miércoles, 2 de junio de 2010

El politeuma de Newman


Los últimos aportes al último post de los comentaristas del blog, ha provocado en muchos de nosotros -y en mí en primer lugar-, la recurrente disyuntiva de hasta dónde es sano, o necesario, o prudente pretender modificar las realidades temporales -particularmente la política-. O, más bien, "conservar lo que tenemos", para lo cual, con mantener a la familia espiritual y materialmente, parecería que es suficiente, porque no alcanza ni el tiempo ni las energías para otra cosa.
Me acordé entonces de uno de los primeros sermones parroquiales de Newman, predicado en 1831, que puede echar luz sobre el tema.
El cardenal Newman habla a partir de una experiencia personal que tiene, siendo muy joven, de la presencia de Dios y que constituye el punto de partida de su conversión inicial. Diría alguna monja zonza de hoy, que tuvo una "experiencia de Dios". (Pero, por más zonza que sea, merece, creo yo, un post futuro, eso de la "experiencia de Dios")
Escribe Newman (y me perdone Tollers por la traducción):

"Miramos las cosas que nos rodean y nos olvidamos en ellas. Así es nuestra condición -la de un ser que busca su sostén en seres que se demuestran frágiles y que, al hacer esto, desatienden a sus propias fuerzas- en el momento en el cual Dios se propone ayudarnos a encontrar nuestro verdadero lugar en el gran sistema de su providencia. Y luego que Él nos ha visitado, se produce en nosotros como un estremecimiento, y tomamos conciencia de la inanidad y esterilidad de las cosas de este mundo, porque ellas no son capaces de guardar las promesas y nos decepcionan. (...) Y si llegan desgracias que nos golpean (como sucede con frecuencia) somos aún más capaces de comprender la nada de este mundo. Entonces, nos desprendemos poco a poco del mundo, y nos parece que flota delante de nosotros como un simple velo agitado por el viento y que, más allá de sus tinturas multicolores, no nos puede ocultar la vista de lo que está atrás, y comenzamos a darnos cuenta de que existen sólo dos seres inmutables en todo el universo: nuestra alma y Dios que la creado".
Oh sublime! Oh asombrosa! Oh verídica doctrina! Para cada uno de nosotros no existen más que dos seres en todo el universo: yo mismo y Dios. Porque este teatro exterior, con sus pompas y sus placeres, sus honores, sus prestigios, sus grandezas, sus personajes, sus reinos, su multitud de asuntos esclavizantes, ¿qué son para nosotros? Nada, nada más que un simple espectáculo".

Una lectura inadvertida de estos textos podría dar lugar a una interpretación equivocada de la personalidad y de la espiritualidad de Newman, como la que hace Bremond y sus seguidores. No se trata de abandonar todo cuidado de las cosas y de los seres de este mundo, sino de verlos -y cuidarlos-, en orden al fin escatológico que ellos y nosotros poseemos. El mismo cardenal dice : "Aquí abajo gozamos menos de su presencia que de la anticipación de lo que ellos serán un día".
Como bien lo ha señalado algún comentarista, no se trata de fabricar un paraíso en la tierra de molde nacionalista o marxista, que termina siendo lo mismo, sino de considerar y apreciar todas las realidades terrenas no por lo que son, sino por lo que serán.


13 comentarios:

Anónimo dijo...

Don Wanderer:

A propósito de los últimos posts, le dejo unas citas de Castellani, aunque no sin sin antes agregar un comoentario; aunque tiendo a compartir su posición, el caso reciente de Polonia quizás demuestre que todavía es posible hacer "política católica"... bueno, o era posible hasta que el buen Presidente polaco casualmente perdió la vida con todo su gabinete.


Dice el P. Castellani:

«Para un cristiano, la respuesta es muy sencilla: hay que salvar al alma (... ) En concreto: hacer todo el bien que uno puede alrededor suyo, a corta distancia, lo que está a mano, sin embarazarse de grandes planes, de grandes empresas, de grandes proyectos, de grandes revoluciones» (Cristo, ¿vuelve o no vuelve páginas 212-213).

“Mis amigos, mientras quede algo por salvar; con calma, con paz, con prudencia, con reflexión, con firmeza, con imploración de la luz divina, hay que hacer lo que se pueda por salvarlo. Cuando ya no quede nada por salvar, siempre y todavía hay que salvar el alma (...) Es muy posible que bajo la presión de las plagas que están cayendo sobre el mundo, y de esa nueva falsificación del catolicismo que aludí más arriba, la contextura de la cristiandad occidental se siga deshaciendo en tal forma que, para un verdadero cristiano, dentro de poco no haya nada que hacer en el orden de la cosa pública. Ahora, la voz de orden es atenerse al mensaje esencial del cristianismo: huir del mundo, creer en Cristo, hacer todo el bien que se pueda, desapegarse de las cosas criadas, guardarse de los falsos profetas, recordar la muerte. En una palabra, dar con la vida testimonio de la Verdad y desear la vuelta de Cristo. En medio de este batifondo, tenemos que hacer nuestra salvación cuidadosamente (...) Los primeros cristianos no soñaban con reformar el sistema judicial del Imperio Romano, sino con todas sus fuerzas en ser capaces de enfrentarse a las fieras; y en contemplar con horror en el emperador Nerón el monstruoso poder del diablo sobre el hombre (A modo de Prólogo. Decíamos ayer, páginas 31-32).

