lunes, 28 de mayo de 2012

La buena cuna

El tema no se entiende. Parece que estamos tan metidos en la miasma democrática que resulta casi imposible distinguir, y aún a tipos inteligentes.
Por ejemplo, el Ex-luterano arguye en contra de la nobleza diciendo que en la raíz de todas las familias nobles hay un plebeyo, por ejemplo, un extremeño analfabeto. Y tiene razón. Pero si así son las cosas, debemos decir que todos nosotros tenemos un fraticida en la familia porque, o somos nietos o sobrinos nietos de Caín.
O el Anónimo de las 14:03 que confunde nobleza con jet set, como si la nobleza fuera cuestión de salir en Hola o, peor aún, en Caras.
Y la cuestión es otro. Y creo que Jack Tollers la explica genialmente. Aquí va su comentario:



Me parece que Ludovicus está muy cerca de dar en el blanco, aunque no sé si me animo a decirlo, negro sobre blanco.
A ver si me sale: Cristo nació en un pesebre, pero era de buena cuna. Sus enemigos lo odiaban con característico espíritu de resentidos, Caifás, Judas y los fariseos en general. En la Iglesia que dejó, los cristianos más importantes siempre han sido espíritus distinguidos (como dice Chesterton: "distinguir es propio de espíritus distinguidos"). Insisto: "espíritus" distinguidos, no necesariamente aristócratas, con nobleza de sangre, o perteneciente a las clases acomodadas.
Aunque muchas veces coinciden ambas cosas y es lo mejor, como en el caso de San Luis Rey o, más cerca nuestro, de Fray María Rafael. 
Y luego, están los grasas, qué le vamo' a hacer. Un santo no puede ser grasa, por mucho que lo canonicen (je, y ahora hay más de uno). La santidad exige una distinción de espíritu incompatible con lo plebeyo, el mal gusto, lo rastrero o chiruso. El santo tiene (antes que nada o después de todo, eso no sé) buen gusto. 
¿Acaso no conocen una cantidad de tipejos que quieren canonizar (en vida, o después de muertos) y que son unos grasas sin remedio? A mí se me ocurren de a decenas...
Y luego, claro, los grasas siempre odian a los espíritus distinguidos, como que Cromwell lo odiaba a Tomás Moro, Talbot lo odiaba a Newman, Travi a Castellani, Sartre a Brasillach, Rufus Isaacs a Chesterton, Hans Kühn a Lefebvre, Juan XXIII a los "profetas de calamidades", Paulo VI al Padre Pío, Derisi al P. Ezcurra, Bergoglio a Sáenz, Buela a Baliña y Elizabetta Piqué a Benedicto XVI.
Y cuando llegó la hora de los enanos, la rebelión en la granja y la rebelión de las masas, los plebeyos se alzaron con los controles, y con característico mal gusto se pusieron a "simplificar" la liturgia y tratar de hacer de eso algo más "popular", democrático, plebeyo y... grasa.
Judas lo era y el demonio lo es.
Cristo es el arquetipo del espíritu distinguido, el espíritu de Dios, el Espíritu Santo. 
Que nació en un pesebre, pero que era de buena cuna.

sábado, 26 de mayo de 2012

Masones y judíos al ataque


Me mandaron el escrito de un sacerdote español que me parece muy interesante y oportuno para discutir.
En las últimas entradas del blog hemos tenido comentarios publicados, y otros muchos que no publiqué por disparatados, que resuelven la cuestión de la crisis eclesial y, en particular, del descalabro litúrgico, apelando a los masones, judíos, rosacruces y demás grupos más o menos secretos. Es decir, detrás siempre hay una conspiración. Admito que es una solución atractiva, fácil y tranquilizadora de la que fui muy afecto durante mi adolescencia. Nos ahorra problemas: en realidad, el problema no fue de Pablo VI, o de Juan Pablo II o de la Iglesia, sino de los masones, que son nuestros enemigos, que se infiltraron en las filas de la Iglesia. Personajes extraños a ella; “otros”; no-nuestros. Nosotros seguimos siendo impolutos.
Me parece a mí que la solución es más sencilla, aunque el término aquí sea casi paradójico.


