lunes, 10 de diciembre de 2007

Otro cosmos


Siempre rechacé el dualismo. Como cristiano y como pensante, jamás me pareció aceptable separar la materia del espíritu, la res extensa de la res cogitans y, con el tiempo, lo que algunos consideran lo “malo” de lo “bueno”. Y en esto la teología católica occidental no me daba muchas respuestas. San Agustín, nos gusté o no, desprecia a la materia; Santo Tomás logra una síntesis interesante pero hay que reconstruirla a lo largo de toda su obra y desbrozarla de sus comentadores, tarea que, para mí, no es fácil.
La teología oriental ofrece una solución que me parece interesante. Veamos:
En una visión más o menos dualista, el único valor de la materia es la de ser una especie de envoltura que sirve ocasionalmente pero que, en un momento posterior, ya no servirá para nada. Sería esta la posición del platonismo agustiniano. En cambio, si prestamos atención a otro tipo de platonismo, el de los Padres griegos como los Capadocios, Dionisio y Máximo, las cosas cambian. Ellos introdujeron nuevamente en el platonismo el valor de la materia. Esto se ve claro, por ejemplo, en las luchas de Máximo contra los monofisitas y los monoteletas, en las que re-afirma el valor de la encarnación, del orden sacramental, de las realidades de la Iglesia y propone una recapitulación de la Creación hasta la materia. Y, mientras San Agustín, o al menos los agustinianos medievales, liquidaron a la materia para arribar a un mundo perfecto, los Padres griegos afirman que no hay mundo perfecto sin materia.
Si admitimos una creación emanadora de Dios, no necesaria sino libre, el derramarse de esa emanación divina es según los diversos grados de ser. Cada grado engloba al otro, llegando hasta la materia. Se produce luego un remontarse hacia Dios en el que cada nivel, en su ser, lo realiza sólo en cuanto es capaz de alcanzar su escalón superior: la materia tiende a la vida vegetal, la vida vegetal a la vida animal, la vida animal a la vida humana y la vida humana a la vida divina. Cada ser tiene densidad propia en la medida en que está abierto a lo alto, en un dinamismo de participación, regido por el principio dionisiano: Supremum infimi tangit infimum supremi. El punto más alto de elevación de un ser se abre al ser superior sin que puede entrar en él, al mismo tiempo que el nivel inferior de este otro ser encuentra a la realidad inferior.
Es una especie de engranaje en el que, finalmente, esta multiplicidad de niveles se coordina en la unidad, según la metafísica del Uno característica del neoplatonismo. Se produce así en cada nivel de ser una atracción recíproca que constituye el universo, no por una superposición de estadios, lo cual sería aristotélico, sino en tanto cada nivel tiende a alcanzar el otro y este otro alienta las propiedades del nivel inferior, conservando éste siempre la autonomía. A su vez, este nivel inferior tiende al superior en una atracción recíproca. En definitiva, se trata de una tensión entre el mundo inteligible del espíritu y el mundo sensible de los fenómenos.
En este concepción emanatista del universo, con tensiones entre cada uno de los niveles, se comprende mejor la presencia de Dios en la materia y que, tanto la materia como el hombre, están abiertos ontológicamente por el deseo natural de ver a Dios.
El espíritu se revela plenamente en el espejo material, que no es provisorio, sino eterno y definitivo. Existe de este modo una perfecta perichoresis del mundo espiritual y del mundo sensible. El mundo es uno: el mundo inteligible en su totalidad aparece fenomenológicamente en la totalidad del mundo sensible, expresado místicamente por imágenes simbólicas a los ojos de quienes saben ver. Cosmos único, como la sustancialidad del cuerpo y del alma constituyen a un hombre único, y sin que ninguno de los dos elementos suprima o rechace al otro.

Los guardianes de la ortodoxia y los abanderados del ucatomismo me dirán: eso huele mucho a Chenú, a von Balthasar, a nouvelle theologie. Y tienen razón. Pero me parece que también huele a cristianismo.
Reconozco que partiendo de estos principios puede arribarse a los disparates del progresismo contemporáneo, pero creo que vale la pena de correr el riesgo y animarse a pensar las cosas de otro modo que, en definitiva, no es ninguna novedad, sino la propuesta milenaria de los doctores de la Iglesia oriental.
“¿Para qué arriesgarse? El tomismo es mucho más seguro”. De acuerdo, pero el cristianismo, ¿es una religión de seguridades? ¿Es que el hombre religioso es quien vive en las dulzuras de las seguridades? Me temo que no.



21 comentarios:

Anónimo dijo...

