lunes, 28 de julio de 2014

El Papa Francisco. III. Hipótesis narrativa. 2) Chauncy Gardiner

Esta hipótesis toma el nombre del protagonista de la novela de Jerzy Kosinski, titulada Being there y traducida al español como Desde el jardín. El libro dio ocasión a la película del mismo nombre, filmada en 1979 y muy bien actuada por Peter Sellers.
El argumento es el siguiente: Chance es un cuarentón que vive en casa de un hombre anciano y rico. Es muy simple de entendimiento, casi fronterizo y ha vivido toda su vida en esa casa encargado de cuidar el jardín. Sus únicos conocimientos son acerca de la jardinería y de lo que ve en televisión. De hecho, sus modales y expresiones son copia de lo visto en la pantalla. Cuando su benefactor muere, Chance debe dejar la casa y descubrir, por primera vez, el mundo exterior.
Comienza a vagar sin rumbo fijo por la ciudad hasta que, a raíz de un pequeño accidente, se encuentra con Eva, la mujer del millonario Ben Rand quien, lo hace subir a su limusina y lo lleva a su mansión a fin de que se recupere.
Cuando la mujer le pregunta su nombre, él responde: “Chance the Gardener” (Chance, el jardinero), pero Eve entiende Chauncy Gardiner, es decir, un nombre propio de cierto lustre. Además, Chance se ha vestido con las ropas de su antiguo patrón, toda ellas de la mejor calidad y posee modales muy refinados, aprendidos en la pantalla. Este conjunto de circunstancias provoca que, cuando Ben Rand lo conoce, suponga que se trata de una persona de clase alta, muy educado y entendido en negocios y finanzas. Las palabras simples de Chance, que siempre surgen a partir de la confusión en el diálogo o de las situaciones más obvias, son entendidas como profundas y reflexivas, por lo que el millonario cree descubrir en Gardiner a una persona con una enorme capacidad de penetración y discernimiento. Las simples afirmaciones de Chance sobre el jardín y el clima son interpretadas como sentencias alegóricas sobre los negocios y la marcha de la economía.
Rand es también hombre de confianza del presidente de los Estados Unidos a quien le presente al jardinero. También el magistrado interpreta sus palabras sobre el jardín como penetrantes observaciones sobre los vaivenes de la economía que en ese momento afectan al país. De esa manera, Chance Gardiner se convierte rápidamente en asesor político del presidente y, también, en una celebridad social que aparece en los programas de televisión más vistos y es invitado a los eventos sociales más relumbrantes.
El millonario Rand muere debido a una grave enfermedad, no sin antes alentar a su esposa a que se acerca a Chance. En el mismo funeral, los directores de las compañías del difunto deciden que su próximo presidente debe ser Chauncy Gardiner. Hasta aquí el libro.
¿De qué manera esta historia puede adaptarse a una hipótesis sobre el Papa Francisco? Yo lo entiendo del siguiente modo: es como si alguien –una persona muy inteligente, o un demonio- reuniera a todos los que leemos el Wanderer, Mundabor y otros blogs, y también a Sandro Magister, a la Piqué, a Rubín y otros muchos, y se comenzara a reír a carcajadas de nosotros, mientras nos dice:
- Déjense de interpretar y sáquense los lentes de los ojos. Bergoglio no es más que lo que ven. Como Chauncy Gardiner, es solamente un simplón que, debido a que los astros se alinearon a su favor y que se topó con las personas justas, llegó donde llegó. No hay más que eso.
