sábado, 13 de septiembre de 2008

San Ignacio y Hitler


Vino días pasados un amigo blandiendo un diario atrasado con un artículo sobre San Ignacio de Loyola y los comedores de caracoles, del caduco novelista español Pío Baroja, con el cual entablamos el diálogo siguiente:
— ¿Ha visto lo que hace su amiga La Nación? —me dijo mi amigo con retintín y sorna.

— ¿Qué hace?

— Hace tres meses publicó un artículo de Anzoátegui sobre San Ignacio, que era todo un ditirambo; ahora publica esto sobre nuestro Padre que es un vilipendio…

— ¿Y qué hay con eso?

— Hay que si lo que dice Anzoátegui es verdad, lo que dice Baroja es falso. O bien, si lo que dice Baroja está bien, lo que dice Anzoátegui es una ignominia. Y La Nación no puede creer las dos cosas juntas… a la vez no puede afirmarlas.

— ¿Por qué no?

— Porque sería una verdadera chanchada.

— Quizá. Pero el nombre propio que tiene no es ése. Se llama liberalismo. Antiguamente se llamó libre examen. Para acabar con eso nacieron San Ignacio de Loyola y… Hitler.

Al oír esta palabra, mi amigo saltó de la silla, se le agrandaron los ojos, y toda su indignación contra La Nación se disipó por ensalmo, para dar lugar a otra más grande; supuesto que mi amigo es aliadófilo y democrático —dos palabras que ya dicen lo contrario de lo que suenan, como aquellos “leales” de la guerra española—, y todas las mañanas ingenuamente reza por la muerte de Hitler.

— ¿De modo que usté pone juntos esos dos nombres? —me dijo, subrayando mucho.

— La Historia los pone juntos… en los dos extremos de un ciclo histórico.

— ¿Entonces para usté Hitler sería un santo?

— Lo contrario.

— ¿Un malvado?

— Un malvado no es lo contrario; es lo contradictorio de un santo. Lo contrario de un santo es un bandolero. Un bandolero, mientras es bandolero, no es santo; pero puede volverse santo en el momento que quiera, lo que no pasa ni con el malvado, ni con el virtuoso mediocre. Hitler, lo mismo que su predecesor Napoleón, es un gran bandolero de coronas, un outlaw que se ha puesto fuera de la ley, lo cual no quiere decir necesariamente que esté fuera de la justicia, por lo menos de la inescrutable y tremenda Justicia Divina.

— ¡Usté es de la Quinta Columna! —dijo mi amigo, tomando su bonete en una resolución rápida. — Es lo único que me faltaba por oír, que Hitler está cerca de Dios… más cerca de Dios que un virtuoso… que un virtuoso ¿cómo dijo?… mediocre…

— ¿Y por qué no? ¿No es el azote de Dios? ¿Y el azote no está cerca de la mano?

Mi amigo dejó de nuevo el bonete, oyéndome dar al Führer el título de Atila, con implicación de salvaje y huno —que son los calificativos que él mismo le adjudica cada día—, y nos consideró largamente, con los ojitos bailándole en la cara obesa.

— Si es poesía, puede pasar —dijo al fin, despechado.

— No es poesía, es teología. ¿No ha visto usté lo que hace un padre con su hijo? Agarra un palo, le pega una paliza, y después tira el palo al fuego y al hijo lo abraza y lo nombra su heredero. Lo mismo hace Dios con las naciones, y con esos grandes conductores, que son seres en quienes descansó su vista, según opina Manzoni. ¿No ha leído Cinque Maggio?… Ahora que Dios se diferencia del papá en esto: que hasta de un palo es capaz de hacer un hijo de Abraham.

— Si a eso le llama usté teología… —empezó mi amigo, con despecho.

— Está en San Agustín, en La Ciudad de Dios… si uno la sabe leer.

— ¡Yo la he leído!

— Por eso digo.