DESORIENTADO (sin oriente ni occidente).
Cuando los medievales decìan que era oportuno distinguir y no dividir, no solamente aportaban una regla de lògica propedèutica, sino que enderezaban esa eterna tentaciòn de nuestra inteligencia de separar lo que debe unir y descomponer lo que tiene que componer.
Error que Castellani encuentra en la doctrina de Descartes como un pecado angèlico, nos convoca y molesta siempre esa tentaciòn de "simplificar" (que aparece ya en la paràbola del trigo y la cizaña).
Antes de corregir una imprecisiòn como sostener que San Agustìn "desprecia" la materia, Wanderer deberìa corregir su intenciòn (que, como sabe, es primera que la ejecuciòn y muy importante, por su relaciòn con la causa final).
La inteligencia tiene como objeto propio la verdad, que alcanza cuando une dos tèrminos mediante la composiciòn del verbo ser. Como cristianos y como pensantes, tenemos obligaciòn de buscar la verdad componiendo y no destruyendo. Se distingue para componer, se divide para destruir.
Todos los errores vienen de este primer dualismo (y por eso todos tiene en comùn ese gèrmen dialèctico). La teologìa catòlica occidental es una composiciòn unida con el esfuerzo de las inteligencias màs preclaras, como
Santo Tomàs y San Agustìn. Y esto es lo primero que identifica a un teòlogo tradicional: que sabe sortear el maniqueìsmo teològico por la participaciòn en el uso del verbo de los verbos, que es el verbo SER.
Querìa compartir con Wanderer esta idea, porque si el martillo no pega en la cabeza del clavo, el clavo se dobla... ya no sirve.
En punto a las cuestiones tècnicas, puede consultarse el capìtulo de Gilson sobre S.Agustìn en "Filosofìa de la Edad Media".
Lo de Santo Tomàs se podrìa ver en la cuestiòn 91 del Tratado del Hombre, pero en realidad està en todos lados. La asunciòn de la doctrina hilemòrfica es un puntal para entender a Santo Tomàs, y para el mismo Santo Tomàs es una clave para entender a Dios y a toda la creaciòn. Ojalà nos aproveche tambièn a nosotros.
Perdòn la desprolijidad, pero es todo lo que puede aportar mi insomnio.

Jasmìn.

Wanderer dijo...

Estimada (¿o?) Jasmín:
Ud. lo dice: es nuestra obligación como cristianos y como pensantes, pero pareciera que, para Ud., los "cristianos pensantes" son sólo los occidentales. Pareciera que, para Ud., los Padres Orientales no existieron.
Tiene razón en la paternidad de Agustín y Tomás para con la teología occidental pero, ¿es la única?
Pareciera, además, que la distinción del "teólogo tradicional" (¿qué es eso?) es el verbo ser, es decir, es la maestría en utilizar una palabra; es decir, es la maestría en la lógica; es decir..., casi le iba a decir que, un poquito más, y desembocaba Ud. en el neo-positivismo lógico. Que la teología debe tener lógica, no hay duda; pero la distinción del teólogo no es su maestría lógica, sino el Espíritu que lo ilumina.
¿Es que sin el hilemorfismo no se puede ser cristiano? ¿Es que el Organon aristótelico y la Opera Omnia de Santo Tomás son complementos necesarios al mensaje evangélico?
Estimada Jasmín: yo soy cristiano; no necesito una segunda redención.

El Gallo dijo...

Estimadísimo Wanderer: seré ucatomista nomás, pero no le endiendo del todo. Si no le entendí mal: usted describe una suerte de dinámica "trascendental", un movimiento ascensional (o al menos, una tendencia ascensional)de los seres hacia la unidad, por la cual van adquiriendo de alguna forma el mayor grado de participación que le es posible según sus limitaciones. Entiendo que se basa en que éso sería lo que percibe la inteligencia, y aún el conocimiento místico, al que menciona por allí. Creo que no hay dudas con respecto a que tanto nuestra inteligencia como la experiencia de los místicos muestran la participación
de lo creado en las perfecciones del creador; y el orden del todo, que lógicamente supone un encadenarse, una orientación, y si se me permite, una cadena de explicaciones insuficientes si se cierran en sí mismas pero suficientes si se abren a una realidad superior. Perfecto, estamos de acuerdo hasta allí. Pero me parece -disculpeme si me equivoco- que usted concibe una suerte de desarollo "fisiológico" de la propia potencia de los seres, una especie de crecimiento de sí y por sí, más que un un ser arrastrados por Dios. Y éso me parece que no coincide con ninguna percepción. Al contrario; todos captamos cuán perfectamente inerte es un lago, una planta o un animal en el plano metafísico, más allá de que también captamos (a veces) lo que Dios dice por ésa creatura. Desde ya, usted conoce bien los problemas del panteísmo y del evolucionismo como para sostener "simplíciter" una tesis así; así que supongo que algo se me pierde, y me gustaría que lo desarrolle un poco más. Tomar un concepto u otro es asunto de consecuencias serias. Y luego, cualquiera sea la posición que se adopte, es conveniente volver a plantearse el tema al considerar la elevación del hombre del plano de la razón al de la participación en la vida divina. En fin, otro tema ciertamente intersante. Cordialmente, El Gallo.