Bergoglio, en efecto, es un técnico químico de Flores, bastante mediocre en sus épocas de estudiante, que ingresó a la Compañía de Jesús y allí aprendió las mañas y artes que los jesuitas han desarrollado durante siglos para trepar, conseguir poder e influencia en la sociedad, todo, por supuesto, para mayor gloria de Dios. Vulgar e inculto, jamás se preocupó por estudiar o aprender, sino por acomodarse y alcanzar puesto que le permitieran el poder por el poder mismo, porque detrás, no había ningún objetivo o contenido; sólo su voluntad. Se hizo de derecha y casi nazi durante los ’70, cuando fue Provincial de la Compañía, periodo en el cual llegó a darle el doctorado Honoris Causa de la Universidad del Salvador al Almirante Emilio Massera. Cuando los aires cambiaron, se hizo moderadamente progre y utilizó la mala conciencia y la empeorada salud del cardenal Quarracino para pasar de portero de la residencia jesuita de Córdoba a obispo auxiliar de Buenos Aires, luego vicario general y terminar como arzobispo y cardenal primado de la Argentina. La eminentísima y reverendísima irresponsabilidad de los cardenales, que se creyeron su imagen de obispo humilde que anda subte y toma mate con los villeros, lo eligió para ocupar del solio petrino, y allí lo tenemos.
Pero todos, progres y no progres, tendemos a interpretar sus palabras y sus gestos, buscando detrás de la simpleza y obviedad de las mismas, signos del pensamiento profundo y sapiencial que se espera de un Papa, tal como hacía Ben Rand con Chance. Pero la pura verdad, es que no hay más que lo que se ve: un hombre simple, con poco seso y escasa cultura, habitado por una enorme ambición de poder.
Mirado desde otro ángulo: es la argentinización de la Iglesia, lo peor que le podía ocurrir a nuestra Santa Madre. La Argentina, un país con su sistema educativo desvertebrado hace décadas sino ab ovo, es una máquina de engendrar bluffs varios, debido a cierto barniz racial y superficial de su clase media. Vivimos de las rentas de nuestro pasado opulento (pero bruto, nunca tuvimos una élite intelectual en serio), de nuestros apellidos latinos y de nuestra piel blanca. Y de la audacia, toujours de l'audace, como decía Danton.  El argentino es un ersatz, es decir, un sustituto de inferior calidad de un europeo, pero sólo ersatz, privado de toda vertebración y disciplina intelectual y condenado a ver la realidad metafísica bajo la grosera y maniquea categoría Boca-River.
Esta apariencia engañosa se conjuga con lo que podríamos llamar seriedad académica del Primer Mundo, donde la clase dirigente recibe una educación cualitativanente diferente, frente a la cual el argentino ersatz es un zombie intelectual, un auténtico muerto vivo. De donde surge cierta ingenuidad, cierta inmunodeficiencia del sistema europeo para con arquetipos de la argentinidad, que en llegando a posiciones expectables, logran vender humo y encumbrarse, bajo el embuste de que “Hay algo más en este tipo”. Efecto Gardiner: alguien con las ropas y modales de Chance, no puede decir solamente lo que dice; hay algo más detrás. Quien maneja las reglas del arte tiende a ver al audaz que las quiebra como un hombre superior, que por ese eminente dominio del arte se puede dar el lujo de transgredirlas. Efecto Picasso. Para luego sufrir la frustración de la revelación del chanta, prototipo perfecto del muridismo antropológico de la inteligencia argentina. Hace unos años, la editora Tusquets escribió un libro donde contaba sus peripecias con un psicólogo argentino, integrante de la recua de chantas emigrados a España a fines de los setenta. Le costó innumerables sesiones darse cuenta de que el tipo era un irresponsable total, un alegre ignorante que le estaba arruinando la vida, una especie de Boudou de la picaresca psicoanalítica.
Digámoslo así: el hombre quiere creer. En un sistema ordenado, Bergoglio no sale del cargo de párroco de Quemú Quemú; eso está a la vista. Entonces comienzan a funcionar los mecanismos negatorios: es un Columbo, es un padre Brown, es un Reformador de la estirpe de San Gregorio Magno. Es un extraordinario disfrazado de ordinario, un príncipe vestido con andrajos.
Virus de mediocridad e inmunodeficiencia de los sistemas “serios”: Combinación mortal.
Bergoglio, con un papelito, diez minutos de tiempo en el Consistorio previo al cónclave, delubaquismo de apunte y la palabra periferia les hizo la granja a los cardenales. La mayoría compró el bluff. Y así estamos un año y medio más tarde.

