jueves, 8 de junio de 2017

Rastafaris

Más allá de los enojos y diatribas del Anónimo Normando contra la catarata de comentarios inútiles en las entradas de la semana pasada, lo cierto es que han sido útiles para constatar una realidad que es mucho más grave de lo que pensaba.
Durante los diez años de vida de este blog nos dedicamos en numerosas ocasiones a mostrar la ramplona (y facilonga) simplicidad de los movimientos neocones para quienes el Papa es una suerte de ser humano ubicado en una dimensión distinta a la de los simples bautizados y que, entre otras cosas, le otorga una especie de inmunidad universal que asegura a quienes siguen al célico caudillo, que están en el sendero seguro y libres de toda errancia. Pero este seguimiento debe ser en todo lo que dice y hace: desde la proclamación de un dogma -cosa que ha ocurrido en muy pocas ocasiones en la historia de la Iglesia-, hasta sus gustos cinematográficos (recuerdo las increpaciones que recibí hace algunos años de parte de un neocon cuando me atreví a comentar con no compartía con Juan Pablo II su gusto por la película “La vida es bella”). No importa lo que el católico piense, estudie, considere u opine. Al Papa no se lo discute en nada, y mucho menos se lo critica.  Contrariamente a toda razonabilidad, un católico debe estar tan de acuerdo externa e internamente con Benedicto XVI como con Francisco. El principio de contradicción queda anulado en las cercanías del solio petrino. Se trata de una continuidad en la posesión de la persona pontificia por parte del Espíritu Santo: se cierran los ojos y se obedece en todo y con una sonrisa en los labios.
Esta es la postura sostenida por el Opus Dei (recordemos el cambio radical de posición de un conocido teólogo de la Obra que, cuando Juan Pablo II hizo una referencia positiva sobre la teoría evolucionista, cambió rápidamente también él la postura anti-evolucionista que había sostenido anteriormente); el Instituto del Verbo Encarnado (que unilateralmente se ha investido de la jerarquía de nomen dator, y habla de “San Juan Pablo Magno”) o Fasta (que luego de marzo de 2013, redecoró las salas, salones y salitas de sus numerosas dependencias con abundantes fotos del Papa Francisco... abrazando al Padre Fundador).
Sin embargo, hay un límite: este apego desmesurado es a los sumos pontífices posconciliares. Lo que dijeron los anteriores al Vaticano II, no tiene valor alguno para los neocones. Tácitamente, consideran que la Iglesia fue refundada en los ’60, y es a la iglesia primaveral y renovada a la que ellos adhieren. El magisterio anterior pertenece a otro periodo o se ubica en otra placa tectónica: no lo conocen ni les interesa conocerlo. Es cosa pasada y pisada. Y un hecho anecdótico pinta lo que digo: la arquidiócesis de Mendoza cambió hace algunos años el nombre histórico que había tenido su instituto de formación docente. Dejó de llamarse “San Pío X”, y pasó a llamarse “Pablo VI”. Los Papas pre-conciliares deben ser borrados de la memoria de los fieles, mientras que los conciliares deben ser canonizados y, si a Francisco no podemos canonizarlo porque aún está con vida, pondremos su retrato en cuanto hueco quede libre. Su presencia y su palabra debe cubrir la universalidad del mundo católico. De otro modo, dejaríamos de ser católicos. 
Esto ya lo sabíamos. Pero lo sorpresivo es que algunos católicos ultramontanos tienen una actitud idéntica. Cito apenas un comentario recibido la semana pasada: “El Papa justamente ocupa el lugar de los Apóstoles, o mejor dicho el lugar de Pedro en particular por sucesión apostólica. El Papa es el sucesor de Pedro y suceder significa justamente "entrar una persona en el lugar de otra". El Papa ocupa no sólo legítimamente el lugar de los apóstoles, sino que incluso lo hace por mandato divino. Esto es verdad de fe, usted no pude cuestionarlo. Y en cierta medida ocupa el lugar de Cristo ya que es su Vicario, su representante en la tierra, nos guste o no”.
Bien leído, este buen señor tiene razón en lo que dice. Para la ideología ultramontana, sin embargo, el Papa posee en dosis concentrada la jerarquía y el poder de todo el colegio apostólico. Él es el sucesor de todos los apóstoles, especialmente de Pedro, y está en su lugar. El resto de los obispos no son más que meros empleados y en modo alguno suceden a los Doce. Por eso, la figura del Papa es idéntica a la figura del apóstol Pedro, y su palabra posee el mismo valor y jerarquía que la que poseía la palabra del Pescador. Y más aún, ocupa el lugar de Cristo de modo tal, que la promesa de la asistencia prometida a Pedro, se transforma en una suerte de posesión divina: el Espíritu Santo posee a la persona humana que fue elevada a la jerarquía pontificia.  
Pero los ultramontanos tienen también un límite: lo dicho se aplica a todos los Papas reinantes hasta el Vaticano II. Los pontífices posteriores dejaron de tener estas prerrogativas, o algunas de ellas, o si aún las conservan no las ejercen por lo que no es necesario obedecerlos. Y elaboran originales teorías para justificar su decisión que no tienen el más mínimo sustento en la tradición.
Conclusión: Neocones y ultramontanos son, en muchos aspectos, lo mismo. Hay cambio de matices y acentuaciones, pero la actitud y la convicción de ambos hacia el pontificado es exactamente la misma. Su única diferencia se concentra en un kairos: el 11 de octubre de 1962.

Curiosidad histórica: En los años ’30 fue fundada en Jamaica la “Iglesia rastafari”, como un estrambótico desprendimiento de la iglesia copta etíope. Entre otras extrañísimas doctrinas, algunos de sus miembros consideran que ras Tafari (jefe creador) Makkonen, más conocido como Haile Selassie I, último emperador de Etiopía, es la encarnación de Dios; otros que es la segunda encarnación de Jesucristo; otros que es el Mesías prometido; otros que es la tercera encarnación de Dios luego de Melquisedek y Jesucristo. En fin, las distintas ramas de esta iglesia consideran que su pretendido líder poseía una suerte de pertenencia a la divinidad por lo cual debía ser venerado y respetado casi como un semidios y todas sus palabras observadas y obedecidas sin vacilación. 

Nota bene: El que avisa no traiciona. Luego de la catarata de comentarios insustanciales que recibieron las entradas de la semana pasada, comunico que solamente publicaré aquellos comentarios que realmente aporten a la discusión. El resto será eliminado inmisericordemente y sin el más mínimo respeto por las libertades modernas.
Quienes no estén de acuerdo con lo que aquí se escribe, pueden simplemente dejar de leer el blog. Es muy sencillo y se evitarán muchos disgustos. Y nosotros no los extrañaremos.
Si consideran que están investidos con la encomiable misión de defender a los débiles y cautivos de las maldades del error y la mentira que se esparcen desde estas páginas y, por tanto, deben combatirla, yo los felicito. Me permito sugerirles, sin embargo, que pueden comenzar su caballeresca misión con otras páginas bastante más herejes y peligrosas que este pobre blog provinciano: encontraran miles de ellas dando vueltas por la red.
Y siempre queda una tercera opción que es la que yo particularmente los animo a que tomen: creen sus propios blogs donde podrán publicar con la periodicidad y extensión que deseen todo lo que quieran. Es un proceso sencillo y gratuito y que no necesita de conocimientos particulares de informática. Y si en algún momento se les agotan las ideas y no saben ya qué escribir, los autorizo calurosamente a que parasiten de este blog: pueden criticarme, discutirme e insultarme. No tendré inconveniente alguno en que lo hagan. Además, como se sabe, el mayor logro de los blogs carroñeros es aportar nuevos lectores al blog líder. ¡Adelante entonces, pues harán un beneficio!

66 comentarios:

Anónimo dijo...