Reforma litúrgica y teorías de la conspiración
A veces cuesta creer que las cosas simplemente pasen porque tengan que pasar. Porque la estupidez existe o porque la evolución -o involución- histórica es una constante del universo. Sobre el Concilio Vaticano II, la liturgia romana actual y cuestiones similares hay teorías conspirativas. Normalmente incluyen la masonería. Y aunque seguramente tirando de hemeroteca encontraremos algún clérigo o personaje de la época expresar alguna reserva o sospecha, la mayoría de estas teorías son de las últimas dos décadas -ergo 90's y 00's-. La relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo, el diálogo religioso y el ecumenismo, tenían un denominador común: demasiada buena fe. Lo mismo se puede decir sobre la reforma litúrgica.
En otras palabras, aunque se vea con claridad grandes diferencias entre lo que había en 1962 y en 1970, el resultado es perfectamente explicable sin la intervención de extraterrestres, masones y templarios centenarios. Pero cuesta creer que en una institución como la Iglesia haya gente poco aplicada, ingenua o, simplemente, estúpida. Hay maneras de acercarse al misterio de la Iglesia que nunca han sido las de los teólogos y la de los jerarcas en general -léase obispos, arzobispos, cardenales-, pero que están, incluso hoy, allí. La indefectibilidad absoluta es una de ella. En los defensores de las tesis conciliaristas también hay gente así: como si los concilios, por acción de la "magia", fueran más importantes que los evangelios. Los anglicanos están pagando hoy, con creces, su galopante conciliarismo.
No voy a resolver todas las teorías ni voy a probar que Lord Voldemort era en realidad Heidi. Pero la historia del movimiento litúrgico y, sobre todo, de la historia del s. XIX y de la primera mitad del XX, prueban las bondades y pifias de la reforma litúrgica que hoy disfrutamos/soportamos. Después de las teorías conspiratorias están los "topicazos" que las acompañan. Las que afirman que con la reforma litúrgica se destruían las prácticas "cristianas", después de un muy breve examen histórico, resultan ser falsas. Algunas de las supuestas prácticas "católicas" abolidas inmisericordemente no llevaban en la Iglesia más de un siglo o dos. No eran ni siquiera "tridentinas". Entre los topicazos, que "vuelven por Navidad", está la de que la reforma litúrgica fue arqueológica. ¿Qué esperabais? Desde el s. XIX no se hablaba de otra cosa. De hecho, liturgia era sinónimo de arqueología. En este sentido, una contribución clarividente de Enrico Mazza: "Il metodo storico e la ricerca liturgica nel novecento" (en La Liturgia nel XX secolo: un bilancio). Allí se dice una frase incuestionable: "El estudio de la liturgia se inicia como historia de la liturgia y arqueología, como se ve con claridad en el título del monumental diccionario de F. Cabrol - H. Leclercq y la creación de la primera cátedra de liturgia, en la facultad teológica de Strasburgo".
Lo de la "teología litúrgica" es un fenómeno posterior al Concilio Vaticano II. Así que lo que tenían en mente los "especialistas" -que por cierto, ninguno era 'liturgista'- era cuestiones referentes a la historia. Luego hay que tener en cuenta lo que denomino la mirada "textual" que existía -y existe- sobre la liturgia. La atención dada a las fuentes litúrgicas, en continuidad con la renovación de los estudios filológicos y el método histórico-crítico. Si la atención se dirige al texto, el gesto queda descuidado.