En definitiva, Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, como Chance, no es más que lo que se ve.

(Los créditos correspondientes a Ludovicus por parte del desarrollo de esta hipótesis).

28 comentarios:

Anónimo dijo...

El tipo no es inocente. No es el jardinero que se pone accidentalmente la ropa del patrón y lo atropellan. Es el ladrón que mata al jardinero, le roba el traje del patrón y se tira bajo el auto de la señora para ver qué consigue.

J.

Anónimo dijo...

La enseñanza de la película, no se si la del libro, es que se pone en evidencia dónde es que está el poder concreto y efectivo de los EEUU.

Y, por vía de consecuencia, en el resto del mundo. Quizás, sin quererlo, nos muestra mandatario del Príncipe de este mundo.

Quienes son los que eligen a los presidentes y a sus políticas. Y quiénes son los meros testaferros que no trepidan en ir a la mansión del verdadero dueño del poder.

Poderoso que -a su vez- tampoco trepida en saludar sentado al servil que viene a rendirle pleitesía y a buscar las indicaciones de lo que debe hacer. Y que acepta la humillación como si tal cosa. Demostrando, al mismo tiempo que no representa al pueblo de los EEUU sino al vejete millonario que le concede la gracia de escucharlo unos minutos.

Eso sí, rodeado de toda la parafernalia del poder que representaría como Presidente.

Resulta antológica la escena donde, mientras llevan el ataúd del último mascarón de proa pasado al Oriente Eterno, disponen la elección de quién será su sucesor (incluso y por supuesto, amañanando las inútiles e insustanciales elecciones que -con el resguardo de las formas y formalidades democráticas- seré el nuevo "presidente" de los EEUU).

Ni que hablar de la galería inmensa de pequeños personajes que son capaces de arrastrarse de la manera más baja para estar cerca del calor del poder y de sus actores. Inmorales y acomodaticios que no dudarán en hacer todo lo opuesto si cambiaran los vientos.

Una muestra excelente de la realidad que nos viene aplastando en estos tiempos, desde el momento en que el hombre ha decidido apartarse de su Creador.

Anónimo dijo...

No leí el libro ni miré la película, pero en el resumen parece que "Chauncy" llega a la cima gracias a la ceguera de los demás, sin casi ningún esfuerzo ni actividad volitiva de su parte.

La imágen de Chauncy Gardiner representa sí un aspecto de Francisco, pero como todo político peronista él ha estado largos años planeando y calculando todo.

Daniel Huntington dijo...

Nadie llega a ciertos puestos, como el papado, en esta era cuántica y espacial siendo solo un salame mediocre.
Y si lo fuese en lo intelectual, supliría tal deficiencia el tener una gigantesca voluntad de poder y habilidad mundanal para rosquear y conseguir el trofeo usando la mejor teoría elaborada para tal fin cual es el fin justifica los medios.

Se aplica a este personaje siniestro el diálogo de la excelente película "Gladiador", mantenido entre el emperador Marco Aurelio y su hijo Cómodo donde el primero le informa que le traspasará el trono no a él sino a su mejor general, luego de lo cual Cómodo le responde corroído por la envidia y el odio:

"Una vez me escribiste enumerando las cuatro grandes virtudes: sabiduría, justicia, fortaleza y templanza. Constaté que no tenia ninguna de ellas, sin embargo poseo otras. Ambición... se convierte en virtud si nos conduce al éxito. Ingenio, valor. Tal vez no en el campo de batalla, pero hay muchas formas de valor. Devoción a mi familia y a ti. Ninguna de mis virtudes figuraban en tu lista, incluso parecía que no me desearas como hijo. Escudriño el rostro de los dioses buscando el modo de complacerte, de llenarte de orgullo. Una palabra amable, un fuerte abrazo... tus brazos apretándome con fuerza contra tu pecho... habría sido como tener el sol en mi corazón mil años. ¿Qué hay en mí que tanto odias?. Lo único que siempre quise fue estar a tu altura. César, padre..."

