lunes, 13 de febrero de 2017

El liderazgo de Francisco

La semana pasada, el académico italiano Loris Zanatta publicó en Clarín una columna fuertemente crítica al Papa Francisco. Tras una primera lectura, pareciera que le cuestiona que no es suficientemente liberal. Sin embargo, detrás hay una crítica mucho más profunda y cáustica. Le dice en la cara que es un ignorante. Y lo prueba con los hechos. 
No es novedad. Lo venimos diciendo en este blog desde el inicio mismo de este catastrófico pontificado. Lo que llama la atención es lo siguiente: ¿cómo es posible que un hombre que documenta diariamente su ignorancia cuando abre la boca siga manteniendo el liderazgo que posee? La mediocridad de Bergoglio ya no es solamente señalada por algunos blogs “ultraconservadores”, sino también por intelectuales de peso como Zanatta. Ya no es solamente un chiquilín el que se ríe porque el rey está desnudo, sino que los notables del reino también lo admiten. Y, sin embargo, el rey sigue reinando de lo más campante.
La pregunta que me interesa discutir en este artículo es sobre quiénes ejerce su reinado el rey, o bien, quienes se recuestan sobre el liderazgo de Bergoglio. Dentro de la Iglesia, es el líder indiscutible del sector más progresista del episcopado, encabezado por el cardenal Marx. La mayor parte de los obispos son solamente adulones y no reconocen otro liderazgo más que el de aquel que ostenta el poder y cambiarán de fidelidades cuando cambie el Papa. Sin embargo, Francisco está perdido el liderazgo en un amplio sector de fieles que nunca se rebelará contra el papado pero que toma distancia de sus enseñanzas. Las desventuras de la enamoradiza Leticia no ha caído bien en aquellos fieles que, justamente, se han mantenido fieles a la doctrina de siempre por el sensus fidelium.
En el ámbito político internacional, Bergoglio lidera la izquierda. Y este liderazgo no se lo atribuyo yo, sino que se lo asignó hace algún tiempo el Washington Post. Y no hacen falta muchas luces para darse cuenta que es la referencia del progresismo: desde el de Hilary Clinton hasta el de los medios masivos de comunicación. En un mudo que está girando a la derecha, ellos lo han aupado como su líder. Y como tal lo presentan los vicarios de los poderes oscuros. Basta abrir cualquier diario para darse cuenta. 
Un caso particularmente sintomático ocurrió hace pocos días. El Super Bowl es la final del campeonato nacional de fútbol de Estados Unidos, un encuentro deportivo que es visto por cientos de millones de personas. Pues bien, para ese encuentro el Papa Francisco envió un mensaje que fue transmitido durante el partido. La pregunta que enseguida viene a la cabeza es cómo fue posible que el jefe espiritual de la Iglesia Católica haya conseguido tamaño privilegio en un evento mundano si los hay y en los que cada segundo vale millones de dólares. La respuesta es sencilla: porque cuenta con el apoyo de toda la progresía que no escatima en gastos a la hora usarlo como ariete contra Trump, y él aprovecha para consolidar su liderazgo. 
Por otro lado, no dejo de asombrarme que teniendo tamaña oportunidad y tamaña audiencia, el Vicario de Cristo no hay hecho la más mínima alusión no ya a Nuestro Señor, sino al mismo Dios. Sus palabras fueron las de un líder terreno: la paz, el encuentro y la solidaridad; lo mismo que podrían proclamar Ghandi, Rigoberta Menchú o John Lennon. No puedo dejar de recordar uno de los capítulos finales de El Señor del Mundo de Benson, cuando Felsenburg se dirige a la humanidad entera que está pendiente de sus palabras llevando un mensaje de paz...
Si alejamos un poco el zoom del panorama que estamos pintando, nos encontraremos con un cuadro interesante: pareciera que el papado ha retomado el liderazgo que tenía en épocas medievales, cuando todos los reyes y soberanos cristianos le estaban sometidos y su palabra era apreciada por todos los hombres. Claro que hay una diferencia: los soberanos que ahora se le someten no son ya cristianos y su palabra es recibida y aplaudida por un mundo que apostató de Cristo. En pocas palabras, el Papa Francisco es el líder del enemigo
Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro y líder de las Fuerzas Oscuras: ambigüedad si las hay. 

viernes, 10 de febrero de 2017

Los espíritus falsos

Espíritus falsos son aquellos que no tienen el sentimiento de lo verdadero, y sí sus definiciones; que miran en su cerebro, en lugar de mirar lo que tienen ante sus ojos; que, en sus deliberaciones, consultan las ideas que tienen de las cosas, y no las cosas mismas.” Joubert

Bienquisto don Gabino:
Cuando la neblina parece impenetrable, hay que pegarse al suelo para ver más lejos. No hay que renunciar a la cabeza, digamos, sino abajarla para no confundir figuras y acabar estrellados. Y eso es propio de los buenos espíritus, que por hacerse pequeños Dios le concede su sabiduría. 


