgriff auf Sein” (anticipación del Ser): todo ser humano está reconociendo al Dios del cristianismo ya con el más modesto juicio. Por lo tanto este tomismo propicia una teología de puerta ancha, que ni a nadie excluye ni de una especial filosofía requiere, porque el mundo está repleto de cristianos invisibles o anónimos. Ése es el aperturismo del Vaticano II, en cuya preparación burocrática el propio Rahner intervino: el parentesco con el postmodernismo se desprende de la identidad estructural entre un pluralismo de libertad religiosa y un pluralismo de libertad epistémica. ¡El tomismo trascendentalista se anticipó al relativismo de Richard Rorty!  Y lógicamente, si toda definición dogmática es en el fondo finita y no puede apresar la infinitud que nos interesa, ¿para qué cambiar dogmas? Ahora, si Ud. se molesta, subimos otra vez a la máquina del tiempo rumbo a América del Sur.

Buenos Aires 1970
En esa época Buenos Aires no era aún una ciudad latinoamericana: señoritas bien vestidas paseando por la calle Florida no eran noticia para nadie; bolivianas sentadas en la acera para vender limones hubieran sido, claro está, toda una noticia.
Buenos Aires ostentaba aún, sin demasiado ridículo, el título de Reina del Plata (y no, por decir así, de presidenta de club suburbano). Superficialmente estaban en Argentina cultura y elegancia, un poco después la ligereza; yendo a fondo, una violencia más o menos latente. Eso de la frivolidad se constata por doquier. Imperaba una dictadura militar, pero las universidades estatales eran centros de reclutamiento guerrillero. Se enseñaba en humanidades Latín y Griego, pero los docentes no se animaban a exigir la memorización de tres mil vocablos y se leía a diccionario abierto. Algunos dirigentes estudiantiles exigían el reemplazo de las lenguas muertas por el pujante idioma guaraní. Esto en cuanto a  frivolidad.
La violencia anunciaba su proximidad con todas las letras. Julio Cortázar, tras hacer de Homero del ERP, definía su posición política con la fórmula: “estoy a la izquierda del rojo más intenso”. Un vate de barricadas le contrapunteaba con voz gruesa: “traigo una buena noticia/ ¡hoy ha muerto un enemigo!/ No, si no hemos medidos los calibres/ no me pidan ahora que mida las palabras.”
Un sacerdote recién ordenado, gran tipo pero muy anticlerical, comentaba: “Los viejos curas de derecha creen que religión es contar mentiras a la gente sobre lo que les sucederá después de la muerte. Y los curas jóvenes de izquierda, peor: echan leña al fuego, embalan a los laicos y si las papas queman, los curitas huyen a Ezeiza en los coches de la Nunciatura Apostólica.”
Conviviendo la inminencia de la tragedia con la espuma de  la frivolidad no estaba la época para reflexiones filosófico-teológicas.