Anónimo dijo...

Estimado amigo Wanderer:

Todavía estaba pensando en los buenos y los malos, Lupus y Tollers cuando nos sale con esto, rompiendo con el tema y la discusión. Pretendía terciar entre los dos grandes comentaristas del blog, pero esta cuestión que propone dejará para otra vida el otro tema.

Seguramente estaré incluido, en su concepción, entre los "guardianes de la ortodoxia o abanderados del ucatomismo pero bueno, intentaré aportar.

Respecto del post me parece realmente muy bueno y para nada heterodoxo. El problema de los tufillos que ud. menciona no suele estar tanto en los planteos cuanto en las conclusiones. El problema es el de siempre, un pequeño desvío en los principios nos puede enviar directo para el lado de los tomates en las conclusiones.

Es por eso que creo que en este tema hay que tener cuidado cuando se habla de las "emanaciones divinas" o "de la presencia de Dios en las cosas" porque se puede caer en dos caras de la misma moneda: gnosis y panteismo.

Saliendo de esas cuestiones (en las cuales no lo encuentro), y sin tenerlo resuelto, "intuyo" (un saludo al mendocino) que hay mucho de belleza y de verdad en esa concepción. En particular, en la participación divina en la cadena, según la gradación de los seres, hacia arriba y hacia abajo de un modo constante.

Dado que, como dije, no tengo resuelta la cuestión, aportaré algunas cuestiones que me planteo sobre el asunto.

Con relación a San Agustín, hay que entender que cargaba a cuestas su origen maniqueo por lo que, cuando no contestaba expresamente a los maniqueos, contestaba sus propios planteos de este tipo (bastante más importantes que los de los maniqueos).

En Santo Tomás (o en el mismo Aristóteles) no creo que la cuestión esté cerrada ni mucho menos. No hay que confundir, dentro del hilemorfismo la materia pura con la materia individuada. En este sentido, y dentro de las grandes discusiones medievales, para Santo Tomás el principio de individuación es la materia signada por la cantidad.

Algunos textos que me hacen pensar sobre el asunto:

Ad primum ergo dicendum quod omnes creature Dei secundum aliquid in aeternum perseverant ad minus secundum materiam; quia creaturae nunquam in nihilum redigentur, etiam si sint corruptibiles. Sed quanto creaturae magis appropinquant ad Deum, qui est omnino immobilis, tanto magis sunt immobiles. (suma 1q.65,a.1)

Ad primum ergo dicendum quod omne imperfectum est quaedam participatio perfecti. Et ideo etiam ea quae deficiunt a ratione imaginis, inquantum tamen aliqualem Dei similitudinem habent, participant aliquid de ratione imaginis. Et ideo Dionysius dicit quod causata habent causarum "contingentes imagines", idest quantum contingit ea habere, et non simpliciter. (suma 1q.93 a.2)

Deus enim illis manifestavit. Invisibilia enim ipsius, a creatura mundi, per ea quae facta sunt, intellecta, conspiciuntur: sempiterna quoque eius virtus, et divinitas (Rom, 1,20)

in dispensatione plenitudinis temporum, instaurare omnia in Christo, quae in caelis, et quae in terra sunt, in ipso. (Efesios 1,10)

Perdón por las citas en latín, pero si no lo hacía terminamos discutiendo cuestiones de traducción.

Perdón también Wanderer por salirme de la orientalidad pero la verdad es que estos temas prefiero pasarlo por algún filtro de occidente. Esto es una cuestión absolutamente personal. Si bien me parecen bellísimos los escritos de los padres orientales considero que, al tratarse de verdaderas cosmovisiones diferentes, se requiere mucho conocimiento y erudición para utilizarlos como fuente en estos temas. Repito, sólo se debe a mi ignorancia respecto de esos autores. A partir del estudio de los gnósticos y sus secuelas comprendí lo terrible que podía resultar para un occidental inexperto manejar instrumentos de raíz oriental.

Un abrazo.
P.L.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:

Luminoso lo del antidualismo. El demonio, recuerda Duquesne, odia la materia. Y Cristo fue verdadero hombre, y los sacramentos se hacen con materia, e via dicendo.El maniqueismo es tenaz, y subyace, agazapado y baboso, en la supuesta ortodoxia del preconcilio. Hasta que estalla, por supuesto, en tanta “tocata y fuga”. Les pasó a los puritanos del norte de Europa.

