lunes, 10 de marzo de 2008

Pequeño burgués


Hace ya varios años, cuando yo apenas era un jovencito, fui reconvenido por un novel sacerdote porque, durante un retiro espiritual, constató que yo me sacaba el escapulario del Carmen para ducharme. “Podés morirte mientras te duchás”, me dijo. Y yo, con algo de irreverencia, le respondí: “No creo que Dios sea tan cruel para mandarme la muerte justo cuando no tengo puesto el escapulario”. “Nunca se sabe...”, dijo él. Este padrecito, que hoy es formador del seminario sanrafaelino, creía más en el escapulario que en Dios. Padecía el sindrome del pequeño burgués.
El pequeño burgués es aquel hombrecillo en busca de pequeñas seguridades materiales: la casita propia; el empleo seguro, y si es en el Estado mejor; el sueldo que, aunque modesto, arribe puntualmente a comienzos de mes; una alacena con suficiente provisión de fideos, arroz, azúcar y harina, y hasta un plan de sepelios prepagos. De este modo, todas las módicas variables de la vida terrena están controladas y el pequeño burgués puede tomar mate tranquilo y dormir en paz.
Esta conducta tiene un correlato en la vida cristiana. Ya nos enumeraba Jack Tollers algunas de las pequeñas seguridades cristianas. A la muela de Santa Apolonia podemos la devoción a los primeros viernes del Sagrado Corazón, los primeros sábados del Inmaculado Corazón y los siete sábados de San José; el escapulario marrón del Carmen, el blanco de la Merced, el verde sor Justina y el beige de Buela; el Rosario de la Santísima Virgen, el de la Divina Misericordia y el de los Siete Dolores.
Como el pequeño burgués, este cristiano se aferra a pequeñas seguridades asociadas a cosas materiales porque, en definitiva, un pedacito de paño marrón es tangible y el Evangelio, en cambio, no lo es. Y las palabras de alguna aparición que se acompañan de milagros o de fuentes de aguas sanadoras ofrecen una seguridad más concreta que las despojadas palabras evangélicas.
El Evangelio, claro, nos da seguridades, pero se trata de seguridades intangibles, aquellas que provienen de la fe, y entonces, su aceptación es un salto en el vacío porque creemos que al final seremos acogidos por las manos amorosas del Padre. Pero lo creemos, no vemos ni tocamos nada, ni siquiera un pedacito de franela; sólo el vacío en derredor.
El pequeño burgués, en cambio, busca pequeñas seguridades, no sólo en medallitas y novenas, sino también en congregaciones, prelaturas y fundadores. Pertenecer a un grupo religioso es lo suficientemente tangible para darnos un grado extra de seguridad, y tranquilidad burguesa.
El sindrome del pequeño burgués adquiere muchas veces también un matiz más intelectual, y entonces el hombrecillo se dedica a buscar las “doctrinas seguras”. Frunce el entrecejo cuando se menciona a los Padres, y mucho más si son Orientales; los medievales serán confiables en tanto y en cuanto sean asimilables a Santo Tomás, y los modernos siempre que se ajusten estrictamente las esmeriladas definiciones tridentinas. Los conversos son siempre de cuidado: los escritos del Cardenal Newman no son doctrina segura y mucho menos lo es la de los anatematizados Casel, Chenú, Congar y Bouyer. Incluso Castellani, borgeaniamente, es sólo un divertido escritor de novelas policiales. “¿Para qué aventurarse por esos mares inseguros, si podemos permanecer tranquilos en las mansas aguas de la rada de las precisas definiciones del Denzinger?”, piensa el burgués. Y es comprensible. Fondeados en ese apacible mar de perfectos silogismos, nos evitamos la angustia del “no ver” y, aún así, seguir navegando en las zozobrantes aguas oscuras de la fe, con rumbo invariable hacia la isla de Jauja.
No es cuestión, claro está, de considerar las formas de piedad que se han mencionado o la doctrina del Angélico en un sentido dialéctico con el Evangelio. Sería la postura protestante o progresista. Si la Iglesia bendice los escapularios y medallas, reconoce las apariciones de Fátima y Lourdes y recomienda la doctrina de Santo Tomás, por algo es. Esas “pequeñas seguridades” son convenientes y, a veces, indispensables para mantenerse en la fe. Tranquilizan y consuelan a todos, en momentos de ansiedad y cuando el desasosiego arrecia. Dios conoce nuestra fragilidad y por eso nos dio tales consuelos.
El peligro radica, como bien ya se indicó en este blog, en la idolatría. Cuando estas pequeñas seguridades reemplazan a Dios, se convierten en un ídolo, y la idolatría es un grave pecado. Un escapulario idolatrado es un escapulario desvirtuado, es decir, que perdió su virtus, su fuerza. Ya no sirve. Es dañino. Como la glicina de Lupus, que termina ahogando al tronco que la sostiene.
Sólo Dios basta.


