viernes, 28 de agosto de 2009

La interpelación


Estimado Wanderer, estimados todos:

Disculpen si me pronuncio demasiado a menudo, no quiero interferir tampoco con lo que otros, de más valía que yo, tengan para decir, pero es que… esto nos concierne a todos, me parece.

Y sobre todo a usted, estimado Wanderer.

Sucede que con el paso de los años me he ido aficionando más y más al Evangelio, qué quieren que les diga. Empecé a leerlo a diario hace cosa de un cuarto de siglo (creo que por influencia del maldito fraile mal pibe) y desde entonces la afición se ha vuelto algo que sólo se me ocurre calificar como de obsesión. En particular el Evangelio de Juan, y más en particular todavía, las palabras de Cristo, ipsíssima verba Iesu.

Pero luego, una cosa más específica todavía, no sé por qué. Se me ocurre que de toda la miasma, de todo el detritus y general imbecilidad de los progres pos-conciliares y sus abominables neologismos, se me pegó un solo vocablo: interpelar. Dios, la Iglesia, el texto tal… te interpela. Es una palabra fea, bruta parola, concedo, y sin embargo…

Me interpela.

A mí en particular me encantan las preguntas de Cristo, y supongo que es porque me interpelan, me obligan a contestar alguna cosa, no puedo quedarme callado, qué le voy a hacer. Y claro, así comienza una interminable conversación ¿no?

¿Pongo ejemplo? “¿Qué queréis?” (Jn. I:38). Y Señor, qué sé yo… “¿Cómo? Tú eres maestro en Israel y no sabes estas cosas?” (Jn. III:10). Es que, Señor, no sé, pero… “¿Quieres curarte?” (Jn. V:6) Y la verdad que sí Señor…

Estas preguntas de Jesús son innumerables. Claro que hay algunas que pegan más que otras. Que interpelan un poco más, ¿no? “Vosotros también queréis iros?” (Jn. VI:67), o aquella otra, tremenda: “Si digo la verdad: ¿por qué no me creéis?” (Jn. VIII:46). En efecto, en efecto, sólo que… -No me cambies de tema, te digo, te pregunto, en efecto, te estoy interpelando: “¿Por qué no me creés?”.

En ainsi de suite. Ahora, la pregunta que más me gusta no está en San Juan, sino al final del evangelio de Lucas, cuando un desconocido se les aparece a los de Emaús y les pregunta directamente: “¿De qué conversábais cuando ibais por el camino?” (Lc. XXIV:17).

A lo mejor la prefiero porque tal vez, quizá, de a ratos, me anime a contestar a guisa de “De Ti, Señor… y de tus cosas”.

Eso es lo que me gusta de su blog de usted, don Wanderer. Que mientras vamos de camino, con Lupus y Ludovico, con Juancho y el Anónimo Normando, con J.V., el Carlista, el Caníbal de Rotenburgo y tantos más, vamos hablando, no siempre atinadamente, concedo, no siempre del todo amablemente, correcto—pero más o menos vamos conversando sobre Él, en Quién tenemos puestos los ojos (casi siempre, I hope so).

Y últimamente, un poco más. Como es requetesabido (aunque re-negado una y otra vez) no tengo la menor idea de quién es usted. Y a osadas, no me interesa saberlo.

Pero en el Juicio Final sí me voy a enterar. Y en Aquella Hora, a pesar de todo lo demás, se me hace que cuando Cristo le pregunte de qué hablaba con sus amigos cuando iban de camino, va a zafar bastante bien.

Y yo no tanto, que me salió medio zalamero esto, caray con eso, porque hay otra preguntita, ¿no? “¿Cómo podéis vosotros creer, si admitís alabanza los unos de los otros?” (Jn. V:44).

-Bueno, Señor, ocurre que no me dí cuenta y en verdad lo que quería era prohijar…

Etcétera.

Sursum corda,

Jack Tollers.


