miércoles, 5 de agosto de 2009

Carta a Mons. Fellay, sin respuesta (por ahora)

El padre Giovanni Scalese, sacerdote inteligente y sensato - rara avis en los tiempos que corren - le acaba de escribir una carta abierta a Mons. Fellay que publica en su blog "Sin pelos en la lengua".
Por ahora, sin respuesta.

Excelencia Reverendísima,

No sé si esta “carta abierta” llegará alguna vez a Sus manos. Yo la confío a los ángeles para que se la entreguen personalmente. Ya otra vez escribí un artículo teniendo en mente vuestra Fraternidad; lo publiqué sobre este blog (fue mi primer post) y milagrosamente llegó a destino: fue retomado por vuestros sitios y definido “muy interesante”.

Esta vez me dirijo a Usted porque sé que están en curso los preparativos de los diálogos doctrinales con la Santa Sede, pedidos por ustedes desde hace largo tiempo y finalmente, con el levantamiento de las excomuniones, concedidos por el Papa Benedicto XVI. Por lo que sé, Usted ya ha estado en Roma para tomar los primeros contactos con la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Personalmente, siempre he sido del parecer de que no hay necesidad de “diálogos” para la readmisión en la comunión de la Iglesia Católica. Lo único necesario, según mi parecer, debería ser la profesión de fe prevista por los sagrados cánones. Una vez que compartimos la misma fe, deberíamos estar en plena comunión. Sobre el resto, que no está incluido en esta profesión de fe, considero que es siempre posible discutir libremente pero estando el interior, no en el exterior de la Iglesia. La aceptación de un Concilio, que se ha autodefinido “pastoral”, no debería ser, según mi opinión, una condición para la readmisión en la comunión eclesiástica. Estoy de acuerdo en que es más urgente que nunca una reflexión sobre el valor y la interpretación del Vaticano II, pero no me parece que esto deba ser objeto de una tratativa entre la Santa Sede y la Fraternidad de San Pío X; me parece, más bien, un problema que concierne a toda la Iglesia. Es por este motivo que he propuesto varias veces en este blog que el próximo Sínodo de los Obispos esté dedicado a la interpretación del Concilio.

Sin embargo, según parece, sea de parte de vuestra, sea de parte de la Sede Apostólica, una aclaración sobre el Vaticano II es considerada como una condición previa a cualquier otro tipo de acuerdo. De aquí, la necesidad de “diálogos doctrinales”. Así que, visto que tales diálogos doctrinales existirán, permítame darle algún consejo. No porque pretenda saber más que Usted sino sólo para expresarle, en espíritu de caridad fraterna, lo que siento en este delicado


momento.

En primer lugar, cuando venga a Roma para discutir con la CDF, no venga como quien deniega o, peor, rechaza el Concilio. Esto significaría el fracaso inmediato de cualquier diálogo. Venga, más bien, como alguien que acepta el Vaticano II por aquello que ha querido ser y efectivamente ha sido, es decir, un concilio pastoral. Diga también al Card. Levada que la única cosa que ustedes rechazan – y sobre esto, estamos todos de acuerdo – es la absolutización y la ideologización del Concilio, no el Concilio en cuanto tal. Dígale también que ustedes encuentran en los documentos del Vaticano II algunos textos ambiguos. También sobre esto, el Card. Levada debería estar de acuerdo con Usted. El mismo Pablo VI encontró ambiguo el tratamiento de la colegialidad episcopal realizado por la Lumen Gentium, tal es así que sintió la necesidad de adjuntar a esta constitución una “Nota praevia”. Añada que, habiendo ambigüedades en los textos conciliares, se hace necesaria una obra de interpretación. Pero, por favor, no se presente con la pretensión de ser Usted o su Fraternidad los intérpretes autorizados del Concilio. Pida, más bien, que sea la Sede Apostólica quien dé una interpretación auténtica a las partes más oscuras. Algo ya ha sido hecho (la llamada “Nota praevia”; la explicación del significado de la expresión “subsistit in”), pero aún queda mucho por hacer. El criterio general de tal interpretación ya ha sido indicado por Benedicto XVI en el discurso a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2005: la hermenéutica de la reforma en contraposición a la hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura. Y dígale que ustedes, sobre esto, no sólo están plenamente de acuerdo con el Santo Padre sino que también quieren ponerse a su completa disposición para ayudarlo en esta obra de relectura del Concilio en el surco de la ininterrumpida Tradición de la Iglesia.

