jueves, 2 de agosto de 2018

Analogías


De un modo casi análogo se están desplazando en los últimos días los carriles de la Iglesia y de Argentina, al menos en los zonas más ensombrecidas de la historia de ambas. Ayer salían a la luz diez cuadernos en los que el chofer de un alto funcionario anotó cuidadosamente y con caligrafía casi dibujada, todos los detalles de las obscenas coimas que recibió el gobierno peronista de Néstor y Cristina Kirchner, todas ellas en bolsos y en billetes contantes y sonantes. Se habla que superarían el 20% del PBI del país. Quiera Dios que la filtración de los cuadernos y la obsesión del chofer por el relato, arroje a la cárcel a los capitoteste del peronismo y a la buena sarta de empresarios cómplices entre los que probablemente se encuentren también relaciones muy cercanas del mismo presidente Macri.
En la Iglesia, análogamente, la línea de flotación del iceberg está bajando y cada día aparecen más y más casos de abusos y conductas sexuales inapropiadas cometidas ya no por algún clerigillo de barrio, sino por altos cardenales. ¿Hasta dónde llegará el escándalo y cuáles serán sus consecuencias? No lo sabemos, pero lo cierto es que la situación es mucho más grave de lo que se pensaba y la mancha ha llegado ayer mismo a los niveles más altos de la Curia vaticana. 
Las palabras que hace cinco años dijera el padre Dariusz Oko, de la Universidad de Cracovia y que fueran consideradas una impía exageración, se están revelando como verdaderas. “Se estima que alrededor del 30-40% de los sacerdotes y el 40-50% de los obispos en los EE. UU. tienen inclinaciones homosexuales, y al menos la mitad de ellos, al menos periódicamente, puede realizar abusos graves”, decía. No exageraba. Tenía razón.
Y hoy se ha conocido un envoltorio sospechoso en las mismísimas entrañas vaticana que tiene todas las apariencias de ser una bomba. Lo trae Sandro Magister en su blog, y se trata del cardenal Kevin Farrell, creado cardenal por el Papa Francisco en 2016, y una de las estrellas ascendentes en el firmamento clerical. Farrell ingresó a mitad de los años sesenta a la congregación de los Legionarios de Cristo,  y al retirarse quince años después mantuvo a continuación un silencio total sobre las andanzas sexuales de Maciel – salidas clamorosamente a la luz – y afirmó siempre no haber tenido jamás contactos dignos de mención con él. Pero de testimonios verosímiles se desprende que siempre ocupó cargos en esa institución religiosa y gozó de una proximidad no episódica con Maciel, lo que hace inverosímil su total desconocimiento de los comportamientos perversos de su superior por todos conocidos. 
Se incardinó en la arquidiócesis de Washington, cuando McCarrick era arzobispo y en 2001, Farrell fue designado obispo auxiliar, lo cual suscitó asombro. Su anterior militancia entre los Legionarios de Cristo no hablaba ciertamente a favor suyo, a causa de lo que comenzaba a filtrarse sobre la doble vida de su fundador Maciel y sobre la complicidad o silencios culpables de muchos en torno a él. Pero McCarrick era en ese entonces una potencia, en la alta jerarquía estadounidense y no sólo en ella. Quería a Farrell junto a sí y lo obtuvo, ordenándolo obispo en persona. Y quiso también que en Washington habitara en su mismo departamento, no en el palacio episcopal, sino en el cuarto piso de un ex orfanato, oportunamente readaptado. Una vez más: parece inverosímil que Farrell no advirtiera nada de las reiteradas aventuras sexuales ocasionales de su nuevo patrón. Y despierta sospechas también que el pobre haya tenido tan mala suerte de ser en dos oportunidad ser acobijado por quienes, con el tiempo, se revelarían ser depredadores sexuales.

Luego fue promovido a la diócesis de Dallas y desde el momento que el papa Francisco reemplazó a Benedicto XVI, Farrell se alineó rápidamente al nuevo curso. En los Estados Unidos formó inmediatamente equipo con los nuevos líderes progresistas – también ellos tenían a McCarrick como patrono  y protector– Blaise Cupich y Joseph Tobin, promovidos respectivamente por Jorge Mario Bergoglio a Chicago y a Newark, el uno y el otro creados también prontamente cardenales. Finalmente, Farrell llegó a ser cardenal prefecto del nuevo dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida. Como tal es el director oficial del próximo encuentro mundial de las familias que se va a llevar a cabo en Dublín a fines de agosto, del que también participarán parejas homosexuales de todo el mundo.
Frente a todas esta cuasi evidencia, el cardenal Farrell ha declarado en referencia a la conducta de McCarrick:“Ni una vez sospeché”. ¿Quién puede creerle?
Y mientras todo esto ocurre en la Iglesia, el Papa Francisco se dedica a cambiar el Catecismo. Hoy nos enteramos que ha sido reemplazado el artículo 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica que, de ahora en más dice: “Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común”, inicia el texto del mencionado artículo y añade: “Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. […] Por tanto, la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inaceptable porque atenta contra la dignidad de la persona, y se comprometen con determinación para su abolición en todo el mundo”. 
Es verdad que ya nada de lo que hace este personaje triste y siniestro  nos sorprende, pero no dejemos por eso de reconocer la gravedad de esta nueva ocurrencia. Frente a un hecho concreto -el ajusticiamiento de un reo-, la Iglesia siempre reclamó que el mismo era legítimo cuando se daban las condiciones requeridas. Ahora, ya no lo es más porque la conciencia eclesial “está más viva” y porque hemos llegado a “una nueva comprensión”. Y así, lo que antes era bueno, ahora el Papa Francisco determina que es malo y, además, compromete a la Iglesia en la proclamación y abolición de ese mal. 
Yo me pregunto si a la vista de todos los escándalos que están saltando y a la vista también del voluntarismo jesuítico de Bergoglio llevado ya al extremo de pretender que lo bueno y justo es justo e injusto porque a él se le ocurre, no estará mucho más cerca de lo que pensamos el día en que debamos leer un comunicado de este tipo:
“Durante mucho tiempo, la Iglesia consideró que la unión sexual de personas del mismo sexo, aún cuando se diera en un ámbito de amor y fidelidad mutuas, era contrario a la moral cristiana. Sin embargo, hoy está cada vez más viva la conciencia de que la persona posee múltiples vías y modos de expresar su amor y de canalizar su afectividad a través de la sexualidad, que siempre es un don de Dios y regalo a la comunidad que vive del Evangelio. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca de la familia, según la cual pueden también participan de esta comunidad doméstica otras manifestaciones de la diversidad humana, más allá de la conformada por un hombre y una mujer, lo cual refleja la multifacética riqueza divina. […] Por tanto, la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son aceptables cuando se dan en un marco de amor, respeto y fidelidad mutua, y se comprometen con determinación para que está aceptación sea respetada en todo el mundo.”