Trataré de aportar algo directamente vinculado a la nota:

Cuando se afirma (según usted, sólo lo hacen los ultramontanos) que los papas conciliares ya no tienen intención de imponerse, se dice algo que efectivamente (como usted bien dice) no está en la Tradición de la Iglesia, pero que hoy realmente sucede.
Primera técnica: por un lado, los papas, desde el Concilio usaron la lengua sibilina. Dejaron de ser claros.
Segunda técnica: afirman, se imponen, en un sermón o reportaje, pero no en los documentos. Por ejemplo, Francisco, es más lo que se impone en relación al sacramento de la comunión de amancebados en reportajes, que en la Amores Leticia. Pudiéndolo ser, no es claro (se plantean dubias).
En Amores Leticia, simplemente, hizo un embrollo. No se animó a afirmar lo que todos suponemos que le hubiese querido (y es lo que luego de Amores Leticia afirmaron varios obispos sin que nadie desde la Santa Sede les pegue un reto).
Un Pío IX u XI, de haber tenido una moral descuajeringada (y esto sólo es una suposición), habrían afirmado en cinco renglones y con toda claridad lo que Francisco, siendo que se impone en otras cosas del modo más marcado nunca visto, no se animó a afirmar, conformándose, a lo sumo, con marear la perdiz.

Evidentemente, la tesis no tiene apoyo en la Tradición, pero así no se actuaba antes (indudablemente).

Del Concilio a esta parte se ven unas pocas excepciones de imposiciones papales. Muy pocas. No llegan ni a dar el tono.

Un cordial saludo.

P.P.

Anónimo dijo...

Wanderer, usted dice: "Para la ideología ultramontana, sin embargo, el Papa(...)es el sucesor de todos los apóstoles, especialmente de Pedro, y está en su lugar".
No entiendo por qué sigue criticando y tachando de ideología el creer que el Papa ocupa el lugar de Pedro, que "está en su lugar". Como bien dice el comentario que Ud cita, el Sumo Pontífice ocupa el lugar de Pedro por sucesión apostólica y por mandato divino. Y sí, también cuenta a su favor con la promesa de asistencia del Espíritu Santo pero no de la forma que Ud pretende que defienden los "ultromontanos", eso es a todas luces absurdo.
En definitiva, todavía no ha entendido lo que ud. llama "posición ultromontana".
Le seguiré recomendando al R.P. Calderón para mejor comprensión..
Saludos.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 9:19: La cuestión de la ideología ultramontana que yo quiero señalar es que, para ellos, el Papa es el único sucesor de TODOS los apóstoles, y no solamente de Pedro, sobre lo cual no hay duda alguna. Para ellos, la sucesión apostólica se da solamente en el Papa, o mejor aún, los obispos no son sucesores de los apóstoles sino que reciben su oficio y su jurisdicción del Romano Pontífice y no por su carácter de sucesores de los apóstoles.
Y no crea que es tan absurdo lo que digo. Para muchos ultramontanos, la voluntad del Papa queda "poseída" por el Espíritu Santo cuando es elegido.

Anónimo dijo...

Al final va a ser verdad la denuncia de Francisco: " son rigidos" .Bye

Wanderer dijo...

Estimado P.P., el problema que yo humildemente encuentro en esa teoría es que es necesario que exista una autoridad que defina qué es lenguaje claro y qué no lo es; qué es enseñanza a la Iglesia universal y qué es "marear la perdiz". No es un tema menor, porque de él se derivará que yo deba obedecer o no una enseñanza o mandato magisterial.
Entonces, ¿quién dice que los Papas posconciliares no quiere enseñar? ¿En base a qué lo dicen? ¿Cuáles son los criterios -que deben ser muy claros y precisos- con los que se juzga? Y, sobre todo, ¿con qué autoridad lo dicen? ¿De dónde les viene esa autoridad que los autoriza a levantar a los fieles la obligación de la obediencia a la sede romana?
Lo que yo veo es que caen en un círculo vicioso porque, para la visión ultramontana, el único que puede tener esa autoridad es el Papa, porque los obispos, ya sea individualmente, ya sea reunidos en concilio ecuménico, reciben su autoridad del Papa porque no la poseen en sí misma.

Lefe Estepario dijo...

Don Wanderer: de lo expresado por Ud. creo que sería también una actitud sana analizar el magisterio de los Papas preconciliares con el mismo ojo que vemos los actuales. El tema del lenguaje no me parece mayor problema, pues el recursos de los canones, definiciones y condenas siempre se empleó en la Iglesia a la hora de dar una enseñanza de asentimiento obligado, mientras que, como decía en un post anterior, el estilo de encíclica es reciente e inusual en los papas, siendo más propio del escritor católico privado.
Por ej: en la Quadragessimo Anno, Pio XI alaba el contrato de sociedad como una forma de superar la lucha de clases en la empresa, pero no lo establece como norma. A mi me parece fantástica la idea de fomentar las cooperativas, pero puede que a otros les puede resultar un sistema ineficiente y hasta perjudicial para empresario y obreros.
En general, pienso que la “vía negativa” tradicional de la Iglesia de establecer límites y prohibiciones- era más protector de la libertad de los fieles, pues -como diría Chesterton- no hacía más que poner el cerco al jardín donde los cristianos podían jugar. Ahora el camino es exigirle a los fieles “como tienen que pensar” y ajustar su mentalidad a los gustos del Papa de turno, muy semejante a la “línea general” de los partidos políticos.

Jordi dijo...

Le felicito por su postura, en la cual concuerdo plenamente.

Anónimo dijo...

El problema con la teoría del papa-marioneta es mucho más grave para los inteligentes que para los estultos.

Ellos tienen que convivir con la contradicción de afirmar en público cosas con las que internamente no están de acuerdo. Sienten y saben que se están prostituyendo intelectualmente; pero la mentalidad de esclavo los mantiene ahí, mansos y chupamedias.

Es tan difícil encontrar gente noble entre los panchistas como entre los neocones.

Andrés Baldreccc

Âνδρέας dijo...

Wanderer, tiene todo mi apoyo: sea inmisericorde con los trolls, con los orcos, con Saruman y con Sauron.
El debate sobre los problemas de neocones y ultramontanos me ha ayudado mucho personalmente a afinar la puntería en algunos temas y ciertas distinciones que se me pasaban por alto. Gracias por eso.

Anónimo dijo...

Wanderer, el libro que expone esta teoría reconoce explícitamente la autoridad de los obispos solos y reunidos. Eso no se niega.

¿En base a qué se dice que no quieren ensenar los papas nuevos?
Muy simple, en base a lo que se lee.
¿Por qué , si es un autoritario y además es lo que desea en el fondo de su corazón según reportajes, Francisco no puso por escrito claramente en A.L. las cosas como hubiese deseado?
¿Y por qué, estando de acuerdo o no con él, a Pío IX le entendía todo el mundo perfectamente lo que enseñaba?
Muy simple: porque surge de los textos de cada uno.

¿Y qué es lo que hace que los nuevos papas no se impongan?
Es consecuencia del liberalismo que los aqueja.

Atentamente.

P.P.

Anónimo dijo...

"Una vez conocí a un español que le robó la novia a un argentino". Conclusión: los españoles solemos robar las novias a los argentinos.
"Un teólogo del Opus Dei abrazó la teoría de la evolución porque lo hizo San JPII" Conclusión: los del Opus abrazan lo que opine el papa ya sea de fe, moral, ciencia o fútbol.
"Un día en el metro escuché a uno del Opus Dei diciendo a un amigo que ya no existia Bergoglio, que ahora era Fco, otra persona, otro rollo" Conclusión: Los de la Obra creen que cuando uno es elegido papa sufre una mutación
Es verdad que en el Opus Dei se respeta mucho la figura del papa, pero eso no excluye que no exista la crítica a él dentro de sus miembros. Se invita a ser conscientes que la autoridad papal viene de arriba, no de los cardenales, y que eso merece el mayor de los respetos. Es cuestión, creo yo, de educación. Y es muy válida doctrinalmente hablando. Es cuestión, quizás, de caballerosidad entendida a la newmaniana: "no inflingir daño" (sobre todo a los que rezan nuestro mismo Credo), "no resultar tedioso" (poniendo etiquetas ya sea tipo filolefrebvistas, tipo neocones, tipo papólatra) y muchos más ejemplos que pone el gran beato inglés que tanto aprecia.
Un saludo y enhorabuena por muchos de sus artículos.
Joaquín LV

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer,
fui a consultar los documentos del Vaticano I, y respecto de la Infalibilidad dicen, textualmente:
"Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:
El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables."
El dogma de la Iglesia es que el Papa es Infalible cuando define ex-cathedra.
El actual Papa, hasta ahora, no ha definido nada de esa manera. Por tanto entiendo que todo lo novedoso que pudiera haber dicho hasta ahora el Papa Francisco en materia de Fe o de costumbres es todo opinable, para todos los católicos.

Anónimo dijo...

