lunes, 1 de marzo de 2010

Cómo se hizo la reforma litúrgica III


El Pelado Locke me envía una interesante reflexión acerca de la realidad más cruda de la reforma litúrgica. Aquí va:

Los dos post que ha publicado acerca de la historia real de la reforma litúrgica son en mi humilde opinión de enorme importancia. Apuntan directo a una peligrosa falacia, muy frecuente en los tiempos que corren. Me voy a tomar el trabajo de exponerla y desmontarla.
Esta consiste en el siguiente razonamiento. Una persona de buena fe católica observa los abusos litúrgicos que debemos padecer diariamente y reacciona airadamente. Pero en un segundo momento él u otro creyente le acerca la siguiente proposición: pero es la Iglesia la que ha realizado dicha reforma, por lo tanto no puede ser una mala reforma. En un tercer momento el fiel, apoyado en esta proposición tiende a minimizar los desastres litúrgicos, llegando a conformarse con decir: “pero hay consagración, que es lo realmente importante”. En un cuarto momento, cansado de sostener lo insostenible, echa la fe por la borda.
Señores, la fe no significa negar lo que tengo a la vista, lo que objetivamente puedo analizar y conocer con criterios racionales y válidos. La reforma litúrgica es objetivamente una patochada, como cada vez más expertos están diciendo en voz alta en la actualidad (gloria y loor para Klaus Gamber). No tiene antecedentes en la historia de la Iglesia de Oriente y Occidente y es contraria al modo en que naturalmente se ha dado el desenvolvimiento litúrgico en todos los ritos de la Iglesia una.
¿Qué es lo que falla en el razonamiento dicho? Pues obviamente la proposición: la Iglesia no puede producir una mala reforma litúrgica pues es indefectible en lo que respecta a fe y costumbres. ¿Se desprende esto del hecho de fe de que la Iglesia es indefectible? ¿Qué significa que es indefectible? ¿Es indefectible en todo y en todo momento y en todos los niveles de su enseñanza? ¿Un Concilio Ecuménico es siempre infalible? ¿En todos sus documentos? ¿El Papa es siempre infalible? ¿Cuántas veces en la historia de la Iglesia un Papa ha hecho uso de la infalibilidad? Una respuesta ideológica y simplota a estos interrogantes conduce en la situación actual al sedevacantismo, como tantos casos que uno conoce ilustran dramáticamente. O a la pérdida de la fe, tout court. La fe no puede consistir en proposiciones de corte ideológico que niegan lo que la razón muestra de modo indubitable. Contra factum non argumentum est. Y la razón juega un papel esencial en el razonamiento teológico: fides quaerens intellectum. En resumidas cuentas, señores, hay que usar la cabeza.
Lamentablemente esta respuesta simplota se encuentra extendida entre los creyentes de cierto nivel intelectual. Urge por lo tanto depurar la fe de adherencias extrañas, como bien dicen Bouyer y Ludovicus y volver al minimalismo teológico que propiciaba Newman. ¿Están todos obligados a ello? No necesariamente la gente más simple, pero sin dudas sí los cristianos perplejos de cierta formación, sobre todo si están perplejos . . .
Con respecto a la frase, “pero hay consagración, que es lo realmente importante”, me remito al prólogo del entonces Card. Ratzinger que el Wanderer publicó en su momento.

S.S.S.

El Pelado Locke

(Esperamos las reflexiones de Jack y Hugo Reyes)

18 comentarios:

Pablo dijo...

He insistido en dos o tres mensajes en el tema de la «indefectibilidad de la Iglesia en cuanto al culto». Pero mi insistencia iba orientada, claramente, a confrontar la posición que sostiene la absoluta invalidez del Novus Ordo.

Aclarado lo anterior, pienso que la extensión indebida del objeto de la infalibilidad, es más peligrosa de lo que en una primera impresión, pudiera suponerse. Porque son esas exageraciones infalibilistas, ultramontanas, las que, confrontadas con la dura realidad, pueden dar lugar a la pérdida de la fe o al sedevacantismo. En todo caso, del desencanto posterior a la «papolatría» puede seguirse cualquier cosa…

Respecto de la reforma litúrgica, además del citado Gamber, vale la pena leer a Stickler, que no fue nada parco a la hora de hacer críticas a la última reforma.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Estimado Pablo:

Ciento por ciento de acuerdo. Obviamente, no era precisamente Vd. el target de mi reflexión.

El Pelado Locke

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

En esa línea, estimado Pablo, la Santa Sede tiene mucho para avanzar. Por motivos oportunistas, la ambiguedad sobre la extensión de la infalibilidad y el alcance de lo que propiamente conforma el magisterio ordinario es una asignatura pendiente desde por lo menos el Vaticano I.