Hace algunos años, este texto no habría pasado de ser una broma sin mucha gracia. Hoy, con Bergoglio como papa, ya no lo es. 

55 comentarios:

Carlo - dijo...

"no estará mucho más cerca de lo que pensamos el día en que debamos leer un comunicado de este tipo:"
No le dé ideas, don Wanderer, que es posible que hagan un copypaste exacto de su texto.

Ludovicus dijo...

No sólo contradice una verdad moral propuesta de modo infalible por el magisterio ordinario, sino que hace recaer sobre la Iglesia el anatema de Inocencio III para los que niegan que la potestad secular pueda derramar sangre. Es gravísimo.

Por cierto, Ladaria se escudará en que el término "inadmisible"-seguramente negociado con Bergoglio, para intentar salvar la indefectibilidad- es distinto de "ilicito". Fariseísmos aparte, está poniendo un error de moral en el Catecismo.

Anónimo dijo...

En una época donde la Cultura de la Muerte (sí, así, en mayúsculas) avanza velozmente y es impuesta por los hijos del Enemigo, no me parece tan desacertado unificar ciertos criterios respecto a la disposición de la vida y la muerte.c
Convengamos que el asunto de la pena de muerte es una tradición de teoría política en cuanto a que establecer penas le corresponde al poder público. Este cambio creo que no afecta en absoluto la "doctrina política" cristiana (que por otro lado no se aplica íntegramente en absolutamente ningún lado, excepto tal vez en el Vaticano) y beneficia la defensa a ultranza de la vida del hombre y su dignidad en tanto imagen de Dios.
En un mundo donde está instalado el flagelo del aborto, la eutanasia y otras tragedias de la cultura de la muerte, el paréntesis doctrinario político de la pena de muerte (que repito, hoy es más una referencia teórica que otra cosa) me parece más contraproducente que otra cosa. Sin duda es un lugar más que incómodo para los católicos que tenemos que presentar argumentos de toda índole en la defensa de la vida en todas sus instancias.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer
Para los católicos la conclusión es clara :el lobby de los sodomitas con capelo apoyó la nominación de Bergoglio. A cambio de que?
Yo presumo que es por lo que ud insinúa. Pero no olvidemos de Maccarrone el ex obispo de Santiago. Con total impudicia se lo defendió
como una víctima de su compromiso social. El, después declaró que, “todos “ lo sabían y que él no hizo nada no conocido por ellos.
Es decir, nuestra Iglesia está infestada de este lobby y estos personajes. Los laicos deberíamos proteger a las victimas y favorecer las denuncias incluso anónimas y perseguir judicialmente a estos lobos. Hay que romper la “ormenta” mafiosa de estos lobos. Hay que crear
un observatorio de abusos de clérigos homosexuales.

Wanderer dijo...

Anónimo 19:44, no, no tiene razón en lo que dice. ¿De dónde sacó "la defensa a ultranza de la vida del hombre"? Con ese criterio, todas las guerras serían injustas y los mártires unos locos desquiciados. No somos Greenpeace. La nuestra no es una religión biológica.
No se trata de ver la conveniencia política de sostener algún principio que, según usted, corresponde solamente al orden político, según los aires del mundo. La doctrina de la Iglesia es semper idem; y si la Iglesia siempre afirmó y la colocó en su Catecismo, que después la saque, por es mejor no aparecer incoherentes ante el mundo, es gravísimo, mucho más de lo que usted y yo podemos imaginar.

Anónimo dijo...

La del Papa fue una decisión profundamente agostiniana y evangélica. Cada vez más me convenzo de que los sacerdotes conciliares estaban en lo cierto al decir que no era suficiente regresar a santo Tomás. Se debería realizar un retorno a los sacerdotes de la iglesia, sobre todo al pensamiento agustiniano (línea de Benedicto XVI). Aquellos que desgarran sus vestiduras por la decisión papal sobre la pena de muerte, deberían visitar un poco más la patrística y no convertir en dogma lo que no es. Quien ha leído el epistolário de San Agustín, catalogado como uno de los "mejores maestros de la iglesia" por Celestino I, sabe que su intercesión en favor de los acusados condenados a la pena capital, además de ser considerado por él un acto ministerial del sacerdocio cristiano, era la negación más o menos explícita de tal supuesto derecho de matar al acusado en nombre de la ley. Se oponía, en la práctica, al ejercicio de tal derecho, para evitar la venganza y favorecer la penitencia.

En sus cartas, Agustín se manifiesta varias veces pidiendo clemencia. Cuando dice a los magistrados que tienen el poder de condenar a muerte, constata un hecho, una realidad jurídica de la época que todos conocían, pero no la legitima éticamente. Esta constatación no implica ni significa su aprobación moral: "por qué no buscamos en esta tierra la venganza sobre nuestros enemigos: amamos a nuestros enemigos y rezamos por ellos. Por eso, en los juicios y leyes más terribles deseamos corregir, pero no matarlos." (San Agustín, epístola 100, 1-2).

En cuanto a los sentimientos del buen católico, dice: " ningún buen creyente de la iglesia católica debe estar satisfecho cuando alguien es condenado a muerte, aunque sea un hereje." (Réplica al gramatico Cresconio, Libro III, l, 55).

En la carta 412, Marcelino, magistrado cristiano y comisario imperial, que se preparaba para juzgar acusados por asesinato, agresión y mutilación contra sacerdotes católicos, crímenes sujetos a la pena de muerte, Agustín, sin negar el derecho romano vigente, los exhorta, basado en la fe en Cristo, a no aplicar, superando la ley del Talión (Epístola 133, 1-2). Dice: " sobre la pena a aplicarles, aunque hayan confesados crímenes tan grandes, te pido que no sea la muerte, tanto por motivos de nuestra conciencia como por la mansedumbre católica que siempre debe ser alabada. De hecho, el fruto de su confesión nos favorece, porque de ello resulta que la iglesia católica conserva y muestra su clemencia hacia sus enemigos más atroces." (Epístola 139, 2). CONTINÚA

Anónimo dijo...

San Agustín recordó que los jueces no tienen que aplicar las penas extremas en vista de una solución más humana: "si no hubiera nada más para detener la malicia de los malhechores, tal vez la extrema necesidad urgiese a que fueran asesinados. Por lo que a mí respecta, y si nada más indulgente se puede hacer, preferiría dejarlo libre en vez de castigar a los padecimientos de nuestros hermanos, derramando su sangre. Pero en este caso hay algo diferente que se puede hacer, a través de lo cual se elogie la mansedumbre de la iglesia, y se cohíba la audacia de los malos." (ibidem, 4)

A pesar de reconocer el hecho de que los jueces, en el ejercicio del derecho vigente, pueden condenar a muerte, pide otro deber imperativo del cristiano: el deber del perdón y de la misericordia fundado en el Evangelio. Sabe que la pena de muerte es legal, pero se pregunta si es justa y si está de acuerdo con el Evangelio. Su respuesta es negativa.