A lo que Marco Aurelio le responde: "Tus defectos como hijo, son mi fracaso como padre".
Luego de lo cual Cómodo en medio de un llanto contenido ahorca a Marco Aurelio sin piedad alguna.

Según este imaginario diálogo no es difícil identificar en parte a la Iglesia, en la hora actual, con la figura de Marco Aurelio.

Anónimo dijo...

Hace no mucho escuché a alguien diciendo que el viaje de Bergoglio a Tierra Santa fue "estrategia pura". Este sujeto sostenía que el propósito del viaje fue dejar en evidencia la hipocresía de judíos y musulmanes que no quieren la paz sino el exterminio el uno del otro. Evidentemente estuve en presencia de alguien que se compró el libreto de Bergoglio como Chauncey Gardiner.

Wolf Yautja dijo...

considero que el articulo es demasiado duro con el ser argentino por culpa de la mediocridad y la ambición desmedida de bergoglio, ya que si el papa fuese hector aguer que es argentino -como bergoglio- la iglesia sin lugar a dudas estaría en excelentes manos.

Anónimo dijo...

Un detalle más: en la última escena Gardiner camina sobre el agua. Es una escena misteriosa. Pero creo que es un detalle especialmente apropiado para la metáfora del post.

Una escena particularmente indicativa de lo que se viene hablando, la de la entrevista privada entre el Presidente de EEUU, el magnate Rand, y Chance:

https://www.youtube.com/watch?v=YgGvd1UPZ88

Aquí, una escena de algún obispo que ha escuchado al oráculo y descubrió la nueva teología:

https://www.youtube.com/watch?v=REVGIsFW9rQ

Saludos, der Gärtner.

Anónimo dijo...

Las generalizaciones suelen devenir en simplificaciones peligrosas, cuando no groseras.
Podrá ser la "Bergoglización" de la Iglesia, en la cual nuestro particular genio tendrá algo que ver. Pero hablar de "argentinización" resulta ser ese tipo de simplificación.

La hipótesis, en cierta forma, se ve afectada por la misma miopía argentina que se crítica y que tanto fastidio genera.
Hablamos como si viniésemos de Marte y no fueramos hijos de la misma circunstancias que contribuyen a engendrar un ersatz argentino, capaz de llegar a las cúspides del papado.
Y la sensatez de la hipótesis, que comparto, al sostener que no hay nada más que lo que se ve en el personaje de mentas, se termina embarrando al tratar de fundamentarla en un clásico "porteñismo": creer que el resto del mundo sufre de una suerte de imbecilidad congénita que le impide detectar y desenmascarar a un argentino charlatán, por el solo hecho de ser argentino.
No se pude comprar esta línea de argumentación en la que, más que renegar de los vicios de la propia nacionalidad en vista a superarlas, se repite la trillada actitud de regodearse insaciablemente en todas las miserias argentinas, potenciandolas hasta el infinito, para así mejor ocultar la impotencia frente al problema de "ser argentino".

Los que nos pasa a muchos que nos suponemos "bienpensantes", es que no somos capaces de soportar la vergüenza de haber nacido donde nacimos (si hasta imagino que algunos nos vemos complacientemente, como elfos entre orcos).
Nos asemejamos al que aquél que, sabiendo que su padre es un alcohólico o su madre una bataclana, se larga a denostarlos a viva voz y furiosamente, con la vana ilusión de pensar que de este modo se librará de la vergüenza de ser su hijo. Pero salir de la vergüenza solo se logra redimiendo la propia familia, lo cual requiere encarnarse con esa realidad y hacerse "vergüenza" con la vergüenza que nos toca en suerte.
Nos falta fortaleza y piedad. Nos falta Caridad.