Con estos dos datos se explica buena parte del "estilo" de la reforma litúrgica. Hay que sumar dos cosas más: las peticiones de los obispos y la mala arqueología, en concreto una mala aplicación del método de liturgia comparada. Por citar un ejemplo "reciente": el concepto de concelebración que existe en Oriente, que supuestamente sirvió de modelo práctico para el Occidente romano, difiere enormemente del que encontramos hoy, tanto en los libros litúrgicos como en la práctica. Con respecto a la segunda cuestión, si observamos las actas de reforma y las intervenciones de los obispos, queda resuelto el "misterio" de la reforma: los prelados tenían una palabra "mantra" que recorría su concepto de 'liturgia moderna': simplificación. Y detrás de este había otro: el laicado es tonto, por lo que cuanto más sencillo mejor.
El problema que tenemos hoy es que tenemos una liturgia muy de los 70's hecha para durar incontables décadas. Eso por lo bajo. ¿Nadie se ha dado cuenta de que el 99% de los experimentos y actos contra legem repiten o emulan la estética o la mentalidad litúrgica que se respiraba en los 70's? ¿Alguien conoce alguna región donde cosas como la música pop o la electrónica sean parte de una liturgia dominical parroquial? ¿Algún intento de emular los realities en la liturgia? ¿Alguna liturgia en internet, al estilo twitter o red social? ¿Un dj sacerdote y un altar de 'mezclas'? No, claro. Porque si existe algo completamente cierto de la liturgia romana desde hace mucho es que en realidad nunca se adapta a los tiempos o las culturas: simplemente recibe aditamentos. ¿Adaptarla a "culturas" tribales? Si no se adapta ni a la europea/norteamericana actual (por otro lado demos gracias, que tampoco sabríamos si lo haríamos bien). Si realmente fuese el resultado de un proyecto conspiratorio, la liturgia actual no dejaría de emular la cultura secular actual. Pero está estancada. Para bien o para mal. En no pocos países la teología litúrgica se ha quedado en una mera explicación contrapuesta entre lo que se hacía y lo que se hace, o mejor, entre lo que se cree que se hacía -que no es lo que los piadosos vídeos de liturgias tradicionales actuales nos muestran- y lo que dicen los prenotandos y rúbricas de los libros actuales -que no es ni la sombra de lo que se hace-.
Con todo esto, no dudo en admitir que nos encontramos en la Iglesia universal en medio de una "crisis litúrgica", pero no la que algunos pretenden hacernos creer. Y de esto era consciente muchos años antes de ordenarme presbítero: la crisis litúrgica actual tiene mucho que ver con el bajo "nivel" de sus participantes bautizados que la de los posibles descuidos y mal formación de sus participantes clérigos. En fin, que seamos un poco serios y digamos las cosas por su nombre: la reforma litúrgica es hija de una época que no es la nuestra. Nada más. Ni los extraterrestres colonizadores, ni los masones ni otras sociedades secretas, ni órdenes caballerescas, etc., han orquestado macabros planes para que la liturgia romana sea hoy lo que es. Simplemente un ideario más o menos acertado. Si tuviéramos más datos históricos, sin duda descubriríamos fenómenos parecidos en las demás reformas litúrgicas de la historia. Al ser esta una de las reformas más documentadas y "radicales", lo de las teorías de la conspiración estaba servido. Si me preguntan mañana, lo bueno de la reforma litúrgica tiene su origen en la "suerte" de que los que tuvieron la última palabra no tocaron lo que no debían; lo malo de la reforma en la estupidez y la cortedad de miras. Así que ya podemos dormir tranquilos, que Voldemort no está debajo de la cama. Y Benedicto XVI, por muy buenas intenciones e influencia que tenga, no es Harry Potter. Su férula no es una varita mágica.