Tengo en mi contra ser joven y no ser erudito; y a mi favor, sólo este pequeño y descosido libro que encontré en mi biblioteca y que ahora releo con gusto. Se trata de “La cabeza bien formada” de Charmot (lo conseguí hace un años a $10 en el desecho de un colegio “católico”). Tiene que ver con algo que conversábamos en la última tertulia: sobre cómo distinguir los falsos espíritus, sobre cómo prevenirse de no caer en sus redes, sobre cómo evadirse de sus abanderados, e via dicendo… 
Sería divertido rememorar ese encuentro y dejar que los amigos continúen masticando el asunto. Pero mejor parece proponer un punto de partida más alto. Y por eso se me ocurrió enviarle algunas líneas preclaras, que bien pueden servirnos de prevención, examen y reflexión. 
Siempre será conveniente no decir nada, cuando uno no tiene nada por decir. Así, pues, sin más dilaciones, transcribo aquí lo que me interesa compartirle: 
Sobre los espíritus geométricos:
. “Llamamos así a los que carecen de espíritu de sutileza en los problemas donde la verdadera solución no es hallada más que por el espíritu de sutileza (…) el espíritu geométrico, vigoroso en el razonamiento, se convierte en espíritu falso cuando emplea la lógica abstracta y deductiva donde ella no tiene lugar y donde la verdad, como el agua de las mallas de una red, escapa a las prisiones del raciocinio.”
. “La lógica abstracta y rigurosa de un Alcestes transforma todas las relaciones sociales en disputas, en duelos, en roces, en rupturas.”
. “El espíritu de sutileza es intuitivo; como discierne las relaciones que las cosas tienen entre sí, una nota, una palabra, un color, un gesto, le bastan para descubrir todo un mundo de correspondencias y de armónicos en lejana vibración”.
. “La estrechez de espíritu puede provenir de la mezquindad de carácter (…) La estrechez de espíritu resulta de una vista reducida del mundo.”

Sobre los espíritus denigrantes:
. “Los espíritus denigrantes son ciegos en parte; miopes, si se quiere. Dotados de una percepción aguda del mal, no perciben para nada el bien; y por eso mismo carecen de clarividencia, de discernimiento, es decir, de espíritu crítico en el buen sentido de la palabra.”
. “Un juicio es siempre una especie de confesión; por sus apreciaciones se manifiesta el valor de su inteligencia, de su gusto, de sus principios, de su sentimiento. Con frecuencia se traiciona la propia mediocridad a los oídos de los conocedores. La incomprensión de ciertas sutilezas de razonamiento o de profesión artística aparece ridícula ante quienes tienen el sentido de ella.”
. “Los espíritus justos comprenden la necesidad de estos miramientos saludables que manifiestan la bondad de la Providencia; y al mismo tiempo mantienen la absoluta firmeza de los principios. Los espíritus mal formados no comprenden esta actitud y no perdonan a las personas; la verdad es en sus manos una fuerza orgullosa que no se contiene y que aplasta a los débiles.”
Y el autor avanza en sus pensamientos, desenmascarando los espíritus en facetas, no realistas, apasionados, superficiales. Pero hasta aquí lo referente a la reunión pasada, y a una cierta propensión que puede hallarse en algunos blogs y otros comentadores de "tecla fácil". 
Al que le quede el saco, ¡que se lo ponga!
Con la amistad a cuestas, lo saluda
El poeta

jueves, 9 de febrero de 2017

Los obispos

All Souls College, Oxford.

En el primer Tracto escribí de los obispos que "siendo, como habían sido, un hecho luctuoso para el país, no podíamos desearles un final más gozoso de su carrera que la pérdida de todos sus bienes, y el martirio".

Cardenal John Henry Newman, Apologia pro vita sua, c. II.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Eso no se hace


Este ejemplo no debe ser imitado. Debemos ser hijos obedientes y piadosos de nuestros obispos.

lunes, 6 de febrero de 2017

Un profeta ante la "gran calamidad"

Transcribo a continuación la entrevista que el diario La Prensa realizó a Sebastián Randle, autor de la monumental biografía del P. Leonardo Castellani.