Muchas gracias, Sir Jack. Espero que, como Ud. dice, en mi día esa pregunta esté más o menos bien respondido. El problema es que habrá otras de las que no podré zafar tan fácilmente.
Wanderer

10 comentarios:

Juancho dijo...

Jack:

Muy buena carta. Comparto lo que dice, ojalá que así sea.

Muy inspiradora (como dirían los anglosajones) esa referencia suya a la "manía por el Evangelio".

Juancho.

Lope de Aguirre dijo...

Me parece que a Lord Tollers le está pegando el viejazo pero bien.Se está enterneciendo jajajajaja.


Capitán Lope de Aguirre a punto de tomar antidepresivos por que el Dorado no aparece.

Anónimo dijo...

Muy bueno Jack,
las preguntas de Jesús en los evangelios son como flechas encendidas apuntadas al más íntimo centro de mi persona,
especialmente aquellas que lo dejan a uno sin respuesta (como tampoco las tiene en la Escritura)
como las pronunciadas ante el soldado romano que lo abofetéo:
«Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
o la del dueño de la viña a los trabajadores de la primera hora:
"Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.
¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?".

Tal vez de aquí no brote una conversación, sino solo arrepentimiento y lágrimas de compunción. En todo caso es, quizá, lo único que nos quede por responder...

Saludos.
Maxwell Smart 86

Anónimo dijo...

Siendo que lo dicho por Tollers tiene relación con lo que espetó El Emboscado en la entrada anterior, como dijo el gaucho mientras maneaba al zaino, “ahora diré algo yo”:

También me gusta este sitio – que antes ciertamente detestaba – porque se “conversa”, se dan respuestas, bien o mal, pero se responde ante la “interpelación”.

El ámbito de la Tradición –con sus diferentes gustos, boludeces, pendejadas y manías- desgraciadamente no es tan amplio y casi casi todos se conocen. Eso obliga a uno a no decir muchas estupideces, pues los otros saben quién las dice, con nombre, apellido y barrio...

Por lo demás, reconozco que éste sitio es “peligroso”. No es para cualquier estómago.

Me explico: se dicen verdades a medias adrede, como en el caso del “ya estamos salvados”, que, a una persona sin formación le podría hacer mucho daño. No sé exactamente a qué se refiere El Emboscado con las “herejías” que menciona, pero, no voy a mentir: a mí, lo del “ya estamos salvados” me tufa a pecado contra el Espíritu Santo y a herejía … y a Pieper y a Sto. Tomás también (ver el tratado sobre la esperanza, lo relativo al temor, la falsa esperanza y lo que Pieper llamó “el infantilismo de la pleinitud anticipada cuando aun se está a mitad de camino”).

Ahora bien, es Wanderer un hereje?

No, sino que le gusta jugar al filo. Es algo así como un extremista de la religión. En vez de saltar en paracaídas se puso un blog.

Dice Wanderer verdades por la mitad y cuando la gente se escandaliza no se gasta en explicarlo.

Todo estaría solucionado si Wanderer chantara un letrero bien arriba que diga: “Si nos visita por primera vez, no nos crea. Solo hablamos para los que nos conocen. Para otros puede ser dañino. No estamos para enseñar el “Catecismo”. Pero claro, perdería la gracia.

Francamente, lo que he comentado es lo que me divierte del Wanderer. No me gusta coincidir todo el tiempo. Me aburro. Prefiero intercambiar ideas, pero argumentando, como quien quiere –aunque en paz- entrar en liza, para hacer prevalecer lo que cree bueno y verdadero. No sé, son costumbres de los bogas, posiblemente.

Mientras nos mueva un buen espíritu creo que se puede hacer, y esa es la parte que no comparto con El Emboscado.

