lunes, 10 de diciembre de 2018

Jesuitas I


Tanto Oriente como Occidente, luego de las persecuciones y cuando la fe comenzó a asentarse, los cristianos desarrollaron una espiritualidad que tenía sus bases en la liturgia. Era por la liturgia y en la liturgia que el corazón del hombre se transformaba haciéndose semejante al corazón de Dios. La oración manaba y se alimentaba en la celebración de la Misa y en rezo del oficio divino. Tanto clérigos como laicos, aprendían de memoria los salmos que, cantando, repetían una y otra vez a los largo del día. 
Pero todo cambió en el siglo XVI. 
Propongo dos textos: el de un teólogo y el de un literato; Maurice Festugière y León Bloy. Empecemos por el primero: Maurice Festugiére nació en Francia en 1870, fue oficial de marina y a los veinticinco años ingresó a la abadía benedictina de Maredsous (Bélgica), donde vivió toda su vida como monje, excepción hecha de su estancia en Roma para su doctorado en teología y su servicio como capellán naval durante la Primera Guerra Mundial. Lo que traduzco a continuación aparece en su libro La liturgie catholique. Essai d’une synthèse (Abbaye de Maredsous, 1913), en el que desarrolla la espiritualidad litúrgica, que es la espiritualidad benedictina y, en el fondo, la espiritualidad propia de los cristianos de los primeros trece siglos de la Iglesia.