18 comentarios:

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Así es. En el justo medio entre la idolatría y la iconoclastia, está la verdad. Un poquito más del lado de la iconoclastia, en mi opinión.
El problema no está en mirar el icono, sino en como lo miramos. Desde kierkegaard sabemos que un idólatra puede adorar a su totem como a Dios y un cristiano a su Dios como a un totem.
La clave es la disponibilidad a trascender, a dejar las cosas de Dios por Dios mismo, a usar todas estas cosas buenísimas (devociones, medallitas, apariciones, la imagen de Cristo mismo) como peldaños de la Santa Escalera hacia el Dios Unico.

Don Pelayo dijo...

Su post se asemeja bastante al de un modernista protestante. Odio por todas esas cosas que nos acercan a Dios so pretexto de no caer en idolatría. Ya conozco su respuesta: soy tridentino, barroco, devotio-moderna, etc. Ahórresela.
Nadie dice que hay que dar culto de latría a esas cosas, pero sí son medios muy útiles para salvarse. Y no me venga con el prurito psicológico de la seguridad. Como ud mismo lo dice la fe da certeza y por ende seguridad.
Lo mismo su enquina contra Santo Tomás, como si el paso de los años a la Iglesia la hubieran cargado con un montón de cosas intrascendentes e inútiles de las cuales es preciso despojarse y volver al cristianismo primitivo. No le voy a hablar de Humani Generis ni de Pascendi porque seguramente las desprecia (como desprecia Trento).
Su post además tiene un punto en el cual es francamente heterodoxo: SÍ SE PUEDE ADORAR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS y usted pone a la devoción al Sagrado Corazón como parte de los peligros de caer en idolatría. Y su devoción está incorporada en la liturgia (la misa y el oficio me dirá, la novena no. Ya lo sé no soy tan tonto).
Revise su teología "súper-teólogo omnisapiente".

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Don Pelayo,aunque Wanderer no necesita defensa, repito lo que dije en el comentario inmediatamente anterior al suy -y no soy ningùn modernista protestante y lo desafìo a que me refute esta proposiciòn: "Incluso el Sagrado Corazòn de Jesùs puede ser adorado idolàtricamente"

La clave, estimado, està en el COMO

Wanderer dijo...

Don Pelayo, no se enoje. La ofuscación le hace leer mal el post.
Por otra parte, sus cuestionamientos han sido ya suficientemente discutidos en este blog a lo largo del año pasado.

Chelo de Rosario dijo...

Por qué no cita simplemente a Nuestro Señor cuando dijo "Felices los que creen sin haber visto"?. No tiene que darle tantas vueltas al asunto, Ud. pretende explicar lo inexplicable, lo cual forma parte de esa pretensión de tangibilizar el misterio que Ud. endilga a los pequeños burgueses. ¿Piensa que realmente conoce el corazón del simple que se entrega mansamente al sueño luego de besar tres veces su cruz? En su post hay crítica solapada a la Tradición, que Ud. justifica en su ofuscación.