22.01.2017 | El biógrafo del padre Castellani explica el destino singular del olvidado sacerdote y escritor. Sebastián Randle sostiene que el autor de "El Evangelio de Jesucristo" era un tipo difícil al que le tocó denunciar la Gran Apostasía. Ni entonces ni ahora se le prestó la debida atención.
Por Jorge Martínez

Hace tiempo que no se habla del padre Leonardo Castellani. Un olvido injusto por donde se lo mire, que a la vez pasa por alto la profundidad de una de las grandes mentes del catolicismo de habla hispana en el siglo XX, y soslaya el talento literario de sus numerosos escritos repartidos en libros, artículos, conferencias y homilías.
Políglota, teólogo y exégeta, pero también periodista, crítico literario, poeta y novelista: Castellani (1899-1981) dejó una obra tan vasta -al menos 60 volúmenes- como rica por la agudeza de sus reflexiones y el encanto de su estilo, una marca inconfundible del autor. Ese estilo personalísimo que nunca perdía el humor ni la campechanía aunque hablara del Reino de los Cielos, el Fin de los Tiempos o la Parusía y que era como el destilado accesible al lector corriente de una honda sabiduría acumulada en decenios de estudio y oración.
Era ese uno de los muchos rasgos que lo acercaban a G.K. Chesterton, escritor al que admiraba y al que tanto se parece pese a las diferencias de temperamentos y peripecias vitales.
Castellani fue un personaje a todas luces extraordinario que hace algo más de un decenio encontró al biógrafo digno de su estatura. El doctor Sebastián Randle, hombre de la Justicia, aficionado a las letras y católico combativo, acometió la empresa en sus ratos libres como trabajo de amor y de reparación. El resultado fue Castellani, 1899-1949, biografía monumental publicada en 2003 por la editorial Vórtice, que recorre la mitad de la vida y la obra del sacerdote nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe. Y que lo hace con las adecuadas dosis de fe, cultura y buen humor para mejor retratar a semejante biografiado. En marzo próximo saldrá la continuación de esa obra insustituible.
Mientras aguarda esa nueva publicación, Randle accedió a responder por correo electrónico algunas consultas de este diario sobre el hombre al que dedicó toda una vida de lecturas y -al menos- dos decenios de investigación y escritura.
-A pesar del olvido ominoso en que cayó, el padre Castellani fue, como autor, muy leído e influyente, al menos dentro de ciertos sectores. ¿Cómo podemos medir hoy la influencia cultural, política y hasta teológica que tuvo en su tiempo?
-Yo creo que es una pregunta imposible de responder, a menos que distingamos y digamos con toda claridad qué cosa queremos decir con "influencia". Si de números de personas se trata, puede que el grupo de "influenciados" sea relativamente importante. Pero si la "influencia" refiere a la gente que realmente lo entendió, que le fueron fieles luego, que se hicieron (de una u otra manera) discípulos de él, me parece que son pocos, muy pocos. De entre mis amigos, los que realmente entendieron a Castellani, son poquísimos. Eso a él lo tenía sin cuidado y a mí, ¿qué quiere que le diga?, también.
-Hay en la obra de Castellani un estilo característico, rápidamente identificable, un encanto muy personal. Usted lo define como propio de un "gran comunicador". ¿Cómo cree que lograba esa comunicación tan eficaz?
-Su poder de comunicación no tiene ningún secreto: había hecho los deberes, sabía su castellano (y seis lenguas más), sabía hablar muy bien (óiganse sus sermones que están en Internet) y escribía como los dioses. Tenía un inmenso sentido del humor y era original en extremo. Así cualquiera.
-¿Cuál es a su juicio el mejor libro? ¿Y por dónde recomendaría empezar a leerlo a quienes no lo conocen?