La influencia que tuvo San Ignacio sobre la vida espiritual en la experiencia religiosa de la iglesia católica, es considerable e incluso capital; una influencia ejercida sea a través de la Compañía de Jesús, sea a través de los que se inspiraron en sus ejemplos, y que son legión. 
San Ignacio vivió en una época de individualismo muy pronunciado [cuando Festugière habla de individualismo, no debe entenderse en el sentido moderno, asociado a una postura egoísta y centrada en sí. Se refiere a una actitud de la vida espiritual que favorece de un modo excesivo la relación personal con Dios en desmedro de la dimensión comunitaria de la fe. Esta actitud individualista, propia del siglo XV, conocerá su máxima expresión con el protestantismo, que eliminó la liturgia y se concentró la relación personal de cada cristiano con Dios N. del T.]. Eran muy pocos los que en su tiempo comprendían todo lo que la liturgia había conseguido y distribuido en los siglos anteriores en cuestiones de vida espiritual. San Ignacio se propuso combatir la Reforma, para lo cual tuvo indudable trazas de genio: se apropió de una parte del programa del individualismo protestante y lo adaptó a la ortodoxia romana más perfecta. Su esfuerzo se orientará entonces y ante todo, a dar a las almas que se embarquen en su empresa una formación enérgicamente individualista y librarla de los vínculos sociales que impedían su acción.
Para llevar a cabo esta idea maestra necesitaba dos creaciones: 
  1. Fundar una orden religiosa que estuviera dispensada de todo el oficio coral. Fue el primer caso en toda la historia de la Iglesia que una congregación religiosa renunciaba al rezo en común del oficio divino. 
  2. Inaugurar un método de meditación que cortara absolutamente con todos los modos antiguos y tradicionales de oración privada. 
Veamos, aunque sea en pocas líneas, las consecuencias de estas decisiones, consecuencias que tendrán una repercusión enorme en toda la sociedad católica.
Los hijos de San Ignacio -y ellos son los primeros en reconocerlo- abrevan para su vida espiritual en su meditación; el objeto de ésta, con mucha frecuencia, no tiene ninguna relación con la liturgia. El breviario es para ellos solamente un deber de religión. La misa solemne y el canto de vísperas son para sus ojos solo hechos excepcionales, y por tanto no favorecen las formas sociales de oración, que tan necesarias son para la vida parroquial. Hasta aquí todo es claro, pero el análisis del método ignaciano de meditación, desde el punto de vista del interés de la liturgia, demanda más atención.
El espíritu de la liturgia es un espíritu de “amable libertad”. Si bien los salmos y otros textos sagrados fueron particularmente apreciados por los antiguos monjes, la liturgia no era de ningún modo su única fuente de meditación, pero ella los había formado. Siguiendo el ejemplo de los primeros cristianos, los monjes hacía oración “libremente”, se abandonaban filialmente a las influencias de la gracia y a los movimientos de la vida interior. Este era también el método de oración de los franciscanos, y había comenzado en la Iglesia mucho antes de los jesuitas. 
Pero en los Ejercicios, San Ignacio instituyó un método militar de hacer marcar el paso al alma y a las diferentes facultades humanas, obedeciendo como el recluta obedece al sargento. Este método produjo indudablemente notables frutos de santificación dentro de la Iglesia. Pero, para un enorme grupo de personas, es casi incompatible con el espíritu de libertad cultivado por la liturgia. De aquí se sigue que aquellos que tienen el alma formada por la liturgia, experimenten un gran malestar, a pesar de sus buenos deseos, cuando son sometidos al método de San Ignacio. Y a la inversa, aquellos que han recibido desde su infancia y juventud, la impronta del método ignaciano, se inclinan generalmente a considerar “poco serias” las antiguas herramientas tradicionales de oración.
El historiador de la liturgia está obligado a constatar que de hecho, desde el siglo XVI, la Compañía de Jesús, que ha desplegado un gran celo al servicio del catolicismo, no hizo nada para curar a los fieles de la desafección en la que habían caído en relación con las tradiciones antiguas de la vida parroquial y de la piedad. Cuando se compara la enormidad de esfuerzos que llevaron a cabo los jesuitas en favor de la Iglesia durante ese periodo (educación de la juventud, propagación de los libros, predicación, etc.) con la debilidad relativa de los resultados obtenidos, nos preguntamos con tristeza si una fuerza tan grande de vitalidad católica no fue desperdiciada. {Nota a pie de página: No somos tan infantiles como para pretender ver en la liturgia una panacea. Pero, ¿cuál es el médico consciente que, en medio de una enfermedad, no se reprocha hasta la angustia el olvido de un sólo medio terapéutico, cuando este medio había dado pruebas de ser eficiente? Demos una mirada al siglo XIX francés, cuando el Concordato abrió los templos a los fieles y permitió a la Iglesia impregnar de espíritu cristiano las almas de los jóvenes. ¿Cuántos verdaderos cristianos se formaron? Las estadísticas son dolorosas. Sería importante preguntarse el por qué}.