Y así, podemos terminar creyendo que se puede ser buen católico, obviando los pequeños detalles incómodos de la existencia; tales como ser argentinos, ser marido, ser juez, ser padre, ser hijo, ser vecino, etc, haciendo tabula rasa con todos los condicionamientos temporales y comunitarios que se deben sufrir, En suma, es la propuesta de una religión descarnada, individualismo religioso, "devotio moderna" en su peor faceta.

"Somos los peores" "todo argentino es un ersatz y todo ersatz es un zombie intelectual, ergo todo argentino es un zombie intelectual" . Esta es la más clara expresión de lo peor de la argentinidad: si no somos lo mejores en lo bueno, al menos tenemos que ser los más destacados en lo malo. Orgullo carnal de "no ser".
Y de esta manera, llevamos la misma argentinidad al rango de "fatalidad", promoviendo la aceptación resignada de los vicios de la nacionalidad y su veneración como hecho consumado. "Soy lo que soy", cantaba Mihanovich. Y en este punto, no sólo nos vemos católicos, sino catolicisimos, porque creemos que nos libramos de la maldición por solo vociferarla.

Me imagino que muchos, como argentinos que son, no se considerarán uno más de los tantos zombies intelectuales que pululan por estas tierras. Porque de ser así, de poco sirve que nos sigan ilustrando con sus comentario. O por el contrario, quizás encontraron la fórmula para zafar de la insufrible levedad de ser argentino y ya viven una existencia pos-argentina.
Pero como creo que la mayoría no son ni lo uno ni lo otro, y vale la pena que se siga posteando-disputando, valga este comentario para que otro con más ciencia nos explique si la argentinidad puede llegar a ser la tumba del catolicismo.

Ludovicus dijo...

Anónimo, de las 0.23, aquí no se generaliza, se habla del pésimo sistema educativo de la clase dirigente. Por supuesto que quien aprende por las suyas el latín, conoce los clásicos o estudió filosofía, domina algún idioma y no es complaciente consigo mismo, intelectualmente hablando, es decir sigue estudiando, escapa al karma argento.

Son pocos.

Anónimo dijo...

La comparación entre el personaje del libro que no leí o de la película que vi, con bergoglio y el ser argentino hace agua por todas partes. El personaje no tiene ambición alguna, es arrastrado a la situación que vive sin preguntarse nada, sigue siendo lo que siempre fue, un ser fronterizo que no tiene idea de lo que le está ocurriendo. Y qué decir de la educación europea, pragmática y atea...tal vez sólo sean menos corruptos en los asuntos públicos pero no les sobra nada.

Jack Tollers dijo...

La analogía es, sin dudas, un hallazgo.

Pero, claro, por definición, toda analogía renguea.

Gardiner no es ambicioso, ni autocomplaciente, ni vanidoso, ni mal llevado, ni "piola", ni descortés, ni cruel.

Gardiner no conoce enemigos, no padece resentimientos, no tiene broncas que lo dominan.

Al lado de Este, Gardiner es un santo.

En cuanto al "Pocho", menos mal que le salió todo mal ("excelentes manos", dice Wolf Yautja, ya te voy a dar a vos).

He estado pensando durante estos días acerca de estos tres personajes que se lanzaron a la carrera del poder hace más de treinta años: Aguer, Buela, Bergoglio y por qué ganó uno, y por qué perdieron los otros dos.

Aguer era más serio (pero menos piola). Buela era más piola (pero menos serio).

Pero ¿Bergoglio?

Quizás el menos serio de los tres.

Quizás el más piola.

Qué sé yo.

Matias Eduardo Gramuglia dijo...

Mi pequeña opinión es que están subestimando a Bergoglio.

Es decir, le están dando muchas vueltas al asunto y están intentando buenamente de "reconciliarse" con él, para evitar los dolores de cabeza que ya vinieron y vendrán.

Bergoglio no es un tonto, es hereje, pero no tonto; es perverso, pero no estúpido.

Y es culto, lo que sucede es que no lee los libros que ustedes leen; no le interesan, porque no le convienen a la praxis que esta llevando adelante.