Y basta de acoquinarse por la energía botonal de los inquisidores de cabotaje que desfogan su mal humor desde un ucatomismo de vuelo gallináceo. Y basta de pedir perdón por reconocer maravillas en la Nouvelle Theologie, con sus limitaciones y defectos. Defectos que también abundan el el neotomismo manualero y racionalistón. Ay de los que quieren “sentirse seguros” con sus espiritualidades de invernáculo. Van a clamar por el término “emanación” que entenderán del peor modo posible, le prevengo.

Si en el blog no estuviera Lupus, al que nunca le agradeceremos lo bastante que nos recuerde la primacía de la caridad (la cita de Ronnie es fabulosa), nos podríamos preocupar. Pero pone un marco verdaderamente “seguro”, hasta donde se puede en este mundo sublunar.
Ahora bien, tanto como para embromar un poco: ¿no terminaremos haciendo de los orientales una “segunda redención”? Allí tambien hubo cizaña. No habrán tenido al Kukudrilo tal como lo conocimos nosotros, pero tuvieron su Rasputín. ¿No somos un poco duros con Agustín y Tomás, como dirían los progres? Abusus non tollit usum. Ellos no tuvieron la culpa de ... (callo los nombres para que Lupus no me muerda).
Cordialmente
El anónimo normando

Wanderer dijo...

Tal como digo en el post, este aspecto característico de la teología oriental puede dar pie a muchos equívocos, entre los cuales, y el más actual, una especie de evolucionismo theilardiano. Podría pie, incluso, a errores claramente señalados en la última encíclica de Benedicto XVI. Pero es notable que este mismo documento, la Spe Salvi, cite varias veces a San Máximo el Confesor, y el Santo Padre lo califique de "gran doctor griego de la Iglesia" (n. 27).
No se trata, por otro lado, de atacar a San Agustín o a Santo Tomás. Entre los teólogos orientales y occidentales no puede existir contradicción. Se trata, simplemente, de no dogmatizar lo que no es dogmático y de contextualizar históricamente lo que es histórico, y no eterno. Como bien dice P.L. (que no es Patrología Latina), San Agustín escribe desde su historia personal, a la que jamás podrá ser ajeno. Yo creo que puede encontrarse en él un desprecio por lo materia. Basta estudiar un poco su doctrina el conocimiento, pero puedo estar equivocado. Pero los excesos, si los hay, se deben a sus comentadores.
Santo Tomás también escribe desde su historia personal y social, y la suya es una época marcada por la inimaginable (para nosotros) novedad que significó el ingreso de las obras de Aristóteles (que no forma parte de la Revelación, es importante recordarlo) en Occidente. Pero igualmente creo que logra una importante síntesis, aunque yo no la encuentro sistematizada.
La lectura de la Spe Salvi me ha dado esperanzas. No sólo porque nuevamente tenemos un Papa que habla claro (y que dan ganas de leer lo que escribe), sino también porque su visión de la Iglesia y de la teología es, propiamente, tradicional.

Anónimo dijo...

Siga tranquilo, Normando, que no muerdo tan fácil; siga y no se distraiga: esto está sumamente interesante.

Wanderer, siento la misma esperanza y casi le diría el mismo placer al leer a este Papa, y al esperar lo que va a decir a continuación. Tengo varios de sus viejos escritos y podría decirle que por momentos me cuesta creer que de aquel Ratzinger que compartía la birra con Rahner se hizo este Benedicto de la Spe Salvi. Sin embargo, y no lo digo con seguridad, porque releí pocos de sus viejos renglones al paso, me parece que también en aquél había un pensamiento tenso, inquieto, que aceptaba los riesgos de la búsqueda intelectual. Son riesgos y suponen peligros, qué duda hay, pero los manuales y los cuestionarios de memoria, útiles quizás en algún momento de la adolescencia (digo: sólo en algún momento) a la larga provocan daño seguro.

Lupus

El Gallo dijo...

Estimados: verdaderamente estoy algo irritado, espero me disculpen. ¿Es que los males de éste mundo se deben al tomismo y a la loca pretensión de rechazar así como viene a la nouvelle teologie? ¿Es que, excepto Lupus y algún otro, no somos más que un hato de celoamargos? Si es así, tienen razón "los otros", o la tendrán dentro de un tiempo, cuando dejemos de suspender el juicio, que parece ser nuestro deporte. Más aún; si es así, siempre han tenido razón. La creación es redención; todo esta redimido; todo alcanzará a Dios en su día como explica el evolucionismo panteísta que es madre de toda razón; quizás primero los cristianos, quizás no, en realidad, diga lo que diga quien lo diga, tanto da. A éso vamos, me parece, y vamos todos, de la mano de teológos brillantes, para que negarlo, y con latines, es cierto; y no tomistas sino hegelianos. Si es así, no perdamos tiempo, apaguemos la luz y vámonos; quizás los mejores de nosotros tengan chances de entrar al Opus Dei. Cordialmente, El Gallo

Anónimo dijo...

