martes, 30 de abril de 2019

Acaba de aparecer

sábado, 27 de abril de 2019

¡Gloria al mártir riojano!


Se llamaba Antonio Torino, fraile mercedario oriundo de La Rioja.
Era hijo del Capitán Don Gaspar Torino Ocampo, artífice material del primer templo de los Padres Mercedarios levantado en tierra riojana, a partir del año 1617. De ese templo salieron nutridas vocaciones de misioneros, entre las cuales estuvo la del propio Fray Antonio.
Sus superiores le encomendaron la evangelización de los indios Atiles, tristemente famosos por sus borracheras e idolatrías, y por los actos de extrema crueldad que eran capaces de ejecutar.
Fray Antonio Torino confió en Dios y se lanzó nomás hacia Los Llanos, con su misal, su rosario y su Cruz de madera. Buscando la redención de aquellas almas que le fueron confiadas.
Los conquistadores españoles le habían advertido que su vida corría serios peligros entre esa gente. Pero el cura les predicaba la Verdad, oportuna e inoportunamente, a la par que procuraba hacerlos desistir de sus vicios, dando ejemplo él mismo de innúmeros actos de piedad, de devoción y de servicio.
Un día, a comienzos de la tercera década del mil seiscientos,en medio de las terribles guerras calchaquíes, los Atiles quisieron obligar a Fray Antonio a presidir una de sus habituales orgías. Se negó con santa ira, quebrando con un palo las enormes tinajas de chicha con la que se embriagaban y cometían sus desmanes después.
Los indios se arrojaron sobre él,lo desnudaron de su hábito misionero, lo colgaron de un algarrobo (venerado hasta el siglo XVIII) y lo descuartizaron vivo, juntando en la sotana del mártir su propia sangre que usaron después para sus diabólicas supersticiones.
Murió perdonando a sus asesinos y pidiendo su conversión.
El Capitán Gregorio de Luna y Cárdenas, se juramentó ante sus soldados para que el martirio y la gloria de Fray Antonio Torino no quedaran en el olvido.
Cativas y Asimín, los principales verdugos, huyendo de la justicia humana, fueron alcanzados por la justicia divina, siendo abatidos ambos por un rayo en medio de la fuga.

Fray Antonio Torino, primer y genuino mártir riojano, verdadero santo misionero, apóstol entre los más necesitados, servidor de pecadores y testigo de la Fe Católica: ruega por nosotros.
Fray Antonio Torino, fiel a Cristo, a la Iglesia, a la España Misionera y la argentina tierra riojana que te dio la vida, intercede ante el Dios de los Ejércitos para que castigue ejemplarmente a los nuevos Cativas y Asimín -hoy sentados perjuramente en la Sede Romana- disipando las mentiras, los fraudes,las estafas y las ignominias del falso martirologio riojano que hoy quieren imponernos.
Fray Antonio Torino, nosotros, los católicos argentinos, honramos tu vida, celebramos tu muerte santa cuanto heroica y proponemos tu figura como arquetipo emulable y digno de veneración.