Querido don Guánder: Hoy se ha puesto usted un poco desabrido y faltón con sus lectores y comentaristas. Yo no puedo decir que concuerde plenamente con su postura: de hecho me doy por aludido en lo de «ultramontano», aunque no le acepto los cargos que amontona bajo ese dicterio, en lote. Pero no me voy a ir de aquí, como usted pide: ni a fundar mi propio blog ni a rezongar en alguno de los «carroñeros». En realidad, no creo que de verdad quiera echarme, pues no sería propio de usted. Yo tengo muchos y buenos motivos para estarle muy agradecido por este blog que me ha hecho mucho bien, me ha dado mucha luz. Y también a sus amigos, los comentaristas habituales. Y espero seguir beneficiándome de sus pensamientos tan lúcidos, de su conversación, compañía y amistad tan generosas.

Anónimo dijo...

Existe un error modernista bastante difundido que, añadido a la papolatría, hace del Magisterio de la Iglesia un folletín por entregas. El error, que ya está en el Concilio VaticanoII, es suponer o sostener que el magisterio presente puede juzgar o interpretar el magisterio pasado, por lo cual, sucederán estas cosas: El magisterio nunca será verdadero, a no ser que sea el último en el tiempo, por lo cual el último Papa será el verdadero magister mientras viva o no cambie de opinión; que es lo mismo que decir que ninguno lo es. Y no habrá nunca un magisterio seguro y auténtico. Pero la verdad es otra: que el Magisterio está para interpretar las Sagradas Escrituras y la Tradición, y de ninguna forma para reinventarse a sí mismo en cada generación o con cada nuevo Pontífice. Lo que está definido, definido está y es irreformable. El brulote modernista que acompaña lo anterior es aquel que atribuye a la dogmática un mero carácter histórico o inclusive, cultural, ergo, cambiante y mudable, y no pétreo e irreformable. Algunos "teólogos" modernistas llegan a afirmar que aunque la Iglesia es "indefectible", no es infalible... Así que imagínense a dónde va a parar la dogmática y, por contradistinción, cuánto se abre el campo del "magisterio" de las Misas diarias en Santa Marta y los aviones papales. Athanasius.

Anónimo dijo...

GASTON a JOAQUIN LV: Por conocer bastante el Opus Dei lamento decirle que creo que todas esas motivaciones a que Vd alude en defensa del Opus Dei van acompañadas o lastradas de otras cosas menos dignas: como, por ejemplo, conformismo con el que está en el poder. Aunque las decisiones del poder hayan sido tan nefastas como la reforma litúrgica, por poner otro ejemplo. Vamos que no esperes de ellos que se sumen a algo tan evidente como pedir que el pro multis se tradujera correctamente, que se recupere el consubstancial del Credo, etc...Como soy español puedo decirle que el Opus Dei ha sido un factor clave en la escasísima -o ninguna- utilidad del Motu proprio por esto pagos hispánicos.

Eck dijo...

En verdad son tres tipos de ultramontanismo: el tradicionalista (que no tradicional y que perdió el poder en 1962), el progresista (que reina desde 1962) y el indiferente o de Melgarejo (el neocón y el de los clérigos funcionarios). Los dos primeros, en realidad, son ultramontanos del Papa ideal que tienen en la cabeza, con sus ideas y creencias, no dogmas, como verdad revelada. Dicho en plata: son ultramontanos de un papa que impongan sus gustos, si no, ya le buscaremos vueltas.
Recuérdese los ataques ultramontanos españoles que recibieron Balmes por defender al Pio IX más liberal (antes de 1848), a Menendez Pelayo por no ser tomista de estricta observancia, a León XIII por la Rerun Novarum (se pedía por la conversión del papa..)y por su apoyo a la Restauración borbónica, etc. De los progresistas solo hay que ver el caso a Juan Pablo II y a Benedicto en varias ocasiones.
Los más consecuentes son los neocones, ultramontanos ubique pero si se rasca se descubre que sirven y se sirven del Poder. Saben que desde 1962 mandan los progresistas por eso su kairos es esa fecha y si han parecido conservadores ha sido por su mimetismo con los papas conservadores (de la revolucion) y porque saben que el progresismo es letal para sus grupos. De aquí sus enjuagues. En resumen: viva quien manda y mientras a lo nuestro.
En realidad el unico ultramontano es Francisco: los demás se sirven de la autoridad del papado para sus fines y mientras tanto la Iglesia al retortero y Cristo detenido en Getsemaní.

Wanderer dijo...

Estimado P.P., No, no es tan simple como usted cree.
En primer lugar, la teoría a la que usted hace referencia no tiene ningún asidero en la Tradición. Es una teoría moderna. Usted me dirá, como el comentarista anterior, que nunca antes se había dado un caso similar, y que los Papas siempre quisieron enseñar, como Pío IX que era muy claro en lo que decía. La cuestión es que la Iglesia es un poco anterior a Pío IX, y en ella hubo un Papa hereje, Honorio, condenado como tal por el VI Concilio Ecuménico; Papas cercanos a la herejía como Juan XXII; Papas que ante temas discutidos no quisieron enseñar, como los que se negaron a pronunciarse sobre el debate entre naturaleza y gracia, o los que no intervinieron entre los defensores de la Inmaculada Concepción (franciscanos) y sus detractores (dominicos).
Por otro lado, los Papas posconciliares sí enseñaron: Pablo VI promulgó un nuevo Misal Romano (ya sabe usted la opinión que yo tengo de ese misal) y se expidió claramente sobre el uso de los anticonceptivos en la Humanae vitae; Juan Pablo II promulgó un nuevo Código de Derecho Canónico y se expidió sobre el sacerdocio femenino. Y podríamos seguir sumando ejemplos.
Pero el núcleo del problema está en otro lugar. Usted responde con gran simpleza diciendo que son muy simples las respuestas, pero en esta materia no se puede ser simple.
¿Quién determina que "en base a los que se lee" los Papas actuales no quieren enseñar? ¿El que lee? Es decir, usted, yo y el otro vecino. ¿O lo determina el padre autor del libro que usted menciona? ¿O lo determina el párroco de la esquina? Si es así, esta postura no difiere demasiado de la libre interpretación protestante, porque se deja librada a la propia voluntad o inspiración interpretar qué es lo que se quiere imponer como enseñanza magisterial y qué no. Se pude poseer ciertamente una opinión como doctor particular o como lo que sea, pero no se puede extraer de ella una conclusión que afecte de ese modo a la Iglesia universal.
Se hace necesario, entonces, que sea alguien constituido en autoridad quien lo determine. Es decir, un obispo. Pero aquí está nuevamente el problema de la teoría ultramontana, para quienes los obispos reciben su autoridad de Nuestro Señor a través del Papa y no a través de la sucesión apostólica como es la afirmación tradicional. Por tanto, quedan entrampados porque el obispo no puede determinar que aquél que le otorga la autoridad para enseñar, o munus docendi, no tiene voluntad de enseñar.
En conclusión, y paradojalmente, el único modo de sostener la teoría ultramontana es recurriendo a los principios que ultramontanismo combatió en la segunda mitad del siglo XIX.

Wanderer dijo...

Estimado Eck, le agradezco la distinción que viene a echar claridad al tema.
Cuando hablo de "ultramontanismo" hago referencia a la variante tradicionalista. Me parece que es conveniente ese calificativo ya que es fácil confundir "tradicionalismo", que en el fondo es una ideología, con "Tradición", que es una cosa bien distinta.

Martin Ellingham dijo...

La teología pre-conciliar conocía la existencia de textos magisteriales que no tenían intención de vincular a la Iglesia discente. Había unos criterios para reconocer textos en virtud de los cuales era legítimo concluir que había manifiesta voluntad de obligar: a) el tenor de las expresiones: que se trate de aserciones directas (el verbo empleado en la proposición es clave), no de cosas dichas al pasar; b) la frecuente proposición de una sentencia; c) la materia tratada, que no debe ser ajena al objeto del magisterio eclesiástico; d) la naturaleza de los documentos. O bien, a la luz de los mismos criterios, ver que no había voluntad de imponer una sentencia. En casos difíciles, los obispos consultaban a Roma. Y si alguno se ponía “belicoso” contra el fallo romano, le caía encima todo el peso de Ottaviani…
Pero ningún teólogo serio tomaba la parte por el todo. A nadie se le ocurría decir que, como los textos A, B y C no manifiestan “voluntas docendi”, luego, a partir del día X ningún texto tiene ya tal intención. Tampoco se hacía de la excepción una regla, presumiendo la no obligatoriedad a menos que se demuestre lo contrario.
Saludos.