Excelencia Reverendísima, estoy seguro de que sobre cuánto he escrito hasta ahora, Usted se encuentra de acuerdo en gran parte. Me parece percibirlo por el tono de sus últimas intervenciones, mucho más conciliadoras y posibilistas que hace un tiempo. Pero sé también que debe hacer frente, en el interior de la Fraternidad, a posiciones más maximalistas que le advierten sobre ser demasiado conciliador en las relaciones con la Santa Sede. En mi humilde opinión, debería hacer entender a estos hermanos suyos que no puede ganarse nada, en este momento, permaneciendo en posiciones intransigentes. El Santo Padre ya ha dado muchos pasos hacia ustedes; ahora son ustedes quienes deben dar algunos pasos hacia él.

Esto no significa ceder en los principios; porque, si realmente les preocupa la suerte de la Iglesia, no hay nada mejor, para hacer valer aquellos principios, que la Iglesia misma. Permaneciendo afuera, ustedes dejarían a la Iglesia en manos de aquellas fuerzas destructivas que, poco a poco, la están llevando a la ruina. Mientras ustedes rechacen el Concilio, estas fuerzas tendrán una excusa para decir: “¿Ven? Ellos están fuera de la Iglesia, porque rechazan el Concilio; nosotros somos la verdadera Iglesia porque aceptamos, defendemos y realizamos el Concilio”. Si también ustedes aceptan el Concilio, aquellos quedarán desconcertados; y, en ese punto, se revelará quién es verdaderamente católico y quién no lo es; quién interpreta el Concilio a la luz de la Tradición y quién lo interpreta ideológicamente, apelando a su supuesto “espíritu”.

Esto no significa tampoco traicionar la herencia del Arzobispo Lefebvre. Usted sabe mejor que yo que vuestro Fundador participó en el Concilio, dando una notable contribución a las discusiones y a la elaboración de sus documentos, los cuales aprobó y firmó en su totalidad. ¿Por qué? ¿No se daba cuenta de la ambigüedad en ellos contenida? Evidentemente esperaba que se pudiese dar una interpretación ortodoxa. Fue sólo cuando vio que la interpretación y la aplicación del Concilio se habían convertido en monopolio de los modernistas cuando endureció sus posiciones. Estoy convencido de que, si hubiese visto que había espacio en la Iglesia para continuar sus batallas desde el interior, no habría llegado nunca a una ruptura con la Sede Apostólica. Ahora que este espacio existe, y es el mismo Sumo Pontífice quien lo ofrece, me parecería absurdo no aprovechar esta ocasión irrepetible. Se trata de elegir entre permanecer en el seno de la Iglesia y desarrollar allí un rol, ciertamente difícil pero precioso para la salvaguardia de la Tradición y la revitalización de la Iglesia misma, o preferir permanecer al margen o incluso fuera de la Iglesia, con el riesgo de transformarse en el sarmiento separado de la vid, destinado a secarse.

Excelencia, discúlpeme si me he permitido intervenir sobre estas delicadas cuestiones. Le puedo asegurar que, de mi parte, no hay ninguna pretensión ni ningún interés, sino sólo el deseo de ver el restablecimiento de la plena comunión en la Iglesia. La Iglesia tiene necesidad de ustedes y ustedes tienen necesidad de la Iglesia.

