miércoles, 31 de octubre de 2018

Del barrendero del Sacro Palacio


Estimado Wanderer,
Apenas si estoy repuesto después de tres semanas de trabajo forzado. Usted no  creería lo que ha sido trabajar limpiado el aula sinodal, con tanto joven venido de todos los rincones del mundo, tirando papelitos y pegando chicles en los asientos. Mis compañeros y yo no dábamos abasto con la tarea. 
Estuve en todas las sesiones del sínodo, sentado detrás de una cortina, atento a que volara alguna hoja, cayera algún papel o entrara alguna paloma (hemos sido instruidos para distinguirlas del Espíritu Santo) y aquí le escribo algunas de mis impresiones. Un obispo comentaba por los pasillos bastante quejoso que “Sobre internet, fue posible el consenso, pero sobre la moral sexual fue imposible porque las posiciones son demasiado diversas”. Me quedé de una pieza. A mí me enseñaron en el catecismo que sobre esa cuestión -la moral sexual-, el consenso ya se había logrado hacía muchos siglos y que no había posibilidad de posiciones diversas. Pero ahora parece que no. Con él hablada monseñor Emmanuel Gobillard, un obispo gabacho que se lamentaba porque “Algunas propuestas audaces, susceptibles de copar titulares, no fueron retenidas”. Nunca habría pensado yo que a los Padres sinodales los que les importa es aparecer en la portada de los diarios. “Eso es lo que les interesa a las vedette”, dijo mi compañero Giovanni. Y tiene razón. Últimamente estamos viendo que hay muchos obispos con gustos de vedette.
Pero lo peor de todo fue el último día, cuando se les ocurrió hacer una fiesta en una de las salas contiguas al Aula Pablo VI. ¡Cinco horas estuvimos sacando papel picado, serpentinas y cotillones varios del piso! Y lo peor se lo llevaron los electricistas, que tuvieron que desarmar todas las luces psicodélicas que habían instalado en el lugar. “¡Esto parece una discoteca!”, dijo Giovanni, y amagó con ponerse a bailar con una monja que estaba como loca dando saltos, pero vio que era bigotuda y retrocedió. Los que no retrocedieron fueron muchos obispos, que se pusieron a bailar con los jóvenes y las jóvenas, dando pasitos, vueltas y medias vueltas. Otros prelados, en cambio, se mantuvieron al fondo, con mirada azorada y caras de pepinillos en vinagre. El Papa Francisco, que presidía la fiesta, se notaba que estaba muy feliz, con una gran sonrisa que le dulcificaba el rostro. “Menos mal que la fiesta no la organizó el cardenal Coccopalmerio”, dijo Giovanni.
Pero, según comentaban algunos de estos obispos avinagrados, la cosa no salió tan mal como se preveía. Prueba de ello es que los titiriteros del sínodo -me refiero, como usted comprenderá, a la secretaría general (cardenal Baldisseri) y a los relatores principales- lucharon a brazo partido para que en el Documento final se diga que el Instrumentum laboris es ‘otro’ documento aparte del Final -y no su superación, como es lo lógico y natural-, con ‘otras características específicas’, por lo cual debería ‘conservarse’ ‘junto’ con el Documento final. Sería el primer sínodo que concluye con dos documentos a fin de ser usados según los gustos de cada uno. En pocas palabras, como algún religioso afirmaba, trataron de meter por la ventana lo que no lograron que entrara por la puerta.
Yo, desde mi rincón del fondo, me di cuenta que los titiriteros tuvieron que hacer muchas modificaciones a ese Instrumentum laboris, que parecía redactado por un masón del siglo XIX por el  cúmulo de citas peyorativas sobre la Iglesia, con propuestas e ideas extremas. Hasta qué punto sería extremo que uno de los asistentes, superior general de una congregación religiosa claramente progresista, dijo que tanta autocrítica no podía ser aceptada. Era demasiado. 
Yo más de una vez le he contado a usted cómo se manejan las cosas desde hace algunos años en este Sacro Palacio: nada se discute; se baja la cabeza y se obedece. Y al que no le gusta, que se vaya. Pregúntele si no, al cardenal Müller. Y eso también es lo que el club de los titiriteros quiso hacer con el sínodo: que los padres asistentes no hicieran más que correcciones puntuales y de maquillaje al Instrumentum laboris -y esto se lo escuché decir al cardenal Rocha de Brasilia, relator general del Sínodo, a otro obispo brasileño-, pero lo cierto es que la gran mayoría de los sinodales querían hacer mucho cambios. No les fue fácil lograrlo y no pudieron hacer todos lo que querían porque no los dejaron. Le confieso Wanderer, que esto me llamó mucho la atención: en varias ocasiones, mientras pasaba mi lampazo en alguno de los salones donde se hacían las reuniones de los grupos particulares, eran los auditores jóvenes que se oponían encarnizadamente a que los obispos hicieran cambios al Instrumentum laboris y sus propuestas. Les advertían: “No se puede cambiar ni retocar esa cita porque eso es tal cual lo que dicen los jóvenes”, y parece que era palabra revelada. “Son comisarios políticos”, escuché que decía en voz baja un obispo polaco. Ya veré si puede averiguarle el modo en el cual fueron reclutados y quién tuvo a su cargo la instrucción previa de estos jovencitos.
Tantos cambios y modificaciones enfurecieron al cardenal Baldisseri, titiritero mayor. Con Giovanni tuvimos que escondernos cuando lo vimos salir de las habitaciones pontificias de Santa Marta. Si nos veía, nos hacía despedir. Al día siguiente, tuvo que aceptar en el Aula que se podía redactar un “documento diferente”. Yo esbocé una sonrisa porque conozco muy bien estas concesiones que terminan por no conceder nada, pero un obispo africano pidió explícitamente al cardenal Baldisseri en el medio del Aula  que explicara más claramente cuál debía ser la relación de los padres sinodales con el Instrumentum laboris: sólo retoques o producir un nuevo documento. El cardenal no respondió. Parecía que habían perdido la partida pero, como le decía, yo conozco bien a los zorros vestidos de púrpura…, y verá por qué se lo digo.

