sábado, 5 de septiembre de 2009

Ascesis y espiritualidad barroca

Tal como bien señala el Hombrecito del Sombrero Gris, las últimas discusiones del blog han estado muy divertidas, y dan para pensar. Creo que hay, al menos, dos temas conexos que deben aclararse. Uno, la naturaleza de la ascesis cristiana; y el otro, la profundidad de la presencia del Mal en el hombre y en el mundo. Y empiezo por el primero.

Insisto en el asombro que me causa el empecinamiento de muchos amigos en mantener la propia voluntad en un rol protagónico en el camino de salvación, en desmedro, a veces, de la centralidad de la gracia.

Coincidiendo con Ludovicus, adjudico esta actitud a la influencia barroca, o a la espiritualidad moderna contrareformista y, consecuentemente, al olvido de la espiritualidad cristiana tradicional, aquella emanada de las enseñanzas de los Padres y, a través de ellos, de la enseñanza apostólica.

Una de las características del barroquismo espiritual, nacido con la modernidad es la insistencia en la etapa ascética de la vida cristiana, otorgándole, incluso, una gran autonomía y desconexión con el resto del camino de perfección.

Se trata, sin duda, de una característica de la modernidad: la dispersión de lo que es uno. Y esto sucede en todos los ámbitos. En el religioso, lo vemos, por ejemplo, en la separación de teología, espiritualidad y liturgia y, en el tema que nos ocupa ahora, en la “autarquización” de la ascética con respecto a la iluminación y a la perfección, las otras dos etapas de la vida de perfección.

Para los Padres Orientales, las tres etapas del ascenso a Dios son la purificación (o vía purgativa), la iluminación (o vía contemplativa) y la perfección (o vía unitiva). Estas tres etapas aparecen también, como no podía ser de otro modo, en todos los tratados espirituales de la Contrareforma. Sin embargo, muchas veces se entendió a la primera etapa como de una purificación eminentemente moral, o moral en lo inmediato. No es así en la espiritualidad de los Padres. La purificación es del conocimiento. Es lo que dice el evangelio de Juan: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Un conocimiento purificado, y por conocimiento me refiero al conocimiento de Dios, me liberará de las ataduras, también las morales. Es decir, la purificación moral se producirá como consecuencia y fruto de la purificación del conocimiento.

Se trata, claro está, de un conocimiento amoroso y activo. No es una cuestión de “quietismo intelectualista”, sino de actividad intelectual, la única propiamente humana, que avanza en el conocimiento y en el amor de Dios que se le revela. Y es ese conocimiento amoroso el que obrará la purificación moral.

Este conocimiento se convierte para el alma en una realidad viva: no es sólo teoría, es una fuerza de vida, es una unión de amor transformadora. El conocimiento de Cristo no es sólo pensamiento, también es amor que abre los ojos, transforma al hombre y crea comunión con el Logos, que es verdad y vida. En esta comunión, que es conocimiento perfecto y es amor, el cristiano perfecto alcanza la contemplación, la unificación con Dios.

La espiritualidad barroca provocó una deformación de esta realidad, construyendo una purificación, o ascesis, dolorista y acósmica, que muchas veces termina en una falsa interioridad y en un replegarse sobre sí mismo. La ascesis bien entendida, en cambio, no implica condenación sino, más bien, preferencia. Ella debe ocupar su justo lugar de dependencia de los valores primeros y del valor absoluto, es decir, Dios contemplado, reconocido y servido en una total donación de sí mismo. Toda ascesis tiene esta finalidad.

La vida cristiana consiste en seguir a Cristo, seguirlo a todos los lugares donde Él va, y seguirlo también en la gloria de la Resurrección, y seguirlo por el camino necesario, que es la Cruz. Pero, atención, la cruz es sólo un camino. El fin es la plenitud de la vida eterna. No estamos destinados a la cruz y la cruz no debe ser nuestro objetivo. Nuestro destino es la resurrección.


(Por cierto, el Wanderer ahora es no sólo molinista y feneloniano, sino también gnóstico. Cuidado. Podemos ser varios los herejes. El párrafo en azul es de Benedicto XVI)

31 comentarios:

Anónimo dijo...