Anónimo dijo...

Me parece que la clave está en recurrir SIEMPRE a la única fuente fidedigna que es Dios mismo.
CONFESION Y COMUNION, es la clave para no caer en idolatrías o como las quieran llamar... para no quedarnos en las formas exteriores sino en el verdadero y último fin.
Ahora, a pedir fe todos los días de la vida!.
Muy bueno vuestro blog.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo.

Estimado Wanderer, las airadas reacciones a su post reafirman la importancia de las ideas por Ud vertidas.
Séame permitido, para terminar esta discusión, traer aquí un argumento de autoridad a su favor, dicho por el mismo Señor: "Nadie es bueno sino Dios". Y lo dice Jesús, que ninguna de las buenas almas aquí escandalizadas tomará por blasfemo, modernista, negador de la divinidad de la Hipóstasis, desacralizador o protestante

Anónimo dijo...

Dios infaliblemente tira abajo todas las casas. Y para gloria del chanchito laborioso, la suya, la de ladrillos, es destruída completamente y con gran estrépito antes que ninguna otra. No sea cosa que los chanchitos piolas, de tanto jactarse de vivir sin seguridades, no escuchen cuando el Señor toque la puerta para tirar abajo la suya.

No hay burgúes más pequeño, pequeño que el que se jacta de no serlo.

Anónimo dijo...

Amigo Chesteron, ¿por qué enojarse así? "Let's disagree without being disagreable".

Pero sí, don Pelayo, me parece que en su enojo dijo lo más importante (que no, no recuerdo que lo haya dicho Wanderer): "La fe da certeza y por ende seguridad".

¿En serio? Relea el Evangelio. Por mucha fe que uno tenga, puede tener dudas:

"¿Cómo será eso, si no conozco varón?"

¿San José y la Santísima Virgen se equivocaron al reprender al Niño en el templo por falta de fe?

Se podría seguir y seguir, Pedro (confirmado en la fe) dudando sobre la circuncisión, Pablo que no sabe qué hacerse con Tito, ni con la espina que tiene en el costado...

Sí, la fe da certeza y por ende seguridad sobre cosas que no son de este mundo (y que pueden estar en este mundo, pero no le pertenecen).

Tenga fe en la Providencia de Dios y por dura que venga la mano que su fe no se mueva un jeme. Pero eso, amigo, no siempre se traduce en certezas psicológicas, en estabilidades afectivas ni en, como dice Wanderer, burguesas seguridades.

¿Propone leer a Caturelli? No está mal, pero a mi juicio "Las catacumbas" es un libro un tanto demodé. Mejor, más actual que nunca, el judío Werner Sombart.

Y otro libro escritos por judíos: el Evangelio.

Anónimo dijo...

Estimados anónimos:

Me llamaron y aquí me tienen.

La mitad de los que escriben en este blog son pequeños burgueses. Trabajan efectivamente en el estado, llegan a la hora que quieren, se van cuando les da la gana. Faltan igual si les duele la muela, que si se acostaron tarde, tienen el tiempo de leer y navegar por Internet (cosa que les envidio) y escribir largos comentarios en Wanderer como la glicina de Lupus. Por no mencionar curas que ni el tren se toman. Y después hablan de burgueses. Si hicieran esto y los viera correr la coneja o esclavizados vuestro testimonio valdría.

Muchachos: baste de doble discurso.

El vengador Kukú.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:

Tenga cuidado,Ud.esta tan seguro de que hace las cosas bien que puede terminar siendo soberbio.

El hombre, hasta el más soberbio,
Con más espinas que un tala,
Aflueja andando en la mala
Y es blando como manteca,
Hasta la hacienda baguala
Cai al jagüel con la seca".

así que no debe desdeñarse a quienes por necesidad, desesperación, ignorancia o piedad idolatran alguna estampita o rezan el rosario o adoran al Santisimo más de lo que según Ud corresponde.
¿Donde esta la línea que divide la oración piadosa de la idolatría? Yo hasta leer su post pensé que solo Dios la conocía pero ahora veo que no.
Attentamente
El Viejo Vizcacha

Wanderer dijo...