El Aporte de Scannone: la Semántica de Humpty Dumpty
La teología difundida en ese tiempo, más que a una consideración circunspecta invita al sarcasmo.  El jesuita español José Hellín había compuesto hacia 1950 un tratado Theologia Naturalis en un latín fácil que exhibía ciertas destrezas después perdidas: conceptos precisados, pensamientos vertidos en máximas memorables y un esqueleto argumentativo, limitado al silogismo pero aun legible hoy sin hacer pasar vergüenza ajena. Hellín era un reflejo de la neo-escolástica, estrecho y tieso pero sólido, examinando la existencia de Dios, su naturaleza y sus atributos.
Con su discípulo, el jesuita Gómez Caffarena, entra el relajamiento: era un reflejo del reflejo. Lo que en Hellín era una tesis presuntamente demostrable pasa a revestirse de “sugerencia existencial”. Además, queriendo imitar a Marechal, incorpora Caffarena esa erudición atropellada del lector ciego: afán omnívoro de meter la cuchara aun allí donde no se ha entendido. Creían estar más allá de los silogismos de Hellín y se quedaban más acá, como un paralítico que se burla del que anda con bastón. O sea que desde Hellín a  su discípulo hay un innegable proceso de debilitamiento.
Nada es tan malo que no pueda volverse peor. En ese tiempo (1970), con una teología al borde del absurdo, asumió Scannone S. J. como Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad del Salvador y dio un paso adelante. En su nuevo programa de estudios Teodicea se transformaba eo ipso en  ¡Teología de la Liberación! Pude negociar con él para rendir un examen de Teodicea; lo logré, pero bajo la condición de estudiar la obra del insigne Caffarena. Así lo hice, demostrando en un examen oral inusitado las confusiones del insigne autor hasta en cuestiones de lógica, donde no hay forma fácil de salir por la tangente. Espero que el hecho de haber obtenido de Scannone la calificación sobresaliente no me descalifique para hablar de estos temas.
Para abreviar: considere el lector las propiedades que caracterizan a un pensador serio y ya así, de un solo golpe de su mente, habrá captado todo lo que Scannone nunca fue. En sus escritos pareciera despreciar sus propias ideas y hacerlas desfilar ataviadas con un lenguaje pervertido, en un castellano que parece mal alemán. ¡Ah ese forcejeo entre el deseo de decir y las ganas de ocultar que tanto censura Schopenhauer! Las ideas, si las hay, deambulan undercover.
Este conflicto halla su mejor expresión en la ‘Analéctica’ y el derivado ‘método analéctico’. El sustantivo viene de un maridaje cacofónico de las palabras ‘analogía’ y ‘dialéctica’, rebanando sílabas. En filosofía la analogía debe usarse con extrema parsimonia porque de lo contrario nadie sabe qué se quiere decir: sería como un dominó donde el número de comodines excede el de las fichas normales.
Si a eso usted le añade las libertades de la dialéctica hegeliana obtenemos el caos inclusivista de Scannone. P. ej. una montaña no se concibe fuera del espacio. Pero, reflexionan algunos, las propiedades psíquicas y con ellas el concepto de persona están referidas al tiempo con tanta fuerza como una montaña al espacio. Si Dios está fuera del tiempo ¿cómo puede ser una persona?
Para el teólogo adiestrado en la analéctica no hay aquí el mínimo problema. Dios no será ni personal ni impersonal, sino ambas cosas a la vez y también todo lo opuesto, según el caso. Cada diminuto oxímoron se festeja como signo de profundidad. Es la semántica de Humpty Dumpty, donde cada palabra significa lo que a él le parece en el momento.
Una demostración de la existencia de Dios será redundante, porque Dios se revela en el rostro del pobre, del marginal, del excluido. ¿O va usted a negar que haya pobres? Ergo, Dios existe, Q.E.D. La teología inclusivista de Scannone responde a una lógica turbia: el principio de identidad se rechazará por imperialista, el de contradicción por pre-hegeliano, el de tercero excluido por discriminatorio – es verdad, ya en su mismo nombre confiesa que está excluyendo a terceros. En cuanto a este método sólo puede pensarse que es el digno candidato para una broma de Sokal (cf. Google).
A los aspectos formales habría que agregarles las pinceladas de color local, el tono bolchevique de la verba, el odio jesuita a Europa y un rabioso filosemitismo, colocando a troche y moche el emblema de Yahvé. En vez de decorar textos con abundante tipografía griega aparecían los caracteres del alefato.

Regresando al Presente
No escribo esto por aversión contra Scannone, en todo caso contra el candombe bíblico que él propicia alegando que es filosofía. La apologética protestante de un Alvin Plantinga o Richard Swinburne muestra una forma respetable de hacer hoy teología. Cierto que los filósofos profesionales independientes les propinan tremendos garrotazos (cf. Herman Philipse 2012) pero al menos se sienten obligados a tenerlos en cuenta. Con Scannone improbable que esto ocurra; su notoriedad se deberá siempre a la simpática costumbre argentina de repartir puestos entre los amigos.
A un hombre como Bergoglio, afecto al decir desabrochado y de entrecasa, la ensalada conceptual de Scannone le viene como anillo al dedo. El teólogo y su Papa son tal para cual. De ahí el relativismo bonachón, populista e irresponsable de Bergoglio en sus célebres frases: “quién soy yo para desautorizar X?”, la demanda por “pastores con olor a oveja”, el “hagan lio muchachos”. Los sacerdotes tienen que ponerse del lado de la chusma y el negraje, como el Scannone subversivo en sentido etimológico.
¿Teología de la liberación? Cuando la teología se ha vuelto un basural del pensamiento, sólo resta la liberación de la teología. En mi opinión, los tiempos están maduros para una nueva Summa, una suma antiteológica.


Walter Ferison

sábado, 5 de julio de 2014

Estadísticas del blog

Tal como me habían pedido algunos lectores, aquí les paso las últimas estadísticas del blog:

            Total ........1,066,413           
            Average per Day ... 948           
            This Week ....... 6,637 

Desde su creación, el blog ha tenido algo más de un millón de visitas, con un promedio de 950 visitas diarias. La semana pasado, por ejemplo, fue visitada 6600 veces.
En cuanto a los países desde los cuales visitan al blog, la gran mayoría es de Argentina y, dentro de ésta, de Buenos Aires. Luego siguen España, Italia, Estados Unidos, Chile, Francia, etc. Aparecen también algunas entradas desde el Vaticano.