Martin Ellingham dijo...

La teoría de la falta de intención de obligar sólo puede dar respuesta a una parte de las aporías que crean las innovaciones del Vaticano II. Pero no soluciona todos los problemas, porque es inaplicable cuando se opone a los criterios mencionados en mi anterior comentario que son los que manifiestan la intención de obligar o su ausencia.
Desvinculada de la apelación a Roma, la teoría importa un giro subjetivista, no tradicional, pues el lector (Iglesia discente) sustituye al autor (Iglesia docente) en la determinación de la voluntas docendi. En efecto, podríamos reproducir muchos textos que manifiestan en las novedades del Vaticano II y los papas postconciliares una intención magisterial de obligar, aunque no sea de modo definitivo por no haber uso de la prerrogativa de la infalibilidad. Se los encuentra, en cantidad no despreciable, en los debates habidos en el Aula conciliar: comunicaciones, modos, respuestas a objeciones, etc.; también en los textos conciliares mismos, tal como fueron votados por los padres; en las fórmulas aprobatorias de Pablo VI; en el magisterio postconciliar que reitera las novedades o reflexiona sobre el último Concilio; en documentos emanados de la CDF; etc. Es cierto que estos textos vinculantes coexisten con otros en los cuales se objetiva una ausencia de voluntas docendi: textos no doctrinales, de opinión, que describen situaciones de hecho, realizan descripciones fenoménicas, etc. Pero no es menos cierto que no se puede tomar la parte por el todo y deducir de los segundos la ausencia de intención de obligar en los primeros.
El verdadero sentido vinculante de un texto magisterial es el que intenta el autor, siendo éste muchas veces manifiesto, aunque lo enseñado no sea claro en su formulación. Lo que ese significado objetivo intentado por el autor tiene que decirme a mí es algo distinto, y no depende de mi subjetividad en relación con el texto, en cuyo sentido es posible profundizar con ulteriores estudios que hacen comprender mejor al autor, pero que no se salen de la mens auctoris. En todo caso, si es clara la intención de vincular, aunque no lo sea el texto vinculante, el católico podrá pedir aclaraciones al magisterio, suspender su asentimiento a las novedades mientras se atiene a enseñanzas precedentes más claras, etc.; pero no sería realista negar una voluntas docendi, que consta de modo manifiesto, para no hacerse cargo las implicancias de la denominada suspensión del juicio y una situación de público disenso.
En definitiva, en esta teoría aplicada globalmente a las novedades del Concilio, se da primacía al acto de lectura, a la apropiación individual o compartida en un grupo, al polo obra-lector por sobre el polo autor-obra. Curiosamente es esta una insistencia de la filosofía hermenéutica desde Heidegger y Gadamer. Pero este énfasis en el lector y en su recepción del texto, en contra de las expresas indicaciones del autor, abre la puerta a un subjetivismo incontrolado pues en este desplazamiento hacia el lector se pierde la objetividad del texto.

Johannes dijo...

Anónimo de las 13:51, el magisterio presente puede interpretar el magisterio pasado, ya sea definitivo o simplemente auténtico, y además juzgar y corregir el magisterio pasado simplemente auténtico. Y por magisterio me refiero no solamente al pontificio, sino también al de los concilios ecuménicos.

El carácter ecuménico de un concilio no implica que todo el contenido de sus documentos sea infalible, sino que es infalible solamente su magisterio extraordinario o definitivo, usualmente expresado como anatemas a quienes afirmen las proposiciones contradictorias, mientras que el resto del documento puede contener errores. Esta noción es verdadera no solamente en teoría y a priori, sino también en la práctica y a posteriori de un error clarísimo, el cual no está en un pasaje de un documento del Concilio Vaticano II, sino del "Decreto para los armenios" del Concilio de Florencia, que dice que la materia del sacramento del Orden es la entrega de los instrumentos:

"El sexto sacramento es el del orden, cuya materia es aquello por cuya entrega se confiere el orden: así el presbiterado se da por la entrega del cáliz con vino y de la patena con pan; el diaconado por la entrega del libro de los Evangelios; el subdiaconado por la entrega del cáliz vacío y de la patena vacía sobrepuesta, y semejantemente de las otras órdenes por la asignación de las cosas pertenecientes a su ministerio."

Es evidente por la Escritura (1 Tim 4,14 y 2 Tim 1,6) y por la Tradición (reflejada en la celebración del sacramento en el rito antioqueno-bizantino en todos los tiempos y en el rito latino hasta el siglo X) que la materia del sacramento del Orden no es la entrega de los instrumentos sino la imposición de las manos por parte del obispo consagrante (o los obispos, en el caso de consagración de un obispo). Pío XII resolvió definitivamente la cuestión en su constitución apostólica "Sacramentum Ordinis" de 1947, en la cual, en su "suprema Autoridad Apostólica y en ciencia cierta", declaró y, en la medida necesaria, decretó y dispuso, en un pronunciamiento que parece reunir los requisitos de infalibilidad, lo siguiente: "la materia única de las sagradas órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado es la imposición de las manos".

http://w2.vatican.va/content/pius-xii/la/apost_constitutions/documents/hf_p-xii_apc_19471130_sacramentum-ordinis.html

"Sacramentum ordinis" está en vatican.va solamente en latín. La traducción castellana puede hallarse en algunos blogs.

Anónimo dijo...

Ahora, por ejemplo, en Amoris Laetitia, el Papa ¿quiso o no quiso definir como maestro de todos los cristianos?. Porque el texto del Capítulo 8 es oscuro. Cuando en un avión le preguntaron por la famosa nota a pie de página de ese Capítulo, dijo no recordarla. Cuando le presentaron públicamente las 'dubia' se negó a responder. Pero cuando los Obispos de Buenos Aires lo consultaron por carta respondió con claridad. ¿Está Francisco en ese caso queriendo ejercer su magisterio?.

Martin Ellingham dijo...

P.s.:
Un ejemplo para ilustrar mis comentarios anteriores: Humanae vitae, de Pablo VI. No es infalible, consta que al papa le acercaron un borrador para que definiera ex cathedra y no quiso hacerlo. Pero es magisterio auténtico. Manifiesta intención de obligar a toda la Iglesia al condenar moralmente la anticoncepción (no cito el párrafo conocido por razones de brevedad). Cumple con los cuatro criterios mencionados. Como no es infalible, el fiel que no quiere aceptar esta enseñanza, no deja de ser católico. Pero tiene que hacerse cargo de su situación de suspensión de juicio y eventual disenso público. Pero no es serio eludir esta responsabilidad diciendo que los papas, desde Pablo VI hasta el presente, no quieren enseñar de modo vinculante la intrínseca maldad de la contracepción.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 17:21, yo no tengo competencia para responder su pregunta. Quizás pueda hacerlo Martin Ellingham que sí la tiene. Sin embargo, me permito señalar un "peligro" que existe en los ultramontanos -y de ningún modo digo que sea su caso- y es que pretende que el Papa esté ejerciendo su magisterio permanentemente, y más felices serían cuanto más ejercicio magisterial hubiera. Eso es disparatado. Los Papas, hasta Pío IX, apenas si hablaban o si "ejercían" el magisterio. El problema desde Mastai Ferretti hasta esta parte es la sobreabundancia de magisterio, no su falta.

Anónimo dijo...

Le agradezco a don Martín Ellingham que haya intervenido acerca de la que él llama «teoría de la falta de intención de obligar». Lo hace desde una una posición crítica pero bastante ecuánime, sin desdeñarla de forma «ramplona y facilonga». Creo que esta teoría merecería ser debidamente expuesta y criticada en Info-Caótica. Aún a riesgo de que aquí les llamen carroñeros.

Una cabal exposición de lo que dicen estos autores pondría de manisfiesto que su impugnación de la intención magisterial de los documentos del Vaticano II (y otros posteriores) no es tan subjetivista: no se centra en la recepción de los textos por el lector sino en la intención del autor, manifestada en hechos muy objetivos y verificables como son el mismo género y estilo de los documentos, la selección del destinario, el proclamado carácter pastoral, las fuentes citadas e invocadas como autoridad, y la misma expresión de las intenciones hecha por los protagonistas del Concilio (los autores) en sus escritos y declaraciones.