-Su mejor libro, a mi juicio, es El Evangelio de Jesucristo. Yo empezaría por ahí. O quizás, por algunas de las antologías de sus escritos, como la realizada entre nosotros por el P. Biestro o en España por Juan Manuel de Prada.
-En varios pasajes habla usted de un lado sombrío, "maldito", de Castellani. ¿A qué se debían esas aflicciones íntimas en una persona que por otra parte parecía ser tan creativa y enérgica?
-Vea, si a usted le pasa la mitad de lo que le pasó a Castellani en los primeros cinco años de su existencia, vaya si no va a tener "aspectos sombríos" y "lados oscuros" en su personalidad. En eso es obvio que Freud estaba en lo cierto. Pero además, si nos llegara a pasar la mitad de las cosas que le pasaron a él... pues... Pero, en fin, para contestar enteramente a su pregunta, no puedo sino referir, una vez más, a mi libro.
-Recuerdo que en alguna reseña Castellani definió al escritor inglés Hilaire Belloc como un "profeta". ¿Lo fue también el propio Castellani?
-Alguna vez hablé sobre este asunto de Castellani y sus dotes de profeta. Recurriendo a una categoría kierkegordiana, Castellani se reconocía un "singular" y en esa medida su voz resonaba con aires proféticos, malgré lui. Y no que fuera un caprichoso, como se lo ha acusado tantas inicuas veces, ni que quería hacerse el enfant terrible, ni que estaba loco. Castellani, como cualquier profeta, no tenía vocación ninguna por el martirio: no era un suicida y sabía que decir lo que tenía que decir le costaría carísimo. Pero como Jonás, quiso huir, refugiarse en una vida académica, en una tranquila studiositas de biblioteca, pipa y ocio intelectual. Pero Dios no lo dejó.
El profeta confrontará las potestades seculares si falta hace, pero habitualmente no es ésa su principal incumbencia, sino el confronto con las autoridades religiosas por esconder verdades que Dios quiere luminosas, la denuncia por permitir que la doctrina se corrompa o la acusación por vivir en colusión con el mundo mientras se degradan las costumbres. Por eso el profeta -a imagen de Cristo-, a la larga o la corta, se encontrará de topada con la jerarquía religiosa. Y la historia siempre se repite. Es cuando el pueblo cae en la apostasía que Dios envía al profeta para "chillar", para corregir el rumbo. Sólo que a Castellani le tocó venir a denunciar la Gran Apostasía, posiblemente la última. Era un tipo difícil, creía inminente el fin de los tiempos y nos previno de la Gran Calamidad por venir, a nosotros, los fieles de los países del Plata, desde su ignominia, noche oscura y destierro. Y es parte no pequeña de la Gran Calamidad, que todavía, cincuenta, sesenta años después, aún no se le preste la debida atención.
-La Iglesia parece vivir hoy días de particular zozobra, que tal vez sólo puedan entenderse a la luz del Apocalipsis, libro que Castellani estudió y comentó toda su vida. ¿Se anima a conjeturar qué opinaría el padre a ese respecto? ¿O es que ya lo expresó en algunos de sus libros?
-En efecto, nos tocan vivir días tan oscuros que, por mi parte, no alcanzo a ver casi nada. Y no, ni siquiera Castellani anticipó un Papa como el que tenemos, aparte de contar con un Papa emérito. No señor. Yo me he pasado la vida leyendo a Castellani pero confieso que todo eso me sirve de poco cuando contemplo lo que está sucediendo en la Iglesia. Claro que los fenómenos antiguos que persisten, eso sí, Castellani ayuda a verlos, cosas como el fariseísmo por ejemplo, o la onda anti-parusíaca, se ven con toda claridad. Pero hay cosas nuevas como el plebeyismo y la nadeidad de Bergoglio que a uno lo dejan completamente perplejo. Porque a él, a Bergoglio, digo, ni para Anticristo le da, no señor, no le da el cuero. Y luego, él es el perfecto anti-Castellani ¿no? El jesuita que no estudió nada, que no sabe nada de nada, el progre-peronista diletante y falsificador, el amado del mundo, el irreverente y adulador del mundo al que le fue tan, pero tan bien, que llegó a Papa. ¿Qué le parece? Sí señor, es el anti-Castellani, perfecto. Y ¡sandiez! también es argentino.

sábado, 4 de febrero de 2017

Los ángeles

Altar mayor de St. Mary, la iglesia universitaria de Oxford de la que Newman era párroco.

Supongo que es a la escuela de Alejandría y a la Iglesia primitiva a quienes debo especialmente lo que yo sostenía firmemente acerca de los ángeles. Los consideraba no solamente como los ministros de los que se servía el Señor en la Alianza judía y cristiana, como se ve en la Escrituras, sino también como los agentes que llevan adelante el Mundo visible -cosa que también está implícita en las Escrituras-. Los veía como causas verdaderas del movimiento, de la luz, de la vida y de esos principios elementales del universo físico que cuando se despliegan ante nuestros sentidos nos sugieren las nociones de causa y efecto y lo que llamamos leyes naturales. He expuesto esta doctrina en mi sermón de la fiesta de San Miguel.


Cardenal John Henry Newman, Apologia pro vita sua, c. I.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Las fuentes de la cristiandad

Púlpito de St. Mary, la parroquia universitaria de Oxford desde el que predicaba Newman.

No sé cuándo comencé a considerar que la antigüedad era la verdadera fuente de las doctrinas de la cristiandad... Estas doctrinas se basaban en el principio místico o sacramental, y hablaban de varias dispensaciones o economías del Eterno. Entendí que estos pasajes querían decir que el mundo exterior, físico e histórico, era sólo manifestación para nuestros sentidos de realidades más grandes que él mismo. La naturaleza era una parábola; la Escritura, una alegoría; la literatura, filosofía y mitología paganas habían sido mera preparación para el Evangelio. Los poetas y sabios griegos habían sido, en cierto sentido, profetas, pues a estos sublimes bardos les fueron dados pensamientos más allá de su pensamiento.

Cardenal John Henry Newman, Apología pro vita sua, p. 49.