¿Existe, entre la espiritualidad antigua y la espiritualidad inaugurada por San Ignacio, un antagonismo irreductible? Se trata de un problema delicado. Esto es lo que nos parece que es la verdad: 1. En relación a la materia de la meditación, no hay antagonismo. Nada impide, con un poco de buena voluntad, de construir meditaciones sistemáticas y minuciosamente elaboradas con anticipación, sobre los temas de liturgia, y de seguir el corazón de esas meditaciones como hilo conductor del año litúrgico.
2. Pero si consideramos el método en sí mismo, no nos animamos a ser tan optimistas. Creemos que si queremos llevar al clero, a los laicos y a los jóvenes a la inteligencia de la liturgia, al gusto de la liturgia, si se quiere hacer a los cristianos aptos para aprovechar la liturgia vivamente, no es necesario darles una formación de espíritu que vaya en contra del espíritu de la liturgia.
Porque la experiencia y la reflexión nos enseñan que el método ignaciano consigue precisamente eso: oponerse al espíritu de la liturgia. Convendría, por tanto, suavizar lo más posible los marcos rígidos de ese método. ¿Se puede evitar esta conclusión? Deseamos que aquellos que son más hábiles que nosotros puedan hacerlo, porque a nosotros nos ha sido imposible. 
Aquí se presenta inevitablemente una objeción: ¿El método ignaciano no obtiene resultados de orden moral más eficaces que los otros modos de oración?
Tratemos de condensar en pocas líneas una respuesta: Si hablamos de las almas avanzadas en la vida espiritual, el mismo San Ignacio estaría de acuerdo en que su método no les es necesario. Si hablamos de los cristianos ordinarios, si ellos han recibido formación ignaciana y nada de formación litúrgica, es indudable que a ellos la liturgia les parecerá inoperante. Para aquello que han recibido una formación litúrgica, las cosas serán distintas, y vivirán de ella como vivieron los cristianos durante los trece siglos primeros siglos. 
{Nota a pie de página: Si se quiere volver de la mentalidad individualista propia de la piedad moderna a la mentalidad litúrgica, es necesario pasar por una transformación profunda y una lenta reeducación. Antes de sufrir esta transformación, no se comprende de ninguna manera lo que significa vivir de la liturgia; no se comprende lo que fue la vida interior de los católicos durante los trece primeros siglos de nuestra era. Conocemos personas a las cuales les llevó años de ejercicio el asir en la práctica que la asistencia a la misa solemne es una experiencia más “sabrosa” que la asistencia a una misa baja}.
Pero se nos podría hacer otra objeción: ¿no existe una conexión en los métodos de oración y las teorías teológicas concernientes a la gracia, entre la manera en la que el cristiano “conduce” sus experiencias espirituales -porque, si se dejan de lado los estados místicos, es evidente que el alma tiene el poder de manejar sus experiencias- y la manera en la que concibe la acción de Dios sobre la libertad humana?
La teoría de San Agustín sobre la gracia se armoniza maravillosamente con el antiguo método de oración que libra a las almas a los impulsos del zéfiro de la operación divina. Por el contrario, ella se armoniza mucho menos felizmente con la “meditación” de San Ignacio, preparada, rígida y “voluntaria”. La Regla de San Benito está atravesada por un soplo de teología agustiniana. Pero sería falso si se estableciera una oposición propiamente dicha entre la oración antigua y la espiritualidad litúrgica por una parte, y la teología molinista por la otra.* 
Nos parece que esta teología -la molinista- está en conexión directa con los Ejercicios de San Ignacio. La expresión id quod volo (aquello que quiero), que suena a todo lo largo de los Ejercicios como las espuelas del caballero suenan sobre los adoquines, es muy elocuente. San Ignacio nunca desarrolló una teoría personal sobre la gracia. Su genio permaneció ordenado hacia la práctica al mismo tiempo que hacia la piedad. Pero es difícil no adherir a la siguiente impresión: la teología molinista surgió propiamente de un manual de espiritualidad y de ascesis escrito por el fundador de la Compañía de Jesús. Teología y manual se dan la mano, en un acuerdo perfecto, para reaccionar contra el protestantismo.

* El molinismo hace referencia a la doctrina de Luis de Molina, teólogo de la Compañía de Jesús del siglo XVI que participó, contra los dominicos, en la famosa controversia de auxiliis. Su postura buscaba privilegiar la libertad y la voluntad del hombre en el proceso de salvación frente a la gratuidad de la gracia de Dios. Además, es uno de los padres de las democracias liberales contemporáneas ya que Luis de Molina afirmó que el poder no reside en el gobernante, que no es más que un administrador, sino en el conjunto de los administrados, o de los ciudadanos considerados individualmente, adelantándose así a los postulados sobre la libertad de pensadores de los siglos  posteriores.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Mons Giorgi y su extraño pedido