Al fin de cuentas, los masones, leen tanto como los católicos, lo mismo los judíos, solo que leen otros libros, que no enseñan o empujan a la Verdad, pero que de letras están hechos.

Y el barniz argento, lo favorece muchísimo, le abre las puertas mentales a muchas personas, que no comprenderían, porque en la mayoría de los casos no podían comprenderlo a Benedicto XVI.

Entonces, llega Francisco, y se hace suculento pic-nic...con una masa ignorante y agotada por los manejos sociales y económicos de los gobiernos masonicos que gobiernan el mundo...le presentan en bandeja, un líder espiritual, con un poquito de San Francisco y otro poquito de Sai Baba...y compran como locos.

Y la masa tiene responsabilidad, pero también la tenemos los católicos instruidos, que quizás, por prejuicios, no supimos consolar al pueblo enseñándole los misterios católicos de una forma que puedan entenderlos.

Pecamos de bobos.

Y ahí esta el "bobo" mayor.

Nos lo merecemos.

PD San Patricio les enseñaba a los salvajes irlandeses el "inexplicable" misterio de la Santísima Trinidad, mostrandoles un trébol de tres hojas...

Anónimo dijo...

Si un tipo como Menem fue presidente de Argentina... creo que está todo dicho respecto al gen argentino.

Blas dijo...

Gardiner no tenía idea de lo que hablaba ni de las consecuencias de sus dichos. Nuestro personaje sabe lo que está diciendo y adonde lo lleva. No se si entiende que no es católico, no se si el resto de la jerarquía llegó a entender que no es católico.
Si fuera cierto que él llegó ahi solo muestra no solo los defectos del sistema educativo argentino, tambien del internacional. Todavia me pregunto como y porque lo eligieron y porqué todavía nadie le para el carro.

Anónimo dijo...

Interesante entrada. Me hizo comprender algo que no entendía: cómo fue posible que un tal Simón (un provinciano, es decir galileo, pescador e inculto) llegó a ser Papa. Es cierto, hay que manejar los hilos del poder, caerle bien al "mandamás" con la simpleza (léase torpeza de pensamiento) y estar en el momento justo con las palabras justas (Jn 6,68).
¡Gracias por abrirme los ojos!!!

Anónimo dijo...

La analogía es excelente, y como dice Tollers, por ser analogía, renguea claro, pero eso no le quita su valor. En síntesis, se trata de un personaje limitado que está en el lugar incorrecto, encumbrado por quienes detentan el poder verdadero. El matiza diferencial parece ser la inocencia de uno y la culpabilidad del otro, pero la pintura es perfecta. Y, lo cierto es que ahora que empezó la segunda parte (Chauncy ya es presidente), habrá quienes se arrepientan de haberlo encumbrado y quienes estén chochos digitando su siguiente faux pas. No se si es clave interpretativa o no, pero no había más que verlo, recién elegido, asomarse al balcón de San Pedro, era la grotesca imagen de alquien que no está a la altura de las circunstancias ni de la dignidad, balcubeante, dubitativo y a la misma vez oscuro, peligrosamente ambiguo. Al verlo sentí cierta verguenza (por que en definitiva hemos dado ese Papa a la Iglesia) y temor (confieso que me corrió un frio por la espalda cuando dijo que lo habían ido a buscar a la "finale del mondo"). God bless America...

Wanderer dijo...

Anónimo de las 13:16 : De nada. Vuelva cuando quiera. Le tendremos preparados los cuentos de Caperucita Roja y del Patito Feo, más colección completa de "Cristo Hoy" para que siga instruyéndose.

Javier dijo...