Adolfo Ivorra

martes, 22 de mayo de 2012

El Napoleón polaco


Juan de Mendoza, a quien extrañábamos en este blog, escribió ayer un comentario en el que, rápidamente, compara a Juan Pablo II con Napoleón. La idea es genial. Las coincidencias entre ambos personajes son numerosas. Aquí van algunas de ellas y, seguramente, encontraremos muchas más:
Napoleón se hace con el poder total de Francia luego de la revolución de brumario en 1799, es decir, diez años exactos después de la Revolución, y conservará ese poder durante quince años, hasta su derrota en Waterloo. El suyo será un poder que no quedará reducido a Francia sino que se extenderá a prácticamente toda Europa. Es decir, poder inmenso e incontestable.
¿Cuántas cosas buenas podría haber hecho con ese poder? Una infinidad, pero señalo la más importante: podría haber contrarrestado la Revolución. Podía hacerlo. Habían pasado sólo diez años, que es poco tiempo para que los ideales revolucionarios permearan completamente la cultura del pueblo cristiano multisecular de Europa. Podría haber restaurado la monarquía tradicional, con algunos cambios saludables si era necesario, pero habría sido esto la clave de bóveda para sostener el orden tradicional que no estaba todavía derrumbado del todo.
Lejos de eso, Napoleón empeoró la situación. Astutamente, frenó a los revolucionarios más radicales, con lo cual se granjeó el apoyo de los moderados y, más tarde, de toda la población francesa a medida que conquistaba Europa y la sometía a sus criterios. En este raid de conquistas, expandió por todo el Viejo Continente los ideales de la Revolución. Aquel veneno que podría haber quedado concentrado en Francia durante un buen tiempo, fue desparramado por toda Europa en el término de diez años. Y no sólo en Europa. Nosotros también lo recibimos de manos de nuestros próceres de la Mayo y de San Martín.
Además, ayudado por Talleyrad, un obispo apóstata, metió mano en todas las estructuras políticas europeas, armando y desarmando países, destronando monarquías seculares y estableciendo a su familia en todas las cortes. No dejó nada por tocar, y estropear, cursilizando lo que lo siglos y la cultura habían construido.
Vayamos ahora a Juan Pablo II. El cardenal polaco fue elegido papa en 1978, es decir, poco más de diez años después del Concilio Vaticano II. Otra vez, era poco tiempo y la revolución conciliar aún no había calado tan profundamente. De hecho, la mayoría de obispos y sacerdotes formados en el ancien régime eclesiástico estaban todavía vivos y en funciones. Ellos aseguraba la transmisión de la tradición (con minúsculas) o del savoir faire en la liturgia, en la formación sacerdotal, en la vida religiosa, etc. El nuevo papa, por tanto, podría haber vuelta atrás con relativa facilidad. No era cuestión de que anulara los documentos del Concilio; era cuestión, en todo caso, que anulara algunos documentos posteriores que distorsionaban a los escritos conciliares; que frenara con fuerzas los excesos que afloraba en todas partes y que rápidamente comenzara a nombrar obispos y cardenales conservadores.
Pues no. Como Napoleón, bonapartizó la Iglesia. Es verdad que frenó excesos dogmáticos, pero con eso se ganó el apoyo de los movimientos neoconservadores más poderosos como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, los Carismáticos y los Neocatecumenales. A ellos les permitió todo: canonizó en tiempo record a Escrivá de Balaguer, cajoneó sistemáticamente las denuncias que llovían sobre el depravado de Maciel y alentó las locuras de Kiko y de Chiara.
Con las espaladas protegidas, se dedicó a recorrer no ya Europa, como hizo Napoleón, sino el mundo entero desparramando el espíritu de la nueva iglesia conciliar. Era el mensajero de la paz, a quien todos querían ver bajar de la montaña y, entronizado como semidios, se dedicó a nombrar pésimos obispos -veamos tan sólo el caso argentino- y a crear cardenales que aseguraran su línea renovadora.
En vez de Talleyrand, hizo obispo a su monaguillo -Piero Marini- y con él se dedicó a meter mano en todo lo que los siglos habían edificado en la Iglesia: desde cambiar la ceremonia de la apertura de la Puerta Santa hasta modificar el modo de rezar el Santo Rosario y prohibiendo tajante y policíacamente la celebración de la liturgia tradicional. Como Napoleón, cursilizó la liturgia y la Iglesia de modo tal que hoy, como decía otro comentarista del blog, los católicos nos sentimos extraños en la propia Iglesia. A todos nosotros nos ha pasado de estar en misas juanpablistas y sentir la certeza de que esa no es la iglesia a la que pertenecemos.
Tuvo casi treinta años para cambiar el desastre posconciliar. Al contrario, arruinó todo. Hoy, mal que nos pese, esa tradición con minúsculas y ese savoir faire se han perdido.
Pero hay una diferencia. El Corso terminó exiliado en Santa Elena. El Polaco beatificado.

jueves, 17 de mayo de 2012

Irresponsables

Excelente comentario de Ludovicus:


Madurga, todo lo que quiera, pero aquí se cometió un error estratégico, una jamartía cósmica que dio vuelta de campana a la Iglesia y a la civilización occidental: en medio de la euforia de la posguerra, se desmontó un paradigma secular afectado de graves vicios y rémoras en el que "subsistía" un paradigma secular, y se lo sustituyó por... un experimento, que falló.
Y... puede fallar. Siempre los exaltados. Espérabamos la Primavera y viene el Invierno. Qué pena, qué lástima, cuanto sufrimos. Y bueh...
Lástima que se llevaron puesta la identidad católica, con daños que subsisten cuarenta años despues.

