jueves, 23 de junio de 2011

Mejor uno que tres



Esta mañana un amigo me aseguró que la Iglesia tiene tres fuentes de la Revelación: Sagradas Escrituras, Tradición y Magisterio. Le objeté que, si bien la destinación es importante, en realidad se trata de una sola Revelación, que es la Palabra de Dios que se manifiesta a través de esos tres canales. Y él, qué no, qué son tres, y parecía estar dispuesto a entregar la vida por tal verdad. Mi amigo había transformado en dogma de fe las supuestas tres fuentes de la revelación de la fe.
Formados como estamos en la teología apologética de los dos últimos siglos, no es difícil comprender tamaña confusión. Estas construcciones teológicas muchas veces oscurecen más que iluminan el sentido de los verdaderos dogmas sobre la Iglesia y su autoridad. Parafraseando a Bouyer, creo que hemos tenido la tendencia a presentar la Palabra de Dios en la Escritura por una parte, y la Tradición de la Iglesia, por otra, como dos fuentes distintas y complementarias de la verdad cristiana. Pero esta no es la doctrina de la Iglesia. Veamos:
La única autoridad soberana para la Iglesia, en materia de doctrina, es la Palabra de Dios. Por otro lado, esta Palabra está conservada en la Sagrada Escritura de manera única, porque en ella y sólo en ella se encuentra expresada en fórmulas positivas y directamente inspiradas por Dios, lo que no llega a serlo las definiciones solemnes de los Concilios o de los Papas. Además, la Tradición no es algo distinto de la Sagrada Escritura, que pudiera añadírsele, sino más bien el conjunto de la transmisión viva de la verdad, cuyo órgano central es la Escritura inspirada. Y así, la Escritura no resulta aclarada o completada por la Tradición como por algo que le fuera extraño y como sobreañadido. La Escritura, por el contrario, no conserva su verdadero y pleno sentido si no es permaneciendo sumergida en esa tradición viva de la Iglesia, en la que ha sido compuesta por los mismos escritores inspirados, hasta tal punto que la Escritura es como el depósito esencial de esa tradición.
Hablamos también del magisterio, entendiendo por tal la enseñanza autoritaria de la jerarquía agrupada en torno al Papa, como si se tratara de una fuente nueva e independiente de la verdad revelada. Pero hay que ser claros en esto: el magisterio de la jerarquía no es el sujeto de inspiración divina alguna para proponer a la Iglesia verdades nuevas o inéditas. No está más que asistido por Dios para que no caiga en error cuando propone o define las verdades que se hallan contenidas en el depósito de la revelación, la cual ha sido hecha de manera definitiva a los apóstoles y no podría recibir la más ligera adición. Más aún, el Papa y los obispos, para comprender estas verdades y formularlas, deben buscarlas como todo el mundo y por los mismos medios, en la Sagrada Escritura, iluminada por el conjunto de la tradición. La infalibilidad que se asocia a la enseñanza del Papa como doctor universal, a a la enseñanza universal del episcopado, ni siquiera significa que sabrán expresar con la perfección que fuera deseable todas las definiciones. Esto depende del fervor, de la competencia teológica y de todas las cualidades variables que tal Papa o tales obispos pueden, o no, tener. Lo que la infalibilidad garantiza es algo negativo: aún cuando un Papa o un Concilio presenten una verdad evangélica bastante pobremente -cosa que ha ocurrido-, jamás permitirá la Providencia que puedan alterar positivamente esa verdad.
Finalmente, si la responsabilidad de proclamar la verdad con autoridad sólo pertenece en la Iglesia al Papa y a los obispos, el testimonio dado a esta verdad puede ser propio de todo cristiano a quien el Espíritu Santo impulse a ello. Entre los doctores de la iglesia encontramos a simples sacerdotes, como Santo Tomás de Aquino y hasta mujeres, como Santa Catalina de Siena. Y, en algunos casos, los testimonio más brillantes que se dieron de la verdad en periodos turbulentos, los dieron los laicos, como sucedió con Santo Tomás Moro en la Inglaterra de Enrique VIII.
Sin querer ser plotiniano, la cosa se resuelve en la unidad.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Personalmente prefiero indicar que las fuentes de la revelación son dos, la Sagrada Escritura y la Tradición, incluyendo el magisterio de la Iglesia en la Tradición en cuanto Tradición viva (etc), manteniendo la triple fontalidad para las fuentes de la Teología, que en ocasiones se confunde.
Existe una fuerte relación dialéctica entre Escritura y Tradición, hasta el punto de que la Escritura misma sin la Tradición se quedaría hueca. Vero evangelium non crederem si Ecclesiae auctoritas non me coerceret", creo que es del comentario literal al Génesis de San Agustín y ni aseguraría que está bien citado. Alguien podría contrastarlo. Y es traído a colación de manera conveniente: La Iglesia existe antes de que se escriba el Nuevo Testamento, Tradición escrita y Tradición no escrita.