Antonio Caponnetto

Dos obispos argentinos

jueves, 25 de abril de 2019

Thomas Merton, un monje con doble vida



El último número de la revista Harpers publicó una interesante reseña de Garry Wills sobre un libro que acaba de aparecer sobre Thomas Merton, en el que su autora intenta reivindicar la figura del famosos monje.  Wills, basado en los diarios de Merton y otro tipo de documentación confiable como el testimonio de sus propios hermanos en religión, pone en claro quién fue realmente este personaje.
En los ’50 y ’60, Merton era el gran gurú de la espiritualidad católica. Monje trapense en la abadía americana de Getsemaní, vivió varios años de su vida en una ermita dentro del mismo terreno del monasterio, a fin de llevar una vida más retirada y entregada a la oración. Para multitudes, era un santo viviente, y hacia él peregrinaban en busca de consejos y palabras de sabiduría. Sus devotos se contaban por miles. Y razón tenían, porque sus libros mostraban un alma espiritual y transparente. 
Su obra  más conocida, La montaña de los siete círculos vendió más de seiscientos mil ejemplares. Es un buen libro. Cuando lo leí hace mucho años, recuerdo que me gustó y que me hizo mucho bien.
A partir de ese éxito inicial, Merton comenzó a escribir dos o tres libros por año, a dar conferencias y charlas espirituales, a encontrarse y cartearse con personajes reconocidos del mundo de la política y de la farándula, y a ofrecer reportajes y entrevistas. Si Merton hubiese vivido en nuestros días, no hay duda que habría sido un asiduo participante en las redes sociales. El mensaje siempre era cristiano, con permanentes referencias evangélicas y a los místicos cristianos más reconocidos. Y todo con un innegable talento. Porque Merton era muy talentoso, poseedor de una enorme cultura y formación literaria, que lo convertían en un personaje irresistible.
Algunos de sus contemporáneos, sin embargo, comenzaron a notar que no era muy normal que un monje que se proclamaba dedicado a la vida silenciosa y a la contemplación, pasara su tiempo en actividades de alta exposición pública que, necesariamente, rompían su pretendida vida monástica. Uno de ellos fue el novelista inglés Evelyn Waugh que, habiendo tenido una excelente relación con Merton, le escribió con su particular espíritu irónico, advirtiéndole que, como monje, debía dedicarse más bien a ordeñar vacas y hacer licores, en vez de promoverse como gran maestro espiritual. Y parece que la sugerencia no le cayó muy bien al monje que le respondió que mejor era que se dedicara a rezar el rosario todos los días y no a escribir a religiosos.
La sorpresa llegó cuando el mundo vino a saber que Thomas Merton había tenido una amante durante varios años. En 1966 debió someterse a una cirugía y, estando hospitalizado, se enamoró de una enfermera: Margie Smith. Él tenía cincuenta y un años; ella, veinticinco. Utilizaba excusas para salir del monasterio y poder encontrarse con ella y, cuando no podía, era ella la que se escabullía dentro de la abadía para verlo. Escribe Merton sobre uno de estos encuentros: “Bebimos nuestro vino, leímos poesía, hablamos de nosotros pero, sobre todo, hicimos el amor, y el amor y el amor”. Enterado el abad del affaire amoroso, le exigió al monje que terminara la relación. 
Merton reaccionó diciendo que eran todas mentiras ocasionadas en que su superior “estaba celoso” de sus éxitos. Ninguno de sus seguidores quería creerlo. ¿Cómo era posible que el famoso padre Thomas hubiera llevado una doble vida? ¿Cómo podía aceptarse que alguien capaz de escribir maravillas espirituales tan profundas pudiera estar tan profundamente atado a las pasiones? ¿Cómo dar crédito a las versiones que indicaban que, en realidad, había sido un farsante? El maestro de miles de cristianos, a quienes guiaba en la vida de oración y de virtud, no sólo había quebrantado sus votos sino que vivido ofreciendo de sí mismo una figura mentirosa y farisaica. Se atribuyeron los rumores a una cuestión económica, pues los derechos de sus libros generaban millones. Otros, más espirituales, hablaban del demonio que, retorciéndose en el infierno por el enorme bien que hacía Merton con sus escritos, había decidido atacarlo.
Luego de algunas idas y vueltas, Merton aceptó el hecho ante su abad y prometió corregirse, pero lo cierto es que siguió viendo a la enfermera Smith cada vez que podía. Y sobemos cómo  terminó todo: el monje murió electrocutado a fines de 1968 en la bañera de un hotel de Tailandia.
A pesar de que las evidencias se impusieron, todavía hay quienes siguen justificando la doble vida del monje: “[Su relación con Margie Smith] fue genuina, amante y transformante, aunque después se reveló imposible", continúan afirmando sus defensores.
Cosas veredes...

miércoles, 24 de abril de 2019

No quiero que me maten

Hasta bien entrado el siglo XX se consideraba que la muerte era el cese de la actividad cardíaca (ausencia de pulso), ausencia de reflejos y de la respiración visible. A comienzo de los ’70, sin embargo, y a fin de posibilitar el transplante de órganos, la muerte se pasó a definir como la ausencia de actividad bioeléctrica en el cerebro, es decir, como la desaparición completa de la función cerebral, aunque persista el mantenimiento de la contracción cardiaca. 
Siempre me pareció sospechoso el cambio: los médicos, a fin de asegurarse legalmente que no asesinaban a nadie, presionaron el cambio de la definición legal de muerte a proseguir con sus prácticas. Concretamente, aunque una persona esté viva -su corazón late y, aunque ventilado, respira- puede ser diseccionado y sus órganos ablacionados a fin de, misericordiosamente, salvar otras vidas. En Argentina, a partir del año pasado, todos los habitantes son donantes potenciales de órganos, a no ser que manifiesten lo contrario. 
La última semana, sin embargo, han aparecido noticias que cuestionan aún más seriamente la definición de “muerte cerebral”. En el primer caso, científicos de la Universidad de Yale lograron revivir parte del cerebro de un cerdo después de cuatro horas de muerto: Restauran algunas funciones en el cerebro de un cerdo horas después de la muerto. Se aisló el cerebro de un cerdo postmortem obtenido de una planta empacadora y se distribuyó una solución química especialmente diseñada. Según los científicos, se observaron muchas funciones celulares básicas, una vez que se pensaba que cesaban segundos o minutos después de que cesaran los flujos de oxígeno y sangre.
En el segundo caso, una mujer recuperó la conciencia plena luego de pasar veinticuatro años en coma, cuando escuchó discutir a su hijo y creyó que estaba en peligro. 
Con lo cual, creo que no cabe duda que la muerte ocurre efectivamente cuando cesa la actividad cardíaca y, consecuentemente, para transplantar órganos es necesarios matar a una persona que, aunque se encuentre en estado terminal, está aún viva. Y yo, si llegara el caso, no quiero que me maten y me arranquen alegremente el corazón, los pulmones, los riñones y demás vísceras.
Acabo de realizar el trámite para advertir al Estado nacional que no soy donante de órganos. Es muy sencillo, se hace en menos de cinco minutos y le recomiendo hacerlo a todos.
En primer lugar, es necesario tener una cuenta en Mi Argentina. Se saca muy rápidamente y con apenas unos datos mínimos. Luego, se ingresa a este portal y desde allí, haciendo click en “Web del trámite”, se completan los datos. Inmediatamente después, se recibe el mail confirmando la voluntad expresada. 

martes, 23 de abril de 2019

¿Merecemos Notre Dame?