Vengador Kukú, Chesterton y Otros...: ¿alguna vez escucharon hablar de la analogía? Convendría darle un repasadita al tema.
Viejo Vizcacha: Yo no estoy seguro de nada, y cuanto más viejo soy, menos seguro estoy de todo. Quédese tranquilo.
Por otro lado, yo no desdeño a nadie. Relea el post sin ofuscaciones, inteligentemente.

Anónimo dijo...

Al vengador kukú

Cuando la cosa se vuelve personal, uno debe responder personalmente. Lo que dice Wanderer es de Wanderer, y así cada cual. No adhiero a todo lo que dicen ni hago responsable a nadie de lo que digo. A usted algo de tiempo le sobra, porque bastante seguido viene por aquí a soltar sus carajos. Siga mi consejo y siga. Siga de largo. Vaya a los otros diez blogs en los que se siente más a gusto, economice mejor su tiempo. ¿De qué doble discurso se atreve a hablar usted, "vengador kukú"? Algo sé de correr la coneja. Si quiere, le hablo de conejas y conejos en vez de glicinas. O quizás prefiera que le hable de gansos. ¿En qué oficina sufre, en qué bondis viaja? Capaz que nos cruzamos algún día y me cuenta mano a mano qué otras venganzas planea en su tiempo escaso. Por mi parte le anticipo: a mí me importa un (ponga la hortaliza de su preferencia) lo que usted cree que adivina del testimonio ajeno. Oh, vengador.

Lupus

Childerico dijo...

Lupus: No se preste a la trampa, o a la ceguera, o a la cortedad del Vengador. No estamos discutiendo quién es más o menos burgués. La cosa es mucho más profunda.
Como bien alude el Wanderer, pensemos analogicamente.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer,

Este formato es horrible, se presta a mil confusiones. No critico su post (me parece un tema capital, aunque ya gastado aquí)sino a los internautas que se precian de no ser burgueses con la boca..bueh con la letra mejor dicho.

Estimado Lupus,

Mismas dos primeras oraciones que a Wanderer. Se perfectamente que usted está en el otro 50%. Porque lo conozco lo afirmo. Como dice Wanderer, lo mío también fue una analogía: el largo comentario de su glicina aplicado a los burgueses de este block. Por cualquier ofensa no intencional, mis sinceras disculpas. Por otro lado, no olvidaré alguna hortaliza la próxima vez que lo visite.

El vengador Kukú.

Anónimo dijo...

Apreciado vengador: engrané no tanto por mí (aunque también) sino por otros. Si me conoce, conoce a mis amigos: lo que puede decirse entre hombres, no debe decirse entre fantasmas. Tráigase lo que quiera de la huerta y mientras hacemos el puchero vemos si nos entendemos.

Lupus

Anónimo dijo...

Estimado Lupus,

No entiendo. Usted afirma que no hay que hablar entre fantasmas lo que puede decirse entre hombres: por qué, entonces, firma con seudónimo? No entiendo tampoco su anterior enojo. Si no nos conocíamos, por que se ofendió?

El Vengadro Kukú.

M. Isabel dijo...

Excelente post y buena reflexión. El problema de muchos católicos (problema no desalentado por la jerarquía eclesial) es justamente el aferrarse a las cosas, a los ritos, a las formas, y olvidarse de la vivencia interior de la Fe.

El problema está también en la pedagogía religiosa, que orienta a esos elementos externos, como si la Fe se pudiera imponer por decreto. La Fe nace de una vivencia interna. Y si se quiere alentarla, hay que alimentar el entorno espiritual, y no atiborrarnos de cosas que son, finalmente, cosas materiales y totalmente prescindibles.