Tollers, qué no conoce al Wanderer?
Me la jugaba que sí !
Bueno, nosotros sí nos conocemos. Nos presentó un amigo (Juan L.) antes de la misa que celebró por sus pagos el Padre G.D. el invierno pasado. Conversamos un rato. Y cada tanto vuelvo por allí … cuando vuelve la Misa, pues me queda más cerca que el otro sitio. Ve lo que le digo! No somos tantos ...

Por eso, con buen espíritu, sigamos.

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,


"a mí, lo del “ya estamos salvados” me tufa a pecado contra el Espíritu Santo y a herejía"

Carlista, agregue a la nómina de herejes y pecadores contra el Espíritu Santo a San Pablo, Ad Romanos, 8: 24: "en la esperanza HEMOS SIDO SALVADOS" y 10:9 "Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Estos herejes apostólicos...

Anónimo dijo...

Ludovicus, vamos ... San Pablo no dijo "sólo" eso. No se puede maximizar con "trozos" de la Escritura.
Lo que usted plantea también está esgrimido en la obra que cito. Fíjese y verá.

Con ese criterio tampoco "el hombre debe confiar en el hombre", sin embargo, si ve el tratado de la fe la cosa no es tan así.

En síntesis: a la Escritura la interpreta la Iglesia. Allí están las respuestas ...

Saludos,

El Carlista.

Kimbo dijo...

Acerca de la disputa entre Ludovicus y el Carlista:

Resulta que las frases "estamos salvados" y "hemos sido salvados" no son iguales.

La primera refiere a un estado que sólo se hará realidad en la otra vida.
La segunda, a un acontecimiento "histórico" "pasado".

Como licencia poética, vale. Sin embargo, como dice el Carlista, puede llevar a alguuuuna confusión.

Anónimo dijo...

Ante la duda chequié. No sé quién tiene razón en este debate, pero que J. Pieper dice lo que dicen que dice, es cierto.

Anónimo dijo...

La libre interpretración del Evangelio es un invento protestante y el determinismo calvinista también.
Fueron y van de la mano.
Rip.

Anónimo dijo...

Ludovicus,

Kimbo, me alegro que le quiera enmendar la plana a San Pablo y a Benedicto, corrigiendoles la forma gramatical:
IN SPE FACTI SALVI SUMUS

Queda para una fe de errata de las próximas ediciones de la Encíclica.

Las reacciones contra la fórmula, así como los intentos por circunscribir la acción salvífica divina "al pasado" (¿el Calvario?)o "al futuro" (el Cielo) y no al Hoy de Dios, único ámbito en que se realiza la obra de nuestra salvación, demuestra que hay una heteropraxis galopante, específicamente voluntarista.

No se soporta que la obra de salvación ya haya sido cumplida por Dios, y se pretende que la aplicación subjetiva ("lo que le falta a la Pasión de Cristo" que dice san Pablo) sea parte necesaria de la acción salvífica de Cristo.

Más brutalmente, algún barroco habla de que la composición de la salvación es 50% Dios 50 % esfuerzo humano. Una versión "a lo divino", del edisoniano "90 de transpiración, 10 de inspiración".
Ay los occidentales, con el "triunfo de la voluntad" y la mar en coche...

Frente a esto, y provocativamente, poner fórmulas a lo Erhardt es mandatorio. A ver si sirve para pensar. No me voy a molestar en transcribir a Pieper, que dice lo mismo que hemos dicho, sólo que en pacíficos renglones que se lee con anodina tranquilidad.

Que en este blog haya habido interpretaciones pueriles de la frase (como "el Infierno está vacío"), apelaciones a manuales de iniciación teológica del óptimo Pieper o alguna memez por el estilo ya es más inocente, denota cierta "theological plainness", o sancta simplicitas.
Pero cuidado con creer que Dios está en el allende la muerte. Está ahora mismo, aquí enfrente. Y es la única forma en que se te manifiesta. Hoy. Aquí.
No es un Dios de ultratumba. Está vivo, respirando encima tuyo. Y te ha salvado, te está salvando. Si no lo adviertes, no te salvarás.