Aprovecho la ocasión para confirmarme, con sentimientos de distinguido respeto, de Vuestra Excelencia Reverendísima devotísimo,

Giovanni Scalese, CRSP

martes, 4 de agosto de 2009

Otra carta para el Wanderer, con respuesta


Don Wanderer:

Hace un par de días empecé a leer su página, y la verdad que me parece sencillamente impresionante.

Hasta ahora venía leyendo a diario a Panorama Católico Internacional, y tenía lo que Marcelo Gonzalez decía como la voz de la verdad católica en nuestro tiempo. Como dice la entrada sobre los nuevos Midas. Jaja. La verdad, no me gustaban y no me gustan de ahí varias cosas que en otro momento puedo contarle.

Ahora que leo la suya, me paso de bando.

Leo lo que dicen los posts y los comentarios, y me parece leer mi misma vida espiritual. O lo que esta quiso ser.

Te cuento que tengo 33 años y fui seminarista en una diócesis del GBA.

Empecé a los 16 años con dirección espiritual con un sacerdote diocesano muy bueno. Como sabemos, a esa edad la mínima sugerencia de régimen de vida espiritual uno la toma como Palabra de Dios. o sea que si bien no me mandaron usar el "estadillo", yo mismo sin saberlo me lo autoimponía.

De ahí al Seminario. En el seminario obviamente un régimen de vida espiritual marcado.

Y siempre mirando con admiración a los hardliners: Opus Dei, Legionarios de Cristo, IVE. Miles Christi creo que no existía aun o no era conocido.

Ahora, años después, me estoy acercando a la liturgia de San Pio V gracias a este gran Papa, al Motu Propio, al levantamiento de las excomuniones, etc... Y volviendo a la dirección espiritual y confesión frecuente. Casado, con dos hijos.

Es verdad que uno prueba en carne propia las falencias de esos regímenes de ascética. Se ve que Dios no se nos da por ahí. Y más aun, que uno cada tanto tiene una experiencia de la Gracia en serio, y que no se nos dio por haber usado cilicios, ni haber ayunado ni nada, sino que, justamente, se nos dá Gratis (gracia). Sin embargo, tengo algunas tesis que quisiera debatir con Ud:

1. Si uno no hace esa experiencia de ascética, digamos, jesuítica, me parece difícil que uno pruebe la gracia. No porque la gracia se nos dé ahí, sino porque esta ascética "jesuítica" tiene por finalidad mostrarse insuficiente y ahí Dios viene y te ilumina. Como la Ley de Moisés, que lo que quería hacer era encerrarnos a todos en el pecado como dice San Pablo.

2. Si uno quiere ir a algún lugar a escuchar la doctrina católica, tiene que caer en algún hardliner. Tanto desde la dogmática como desde la moral, hasta la espiritualidad. Sobre eso, hacer comentarios, matizar, relativizar, etc... Pero no podemos negar que entre ir al IVE o a la comunidad de San Egidio uno iría al IVE.

3. Esto no quiere decir que los fundadores de esas comunidades sean santos. Solamente que enseñan la verdad católica tradicional independientemente de sus cualidades personales. Como se dice, Dios escribe derecho en renglones torcidos. Y muchas veces estos fundadores son instrumentos de Dios, aunque personalmente sean vanidosos, manipuladores, etc... Lo cual no me consta, lo digo en base a lo que leo en su blog.

4. Es muy difícil hacer una comunidad de "la verdad pura" tipo P. Castellani. Lo que sería la Iglesia de los primeros discípulos.

Bueno, otra vez sigo. Espero no haberle dado largas como dicen los gaitas.

Muchas gracias por su blog, es interesantísimo ver como la tecnología del malvado S XXI puede juntar a las almas y servir a Dios.

Cordialemente,

J.

Estimado J., ex-seminarista:

Le agradezco su mensaje, y le sugiero que agradezca a Dios por haber dejado a tiempo el seminario. Tomó una decisión saludable, a la vista de los tiempos.

