viernes, 25 de febrero de 2011

Imagine


Ten Ways to Destroy the Imagination of Your Child o Diez modos de destruir la imaginación de nuestro hijos. Un libro de Anthony Esolen

Un título provocador que sugiere desde el inicio que Esolen eligió para su libro la estrategia de C. S. Lewis en Cartas del diablo a su sobrino. Sarcástico y, por tanto, pleno de esperanzas, con su obra quiere despertar a los padres y choquearlos a fin de darles fuerza en su tarea educadora.

Publicado por Isi Books, en noviembre de 2010, es un libro para no dejar de leer. ¿Con cuántos niños nos hemos cruzado en los últimos tiempos que se lancen gozosamente bolas de nieve antes de que algún padre les arruine la diversión por temor a que comentan algún exceso? Decimos que amamos a nuestros hijos –contesta Esolen-, pero hacemos lo posible para privarlos de todo lo que tienen necesidad. Negamos su naturaleza profunda. No solamente planificamos su concepción a fin de tener el menor número posible sino que, además, los tratamos desde que nacen como una extensión egoísta de nosotros mismos. Desde la cuna hasta los “asilos públicos” -las escuelas-, los video juegos con perversiones sexuales pasando por un encadenamiento incesante de actividades supervisadas, terminamos ahogando su inocencia, su capacidad de admiración y su iniciativa en un universo artificial, ruidoso y narcisista. Pero hemos encontrado algo mejor: dejar que desarrollen su creatividad!!!

Pero construir la imaginación de un niño requiere otra cosa. El autor del libro muestra que una imaginación sana tiene necesidad de contacto con la Creación. Necesita tiempo, silencio, soledad para observar, soñar y explorar. Necesita de la voz y las rodillas de alguien; de la madre por ejemplo. Necesita héroes para imitar, una patria para amar, una bella iglesia para rezar y un cielo lleno de estrellas para contemplar durante una noche de verano.

Nuestro mundo se ríe sarcásticamente de todas estas cosas y recomienda lo inverso. Mantengan a los niños ocultos porque es más seguro. Embrutézcanlos e inícienlos en el mundo adulto, pero sin proponerles virtudes varoniles ni femeninas porque todos somos iguales. Ninguna palabra sobre el sentido de la unión conyugal puesto que lo primero es el placer. No dejen que nunca se acerque a un jardinero, a un artesano o a cualquier persona que ame su trabajo. Sugiéranle más bien, que prepare su carrera universitaria. Háganle saber que las generaciones anteriores estuvieron compuestas por conquistadores corruptos y crueles esclavistas; un televisor ubicado en el cuarto del niño será una gran ayuda para esta tarea.

En fin, un libro que puede ayudar en la tarea cada vez más ardua de educar a los hijos.

(Se consigue en Amazon por U$ 18)


PD: Gracias Dummy por despertarme.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno Wanderer, estamos en sintonía. Ayer nomás, conversaba con mi suegro, -un irlandés que tiene tres ideas, pero esas tres bien claritas, (como todo irlandés)-en medio del cumpleaños de un niño que cumplía 5 añitos:

- Estos nenes son unos boludos –espetó-.
- Sí, pero son el resultado de padres más boludos, padres computarizados –le contesté-.
- A ninguno le sangran las rodillas y apuesto a que no saben hacer una hondera.
- No saben ni sobre eso, ni de nada, pero la gente asegura que “ahora los niños vienen avivados, hablan de sexo y no les podrías ganar con los juegos de la computadora”.
- ¿Entonces? Eso importa un carajo.
- Lo que sucede es que a pesar de lo antipedagógico ya no se les da un tortazo cada tanto, ni se preocupan por que desarrollen la inteligencia. Lo que desarrollan es la razón. Con los jueguitos te pegarían un paseo bárbaro, pero carecen de intuiciones e imaginación, carecen de inteligencia.
- ¿De fábrica?
- No. El bocho es un músculo a ejercitar despertando en el niño la curiosidad ante la naturaleza, y eso ya no se hace.
- Ahhh…
- Y ni te digo cómo salen. Yo cada tanto los tomo en el estudio, a eso de los veintipocos. No sirven para nada la mayoría de las veces. Ahora, que tienen que usar la computadora pero no para jueguitos tienen el problema que no saben escribir, y si saben les falta chispa. Llegan 5 minutos tarde al tercer día sin sentir terror y cosas por el estilo. Es para matarlos.
- Mirá cómo se aburren.
- Sí, se aburren porque ya no inventan sus juegos y tienen que soportar, junto con nosotros, a esa imbécil que les anima la fiestita por 700 mangos.
- Servime otro whisky y prometeme algo.
- ¿Qué?
- Que nunca vas a dejar de darle tortazos a mis nietos.
- Dalo por hecho. ¿Este con hielo?
- No me ofendas.

El Carlista.

Anónimo dijo...

No sería tan duro con los padres. Ellos, profesionales, cultos, tontos o burros, creyentes o ateos, en este tema actúan con ignorancia. Tal vez una ignorancia culpable, pero ignorancia al fin.
Los hijos son el resultado de ellos y ellos el resultado de padres algo mejores y de una sociedad que los pasó por arriba sin que lo noten.

Anónimo dijo...

La ignorancia vencible no excusa.

La severidad con los hijos no debe excluir la ternura. Las dos son imprescindibles e irremplazables.

Abuelo de muchos.

Anónimo dijo...

Wanderer.

Me extraña que usted no haya ido un poco más allá haciendo una lectura religiosa de este asunto. Es perfectamente posible hacer una lectura esjatológica.

Así, por ejemplo, un niño fofo o fifí cree usted que en la novela de Benson entraría a la Orden del Crucificado fundada por Pedro II el P. Percy o con Felsenburgh (“el Hacedor de la Paz”) y el P. Franklin?

Recuerde la novela: “el buen vivir”, “la basta colmena de hombres y mujeres” de los que “venían conciliando con almohadones”.

Soy un convencido de que la deseducación del carácter y la inteligencia es luciferina.

Hay que elegir.

Benigno dijo...

Buena recomendacion me hace acordar un poco al libre de Michael O'Brien que leyera el año pasado, A landscape with Dragons, The battle for our childs minds.

En el que muy claramente desmenuza toda la actual caterva de obras literarias, peliculas y series de TV que no hacen mas que meter paganismo y desvalores en la cabeza de nuestros hijos.

Saludos