Anónimo dijo...

Don Wanderer:

Muy bueno el blog. Mire donde ha venido a terminar la cuestión kukusa!
La pregunta que cabria hacerse es si el “politeuma de Newman” habilita para considerar el orden temporal y la acción desarrollada en él, como una distracción en el vinculo Dios-yo.

En primer lugar rechazo de plano aquella tesis que limita nuestra responsabilidad al mero “mantener lo que se tiene” por dos razones que, en lo personal, me parecen fundamentales:
1.- porque considero que todo laico bautizado, por el solo hecho de serlo, está OBLIGADO a ser sal de la tierra. Por ende, el inmiscuirse activamente en el orden temporal para operar sobre sus realidades no se trata de una mera opción más o menos voluntaria, de la cual nos podríamos evadir por medio de una seudo-espiritualidad suicida (y anticrisitana) que, con rasgos de pietismo providencialista, eleva al grado de principio virtuoso “la pasividad de los buenos”.
2.-…porque soy cruza de correntinos con napolitanos.

La fuerza motriz de este actuar sobre el orden temporal no puede encontrarse más que en la búsqueda apasionada de ese amor unitivo “entre nuestra alma y Dios que la ha creado” como nos enseña el gran Newman. Paradójicamente, esta vía unitiva, cuanto más intensa, más nos descubre la futilidad de lo temporal, el cual se nos puede transforma en “un simple velo que flota en frente de nosotros agitado por el viento” o un sainete cósmico tan banal como pintoresco (cioe, Divina Commedia come l’aveva battezzato l’immortale Dante). Esta realidad nos previene de la tentación de triunfalismos zelotes de cualquier índole.

Sin embargo, me parece que Newman no cae en el burdo angelicalismo racionalista y descarnado de negarles entidad ni al “velo” ni al “teatro”. Simplemente constata el hecho macizo de que entre el orden creado y Creador existe un abismo infinito. Ese orden temporal, por mas banal que nos parezca, “es” y como “res” real creada no puede dejar de estar referida a un Creador, que es a la vez Redentor y Santificador.

Si Pieper está en lo correcto, la realidad es fundamento de lo ético; luego todo deber se ha de fundar en el ser y el bien será aquello conforme a ella. Por consiguiente, esa relación personal Dios-alma no puede obviar la realidad de la creatura. Es por ello que no puede comprenderse como quienes pretenden buscar la Verdad y obrar el Bien, propongan un estado de impasibilidad budista frente a algo tan real e inherente a nuestra condición humana como lo es la “res publica”.

“Quien quiera conocer y hacer el bien debe dirigir su mirada al mundo objetivo del ser. No al propio ‘sentimiento’, no a la ‘conciencia’, no a los ‘valores’, no a los ‘ideales’ y ‘modelos’ arbitrariamente propuestos. Debe prescindir de su propio acto y mirar a la realidad” (Josef dixit)

En resumen: menos rumear el mal en lo temporal y más contemplación de esa realidad.

Quizás en ese equilibrio entre interioridad-exterioridad, mundo subjetivo y objetivo, vengamos a percatarnos que Newman y Santo Tomas no hablan idiomas tan diferentes, al mismo tiempo que descubramos cuán lejos están ambos de las cuevas de Iwo Jima con su sintoísmo suicida y honorable o del nirvana de los deprefachos (y sinceramente me alegro que no se cuente entre ellos.)
Don Wand,sempre piu avanti!

Carmelo, el güelfo.

jack tollers dijo...

Don Carmelo, el guelfo:

Permítame adherir, 100%, con lo que dice.

Y sí, conviene releer a Pieper.

Que es, créase o no, cada vez más actual.

J. T.

Pippin dijo...

Carmelo el Gúelfo

APLAUSOS y gracias.

Pippin
Un hobbit ignorante

Anónimo dijo...

Carmelo: Impresionante su comentario, ahora, humildemente y para aprender, le pregunto:

¿Que mayor realidad para una madre que sus hijos?

Y sin embargo, "¡Ay de las mujeres que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días!".

Pareciera como que al final de los tiempos todo se trastoca, se caen todas las estanterías, y ya no es posible guiarse por parámetros de una "relativa" normalidad.

El conservar lo que se tiene, en esas circunstancias excepcionales, no parece quietismo ni una baja expectativa, sino una tarea titánica.

Monseñor Fusilado.

Anónimo dijo...