Mi amigo se levantó, se fue… y se olvidó el bonete en mi despacho.

R.P. Leonardo Castellani, S.J.
Día de San Ignacio, 1944 

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El Rebelde


Ludovico: Para que no digan que somos elitistas afrancesados....


Un ángel ha bajado como un águila, con fiereza 
sacude el cabello al hombre descreído: 
´¿Acatarás mi ley?-pregunta-¡Responde! 
Porque yo soy tu ángel ¿comprendes? ¡yo lo quiero! 

Sábete que hay que amar a todos igualmente, 
al pobre, al contrahecho, al necio, al apestado, 
para que si Jesus pasara junto a ti 
tu caridad le alfombre el paso con humildad. 

¡No hay otro amor!Por eso, antes que el corazón 
se te apague de hastío, ¡Búscalo todo en Dios, 
el éxtasis, la gloria, el gozo verdadero!´ 

Y el ángel, que el castigo o el premio da, 
quisiera que el anatema no respondiese, dócil, 
mas el réprobo siempre responde ´¡No Quiero!´

lunes, 8 de septiembre de 2008

Demonio de Mediodía

El texto no es mío. Pero vale la pena:

Acá también le llega a la gente la crisis. Primero y más fácil de detectar a las mujeres, con el reloj biológico. El hombre tarda más en percibirlo. Para ambos el decaer de la fertilidad o la energía es un fuerte llamado de atención psicológico.
Para ambos inicia el descenso físico. Antes veían el futuro como una plenitud, ahora se declina, las fuerzas disminuyen y también la ilusión de controlar las cosas. 
Se empieza a percibir la –propia- muerte como algo real y la vida como algo precario. (sin eso seguiríamos adormecidos por siglos, dando todo por descontado). 
En realidad no es algo negativo, sino que es como una alarma que indica que, si no lo hemos hecho hasta ahora, es tiempo de madurar.
La maduración consiste en gran parte en la aceptación de la realidad, de la verdad.
Reconocer los errores –ilusiones, pecados, etc- del pasado y admitir la propia caducidad son cosas que van juntas y, si por un lado parecen una decepción, por el otro nos pueden llevar a descubrir una verdad más grande: que somos creaturas, que dependemos absolutamente de Dios, que no podemos hacer nada por agregar un minuto a nuestras vidas, y que Él nos da todo gratuitamente.
Es una ocasión inmejorable para volverse humildes y convertirse, reconociendo en Dios al "Padre" que nos da, por amor y sin méritos de nuestra parte, la vida. 
Ese descubrimiento espiritual es como un nuevo nacimiento, y el que lo experimenta se sabe unido a la fuente de la vida y ya no teme tanto la muerte (ver Jn 3). Supongo que el gusano que se transforma en mariposa de colores al perder su caparazón puede ser un buen ejemplo de esa transformación…
La gran novedad no es la muerte, sino la vida. Cada instante es un don, y detrás del don hay Alguien.

sábado, 23 de agosto de 2008

Arn Tempelridderen


Se trata de una excelente película que me recomendó un amigo al que, a su vez, se la había recomendado otro. Como pocas, presenta a la Edad Media y a algunos aspectos del cristianismo medieval con una admirable fidelidad. He podido encontrar sólo algunos detalles:

1) Al inicio aparece un cabellero teutónico. La orden teutónica fue fundada veintiún años después de cuando se desarrolla la acción de la película.

2) Aparecen unas monjas cantando un gregoriano muy al estilo Solesmes y, si bien introducen cierta polifonía, en ningún caso es el gregoriano medieval, al menos tal como lo ha reconstituido Marcel Perès.

3) Aparece el interior de un templo románico en que sus paredes y columnas son de piedra pura. En realidad, los templos medievales estaban profusamente pintados de colores bastante chillones. Ha sido el tiempo, y no los artistas medievales, el que le ha dado el color con que los vemos hoy. Podría aducirse, sin embargo, de que se trata de un monasterio cisterciense y que, por tanto, poseían una ornamentación más austera.