El Lunes Santo, cuando nos enteremos que la catedral de Notre Dame de París había comenzado a arder, que las llamas no cedían y que era posible que, en pocas horas, desapareciera ese templo tan icononico para el cristianismo, a mi y a muchos amigos nos embargó una extraña tristeza, casi el mismo sentimiento que experimentamos cuando muere alguien cercano.  Un hecho extraño que merece algunas reflexiones:
  1. Las iglesias, como cualquier otro edificio, a veces se queman. Esta aclaración casi innecesaria viene a cuento porque, lo ocurrido con Notre Dame, tiene similitudes con lo ocurrido en 1823 con la basílica de San Pablo Pablo Extramuros de Roma. Ese año se incendió y quedó completamente destruida. El fuego se llevó un templo que tenía 1423 años de historia. Y todo comenzó por una circunstancia curiosa: mientras unos obreros arreglaban el techo. Me parece, entonces, que hay que ser cuidadosos en encontrar con demasiada facilidad significados sobre o infra naturales sobre la cuestión.
  2. Que el fuego de Notre Dame haya sido causado por algún grupo de musulmanes o infieles atrae a muchos de nosotros. Es la explicación perfecta que viene a confirmar todas nuestras teorías conspiracionistas y apocalípticas, pero no creo que sea el caso. Más allá de que la investigación está aún en curso y no parece sencilla, lo cierto es que cuando alguien quiere hacer un atentado, busca sobre todo, y a diferencia del Padrino, que no parezca un accidente. Gastarse en atentar contra tamaño símbolo del occidente cristiano para que después todo el mundo crea que fue un incendio accidental, no tiene sentido. Lo primero que quiere el terrorista es que se reconozca su trabajo, y no parece que este sea el caso.
  3. Sin embargo, y aunque el incendio felizmente no haya devorado todo y que no estemos frente al caso de un atentado sino de un simple accidente, lo cierto es que las llamas coronando Notre Dame mucho se asemejaban a las lenguas de fuego del Dragón inmemorial enseñoreándose del lugar santo. Con la catedral se quemaban los últimos restos de la Cristiandad, la misma que la había levantado, piedra sobre piedra, hace más de ochocientos años. Fue la dramatización de lo que está ocurriendo en el mundo y en la Iglesia desde hace décadas, y probablemente con el paso del tiempo, si es que todavía hay tiempo para pasar, cobrará todo su significado. Cuando un caudillo de una pequeña tribu germánica -los hérulos- llamado Odoacro, desposeyó en 476 en Ravena a un jovencito llamado Rómulo Augústulo de sus atributos imperiales, pocos se dieron cuenta que el hecho dramatizaba el cambio de una época; que el mundo ya era definitivamente otro: el imperio romano de occidente había dejado de existir. ¿Será análogo a lo ocurrido en Notre Dame?
  4. El caso se podría considerar también desde otra perspectiva. ¿Vale la pena que Notre Dame se mantenga en pie? No hay duda de que la respuesta debe ser afirmativa si lo vemos desde un punto de vista artístico o histórico, pero desde lo religioso, ¿es también así? ¿No es, acaso una ficción? ¿No es, quizás, un signo que ya no significa nada que, en medio de una ciudad apóstata como París se levanté un lugar sagrado como Notre Dame? Europa, que creció a la sombra de los templos cristianos, ha abominado de la fe y adora sin saberlo a los mismos ídolos que adoraban sus antiguos pobladores, travestidos ahora en el dinero y los placeres, mientras se ha dejado invadir irreversiblemente por oscuros personajes que adoran fanáticamente a un dios falso y a un profeta diabólico. 
  5. Hace un siglo habríamos respondido: “Está bien; puede que el mundo ya no merezca Notre Dame, pero la Iglesia sí la merece”. ¿Podemos decir lo mismo ahora? La iglesia que se vendió en los ’60 a los dictados del mundo y que tiró por la borda el culto al verdadero Dios para reemplazarlos por un culto que tiene más de humano que de divino y que, en los últimos años, se ha revelado como habitada por sacerdotes que no solamente violaron sus votos sino que, perversamente,  profanaron los cuerpos de los pequeños que se habían confiado a su cuidado y magisterio. 