Entiendo el punto. Lo considero peligroso y correcto a la vez.

Correcto, porque efectivamente la espiritualidad cambió con el C. de Trento, más por su praxis que por los textos (que son doctrinales y de fe en gran parte) mismos de aquel concilio. Hay una evidente sutileza en la ascesis y espiritualidad que propone Wanderer en su retorno a los Padres que no debe ser desechada ni olvidada.

Peligroso, porque en estas épocas terribles de post-Concilio Vaticano II, no estamos para sutilezas. No dijeron muchos que el CVII era una vuelta a la Tradición anterior a Trento?
No estuvo en la buena intención de Lutero (según Castellani) el volver a estas sutilezas?
Wanderer no lo hace, pero es muy fácil irse de mambo en la búsqueda de esta espiritualidad que muchas veces terminó mal.
Por otro lado, la espiritualidad barroca ha llevada gran cantidad de santos a los altares y salvado millones de almas combatiendo con éxito al reformado.
No fue sutil pero fue necesaria.

No fue el arte de Wagner, pero fue lo suficientemente delimitada en unas pocas premisas que le daban certeza a qué creer y cómo actuar. Fue el rock de The Beatles. No es Wagner, pero no se lo puede mal entender. Es cuadrado y al alcance de la mano, pero a la vez no condena almas.

Esto es lo que hoy se necesita.
Es imposible regenerar la fe, entre tantas confusiones, sin una teología concreta que casi que se palpa, que se entiende fácilmente.

Si un sacerdote de los de hoy me sale con los argumentos de Wanderer, lo más probable es que sea un vaticano segundista feroz y no exactamente pretenda lo que Wanderer.

La herejía protestante es muy parecida, en varios puntos, a la modernista (y cada vez, con el avance de la segunda, se parecen más).
Por eso hoy me quedo con Trento y el Vaticano I.
La espiritualidad y la ascesis no son un Fin, sino un medio y el C. de Trento, mal que mal, logró ese Fin. Es indudable que si no hubiese sido por la Contrarreforma hoy si no todos, casi todos seríamos protestantes. Si no volvemos a Treanto, casi todos terminaremos en la herejía modernista.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Yo personalmente no estoy en contra del Concilio de Trento. Estoy en contra del "espíritu del Concilio" y en favor de una hermenéutica de la continuidad. ¿Familiar, no?

Anónimo dijo...

Hay que ser precisos.

El camino a la resurrección pasa por la flagelación, la corona de espinas, el calvario y la muerte en la Cruz. El padecimiento es mucho y profundo.

No hay resurrección cristiana sin ese camino. El problema es pensar que lo segundo -ese sufrimiento- lo es todo en la vida cristiana.

Debemos al Concilio Vaticano II, en parte, haber alumbrado este punto contra cierta deformación post-tridentina. Porque Trento también es luminoso en el punto: La redención opera por el acto de obediencia de Cristo al Padre, subsanando la desobediencia de Adán. La Pasión de Cristo es solamente el precio de esa redención, pero no el modo de operar la redención misma.

Por eso la obediencia no es "cualquier" virtud en la vida católica.

Saludos,

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Y también entiendo el punto del anónimo de las 8:18, pero me temo que el principio es falso ""volvamos a la espiritualidad preconciliar"), porque considera autónomo del progresismo al "espíritu preconciliar", id est, al barroco voluntarista. Como si la espiritualidad new age no fuera reacción y a la vez efecto de la espiritualidad no contemplativa, como si la liturgia fosilizada no generara liturgia quilombera, como si el antropocentrismo soteriologico no condujera, a la postre, al humanismo de quienes "también nosotros tenemos el culto del hombre", como dijo el Papa que clausuró el Concilio.
Lean el Breve Dominus ac Redemptor, las tres objeciones contra los jesuitas son: activismo y politiquería - liturgia sincrética - heteropraxis. Era el año del Señor 1774, creo.
Aquellos polvos trajeron estos lodos. O mejor, al revés.

