lunes, 24 de agosto de 2009

El cielo de un anglicano




Estimado Wanderer:

¿Querrá volver un minuto a la cuestión de los hermanos separados?

Porque está el otro lado también. De un lado el cisma de Oriente, del otro el inglés. Y Roma en el medio.

A pesar de todo, Roma es lo mejor. A mi juicio, los católicos romanos, a pesar de sus múltiples achaques y manías, desviaciones y estupideces, caídas y recaídas en el maniqueísmo, en el voluntarismo, en el quietismo o lo que fuera, tiene encima unas promesas que no fallarán.

“Yo he rogado para que tu fe no desfallezca”. Y para no desfallecer, Roma ha tenido que probarlo todo, y quedarse con lo bueno. Siempre ha sido así.

Pongo ejemplo. En este sermón de Newman que acabo de traducir aparecen las taras del anglicanismo, sus deficiencias y su fortaleza. Ningún anglicano más vigoroso que Newman—cuando todavía era anglicano. En este sermón, predicado unos veinte años antes de su conversión (¡y apenas si contaba con 25 años de edad!) nos recuerda cosas que a los católicos nos vienen bien. Ningún católico habría predicado lo que él predicó, del modo que lo predicó por la sencilla razón de que creemos una cantidad de cosas más.

Newman dice, primero, que sólo los santos entran al cielo. Indudablemente. Luego prueba su proposición (y es una risa, el argumento tiene ribetes humorísticos, además de ser perfectamente convincente).

Pero luego, en el punto primero, (¡atención señores, fíjense que vale la pena!), resuelve con unos poco trazos maestros la cuestión “fe y obras” que tanto trabajo le dio a la contrarreforma, que tan mal planteó y quiso resolver Lutero (finalmente para sostener su “sola fides” tuvo que suprimir la canonicidad de la epítsola de Santiago), que tan crípticamente abordó Kierkegaard, que tanto estudió Max Scheler sin concluir del todo, que tantos dolores de cabeza le produjo a Simone Weil, que le sacó canas verdes a Castellani (véase su excursus sobre “La Caridad” en “El Ruiseñor Fusilado”) y que a Santa Teresita le costó una vida (y un martirio) descular (no me acuerdo quién decía que “Teresita es Lutero que ha triunfado”).

Pero en el punto segundo, Newman comienza a desbarrar porque no sabe qué hacerse con los tibios, los indiferentes, los cristianos mediocres, buenitos o simplemente beatones. No tiene dónde ponerlos porque el anglicanismo había suprimido el Purgatorio.

En cambio, nosotros los católicos romanos, no sólo creemos en el Purgatorio sino en una cantidad de cosas más, obras todas de la misericordia de Dios, comenzando por el poder inmenso de la Extremaunción, las misas gregorianas, las indulgencias, el escapulario, los nueve primeros viernes, los cinco primeros sábados, la intercesión de la Iglesia por las almas del Purgatorio, etc. etc…

En sus años mozos, Newman habría dicho que todo eso no son más que supersticiones y corruptelas de la vera religión, puesto que no aparecen en la Escritura. Pero a fuerza de querer ser santo, a fuerza de empeñarse en buscar la verdad, a fuerza de oración, sacrificio y fidelidad, veinte años después llegó a puerto y fue recibido por la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y… ¡Romana!

Entonces, ¿a cuento de qué traducir este sermón.

Lo diré. No sólo porque resuelve magistralmente la cuestión fe y obras, sino porque lo central sigue siendo verdad: que si no somos santos no entraremos al cielo. Y es verdad que a veces, más o menos inconcientemente, tapamos con la consagración de San Luis María de Montfort, la muela de Santa Apolonia o los quince minutos diarios de meditación sobre la Pasión (Santa Teresita dice que con eso zafamos. Pero un amigo me señala que si lográs eso, qué piola, así cualquiera… si hacés eso es porque… ¡ya sos santo!).

Pero la obligación subsiste y está ahí. Newman la señala con incomparable lucidez. Da miedo, pero es verdad.

¿Dije miedo?

Con temor y temblor tenemos que trabajar para ser santos.

Y en esto no hay tutía.

Jack Tollers.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué julepe no ?

Pequeño, pequeñísimo rebaño … y nosotros meta hacer cagadas.

Me ha pasado de pensar en este tema y consolarme diciendo “los santos no se consideraban a sí mismos santos, sino los más indignos, por lo que yo no estoy tan mal, creo lo mismo”.

Pero es mula !

Ellos lo decían de santos que eran, en cambio yo por tener conciencia de mí propia hijaputez. No es igual.