¿Plotino? Furbo, molto furbo...
Saludos

Fr. Juan de Santo Tomás

AC dijo...

Una sola fuente de la Revelación: la Tradición, oral o escrita. El Megisterio es uno de los Monumenta Traditionis.

Natalio Ruiz dijo...

El Magisterio hay que quitarlo en cuanto tal (aunque puede ser expresión de la Escritura o la Tradición) porque bebe, justamente, de las fuentes.

La Tradición y la Escritura (o la Tradición oral y escrita donde lo escrito no es sólo la Sagrada Escritura) son ambas fuentes. Pero hay una falacia muy aplaudida por el protestantismo (y reeditada en la teología progre) que consiste en elevar en demasía la Escritura: "es la única Palabra de Dios", "es lo Revelado", "es lo único que consta", "los Concilios se fundan en la Escritura" etc. La respuesta es tan sencilla como definitiva: ¿quién dice que la Escritura es Escritura? ¿quién dice que el libro canónico es canónico y el apócrifo apócrifo? El Concilio se debe fundar en la escritura.... pero el Concilio es el que dice qué es Escritura Revelada (y cual no).

Por ello, si se apura, es preferible decir que la Fuente es la Tradición (que contiene la Palabra de Dios).

Respetos.
Natalio

Anónimo dijo...

Habría que agregar otra fuente más: Los escritos del Fundador.

Roscoe

Anónimo dijo...

No le veo lo negativo a lo apologético, en cuanto se defina commo la "Ciencia que expone las pruebas y fundamentos de la verdad de la religión católica".

Tomado el término en un sentido más ordinario, como recurso defensivo, tampoco lo veo mal, ya que en ese caso la mejor refutación sería la exaltación de la verdad y no la denuncia del error.

Aca está bien explicadito todo.

http://es.scribd.com/doc/32660616/La-Inmutabilidad-de-La-Tradicion-Cardenal-Billot

Coronel Kurtz dijo...

Evidentemente, bajo cierto aspecto (quodammodo), las tres "fuentes" son una y la misma, puesto que, como bien indican, es la Iglesia, su Magisterio, el que ha definido qué es la Biblia, cuáles son sus libros, etc. Del mismo modo, es el Magisterio el que desentraña y devela la Tradición en cuanto contenida en las SS.EE. Y, a su vez, las SS.EE. son recopilaciones de la Tradición. Es la Tradición la que da al Magisterio su carácter de tal. Y así todas las combinaciones y derivaciones posibles.

Pero, bajo otro cierto aspecto, son distintas, al menos sino "in re", lo son "in mentis" o didácticamente, como mejor forma de explicar las fuentes de la Revelación. Así en los viejos tratados de Teología Dogmática, se partía de las pruebas de las Escrituras, se pasaba por las pruebas de la Tradición (en cuanto unanimem consensum Patrum o como sensus fidei inmemorial) y se llegaba al Magisterio (la discusión de los teólogos y el arbitraje final de los concilios y/o los Papas), a la definición dogmática. Y la apologética, en general, recorría el sentido inverso.

Me parece.

Grupo editorial dijo...