No soy nadie para dar consejos, y mucho menos espirituales, pero ya que me pregunta, le doy mi opinión.

1. Hay cierta contradicción en su argumentación. Ud. plantea que es necesario que yo haga algo – ascética jesuítica – para recibir la gracia. Pero como Ud. bien dice más arriba, la gracia es regalada, y no viene como respuesta necesaria a una acción mía. La gracia, o el Espíritu, es el Espíritu, y Dios es Dios. Se da cuando quiere y a quien quiere.

Pero, cuidado. La idea no es que no haya que hacer ascesis, o sufrir de algún modo. San Pedro tiene una expresión muy significativa: “Hemos sido llamados a obrar el bien sufriendo con paciencia”. Es decir, nuestra vida de cristianos es una vocación al sufrimiento; así de simple, y de terrible.

Pero la cuestión radica en la hermenéutica que hagamos de ese sufrimiento. Una, es la interpretación jesuítica, con la que no acuerdo, y que consiste en centrarse en el “yo sufro” o en “mi voluntad me lleva al sufrimiento” y, así, con el esfuerzo de mi voluntad, o de mi yo, podré salvarme.

La fe cristiana, sin embargo, nos hace desesperar de nosotros mismos a fin de poner todas nuestras esperanzas en la intervención de Cristo. Pero no se trata de no actuar y no hacer nada, cayendo en un quietismo, sino que el Señor nos hace desviarnos de nosotros mismos y tornarnos a Él, a fin de que pongamos en Él la fuerza de nuestro actuar, que nada, absolutamente nada de nosotros, nos podría dar. El sufrimiento, entonces, no es más que un arrojarse en Cristo, ciegamente, sin confiar en nada en nosotros. Y ese salto da vértigo, y asusta. Pero eso es la fe. Es luz, y es oscuridad. Es vida, y es muerte. Lo dice muy bien Castellani.

2. Tiene razón. Yo mismo muchas veces caigo en las misas de los lefe e, incluso, he ido a varias misas kukusas. Siempre es mejor hacerse mala sangre por las predicaciones de un cura bobo pero piadoso, que por las de un cura bobo y hereje.

3. Dios utiliza como instrumentos a quien quiere. A un caballo, montado por San Pablo y del que se pegó un porrazo, a Stalin, que convirtió en mártires en muchos cristianos, a Pablo VI, que también martirizó a muchos católicos, y a Karloncho, que engatuza a jóvenes y familias excelentes. A Dios no le podemos discutir, aunque a veces hace cosas medio raras. Si no, pregúntele a San Roque que se hizo santo haciéndose el loco y mendigando por las calles y en las puertas de las iglesias de Roma.

4. No es difícil hacer una comunidad pura. Es imposible. Si no me cree, pregúntele a Fr. U.

Su amigo,

Wanderer.

sábado, 1 de agosto de 2009

Religión en las escuelas rusas

AICA publica la siguiente noticia:

Su Beatitud Kirill, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, y presidente ruso Dimitri Medvedev

Su Beatitud Kirill, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, y presidente ruso Dimitri Medvedev

Su Beatitud Kirill, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, se mostró satisfecho y alabó el anuncio del presidente ruso Dimitri Medvedev sobre la propuesta de introducir la asignatura de Religión en las escuelas rusas. Sin embargo el proyecto piloto prevé sólo enseñar cuatro credos entre los que no se incluye el católico.

No obstante, la medida también fue bien recibida por el arzobispo católico de la arquidiócesis Madre de Dios, en Moscú, monseñor Paolo Pezzi.

Medvedev dijo que los estudiantes menores de diez años de todas las doce mil escuelas de las 18 regiones rusas recibirán estas clases. Se les ofrecerá elegir entre estudiar la religión ortodoxa rusa, predominante en el país, el islam, el budismo o el judaísmo, o bien una visión de conjunto de los cuatro credos, o un curso de Ética secular.