Tantos fueron los cambios que se pidieron y la clarificación que se exigieron en los temas ambiguos que se terminó redactando un esbozo del documento final que casi casi los padres sinodales tuvieron que aprobarlo a libro cerrado. Ya se imaginará usted lo que hicieron los titiriteros: pasaron el mamotreto para que pudieron presentar las eventuales modificaciones (“modos” le llaman ellos), indicando que debían ser presentadas por cada padre sinodal individual (cosa de poder identificar claramente a los que pertenecen al horrible club de los cristianos rígidos y semipelagianos, y desanimar a los menos corajudos) al día siguiente a las 9 hs. El borrador del documento lo entregaron a las 10:30 del día anterior, luego se sirvió un aperitivo hasta las 11 hs., y a las 16 hs. debieron asistir a un diálogo del Papa con los jóvenes que tuvo lugar en el Agustinianum. Contando que debían entregar las modificaciones propuestas por escrito, para lo cual debían leer todo el documento del que había solamente una versión en italiano, casi no hubo tiempo para nada. Los que más se enojaron con trampita que les tendieron fueron los obispos de lengua inglesa, que no leen italiano, pero Baldisseri les dijo que no había otra opción.
Al día siguiente, yo me aposté temprano en mi lugar detrás de las cortinas, y quedé asombrado: a pesar de las tretas de los titiriteros, los obispos presentaron más de trescientas modificaciones, la gran mayoría de ellas en clave ortodoxa. “Es que los aperturista no necesitan hacer modificacione porque ya tienen lo que quería”, dijo Giovanni.
Yo me huelo que ese fue el motivo por lo que el documento fue aprobado con bastante facilidad: la redacción final es una versión muy mejorada con respecto al Instrumentum laboris, aunque algunos puntos, sobre todo los referidos a la sexualidad (n. 150), tuvieron setenta votos en contra.
Pero no se crea Wanderer que el ambiente en esta última sesión fue tan festivo como lo pintan. Es que los padres sinodales comenzaron a notar que en el documento final se hablaba demasiado extensamente de la “sinodalidad”, y sorprendía porque ese era un tema que no se había tratado, y lo querían hacer pasar como que era “el gran fruto de este sínodo”. Varios obispos se encabritaron, entre ellos Mons. Vicent Nichols, arzobispo de Westminster, que dijo que las afirmaciones eran ambiguas y podían derivar en un concepto similar al de la iglesia anglicana; otros afirmaron que se terminaría democratizando la Iglesia al estilo de las iglesias protestantes. Tanto fue subiendo de tono de la discusión que un grupo de obispos pidió que se quitaran todas las referencias a la sinodalidad puesto que era un tema que no se había tratado. Pero el cardenal Schönborn y otro obispo alemán exigieron que se conservara todo, y a los alemanes pocos son los que se le animan. 
Mientras tomaban un café durante la pausa, escuché a un obispo asiático que decía: “Esto es un vendetta. Como no lograron posicionar todo lo que querían sobre el tema de la sexualidad y de la mujer, introducen ahora esto de la sinodalidad a nivel local, regional y universal”.