Ya nos hemos ocupado en estas páginas de Mons. Alejandro Giorgi, obispo auxiliar de Buenos Aires nombrado por el Papa Francisco. Es el prelado que celebró la misa de Pentecostés con orejas postizas de plástico (aquí) o que justificó el adulterio (aquí). Un palurdo a quien la maldad de Bergoglio reviste de poder.
Ayer envió el audio que publicamos -con ilustraciones alusivas- a sus sacerdotes. Más allá de la imbecilidad del pedido que hace, su simplonería permite sacar algunas conclusiones:
1) Los obispos argentinos, que se llenan la boca hablando de los pobres y necesitados del país, tienen tiempo, cabeza y dineros para financiar el viaje a Panamá de veinte personas que irán a... tocar una misa jazz.
2) No resulta del todo extraño. Si Alejandro Giorgi hace payasadas disfrazado mientras celebra la Santa Misa, bien puede constituirse en el promotor internacional de una escolanía dedicada a transformar la misa en un concierto de jazz.
3) Advierte que el Papa Francisco sabe acerca del tema, lo cual nos confirma lo que ya sabemos: la pequeñez y provincianismo de Bergoglio. En vez de atender los casos gravísimos que casos que asolan a la Iglesia como nunca antes en su historia, el Papa pierde tiempo enterándose de minucias como una misa jazz que celebrará una comparsa argentina en Panamá.
4) El hecho de que Mons. Giorgi mencione que el Papa está al tanto del tema, no deja de ser un elemento de presión y advertencia: el cura que colabore, tendrá las simpatías pontificias y el que no lo haga, tendrá su ojeriza. Bergoglio sigue gobernando la arquidiócesis de Buenos Aires como lo hizo siempre: a través del miedo, las delaciones y la desconfianza. 
5) Y mientras Francisco se llena la boca hablando contra hacer lobby, lo cual sería un grave pecado mortal, Mons. Giorgi pide a sus sacerdotes que hagan lobby para que algún "contacto" consiga los dinerillos necesarios para que su charanga viaje a Panamá.

Ha hecho adúltera la villa leal


“Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego; vuestro suelo delante de vosotros extranjeros se lo comen, y es una desolación como devastación de extranjeros. 
Ha quedado la hija de Sión como cobertizo en viña, como albergue en pepinar, como ciudad sitiada.
De no habernos dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos. 
¡Cómo se ha hecho adúltera la villa leal! Sión llena estaba de equidad, hombres justos se albergaban en ella, pero ahora, asesinos. 
Tus jefes son revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el soborno y va tras los regalos”.
Profecía de Isaías. Maitines de la primera semana de adviento.

No sé si por cansancio, aburrimiento o asco, las noticias que hace poco más de un año hubiesen sido un escándalo internacional, hoy apenas si pueden leerse en algún sitio especializado. Es lo que ha ocurrido con lo que se conoció la semana pasada: el cardenal Joseph Tobin -del círculo de McCarrick y promovido por Francisco a arzobispo de Newark-, admitió haber alojado en su casa durante algunas semanas al actor de cine italiano Francesco Castiglione quien, en su cuenta de Instagram, publica con frecuencia fotografías provocativamente sensuales, por decir lo menos. El hecho ocasionó preocupación entre sus fieles, e interrogado por un periodista, el purpurado explicó que el joven actor estaba tomando un curso de inglés en una universidad cercana y él, caritativamente, lo había acogido en su morada. 