San Agustín usaba su autoridad sobre todo cuando se dirigía a magistrados cristianos, oponiéndose incondicionalmente a la ejecución de cualquier acusado, por más asesino o criminales que hubiera sido, a pesar de las leyes en vigor. El delincuente debería ser juzgado con transparencia y objetividad, pero con humanidad. Demostrada la existencia real del crimen, este debería ser reprimido proporcionalmente, pero el criminal nunca podría ser ejecutado en nombre de nada ni de nadie.

Las razones que Agustín presenta son: la mansedumbre de la iglesia en contraposición a la causa del Estado, la distinción entre pecado y pecador, la naturaleza del hombre como obra de Dios y el crimen como obra del hombre ontológicamente libre, A todo esto hay que añadir el valor de la dimensión cristiana de la vida que incluye el perdón a los enemigos y que para él constituye la verdadera plenitud y unidad a la que metafísicamente la naturaleza humana por sí aspira como meta suprema de su perfecta realización. Agustín distingue la naturaleza, obra de Dios, y el delito, obra del hombre. En consecuencia, pide represión al delito y respeto por la vida del delincuente. (Cf. N. Blázquez, La pena de muerte, San Pablo, Madrid, 1994, 25-26)

En General, Agustín se muestra contrario a la pena capital por motivaciones esencialmente evangélicas: ofrecer la posibilidad de arrepentimiento.

En los siglos posteriores, muchos autores, casi todos favorables a la pena capital, citaron de San Agustín sólo textos aislados, sin tener en cuenta la importancia ni dar relevancia a la frecuente intercessio de Agustín, sus motivos y suposiciones.

(*) Varios otros Padres tampoco aprobaban la pena capital. No hay consenso. San Ambrosio, aunque reconoce que el Estado tiene el poder de ejecutar la pena capital, decía que tenemos que imitar a Cristo en su perdón a la adúltera, " porque hay una esperanza de conversión al criminal: si no es bautizado, recibirá el perdón; Y si es bautizado, la penitencia " (s. Ambrosio, EP. 25 ad Studium). Lactancio llega a rechazar la pena de muerte de manera absoluta en las Divinae institutiones 6, 20, 15-17. La razón principal reside en su concepción del hombre como un animal sacrosanctum, sagrado e inviolable.

Anónimo dijo...

Es perfectamente natural que haya duda cuando ocurre algún cambio como la del artículo del catecismo sobre la pena de muerte. Sin embargo, hay que hacer algunas consideraciones.
Parte de la prensa está difundiendo la cosa erróneamente como un cambio doctrinal. ¡No lo es! El cambio del párrafo 2267 es la evolución del entendimiento de la iglesia sobre el uso de la pena de muerte, no sobre la moral implicada en la definición teológica.
Recordando que ese mismo párrafo ya había sido modificado por San Juan Pablo II exactamente en este sentido, para minimizar la aplicación práctica de la pena de muerte. Sin embargo, ha mantenido la presencia más clara del lado doctrinal, aunque diciendo: "los casos en que se hace absolutamente necesario suprimir al acusado" son ya muy raros, si no prácticamente inexistentes (aquí el catecismo citaba exactamente la encíclica ' Evangelium Vitae, de SPJII).
El Papa Benedicto XVI había seguido estos pasos y declaró que la sociedad debería esforzarse por eliminar la pena de muerte, dando al criminal toda oportunidad de redención, aunque no de libertad. Ninguno de esos dos papas podría ser acusado de ignorar la doctrina. El hecho es que estas afirmaciones no tienen nada que ver con la doctrina sagrada, como veremos más adelante.
El nuevo texto sólo muestra la continuidad, la evolución de este entendimiento que ya venía solidificándose, y define como inadmisible el uso de la pena de muerte cuando, en el mundo moderno, tenemos la capacidad de encarcelar a un condenado. El texto no dice que la pena de muerte será errada en sí misma.
El cambio es eminentemente práctico. Ella sólo demuestra que, después de la larga caminata del sistema penitenciario, ya que la mayoría de los países cristianos tienen gran capacidad carcelaria, optar por la pena de muerte no es admisible en la práctica.
No hay cambio doctrinal o decisión acerca de que la pena de muerte sea intrínsecamente errónea, por lo tanto, moralmente indefendible, lo cual sería problemático, ya que Dios la autoriza en circunstancias bien definidas. Estas circunstancias, que la nueva escritura del Catecismo deja claro que no existen en el día a día de las decisiones de la civilización cristiana.
Es decir, la moralidad del uso de la pena de muerte en circunstancias inquietudes es Tradición (t mayúscula: Sagrada Tradición) y no se puede cambiar. Pero la definición del uso de la pena de muerte es sólo tradición (t minúscula, un hábito o cultura de entendimiento teológico que puede evolucionar y cambiar) y puede ser cambiado. Dadas las circunstancias del mundo moderno, la iglesia desea que los fieles luchen para que no se utilice la pena de muerte. Ese es un paso que ganó fuerza con san Juan Pablo II, que hizo esa distinción y abrió esa puerta, y hoy me parece correcta. No hay razón para que la pena de muerte sea usada cuando es posible arrestar a un convicto. La imagen y semejanza del señor no se extingue y sólo corresponde a él decidir la hora de cada uno. Esto no es un debate socio-político (que tiene varios desdoblamientos que no caben aquí), sino teología moral.
La doctrina sigue intacta. Sólo su uso en nuestro tiempo se ha tenido acertadamente como inadmisible, pero en circunstancias especiales, moralmente defendible.

Anónimo dijo...

DON WANDERER, hoy 2 de agosto de 2018 se sentenció a muerte a la Iglesia, Cuerpo Místico de Nuestro Señor. Es viernes de pasión en la mañana, saliendo al Gólgota por disposición de Pilatos (en versión universal, católica). De este cambio en el catecismo se desprende, además y por ejemplo, que ningún policía católico, en cumplimiento de su deber, puede dar muerte a un delincuente porque comete pecado. Las demás enseñanzas de la Iglesia, simplemente ya pasaron a mejor vida según el espíritu de los tiempos. Nada es perenne, todo fluctúa. Todos los demonios fueron desatados por orden de Francisco. La herejía del progreso continuo y sin fin instalada. De acá se desprende que la Infalibilidad papal no existe, y que para que exista, es que Francisco nunca fue Papa, y todos sus dichos y hechos son nulos (canonización de Juan Pablo II incluida). 2 de agosto de 2018. La Iglesia estuvo equivocada hasta que llegó Francisco, "El que se proclamó por encima de Dios"

Anónimo dijo...

“De acá se desprende que la Infalibilidad papal no existe, y que para que exista, es que Francisco nunca fue Papa, y todos sus dichos y hechos son nulos (canonización de Juan Pablo II incluida)“

Creo que así terminará esta historia, siempre he tenido dudas de la renuncia de Benedicto

Beatriz

Ludovicus dijo...