En fin don Wanderer, a Dios gracias, ya pasó el sínodo. Ya estamos más descansados y tranquilos. Como usted sabrá, el trabajo ha disminuido mucho en los últimos años: casi no vienen peregrinos a las audiencias de los miércoles, y  con una sola pasadita de lampazo los pisos quedan brillante. Y ahora me voy a tomarme un capusho al bar de la puerta de Sant’Anna. 

9 comentarios:

Fuenteovejuna dijo...

Como dice el barrendero, "a Dios gracias ya pasó el Sínodo", pero la verdad es que uno no gana ni para sustos, porque terminado el Sínodo para la Juventud ya llega el Sínodo Amazonia de los viri probati. Así que la pesadilla continúa...

Carlo - dijo...

El barrendero será pobre, pero es honesto. Muchas gracias por el informe.

Anónimo dijo...

¿Se puede proponer al barrendero para Obispo? Sería estupendo.

Anónimo dijo...

Hace como tres días me estaba acordando de usted. ¿Qué será de ese barrendero tan simpático?
(Y honesto, no como varios con altos puestos que se dan la dolce vita. Aprovechen el tiempo para demoler, si no pueden poner bombas metan cuñas,rápido que ya se les acaban los 5 minutos).

Eck dijo...

Carta del cardenal titular de San Petronio al Santo Padre excusando su asistencia al Sinodo de la Juventud:
"Bien sé, Santo Padre, que me esperas con impaciencia, y que tu leal corazón de padre fiel padece con mi ausencia. No ignoro que está dispuesto a colmarme de honores, a nombrarme secretario de Estado y a mandar a Parolín que torne ser lo que a Dios le plugo que fuera: portero, en las fincas que heredaste después de misericordiar a los Franciscanos de la Misericordia; pero, Santidad, tengo que excusarme…
Por el Cielo, y más particularmente por las sombras de Livieres, de Sacheri, de Genta y de los mártires chinos, te juro que no puedo ir a verte. La vida es un tesoro y me vanaglorio de haber sacado de él los materiales con que he hecho, para disfrutarlas, las más preciadas joyas; pero también hay en la vida cosas que no tengo resignación para soportarlas más. No creas, te lo ruego, que me ha herido profundamente el que misericordiaras a Livieres, a los franciscanos y a los dubiosos; que me he indignado porque traicionaras a China y enviaras al Laogai a todos los fieles honrados de tu Iglesia; no, amadísimo nieto del Vaticano II: la corrupción es el fin natural de todos los seres y no era dable esperar de ti otras proezas.
Pero tener que soportar por largos años tus enciclicas que me destrozan los oídos, ver tus baculos dignos del Magno, y tus servidores dando grotescas volteretas en la pírrica danza; escuchar tus sermones, oírte declamar discursos que no son tuyos, desdichado politicastro de suburbio, son cosas verdaderamente superiores a mis fuerzas y a mi paciencia, y han acabado por inspirarme el irresistible deseo de morir. Roma se tapa los oídos por no oírte, y el mundo se ríe de ti y te desprecia. En cuanto a mí, no puedo continuar avergonzándome de tu insignificancia, ni aunque pudiera lo querría. ¡No puedo más!