Lo menos que se podía pedir era reflexión, cálculo y prudencia. No experimentos. Si yo para reformar mi casa que tiene ochenta años me tomo un buen tiempo y contrato un excelente arquitecto, cuanto más para echar las manos sobre un edificio milenario. Es la lógica de los sesenta, fíjese las refacciones de los edificios de la época. Total, abajo de los adoquines hay tierra.
Liturgia, filosofía,teología, pastoral, relaciones con el mundo, todo rifado y jugado a una apuesta de cara o cruz, aliados con los mass media y un grupo de intelectuales intoxicados. 
Aggiornar para que el espíritu del mayo francés se te meta por la ventana. Què vivos. Destruir de pura rabia nomás, para desquitarte desenchufándole el micrófono en una estudiantina conciliar al vejete antipático de Ottaviani y después quedarte como Adán vino al mundo. Cambiaste a Luis XIV por el yerno de Kruschef, a Ottaviani por Kung, a Parente por Parente. Qué vivos. Para que al rato te vengan a pasar factura también a vos, porque la Revolución devora a sus hijos, porque no hay forma de quedarte con la manija cediendo para no perder.
Destridentinizar para aggiornarte y terminar plagando la Iglesia de celebraciones del pésaj como nunca se celebraron hace dos mil años. Desmontar la imaginería barroca para abrir iglesias como hangares. Abandonar el racionalismo escolástico por no ser moderno y terminar escribiendo como Bucay y siguiendo embobados a tipos de cuarta de los "movimientos". Dejar la alianza con los tronos y dar discursos en la ONU como expertos en Humanidad. Y no sigo.
Responsabilidad histórica (en la teológica no me meto) que le cabe a un grupo de irresponsables. No hay otra palabra para calificar a gente que no estuvo a la altura de su herencia y de su destino. En épocas duras, los Papas se ponían la civilización al hombro, aunque no supieran escribir ni tuvieran quién les pintara, y transmitían lo que podían. Ya vendrían tiempos mejores. Aquí se les abrió la puerta a los Destructores del cuento de Graham Greene, se dilapidó un acervo cultural milenario, se experimentó alegremente con cosas que venían siendo salvadas desde las invasiones de los hunos, del siglo de hierro, de la peste negra y de las guerras continentales.
Yo no sé si eso fue un pecado, fue algo peor: un error irreparable.