Anónimo, no diga gansadas. No hay tal limitación histórica del magisterio sobre la pena de muerte en la nueva redacciòn. El engendro parido hoy por Bergoglio afirma que
"La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona"

Algo que atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona es siempre inmoral, es malum per se. En consecuencia, la doctrina católica de estos ùltimos dos mil años ha sido inmoral.

Anónimo dijo...

Bueno,
pero todavía queda gente -muy progre- que defiende la Pena de Muerte. Acá por ejemplo, las 'sororas' abortistas piden la Pena de Muerte para la Subteniente (post-mortem) Lourdes Espíndola. Lamentablemente, el deseo de estas demoníacas se cumplió.
Vamos a llenar de ratis el paredón

Wanderer dijo...

Anónimo de las 20:37 y ss.: Según usted, entonces, el Santo Padre ha tenido un súbito rapto de agustinismo y se ha despertado en él una desconocida veneración por la enseñanza de los Padres.
No nos extrañará, entonces, que el mes que viene decida que las almas son pre-existentes, porque también San Agustín, en un largo periodo de su vida, defendió esa postura. Y para fin de años, decretará que el Espíritu Santo no es Dios, porque esa era la enseñanza de San Basilio Magno.
No diga pavadas, y no intente defender lo indefendible.

Anónimo dijo...

Wanderer, le cuento que todos los Imperios cuando caen, fue provocado por que el ala zurda, de izquierda o progresista, llegaron a tomar control de ese Imperio.
Creo que la Iglesia va en camino

Anónimo dijo...

"No nos extrañará, entonces, que el mes que viene decida que las almas son pre-existentes, porque también San Agustín, en un largo periodo de su vida, defendió esa postura. Y para fin de años, decretará que el Espíritu Santo no es Dios, porque esa era la enseñanza de San Basilio Magno."

esto me hace recordar a los que defienden el aborto citando a Santo Tomás de Aquino...

creo que es demasiado... en fin... Me temo que esas afirmaciones referidas a dos tan egregios Doctores de la Iglesia no son ciertas; ni San Agustín enseñó que las almas son preexistentes; ni San Basilio Magno que el Espíritu Santo no es Dios. Con este "criterio" hasta Orígenes (gran teólogo) sería Doctor de la Iglesia. Aunque seguramente me podrán decir que Pancho puede llegar a declararlo tal...

en cuanto al que dijo "ningún policía católico, en cumplimiento de su deber, puede dar muerte a un delincuente porque comete pecado", ¿qué tiene que ver con nada de lo que se dice acá? Si un policía (sea católico o no es irrelevante) mata a un delincuente se supone que es en defensa propia o en defensa de un inocente, con lo cual no es un "pecado". La pena de muerte se refiere a un castigo previsto en el sistema judicial para determinados delitos después del juicio correspondiente...

Jorge Rodríguez dijo...

Este es el futuro que ya llegó:
https://www.lanacion.com.ar/2158563-sin-fieles-las-iglesias-de-canada-se-reconvierten-en-restaurantes-spas-y-teatros

Pronto el señor Bergoglio va a poder regresar a su antiguo trabajo de patovica en la puerta de alguna discoteca ubicada en una Iglesia reconvertida.

Chestertoniano español dijo...

Se cae todo el sistema penal. Si es contrario a la dignidad humana la pena de muerte no se ve como la carcel no lo va a ser. Es incluso mas indigna a veces. La guerra tambien es indigna. Si matar a un culpable despues de un juicio es indigo, matar a un soldado en el campo de batalla tambien. Etc, etc.
Y al anonimo, que a menudo la Iglesia haya pedido clemencia y gracia a los condenados no quita que se reconociese la justicia de la pena.

Anónimo dijo...

¿Quién dijo que el que escandalizare a los más pequeños, merecería que le cuelguen una rueda de molino y lo echen al mar?
¿Quién contó diversas parábolas donde se aplicaba la pena de muerte, como lógico colofón de conductas perversas?
¿Quién aceptó la condena de muerte, así como la de dos compañeros suyos en tan desgraciada suerte, más allá de condenar la injusticia y falta de fundamentos válidos para que le fuera aplicada a Él?
¿Quién dijo que si se persevera en su doctrina, se conoce la Verdad y que es la Verdad la que nos hace libres?
¿Quién dijo qué no debemos temer la muerte del cuerpo o perder la vida sino a aquellos que nos pueden hacer el alma con la condenación eterna?
¿Quien nos alertó contra los falsos profetas, los lobos con piel de cordero y llamó malditos a los que le hicieran a sus semejantes tropelías diversas, que serían equivalentes a hacérselas a Él?
Y por último, ¿quién se la pasa diciendo y haciendo cosas y conductas que contradicen, en forma manifiesta o encubierta la enseñanzas de quien debería ser su Vicario en la tierra?
Los brotes de la higuera y la ternura de su tallo son muy evidentes demostraciones de que ha llegado el verano. Y con él, la terminación de las durezas y las pruebas del invierno.
Una realidad que ya no puede ser ocultada ni enmascarada.

Eck dijo...

Bergoglio ha caído bajo el anatema de Inocencio III (Profesión de fe a Durando de Huesca y demás valdenses): 795 Dz 425 En modo alguno culpamos la comida de carnes. No condenamos el juramento, antes con puro corazón creemos que es lícito jurar con verdad y juicio y justicia. [El año 1210 se añadió esta sentencia:] De la potestad secular afirmamos que sin pecado mortal puede ejercer juicio de sangre, con tal que para inferir la vindicta no proceda con odio, sino por juicio, no incautamente, sino con consejo.
Como siempre, Paco I y cuates son unos trileros porque el cambio es nulo, usa palabras inadecuadas: basa su autoridad en una cosa tan endeble como un discurso en el que da su opinión personal de que es inadmisible, que es un juicio subjetivo; y para más inri, la principal causa es que cambian el catecismo !Para ayudar a cambiar las legislaciones de los países que la mantiene¡ (los demás párrafos tampoco tienen desperdicio):
10. La nueva formulación del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica quiere ser un impulso para un compromiso firme, incluso a través de un diálogo respetuoso con las autoridades políticas, para que se favorezca una mentalidad que reconozca la dignidad de cada vida humana y se creen las condiciones que permitan eliminar hoy la institución jurídica de la pena de muerte ahí donde todavía está en vigor.
La política por encima de la fe. Ni Honorio I se bajó tanto los pantalones ante el Cesar como Paco I, claro que esto es admisible...

Wanderer dijo...