La propuesta forma parte de un esfuerzo del Kremlin por enseñar a los jóvenes rusos moral después de un turbulento periodo de incerteza tras el colapso del ateísmo oficial de la Unión Soviética.

El patriarca Kirill, líder de cien millones de cristianos ortodoxos en Rusia alabó la propuesta: "Todas las preocupaciones que la sociedad expresó serán afrontadas por esta libertad de elección".

Pese a que en el país, Iglesia y Estado están oficialmente separados según la constitución postsoviética, la Iglesia ortodoxa rusa estuvo impulsando la idea de introducir la instrucción religiosa en las escuelas. Hace tres años, algunas regiones tomaron la iniciativa por su cuenta y pidieron cursos de Ortodoxia rusa.

Respondiendo a las preocupaciones de quienes no son religiosos y temen que este es un modo de imponer la religión de la Iglesia Ortodoxa, Medvedev dijo: "Los estudiantes y sus padres podrán elegir libremente", dirigiéndose a religiosos y funcionarios en su residencia fuera de Moscú.

"Toda coerción o presión será absolutamente inaceptable y contraproducente", añadió.

El presidente también insistió en que la propuesta es "sólo" para cuatro credos, excluyendo otros, en particular el catolicismo y el protestantismo.

Medvedev dijo que el programa nacional empezaría el próximo año como un proyecto piloto en 18 regiones, abarcando a un 20% de las escuelas rusas.

Se calcula que en torno al 80% de los rusos son miembros de la Iglesia ortodoxa rusa. Según algunos estudios, un 15 ó 20% son practicantes.

Según declaró el arzobispo católico, monseñor Pezzi, el 23 de julio a Radio Vaticano "si en algunas escuelas la presencia de alumnos católicos fuera tan numerosa como para justificar la formación de un grupo, estamos evaluando pedir eventualmente esta posibilidad".

Según el prelado, esta iniciativa del gobierno responde a la emergencia educativa que vive el país, pues, según explicó, la opinión pública y los gobernantes se dieron cuenta "de la necesidad de volver a educar a los jóvenes, de volver a darles una propuesta convincente para la vida".+


Nota desiderativa: Esperemos que Mons. Pezzi no encuentre eco a su propuesta. Entre aprender el cristianismo ortodoxo con su bellísima liturgia y su doctrina clara e intocable, aunque cismática, y el cristianismo latino, con su liturgia montiniana, horrible y desacralizada, y su doctrina ambigüa y secularizada, no sé con cuál quedarse.

martes, 28 de julio de 2009

Diálogo con Ludovicus


Estimado amigo Ludovicus:

Le agradezco su comentario al último post. Como siempre, lúcido y agudo. Quisiera, sin embargo, terciar en algunas de sus afirmaciones y presunciones, pero antes, responderé brevemente a otros comentaristas.

No creo yo, como muchos sostienen, que la única alternativa al activismo contrarrevolucionario del p. Ramiro sea el quietismo o el cruzarse de brazos a esperar que venga la Parusía. Como afirmo al final de post, creo que la opción es preparar ese reinado que está ya presente entre nosotros en aquellos que nos han sido dados, sean éstos los fieles del cura, los hijos del padre, los amigos del amigo o los alumnos del profesor. ¡Y vaya que esa tarea no es quietismo! Pareciera que para muchos la única tarea posible es la que tiene resonancia pública y resultados inmediatos y espectaculares. Por el contrario, el trabajo del Espíritu del que alguna vez podemos ser instrumentos, es silencioso y, por lo general, pausado y progresivo.

Al amigo Carlista en primer lugar lo corrijo: el p. Ramiro no es S.J., a Dios gracias. Si lo fuera, no sería noticia en la revista 23...