lunes, 14 de mayo de 2012

Daniélou reivindicado


He escuchado decir en más de una ocasión que no hay nadie más cruel que los hombres de Iglesia, “y entre ellos, los jesuitas”, agregaría yo. Tenemos el caso vernáculo del P. Castellani y aparece ahora el caso del cardenal Daniélou, reportado por http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350241?sp=y
Jean Daniélou integraba la constelación de “nuevos teólogos” de los que era necesario estar precavidos. Los grandes custodios de la ortodoxia nos decían que él, junto a De Lubac, Congar y Bouyer, eran peligrosas cizañas sembradas en medio del trigo limpio de los manuales de teología escolástica de la primera mitad del siglo XX.
Yo estaba convencido de que así era hasta que comencé a leer a Daniélou, que me pareció excelente. Y su figura se engrandeció mucho más cuando me enteré que había sido él mismo, junto con Henri De Lubac, quienes habían iniciado la renovación de los estudios serios de patrística, sobre todo a través de la magnífica colección Sources Chrétiennes.
Pero cuando se hablaba, o se pensaba en Daniélou, siempre aparecía la sombra de su muerte ignominiosa: murió de un ataque cardíaco en casa de una prostituta. Dolía saber que este gran intelectual de la Iglesia, a sus años, seguía aún aprisionado de ese modo por la carne.
Sin embargo, su figura ha sido reivindicada en justicia en una congreso realizado hace pocos días en Roma, en la Universidad de la Santa Cruz (el Opus Dei, a veces, se juega por las buenas causas). Allí se ha revelado que la investigación conducida por la Compañía de Jesús dejó perfectamente claro que el cardenal Daniélou había ido a casa de la prostituta a llevarle dinero para que pudiera sacar a su esposo de la cárcel. Era esta una de las tantas obras de caridad que hacía en secreto.
Sin embargo, los superiores de la Compañía decidieron cajonear, o no publicitar suficientemente, los resultados de la investigación. Es que les convenía que la memoria del cardenal, que había comenzado a ser extremadamente duro con sus críticas a la renovación conciliar, quedara mancillada. De ese modo, sus palabras perdían autoridad. Y así fue. La crueldad jesuítica se ensañó con él, no solamente echándolo de la casa religiosa donde había vivido durante décadas, sino aún después de muerto, robándole también su buena fama.
A continuación copio el reportaje que desató las iras de la Compañía, y en el link de arriba pueden leer la noticia completa.

Entrevista al cardenal Jean Daniélou en la Radio Vaticana, 23 de octubre de 1972
P. – Eminencia, ¿existe realmente una crisis de la vida religiosa y puede dimensionarla?
R. – Pienso que hay actualmente una crisis muy grave de la vida religiosa y que no se debe hablar de renovación, sino más bien de decadencia. Pienso que esta crisis golpea sobre todo al área atlántica. Europa del Este y los países de África y de Asia presentan respecto a esto una mejor salud espiritual. Esta crisis se manifiesta en todos los ámbitos. Los consejos evangélicos no son considerados ya como consagración a Dios, sino que son vistos en una perspectiva sociológica y psicológica. Nos preocupamos por no presentar una fachada burguesa, pero en el plano individual no se practica la pobreza. La dinámica de grupo sustituye a la obediencia religiosa; con el pretexto de reaccionar contra el formalismo, se abandona toda reglamentación de la vida de oración y las consecuencias de este estado de confusión son ante todo la desaparición de las vocaciones, porque los jóvenes reclaman una formación seria. Por otra parte, hay numerosos y escandalosos abandonos de religiosos que reniegan del pacto que los ligaba al pueblo cristiano. 
P. – ¿Puede decirnos cuáles son, a su parecer, las causas de esta crisis?
R. – La fuente esencial de esta crisis es una falsa interpretación del Vaticano II. Las directivas del Concilio eran clarísimas: una más grande fidelidad de los religiosos y de las religiosas a las exigencias del Evangelio expresadas en las Constituciones de cada instituto y al mismo tiempo una adaptación de las modalidades de estas Constituciones a las condiciones de la vida moderna. Los institutos que son fieles a estas directivas conocen una verdadera renovación y tienen vocaciones. Pero en muchos casos se sustituyen las directivas del Vaticano II con ideologías erróneas puestas en circulación por revistas, por congresos y por teólogos. Entre estos errores se pueden mencionar:
- La secularización. El Vaticano II ha declarado que los valores humanos deben ser tomados en serio. Jamás ha dicho que nosotros ingresemos en un mundo secularizado, en el sentido que la dimensión religiosa ya no ha de estar presente en la civilización, y es en el nombre de una falsa secularización que religiosos y religiosas renuncian a sus hábitos, abandonan sus obras para insertarse en las instituciones seculares, sustituyendo la adoración a Dios por las actividades sociales y políticas. Entre otras cosas, esto va a contramano en lo que se refiere a la necesidad de espiritualidad que se manifiesta en el mundo de hoy.
- Una falsa concepción de la libertad que lleva consigo la desvalorización de las Constituciones y de las Reglas y exalta la espontaneidad y la improvisación. Esto es tanto más absurdo en cuanto la sociedad occidental sufre actualmente por la ausencia de una disciplina de la libertad. La restauración de reglas firmes es una de las necesidades de la vida religiosa.
- Una concepción errónea de la mutación del hombre y de la Iglesia. Aún cuando los contextos cambian, los elementos constitutivos del hombre y de la Iglesia son permanentes, por eso es un error tremendo cuestionar los elementos constitutivos de las Constituciones de las órdenes religiosas.
P. – ¿Pero usted ve que hay remedios para superar esta crisis?
R. – Pienso que la solución única y urgente es la de detener las falsas orientaciones que se difunden en un cierto número de institutos. Para esto es necesario detener todas las experimentaciones y todas las decisiones contrarias a las directivas del Concilio; poner en guardia contra los libros, las revistas y los congresos en los cuales son puestas en circulación estas concepciones erróneas; restaurar íntegramente la práctica de las Constituciones con las adaptaciones pedidas por el Concilio. Allí donde esto parece imposible, me parece que no se puede rechazar a los religiosos que quieren ser fieles a las Constituciones de sus órdenes y a las instrucciones del Vaticano II de constituir comunidades distintas. Los superiores religiosos están obligados a respetar este deseo conciliar.
Estas comunidades deben estar autorizadas y deben tener casas de formación. La experiencia mostrará si las vocaciones son más numerosas en las casas de estricta observancia o en las casas de observancia mitigada. En caso que los superiores se opongan a estos pedidos legítimos, está ciertamente autorizado recurrir al Sumo Pontífice.
La vida religiosa está llamada a un grandioso futuro en la civilización técnica: cuanto más se desarrolle ésta, más se hará sentir la necesidad de la manifestación de Dios. Este es precisamente el propósito de la vida religiosa, pero para cumplir con su misión es necesario que ella reencuentre su auténtico significado y rompa radicalmente con una secularización que la destruye en su esencia y le impide atraer vocaciones.