Anónomo 0:18:
1) San Agustín sobre el origen del alma humana: "Cuando se dice que ahora crea nuevas almas para cada uno de los que nacen y no las extrae de no sé qué fuente existente, ni las desprende de sí como partículas propias, ni las propaga de la primera y original, ni las ata con lazos carnales, por delitos cometidos antes de encarnar, no se afirma que Dios haga algo que antes no hubiera hecho. En efecto, el día sexto había hecho al hombre a su imagen, lo que ha de referirse, sin duda, al alma racional, y eso es lo que hace ahora, no creando lo que ya existía, sino multiplicando lo que existía. Y así, es ver- dad que Dios descansó de crear cosas que no existían; y es también verdad que hasta ahora trabaja, no solo gobernando las cosas que hizo, sino también creando numéricamente cosas que ya había creado. (...)". Ad Hieronymum 5, 12.
2) San Basilio sostiene abiertamente, con la mayoría de los Padres griegos, que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo. Procede del Padre, pero no por generación, como el Hijo: es el hálito de su boca (De Spiritu Sancto 46,38) pero al mismo tiempo “la bondad natural, la santidad inherente y la dignidad real que del Padre, a través del Unigénito, se extiende al Espíritu” (ibid., 47). Sin embarbo, en su tratado De Spiritu Sancto, nunca llama explícitamente “Dios” al Espíritu Santo. Su gran amigos, San Gregorio Nacianceno, dirá después de la muerte de Basilio que el gran capadocio sí creía en la divinidad del Espíritu Santo y lo cierto es que en otros escritos lo afirma, pero también es cierto que en extenso libro que le dedica a tema no lo afirma explícitamente, quizás para no enervar aún más a los semiarrianos, como sugieren algunos.
Como sea, el Papa Francisco debido a su hasta ahora desconocido conocimiento y amor por la doctrina de los Padres, podría inclinarse por estas afirmaciones, muy comprensibles en aquellos primeros siglos, y para Navidad tendríamos un Credo bastante cambiado.

Anónimo dijo...

Sinceramente a mí no me gustaria que un gobierno ateo y corrupto como los que hay ahora pudieran aplicar la pena de muerte. Qué tal si Cristina por ejemplo hubiera tenido ese poder y la aplicaba con sus enemigos? No rigiendo los principios jurídicos acordes con el orden natural y cristiano, y habiendo desaparecido el príncipe que se guie por ellos, a los fines practicos creo que está bien desalentarla

Wanderer dijo...

Anónimo 9:50: Estoy de acuerdo con usted. Yo no estaría para nada de acuerdo con el juez Oyarbide, por ejemplo, hubiese tenido la potestad de firmar sentencias de muerte. Pero una cosa es la aplicación del principio en una situación concreta de la historia, y otra es la negación del principio. Como escribió Ludovicus, si ahora Francisco dice que la pena de muerte atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, estamos en problemas, porque "Algo que atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona es siempre inmoral, es malum per se. En consecuencia, la doctrina católica de estos ùltimos dos mil años ha sido inmoral".

Augusto del Río dijo...

Al anónimo que pretende defender el nuevo disparate bergogliano que implica desde ya un cambio esencial en la DOCTRINA CATÓLICA DEFINIDA (esa es la calificación teológica de la licitud de la pena de muerte y al que la niega le corresponde la calificación de ERROR EN DOCTRINA CATÓLICA), le recomiendo vivamente la lectura del excelente apartado sobre la pena de muerte, de Romano Amerio en su imperdible Iota Unum. Allí demuestra que aquellos que dentro de la Iglesia católica han hablado contra la licitud de la pena de muerte invocando el espíritu evangélico, cometen un error de apreciación enorme sobre el sentido y finalidad de la pena y demuestra que se han tragado todos los argumentos del mundo moderno y del pensamiento liberal sobre el fin de la pena, además que terminan dando prioridad a la vida de este mundo sobre la vida eterna.

Luis Fernando Pérez dijo...

Se arroja la autoridad de decir: "Oísteis que fue dicho... pero yo os digo".

Y van los obispos y dicen amén.

Ya solo falta que la plebe brame... "No es voz de hombre, sino de Dios".

Y llegará su fin de forma espantosa.

Anónimo dijo...

Además de lo aquí dicho, el cambio en el Catecismo sobre la pena de muerte es una burla más del papa Francínico. Al borde de la aprobación del aborto en su país, con uno de los proyectos de ley abortista más perverso del mundo, el silencio escandaloso del papa sobre el tema es decorado con el guiño progresista de la abolición doctrinal de la pena de muerte.

Por supuesto que este cambio, sin perjuicio de la gravedad señalada por Ludovicus, no salvará de la pena capital a nadie en el mundo. Chinos, yanquis y mahometanos seguirán cortando cabezas tranquilamente, mientras ríen de la bravuconada pontificia. Mientras, en Argentina miles y cientos de miles corren el riesgo de ser matados legalmente sin que esto conmueva la pluma bergogliana.

Una clase maestra de cómo ser traidor, cínico, políticamente correcto, inútil y arbitrario al mismo tiempo.

Martín.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 0:18, el policía que mata un delincuente hace un juicio, mucho más sumarísimo , abreviadísimo que el de cualquier proceso penal judicial, pero un juicio al fin. Si el policía ejerce la legítima defensa en ese "juicio", ello se aplica también a toda la sociedad en el juicio "judicial".

Hilbert.

Anónimo dijo...

Wanderer, espero que publique esta corrección fraterna sobre lo que dijo de S. Basilio Magno en su comentario de las 23:28, la cual de hecho se basa en lo que Ud mismo afirma - esta vez con total verdad - en su comentario ulterior de las 8:54: S. Basilio nunca llama explícitamente “Dios” al Espíritu Santo.

Es claro que no afirmar explícitamente que el Espíritu Santo es Dios no implica afirmar que el Espíritu Santo no es Dios.

Similarmente, que Jesús no afirme explícitamente que el Espíritu Santo procede también de Él (Jn 15,26) no implica que afirme que el Espíritu Santo no procede también de Él.

Anónimo dijo...

Mons. Víctor Fernández presentó las líneas del plan pastoral arquidiocesano.
Durante un encuentro con el clero de la arquidiócesis en el seminario San José, el arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, presentó tres grandes líneas para un plan pastoral arquidiocesano, que responden a la propuesta programática del papa Francisco.

Las líneas pastorales de monseñor Fernández se basan en la propuesta “programática” del Santo Padre en "Evangelii gaudium", enriquecida en "Gaudete et exsultate". “La arquidiócesis iniciará un proceso participativo que podemos llamar ‘camino sinodal’, en orden a establecer una serie de estrategias y acciones en las que todos nos comprometeremos, cada uno a su modo. Esto permitirá constituir una ‘pastoral orgánica’ o, dicho de otra manera, una ‘comunión pastoral’ de toda la arquidiócesis”.

El prelado propuso “ponerles carne” a las tres grandes líneas del programa de Francisco, “en orden a establecer cauces concretos que nos permitan aplicarlas en todas nuestras instituciones eclesiales y en todas nuestras tareas”.