Para la tradición católica no es que la materia sea mala, sino que el espíritu es más excelso y por ello los bienes espirituales más importantes que los corporales, sin que por ello dejen de ser bienes, pero deben subordinarse a los superiores.

Anónimo dijo...

Dije lo último que dije y me quedé, no sé, preocupado; mejor arrepentido. Estuvo mal dicho y fueron palabras rápidas y huecas. Y ahora leo lo del Gallo, y pese a que discrepo con él en varios puntos, y pese a que me vuelve a sacudir un garrotazo, no puedo menos que coincidir con los motivos de su irritación, aunque no, otra vez, con su irritación.

Dije "manuales" y me quedé pensando, intranquilo. Defino como tales a esos compendios tan mínimos que sólo dan para pasar rápido y liviano una materia. La introducción de S. Ramírez a Tomás no lo es, y quiero seguir teniéndolo a mi alcance. Espero ser claro.

Por otro lado, me apasiona la búsqueda intelectual, siempre y cuando haya habido encuentros previos, ciertos, precisos y atesorados. No me da para buscar si suelto la mano de Tomás. O quizás me va a dar una búsqueda loca, como la de Teilhard. Y Teilhard termina en Sagan o Asimov, en el mejor de los casos.

No sé si soy claro, pero no quiero ser fatigoso ahora.

De todos modos, no creo que Wanderer ande queriendo catalogar tradiciones para desarrollar sus contrastes. La tradición es una sola y enorme. Él dirá.

Lupus

Wanderer dijo...

Así es don Lupus. Me extraña la ofuscación del Gallo (esto ya parece una granja) que le nubla el buen entender y lo lleva a absolutizar todo, al mejor estilo fundamentalista.
Una vez más, reconozco que la postura teológica planteada en el post puede dar lugar a equívocos, entre los cuales están los que Ud. menciona y los que menciona nuestro amigo el Gallo.
Pero, una vez más también, recuerdo que estos principios teológicos no son de la nouvelle theologie sino de los Padres y Doctores de la Iglesia, que no eran hegelianos, ni siquiera avant la lettre. Tampoco eran tomistas, claro, pero eran cristianos. ¿O es preciso ser tomista para ser católico?

Anónimo dijo...

Apreciado Wanderer, tenga en cuenta que es precisamente ese estilo de pregunta desafiante la que puede provocar irritación. Ud. tiene derecho, más que ninguno, pero el irritado también.

Podría además responderle que, si bien no hace falta ser tomista para ser católico, hace falta ser católico para ser tomista.

Y en algunas cabezas cabe (la mía, por ejemplo) que es guía firme para atreverse a otras aventuras intelectuales.

Lupus

El Gallo dijo...