Son cifras bastante modestas –el sitio español “La cigüeña de la torre”, por ejemplo, recibe 500.000 visitas por mes- pero es lo que hay, y seguiremos en la tarea.

viernes, 4 de julio de 2014

Aclaración al Sr. Antonio Torres

Me comentó ayer por la noche un lector y colaborador ocasional de esta página que se había comunicado con él el Sr. Antonio Torres, quien había sido objeto de una respuesta de Ludovicus días pasados, haciéndole saber su malestar por las ofensa que él creía haber recibido en esa entrada. Valga por ese motivo esta aclaración:

Durante la campaña electoral de 1992, el asesor de Bill Clinton, el publicista James Carville, instaló un cartel en el cuartel de campaña del candidato, que rezaba: “The economy, stupid”. El lema instaba a focalizarse en la cuestión principal a la que tenía que traer a debate Clinton frente a un Bush sr. triunfante en la Guerra del Golfo y en otras cuestiones de naturaleza política.
A partir de esa ya lejana fecha, el lema se ha hecho proverbial para enfocar diversas cuestiones complejas en torno a un núcleo determinante. Sugiero consultar la entrada que Wikipedia habilita al efecto.
En Wanderer, apareció con mi firma el año de la emisión del motu proprio Summorum Pontificum que habilitaba la liturgia tradicional, en la siguiente forma “Es la liturgia, estúpido” y se difundió rápidamente. No consta que el Wanderer ni ningún lector se haya dado por aludido. Posteriormente, en un reportaje que tuvo a bien realizarme Tollers en el año 2011, volví a emplear la misma expresión, sin que el bueno de Jack me haya retado a duelo.
En un comentario hecho hace unas semanas en respuesta al señor José Torres, volví a usar la ya trillada fórmula en relación con las estructuras con deriva sectaria en el seno de organizaciones eclesiales, aclarando por las dudas que lo hacía sin alusión personal y confiándome en lo proverbial de su empleo. No obstante lo cual, parece que la frase fue interpretada como una alusión y peor aún como una ofensa. Aclaro, entonces, por si fuera necesario y sin perjuicio de la temporánea advertencia que acompañaba la frase, que no fue mi intención referirme a nadie en particular y mucho menos al señor Torres, y me reprimo la natural tentación de volver a reformular una frase sobre las alusiones.
Quiero además hacer constar el reparo de tipo ético al uso de nicks. En principio, creo que el uso de tales pseudónimos, en la medida que se haga con responsabilidad, son útiles precisamente por los malentendidos que suscita este tipo de comunicación digital, y la prueba es que un lugar común como el uso de una frase que lleva circulando más de dos décadas puede producir reacciones inesperadas. Por otra parte, el hecho de que un comentarista use su nombre real no le da derecho a conocer el de la persona que usa pseudónimo. Cada uno conoce sus circunstancias particulares y las consecuencias de sus actos. Tampoco, dicho sea de paso, uno tiene la manera ni la obligación de determinar si el comentarista al que contesta está empleando un nombre real o ficticio. No es mi problema si alguien quiere exponerse, o sus circunstancias le permiten hacerlo sin sufrir consecuencias.
Sí genera una responsabilidad especial usar un pseudónimo, y es el cuidado extremo en salvaguardar el nombre, el honor y la tranquilidad de quienes emplean nombres reales. Es por ello que efectúo esta aclaración, que en condiciones normales sería considerada una platitud (sit venia anglicismo) extremadamente redundante.

Toto corde,

Ludovicus


Por mi parte, recuerdo que también he utilizado con frecuencia la expresión objeto de la explicación de Ludovicus, por ejemplo, en un post del año 2012 titulado “Es la belleza, estúpido”. A quienes iba dirigido -un grupo de amigos con quienes habíamos hablado del tema-, no se dieron por aludidos por la expresión y, mucho menos, se ofendieron.
Por otro lado, asumo mi responsabilidad por haber publicado, sin consultar con su autor y a modo de post, un simple comentario de Ludovicus, lo cual pudo haber acrecentado la confusión.
Hago saber también a los lectores del blog que el Sr. Antonio Torres envió una extensa respuesta a Ludovicus que yo no publiqué por los motivos que expresé oportunamente en la entrada: el tema IVE está agotado para mí y para este blog y no quiero seguir promoviendo debates al respecto.
Finalmente, como administrador de esta página, nunca he publicado entradas o comentarios que resultaran ofensivos o que contuvieran insultos a quienes escriben o comentan en ella. Y les puedo asegurar que son abundantes. Valga esta aclaración para refrendar que en ningún momento fue intención de este administrador ofender o faltar el respeto al sr. Torres.