Por supuesto que todo esto tiene mucho que ver con temas de la filosofía hermenéutica, y que para exponerlo es necesario echar mano, en parte, de su jerga y su método. Y eso puede resultar un poco paradójico, como apunta Ellingham con socarronería.

Anónimo dijo...

Martin,
a raíz de su comentario sobre la Humanae Vitae, se me ocurre que sería muy útil contar con el listado de los dogmas que es necesario y suficiente creer para ser católicos. Yo alguna vez lo he buscado en internet, y no pude encontrarlo. Sería muy bueno tenerlo a mano, para saber que fuera de ese listado uno puede tranquilamente disentir, y seguir siendo plenamente católico.

Anónimo dijo...

En cuanto a la elección del destinatario, es un aspecto muy interesante de la teoría de la falta de intención de obligar. El Concilio Vaticano II elige por destinatario de sus enseñanzas al Mundo Moderno, a quien invoca desde el mismo título de la Constitución Pastoral Gaudium et spes. Y comenta Ratzinger que esta Constitución entiende por «mundo» a un interlocutor con quien la Iglesia habla de igual a igual.

Dice el P. Gleize que «el Vaticano II no se dirigía principalmente a los católicos, sino al hombre moderno en general. Pero al elegir a tal destinatario, el Concilio renunciaba a exponer formalmente la Fe con autoridad magisterial propiamente dicha, hablando en nombre de Dios, porque su interlocutor era por definición indiferente o refractario al mensaje de la Iglesia. El Vaticano II solo podía aspirar a expresar su Fe de una manera puramente material, con un discurso no magisterial sino apologético. Intentaba que la Fe resultase aceptable al hombre moderno, mostrándole que la verdad revelada no pone en cuestión las categorías de su pensamiento. Aquí no juzgamos la eficacia de tal discurso apologético –los hechos hablan por sí mismos–: simplemente subrayamos su gran debilidad magisterial»

Anónimo dijo...

Wanderer:

Matizaría un poco con el Opus Dei. Es indiscutible que tienen una externalidad devota o religiosa respecto al Sumo Pontífice -cualquiera que sea y que, aclaro, es propia de todo catolico pues el Papa, además del hombre que tiene esa función, es un contenido viviente de la fe católica-, pero ello no es igual ad intra y en relación, paralelamente, a todos los Papas.

Tampoco es cierto que en el Opus Dei se venere solamente a los Papas pos-conciliares. San Josemaría tenía una gran devoción por San Pío X y en Vila Tevere y los cuartos del Prelado del Opus Dei conservan innumerables reliquias del ese Papa: el reclinatorio del Prelado es el personal y que usó hasta morir San Pío X. Se conservan su solideo y varias reliquias más. Similar devoción existe por San Pío V cuyo día es fiesta interna en la Obra.

Es sabido que algunos Papas han sido amigos de la Obra, y otros no. Amigos: Juan Pablo II, Francisco y Pío XII (que no entendía mucho la Obra pero
tenía una gran afinidad personal con el Fundador). Poco amigos: Juan XXIII. Nada amigos: Pablo VI y Benedicto XVI. Y eso se notaba dentro del instituto.

Sds.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 19:09: El problema, en mi opinión, sigue siendo el mismo: ¿Quién es, o qué autoridad tiene, o en qué autoridad se basa el P. Gleize para decir lo que dice? Ciertamente que, como doctor privado, puede tener esa opinión, pero lo que yo no veo es que de un parecer privado, de un sacerdote determinado, se pueda concluir acerca de la validez o no de un Concilio Ecuménico, nos guste o no ese concilio. Sus silogismos pueden ser muy tranquilizadores pero todos sabemos que la teología católica -al menos la teología católica tradicional-, debe tener siempre una referencia a la autoridad: Sagradas Escrituras, Padres y Doctores de la Iglesia, y yo no veo que aparezcan en esos razonamientos.

Eck dijo...

Estimado Wanderer: Estoy completamente de acuerdo con usted y creo que llamar ultramontanismo a eso es mucho más correcto que llamarlo "tradicionalismo", que no deja de ser la tradición...la tradición del siglo XIX (y no antes).

Wanderer dijo...

Así es don Eck. Para estos particulares"tradicionalistas", todo comenzó con Pío IX. Y si alguien arguye con referencias a pontificados o doctores anteriores al siglo XV cae automáticamente bajo la herejía de "arqueologista".

Anónimo dijo...

Por supuesto que esa teoría, o eso que dice el P. Gleize, es solo una opinión, hasta hoy. No sé qué nota teológica se le podría poner. Habrá quien la tache de temeraria o peligrosa. Quizá con el tiempo llegue a ser tenida por una opinión común. Si hubiera sido definida y enseñada por el magisterio, ya no sería una opinión, y el problema magisterial surgido a raíz del último Concilio habría desaparecido ya.

Yo creo y espero (con fe y esperanza teologales) que si le queda historia a la humanidad, la Iglesia acabará rectificando las enseñanzas erróneas del Vaticano II y del magisterio posterior. Esto, como el declarar que un Papa fue hereje, le corresponderá hacerlo a otro Papa o a un Concilio. Y cuando suceda, es muy probable que la teoría de la falta de intención de obligar sea comúnmente admitida entre los teólogos como una explicación de las aporías del CVII.

Johannes dijo...

Sobre la intención del autor en los documentos del Concilio Vaticano II, veamos qué dicen sus dos constituciones dogmáticas:

Dei Verbum:

"Por tanto [El Santo Concilio] siguiendo las huellas de los Concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su transmisión para que todo el mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame."

Lumen Gentium:

"ella [la Iglesia] se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes."

Veamos además qué dice la declaración Dignitatis Humanae:

"Se propone, además, el sagrado Concilio, al tratar de esta verdad religiosa, desarrollar la doctrina de los últimos Pontífices sobre los derechos inviolables de la persona humana y sobre el ordenamiento jurídico de la sociedad."

Anónimo dijo...

Los argumentos de estos teólogos tradicionalistas o «ultramontanos» sí se basan en las fuentes de la Revelación, porque se basan en la doctrina de la Iglesia acerca del magisterio y de la potestad de enseñar, doctrina que a su vez tiene su fundamento en la Sagrada Escritura y en la Patrística.

Lo que ellos hacen es un juicio que consiste en aplicar la definición de magisterio a un caso concreto y ver si en este caso se cumplen las condiciones requeridas, y concluyen que no se han cumplido. Naturalmente, lo que tiene apoyatura en las fuentes de la Revelación es el concepto de magisterio y sus requisitos. La cuestión de hecho de si estos requisitos se han dado en el caso concreto no la podemos conocer preguntándoles a los hagiógrafos ni a los Padres de la Iglesia. Los hechos, que son los actos magisteriales producidos desde 1960, los conocemos por observación directa, y si acaso, para valorarlos, nos servimos de los métodos comunes de hermenéutica y crítica de textos.

Anónimo dijo...