Estimado Wanderer y estimados todos: he de decir tres cosas. Primera: una vez más: éste blog es más que conveniente: necesario en algún sentido. Es –creo- el único ámbito en que se discute bien y en serio. Dios se lo tendrá en cuenta a Wanderer, quien además de iniciador tiene el mérito de ser un gran “incentivador” de discusiones y verdaderamente hospitalario. Lo segundo que tengo para decir: tengo el más sincero reconocimiento a Lupus y a los demás comentaristas, que mucha razón tienen en muchas cosas. Lo tercero es que admito que los nuestros, nuestro bando, los bienpensantes; nuestro mundo cada vez más pequeño, nosotros, nuestro palo o como se lo pueda llamar, deja mucho que desear, dejamos mucho que desear. Así como dice Lupus. Y no me refiero al gusto por las mujeres y por el wisky, gustos inmoderados en algunos no digo que no. Ojalá nuestros defectos fueran únicamente ésos; pero no, nuestros defectos suelen ser peores y más serios. En muchos casos pecamos por acedia: ¿para qué estudiar si ya leímos a Verneaux y entonces “las sabemos todas”? ¿Para qué considerar seriamente, con amor por la verdad y en cuanto tengan de verdad otras opiniones, otras doctrinas o aún los datos de la realidad que nos molestan, si así estamos lo más tranquilos y encima? Y también pecamos por necedad, y por soberbia. ¿Cuántas veces oímos o decimos disparates del género de “y ahora, mientras tomo un café, en cinco minutos y con cinco frases demuestro que Kant era un idiota?”. Y además solemos simplificar todo de manera panfletaria. Y hasta caprichosa e infundada: una vez escuché decir a un profesor universitario –ucatomista, no lo niego- que Francisco Suárez era un ignorante. Parece mentira, pero lo escuché. Así pues, admito que corremos el riesgo de dar el mismo tratamiento intelectual injusto a Rahner, de Lubac, Congar, Ratzinger, Balthasar, Schillebeeckx y demás neoteólogos; brillantes todos ellos sin duda ¡Ojalá hubiéramos contado con ellos! Es indiscutible que tienen cosas originales e interesantísimas; como ocurre con Jansenio, o con Marx, o con Hegel. Ahora bien: con todo eso, con lo poco que solemos ser somos nosotros y lo mucho que suelen ser ellos, hoy por hoy lo que va mal en la Iglesia y en el mundo no se debe al ucatomismo sino a todo lo contrario. Venía mal la Iglesia con una versión pobre y hasta mezquina del tomismo; nadie lo niega; pero con la “nueva teología” los problemas se han agravado en vez de corregirse. Y me parece que ése es el punto; y creo que hoy el problema es aún mas serio que antes. Es cierto; estadísticamente hablando, se sufría un culto mecánico y una doctrina racionalista, en algún punto; ahora tenemos un culto caótico basado en una idea filantrópica; y eso bajo la conducción de los neos. En fin; eso por un lado, me parece. Por otra parte: también es cierto lo que dice Wanderer; no hay dos redenciones: es cierto y está bien dicho. Hay 10 mandamientos, no 11, como dice el Amigo Invisible. Entonces ¿hace falta ser tomista para ser cristiano? Dice bien Wánderer: la respuesta es que no, sin duda, no hace falta. Pero: ¿es conveniente ser tomista para ser cristiano? Y acá me parece que la respuesta es sí, sin duda; por lo pronto por los motivos que la Iglesia expone al indicar a Santo Tomás como doctor común. ¿Se puede entender al catolicismo –tal como llegó al siglo XX - sin el auxilio del tomismo? Creo que no hay ninguna posibilidad. Claro que si quitamos siglos de desarrollo doctrinal –que es, me parece, el proceso que está en curso- sí podemos prescindir también del tomismo. Lo cual genera un problema aún mayor, Dios quiera que me equivoque. En cualquier caso, los saludo muy cordialmente.

Anónimo dijo...

Amigos: bien se ha señalado en el blog que San Agustín y Santo Tomás escribieron desde su historia personal. Pues bien, nosotros también. Y mi historia personal empieza con el combate cerrado y angustioso contra el progresismo de los ’60, estúpido hasta lo increíble. Entonces todo lo del otro lado venía bien. Con el número 2 nace la pena, recordaba Marechal. Había dos bandos, y estábamos en uno. Se explica para quien vivió aquello, y sus secuelas, que siguen hasta hoy.
Pero andando el tiempo, no podemos dejar de ver –en nuestras historias personales- que el asunto era más complejo. Que del lado “nuestro” había cosas más que cuestionables. Aparecían los “briosos y sin letras” que se aupaban en cualquier agrupamiento, y los que más valían quedaban a un lado. Y uno empezaba a leer en Castellani, por ejemplo, cosas inquietantes. Y recordaba que al Concilio lo hicieron los que estaban antes del Concilio. Y el afán de “seguridad”, que fabricaba un ucatomismo aséptico e impoluto. Surgían dueños de la ortodoxia, inapelables.Y de brutales simplificaciones brotaba la confusión. No se vio históricamente la génesis del progresismo, cuyas raíces estaban en tantos precursores como –no se enoje, Gallo- como el jesuita Suárez. Tampoco se enoje, Gallo, pero no es lo mismo Ratzinger que de Lubac que Schillebexk o como se escriba. Como dice Castellani del tridentinismo, un remedio no es alimento permanente. Y los remedios antiprogresistas tuvieron muchos efectos colaterales -quisiéramos creer no deseados.
Entonces hoy, que una celadora ucatomista me prevenga contra Bouyer o Danielou mientras me enjareta un centón de silogismos, beaterías y devociones de talante moderno, me subleva. Si leemos en Gladius la recensión que hace Alfredo Sáenz de la obra de de Lubac sobre el joaquinismo, no encontramos sino admiración. Y no es un progresista, ni va a terminar como Isaac Asimov. Claro que leyendo cualquier libro –hasta la Escritura- podemos terminar en cualquier cosa. Pero eso vale también para las obras de los considerados “ortodoxos seguros”, lamento decirlo. “Safety first” es un invento de los burgueses yanquis. La vida es una aventura peligrosa. Cierto que quien ama el peligro perecerá en él. Pero está el peligro de la asfixia, que va embotando, entorpeciendo y atontando.
Dicho todo esto, el tomismo es una gran cosa, sin duda. Y claro que ayuda para ser católico, cómo no. Pero como todo lo que no es Dios, tiene sus límites. Me dijo alguna vez alguien que me recuerda a Tollers que cuanto más alta es una verdad está más indefensa. Todo lo que no es Dios se puede malusar. Y como decía Lewis “todo camino HACIA Jerusalén es un camino DESDE Jerusalén.”
Como dice el Gallo, sólo aquí podemos leer y decir estas cosas. Nos hace bien.
Cordialmente