Como ven, se trata de simples e insignificantes detalles.

Prosit!


viernes, 22 de agosto de 2008

El Athonita y la Liturgia


Reapareció el Athonita con una bellísima reflexión acerca de la litrugia. Aquí se las dejo. Vale la pena leerla.

Pero ya le voy adelantando, don Athonita, alguna objeción: 1) Todo muy bien lo suyo, pero me parece que le escapa al bulto. Todo lo lindo y bello que Ud. dice de la liturgia, ¿tiene lugar en el Novus Ordo? Lo dudo, al menos tal como se celebra habitualmente, aún en San Nicolás.

2) Ud. habla del "ite Missa est", del "Sanctus", del "Agnus Dei" pero, por lo que sé, Ud. nunca pronuncia esas palabras sino sus equivalentes castellanas. A mí me cuesta entender, discúlpeme, que Uds., monjes de vida contemplativa, recen la liturgia es castellano. ¿Es qué no saben latín? ¿O es que lo desprecian? ¿O es que son políticamente correctos? ¿O es que le tienen miedo al arzobispo?


Tu que puedes, vuélvete


“Sólo el divino Redentor, como Hijo predilecto del Padre Eterno,
de quien conocía el inmenso amor,
pudo elevarle un digno himno de acción de gracias.”

Pío XII, Mediator Dei 91

“Todos nosotros, íntimamente unidos a Cristo,
debemos tratar de sumergirnos en su Alma Santísima y unirnos a Él
para participar así en los actos de Adoración
con los que El ofrece a la Trinidad Augusta el homenaje más grato y aceptable,
en los actos de Alabanza y de Acción de gracias que El ofrece al Padre Eterno.”

Idem, 159

“El Verbo de Dios, al tomar la Naturaleza humana,
introdujo (inveho) en el destierro terreno
el himno que se canta en el Cielo desde toda la eternidad.
Él une a Sí a toda la comunidad humana
y se la asocia en el canto de este himno de alabanza.

Idem 179



Hablando de Liturgia… se me dio por remontar el curso del Río hacia su Fuente (“el Jordán se volvió atrás…”) en busca de la Liturgia primordial, el Arquetipo. Y mientras andaba pensé en esa muchedumbre de testigos del Apocalipsis… y no: al llegar a ellos, el agua ya venía bajando. Y pensé en el triple Sanctus de los ángeles ante el Trono… y no: había más curso, aguas arriba. Y escuché del mismo río: “Tú que puedes: vuélvete… Los cerros que tanto quieres –me dijo- allá te están esperando.”

Y me le animé al cerro. Y estaba allí Nuestro Señor en oración.

Jesús reza.
El dato nos resulta tan cierto como sabido y trillado. Una seña más -de las tantas- con que armamos nuestro identikit del Señor. No obstante, la oración de Jesús es como una ‘puerta-trampa’. Pasando por uno de tantos detalles más de su vida, cuando la abordamos con ingenio y esmero, descubrimos que lo que parecía parte del decorado es una abertura que nos hace caer de bruces en un ambiente muy otro: inmenso, insospechado, abisal. Lewis acotaría -como en su acceso a Narnia- que a esta comarca no se entra caminando: más bien se cae adentro (en inglés se emplea mucho esto de caer-en; por ejemplo “enamorarse” no es una acción programable sino que se “cae en el amor”).
Y me acordé de un monje que decía que la genuflexión al entrar a una iglesia es la expresión externa de un indominable y torpe caerse íntegro del alma al acceder al ámbito divino. Y me acordé del “cayendo el alma en la cuenta” de san Juan de la Cruz y qué bien explica el Santico la maravilla de este gerundio, del estarse cayendo sin fondo…
Y me acordé de Borges, y su “tuve vértigo y lloré” al acceder a su inmenso Aleph, Origen y Arquetipo también.

Y nosotros, ¿en qué país de maravillas caemos si hallamos el fondo del armario del Cristo en oración? Titila el cursor... Muchos nombres válidos se amontonan en forcejeo por acaparar la respuesta. ¿A cuál darle primacía? Todos los nombres lo dicen con verdad y todos dejan lo más por decir... (Como remata su Comedia Dante: qué poco expresa la palabra ‘poco’ lo poco que logramos de Dios decir).
Estamos ante el mundo de Dios, es Dios mismo en su inmenso espacio interno. Se trata de un país de Fuego y Luz, donde el Amor -que nosotros entendemos como consigna- es ámbito y aliento. No hay tiempo, pero ocurren cosas. Todo es conocido, pero a nada le falta asombro y novedad. Todo es más añejo que el Orbe, como fresco y primordial. Todo es paz y calma, pero hay un Drama, un Celo voraz que hace añicos la apatheia griega y el nirvana oriental... Hay Vida, Fuego, Asombro, Pasión, Amor: ojos grandes que se miran y se entregan enteros en la mirada del Otro. Todo esto se da (ocurre y se entrega) no “más-allá” sino “más-adentro” de la plegada plegaria de Cristo. Quien encuentra esta “puerta” accede -tras incorporarse- a un maravilloso y vertiginoso viaje por el interior de Dios.

Es la Liturgia intratrinitaria.
Sí. El Manantial de toda Liturgia, la eterna Fonte –que mana y corre- es un Canto eterno de Amor que se entregan y reciben las Tres Personas divinas, desde antes de la Creación del Mundo. He aquí el Arjé de la liturgia, el irremontable Arquetipo litúrgico. (Quien lo expresa bien en Occidente es Isabel de la Trinidad, por ejemplo).

Y a esta Fiesta trinitaria accedemos por una sola Puerta (Jn 10,9), que es la oración de Cristo. Ratzinger en su “cristología espiritual” dirá: “Quién es Jesús sólo puede verse si se ve a Jesús orando”. Por eso, abordar su oración tiene ese extraño poder de hacernos caer dentro Suyo, a su más profundo Centro. Nos transporta sin escalas del “qué dicen ustedes que hago” al “quién dicen que Soy”. Y porque Pedro lo vio orar, responde sin riesgos: Tú eres un Hijo. Un Hijo de cara al Padre. En Eterna Alabanza.

Sí. Dentro de Cristo hay un mundo. Un mundo litúrgico de vínculos. Un Logos en Dia-logos. Un pulso espiritual que es la sangre misma en que vive, se mueve y existe su eterna condición de Hijo. Previa incluso a su Sacerdocio.
¿Su Rito? Su rito es un ritmo: un ritmo cordial. Que se ejerce desde toda la eternidad y que a partir de la Encarnación, se traduce en Carne de Uno de Ellos. Veamos: a cada instante -“así en la tierra como en el Cielo”- una Voz, que es fecundidad y poder, Eros y Ágape, Trueno inefable, dice “Tú eres mi Hijo, Yo te engendro ahora” y el Hijo recibe -a cada instante- el Ser filial. El Ser Dios de Dios, Luz de Luz.
Y a ese diástole sin principio, responde con un sístole de gozo, de admiración, de entrega, de asombro. Y con ternura inefable, completa el pulso divino con su ritmado: ¡Abbá! Tú eres mi Padre! Y así, la Vida de Dios -llamada Trinidad- irriga su insondable interior.
Y el Rojo fluir del Amor de Uno a Otro es tan “Sí mismo”, que es Otro a ambos. Es Persona: es el Espíritu Santo, Quien sondea los abismos de esta Liturgia de vértigo sin nunca hallar el fondo en Ninguno. Saltando de un Abismo a otro Abismo, con estruendo inefable, cual Maestro de ceremonias, despliega en rúbricas de Gloria la eterna Fiesta del Amor increado.

He aquí -descripta con la torpeza propia del escuálido idioma humano- la Vida misma de Dios. La Vida interna de Dios, como Liturgia primordial.
Nuestro amado Mago alemán, con más ciencia y pluma, lo ha resumido así: “la Liturgia es participación en el Diálogo trinitario entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; sólo así no es un ‘hacer’ nuestro sino un Opus Dei, acción de Dios en nosotros y con nosotros.”

Es en ese “Narnia” donde hay que intentar caer. Pero ese Narnia sempiterno es -en principio- inaccesible a toda criatura… hasta que, en Cristo, el armario se desfondó.

Cuando los discípulos sorprendieron al Maestro encendido en oración y le pidieron ser parte, lo que en verdad ocurrió fue un milagro mucho más asombroso que la seca enseñanza del Padrenuestro. Lo que pasó fue que este Verbo Eterno decidió compartir su en principio intransferible condición de Hijo Único. Como diciendo: cuando oren, oren desde mi propia condición. O más: cuando oren, oren en Mí. Y así, entrar-caer en Cristo es ingresar en su Mundo de vínculos, de fuegos y pasiones, de vértigos inefables y proyectos divinos. ¡Esa es la oferta oracional del Maestro! De esa Liturgia son sacramento nuestras liturgias terrenas, en su admirable variedad de ritos. Allí el tiempo se suspende, y el espacio cósmico se discontinúa. Se interrumpe –se expropia- una coordenada mundana para incrustar allí Lo eterno y Lo infinito en una parcela ínfima: un lote a mitad de cuadra, una esquina de manzana… transformada en desmesurado Aleph sin principio, que todo lo contiene.
Ingresar a ese ámbito de plegaria divina, implica participar como dioses, como ciudadanos del Cielo, como miembros del Mundo interno de Dios, de su Sacrum Convivium.

Celebrar la Liturgia será así subirse a una corriente de Amor mutuo que ya está en ebullición cuando llego y sigue cuando tras el “ite Missa est”, dejo sin dejarlo.
La Liturgia cristiana no es el titubeo humano por hacer y decir algo digno de Dios. Es Acontecimiento -y Acontecimiento divino- que me invita a tomar parte. Mira: Yo pongo ante ti la Plegaria (la del Hijo Único): escógela y vivirás de ella. Pues ella vivirá en ti.

Es que Bulnes no es Bulnes. Ni San Nicolás es tal. Ni el Athos, ni Venezuela ni Narek. “¡Suyos son sólo los atrios!”, canta un antiquísimo tropario antioqueno. Tras ese umbral, el ámbito que se abre ante el genuflexo, ya no es de este Mundo. Expropiado, arrancado de sus entrañas, las iglesias son parcelas de Cielo; pero más aún, son los interiores de Dios incrustados en la coordenada cósmica.

Dios nos conceda a todos, antes de partir, escuchar del Río: “tú que puedes, vuélvete”. Y así “tener vértigo y llorar” ante la Divina Liturgia, ante un Kyrie, un Sanctus, un Pater o un Agnus Dei puestos en nuestros labios cual brasas ardientes, cual exceso y desmesura de un Dios pródigo, que en su extrema locura, nos ha donado la Oración de su Hijo.


El Athonita

domingo, 17 de agosto de 2008

Asunción Novus Ordo


Debo ser sincero. Cuando me conviene y cuando no. He perdido varios amigos por no saber callar algunas opiniones, y quizás pueda perder alguno más. Pero quiero testimoniar algo que me sorprendió positivamente.

El viernes, 15 de agosto, temía no poder cumplir con el precepto. Cuestiones de tiempo, de reuniones, de corridas, de atrasos. Llegado ya el ocaso del día, la única posibilidad que me quedaba era asistir a una misa Novus Ordo en la parroquia más cercana: San Nicolás de Bari, de Santa Fe y Uruguay.

Hacía años que no iba a una misa novus, con las excepciones de las grajeas kukús que ya relaté en este blog. Pues bien, quedé sorprendido. Por cierto que tuve que soportar canciones melosas acompañadas con órgano de tubos y ancianitas vestidas de casacas blancas, fácilmente confundibles con la esposa del portero del edificio cuando limpia el palier, que repartían la comunión, generalmente en la mano de los feligreses.

Pero el sacerdote que celebró, P. Eliseo, lo hizo dignamente. En su homilía demostró ser un hombre de fe: cree en la asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma a los cielos, cree en la resurrección de Nuestro Señor, cree en la juicio final y en la resurreción de los muertos, sin subterfugios ni explicaciones comunitaristas. Y esto es bastante, casi antológico. Seguro que no llega a obispo.

Habían dos sacerdotes confesando. Aproveché y me confesé de rodillas en un confesionario con uno de ellos quien, simplemente, me confesó, me dio una penitencia, me hizo rezar el pésame y me dio la absolución, y todo en menos de cinco minutos. No intentó hacer psicoanálisis, ni preguntarme por mi situación familiar, ni convencerme de que mis pecados no son pecados sino que debo buscar otros que seguramente cometo.

La iglesia estaba llena, con gente de pie en los costados. Vi a madres jóvenes con sus hijos pequeños enseñándoles a rezar; vi gente mayor y jóvenes devotos.

La misa, con homilía incluida, no duró más de 50 minutos. Hoy, para compensar, fui a Misa a la Fraternidad: Una hora cuarenta y cinco de penosa duración, casi como un pontifical bizantino en Atenas, pero sin su belleza y con un cura que, como es habitual, no dice más que sandeces.

No renuncio a mis críticas al Novus Ordo. Es más, suscribo todas las afirmaciones de Ludovicus en sus comentarios al último post. Pero tampoco soy un talibán.
gibelino@hotmail.com

miércoles, 13 de agosto de 2008

Las paradojas de Silvano


Silvano, un lector del blog, nos envía un elenco de paradojas acerca de los ordos romanos vigentes.

En realidad, no estoy muy de acuerdo con estas paradojas, porque creo que, algunas, no son tales y en otras, hay mala información. Pero como yo no lei el libro de Henri Hello, respeto la libertad de prensa.


Estimado Wanderer:
Mi comentario: sin tomar posición, quisiera volcar sobre la mesa algunas paradojas que se dan en el debate litúrgico en torno al doble Ordo romano. Y antes de verterlas aclaro que con ello no procuro relativizar, eufemizar o bastardar todo el asunto, sino despiojarlo de los “ismos” predeterminantes de los que tan, pero tan bien se desinfecta en este blog. También en materia litúrgica cabe desinstalarse de lo políticamente correcto (tanto del bando progre como tradi), del abusado argumento de autoridad y del maldito kombo… para discernir –en materia tan opinable como lo es un lenguaje (la liturgia es un lenguaje, entre varias otras cosas)- cuál sea mi parecer. (Nota: lenguaje no significa mera convención; digo lenguaje desde una semiología sana, donde significante y significado guardan un vínculo real, no necesario, pero sí conveniente u oportuno).Dicho esto, antes que suene el gong de W., vayan seis paradojas, entre la docena y media que oferta el status quo de la Quaestio, (algunas más tensas que otras):
1. Que los que insisten en que el cura es como todos, es uno más, y que en la Liturgia somos todos iguales, sean los defensores a ultranza de que el que preside la celebración no rece en el mismo sentido que los demás si no que sea el “otro”, el opuesto, el que está del otro lado, “enfrentado” al Pueblo. Y que, paradójicamente, a quienes subrayan con vehemencia que el sacerdote está actuando in Persona Christi les haga tanto ruido que éste (o mejor, Éste) de cara a su Pueblo les diga “tomad y comed”, y de cara a su Pueblo, como en el Gólgota, derrame su Sangre pro multis.
No sé cuál sea el mejor lenguaje para expresar el Misterio, pero sí tengo claro que unos y otros deberían pulir un poco su argumentación, que hace agua de ambos costados cuando está ideologizado y se descuida “la cosa”, la “res” en debate, entre manos.2. Que los que esgriman como argumento central “La” Tradición, lo que hicieron nuestros Padres, seguir por donde veníamos, olviden –o ignoren- cuántas de las “novedades” del “Novus” Ordo son extraídas de formularios que cuentan con algunas lunas, lustros y hasta siglos de mayor antigüedad que la reforma instalada por Pío V. La Plegaria eucarística II –novedad del post-Concilio- es casi entera de san Hipólito, la III, de san Basilio y siguen los ejemplos… (Me hace acordar a los que defienden a capa y espada los derechos de los mapuches, desplazados por los “huincas”… olvidando que ellos hicieron lo mismo con los nativos anteriores y esos a su vez con los previos…).
Y que, paradójicamente, los promotores del progresismo y la modernidad, desprecien la Liturgia Moderna de la contrarreforma y ejerzan –casi sin saberlo y sin quererlo- gestos litúrgicos de los tiempos más románicos y romanos.3. Que los fanáticos del mundo sin fronteras, ciudadanos del mundo, promotores del insólito esperanto, renieguen del latín, cuyo valor es ser la lengua común del Nuevo Israel, del Pueblo de Dios; y que los mismos, cuando se obsesionan por el latinoamericanismo, por la hermanada América, destituyan casi con asco los vosotros, los “isteis” y los “iereis” contra el uso vernáculo de todo el resto de los hispanoparlantes; y que, en curiosa paradoxa, los celosos de la Patria y de un argentinismo a ultranza, defiendan –cuando lo vernáculo fuera válido- el castellano foráneo y les resulte tan blasfemo el uso argentino de esta lengua. 4. Abrevio: que los cultores de la expresión corporal, del yoga, y la sensualidad participen de la Liturgia cuanto más sentados y quietos, mejor; mientras sus oponentes, a veces rayanos en lo maniqueo en materia moral, defienden los golpes al pecho del Confiteor y el Agnus, el hincarse, santiguarse y demás recursos a la expresividad corpórea.
5. Que algunos modernos promuevan los milenarios íconos (léase Taizè, hermanitas de Jesús, las paulinas ahora), mientras cierto tradicionalismo fomenta las voluptuosas Madonnas renacentistas…
6. Que en materia de cantos de Misa ambos caigan tan simétricamente en el mismo pozo de la gravidez pasional y humana y no remonten vuelo a lo sacro, a lo divino, a lo “áltero”. Sí: el “Cristo Jesús en Ti la Patria espera” tiene la misma aplastada bodoqueidad que el “Toma mi mano hermano”. Sólo el melisma gregoriano no se estrella en Punta Carrasco.
En fin, noto mucha modernidad en unos y otros; y para el caso, hallo tanto “mundo” en la estola amerindia colorinche como en la cauda y los ribetes.
Más acá de las paradojas, lo que se ve desde la imparcialidad –o su intento al menos- es un debate muy flojo en lo teológico y –en unos y otros- una chorrera de sofismas que podrían ser la panzada de una clase de Lógica. Como aquello de que las normas del Nuevo Misal son malas porque los curas –que son malos- infringen las normas del Nuevo Misal… ¿Cómo? Sí, como lo escucha. Y está en negro sobre blanco, con membretes, sellos y lacres… Tiene un aire a Lógica Kukú, o al posmoderno que arremete muy seguro: yo no estoy de acuerdo con la indisolubilidad del matrimonio: miren si no la de divorcios y cuernos que se dan entre los que se casan…


Silvano