domingo, 12 de enero de 2014

Lecturas de verano I: Sta. María Magdalena

¡Qué libro! ¡Qué tema! ¡Qué santa! Se trata de "María Magdalena", escrito por el P. Bruckberger O.P. y publicado en 1952, después de lo cual… no se reeditó (hay una versión electrónica de 1992, pero me parece que no cuenta).
¡Desapareció! Son una de esas cosas que si no existiese el demonio no se podría entender. Por ejemplo, "Los cuatro amores" de Lewis estuvo "out of print" durante más de 20 años, explíquenme eso, semejante librazo… y "Ortodoxia", quizá el libro más importante de Chesterton, ha sido pésimamente traducido al castellano, no menos de cinco veces (al punto de convertirlo en prácticamente ilegible). Sí, el diablo existe.
Pero Dios también, no vayan a creer.
Yo vengo leyendo al viejo Bruck desde que descubrí su "Carta abierta a Jesucristo" hace cosa de treinta años atrás (publicado por Emecé, o tempora, o mores). Después leí su "Vida de Jesucristo" (que se encuentra en www.conoze.com y que se puede descargar gratis) y algunas cositas más, algunas perfectamente horribles como su defensa del Capitalismo y otras yerbas de las que no me quiero acordar.
Pero, Bruck es Bruck, tiene un genio incomparable para las cosas del Evangelio, para la interpretación de la Escritura, sabe de psicología, de exégesis, de moral y de hombres, de pueblos y de regiones, de lenguas y de lugares; sabe con un saber y un sabor enteramente originales…
Yo sabía de su afición por María Magdalena y que algo había escrito sobre la gran santa, pero no había caso, este libro que les cuento, estaba agotado (y no había descubierto la versión para el Kindle). Entonces, se me ocurrió buscarlo en inglés y ¡arripoa!, apareció en una librería de viejo en Ohio que me lo envió a casa en menos de lo que canta un gallo, milagro del ciber-espacio.
Ahora, ¿traducir un texto francés, a su vez traducido al inglés, para ponerlo en castellano? Bueno… como verán, si quieren, se puede hacer si la primera versión es tan buena como la de H.L. Binsse.
La mía, me parece, tampoco está mal y salvo en el caso de un párrafo, presumo haber entendido perfectamente lo que Bruck quería decir (el párrafo ese, de apenas dos renglones, terminó suprimido, qué le vamo'a hacer).
Pero volvamos al libro. Quien lo lea verá que Bruck entiende cosas difíciles: la psicología de una mujer prostituída, la psicología de Cristo, cómo juegan los afectos en la vida espiritual, qué cosa es un exorcismo, en qué términos se convirtió María Magdalena, por qué Cristo la quiso tanto y mucho, muchísimo más. Este es, insisto, un libro genial.
Y atrevido. Como botón de muestra, fíjense cómo se dirige al asuntito este, tan traído y llevado, de la relación entre la santa y su Redentor:
Si hemos de hacer un retrato perfectamente honesto de María Magdalena, hay una cuestión que no podemos eludir. ¿Cuál era, exactamente, la naturaleza de eso que sentía, qué cosa era el sentimiento que la unía a Cristo? Está muy bien llamarla la Bienamada de "El Cantar de los Cantares", pero en el teclado de los afectos humanos, ¿qué nota estamos tocando al decir esto? Cuando, recurriendo al lenguaje poético, decimos que María Magdalena es la Bienamada del "Cántico", ¿acaso queremos expresar lo que en prosa equivale a decir que estaba enamorada de Cristo? A menos que convirtamos a Cristo en una figura enteramente abstracta y transformemos a María Magdalena en una criatura inerte, no podemos escaparle a este asunto. Y por cierto, sabemos perfectamente que con ser Dios, no por eso el Cristo dejaba de ser un hombre muy concreto, vivo, en verdad todo un hombre; y que María Magdalena era una mujer.
Y no, no pienso transcribir lo que sigue, cómo resuelve Bruck el espinoso tema, saliendo del laberinto por las alturas—y conservando todos y cada uno de los afectos humanos intactos.
Y cómo Cristo amó a esta mujer, y cómo la prefería…
Para ver eso, el lector tendrá que leer este libro.
Bruck, como hemos dicho, interpreta a la perfección cosas difíciles, por ejemplo qué cosa es el fariseísmo (y cómo se cuela entre nosotros):
Pascal nos dice que hay dos clases de hombres: pecadores que se creen justos y justos que se creen pecadores. Mediante sus hechos y el perdón que le fue concedido, esta mujer desencadenó el inmenso malentendido que hay respecto de la vieja y la nueva Ley, un malentendido que persiste en la conciencia de muchos bautizados que, por vocación, pertenecen a la Nueva Alianza, y que, sin embargo, por razón de su formación o quizá por una cuestión de reflejos, aún pertenecen a la Antigua. Son innumerables los cristianos de nuestras parroquias (y se los hallará incluso allí donde hay gente consagrada a la vida religiosa) que aún retienen la noción de una pureza legal que los dispensaría de toda humildad, cuando no de la caridad misma: con tal de que se sientan en paz en lo que a la observancia de reglas externas se refiere y si no por otra cosa, por lo menos que con eso se ganen la aprobación de la opinión pública de los piadosos.
En su caracterización de los fariseos, alcanza las alturas (y honduras) de Castellani, y mido mis palabras. Pero además, exhibe una inteligencia agudísima del Evangelio, de los modos de Cristo—y de los de Judas:
Mientras tanto, Jesús se acercaba a la casa de su amigo Lázaro que estaba muerto y cuyo cadáver comenzaba a descomponerse en su tumba. El comportamiento todo de Cristo en esta instancia fue paradojal, estaba más allá de la comprensión, se mostraba contrario al sentido común. Podríamos haber entendido que al viajar hacia el lecho de un amigo en agonía, Cristo se hubiera apresurado en el camino hacia Betania, aun a riesgo de caer en manos de sus enemigos: pero no, en ese momento, Cristo se mostró más bien moroso y deliberadamente se demoraba. Ahora, lo que se nos hace completamente incomprensible es que llegado el momento de la muerte de Lázaro, recién entonces Cristo se pone en camino, sabiendo perfectamente que al llegar no se encontraría sino con un sepulcro que había sido tapiado cuatro días antes. Debe haber sido entonces que Judas pensó que este hombre estaba completamente fuera de sí. Uno no arriesga la propia vida y la de los amigos para ir a meditar al lado de una tumba.
Y con todo, Cristo resolvió qué cosa haría no sobre la base de un normal sentido común: completar su misión, y ninguna otra cosa era lo que lo guiaba por entonces. Otros héroes encaran los acontecimientos, los enderezan según su voluntad y fuerzan su desenvolvimiento según sus propios deseos. Pero cuando un acontecimiento ya ha sucedido, nadie es capaz de hacer nada con eso. Cristo va más lejos. Si arriesga su vida, no es para impedir la muerte de Lázaro, ni siquiera es para cumplir con los deberes de piedad finales para con su cuerpo; es para tender un manto de duda sobre lo realmente sucedido, es para reabrir el debate acerca de la vida y la muerte, es para extender incluso hasta la muerte los dominios de la esperanza que hasta entonces se detenían exactamente ante ese umbral; es para poner seriamente en duda que la muerte sea un hecho incontestable que nadie puede modificar.
Para Cristo no había, nunca hubo, un hecho incontestable. Siempre y en todo lugar dominaba los acontecimientos, incluso los del pasado. Los interpelaba, los ponía en duda, e incluso los suprimía.
Judas se dijo: "Este hombre es un tonto de arriesgar así su vida por una persona muerta. Lo que pasó, pasó." Y ya no sentía obligación de lealtad ninguna hacia un hombre que se negaba a permanecer dentro de los límites de lo que es posible en este mundo.
Pero me estoy extendiendo en demasía, Wanderer, usurpando lugar de su blog de usted y haciendo perder tiempo a sus lectores cuando deberían estar descargando este libro ya mismo, desde aquí:
La descarga es gratuita y se puede elegir entre nueve formatos diferentes (PDF, Epub, Kindle, Doc, etc.). También se puede imprimir para leer en papel (en A-4 apenas si son 140 páginas).
Así es que sus lectores no tienen excusa alguna: tolle, lege.
Su traducción ha sido para mí algo así como una experiencia espiritual de la que he salido algo cambiado, de manera que ya mismo, le advierto que si alguno de los que tienen esto ante la vista no descargan y se ponen a leer el libro ya mismo, pues—voy a salir a buscarlos, uno por uno, para molerlos a palos, los muy miserables.
Para los demás, sólo dos palabras: Bon appétit!