Para Johannes: Ud. afirma: "el magisterio presente puede interpretar el magisterio pasado, ya sea definitivo o simplemente auténtico, y además juzgar y corregir el magisterio pasado simplemente auténtico. Y por magisterio me refiero no solamente al pontificio, sino también al de los concilios ecuménicos". Esto es ontológica y lógicamente imposible: El Magisterio ES una interpretación, de modo que la interpretación de la interpretación es una extravagancia y una anulación del principio magistral, aunque su defensa no ha dejado de leerse en algunos textos juanpablistas y de Benedicto XVI (la "herméutica de la continuidad") cuando alude a la "interpretación" de las "interpretaciones" del Concilio Vaticano II. Es decir: jamás habría Magisterio propiamente dicho si toda sentencia, cualquiera que fuese su alcance, estuviese sujeto a reformabilidad o "interpretación". Otra cosa es que Ud. diga (como en el caso de los armenios en el Concilio de Florencia) que en una definición no dogmática ni irreformable exista un error que debe ser corregido, como lo hizo Pío XII en "Sacramentum ordinis" de 1947. Pero ahí difícilmente había magisterio en sentido propio. Es conocido también el caso del papa Celestino III, quien afirmó en un rescripto que una mujer casada en segundas nupcias adulterinas, debía permanecer unida al segundo marido y no volver al primero que, regresado del paganismo a la fe que había abandonado durante su matrimonio, había hecho perder sentido al "privilegio paulino" invocado para la primer separación; evidentemente, no fue propiamente un error en el Magisterio -aunque hoy se lo consideraría "magisterio auténtico" reinterpretado, o vivo, etc.- sino en el juicio del caso concreto. Hay muchos casos como el que Ud. plantea, pero insisto: El Magisterio auténtico no puede ser reinterpretado ni revisado a posteriori, pues en tal caso deja de ser magisterio y deja de ser auténtico; es equivalente, también, a sostener que puede enseñarse válidamente una falsedad, la cual debería acatarse, simplemente por estar afirmada por una autoridad constituida. De allí al "yo me salvo o me condeno con el Papa", como dicen algunos bestias, no hay ni un paso. El Magisterio tiene una finalidad: interpretar la Revelación, como dicen los cánones 85 y 100 del Catecismo juanpablista, repitiendo los textos menos "dificultosos" de Dei Verbum. El Concilio Vaticano I, en la constitución Dei Filius, capítulo III y más claramente, Capítulo VIII, dice algo semejante y va por el mismo camino explicado. El acatamiento del Magisterio requiere una adhesión de FE divina. La FE divina es una gracia, un don de Dios; si pudiese modificarse el depósito de la FE en forma habitual, no habría una virtud teologal propiamente dicha porque, como su Autor, la Fe es Una, es Cierta e Inamovible e Íntegra, y no viscosa y móvil. Por eso el "verdadero" Magisterio no está en cada comentario opinativo que expelan uno o veinte obispos y hasta algún Papa, sino en la interpretación solemne y definitiva de ese "depósito de la Fe", dictado con esa precisa, segura y pública intención. En definitiva, es lo que dice Lumen Gentium 25. Cristo es el Logos de Dios (Jn. 1-1); y no puede haber varios "logos" distintos o contrapuestos. Por lo tanto, es evidente que el magisterio anterior, no es materia propia del magisterio presente, puesto que solamente lo es "el depósito de la Revelación", lo que se debe creer y hacer para salvarse. Sigo.....

Anónimo dijo...

Para Don Martín Ellingham:
Cuando Paulo VI publicó su Encíclica "Humanæ vitæ", no obstante declarar firmemente los principios generales de la cuestión, dejó también abierta la puerta para ciertas contradicciones que -como sucede siempre en estos casos- terminaron por consagrar el uso contrario a la intención declarada en la Carta Papal. Nadie ignora que durante todos estos años, muchísimos confesores (digo, cuando la gente se confesaba) aconsejaban en contra de la definición papal. Paulo VI efectivamente nunca quiso darle valor dogmático o, al menos, cierto y de fe, a sus enseñanzas, pese a mencionar varias veces el carácter seguro de las enseñanzas de la Iglesia; prefirió en todo caso el espíritu "exhortativo" que le era tan peculiar cuando no se trataba de las voces que venían de la Tradición. Veamos algo de ellas, MUY brevemente. Dice el Papa Montini: "En verdad si es lícito alguna vez tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social. Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda." Muy bien; se condena sin atenuantes la llamada "moral de globalidad" -tan cara a Bergoglio- junto con la afirmación de una verdad tradicional. Sin embargo, en el nº 20, permite acudir al método de los períodos infecundos para "regular los nacimientos". Ahora bien: Si cualquier acto voluntariamente infecundo es "intrínsecamente deshonesto", el espaciado de los hijos es también un acto deshonesto, pues requiere la realización de "actos voluntariamente infecundos", por más que se utilice el método denominado de los "períodos infecundos", que se considera legítimo a causa de su supuesta "naturalidad"; donde otros leen "inseguridad". Esta contradicción ha dado que hablar y aún no se ha resuelto, pese a que algunos han afirmado que la honestidad del acto conyugal en tales casos está dada por el cumplimiento del (ahora) "fin primario" número dos del matrimonio, que es la unión de los esposos mandada por Dios en el Génesis y reiterada por Cristo, a través del "seréis una sola carne". Aunque no es totalmente tradicional, no es una posición totalmente descartable.
Esa es la razón o explicación que algunos escritores nada "ultramontanos" han dado al notorio hecho de que Paulo VI no decretara la infalibilidad de toda la Encíclica. Athanasius.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 20:34, no es mi intención maltratar a los lectores del blog ni tampoco eliminar sus comentarios. Pero el suyo es de aquellos que no aportan nada a la discusión. Afirma: "Los argumentos de estos teólogos tradicionalistas o «ultramontanos» sí se basan en las fuentes de la Revelación, porque se basan en la doctrina de la Iglesia acerca del magisterio y de la potestad de enseñar".
Esa es justamente la cuestión que estamos discutiendo. En mi opinión, NO se basan acerca de la doctrina de la Iglesia acerca del magisterio y de la potestad de enseñar. Si usted afirma que sí lo hacen, pruébelo. Y no vale que me venga "porque así lo dijo Pío IX". Aquí es cuestión de ver qué dice la Tradición, y no el famoso magisterio pontificando sobre el magisterio.

Anónimo dijo...

Hace rato que tengo curiosidad por entender este proceso no sé si mágico, infantil, platónico, maniqueo, o digno de la lógica de un programa de Rial, de entender este "plus ultra" o "quintaesencia" de aquel que es elegido Papa. Obvio, que desde una visión de fe creo en la asistencia del Espíritu sobre él y la Iglesia, pero me da cierta incomodidad la movida que se arma con el que es elegido Papa, y se empieza a escarbar en el pasado cada cosa que dijo o publicó como si fuera una sacrosanta prefiguración de lo que Dios en su Divina Providencia había previsto. Durante el Pontificado de JP II, la sarta de pelotudeces que circularon sobre esto fue de colección.

Pero con Bergoglio, la cosa ha sido más divertida aún: rastrear en su trayectoria una escuela de pensamiento de un tipo que no piensa ("¿quién soy yo para juzgar?"). La actitud lamentable de obispos y cardenales frente al Bergoglio Papa... a ver no digo que tengan el respeto y asentimiento que la figura se merece, pero de ahí en transformarse más bergoglistas que Bergoglio, sinceramente me da naúseas y me da la pauta de que somos una comunidad de estúpidos.

Cacho dijo...

Athanasius:

Debe Ud. distinguir en que una cosa es que el ser humano haga que un acto conyugal sea infecundo por una modificación en la dinámica del mismo, a que el acto conyugal sea infecundo por sí mismo: por ancianidad, por esterilidad, por el recurso a los períodos infencundos del ciclo femenino.

El ser humano puede pecar internamente haciendo acciones "neutras" o incluso lícitas (como dar limosna para ser aplaudido por otros). Pero el acto en sí no es ilícito. Lo mismo se aplica para la cuestión que Ud. plantea.

Me parece que en estos no casos conviene entrar en demasiados detalles para evitar la pornografía sino más bien conviene iluminar los principios como hace la encíclica Humanae Vitae.

Martin Ellingham dijo...

Anónimo 17:21: no tengo competencia para responder, sólo algunos años de lecturas sobre el tema, pero le daré mi opinión. Es probable que no tenga esa intención de obligar como se desprende de una de las dudas de Burke. Una nota al pie del cap. VIII, redactada de modo nebuloso, mientras el canon 915 sigue vigente, no parecen indicar voluntad objetiva de modificar el estado de cosas.

Anónimo 18:50: la teoría de la falta de intención no es subjetivista si la carencia es manifiesta y se revela en datos objetivos. El teólogo Cándido Pozo la usó para encuadrar el caso del error doctrinal de Juan XXII. Ciertamente parte de la intención del autor, expresada en el tenor de las fórmulas empleadas.
El problema es aplicar esta teoría a textos en los que sí consta intención de obligar; respecto de los cuales su autor manifiesta que quiere obligar; el sentir común de los teólogos también está conforme en que se quiere imponer una sentencia, aunque no de modo infalible, sino meramente auténtico. Si, no obstante estos datos, seguimos sosteniendo que no hay intención; si consultamos a Roma y nos dice que sí quiere obligar, aunque no sea infalible la sentencia, en tal caso aparece el giro subjetivista. Porque no queremos hacernos responsables de nuestro disenso (privado o público) le adjudicamos al texto una intención opuesta a la del autor.