Y cómo se hace ?

Yo qué sé.

Supongo que no es todo pero ayuda el seguir fielmente la vocación. A mí –y a Elías de Tejada también- se me hace que la vocación, si bien es terrena, marca un rumbo, que bien seguido, se parece más o menos al camino que va pa' arriba.

Con eso sólo no alcanza pero al menos marca “el día a día”. De última, la condena o la salvación sucederá conforme a la vida que hemos llevado y esa vida es una sumatoria de “días”. O no?

Igual es difícil. Por ejemplo:

Hoy llegué temprano a la oficina y aproveché para terminar de leer la única novela que escribió don Leopoldo Lugones. Se llama “El ángel de la sombra” y no tiene nada que ver con este tema. No obstante ello, me provocó un inmenso asco de mí mismo y una necesidad de confesarme urgentemente. No sé porque, pero así sucedió.

Después lo pensé mejor y creo que me confesaré mañana ... o pasado …

Ahí está el ejemplo –real, concreto y fresquito- de las macanas del “día a día”.

Excusas tengo miles. Por lo pronto que por donde laburo los confesores son un verdadero desastre.

Pero si un mal sacerdote confiesa lo mismo !!! Vaya hombre, vaya !!!

Y al final no vas. Sabés lo que tenés que hacer, pero no vas. Así es que se la pasa uno jugando al filo.

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Hay que tener conciencia de la enorme dificultad que supone el lograr salvar el alma de la condena eterna.
Enorme dificultad.
La salvación no va de suyo. No está al alcance de la mano.
Nunca lo estuvo, pero hoy en día mucho menos.
Es apremiante tomar coinciencia de esto.
JV

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

JV

Hay que tomar conciencia de la enorme dificultad que supone caer en la condenación eterna.
Enorme dificultad.
Sobre todo, la salvación no está al alcance de la mano, porque ya estamos salvados.
Sólo hay que aceptarla y confiar en Dios.
Es apremiante tomar conciencia de ello.

Anónimo dijo...

Esta pregunta parece tonta pero es en serio...
Por qué, si Newman era Inglés, tenía semejante napia? Parece tano...

El Pibe de B.V.

Anónimo dijo...

Si JV Ud. tiene razón pero hay que tener cuidado de no caer en herejías, sino también te vas al infierno...

Pelagio

Anónimo dijo...

Gracias por la traducción JT!
Pero qué mal me veo ...

Anónimo dijo...

Ludovicus
Excelente paráfrasis.
Solo que "aceptar" que estamos salvados es imposible. Para el hombre.

Juancho dijo...

Yo la leí ayer en el tren, y me pareció un poco rigorista.

En el seminario había un profesor que hacía esta distinción...

hay discursos "pedagógicos" (como un sermón) donde se puede exagerar, disminuir o incrementar, etc... porque apuntamos al corazón del oyente.

hay discursos "metafísicos" (teológicos, científicos, etc...) donde hay que decir la verdad pura, tal como es. Sin agregar nada.

En este orden, el discurso me pareció "pedagógico".

Sorry si sueno maestro ciruela, nomás para explicarme.

Juancho.

Anónimo dijo...

Ludovicus y Pelagio:
Ni muy muy, ni tan tan.
Hay que tener conciencia de la dificultad que supone salvar el alma y no alcanza con decir "ya estamos salvados", ni tampoco que es sufucuente con "confiar" en Dios.
Es un don del Espíritu Santo el "temor" y una religión light la que descansa más en la confianza que en la fe y las obras...
Ludovicus, que "ya estamos salvados" usted realmente lo cree?
Entonces Newman para qué se gastó en escribir el sermón, si ya estamos salvados?
Entonces, Ludovicus, el infierno no existe?
O existe, pero no hay allí bautizados en la Iglesia Católica Apostólica Romana?
JV

Anónimo dijo...

Relacionado con esto de la salvación, miren esta noticia:
http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=26547

Tito

Anónimo dijo...

Dice Ludovicus en un arrebato de determinismo:
"la salvación no está al alcance de la mano, porque ya estamos salvados".
Explíquese Ludvicus antes que le elevemos cargos por calvinismo.
Marcelo T.

Anónimo dijo...

Malachi Martin dijo:

Bien, Ludovicus, en la respuesta a J.V.

Para quien quiera profundizar este bellísimo tema, me atrevería a sugerir la lectura del capítulo "¿Son muchos los que se salvan?" del P. Faber, en ese libro magnífico "El Creador y la creatura", en la referencia que hace a los cristianos.