La pregunta, por eso, no es ociosa: ¿merecemos Notre Dame?

lunes, 22 de abril de 2019

Los mártires de Sri Lanka



La imagen de Cristo Resucitado gloriosamente manchada con la sangre de los nuevos mártires ceylandeses es más elocuente que un largo discurso sobre el martirio. Ellos han dado con su vida efectivo testimonio de nuestra fe. 

"Haciendo memoria de nuestra Santísima Señora, la inmaculada, bendita y gloriosa Madre de Dios, de los mártires de Sri Lanka y de todos los santos, encomendémonos a nosotros mismos, y los unos a los otros y nuestra vida entera a Cristo Dios".

Liturgia de San Juan Crisóstomo

sábado, 20 de abril de 2019

Cristo ha resucitado


Χριστὸς ἀνέστη ἐκ νεκρῶν,
θανάτῳ θάνατον πατήσας,
καὶ τοῖς ἐν τοῖς μνήμασι,
ζωὴν χαρισάμενος!

Christus resurrexit a mortuis,
Morte mortem calcavit,
Et entibus in sepulchris
Vitam donavit.

Cristo ha resucitado de los muertos,
pisoteando la muerte con la muerte,
y a los que están en los sepulcros
dando la vida.

viernes, 19 de abril de 2019

Ave crux




O Crux ave, spes unica,
hoc Passionis tempore!
piis adauge gratiam,
reisque dele crimina.

¡Salve, oh cruz, nuestra única esperanza,
En estos tiempos de Pasión!
acrecienta la gracia a los justos,
y borra a los pecadores sus culpas.

San Venancio Fortunato
Himno cantado por primera vez en Potiers, en 569

lunes, 15 de abril de 2019

Poco y tarde

Apareció el jueves una extensa carta del Papa Benedicto XVI sobre el tema de los abusos sexuales en la Iglesia, que no hace más que extenderse y agravarse. Los medios de prensa del mundo, como no podía ser de otro modo, se han dedicado a criticar la carta no solamente por lo que dice sino también porque la consideran un reto a la autoridad del Francisco, el Papa en ejercicio, al que Ratzinger no priva de dedicarle algunas municiones más o menos sutiles.
No voy a repetir acá las críticas que se hacen al documento que en muchos casos son razonables. Propongo, en cambio, algunas reflexiones:
1. Una primera impresión lleva a pensar que se trata de la reacción de Ratzinger ante el mamarracho de la reunión de febrero en la que Bergoglio con los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo, “resolvieron” el tema de los abusos. Se trató de un encuentro vergonzoso del que emergió una sola medida concreta: la efectiva protección de los niños (inexistentes) que viven en el estado de la Ciudad del Vaticano!
2. Es un documento muy desigual en cuanto a la calidad -se mezclan anécdotas personales con reflexiones teológicas, por ejemplo- y notablemente duro. Benedicto XVI reparte críticas a la apertura sexual de los ‘60, al Concilio Vaticano II a y los teólogos disidentes,  identificándolos y nombrando a algunos, entre ellos a Kasper, como promotores de una nueva moral en la Iglesia. Contrariamente a los primaverales aires optimistas que todavía algunos se empeñan en sentir, afirma que “la Iglesia está muriendo en las almas”.  Llega incluso a referirse a la “misericordia de Dios” que le envió la muerte a un teólogo suizo antes que escribiera un libro sobre la encíclica Veritatis Splendor, lo cual nos habilita a recurrir a ese mismo Dios misericordioso a fin de suplicarle que se lleve cuanto antes de este mundo a un personaje que está haciendo a la Iglesia un daño mayor que el que habría hecho el cura helvético. Quizá haya sido eso mismo lo que insinúa Ratzinger en su carta. 
3. La lectura de la carta me llevado a reconsiderar la opinión negativa que tenía de uno de los aspectos del pontificado de Juan Pablo II, cuyo magisterio estuvo enfocado preferentemente a cuestiones morales, dejando de la lado las dogmáticas. “El problema de la Iglesia es dogmático”, decía y digo yo, “la moral viene después”, y la verdad es que ya no estoy tan seguro. Las críticas habituales que se hacen y que yo mismo hice a la insistencia de la Iglesia durante los últimos siglos sobre las cuestiones morales, y concretamente sobre la sexualidad, y que parecían exageradas, a la luz de los últimos hechos, parecen más razonables. La moral no es una consecuencia directa del dogma. Dicho de otro modo, la lex orandi y la lex credendi no siempre condicionan a la lex vivendi. Estamos asistiendo azorados a la revelación de nuevos casos de abusos monstruosos cometidos por quienes profesaban una ejemplar rectitud dogmática y se presentaban como místicos herederos de lo mejor del monacato cristiano. El sacerdote que no cultiva con virilidad las virtudes, por más tomista que sea,  por más latines que use y por más Padres que lea, no está libre de esta plaga.
4. Una de las críticas que con razón se hacen al documento ratzingeriano es que el Papa Emérito se aproxima al caso como un entomologo estudia una mariposa amazónica: acerca la lupa, descorre las alas, aumenta la luz. Y lo cierto es que Ratzinger detentó el poder directo sobre este tema durante décadas, primero como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y luego como Sumo Pontífice . Es verdad que en el ejercicio de este último cargo dio muestras de efectividad y de ponerle el pecho a las balas, pero no puede decirse lo mismo de lo actuado en su función anterior. El vivía en Roma, en la que la proliferación de sacerdotes y religiosos que practicaban alegremente su homosexualidad en conventos, colegios sacerdotales y universidad pontificias, era espeluznante. Todo el mundo lo sabía, y nadie hacía nada. Miraban para el costado. 
Hay que ser justo, sin embargo, y estimo que los esfuerzos del cardenal prefecto chocaban con la voluntad de Juan Pablo II, que prefería el encubrimiento a fin de salvar la imagen de la Iglesia, y del cardenal Secretario de Estado, Angelo Sodano, apodado La Gondolfliera, que estaba involucrado directamente en las redes homosexuales del clero y que aún hoy seguiría viviendo con su amante masculino en los jardines vaticanos, según lo revela el libro de Martel. 
5. Sin embargo, a mi entender, la gran falla del documento es que no hace la más mínima alusión a lo que a juicio de algunos amigos, que comparto, es lo más grave de toda esta situación: el encubrimiento practicado durante décadas por los obispos. En cierto modo, los abusos no son el problema, puesto que abusosadores y degenerados hay en todos los ambientes, y no solo entre las filas del clero. Lo gravísimo e indignante es que los obispos continúen encubriendo y ocultando esta plaga. Pareciera que los obispos no aprenden más y, ante esta situación, quizás tenga razón Ludovicus cuando afirma que dado que la Iglesia se ha revelado incapaz de tomar medidas eficaces contra lo que, además de pecado gravísimo, es un delito, debería pedir como en los viejos tiempos la intervención del brazo secular para que sea él quien con todo el rigor que merecen los crímenes, actúe.

