
Estimado Richard, el Otro (no el tory de B.V.)
Los dos comentarios que Ud. dejó en el blog merecen algunas reflexiones. Permítame compartirlas.
Comienza Ud. explicando en tono casi vergonzante que su pertenencia a alguna orga hardliner lo dejó medio “loquillo”, y por eso debe tomar pastillas todos los días. No se preocupe tanto por eso, y no se avergüence de nada. El diabético también toma pastillas, y el que tiene colesterol o presión. El hombre es un misterioso compuesto y la estabilidad emocional y afectiva tiene una base orgánica. Por tanto, si su organismo no produce suficiente serotonina, por ejemplo, ayúdelo con una pastilla, así como el diabético ayuda al suyo que no produce suficiente insulina.
Por otro lado, considere que su estado de “loquillo” no lo adquirió por hacer locuras. O, mejor dicho, lo adquirió por cometer una gran locura: entregarse por completo a nuestro Señor, aunque, sin culpa de su parte seguramente, equivocó el lugar. Amigo Richard, su ser “loquillo” es casi una condecoración de guerra, como lo es el brazo tieso del manco que se batió gallardamente por su rey.
También nos relata que vive solo y que considera la posibilidad de formar una familia como una tentación de la que debe alejarse. Pero Ud. mismo dice que ha sido llamado a la soledad. Viva su soledad, entonces, de ese modo. Como un llamado positivo y concreto del buen Dios que lo ama, y no como una discapacidad suya. Su realización existencial, es decir, el cumplimiento del plan divino en Ud., pasa, quizás, por una vida de soltería, y de ese modo será feliz, y de ese modo se salvará. Créame que la vida de soltero es tan difícil como la vida de casado o como la vida de fraile. En esta vida no hay estados de perfección. Esos quedan para la otra.
También nos dice que algunas noches se angustia, llora y lo asalta la tentación de la desesperación. ¡Alégrese, entonces, Richard! Dios no sólo lo ama, si no que lo ama de un modo privilegiado. Las tentaciones contra la fe y la esperanza, tentaciones que propiamente laceran el alma, Dios no las permite a cualquiera, sino sólo a aquellos que han transitado ya un buen trecho del camino espiritual y han alcanzado alturas que, lamentablemente, pocos alcanzan. No estoy diciendo que sea Ud. un santo. Eso sólo lo sabrá Dios, pero ciertamente Ud. es uno de aquellos que, en soledad, luchan contra el ángel como Jacob.
Recuerde lo de Castellani:
“Me he levantado del escritorio para ir a la cocina para hacerme la cenacha. Quise ir a oscuras, por no gastar electricidad (plan quinquenal), y me perdí. Andaba a tientas, con la mano extendida delante: así dice San Pablo que es la fe. ¡Qué tanta luz, qué tantos faros, qué tantas antorchas que han inventado los Bernárdez! Bernárdez cree que la fe es un faro. Me perdí, me metí en un cuarto vacío creyéndolo la cocina; y después estaba en la cocina y me parecía el comedor. Pero yo sabía que andando con la mano delante, primero no me degollaría con el alambre de la ropa a secar, y segundo, algún día encontraría la llave de la electricidad, o la caja de fósforos, tan siquiera. Así dicen los teólogos que es
Uno de los himnos más antiguos de la Iglesia dice:
“Despierta tu que duermes,
despierta de entre los muertos
y Cristo de iluminará.
Él, que es el sol de la inmortalidad,
que ha nacido antes de la aurora
y que nos ha comunicado su vida por sus rayos”.
Richard, ¡esta es nuestra fe! Nuestra fe es escatológica, y nuestra esperanza es la vida en Cristo, que ya hemos comenzado aquí, pero que consumaremos en la eternidad.
Dios nos ama, ¿qué más nos importa? Recuerde que somos “conciudadanos de los santos y domésticos de la casa de Dios”. Esa es nuestra realidad.
Richard, post nubilia, Phaebus. Siempre.