Anónimo 18:56: no se entendió el ejemplo de la Humanae vitee. Me refiero al n. 14, del cual cito unos párrafos:
- “…hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado…”
- “…no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado […] un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto”
Pablo VI no quiso incluir “defino ex cathedra” en el primer pasaje, como decía uno de los borradores que le acercaron. Pero es claro que enseña con intención de obligar y negarlo sería un subjetivismo arbitrario.
No se necesita un listado de dogmas por Internet, para algo existen las profesiones de fe. Hay verdades que se encuentran en la Tradición, han sido enseñadas por el Magisterio Ordinario y Universal (no confundir con el meramente auténtico) y nunca fueron definidas ex cathedra.
Se deja de ser católico por herejía, cisma o apostasía. No por disensos que –objetivamente- no encuadren en estas categorías. Lo cual no significa que estos disentimientos sean moralmente neutros y que uno pueda obrar caprichosamente.

Athanasius (21:14): mi ejemplo se limita al pasaje citado en mi respuesta al Anónimo 18:56. El borrador no pretendía que toda la HV fuera ex cathedra sino sólo el núcleo del n. 14.
En cuanto al n. 20 y su interpretación hay que aclarar que lo intrínsecamente malo es hacer infecundo el acto conyugal. En la continencia periódica no hay tal destrucción de la natural fecundidad del acto, sino una omisión del acto durante el período genésico. No es lo mismo interrumpir el viaje de un tren dinamitando las vías que no encender la locomotora y de este modo ni siquiera iniciar el viaje. En este punto, HV reitera enseñanzas de Pío XII y los moralistas de la época.

Saludos.

Anónimo dijo...

Estamos en parte de acuerdo con Wanderer, Martín y los "teólogos ultramontanos", pues, como lo dije en mi primer comentario, los papas nuevos en "muy pocas" ocasiones tuvieron intención de enseñar imponiéndose.
Ninguno de los "ultramontanos" que conozco descarta "en bloque" la totalidad del magisterio del Concilio a esta parte.
Es obvio, por ejemplo, el caso de Humanae vitae de P. VI.

Lo que decimos los "ultramontanos", simplemente, es que salvo muy pocas excepciones, no hubo voluntad de enseñar.
De la sola lectura de los textos posconciliares se puede ver qué pocas veces la sintaxis indica lo contrario.

Pero insisto: el rechazo nunca pretendió ser "en bloque", sino de casi todo (pues, en muy ocasiones la voluntad de enseñar existió).

Y, por supuesto que, si hay voluntad de enseñar o de imponerse, pero lo que se impone es desopilante, erróneo o contrario a la Tradición, tampoco se obedecería (por ej. no ir a la Misa Tradicional sino hasta que se promulgó el M.P. de Benedicto XVI). Pero esta es otra cuestión que no se vincula con la voluntad de enseñar, sino con los grados de adhesión al Magisterio.

P.P.

Anónimo dijo...

Martin,
me parece que las diversas profesiones de Fe no son lo suficientemente exhaustivas y explícitas sobre lo que el católico debe mínimamente creer para ser católico. Creo que un listado oficial no estaría mal.
Por ejemplo: para ser católico debo sí o sí creer en la Real Presencia en la Eucaristía. Pero, ¿debo sí o sí creer en la Transubstanciación, o es posible ser católico y aceptar otra explicación de la Real Presencia?. Esto debe de ser una obviedad. Pero para mí -que no soy teólogo, ni canonista- no es fácil encontrarlo. Un listado compacto, un manual de lo mínimo que un católico debe sí o sí creer para ser católico, a mi me vendría muy bien.

Anónimo dijo...

En la Basilica de Flores, Bergoglio tiene lo que podemos decir un cuasi altar propio con dos enormes imagenes suyas y una lampara gigante en lo alto que con un detector de presencia se activa e ilumina cual Sto Espiritu a quien debajo lee una placa a su honor en una columna o la chapa dedicada a su nombre en el confesionario que usaba. Todo un mini culto. Por supuesto, en el mismo templo hace algun tiempo hicieron bolsa la imagen de San Pio X y por la presion de pocos, volvieron a ponerla recauchutada que parece un rolling de blanco, por supuesto al lado de una del Magno, no sea que seamos muy vetus.
Alt Right de Flores rioba

Anónimo dijo...

Don Martín, lo enseñado por Pablo VI no es "ex cathedra" pero es magisterio ordinario y universal, no magisterio auténtico. Por lo tanto es infalible. Me extraña su opinión en este asunto...Cordiales saludos

Xavier De Bouillon

Johannes dijo...

Athanasius, Ud confunde magisterio definitivo con magisterio auténtico. El primero es un subconjunto propio del segundo. Para aclarar sus nociones, le sugiero leer los puntos 891 y 892 del Catecismo.

Con respecto a las definiciones del magisterio definitivo, una cosa es la verdad de fe, definida en los términos más fuertes por la Constitución dogmática "Dei Filius" del Concilio Vaticano I, de que estas definiciones no pueden ser interpretadas en un sentido distinto del original...

"3. Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema."

... y otra cosa muy distinta es que esas definiciones no puedan ser perfectibles, que ciertamente lo son, inclusive decidiendo, por razones de claridad, usar una palabra en un sentido distinto. Esto no contradice la cita anterior, pues una cosa es el sentido de un dogma D y otra cosa el sentido de una palabra P que fue usada para definir el dogma D. Si la Iglesia definió el dogma D usando la palabra P en sentido P1, y luego decidió que conviene usar la palabra P en sentido P2, entonces el sentido del dogma D no cambia, pero su texto deja de usar la palabra P.

Lo que acabo de escribir no es elucubración teórica, sino lo que de hecho ocurrió con la palabra "hipóstasis", que en Nicea fue usada como sinónimo de ousía o substancia, y de Calcedonia en adelante fue usada como sinónimo de sujeto o persona.

Por si quiere verificar que el canon (= magisterio definitivo) de Nicea anatematiza a quienes digan que el Hijo de Dios "es de otra hipóstasis u ousía (ὑποστάσεως ἢ οὐσίας)", van dos referencias:

[a] http://www.earlychurchtexts.com/public/creed_of_nicaea_325.htm

[b] http://www.fourthcentury.com/urkunde-24/

Nótese que en la segunda referencia la traducción de hipóstasis al inglés es incorrecta. En el sentido usado en Nicea su traducción es substancia. Es en el sentido usado de Calcedonia en adelante que su traducción es subsistencia.

Anónimo dijo...

Xavier,
la constitución Pastor Aeternus reserva la infalibilidad exclusivamente a las definiciones 'Ex-Cathedra'. Y a nada más.

Martin Ellingham dijo...

Estimado Xavier:
La HV no es ex cathedra y en sí misma es magisterio auténtico. Otra cosa es que la condena a la contracepción pertenezca al Magisterio Ordinario Universal (hay que ver si se dan las condiciones; autores probados disputan). El modo de hablar de HV no lo afirma con la misma claridad que OS al excluir a las mujeres del sacerdocio.
Saludos.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 16:25: en Ad tuendam fidem, Juan Pablo II incluye dentro del magisterio infalible al "ex cathedra", a las definiciones dogmáticas de los Concilios y al Magisterio Ordinario y Universal. Actualicese...

Xavier De Bouillon

Anónimo dijo...

Xavier,
pero eso es circular. Pastor Aeternus es una Constitución Dogmática de un Concilio Ecuménico, y por tanto tiene poder para establecer los límites de la infalibilidad. ¿Cómo un Papa -mediante una comunicación no infalible- va a extender de modo infalible los límites de su infalibilidad?.
Juan Pablo II debería haber hablado 'Ex Cathedra' para poder extender infaliblemente los límites de su propia infalibilidad.

Anónimo dijo...