Los ladridos de Kirchner serán para mí menos molestos que tu platica, aunque a ella se parezcan; porque, al fin y al cabo, nunca fui amigo de Kirchner, no tengo motivos para avergonzarme de su ladridos.

Salud, santo Padre, y no sermonees; misericordia, pero no hagas enciclicas; destroza la liturgia, pero no bailes; no contestes, pero no toques el microfono! “Estos son los deseos y el último consejo del Arbiter liturgiarum."
Datum apud Palatium Alexandri VI die martyrum innocentium

Anónimo dijo...

Off topic:

Luego de buscar y re buscar me acabo de "agenciar" la carta al duque de Norfolk, traducción castellana de RIALP.
Mi duda es que los editores han suprimido pasajes que según ellos son de escaso interés al lector español ....¿¿?.....
¿Algún amable lector de este blog que haya cotejado otra traducción o bien el original podría dar su opinión?.

P.S: Ya he visto en traducciones antiguas del latín y el francés al castellano, "supresiones" de párrafos injustificables.

Gracias de antemano

Anónimo dijo...

Según declaraciones del Tata Jofre, desde el Vaticano envían peculios para que le hagan lío al gobierno... No es que no se lo merezca, pero que bajo ha caído la jerarquía!

Anónimo dijo...

Que sean capaces de soñar

JESÚS MARTÍNEZ

“El Papa ha pedido, en la homilía la misa de apertura del Sínodo de los obispos dedicado a los jóvenes, a los participantes en dicho Sínodo que ‘sean capaces de soñar y así contagiar y compartir los sueños y esperanzas que llevamos en nuestros corazones’. El sueño del que habla el Papa no es una mera ilusión. Es un sueño profético que rompe con el conformismo, con la inercia del ‘siempre se ha hecho así’ y con la lógica de la autopreservación, que ‘terminan convirtiendo en importante lo superfluo y haciendo superfluo lo importante’. El Papa Francisco ha invitado a la Iglesia a ponerse en actitud de escucha, evitando la tentación de caer en posiciones eticistas o elitistas, y también en la atracción por ideologías abstractas que no se corresponden nunca con la realidad de nuestro pueblo. Los jóvenes son ya, en la Iglesia, protagonistas de la historia”.

https://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2018/10/22/udopina/BUZON-01.html


jajajajajajajajajjaaaaaaaaaaaaaaaaa

Anónimo dijo...

En la diócesis de San Isidro también pidieron sueños.
Las parroquias tenían que enviar una síntesis de cómo los parroquianos sueñan a la Iglesia. Por supuesto que cuando toda esa info llegó al Obispado, hubo una cuidadosa selección de la información, desechando aquella que proviniera de parroquias integristas y fascistas. El Obispado, bien al pedo, encargó a un grupito de profesionales para que analizaran los sueños de las parroquias y produjeran una síntesis de ideas principales. Y eso se "trabajó" en grupitos mezclados de delegados parroquiales. Una de las mas brillantes y novedosas propuestas del documento final, incluida en el librito impreso al pedo, es la ordenación de mujeres.
Diría que toda esta tontería me da bronca. Pero no, simplemente me da lastima y me deprime. Y mientras, no hay ni una docena de seminaristas para la diócesis, pero eso sí, hay 3 obispos.