Lo curioso del caso es que, mientras Castiglione estaba albergado en su palacio episcopal, el cardenal Tobin emitió un Tweet que decía: “Nighty-night, baby. I love you”, que en buen español podría traducirse como: “Un besito de  buenas noches, bebé. Te amo”. Cuando se dio cuenta que había metido mal el dedo, el purpurado borró rápidamente su trino y se disculpó diciendo que se trataba de un mensaje privado para su hermana…
Es bueno recordar que el cardenal Tobin hace un tiempo dio la bienvenida personalmente a una “peregrinación LGBT” en su catedral. Además, es uno de los mencionados en las cartas de Mons. Viganò quien afirma que “el nombramiento de Blase Cupich en Chicago y Joseph Tobin en Newark fue orquestado por McCarrick, Maradiaga y Wuerl, unidos por un pacto que comprendía los abusos del primero y, al menos, el encubrimiento por parte de los otros dos”.
Mientras tanto, la blanca paloma que anida en la colina Vaticana, afirmó en una larga entrevista que le hizo el cura Fernando Prado publicada en forma de libro como  La fuerza de la vocación, “En la vida consagrada y el sacerdocio, no hay lugar para este tipo de afecto [el propio de los homosexuales], por eso la Iglesia recomienda que las personas con este tipo de tendencia profundamente arraigada no deben ser aceptadas en el ministerio o la vida religiosa”. Algunos ingenuos se ilusionaron: ¡volvemos a tener un Papa católico! Pero, ¿alguien puede creerle? Cuando en 2013 le preguntaron su opinión sobre la escandalosa vida de Mons. Battista Ricca, a quien había nombrado -y nunca expulsó- de un importante cargo en el Vaticano, el papa Francisco respondió: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar? […] El problema es hacer un lobby”. Y poco después: “Cuando uno se encuentra con una persona así [en el Vaticano. Se refiere a los gays] debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby porque ningún lobby es bueno”. En las últimas declaraciones, en cambio, parecería que el problema no es solamente que haga lobby sino también que se meta a cura. 
Si es que Su Santidad cambió efectivamente de opinión en un tema tan sensible y particularmente delicado de la moral católica, sería conveniente que se expresara con claridad y no solamente con una frase dicha al pasar en una entrevista y que -no nos engañemos-, sirve solamente para tranquilizar a neocones incautos. Si tan convencido está de lo que dice, debería desdecirse pública y manifiestamente de todos los dichos y actos que a lo largo de cinco años de pontificado han causado enorme daño y confusión en los fieles, y que han sido cuidadosamente reseñados aquí. Y debería prohibirle al cardenal Tobin recibir besitos de buenas noche de fornidos actores italianos.


Si alguien tuviera el estómago para contabilizar y detallar los escándalos que la Iglesia está sufriendo por causa de la incontinencia contra natura de parte de sus jerarcas y de sus sacerdotes, parecería que Isaías describe en sus profecías a la Iglesia gobernada por Bergoglio, responsable de haber “hecho adúltera la villa leal. Sión llena estaba de equidad, hombres justos se albergaban en ella, pero ahora, asesinos”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Homeschooling y otras yerbas. Charlando con Anthony Esolen



Don Wanderer, quiero presentarle a su público al escritor Anthony Michael Esolen, cuyo último libro, Nostalgia: going home in a homeless world, me tiene absolutamente fascinado. Autor de origen italiano, criado en el Canadá, Esolen se graduó en Princeton en 1981 y fue profesor del Providence College de los dominicos en Rhode Island, con los que se peleó por negarse a entrar en toda la zaraza del lenguaje inclusivo, la inclusión, etc., etc.
Actualmente Esolen es profesor de inglés del Thomas More College of liberal arts de New Hampshire. Además de escribir varios libros y más de 500 artículos (publicados sobre todo en las revistas Crisis, First Things, Touchstone y otras revistas católicas), Esolen tradujo al inglés “La Divina Comedia” del Dante, “Sobre la naturaleza de las cosas” de Lucrecio y “Jerusalén liberada” de Torquato Tasso.  En España, su "Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental" ha sido publicada por Esparza.
Aquí, hace un par de años, lo entrevista su amigo, el Pastor evangelista Dereck Buikema de la Iglesia cristiana reformada de Orland Park, del estado de Illinois.
Me pareció que los 37 minutos de la entrevista no tienen desperdicio y por eso me tomé el trabajo de subtitularlo, espero que para provecho de mucha gente.
Valeas,