"aún cuando un Papa o un Concilio presenten una verdad evangélica bastante pobremente -cosa que ha ocurrido"

Yo aún diría más: cosa que siempre ocurre, pues los Misterios de nuestra fe siempre superan las pobres expresiones humanas. Los dogmas son ciertos y su negación es falsa, pero nunca expresan de forma completa o exhaustiva los Misterios a los que se refieren.

Para eso tendremos la eternidad en el cielo: allí disfrutaremos inmensamente de la profundidad insondable de los Misterios de nuestra fe.

Bruno

Anónimo dijo...

El Logos se manifiesta de diversas formas. Encasillarlo sólo en una de ellas (oral, escrita, magisterios paralelos o no) es miopía farisaica, que desemboca en un reduccionismo deicida.
Obviamente que hay una prelación de las S.E., pues creo, por ejemplo, cuando se va a declarar un dogma, el mismo no se puede fundar exclusivamente en la Tradición, sino que no debe contradecir la Palabra Divina contenida en las Escrituras.
Castellani en el "Evangelio de Jesucristo" sirve para dilucidar el tema.
Al menos así...lo veo yo...sic sic
Dummy.

Anónimo dijo...

Bruno, al cielo primero hay que entrar.

Rodolfo Plata dijo...

BREVE CRÍTICA AL PROFETISMO JUDÍO DEL ANTIGUO TESTAMENTO: La relación entre la fe y la razón expuesta parabolicamente por Cristo al ciego de nacimiento (Juan IX, 39), nos enseña la necesidad del raciocinio para hacer juicio justo de nuestras creencias, a fin de disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad mediante el discernimiento de los textos bíblicos. Lo cual nos exige criticar el profetismo judío o revelación para indagar la verdad que hay en los textos bíblicos. Enmarcado la crítica al profetismo judío en el fenómeno espiritual de la trasformación humana, abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las respuestas que la ciencia ha dado a los planteamientos trascendentales: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.), y utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla rasa a fin de deslindar y hacer objetivo “que es” o “no es” del mundo del espíritu. Método o criterio que nos ayuda a discernir objetivamente __la verdad o el error en los textos bíblicos analizando los diferentes aspectos y características que integran la triada preteológica: (la fenomenología, la explicación y la aplicación, del encuentro cercano escritos en los textos bíblicos). Vg: la conducta de los profetas mayores (Abraham y Moisés), no es la conducta de los místicos; la directriz del pensamiento de Abraham, es el deseo intenso de llegar a tener: una descendencia numerosísima y llegar a ser un país rico como el de Ur, deseo intenso y obsesivo que es opuesto al despego de las cosas materiales que orienta a los místicos; es por ello, que la respuestas del dios de Abraham son contestatarias de los deseos del patriarca, y no tienen nada que ver con el mundo del espíritu. La directriz del pensamiento de Moisés, es la existencia de Israel entre la naciones a fin de llegar a ser la principal de las naciones, que es opuesta a la directriz de vida eterna o existencia después de la vida que orienta el pensamiento místico (Vg: la moradas celestiales, la salvación o perdición eterna a causa del bien o mal de nuestras obras en el juicio final de nuestra vida terrenal, abordadas por Cristo); el encuentro cercano descrito por Moisés en la zarza ardiente describe el fuego fatuo, el pie del rayo que pasa por el altar erigido por Moisés en el Monte Horeb, describe un fenómeno meteorológico, el pacto del Sinaí o mito fundacional de Israel como nación entre las naciones a fin de gobernar y unir los doce tribus en una sola nación y hacer de Israel la principal de todas las naciones por voluntad divina, descripciones que no corresponden al encuentro cercano expresado por Cristo al experimentar la común unión, la cual coincide con la descrita por los místicos iluminados: “El Padre y Yo, somos una misma cosa”. Las leyes de la guerra dictadas por Moisés en el Deuteronomio causales del despojo y exterminio de las doce tribus cananeas y del actual genocidio del pueblo palestino, hacen evidente la ideología racista, criminal y genocida serial que sigue el pueblo judío desde tiempos bíblicos hasta hoy en día__ Discernimiento que nos aporta las pruebas o elementos de juicio que nos dan la certeza que el profetismo judío o revelación bíblica es un mito perverso que nada tienen que ver con el mundo del espíritu. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD