
Mientras imprimía la homilía que el papa Benedicto XVI pronunció durante la misa de Epifanía, me llevé un susto: aparecía citada la Lumen Gentium!!! Se me venía abajo el Mago Blanco. Pero era una falsa alarma, o una de las avivadas del Tedesco.



Yo no entiendo mucho de liturgia. Entiendo más bien poco, adquirido casi a los ponchazos y por necesidad. Por lo tanto, tome mis consejos como de quien vienen, y no más que eso.
Qué hacer, me pregunta Ud., ahora que la vecindad bellavistense se quedará sin misa según el uso antiguo hasta febrero. Lo primero que debo decirlo es que eso queda en su conciencia, y no me parece que haya que establecer normas de conductas universales. En principio, creo que hay que asistir a misa igualmente, y Ud. verá cuáles son las opciones que se le ofrecen. Puede ir a una misa novus ordo que se celebre con cierta dignidad, o puede ir a alguna liturgia oriental, que en capital hay varias, y de ese modo cumpliría con el precepto y podría comulgar.
Si planteamos la pregunta de otro modo, podríamos cuestionarnos cuándo no hay que ir a misa. Como sabrá, son muchos, principalmente los lefes, que afirman que, en caso de no tener misa tradicional, no hay que ir a misa los domingos, porque el novus ordo es siempre peligroso, sacrílego, y algunas cosas más. No estoy de acuerdo. Ciertamente, en muchas veces ese es el caso; pero muchísimas otras veces no lo es. Creo que uno está liberado de asistir a misa cuando ese acto le hace, positivamente, algún daño. Sin embargo, no me parece que haya que tener la piel de tal modo sensibilizada que cualquier misa novus ordo le haga daño, a menos que posea una enfermedad de inmunodeficiencia litúrgica.
Pensándolo bien, creo que aquí radica uno de los problemas de algunos lefes y de muchos otros: no distinguen. Algo así como sucede en algunos tipos de enfermedades de inmunodeficiencia, cuando el sistema inmunitario responde excesivamente y rechaza no sólo a los antígenos verdaderos sino también a otras sustancias que no lo son.
Pongámoslo en otros términos. ¿La liturgia es importante? Sí, es importante. ¿Es muy importante? Sí, es muy importante. ¿Es lo más importante? No. Lo más importante es Dios.
Nuestro fin en la tierra, como decía el catecismo, es “conocer, amar y servir a Dios”. No es ir a la misa tradicional, aunque ir a la misa tradicional es un elemento muy importante para conocer, amar y servir a Dios. El peligro está en hacer consistir la fe en la liturgia tradicional. La fe no sería otra cosa, entonces, que el cumplimiento exterior de un rito, muy bello, santo y tradicional ciertamente, pero nada más que eso. Y eso tiene un nombre: fariseísmo. Recordemos que los fariseos eran los tradicionalistas de la época de Jesús, y es a quienes Él más ataca. La fe es otra cosa. La fe es vida, y no práctica ritual.
El problema está, me parece, en la cuestión del tradicionalismo, que es algo bastante peligroso, al menos en la versión afrancesada que profesan algunos de nuestros connacionales. La tradición, como pomposamente la llaman muchos, termina siendo una remedo del verdadero cristianismo. Estoy pensando el tema, y espero poder escribir un post al respecto dentro de poco.
Le propongo, para finalizar, dos argumentos muy sencillos para responder, al menos parcialmente, a su pregunta. El primero me lo dio un amigo cura, hace ya más de diez años, una tarde de verano en una casa solariega, bajo un gigantesco roble:
- Mirá, la liturgia es para dar culto a Dios. Si Él no se preocupa de tener una liturgia digna, no nos hagamos tanta mala sangre nosotros.
El segundo, mucho más piadoso que el anterior, nos lleva a poner los ojos en la eternidad, que cada día está más cerca de nosotros: allí tendremos la oportunidad de participar, para siempre, de una liturgia sin fin, celebrada por los ángeles. Es cuestión, solamente, de esperar un poquito.

La Kalenda, también llamado Pregón de Navidad, es un antiguo texto con el cual se anunciaba con pompa inusitada, en los coros de las catedrales y monasterios durante el oficio de Prima del 24 de Diciembre, la proximidad de la Natividad del Señor.
Die 25 Decembris. Octavo Kalendas Januarii.
Anno a creatione mundi, quando in principio Deus creavit caelum et terram, quinquies millesimo centesimo nonagesimo nono; a diluvio autem, anno bis millesimo nongentesimo quinquagesimo septimo; a nativitate Abrahae, anno bis millesimo quintodecimo; a Moyse et egressu populi Israel de Ægypto, anno millesimo quingentesimo decimo; ab unctione David in Regem, anno millesimo trigesimo secundo; Hebdomada sexagesima quinta, juxta Danielis prophetiam; Olympiade centesima nonagesima quarta; ab urbe Roma condita, anno septingentesimo quinquagesimo secundo; anno Imperii Octaviani Augusti quadragesimo secundo, toto Orbe in pace composito, sexta mundi aetate, Iesus Christus, aeternus Deus aeternique Patris Filius, mundum volens adventu suo piissimo consecrare, de Spiritu Sancto conceptus, novemque post conceptionem decursis mensibus (Hic vox elevatur, et omnes genua flectunt), "in Bethlehem Iudae nascitur ex Maria Virgine factus Homo". Nativitas Domini nostri Iesu Christi secundum carnem.


En estos tiempo de descalabro y de orfandad, viene bien leerlo. Y lo más consolador es que, quien lo escribió, es ahora Papa.