"Fusilado" a secas, dice:

Coincido con el Monseñor Fusilado: "Pareciera como que al final de los tiempos todo se trastoca, se caen todas las estanterías, y ya no es posible guiarse por parámetros de una "relativa" normalidad."

Recordemos que, en el Apocalipsis, el Ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra jura que "ya no hay mas tiempo", lo que Straubinger explica como el término de la presente dispensación temporal...

Lo mismo dice Castellani cuando comenta el texto del Evangelio Eterno. No tengo a mano el libro (¡horror, lo he prestado!), pero si alguno hace el favor de subir ese texto, se verá más claramente.

También lo expresa Benson, plásticamente, en las escenas que describen la lenta transformación del mundo terreno ante el tronar de las voces celestiales que van irrumpiendo en el tiempo terreno y que desemboca en el final majestuoso, para mí, en que los que están vivos al momento de la Parusía son transformados y pasan a la Visión Beatífica.

Los saluda
Fusilado, a secas

Exclaustrado dijo...

No estaría mal traer aquí algo que por este tiempo está poniendo "Ens reloaded".
Será cuestión de seguir conversando.

Anónimo dijo...

Lo de Pieper es excelente. Y si, actualísimo también. Y habría que releerlo. Y también a Gilson. Especialmente en estos tiempos en que la superabundancia de blogs y debates virtuales han oscurecido la inteligencia hasta la locura.
Un consejo: más realidad y menos blog.
Y recordar: el diablo odia la materia y es amigo de los espacios vacios.

Un bloguero enloquecido

Black Henry dijo...

Lei Su Majestad Dulcinea, Los Papeles de Benajmin Benavidez y el analisis del Apocalipsis Castellani, tambien lei Juana Tabor-666 de Hugo Wast, El Sr del Mundo de Benson, la trilogia de Ransom de C.S. Lewis, Breve relato sobre el Anticristo de Vladimir Soloviev, Omega 666 de J.L. Gallardo, Fr Elija de O'Brien (bastante PC dicho sea de paso), y otros; y no paro de releer el Apocalipsis de San Juan, Tesalonicenses, etc.
Y a pesar de esto, o quizas debido a esto, creo que todavia falta para la Segunda Venida. Tengo mis motivos. Al menos creo que la generación de nuestros hijos y nietos tendrá que pasar, y despues de eso tampoco hay garantia de nada. Porqué habría de haberla? Nadie sabe ni el día ni la hora... Por algun motivo psicologico no del todo claro, aunque entendible (que todavia no me afecta a mi gracias a Dios) muchos buen intencionados cristianos tienden a hacer converger en sus cabezas la Segunda Venida con su propia muerte. Me hacen hacen acordar al final de un poema que no tengo delante mio ahora de Apollinaire, ese franchute sanatero, que termina algo asi "Deseando contemplar el fin del mundo solo veo llegar el mio".

Anónimo dijo...

Black Henry

Coincido con Ud. He recorrido el mismo camino de lecturas y llego a la misma conclusión. Parece que muchos comentaristas de los sitios tradicionales tienen la misma mirada "estamos en los tiempos apocalípticos". Yo tengo una mirada objetiva y una subjetiva. La objetiva dice "faltan un montón de signos y profecías contenidas en el Apocalipsis que no están ni cerca de cumplirse". La subjetiva dice "muchachos, Uds. comparan la situación de hace 50 años con la actual y dicen que ya está la apostasía generalizada entre nosotros; yo les digo dos cosas: antes del Concilio las cosas estaban mal, ocultas, pero mal, de lo contrario los progres no hubieran tenido cabida. El fariseismo existía antes del Concilio en los tradicionales. Segundo, salgan un poco de la burbuja y vean la realidad, todavía hay muchas cosas buenas que pasan en la Iglesia, gente que se santifica y salva su alma, gracias a esta Iglesia argentina, miren más allá de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, existe un mundo desconocido que todavía vive en cristiano". Me dirán que eso cada vez es menor y va a la muerte. Concedo, pero todavía existe.

Fernando

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Bueno, el argumento de que hay un "wishful thinking" para que este tiempo sea el último también vale para quienes piensan lo contrario.

La clave es un sano agnosticismo en la materia, que observe los signos de los tiempos con cautela y nos mantenga abiertos, como diría Heráclito, a "esperar lo inesperado". Porque sin esa actitud, seguía diciendo el Oscuro, no se reconoce lo inesperado cuando adviente.

Pablo dijo...

Yo debo reconocer que respecto de la Parusía tengo dos frenos, que siempre me llevan a pensar que es un “Misterio tremendo”, que está en el claroscuro:

- Nadie sabe el día ni la hora, de Mateo.

- No comer del árbol del bien y del mal, del Génesis.

Se que no no debo eludir es la tensión esjatológica. Y es seguro que alguien versado en las Escrituras dirá que me niego a superar esos frenos inhibitorios, leyendo el Apocalipsis, y a sus comentadores. Y probablemente tenga razón.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Velad, escrutad los signos, estad atentos, vigilantes, mirad la higuera, etc etc