Anónimo dijo...

Una de las peores confusiones en la materia (constantemente señalada por Ratzinger y otros autores serios, y permanente exhibida y llevada como lema tanto por los tradicionalistas ideologizados como por los peores entre los progresistas) es la identificación absoluta entre la Constitución Conciliar sobre la Liturgia y la Reforma Litúrgica de Bugnini y Pablo VI.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Agrego: resulta sorprendente que en estos tiempos de teoría crítica, Pontificia Comisión Bíblica, exégesis histórica y antiliteralismo, mayormente ensañados con las Sagradas Escrituras, el magisterio pontificio sea leído, por tirios y troyanos, lefes, sedevacantistas, conservadores, y posconciliares, con el literalismo ingenuo que ya querría el pastor del Middle West más recalcitrante. Fenómeno notable en los sedevacantistas, que al atribuir infalibilidad o por lo menos carácter de magisterio ordinario indefectible hasta al decreto de aprobación de una Orden religiosa o la afirmación de un dato histórico, quedan condenados a decir que no hay Papa, porque de lo contrario habría caducado la indefectibilidad de la Iglesia.
¿Cómo prescindir del contexto histórico, para poner un ejemplo en el pasado remoto, en la Unam Sanctam? ¿Cómo interpretar ad litteram, y sobre todo, conforme la intención política del declarante, "someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, definimos y establecemos como de necesidad de salvación para toda humana criatura?"
Y si la disputa con Felipe el Hermoso tiene que ser "neteada" del texto,¿ómo prescindir del contexto histórico en un Concilio convocado con Kruschef y Kennedy cogobernado el orbe, y que habla de la carrera armamentista, la Guerra Fría y los viajes espaciales?
Texto y contexto, principios y carnadura histórica, en definitiva, hermenéutica de la continuidad no sólo para el Concilio Vaticano II sino para toda la Historia de la Iglesia, dentro de la Tradición por cierto, que permita extraer la médula del Magisterio sin quedarse con el Paradigma Entero Epocal.

Esto falta.

Anónimo dijo...

Me irrita mucho la hipocrecía lefe/tradi de andar diciendo porcentajes de concilios y casos utópicos de liturgia: es evidente que el NO es una fiestita protestante en que no pasa nada ó directamente se ofende a Dios, mientras que el "concilio" fue un cancer que destruyó a más de dos tercios de la Iglesia. Esto es evidente, lo otro es zafar para que no nos digan excomulgados ó sedevacantes...

Ah, y desde el 2005 que tenemos un Papa en serio, los anteriores eran dudosos. ¿Será cómo la etapa de los antipapas, ante los ojos de los futuros canonistas?

El bicho nebuloso de Lost

Anónimo dijo...

Malachi Martin pregunta:

¿A qué se refiere Locke cuando dice "pero hay consagración, que es lo que realmente importa" mencionando el prólogo del entonces card. Ratzinger que fue citado por Wanderer?

¿De qué prólogo habla?

-M. Martin-

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Otro ejemplo risueño. ¿Cómo puede defenderse el carácter infalible o de magisterio ordinario permanente de un texto que condena el "principio de no intervención"?

Pablo dijo...

Caro Ludovicus:

Me temo que los ultras del Vaticano I, metieron alta tasa de inflación en el objeto de la infalibilidad. Y si a eso le agregamos mitificaciones piadosas, tenemos una hipertrofia del Pontificado, que oscila entra la papolatría y el sedevacantismo.

Pero de éste último movimiento, mi ignorancia es casi absoluta, salvo por algunos tópicos que me resultan disparatados. Sí puedo comprender, y conozco algunos casos, a personas que por sus circunstancias, vieron en esa postura la única alternativa coherente. Y por “olfato” —que puede ser prejuicio, basado en indicios remotos— tiendo a sospechar que hay algo raro, oculto, en esos microclimas. Me parece raro que (casi) todos quieran ser obispos… que (casi) todos quieran tener SU grupito… Tal vez me equivoco mucho, porque ignoro mucho.

Cordiales saludos.

Ben dijo...

hablando de liturgia ¿vieron el sopapo que le propinaron al Athonita en lo de Natalio?

http://hombrecitogris.blogspot.com/2010/03/combate-liturgico.html

Le va a costar salir de esa....

Benjamin Linus

Anónimo dijo...

Malachi, use el buscador del blog.

El Pelado Locke.

Anónimo dijo...

Malachi:

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2009/12/un-amigo-e-impecable-anglofilo-ha.html

Antes era más fácil encontrar una entrada cuando los meses se desplegaban mostrando los títulos de los post.

Anónimo dijo...

Malachi Martin dijo:

Gracias, anónimo de 10:47. Un tesoro, realmente, es ese prólogo...