“El trabajo consistirá entonces en procurar que en distintos momentos de encuentro en las parroquias, movimientos, áreas pastorales, reuniones del clero, asambleas, y en todas las instancias importantes, podamos reflexionar juntos acerca de los caminos posibles para aplicar estas grandes líneas”, detalló.

“Las preguntas básicas que deberemos responder son: ¿Cuáles son las mejores estrategias para encarnar estas líneas?, ¿Qué acciones serían recomendables?, ¿Con qué agentes?, ¿Qué lugares y momentos pueden ser más propicios para avanzar en estas líneas?, ¿Qué experiencias necesitamos suscitar para que podamos vivirlas y ayudar a vivirlas?”, enumeró.

La primera línea es: “En misión permanente, saliendo con parresía”, y está orientada al anuncio a los que están alejados de Cristo. “Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar”.

La segunda línea propone llegar a todos “Como Cristo, con los pobres y abandonados”. En ese sentido, retoma el Evangelio: “Cuando des un banquete no invites a tus amigos, ni a tus parientes, o a los vecinos ricos… Invita a los pobres, a los cojos, a los paralíticos, a los ciegos… que no te pueden corresponder”.

En referencia a "Evangelii Gaudium", recuerda: “Cuando vivimos la mística de acercarnos a los demás y de buscar su bien, ampliamos nuestro interior para recibir los más hermosos regalos del Señor”.

En tercer lugar, propone: “Creciendo juntos, para ser santos”. En ese sentido, expresa: “La misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo”.
La noticia completa acá http://www.aica.org/34808-mons-victor-fernandez-presento-las-lineas-del-plan-pastoral-arquidiocesano.html

Anónimo dijo...

La Comisión Episcopal de Pastoral Social expresa su fraterno e incondicional apoyo a la respuesta emitida por el Obispado de La Rioja en la persona de Monseñor Marcelo Colombo frente a manifestaciones periodísticas agraviantes respecto de la persona y del martirio de Monseñor Angelelli. Acompañando fraternalmente al Pueblo de Dios de esa diócesis ante la inminente celebración de la declaración del martirio de este “pastor de tierra adentro” que mostraba el camino de una Iglesia que sale a la búsqueda de los más pobres y excluidos.
Visto en https://www.facebook.com/ComisionEpiscopaldePastoralSocial/

Anónimo dijo...

Un pequeñísimo paréntesis sobre una injusticia histórica grosera en el articulo enlazado de Sandro Magister. Louis Villot no "fue privado de la púrpura cardenalicia" a causa de su adhesión a la Action Française, sino renunció a la púrpura como expresión de su desacuerdo con la condena de la Action Française por parte del Papa.

Anónimo dijo...

Leyendo el artículo de Sandro Magister, me parece que lo peor de Farrell no es su altamente probable encubrimiento de la inmoralidad de sus jefes sino sus totalmente ciertos prefacio y recomendación del reciente libro gay-friendly de James Martin S.J.

En todo caso, si un cardenal recomienda un libro gay-friendly, es una buena noticia que se descubra que había encubierto a jefes inmorales.

sir percivale of wales dijo...

La pena de muerte es cruel solo desde la perspectiva progresista, mundana, atea, intrascendente. Porque para los que creemos en Dios y su Justicia de premios y castigos y en la Redención de Cristo, la pena de muerte puede ser un bien, incluso para el mismo condenado. ¿Cuántos de estos, tras una vida de crímenes y pecados graves (asesinatos, violaciones, secuestros, etc) han recuperado la SALUD ESPIRITUAL cuando se enfrentan a la pena de muerte? Muchos, incontables tal vez. Si no hubiesen sido condenados a la perspectiva cierta de morir y muy pronto, tal vez hubiesen seguido con sus vicios y pecados (dañándose a si mismos y a la sociedad). Pero algo providencial los hizo reflexionar y cambiar radicalmente su forma de enfrentar la vida y sus aspiraciones egoístas en vista del Juicio y de la posibilidad de salvación o condenación. Más de uno ha cambiado ante esa OPORTUNIDAD que Dios le da al no enviarle una muerte violenta e inesperada, como quizás se merecía, sino esta otra que le da tiempo para el arrepentimiento. Bajo esta perspectiva la temible pena de muerte pierde toda su aura de atrocidad o crueldad, para enfocarla en su justa dimensión. Todo hombre está llamado a salvarse, y si consideramos el Bien supremo de la Salvación, Fin último del hombre, todo precio es poco para conseguirla. Y todo ello sin mencionar que el segundo bien que procura esta pena es la defensa de los inocentes que son las potenciales víctimas de este hombre condenado. No en vano la Iglesia ha defendido durante 2000 años este punto de la Doctrina porque en ningún modo se opone al Evangelio, antes bien, en él se apoya. El mismo Cristo nos llama a la radicalidad de las acciones cuando la Salvación está en juego: Cuando dice que a semejante hombre (Judas) "más le valdría no haber nacido", y también cuando afirma que "Más te vale entrar en la Vida tuerto, manco o tullido que con tus dos ojos, tus dos piernas o tus dos manos ser arrojado en el infierno". Pero claro...Francisco no cree en el infierno.

Jorge Rodríguez dijo...

El caso de la mujer adúltera, que iba a ser apedreada, me parece que ejemplifica la posición que debería tener un cristiano en imitación de Jesús. Nuestro Señor no dijo que la condena a muerte de la adultera era injusta, ni que el castigo era ilegitimo. La muerte por apedreamiento era el castigo previsto por la ley. Tampoco adujo que era la mujer era inocente, seguramente no lo era ("no peques mas"). Como todo el mundo sabe, lo que exigió fue que el no tuviese pecado tirase la primera piedra. Yo interpreto: el castigo de muerte puede ser de acuerdo a la ley pero ¿quien puede aplicar este castigo? La pena de muerte es un castigo que aunque justo, nadie puede aplicar, porque nadie esta libre de pecado.
Entonces, La razón de la inaplicabilidad práctica de la pena de muerte no es la "dignidad humana" del reo, sino la "indignidad humana" de los jueces y verdugos (y todos nosotros claro)

Walter E. Kurtz dijo...

Esto no termina con la pena de muerte. http://www.lastampa.it/2014/10/23/vaticaninsider/el-papa-la-cadena-perpetua-es-una-pena-de-muerte-oculta-nNjni6mRxrHMQ6PqXMB1CN/pagina.html

Anónimo dijo...

La pena de muerte como teoría es perfectamente válida, pero como dice el Sr Jorge Rodríguez no hay en la tierra juez digno que pueda con "justicia" ordenarla. En la práctica no se puede aplicar pues deberían ser santos y justos los hombres que dispongan dicho castigo ... Dejemos por ende que juzgue en el final de los tiempos quien si lo es, y mientras "separemos " a los hombres que comenten males de la sociedad sin matarlos, exceptuando defensa propia o de defensa de una Nación como puede suceder en una guerra justa.