Sr. Gramuglia,

encuentro muy acertada su visión. Difiero en un punto: "...le presentan en bandeja, un líder espiritual, con un poquito de San Francisco y otro poquito de Sai Baba...y compran como locos". ¿Está usted seguro?. ¿Quién compra como loco?. Porque las masas humildes -en Argentina y América Latina- hace rato que se fueron para los templos evangélicos. Que son grasas, chantas, impresentables, pero les hablan de Dios, del Demonio, del Pecado, de cosas trascendentes de las cuales no escucharán hablar en una Iglesia Católica. Y les hablan de eso de una manera cercana, tangible, y que les plantea exigencias (como me dijo una señorita -católica nominal-, hablando de una tercera ausente: "él sabe que con ella no se jode porque es evangélica").
Y los de clase media -a los que les da demasiado asco ir al Templito Evangélico a juntarse con gente sudada y criolla, y más asco decir que creen en el Dios cristiano-, si tienen alguna demanda de trascendencia que el consumo, el sexo, la diversión o la droga, no consiguen acallar, echan mano de alguna opción budista o hinduísta más o menos light, lo cual en su medio social está muy bien visto.
(Imagino que para USA se puede aplicar una análisis parecido. Y para Europa debe ser todo clase culta no creyente y hastiada de todo, más un inquietante sustrato musulmán, al que -por supuesto- tampoco le interesa Francisco).
De modo que dudo mucho que se esté "comprando" masivamente el producto Francisco. Lo aplauden, los divierte, les parece fashion por un rato, y los saca de la rutina. Pero creo que no mucho más. Lo aplaude gente que nunca va a pisar una Iglesia. O gente que no cree pero que ya estaba dentro de la Iglesia (¿Elisabetta?), y que seguirá sin creer. No creo que resulte nada del fenómeno Bergoglio, más que la confirmación de que el catolicismo ha decidido copiar el curso de los anglicanos y, por tanto, suicidarse como Iglesia junto con ellos, con alguna diferencia de años.

Anónimo dijo...

Ahora bien, el auténtico intelectual se debiera dar cuenta de la diferencia entre el barniz y la sustancia. Si los europeos se la creyeron, tampoco parecen muy brillantes...

Ludovicus dijo...

Gardiner es un mito, no una historia. Y en ese sentido, es más verdadero. Lo que Gardiner expresa es que la gente tiende a depositar, en estos tiempos, su fe en personajes sin densidad, que sirven de espejo al hombre masa narcisista. No es esencial a Gardiner ni la idiotez (como bien dice Tollers, es casi un santo, como el personaje de Dostoiewski) ni la falta de una deliberada vocación de poder. Lo esencial de Gardiner es "estar ahí" y ser funcional, con su vacío engañoso, a los poderes del mundo.

Anónimo dijo...

Anónimo de 13.16:

No se olvide de considerar que debe haber muy poquitos que estén dispuestos a morir crucificados cabeza abajo por cumplir con los mandatos de Nuestro Señor Jesucristo, aunque ello moleste al Poder terreno.
Y tampoco deje de lado que, para algún neo-charlatán, los apóstoles eran como unos fanáticos insufribles que pretendían convertir a los paganos y llevar el Evangelio a todas las naciones.
No me imagino adónde habrían llegado esos incultos pescadores provincianos con la Buena Noticia aplicando las novedosas teorías en boga en materia de Evangelización.
Calificación de incultos que no le cabe ni al fariseo Saulo convertido en Pablo en el camino de Damasco ni tampoco al publicano Mateo que dejó la recaudación de impuestos para seguir al Salvador de la humanidad.

Blas dijo...

Javier, es muy cierto que los evangelistas se toman las cosas más en serio. Lo demuestra el hecho que la Alleanza Evangelica Italiana declaró inútiles lod esfuerzos ecuménicos católicos por razones teológicas. Razones que para Bergoglio no son importantes.

Anónimo dijo...

Me quedo con la hipótesis de la consultora. Porque si bien todos lo admiran como en la película al jardinero -dado que no dice nada profundo y sin embargo lo aclaman-creo que quiere ganarse el galardón en vida, con lo que al mismo tiempo es funcional a los que buscan "otra imagen" de la Iglesia, bien mundana (hablar mucho de la paz, poco de Dios y prácticamente nada, o nada, de Nuestro Señor Jesucristo).

No obstante, el marketing ya falló en el caso de la visita a Tierra Santa y los coloquios amistosos entre los líderes; si no, preguntemos a los sobrevivientes de Gaza.