En segundo lugar, un cura puede salvar almas y formar una comunidad católica en un pueblo perdido, como muchos lo hacen, sin mandar a sus fieles a pelearse con doña Carlotta o a inundar un cine. Insisto, eso no sirve para nada más que para alimentar a las fieras.

Pero vayamos a lo nuestro, amigo Ludovicus. No me parece que el tema esté en el centro del Vaticano II; me parece que es mucho más viejo que eso. Ya habrá visto Ud. que yo no soy un defensor del Concilio de los ´60, sino todo lo contrario. Sin embargo, debo admitir algo: los Padres del Concilio se dieron cuenta que estaban frente a un gozne de la historia y que la Iglesia, frente a tal “signo de los tiempos”, debía reaccionar de alguna manera. Y reaccionaron. Para el carajo.

Veámoslo en paralelo con el Concilio de Trento. También en esa ocasión los Padres se dieron cuenta que estaban en el gozne, y su reacción fue cristalizar todo, para salvarse de la tormenta. Cristalizaron, entonces, la liturgia en el rito romano; la doctrina en el Catecismo Romano; la formación sacerdotal en los seminarios y convirtieron a los jesuitas en abanderados de la nueva religión esclerotizada. No fue una buena solución. ¿Cuál habría sido la alternativa? No lo sé.

Era tan fuerte la inercia de los siglos dorados del cristianismo, que ese catolicismo tridentino subsistió cuatrocientos años más, bastante bien, aunque con una progresiva decadencia que, junto a la descristianización de la sociedad, comenzó a hacer mucha agua con la Revolución Francesa. Pío VII asiste a la coronación de Napoleón, por ejemplo, desorientado o asustado, no lo sé. Y la cuestión se puso peor en la segunda mitad del siglo XIX, cuando vemos a los papas dar manotazos porque, me parece a mí, no sabían muy bien como salvar la situación. Pio IX con el Syllabus, León XIII con la Rerum Novarum, San Pío X con la Pascendi. Pío XI y Pío XII cedieron mucho más. Me parece que ya no tenía margen. El escenario era una religión gravemente enferma y un mundo cada vez más agresivo. Después vino Juan el Gordo, que levantó la compuerta y convocó al Vaticano II.

Por eso creo, Ludovicus, que la cuestión es mucho más vieja que el Concilio. Quizás allí se patentizó de un modo más claro, pero venía de antes. La cuestión del “reinado social de Cristo”, entendiendo por tal un Estado confesional a lo Franco, como lo entienden la mayoría de nuestros amigos nacionalcatolicistas, había dejado de ser viable en el siglo XVII. Y no sólo por una cuestión de presión externa, sino de descomposición interna. Vea si no, lo que pasó con la España franquista. ¿Qué logró el Generalísimo? Nada, y menos que nada. Apenas muerto él, se vino todo abajo, en menos de un año. Y no fue solamente por acción de Pablo VI y el cardenal Villot o el cardenal Tarancón, aunque estos malvados tuvieron mucho que ver, sino porque el mundo era otro, y la Cristiandad ya no podía ser el armado triunfalista de la Edad Media.

Yo creo que la cuestión ahora es armar la Cristiandad interior, que ya existe y está entre nosotros.

Y eso no es quietismo, ni es sentarse a esperar la Parusía.

miércoles, 22 de julio de 2009

Asombroso

Hoy todos los medios del mundo - desde la BBC hasta Canal 26 - anunciaban, con grandes y catastróficos titulares, que la gripe A ya había matado a casi 700 personas en todo el planeta.
¿Creen que la gente es tan estúpida o, efectivamente, la gente es tan estúpida?
Es fácil hacer la cuenta: la gripe comenzó en marzo. Es decir que, en 5 meses, ha matado a 700 personas, lo cual corresponde exactamente al 0,00001% de la población mundial.
En 2008 la gripe estacional, o común y corriente, mató al 0,0062 % de estadounidenses y al 0,0083 % de argentinos.
Conclusión silogística: la gripe porcina es 80 veces más benigna que la gripe estacional.
No soy especialista; solamente trato de preservar algo de sentido común.
Por suerte, este videito comparte mi teoría. En la gripe porcina algo huele mal.