Anónimo dijo...

Jorge Bergoglio se va luciendo con sus nombramientos, rodeado de lo peor para lo peor. Todos le salen rana desde el saxofonista al Farrell que mejor estaría calladito porque o eres un encubridor y un callanchón y alcahuete de lo peor o bien un imbécil integral con balcones a la calle que no se entera de nada y por tanto no debería ni haber sido ni arcipreste.
En cuato a lo del Catecismo una tontería ideológica más de este pontificado nefasto que sigue denotando que Francisco anda pez en teología totalmente, filosofía no digamos y lo peor de todo flojo de ortodoxia.

Anónimo dijo...

El que tiene autoridad la puede aplicar porque se basa en la ley no en ser indigno o no.

Anónimo dijo...

Hace dos años Macri dijo que no iba a proponer el aborto

http://www.aica.org/24373-macri-conmigo-despenalizacion-del-aborto-no-ni-pensarlo.html

Descendencia de Ioreth dijo...

"Ni aún tú temes a Dios, estando en el mismo suplicio: y nosotros en verdad por nuestra culpa, porque recibimos lo que merecen nuestras obras; mas éste, ningún mal ha hecho".

San Dimas, ora pro nobis

Âνδρέας dijo...

Si la aplicación de la pena de muerte es justa, no tiene nada que ver la pecaminosidad individual del juez que la decrete. Mutatis mutandi, es lo mismo que cuando un sacerdote indigno celebra la Eucaristía o administra cualquier otro de los Sacramentos, o cuando bendice o predica. No tiene nada que ver lo personal, porque se actúa en otro orden.

El censurado dijo...

Cuando volvió el blog a principios de este año me puse muy contento, se extrañaba al Wanderer. Pero veo que sigue como en muchas publicaciones, abriendo debates sobre temas muy profundos los cuales desencadenan en la aparición de aquellos templarios y guerreros que en este caso revalidan y defienden a uñas y dientes la pena de muerte, pero que lo hacen detrás de sus computadoras utilizando ingeniosos alias o comentando como anónimos.
La mayoria de los defensores no tienen ni idea de lo que es ver la muerte de cerca, pero creen que por conocer la doctrina de la iglesia ya son expertos en el tema y grandes opinólogos.
En fin, sigan formandose y sigan discutiendo quien merece la muerte y quién no a través de sus celulares y computadoras con sus alias,que los que terminan organizando las marchas y salen a dar batalla para defender la vida son los curitas y los católicos progres que no tocan este tipo de temas.
PD: En breve seguramente van a querer crear un tribunal que ejecute a aquellos curas progres u herejes.
Después de 2000 años y de la lucha de Cristo contra los fariseos que desencadenó en su muerte, podemos ver que los mismos siguen firmes aqui dando batalla.

Anónimo dijo...

Los jueces católicos de países que contemplan la pena de muerte en su código penal ¿ se podrán acoger a la objeción de conciencia ?
¿ y en tiempo de guerra, es lícita la aplicación de las leyes militares ?

Anónimo dijo...

Mientras se discute la pena de muerte, los ladrones públicos que el Obispo de Roma defendió y ampara en su país de origen, han condenado a muerte a varias generaciones de argentinos que viven en condiciones miserables.
Sin agua corriente, sin cloacas, sin gas ni electricidad.
El día siguiente a que explotara la bomba de los Cuadernos de (algunas) las coimas millonarias que le quitaron al pueblo que paga impuestos y al pobre que cada vez lo será más, se produjo otra explosión en una escuela por una fuga de gas de un artefacto que funciona con gas envasado. Con el saldo lamentable de dos personas muertas. Y con el anuncio -para quien lo quiera ver- de que pudo ser mucho peor aún si hubiera alcanzado a los niños que concurren a la escuela.
Ello fue aprovechado, en el máximo del cinismo, por quienes durante 28 años gobernaron la Provincia de Buenos Aires y colaboraron en convertirla en un villorio de la peor África.
Nadie señaló que lo ocurrido es lo mismo o parecido que puede (o deberá) ocurrir en otros lugares del víllerío infecto que han levantado. Que no tiene más desgracias porque Dios no lo permite.
Esta es la realidad que el mundo debe conocer del país del "Papa" y de lo que hicieron los destinatarios de los resarios y sus preces.

Anónimo dijo...

Estimado Censurado,
por ahora, la marcha más grande para defender la vida no la han organizado ni los curitas ni los católicos progres. La han organizado los Evangélicos (sí, los herejes). Full disclosure: yo fui.

Anónimo dijo...

11:16 excelente comentario!!

Anónimo dijo...

http://catapulta.com.ar/?p=6033
2) “Durante diez días estuvo expuesto en uno de los altares de la iglesia de San Martino ad Azzano (Seravezza, Lucca), un medio busto con dos hombres que se besan ,una obra del escultor Emanuele Giannelli. Debido a las protestas, fue desplazada a un jardín lateral.

El párroco del pueblo, Hermes Luppi, había dicho que “la escultura podía quedarse donde estaba, porque el Evangelio nos muestra un camino de acogida y esperanza”

http://www.lanuovabq.it/it/lucca-statua-bacio-gay-in-chiesa

Eck dijo...