El anónimo normando

Amigo Invisible dijo...

Estimado Wanderer:

Ud. lanza la pregunta contra Jasmín "¿Es que sin el hilemorfismo no se puede ser cristiano?".
Me permito recordar lo que dice el Concilio de Vienne
"Además, con aprobación del predicho sagrado Concilio, reprobamos como errónea y enemiga de la verdad de la fe católica toda doctrina o proposición que temerariamente afirme o ponga en duda que la sustancia del alma racional o intelectiva no es verdaderamente y por sí forma del cuerpo humano; definiendo, para que a todos sea conocida la verdad de la fe sincera y se cierre la entrada a todos los errores, no sea que se infiltren, que quienquiera en adelante pretendiere afirmar, defender o mantener pertinazmente que el alma racional o intelectiva no es por sí misma y esencialmente forma del cuerpo humano, ha de ser considerado como hereje."

Un saludo, con el afecto de siempre

Pensamiento libre dijo...

Aceptar cosas por fe o la imposición de un dogma, no es ser pensante. Hay al menos una contradicción en lo que decís.

Savonarola dijo...

Sí, y en la línea del Amigo Invisible, hay un moroso e inteligente desarrollo de por qué es necesario el hilemorfismo en "Muerte e Inmortalidad" de Pieper. Y no sólo circunscripto a Santo Tomás. Vale la pena releerlo, que es lo que, casualmente, he hecho esta semana con gran fruto.

Aunque confieso que el asunto está mejor tratado y con mucho mayor profundidad en "Lo que te espera después de la muerte" ese librazo de Frank-Duquesne.

Lástima que sea tan difícil de conseguir.

Sursum corda,

Savonarola

Anónimo dijo...

Apreciado Wanderer, voy a serle sincero. Valoro en gran medida lo que ocurre acá, en este blog de puertas tan abiertas que Ud. inauguró. Lo digo de un modo escueto pero absolutamente sincero; quizás más adelante haya ocasión de extenderme un poco más al respecto. Ahora bien, hay algo que no termino de aceptar y que me provoca una cierta intranquilidad. Me pone los pelos del lomo de punta, me mantiene inquieto, vigilante, cuando no dubitativo.

El anonimato. El de todos, el mío también, pero sobre todo el suyo.

Reconozco, sin lugar a dudas, la importancia de dicha elección. Pero necesito encontrar una salida para la electricidad que me corre por los nervios: los tengo como cables. Así que se me ocurrió algo, Wanderer... Vengo a proponerle lo siguiente: lo reto a duelo. Y en forma sencilla: a la antigua. No me diga "no" de entrada; sígame hasta el final y verá que mi propuesta no deja nada librado al azar.

Una de dos esquinas, Los Angelitos o Las Violetas. A la caída del sol ardiente, digamos las diecinueve. La fecha precisa la cursaremos por mail lacrado, para evadir el entusiasmo del resto de los participantes... Vosotros, conformaos con unos pocos detalles más.

De mi parte, un traje que me quedó de mi viejo, azul noche con rayas verticales blancas, gruesas; tiradores, corbatín, rojo clavel. Confío en que Ud., Wanderer, no me avergonzará; una capa estaría bien. Yo gritaré: “¡Caiga el sanedrín!”, y usted: “¡San Juan Clímaco, hip hip!”. Reconociéndonos por exclamación y atuendo, por fin nos veremos las caras: “Ah, eras vos...” Sorteada esta perplejidad, ud. mueve primero: desarrollará quizás una larga y cautivante exposición sobre las tradiciones antiguas, los ecos del desierto, los libros perdidos y el púrpura martirial devenido en purpurina amistosa. Después moveré yo, y como soy más bien un lobo de la estepa y el bosque helado, proferiré algunas consideraciones dostoievskianas sobre humillados, ofendidos y endemoniados. Ambos rozaremos la herejía. Incluso daremos de lleno en la heterodoxia de puro patoteros. Presentiremos coincidencias, pero preferiremos que no.