domingo, 19 de julio de 2009

Dos banderas

Por mis propias limitaciones, jamás me aprovecharon la docena y media de Ejercicios Ignacianos que hice en mi primera juventud. Las meditaciones me dejaban tan seco como un palo, los silogismos que me sugería el predicador no concluían más que en arideces y las cronometradas conferencias, vía crucis y demás ejercicios de piedad pasionaria me aburrían preocupantemente.

Lo que más me pasmaba era que la famosa meditación de las dos banderas no me decía nada, ni me impulsaba a nada. Comprendía, por cierto, los razonamientos y el texto ignaciano, pero al final, no me movía a nada. Veía, en cambio, que mis amigos y co-ejercitantes salían eufóricos a enfrentar al Mandinga con acciones heroicas como pintarrajear un busto de Sarmiento, romper la vidriera del quiosco que vendía revistas pornográficas o cortar la electricidad del cine donde proyectaban una película blasfema. Muchos de ellos, incluso, sacrificaban a su novia y a su futura vida matrimonial en aras de las sublimidades del sacerdocio que los convertía, ipso facto, en altos oficiales del ejército de Nuestro Señor.

Pero a mí, eso de la lucha y de los dos ejércitos, nada de nada... y yo sabía que algo de eso había en la vida espiritual, pero era incapaz de incorporarlo en la lógica ignaciana.

Y no ha sido un jesuita, sino un oratoriano, quien me lo ha enseñado. Un solo párrafo de Louis Bouyer me ha bastado para entender. Aquí va, con perdón de mi pobre traducción:

“El combate de Cristo no es un combate de hombre a hombre, sino que tiene lugar en el hombre, entre la carne y el Espíritu. La carne, que no es el cuerpo solamente, sino la degradación de todo lo humano, cuerpo y alma, cuando está bajo la influencia del demonio. El Espíritu, que no es nuestro espíritu, sino el Espíritu divino con el que Cristo fue ungido, según su nombre de guerrero, y ungido por él de poder”.

- Pero don Wander, fíjese que este ex-pastor luterano está diciendo que no soy yo el que pelea sino el Espíritu Santo. ¿Qué mérito tiene eso?

- ¿Es que Ud. se cree capaz de vencer a la carne?

- Claro que sí, como la vencieron los santos: con ayuno, silicio y piedritas en los zapatos, más el rosario, la comunión frecuente y la dirección espiritual. Y también la medalla de San Benito, el escapulario y un pomo de agua bendita para cuando vienen las tentaciones...

- ¿Y qué tal le fue en la lucha, munido con tantas armas?

- Y..., vamos tirando. Vio como es esto, a veces se gana, y a veces se pierde. El demonio es muy mal tipo. Hay defectos que tengo desde años y años, y no hay caso..., no los puedo vencer. ¡Y eso que me paso todo el día peleando!

- Ese es su problema. Deje ya de pelear. Su humanidad caída no puede vencer.

- ¡Eso es luteranismo! Eso le pasa por incursionar en autores peligroso como Bouyer.

- No se asuste. No tenga miedo. No pelee, rece, y el Espíritu Santo lo librará de esa maldita inclinación. Esa temible propensión, combatida en vano durante años, desaparecerá un día insensiblemente, discretamente, de modo que podrá decir sencillamente que fue, que ya no es más, porque como respuesta a su oración, se le ha sencillamente borrado, tachado del orden de la existencia. Y esto no es mío. Es de Frank-Duquesne.

- Ya viene Ud. a enseñarme ahora con un judío converso. Acabemos, que se me hace tarde la meditación y después no puedo terminar tranquilo el ramillete espiritual.