Jack Tollers

viernes, 30 de noviembre de 2018

Los frutos de la iglesia en salida del Papa Francisco


Recomiendo ver desde el minuto 1:20 al 3:10 y desde el 6:25 hasta el final.
Un claro ejemplo de los frutos de iglesia en salida del Papa Francisco

miércoles, 28 de noviembre de 2018

lunes, 26 de noviembre de 2018

Vísperas sicilianas


1) Hace pocos días conocimos una noticia de lo más intrascendente. Un tal Norberto Siciliani había presentado su nuevo libro titulado Cómo enseñar valores sin enseñarlos. Algunos medios de prensa se hicieron eco del acontecimiento porque este señor es el padre de la actriz Griselda Siciliani, famosas por sus escándalos, sus desnudos y su acérrima postura a favor del aborto. Don Siciliani  “fue docente, director y es representante legal y coordinador de instituciones educativas de niveles inicial, primario, medio y superior”. Y explica: "En casa tenemos hijos muy variados: Malena es religiosa y ahora está en Paraguay; Griselda es actriz; Paulina es profesora de sociología y es militante de causas justas; Guido es profesor de educación física y participa de una ONG que trabaja en zonas carenciadas; Marilina está casada con un músico y vive en medio de las sierras y Leticia también es actriz y se define como una persona libre que eligió convivir con una mujer”. Nada de extraño para una típica familia posmoderna. Lo único que podríamos acotar es que este personaje o bien tiene senilidad precoz, o bien es un gran caradura, porque a cualquier persona le queda claro que, si hay algo que no se le dio en la vida, fue precisamente educar en valores, visto los resultados que obtuvo. Le aconsejaría que dedicara sus esfuerzos literarios a explicarnos los secretos del cultivo de tulipanes o de la cría de canarios.

2) La noticia no ameritaría ningún tipo de comentario a no ser que este señor se dedica a dar talleres sobre la enseñanza en valores en colegios católicos y, aunque no me consta, sospecho que fue o es representante legal de colegios confesionales. Tampoco sería asombroso este hecho, pero lo que sí resulta sorprendente es que Norberto Siciliani fue parte del equipo docente del ENEC Buenos Aires 2017. Se trata del “Encuentro Nacional de Evangelización y Catequesis” que se lleva a cabo todos los años para formar a los catequistas de todo el país y está organizado por la Comisión Episcopal de Catequesis. Nos venimos a enterar que, además de Siciliani, los catequistas católicos son formados también por Mónica Gómez que se presenta como “catequista, clown y titiritera…. y responsable…  de las animaciones de las misas arquidiocesanas para niños”, y por Carlos Taverna que es “catequista de niños y jóvenes… e hizo estudios de protocolo y ceremonial; de ambientaciones para eventos y de globología”. Huelgan comentarios.

3) El organizador del Encuentro en 2017 fue el P. Fabián Esparafita y el responsable último algún obispo de la CEA. Los católicos que estamos fuera de los circuitos parroquiales nos viene bien, de vez en cuando, asomarnos a la realidad de la iglesia argentina, a su estado catastrófico e irrecuperable. No creo que el P. Esparafita sea un malvado masón que está tratando de hacer algún daño a la catequesis; este cura, como la mayor parte de los que lo acompañan en esa comisión que debería ser incinerada, son imbéciles, en el sentido más propio y latino de la expresión: débiles, en este caso, mentales. No tienen cura. No pueden ser recuperados. Y lo peor, es que es altamente probable que Esparafita sea nombrado próximamente obispo, porque ese es el perfil episcopal que busca el Papa Francisco.

4) Desconfío que, en el estado actual de adormecimiento colectivo, podamos albergar alguna esperanza que las campanas que llaman a vísperas despierten, como en Palermo el 30 de marzo de 1282, el hastío y la bronca de los católicos que de un buen puntapiés de patadas, saquen a estos curas y obispos imbéciles de nuestras iglesias, como los sicilianos sacaron a los franceses de las suyas. Los católicos de hoy son tan gaznápiros como su jerarquía. 

5) Es este un motivo más para que los padres eviten a toda costa que sus hijos vayan a la catequesis parroquial porque ya vemos cómo y quiénes forman a los catequistas argentinos.