Wanderer

jueves, 3 de julio de 2014

La agenda progre. Dos hipótesis



En La Nación de hoy aparece una columna del archiprogre director de la revista Criterio sobre el papa Francisco. Es un artículo bastante malo, que por momentos se convierte en una mera expresión de deseos (como cuando dice: “No será fácil en un futuro pretender recuperar boatos y protocolos que ya han quedado, de hecho, extemporáneos…”, olvidándose que esos boatos y protocolos los recuperó el papa Benedicto en pocos meses luego de treinta años de mal gusto polaco y de la destrucción sistemática de Piero Marini), y flojito de papeles, como cuando apoya sus tesis en autoridades irrefutables como el teólogo argentino Gustavo Irrazábal (?) o la teóloga brasileña María Clara Bingemer  (¡).
Lo que intenta hacer el señor opinador es plantear una hipótesis acerca de la agenda revolucionaria del papa Francisco, en especial, en lo que atañe al próximo sínodo sobre la familia. Ya podemos imaginar, sin demasiado esfuerzo, lo que sugiere.
Mientras lo leía, recordé la opinión de un amigo que deslizó hace un par de semanas durante un almuerzo en La Ópera de Madrid –que no es un teatro sino un restaurante (recomiendo el osobuco al vino tinto)- ubicado a un tiro de piedra de la Plaza de Oriente. Aquí se las resumo:

El papa es un personaje astuto y hábil a la hora de tomar decisiones y de jugar distintos roles durante el tiempo que sea necesario a fin de lograr sus objetivos. Ya hemos visto que, de portero en la residencia jesuita de Córdoba, lugar donde todos pensaban que finalizaría sus días, terminó sentado en la sede de Pedro, y no fue, claro está está, por su santidad de vida, ni por su sabiduría, ni por sus desvelos pastorales, sino, precisamente, por su astucia y jesuítica constancia.
Cuando se encontró vestido de blanco, sabía perfectamente que de ningún modo podría evitar la agenda progresista que se venía preparando desde hacía décadas, principalmente por los obispos del Rin y por los americanos. Ella incluía la comunión a los divorciados y vueltos a casar, el aflojamiento en las rigideces de la moral sexual como las relaciones prematrimoniales o los amores contra natura, el celibato sacerdotal, el sacerdote femenino, etc.
La presión de los progres, ayudados por la prensa universal, había sido inefectivo en las décadas polacas pero no había dejado de nutrirse y potenciarse. El acceso de Ratzinger significó un freno en seco, pero al próximo papa, fuera el que fuera, se le haría muy difícil, si no imposible, resistir el embate. Algo, en algún momento, iba a tener que ceder para que no se lo llevaran puesto.
Y Bergoglio, que sabía todo esto, los primerió. Convocó a un sínodo para tratar el tema de la familia, deslizó el problema real de admitir a la comunión a los casados que viven en situación de adulterio, y mandó a hablar a Kasper, casi un año antes de la realización del sínodo. Sabía que el cardenal alemán representaba a la posición liberal más extrema y tenía particular interés en humillarlo. Kasper es exactamente lo contrario de lo que Bergoglio pretende: es un teólogo de erudición que, más que olor a oveja, tiene olor a Givenchy, y sabe que la suya no es teología de rodillas sino teología de escritorio.
Mandarlo al frente a Kasper con ese punto de la agenda progre le permitió a Bergoglio elegir él mismo el tema que se trataría. Tranquilizaría las agitadas aguas del progresismo, la prensa lo seguiría alabando y los efectos colaterales serían, para su inteligencia práctica, mínimos. En realidad, estaba entregando, o entregaría, lo que está entregado ya desde hace al menos dos décadas. Pongamos un ejemplo. En un reino, es coronado un nuevo rey, pero, quienes lo promovieron y eligieron, le advierte al monarca que la corona no le saldrá gratis y que deberá entregar a uno de sus generales más fieros y contrarios a la facción ganadora. El rey, que es astuto, asiente y les entrega a un viejo general que sabe que padece un avanzado cáncer de páncreas y que irremediablemente morirá en los próximos meses. ¿Cómo juzgar la acción del monarca? No estuvo mal. Consiguió minimizar los daños y, en todo caso, sólo adelantó en un par de meses la muerte de uno de sus amigos.
La comunión a los casados en adulterio es una cauda perdida por la sencilla razón que, en la práctica, es algo que se hace desde hace muchos años, y no solamente en las progresistas parroquias renanas, sino en las más modestas iglesitas del interior argentino. Los curas, en su mayoría, permitían que los fieles, en esa situación canónica se acerquen al sacramento de la eucaristía. No hay, claro está, una pronunciación oficial de la Iglesia, y es eso lo que los progres quieren y es eso lo que no van a obtener.
Bergoglio hizo hablar a Kasper por boca de ganso: el alemán desplegó toda su artillería argumental, que es más fácil de rebatir que el Libro del Mormón, y su estrategia teológica ya está develada. La mayoría de los cardenales que se oponen al tema han tenido tiempo sobrado elaborar argumentaciones en contra y para rosquear lo suficiente como para asegurar que el sínodo, celebrado en dos tiempos, no se pronunciará sobre el tema. En el medio, el padre Jorge Mario llama a la señora santafecina y le dice que no hace nada malo si comulga ya que la comunión es un remedio y no un premio, y de aquí a octubre hará un par de maniobras más a fin de que, al finalizar el sínodos, los fieles y los curas liberales digan: “Es claro que el papa quería que la Iglesia oficialmente permitiera que los católicos divorciados y vueltos a casar que se acercaran a la comunión, pero las fuerzas conservadoras de la Curia no lo dejaron. Sin embargo, como nosotros obedecemos al papa, permitiremos y alentaremos esa práctica”. Los curas y fieles neocones dirán: “¡Qué buen papa tenemos! A pesar de las tremendas presiones de los progres fue capaz de resisitir y jugársela y no dijo nada sobre el tema, por lo que la enseñanza de la Iglesia permanece semper idem”.
En definitiva: el papa Jorge Mario sigue reconocido como el héroe de la nueva etapa de la humanidad, la práctica sacrílega se seguirá realizando con mayor intensidad y tranquilidad de conciencia, y los neocones seguirán victoreando al papa Francisco.
Nadie puede negar que es un maestro del maquiavelismo político.
Pero muchos, como yo mismo, diremos: ¿Y el escándalo que esto produce en los fieles? Estimados lectores, ¿Qué le importa a Bergoglio el escándalo? Quien ablacionó su intelecto teórico en favor del intelecto práctico no se detiene en esas menudencias.