Querido Censurado:
Juzga usted muy a la ligera: No defendemos la pena de muerte en si sino una verdad reconocida por la Iglesia (y por ateos, como Gustavo Bueno en España) de que la potestad publica tiene el ius gladii para castigo de los más graves crímenes según prudencia después de un justo juicio con todas las garantías legales (Esto es reconocido por Cristo, S. Dimas y el propio S. Pablo). Yo, personalmente, no la aplicaría porque me disgusta sobremanera pero la historia me hace ser prudente por ver que muchas veces fue necesaria para la supervivencia del bien común y que puede volver a ser necesaria en el futuro. Como ves, no entro en el terreno moral de dar a cada uno en justicia lo que merece dónde muchos crímenes son merecedores de la espada (los que el pueblo, por lo menos en España, denomina sabiamente como de sangre). Creo que la mayoría de los comentadores estarán de acuerdo conmigo.
Otro juicio precipitado es la de afirmar eso de que muchos no tenemos ni idea de mirar cerca a la muerte: 1) Todos estamos sujetos al imperio de la muerte y hasta que no nos llegue la hora estamos a igual distancia.2) Como dice el cuento de Buda, no hay casa que no haya visitado la Parca y más cuando se llegan a ciertas edades. Yo con treinta años he asistido a 7 agonias y muertes (en un solo año de cuatro familiares directos)y más de 20 funerales y entierros. En este tema todos somos expertos por imperativo vital.
Aquí nadie ha discutido quién merece la muerte y mucho menos ad personam. Eso corresponde a los jueces según el caso, a los legisladores según ley y a la potestad pública segun prudencia. Porque es deber caridad que la familia pida justicia, la sociedad se la dé y el victimario la acepte para pagar sus delitos o, por lo menos, lo intente compensar con verdadero arrepentimiento y expiación de por vida. Los curitas y católicos progres están más para proteger, justificar y ser amiguetes de terroristas y asesinos que para consolar y pedir justicia por sus victimas como hemos visto mucho en España con ETA.
Y aquí está uno de los puntos principales: el olvido de las victimas y el deber de la justicia opacados por la victimización de los victimarios. ¿Qué les diría usted a los padres de niñas violadas, torturadas y asesinadas?¿de tiranos sanguinarios, de mafiosos? Pues, con fariseismo hodierno tantas veces visto, que acepten unas condenitas (la cadena perpetua no, es inadmisible y cruel, sobre todo si se "arrepienten" (nada de asumir la pena como forma de expiación, puaj, término preconciliar) y se reforman..) y aquí paz y compresión al asesino que es principal victima (la otra, como está muerta, no importa)
Ultimo, el tribunal que juzgue a curitas progre y herejes (que provocan la muerte del alma) ya existe y sus sentencias son directas, inapelables y capitales: es el Tribunal de Dios. De los templarios, se les debe el jugarse la vida por defender la fe y a Europa con la vida y más cuando la morisma no les daban cuartel y de nuestro fariseismo, no lo hay mayor hoy que acusar a otros de serlo (Oh Señor, gracias te doy por no ser como esos partidarios de la pena de muerte...) cuando humildemente y con errores defendemos lo que creemos que nos ha sido dado con la fe de nuestros mayores y es la verdad.

Leo Fariña dijo...

¡Pero qué manera de mezclar las cosas, el Censurado! No entiendo qué tendrá que ver con el fariseismo una discusión en abstracto sobre doctrina de la Iglesia acerca de la pena de muerte. Acá nadie pidió la muerte de nadie. Y en cuanto a la concurrencia a las marchas contra el aborto, yo fui a casi todas y me encontré con progres, neocones, tradicionalistas, herejes e infieles.

Anónimo dijo...

Un día, charlando con Castellani en el campo de una familia amiga común donde él pasaba unos días, me decía que el sistema penal carcelario es cruel, sumamente cruel e inhumano. Para los delitos graves, él impondría la pena de muerte y para los delitos menos graves, penas distintas a la cárcel. Creo que me dijo algo referido a que las cárceles eran iguales al infierno, donde todos se odian. Como estudiante de derecho avanzado y funcionario de los horrorosos tribunales argentinos le contesté: "—¿Usté se imagina, Padre, una pena de muerte así en manos de jueces argentinos?". Dudó un poco, semisonrió y me dijo: "—No, no me lo puedo imaginar".
La objeción contra la pena de muerte no es la pena de muerte, ni Panchito y sus disparates, sino los jueces de hoy en día, la "Justicia" de hoy en día totalmente politizada y mediatizada. Por estos días ingresaron a la cárcel unos ocho empresarios, un coleccionista de cuadernos y chofer profesional y varios individuos más. Objetivamente hablando ¿qué pruebas habia de sus delitos...? Veamos: Fotocopias de unos cuadernos sin firmar de un chófer... con eso, un juez "argentino" te mete adentro.
Para iniciar una sucesión, por ejemplo, hace falta agregar por lo menos partidas de defunción, de matrimonio y de nacimiento auténticas, sino, nada... Pero para meter preso un tipo, destruirle su reputación, pasarlo fotografiado con esposas por todos los diarios del mundo y acusarlo de bandido, bastan los recortes periodísticos de una diario generalmente poco confiable.
No discuto la posible autenticidad de los hechos que relatan los aplicados "cuadernos", sino la acción torpe de la "Justicia", ni cuestiono la odiosidad notoria y pública de los sujetos imputados, sino algo que forma parte esencial de la Mise-en-scène: cometer una grosera injusticia contra alguien a quienes todos odian, para que muchos aprueben... y después, pon tus barbas a remojar.
¿Se imaginan si encima tuvieran disponible la pena de muerte...? fíjese bien la pena de muerte...
Así pues, veo la pena de muerte como legítima, peron inoportuna.
Nada más.
Nicolás de Casa-Ibar

Man With No Name dijo...

El censurado haciendo demostración de la demagogia más barata y ridícula que se pueda conseguir en el mercado.

Anónimo dijo...

Los Evangélicos ya están convocando a concentrarse a partir de la 11 hs. del Miércoles 8 de Agosto en el Congreso (Alsina y Entre Ríos), para seguir el debate de la ley.
Es tristísimo, pero en esto de ganarles la calle a las abortistas del pañuelo verde, la Iglesia Católica se borró, y ha descargado todo el peso de la batalla sobre las espaldas de las iglesias evangélicas (sí, ya sé: los herejes).

El censurado dijo...

Excelente respuesta Eck, ha respondido usted con caridad y sencillez a todos los disparates que he dicho. Le agradezco por eso.
Leo fariña, es cierto que he mezclado. Me ha tomado en un momento de confunsión, enojo e imprudencia.
Man With No Name, es el mercado en el que lamentablemente convivo, pero este blog realmente ayuda a enriquecerse.
Saludos.

Anónimo dijo...

Nicolás de Casa-Ibar, hoy en Argentina hay jueces que dictan sentencias no sólo de muerte sino también de violación, sólo que sin conocer el nombre de la persona sobre la que recaerá la sentencia: son los jueces de ejecución penal de la provincia de Buenos Aires, quienes, cuando se les canta las ganas, deciden liberar un preso mucho antes del término de su sentencia, con el resultado previsible de que el liberado al poco tiempo vuelve a matar o a violar, dependiendo de su perfil.

Por lo que el razonamiento es al revés: mientras exista la posibilidad de que un juez de ejecución penal pueda liberar a un reo cuando se le cante, la protección de la sociedad requiere la pena de muerte para homicidas y violadores.


Anónimo dijo...

Lo de la pena de muerte nuevamente ha servido para que los enemigos de la Iglesia se hagan su panzada. Como muestra, la nota del "especialista en temas eclesiásticos" de Clarín (y amigo de Francisco) de hace unos días: "La Iglesia y la pena de muerte: un mensaje de coherencia en tiempos de debate sobre el aborto". Algunas cosas que dice "como al pasar":

La Iglesia ha sido responsable de millones de muertes. “Era la época”, se han justificado siempre sus autoridades para explicar que las condenas capitales, asesinatos, degüellos y hasta guerras capitaneadas por los mismos pontífices, forman parte de una historia que si no absuelve a la Iglesia explica su conducta. Es cierto, pero no tan santo.

Anónimo dijo...

"Excelente respuesta Eck, ha respondido usted con caridad y sencillez a todos los disparates que he dicho. Le agradezco por eso." Lo felicito por su humildad , slds.