viernes, 11 de mayo de 2012

Disputatio

En los últimos posts hemos tenido oportunidad de discutir temas que dividen aguas entre los amigos lectores de este blog y que, por lo tanto, generan discusiones bastante ríspidas en algunos casos.
Lo curioso es que muchas veces se recurre al agravio o a los argumentos ad hominem que no resuelven nada y que, en definitiva, terminan demostrando debilidad en los propios argumentos e inmadurez y tozudez de carácter. Casi como niños que juegan a la pelota y, al que le hacen tres goles, dice: "No juego más", y se va.
Jack Tollers tradujo un breve texto de Pieper acerca del espíritu y el modo en el cual Santo Tomás se enfrentaba a las disputas.
Una buena lectura para el fin de semana. Lo bajan de este link.

martes, 8 de mayo de 2012

La vergüenza de Trelew


Nos enteran los diarios de hoy que ayer comenzó el juicio a los “genocidas” acusados de la “masacre de Trelew”. El relato de Clarín es muy gráfico: el juicio se realiza en un gran centro de congresos y exposiciones y, a su apertura, asistieron más de 500 personas encabezadas por el gobernador de la provincia. ¿Los acusados? Un grupo de cinco ancianos de 80 años como promedio. El juez de instrucción se horrorizaba ante el hecho de que, luego que los prisioneros -asesinos todos- del penal de Trelew fueran recapturados en su fallido intento de fuga, hayan sido encerrados durante una semana en la base naval Almirante Zar sin permitírseles la visita de las familias y de sus abogados. Pobres inocentes!
Los K dan asco desde hace años, pero los jueces K que se prestan para este circo de cinismo dan mucho más asco aún. Quizás eso sea lo que más enerva los ánimos: el cinismo con el que se hace todo. Cínico es el desvergonzado en el mentir. No se trata de hipocresía, porque el hipócrita, a fuerza de fingir, quiere creer y a veces termina creyendo su propia mentira. El cínico es el que miente y no le preocupa que resulte evidente su mentira. Antes bien, se preocupa de imponer su mentira a los demás a modo de burla porque tiene el poder para hacerlo y porque desea saciar su sed de venganza.
Políticos cínicos y jueces cínicos. Eso es Argentina.

Valga este post para los que creen que porque hayamos criticado el método de la lucha contra el terrorismo marxista de los ’70, estamos a favor de de la venganza o nos hicimos zurdos.