Cordiales saludos.
- Malachi Martin -

Pablo dijo...

Sólo se condena el que quiere condenarse. De lo que no se sigue que nadie pueda condenarse o que el infierno esté vacío.

Caer en condenación supone una dificultad muy grande, porque los medios de salvación existen, y la Iglesia católica posee su plenitud.

Estamos salvados porque la Redención (objetiva) del género humano ya se hizo. Y no podemos auto-salvarnos; sino disponernos a recibir la gracia de la salvación, ahora y en la hora de nuestra muerte.

No creo en las imágenes rigoristas de Dios: el francotirador al acecho de los pecadores; el guardián de un laberinto que mira desde una torre a los hombres perdidos que tratan de salir; etc. Tampoco en el exceso de pesimismo antropológico.

Uno no se vuelve más “tradicional”, ni más “ortodoxo”, por entrar en las coordenadas del rigorismo.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Ojo con el "No los conozco" de Cristo.
O el "Conozco quién es Jesucristo y a Pablo, pero tu quién eres?" (del demonio en un poseído a un exorcista judío que pretendió echarlo invocando sin derecho el nombre de Cristo. Resultado, el demonio se le arrojó encima y lo maltrató grandemente)[Hechos de los Ap. Dont remember the versículo].

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Nop. Calvinismo las p..
Ya estamos salvados, por eso la salvaciòn no està al alcance de la mano, sino en la mano. Y la mano es gracia, la aceptación de la salvación es gracia, la voluntad de aceptar es gracia, la voluntad de la voluntad de aceptar es gracia.

Anónimo dijo...

Malevo Martin dijo:

Bien, Ludovicus, en la respuesta a J.V.

Para quien quiera profundizar este bellísimo tema, me atrevería a sugerir la lectura de Henri Nouwen, Antony de Mello, Carlos Vallés, Carlo Martini, Carlo Carreto y varios Carlo y Carols más que insisten en lo mismo. Si quieren la versión más culturosa de la misma tesis, con muuuucho pie de página y germánico tono serio: Hans Urs Balthasar les pondrá el moño al asunto.

Uno, que "teme y tiembla" pensando en la Salvación...

jack tollers dijo...

Amigos, me parece que hay varios aquí que deberían releer el sermón de Newman.

No me parece rigorista, como sugiere Juancho, en modo alguno. Es cierto, como he dicho en la carta presentación, que al no contar con la doctrina del purgatorio, la cosa se le hace difícil e inevitablemente es rigorista en la medida en que no sabe dónde meter a los tibios, católicos de letrerito, boludos, beatones y burros. O.K. Pero por lo demás, sigue fidelísimamente a la Escritura.

La cuestión me trae a la memoria lo que le dice Lewis a Bultman. El alemán dice que Dios es mucho más que un padre que premia a los buenos y castiga a los malos. Sí, dice Lewis, pero tampoco es menos que eso.

En la discusión entre JV y Ludovicus donde eligen diferir entre “salvar el alma” (que suena a Pelagiano) y “aceptar la salvación” (que suena a Quietista), me parece mejor detenernos en lo dicho por Newman al final de su sermón cuando armoniza ambos componentes, la voluntad y la gracia, la fe y las obras:

“Constituye un consuelo saber, lo que ya he dicho implícitamente, que no se nos deja solos, sino que el Espíritu Santo nos acompaña graciosamente permitiéndonos triunfar sobre nuestras almas y convertirlas. Constituye un consuelo y un aliento, por más que el asunto inspira temor y temblor, saber que Dios obra en y a través nuestro (Phil. II:12-13). Somos los instrumentos, mas sólo los instrumentos, de nuestra propia salvación. Que nadie diga que lo he descorazonado y que le he propuesto una tarea más allá de sus fuerzas. Todos nosotros contamos con los dones de la gracia que nos han sido prometidos desde los días de nuestra juventud”.

(Para quien quiera saber más sobre esto, no deje de leer la otra homilía de Newman en mi página: “No lo llamen más el Gran Desconocido”).

En cuanto al cargo de herejía que le endilga indirectamente un comentador, sólo le diría que mida sus palabras.

Cuando se convirtió al catolicismo Newman repasó su obra como anglicano e hizo, efectivamente, algunas retractaciones. Pero no, no había herejía ninguna.

En cuanto a la nariz de Newman, permiso. Paso.

Jack Tollers

Anónimo dijo...

JT: lo de la herejía era para JV no para Newman. De todos modos JV ya hizo su aclaración, ni muy muy ni tan tan y creo que esta en la línea de su comentario.

Pelagio