6 comentarios:

Cæremoniarius dijo...

El último párrafo me recuerda a Fray Rabieta. Le extraño.

Anónimo dijo...

Buena descripción de Jesús y de los fariseos. El autor exalta sus virtudes, porque los fariseos tenían virtudes, no todo era malo. Por algo es que Dios escogió a un fariseo, Saulo, para que sea apóstol suyo. Doctrinalmente estaban mejor parados que otros. Cuando Jesús les dice que las prostitutas los precederán en el reino de los cielos, les está diciendo que se salvarán, el Señor no les cierra la puerta del reino así y todo con su hipocresía y raza de víboras pero sí les dice que estarán unos puestos abajo de las mujeres que ejercían el oficio o esclavitud más antigua del mundo y se convirtieron a Cristo. Seguramente los fariseos se convirtieron al final de sus días. He leído un par de veces que todos tenemos algo de fariseos, y me parece que aciertan, claro que unos mucho y otros poco, por eso Dios que nos conoce mejor que nosotros mismos nos dice que nos cuidemos de su levadura.

Anónimo dijo...

"La cultura en la Argentina está en gran parte falsificada y masificada; y la otra parte es débil, indefensa, inerme. Los controles y los raceros de la cultura no funcionan. Poco importa. Seguiremos haciendo, aun después de muerto, lo mismo que hicimos en vida, escribir libros buenos, pedir plata a los amigos para editarlos y regalárselos a la Argentina para que se salve." Eso lo dijo Leonardo Castellani y en cierto sentido usted también.
Gracias por el libro.
María, la del barrio.

Anónimo dijo...

Gracias. Dios lo bendiga y se lo tenga en cuenta.

Anónimo dijo...

¿Alguien me puede recomendar algún buen libro de historia de la Iglesia en versión digital? estoy con el de Joseph Lortz, pero me resulta pesadisimo.

Anónimo dijo...

Thank's Jack!