jueves, 11 de abril de 2019

Una triste entrevista sobre los frutos del progresismo


Descubrí un extenso reportaje que le hizo hace algunos días Jorge Lanata a Teresa Riego y que pueden ver aquí.
Esta señora fue monja carmelita descalza en el convento de Córdoba durante treinta años y llegó a ser priora, pero a resultas de un proceso interior que está claramente marcado por el progresismo, salió, se casó y ahora es una mujer de su casa... y de su marido.
Es un reportaje que deja un gusto amargo. Se ve allí, en carne viviente, los frutos madurados por las cálidas brisas de la primavera conciliar. Teresa Riego, una mujer sin duda inteligente y coherente, es una de las manzanas más logradas de esa primavera, uno de los frutos más maduros del progresismo.
A lo largo de la entrevista, puede verse de un modo nítido cómo una joven con recta intención y profundo amor a Dios, ingresa a la vida religiosa, y cómo esa vida religiosa, pudriéndose de a poco al calor conciliar, la transforman en una monja que lentamente, como la iglesia de Éfeso, "dejó su primer amor" (Ap. 2, 4). Cuando el periodista la pregunta  si dejó de creer en Dios, ella responde que no, pero que comenzó a creer más en sí misma. En pocas palabras, dejó de elegir a Dios y comenzó a elegirse a sí misma.
Lo que más me llamó la atención es la respuesta que da a la pregunta de Lanata sobre si alguna vez fue feliz. Dice que sí, que muchas veces, y todas relacionadas con la vida comunitaria, como cuando comía mayonesa con las otras monjes en los almuerzos del mes de enero en el jardín conventual. ¡Qué triste! ¿Hacerse monja contemplativa para ser feliz solamente cuando está en recreación con otras monjas? Toda la espiritualidad cristiana, desde los primeros Padres a los grandes místicos modernos, afirman que la contemplación trae como fruto un gran gozo y paz espiritual. ¿Es que la hermana Teresa, a lo largo de treinta años de vida contemplativa, nunca conoció ese gozo, nunca contempló? Muy triste.
"Si volvieras a nacer, ¿volverías a ser monja?", le pregunta Lanata. "No. La vida tiene cosas muy lindas para ser disfrutada, como tener aventuras, viajar, conocer muchachos lindos, aprovechar los años en que se es buena moza...". 
Aversio a Deo et conversio ad creaturam

lunes, 8 de abril de 2019

Concilio Vaticano II, de Roberto de Mattei


Una de las visitas obligadas en Madrid es a la librería Neblí, en la calle Serrano. Allí estuve a fines de enero, en una mañana de frío y lluvia, y encontré que habían agregado un sector -isla, creo que le llaman- dedicado a todas las publicaciones de las ediciones Homo Legens, editorial que recomiendo vivamente. Y me alcé con varios tomos, entre ellos la traducción española del monumental libro de Roberto de Mattei Concilio Vaticano II. Una historia nunca escrita, que acaba de ser publicado.  Es un libro que debe ser leído, especialmente por sacerdotes y obispos. Un libro imprescindible. Con una documentación masiva, el autor demuestra lo que en realidad fue el Vaticano II, y así se explica fácilmente la crisis terminal por la que está atravesando la Iglesia.

En diciembre de 2016, publiqué aquí mismo una larga reseña del libro escrita por Jack Tollers que recomiendo releer. Por mi parte, agrego algunos comentarios: 

1: De Mattei demuestra clara e irrefutablemente y con recurso a documentos oficiales, que el Vaticano II fue manejado por un reducido grupo de obispos y sacerdotes hiper progresistas, con el apoyo tácito de Pablo VI, que no dejaron matufia por hacer para lograr que se aprobaran sus proyectos. Pero, reconocido esto, no podemos dejar de reconocer que en muchos de los veintiún concilios ecuménicos de la Iglesia, se dieron matufias similares. Recordemos algunos a vuelo de pájaro:
a. Constantinopla I: las matufias de macedionianos y egipcios, forzó la renuncia a la sede de Constantinopla y a la presidencia del Concilio, nada menos que del gran San Gregorio Nacianceno, el Teólogo.
b. Éfeso: las matufias de San Cirilo de Alejandría lograron que se condenara a Nestorio apenas iniciado el Concilio, antes de que llegara el acusado y que tuviera posibilidad de defenderse, como corresponde por el derecho y como había sido la orden del papa Celestino.
c. Constantinopla II: las matufias a las que varios Padres echaron mano a fin de que las condenas a algunas proposiciones consideradas origenistas fueran aprobadas entre gallos y medianoche.
d. Vaticano I: las matufias del cardenal Manning y otros varios, apoyados por Pío IX, que lograron forzar la aprobación de la infalibilidad pontificia a pesar de que la tercera parte de los Padres se retiraron del aula conciliar y una buena parte votó en contra o iuxta modum. Y si no me creen, pregúntenle al cardenal Guidi su opinión y su experiencia, y siendo como era el representante de la escuela tomista en al Aula conciliar. 

2: De Mattei identifica y describe acertadamente los dos bandos: la Escuela Romana, que era la postura conservadora, y los progresistas, que no eran más que los herederos del Modernismo, y la enorme mayoría de Padres en el medio, que se pasaron el Concilio en Babia y votaron las propuestas que tenían mayor poder de presión o de marketing, sin entender mucho de lo que se trataba.  Sin embargo, De Mattei no cae en la cuenta, o no quiere admitir, que los integrantes de la Escuela Romana eran sólo un poco menos modernos que los modernistas, pero de ninguna manera encarnaban la Tradición. Ellos mantuvieron las posturas que se elaboraron en Roma en la segunda mitad del siglo XIX, al calor del larguísimo pontificado de Pío IX, y que tuvieron por objetivo fortalecer desmedidamente el papado romano ad intra, a fin de compensar la pérdida de los Estados Pontificios y la influencia de la Iglesia católica ad extra. 

3: Esta postura ultramontana terminó jugando una pésima pasada a los Padres más conservadores, que el mismo de Mattei, a pesar de su confeso ultramontanismo, no puede dejar de reconocer: gran parte de su falta de resistencia e incluso de su conducta errática, se debe a la veneración casi latréutica que tenían por el Papa, fruto del Vaticano I y la inoportuna declaración del dogma de la infalibilidad, es decir, de los frutos de la Escuela Romana. Los mismos protagonistas declaraban que no podían ir hasta el final votando contra, o tratando de boicotear un documento que era querido por el Papa, aunque éste fuera Montini. Así se explica, por ejemplo, que el cardenal Siri siempre se haya “cortado solo” y haya rechazado toda actividad coordinada con el resto de los conservadores (nunca fue parte del Coetus) a fin de no caer en una posible “confabulación”, como si todo el Concilio no hubiese sido más que una confabulación de los progresistas, o que Mons. Lefebvre y varios epígonos más de la posición tradicional, hayan terminado votando positivamente la Dignitatis Humanae, el documento más nocivo de todo el Concilio.

4:  De Mattei no puede dejar de mostrar a cada paso su pertenencia a la TFP y, entonces, introduce aquí y allá citas de Plinio Correa de Oliveira, al que casi casi convierte en protagonista de la primera sesión del Concilio. A la vez, le otorga una importancia quizás exagerada a algunos obispos brasileños, como Proenca Sigaud que era parte de ese grupo. En el mismo sentido, vuelve una y otra vez sobre las cuestiones del comunismo y los mensajes de Fátima, dos de los núcleos delirantes de la TFP, dedicándole más espacio del que merecía. 

viernes, 5 de abril de 2019

El juego de las diferencias


En diciembre de 2015 denunciábamos en este blog la colonización episcopal que estaba realizando el Papa Francisco en Argentina, nombrando obispos a mansalva, tomados todos ellos del lumpenaje clerical, y cuyo ejemplo más acabado es el sacrílego Mons. Chino Mañarro del que hemos hablado abundantemente aquí y aquí.

Este deporte autofágico lo está practicando en otras latitudes. Hace pocas semanas nombró arzobispo de Lima al P. Carlos Castillo Mattasoglio, el teólogo de la liberación más cercano a Gustavo Gutierrez, y ayer nombró a Mons. Wilton Gregory como nuevo arzobispo de Washington quien, dadas las semejanzas, no sabemos si tiene algún parentesco con el vistoso arzobispo anglicano de York. El caso es que este señor ocupará la sede que fuera del monstruoso abusador Sr. McCarrick y de su sucesor y encubridor, cardenal Wuerl. Lo interesante del nombramiento es que el nuevo arzobispo de la capital del mundo no solamente fue secretario del cardenal Bernardin, arzobispo de Chicago y paradigma del obispo progresista, y sino que también es un activo promotor de la agenda LGTB. Si alguien esperaba que en Estados Unidos comenzaría a sanarse y solucionarse el catastrófico drama de los abusos y de la homosexualidad dentro del clero, puede perder las esperanzas: el prelado nombrado es justamente el que nunca hará nada al respecto. Se entiende entonces la furia de una enorme cantidad de fieles americanos que están pidiendo a la Santa Sede que dé marcha atrás con la nominación.

Vale la pena recordar en estas circunstancias la propuesta que hicieron los obispos españoles durante el Concilio de Trento para proceder a las nominaciones episcopales. El canon que propusieron en el aula se llamó: “Del examen de los candidatos al episcopado” (De examine promovendorum ad Ecclesiae cathedrales) y precisaba hasta en sus menores detalles, el contenido de dicho examen, que tenía que ser concienzudo, público y riguroso. El nombre del candidato y su fecha de nacimiento tenían que darse a conocer desde el púlpito de la catedral y de las parroquias de la diócesis y figurar expuestos en carteles públicos durante quince días, para asegurarse de que todo el mundo estaba plenamente informado sobre el aspirante. Clérigos y seglares estaban obligados a informar de posibles motivos por los que en su opinión un determinado candidato no debería ser promovido al episcopado. El candidato tenía que presentar testigos dignos y cualificados que, además de opinar sobre el carácter del candidato, podían ser interrogados por el arzobispo que presidía el tribunal y por otras personas, y naturalmente el candidato estaba obligado a presentar toda la documentación relativa a los grados académicos y otros títulos o diplomas que poseyese. Finalmente, el candidato era examinado por el arzobispo y otras personas presentes, y predicaba un sermón a manera de prueba (Cf. Robert Trisco, “The Debate on the Election of Bishops in the Council of Trent”, en Jurist 34 (1974), pp. 257-291).

miércoles, 3 de abril de 2019

Destellos de sabiduría en la exhortación Christus vivit


por Ludovicus


Patético I
“¡María no compró un seguro de vida! ¡María se la jugó y por eso es fuerte, por eso es una influencer, es la influencer de Dios! El “sí” y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades”.

Nada más patético que un viejo intentando hacerse el actualizado. Sí, hay algo peor: meterse con la Virgen.


Patético II
“Por ejemplo, una Iglesia demasiado temerosa y estructurada puede ser permanentemente crítica ante todos los discursos sobre la defensa de los derechos de las mujeres, y señalar constantemente los riesgos y los posibles errores de esos reclamos. En cambio, una Iglesia viva puede reaccionar prestando atención a las legítimas reivindicaciones de las mujeres que piden más justicia e igualdad. Puede recordar la historia y reconocer una larga trama de autoritarismo por parte de los varones, de sometimiento, de diversas formas de esclavitud, de abuso y de violencia machista”.

¿Es necesario someterse de esta manera al diktat de la corrección política contemporánea?


Buscando el bergoglema más desagradable
“Nuestros pecados están a la vista de todos; se reflejan sin piedad en las arrugas del rostro milenario de nuestra Madre y Maestra. Porque ella camina desde hace dos mil años, compartiendo «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres».57 Y camina como es, sin hacerse cirugías estéticas”. 

La Iglesia como una vieja arrugada, que no se hace cirugías estéticas. El bergoglema supremo.


Looking for Mr. Freud
“Quizás la experiencia de paternidad que has tenido no sea la mejor, tu padre de la tierra quizás fue lejano y ausente o, por el contrario, dominante y absorbente. O sencillamente no fue el padre que necesitabas. No lo sé”.

En un gesto magnánimo, se sienta en el sillón del psicoanalista y plantea todas las opciones. Adviértase que no deja salida: o el padre es ausente o dominante, o en cualquier caso no es lo que necesitabas. Ahora pongámonos nosotros en el sillón y preguntémonos por qué se le ocurre esto a Bergoglio, que nunca habla de su padre.



Ortodpedia y juventud
“El joven camina con dos pies como los adultos, pero a diferencia de los adultos, que los tienen paralelos, pone uno delante del otro, dispuesto a irse, a partir. Siempre mirando hacia adelante”.

Una observación anatómico ortopédica finísima, que nuestros fabricantes de zapatos no deberían echar en saco roto. Aunque, si uno pone un pie delante de otro, en vez de paralelos, lo más probable es que se vaya contra el suelo.


Delirium tremens
“Jóvenes, no renuncien a lo mejor de su juventud, no observen la vida desde un balcón. No confundan la felicidad con un diván ni vivan toda su vida detrás de una pantalla. Tampoco se conviertan en el triste espectáculo de un vehículo abandonado. No sean autos estacionados, mejor dejen brotar los sueños y tomen decisiones. Arriesguen, aunque se equivoquen. No sobrevivan con el alma anestesiada ni miren el mundo como si fueran turistas. ¡Hagan lío! Echen fuera los miedos que los paralizan, para que no se conviertan en jóvenes momificados. ¡Vivan! ¡Entréguense a lo mejor de la vida! ¡Abran la puerta de la jaula y salgan a volar! Por favor, no se jubilen antes de tiempo”.

Un clásico de Bergoglio, la jaula, que ha llegado a enjaular hasta al Espíritu Santo. ¿Cómo calificar este género? ¿maníaco exhortativo? ¿delirante entusiasta? ¿eufórico etílico?


Refranero papal
“Como dice el refrán: “Si el joven supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese””.

Este refrán siempre se usa vinculado con lo sexual. Nueva referencia obligada a Mr. Freud. Por suerte se ahorró el peine de Bonavena.




A los botes o a las canoas
“En el Sínodo, uno de los jóvenes auditores proveniente de las islas Samoa, dijo que la Iglesia es una canoa, en la cual los viejos ayudan a mantener la dirección interpretando la posición de las estrellas, y los jóvenes reman con fuerza imaginando lo que les espera más allá. No nos dejemos llevar ni por los jóvenes que piensan que los adultos son un pasado que ya no cuenta, que ya caducó, ni por los adultos que creen saber siempre cómo deben comportarse los jóvenes. Mejor subámonos todos a la misma canoa y entre todos busquemos un mundo mejor, bajo el impulso siempre nuevo del Espíritu Santo”.

¿Alguien se anima? En una canoa buscando un mundo mejor con Bergoglio como timonel… “Sálvanos Señor, que nos hundimos”.


Ni doctrina ni moral
“Luego solamente les ofrecen encuentros de “formación” donde sólo se abordan cuestiones doctrinales y morales: sobre los males del mundo actual, sobre la Iglesia, sobre la Doctrina Social, sobre la castidad, sobre el matrimonio, sobre el control de la natalidad y sobre otros temas. El resultado es que muchos jóvenes se aburren, pierden el fuego del encuentro con Cristo y la alegría de seguirlo, muchos abandonan el camino y otros se vuelven tristes y negativos. Calmemos la obsesión por transmitir un cúmulo de contenidos doctrinales, y ante todo tratemos de suscitar y arraigar las grandes experiencias que sostienen la vida cristiana”. 

El experiencialismo al extremo. La pregunta es cómo se transmite el kerygma y la experiencia cristiana sin doctrina. ¿Por señas? ¿Por ósmosis?

lunes, 1 de abril de 2019

Krusty, el payaso



¿Alguien podría imaginar una irreverencia tal a la figura del Vicario de Cristo? Resulta impensable que un periodista se animara a semejante descaro frente a la hierática figura de Pío XII, a la imponente figura de Juan Pablo II o a la piadosa figura de Benedicto XVI. Y era impensable porque las figuras de esos pontífices romanos "imponían" ya sea la majestad, la santidad, la dignidad o la importancia del sublime cargo para el que habían sido elegidos. 
El Papa Francisco impone la burla y la risa. Dino Risi habría podido crear varias historias para su "I mostri" con el triste personaje de Bergoglio, que supera aún a Alberto Sordi en el ejercicio de su personaje.
El Papa Francisco impone la burla y la risa. Pero no es la risa que imponía el bufón Yorick a Hamlet que lo despide así: "¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito?". No, la risa que impone el Papa Francisco es la risa decadente, grosera y sombría que impone Krusty, el payaso que hace reír no ya a Hamlet, sino a Homero Simpson.

Y hay que decir que Bergoglio es tan cínico y desalmado como el propio Krusty. Basta ver sus declaraciones al periodista español Jordi Évola sobre los desaparecidos: afirma que en Argentina hubo "más de treinta mil desaparecidos", algo que ni siquiera Hebe de Bonafini se animaría a afirmar.  El informe oficial -que cualquier persona culta conoce-, afirma que fueron 6348 personas desaparecidas. Treinta mil es el número que agita la izquierda; Francisco va aún más lejos.
"Usquequo, Domine, usquequo?"