Impasibles pero tensos, pasaremos al segundo nivel del conflicto, confiando saco y capa en manos de la ignota concurrencia. Rodillas levemente flexionadas, espalda erguida, culo compacto y brazos alzados en ángulo recto (el derecho adelante, el izquierdo un poco atrás), los puños firmemente aferrados, los pulgares hacia el propio rostro: justiciero homenaje a Sullivan. Fintas y giros impecables, la mirada clavada en la mirada, lanzaremos golpes precisos mediante torsiones perfectas, como quien descorcha. Pero ninguno dará en el blanco, porque lo nuestro viene más por el lado del trámite intelectual: piñas al viento, a modo de argumentos de una controversia, que servirán a la vez como un gesto de conmiseración con la perrada, bien nutrida a esa altura. En un punto suficiente de sudor pondremos fin a la lid. Dirá “yo gané”, diré “gané yo”, cada cual en base a cálculos minuciosos de objetivos que probablemente hubiéramos alcanzado. Contaremos, por supuesto, con la colaboración de la tribuna, dividida en dos clamores bien diferenciados.

Empero, con toda seguridad surgirá un problema, dado que inevitablemente se asomarán miradas de extrañeza entre la turba. Por eso deberemos tener en cuenta la posible presencia de alguno de esos a los que se le da por pensar “estos dos nos metieron la mula”; esa clase de tipos que terminan originando graves disturbios. Así que, previsores, recuperaremos a toda velocidad capa y saco, nos daremos la mano y luego la espalda, partiendo uno en una dirección y el otro en otra, con la curiosidad satisfecha, la convicción enhiesta y el orgullo intacto.

Pero hete aquí el broche de oro de mi propuesta, Wanderer: dos o tres cuadras después usted se olvidará quién soy yo y yo me olvidaré quién es usted, en ejercicio de una ascésis amnésica sin precedente.

¿No le parece una solución redonda, apreciado amigo? Nada impedirá que nos volvamos a encontrar acá, en su casa, entre amigos, con nuestra invisibilidad renovada, para volver a debatir largamente temas tales como la eternidad del infierno, el uso indebido de zonas de arcángeles, el radicalismo como una ilusión óptica o la reconquista indígena del continente.

Siempre se comportó Ud. amablemente; no deje de hacerlo ahora. Ya fue explorador, docente, dicente, periodista amarillo, director de orquesta y árbitro de box. No debería costarle tanto salir fugazmente de su anonimato, con la garantía de que lo recuperará incluso fortalecido. Espero una respuesta afirmativa a mi desafío.

Y la espero pronto, ya que en pocos días más quedarán de lado las palabras, cuando en todo el mundo reine un silencio de pesebre.

Lupus

Amigo Invisible dijo...

Pensamiento Libre:

Wanderer pregunta si es necesario el hilemorfismo para ser católico, y yo cito un Concilio Ecuménico que explica que quien niegua la doctrina hilemórfica debe ser considerado como hereje.

No se ve la contradicción.

Wanderer dijo...

Estimado Lupus:
Le agradezco su reto. Sería fácil para mi solucionar algunos problemas logísticos. Por ejemplo, capa no tengo pero podría perdirle una prestada el hijo de Cachito Caselli.
Pero veo algunas dificultades. Por ejemplo, entreverado entre el público podría estar algún kukú, y Ud. sabe que estos bichos son feroces cuando se descubren sus falacias. Y así, sería yo muerto no por la maestría de su estoque, sino por el artero picotazo de la avutarda.
Hablando en serio, Ud. sabe que este blog existe por el anonimato. Acabado el anonimato, acabado el blog. Tengo certeza de haber compartido con una buena parte de los comentaristas alguna comida o algún vaso de whisky. Sin embargo, para salvar la amistad, muchas veces adoptamos una necesaria y, en este caso, saludable corrección política.
En el blog, en cambio, podemos abandonar tal campostura y decir lo que pensamos sin temor a destruir una amistad de años.
No es por cobardía, es por mantener lo que tenemos.

Anónimo dijo...

Apreciado amigo, sé que no es cobardía y que el objetivo lo exige, lo cual no quita que este baile de disfraces me haga revolverme inquieto en el asiento. Sin embargo, habrá oportunidad de hacer otras consideraciones al respecto. Mas como el blog también lo permite, insisto con divertirme (noto, de pasada, que lo de la capa le interesó).

Aprovecho para subsanar un error, que fue no destacar suficientemente la figura del gran Sullivan, luchador extenuante, dueño de unas calcetas fabulosas, último gran campeón de los puños desnudos y patrono de los silogismos terminales.

Lupus