miércoles, 2 de julio de 2014

Visita Apostólica a Ciudad del Este y Franciscanos de la Inmaculada

Por el entredicho entre el obispo Livieres de Ciudad del Este y el Arzobispo de Asunción, la Santa Sede dispuso enviar un Visitador Apostólico a la diócesis de Ciudad del Este. Éste tiene especial encargo de clarificar la situación en torno a las sospechas de delitos canónicos en torno al sexto mandamiento por parte uno o más clérigos. El Ordinario del lugar ha manifestado públicamente que dichas sospechas carecen de fundamento y ha mantenido en el oficio de Vicario General al sacerdote Urrutigoyti, que es el principal implicado. La medida no implica ningún acto prejudicial al respecto, sino una investigación.
Respecto a la pregunta sobre la situación de los Franciscanos de la Inmaculada. El motivo de la intervención de la Santa Sede radica en el modo de ejercer la autoridad y de relacionarse con los miembros por parte del Fundador. Se trata de los frecuentes problemas de absorción de la libertad e impedimento de un sano desarrollo espiritual de los miembros por la concentración en la figura del Fundador. Este punto y la seriedad de los estudios también determinan que se busque llevar la formación a Roma y que frecuenten alguna de las universidades pontificias. La cuestión de la misa tridentina no es el foco de la cuestión. Algunos miembros la celebran y hubo una línea interna que quiso adoptarla como rito propio de la comunidad, lo que no es acorde a las normas ni aceptado por todos los miembros. Al volverse un factor de división interna se tomó provisionalmente bajo control de los superiores la adopción o no del rito por cada miembro. Algún caso de un estudiante que no aceptaba la validez de los documentos de Concilio Vaticano II llevó a que se retirara de la congregación. El objetivo de las autoridades es desarrollar un clima de serenidad y de equilibrio en el que cada miembro pueda crecer en la espiritualidad y carisma de la congregación, con una sólida base teológica de las fuentes de su espiritualidad franciscana y mariana.

Dall'ombra der Cuppolone