-M. Martin-

Sebastein dijo...

La teología depende del culto, como la fe. Si un “quidam” estuviere lejano al culto, cualquier proceso discursivo por su parte será falso intelectualismo y una escisión de las fuentes. Si bien es cierto que echar mano a lo simbólico puede ser saludable, no hay mucho que agregar. Quien hace profesión de fe en la misa, no entra en las disyuntivas de la especulación.
¿Podrías, Locke, explayarte un poco más sobre el significado de minimalismo teológico en Newman? Es bastante interesante el tema.
Coincido en el sentido de alarma lanzado al completo peligro de perdida de fe, que respondería al esquema simple infalibilidad- no desastre litúrgico. Si no entiendo mal, la fe no peligra absolutamente respecto de quien cree en la consagración y la presencia de Dios, debido a la indefectibilidad en cuanto al culto, luego no absoluto desastre litúrgico en cuanto al culto, por imposible.

Seba

Sebastein dijo...

La Secuela:
Subsiste, pues, el “desastre litúrgico”. No peligra absolutamente la fe en la Iglesia Católica, pero el nuevo culto debilita la fe. Con ocasión de esto voy a señalar algo.
Introduzco la siguiente consideración. Supongamos que a un “quidam” le da la cabeza y, por vía intelectual, tiene la suerte de adquirir los conocimientos que antes se aprehendían por medio del culto tradicional. De todos modos subsiste la escisión entre conocimiento y culto, si el mismo culto no reafirma dicho conocimiento por vía de re-vivificación. Su “saber” continua siendo puramente intelectual. Veamos: como si participara más de la religión por vía intelectual que por vía cultual. Derivo ahora esta posible consecuencia. Arrojo a su vez una “progresión mental”. ¿Que hace el tipo? Reduce todo a la eficacia de los sacramentos, a la economía de la salvación. Es “rebaño” y, al mismo tiempo, sabe un “saber en el aire”. Lo sabe por viejo o por contacto con literatura Católica tradicional, pero su saber es, por supuesto, necesario. Sus expresiones pueden tomarse en serio o como juego intelectual. El quidam estará acaso preocupado de su salvación o suspendido en lo lúdico. Invita a la meditación, seduciendo, incitando al saboreo que engendra el talento y la maestría del folklore lingüístico. Debilitada la vivencia cultual el “tipo” (no me refiero a nadie en particular) no esta en ánimos de confesar su fe, ni de defenderla, ni de tomar posiciones claras o de imprimir racionalmente el debido contorno y relieve al pensamiento teológico. La especulación gana terreno, los fines que persigue quedan envueltos en dudosa intención, evita la polémica propia de la fe y sucumbe en oposición por subordinación al cotejo con los adversarios, imitándolos. (Es característico de la Iglesia Católica precisamente lo contrario, cosa que ahora aparentemente pone en duda la herejía protestante) El ultimo paso: afán de dominio, que es la “quiebra del hombre barroco”, despeñándose al fin, inevitablemente, en la perdida de la palabra. Siendo que todo esto es posible solamente por la fuerza de las herejías modernas, cuanto más si...
Seba
PD: Que se celebre la misa nueva y la tradicional dentro de la Iglesia Católica, me hace acordar una expresión Chestertoniana, que adapto: la Iglesia levanta una barricada y se divide a través de sí misma, en defensa de la tradición y la fe.

Anónimo dijo...

Por favor, llamen al FILÓLOGO que a Seba nuevamente no se le entiende nada.

Anónimo dijo...

Como decía el kioskero de las heras y callao, sebas, lo mismo te deseo a vos...

(lo decía cuando no entendía un joraca)

cacho

Anónimo dijo...

Do' cosita' (como decía el kioskero de Pueyrredón y Peña, q.e.p.d.):
Lo primero, que sobre la cuestión de la infalibilidad, su extensión, y las gravísimas consecuencias de convertirla en un mito ideológico en lugar de una garantía de inerrancia en la FE, se ha abierto un interesante debate en una página poco apreciada por estos lares; Pinchar aca; fijesén que el Moderador tuvo que suspender momentáneamente el debate por que los chabones se estaban matando. Me pareció una disputa bien llevada y mejor argumentada.
Y otro asunto: Aunque también es pasible de la crítica de haber sido "inventada" y con la finalidad de agradar al pueblo antes que a Dios, la Plegaria Eucarística III tiene una rarísima belleza poética y certera concisión teológica, que me asombran un poco en la reforma de Bugnini. ¿A qué se debe? ¿Se podría dejar, aún suprimiendo la nueva pero reponiendo la fórmula de Consagración tradicional?
Espero ansioso los comentarios.
Lamberto P.