Alfredo de Ángelis dijo...

Alguien habló por ahi arriba de la "mala educación" o "mala formación" de la clase dirigente argentina. Es un error: en la Argentina NO HAY clase dirigente.
Lo que hay es una runfla de aventureros que se apodera de cualquier dirigencia que le caiga más o menos cerca, después de alguna pelea sangrienta y despiadada que mantendrá oculta toda su vida, producto precisamente de ese vacío de clase dirigente. La que había -mala o buena- fue barrida por el populismo hace más de 70 años.
Y Bergoglio no es el Jardinero inocente de la novela; sus casi 20 años en Buenos Aires nos han probado a los porteños que es un turro ambicioso y un desalmado y macaneador, no un tipo meramente casual a quien le resultaría indiferente una definición doctrinaria tradicional y apetece solamente el poder o que el poder le haya caído de chiripa. No señor, él no es así.
Odia todo lo que sea Tradición y la liquidación de los Franciscanos de la Inmaculada o la próxima destrucción de Mons. Livieres o Sarlinga es por eso. Por eso nunca se arrodilla luego de la Consagración durante la Misa. Eso no es casual ni es inocente.
No, esta vez la chingaron de lleno. El tipo es un cangrejo.
Alfredo de Ángelis

Ludovicus dijo...

De todos modos, hay un dato que no se puede soslayar: Bergoglio, el papa político, es un inepto político manifiesto. En la Argentina perdió por goleada su lucha contra los k, y se salvó a duras penas de terminar preso; en su intervención más publicitada, plantó un arbolito con Abbas y Peres en vísperas de un genocidio brutal del pueblo palestino. Por un episodio menor con el desmentido de una carta entró en crisis com el gobierno que más lo propicia.
Como el destino de las palomas que soltó, la mala fortuna parece acompañar sus iniciativas, simplistas, ineficaces, voluntaristas, desubicadas y sobre todo, desgraciadas. Ni la virtú ni la fortuna del Florentino parecen sonreirle. Gardiner no lo hubiera hecho peor, pero tampoco mejor.

Anónimo dijo...

Interesante la nota, entretenida. Pero ni por analogìa se puede asociar a Chauncy Gardiner con Francisco (las razones ya fueron expuestas anteriormente). No nos azotemos tanto por las presuntas "sombras" que poseemos los argentinos. Al fin y al cabo, las peores derivas, aberraciones y herejìas que abruman a la Iglesia desde el CVII no las hicieron argentinos (el "Catecismo Holandès", como su denominaciòn lo indica, no lo idearon criollos). La Iglesia tiene por Papa a quien los Cardenales decidieron elegir (y muchos son europeos y "cultos"). Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires era lo que la grey catòlica argentina gustaba tener como obispo. Da horror escuchar lo que piensan y opinan los "catòlicos comprometidos" en Argentina, y de los europeos y norteamericanos no opino porque son casi paganos. No sirve destilar veneno antiperonista a costillas de Bergoglio: la Iglesia està como està entre los aplausos del "pueblo de Dios", no nos engañemos.

radicha dijo...

No hay que destilar veneno antiperonista, alcanza con serlo.

enriquelet dijo...


Felicito a Ludovicus por su excelente artículo de nuestro papa, y su analogía con la película " El jardinero". Yo agregaría , sin ningún fundamento, que el Concilio elegió a Bergoglio, además de lo dicho por el articulista, que querían evitar al Cardenal brasileño con apellido alemán, y volver al italianismo curial y se mantiene la mafia que un incapaz como el Jorgito no se animará a ver por su miopía que es mantenida por la cobardía. Por otro lado, quizás una parte divertida de la película es el insomnio del presidente de EEUU., al haber citado a Chaucer en una conferencia de prensa sin saber quien era. Me imagino el insomnio del papa emérito por su responsabilidad al renunciar y no prever con su inteligencia que la chabacanería llegaría a la Cátedra.