Estimado Don Martin:

1. No niego que HV sea un documento del magisterio auténtico, pero cuando se refiere a la anticoncepción y a la paternidad responsable recoge y transmite una enseñanza del Magisterio Ordinario y Universal, esto es, una enseñanza definitiva;
2. Hasta donde yo tengo estudiando el tema, los teólogos morales ortodoxos consideran que la anticoncepción voluntaria (con el método que sea) es intrínsecamente mala y que eso está directa o indirectamente fundamentado en las Sagradas Escrituras, en la Tradición y en el Magisterio infalible, aunque no haya un pronunciamiento "ex catehedra", que de hecho no suele haberlos en temas morales;
3. Si se admitiera que algo que siempre y pacíficamente fue tenido como definitivo por el Magisterio Ordinario y Universal ahora descubrimos que no era Magisterio Ordinario y Universal, sino meramente auténtico y por lo tanto falible, se pondrían en duda una enorme cantidad de verdades esenciales de la Fe católica, como de hecho ha sucedido con el modernismo y el progresismo. Basta pensar en lo que ha sucedido con doctrinas como las de la Resurrección de Cristo, la moral sexual tradicional, la confesionalidad del estado, los principios y normas fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, etc.;
4. En concreto y referido a HV, si se admitiera que es falible la clásica doctrina que dice que, en las relaciones sexuales no se puede separar voluntariamente la unión de la procreación, se caería casi toda la moral católica acerca de la sexualidad y la transmisión de la vida. Al menos no habría argumentos serios para oponerse no sólo a la anticoncepción voluntaria, sino tampoco a la fecundación in vitro homóloga (supuesto que pueda lograrse sin realizar ningún aborto directamente procurado), a la fornicación "por amor", a la masturbación y otros pecados contrarios a la virtud de la castidad y opuestos al 6° mandamiento

Xavier De Bouillon

Johannes dijo...

Anónimo de las 16:25, Pastor Aeternus trata solamente del magisterio pontificio, no del conciliar ni del Ordinario Universal.

Que las definiciones solemnes de los concilios ecuménicos son infalibles nadie lo discutía. De hecho los Ortodoxos tampoco lo discuten, solamente discrepan con nosotros en cuáles son las condiciones para que un concilio sea ecuménico.

Anónimo dijo...

Ok Johannes,
pero entonces, ¿estamos de acuerdo en que Pastor Aeternus sólo afirma la Infalibilidad de un Papa -cuando este habla fuera de un Concilio Ecuménico- si lo hace Ex-Cathedra?.

Martin Ellingham dijo...

Xavier y otros:
Con los ejemplos que he dado no pretendo abrir un debate sobre cada caso, sino tan sólo ilustrar un argumento principal enunciado más arriba: los papas conciliares han enseñado de modo vinculante mediante su magisterio meramente auténtico, aunque no hayan definido ex cathedra, y eso se puede verificar en el tenor de las expresiones usadas. Algunos comentaristas que se reconocen “ultramontanos” están de acuerdo en esto aunque no en los casos concretos.
Lo mismo hay que decir del Vaticano II de modo singular cuando en sus documentos se usan expresiones típicas como “Docet sancta Synodus” o “Credimus”.
Pero hay dos reglas de interpretación que conviene recordar: 1ª. Ante una novedad magisterial, se presume que no es infalible, salvo prueba en contrario; 2ª. No se presume, en cambio, la no obligatoriedad, salvo prueba en contrario.
Todo esto no implica negar que también se hayan propuesto cosas sin intención de obligar a la Iglesia. En el caso de Francisco, el tenor de las expresiones usadas –hay un comentario de Bruno en un post anterior que trae varios ejemplos- permite concluir que habla sin intención de vincular en mayor número de ocasiones que sus predecesores. Lo cual es un bien, al menos secundum quid…
Saludos.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 19:48:

El texto de Juan Pablo II es declarativo, no constitutivo de los alcances de la infalibilidad. Esta en la Tradicion, sobre todo en los Padres, la infalibilidad (a veces no con este nombre) de los Concilios al fijar dogmas y anatemas, como de lo que hoy llamamos Magisterio Ordinario y Universal. Por caso, nadie que sea ortodoxo tiene como no definitiva la condena de Arrio en Nicea o la enseñanza sobre la Resurrección de Cristo, transmitida por el MOU

Xavier De Bouillon

Anónimo dijo...

Xavier,
está claro para los Concilios y sus cánones. Pero vuelvo a preguntar: ¿estamos de acuerdo en que el Papa, hablando de modo individual, sólo está protegido por la infalibilidad cuando habla Ex-Cathedra?.
Por ejemplo: el Papa tiene todo el derecho de cambiar el Rito Latino, y habrá que obedecerlo cuando lo hace. Y simultáneamente puede estar totalmente equivocado al hacerlo. El Espíritu Santo no lo protege necesariamente cuando toma esas decisiones.

Anónimo dijo...

Xavier,
la enseñanza de la Resurrección de Cristo está protegida por la Infalibilidad porque es una verdad que está en la Biblia, que es el texto revelado por Dios.

Johannes dijo...

Anónimo de las 22:43 y las 10:22, estamos de acuerdo.

Juan Manuel Sáenz Cavia dijo...

En estos últimos meses he recibido de diferentes personas que viajaron a Europa, 5 Rosarios traídos del Vaticano como regalo. Hete aquí que los 5 tienen la imagen del Papa Francisco en la medalla de cierre, 2 tienen en el reverso de Francisco a San Francisco de Asís y los otros tres tienen la leyenda Prega per me...NINGUNO tiene la imagen de la Santísima Virgen. Cosas veredes Sancho...

Anónimo dijo...

Respecto de FASTA es cierto lo afirmado por D. Wanderer en el artículo. Pero también me consta positivamente que un importante sector del laicado de FASTA, sobre todo gente que ya peina cañas y que participa más de los "convivium" que de los "ruca", no sólo están disconformes con el Magisterio francisquista sino también disienten con la impronta neocona que Fosbery y su clero imprimieron en la agrupación a partir de marzo de 2013.

Anónimo dijo...

El Papa goza de la infalibilidad cuando enseña "ex cathedra" y participa de la misma en los Concilios que definen dogmas como en el Magisterio Ordinario y Universal. No es infalible en el Magisterio Ordinario, aunque este obligue en conciencia a los fieles, y por supuesto no es infalible ni obliga cuando escribe como Doctor Privado, cuando concede reportajes, etc. Entiendo que si tiene heterodoxias en el Magisterio ordinario hay obligación de no obedecerlo en eso, pero es común que teólogos ortodoxos no admitan la posibilidad de error y salven el asunto diciendo que en casos dudosos hay que interpretar al Papa de acuerdo a la Tradicion. Esa es la postura de la Santa Sede desde Pío XII por lo menos. Creo que esta haciendo agua por todos lados...

Xavier De Bouillon

Walter E. Kurtz dijo...

Me parece que alguien está defendiendo la doble verdad de los averroístas.

El error no obliga.

Âνδρέας dijo...

Estoy de acuerdo con Walter E. Kurtz.
En el tema de la obligatoriedad, si bien se presume hasta que se demuestre lo contrario, una vez demostrado (y a veces no hace falta demostración porque el error es evidente), no es necesaria una sentencia de la autoridad para dar por nula la obligatoriedad.

Anónimo de las 10:22... no estoy seguro de que el Papa tenga "derecho" a cambiar el Rito Latino. La lectura de la Bula de San Pío V parece (insisto, digo "parece" porque no tengo todos los elementos ni la autoridad para hacer un juicio definitivo), parece fijar el Rito. Lo cual no sería tan descabellado.
Puntualmente dice que ningún sacerdote puede ser obligado a celebrar otro Rito, con lo cual le verdadera utilidad de Summorum Pontificum queda bastante relativizada, ya que no era necesario "restaurar" algo que nunca se perdió (aunque de facto las cosas hayan sido distintas).
Igual es otro tema, más complejo creo que el que aquí nos ocupa.

EL ERROR NO OBLIGA.

Anónimo dijo...

Yo afirme que si en el Magisterio Ordinario hay error, hay obligación de NO OBEDECERLO.Nada de doble verdad...Otra cosa es como se desobedece, sin causar escándalo, sin acudir a la opinión pública anticatolica, sin amarillismos, etc.Y habiendo tratado antes de salvar la proposición, si esta es ambigua y admite diversas interpretaciones

Xavier De Bouillon

Âνδρέας dijo...

Xavier De Bouillon, creo que Kurtz no se refería a usted. Al menos, yo no lo hago, no le entendí eso a sus comentarios.
Es como dice, no sólo no hay obligación de obedecer el error, sino que hay obligación de resistirlo. Lo que es en realidad, obediencia a la Suprema autoridad, a Dios mismo.
Lo de los escándalos y amarillismos es una cuestión prudencial. Personalmente pienso como usted en eso.

Anónimo dijo...

Gracias por la aclaración. Cordiales saludos!

Xavier De Bouillon

Anónimo dijo...

"Cuando entro en una Iglesia, me saco el sombrero, pero NO LA CABEZA"

CHESTERTON.