No se cura el efecto volviendo a la causa, no se cura la pulmonía volviendo a la neumonía.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Y bien pensado, ni siquiera es efectivo. El paradigma barroco era consistente sólo en la foto. Tenía en sí las semillas de su destrucción. Además, todo intento de galvanización de algo que ya ha periclitado, para peor marcado por la temporalidad en que nació, es artificial y tendrá efectos perversos.
No funciona, porque el paradigma barroco llevaba aspectos residuales del paradigma anterior, que actuaban como elementos compensantorios de los desvíos más sangrantes. Implantarlo ahora, en el contexto de la postmodernidad, sería una carnicería. ¿Qué digo "sería"?

La Legión de Maciel, voluntarista, obediencista, integrista y ascética es la mejor parábola -y a la vez caricatura- del intento de volver a revivir al jesuitismo "clásico", es decir, barroco.

El sueño de la voluntad engendra monstruos.

Anónimo dijo...

Malachi Martin dijo:

Gracias, Wanderer, y gracias Ludovicus por sus siempre justas y clarísimas apreciaciones... Es mucho lo que se aprende en este blog, hecho con alta sabiduría y sazonado con toques de picardía.

Ál anónimo de 8:18
Ud. dice: "Por otro lado, la espiritualidad barroca ha llevado gran cantidad de santos a los altares y salvado millones de almas combatiendo con éxito al reformado.No fue sutil pero fue necesaria.No fue el arte de Wagner, pero fue lo suficientemente delimitada en unas pocas premisas que le daban certeza a qué creer y cómo actuar." "Es cuadrado y al alcance de la mano, pero a la vez no condena almas.
Esto es lo que hoy se necesita."

Pregunto inocentemente, ¿esto es lo que hoy se necesita? ¿Es lícito simplificar las cosas salvajemente, aunque lastimen, sólo porque un planteo verdadero, total, "puede" ser peligroso?

¿Y a Dios, dónde lo ponemos? Otra vez, es la planificación humana la que "hace" la espiritualidad. Una obra de ingeniería humana...

Esto me hace acordar a un dibujo animado de mi infancia, "Los hermanos Macana": esos brutos no sabían andar sin golpes y sin golpear a otros.

Yo, personalmente, huyo de esta "espiritualidad" macaneadora.

Cordiales saludos.
-M. Martin -

Anónimo dijo...

Ni el C. de Trento ni su "espíritu" inentaron lo que aquí llaman "voluntarismo".

Siempre el hombre católico temió por su salvación pues siempre supo que solo con la gracia no alcanzaba, sino que además debía actuar conforme a los mandamientos y preceptos. El mismo Evangelio lo obligó desde un principio.

Esto es así desde los primeros cristianos. No sé porqué le echan la culpa a aquel concilio o a su puesta en práctica.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 21:56: ¿Sólo con la gracia no alcanza?
¿Quién le enseño su teología? ¿Pelagio?
Por lo visto, no fue San Pablo que nos asegura: "Te basta la gracia".

Anónimo dijo...

Pero todos aquellos y aquellas que no viven en penitencia, y no reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y se dedican a vicios y pecados, y que andan tras la mala concupiscencia y los malos deseos de su carne, y no guardan lo que prometieron al Señor, y sirven corporalmente al mundo con los deseos carnales y las preocupaciones del siglo y los cuidados de esta vida: Apresados por el diablo, cuyos hijos son y cuyas obras hacen (cf. Jn 8,41), están ciegos, porque no ven la verdadera luz, nuestro Señor Jesucristo. No tienen la sabiduría espiritual, porque no tienen al Hijo de Dios, que es la verdadera sabiduría del Padre; de ellos se dice: Su sabiduría ha sido devorada (Sal 106,27), y: Malditos los que se apartan de tus mandatos (Sal 118,21). Ven y conocen, saben y hacen el mal, y ellos mismos, a sabiendas, pierden sus almas. Ved, ciegos, engañados por vuestros enemigos, por la carne, el mundo y el diablo, que al cuerpo le es dulce hacer el pecado y le es amargo hacerlo servir a Dios; porque todos los vicios y pecados salen y proceden del corazón de los hombres, como dice el Señor en el Evangelio (cf. Mc 7,21). Y nada tenéis en este siglo ni en el futuro. Y pensáis poseer por largo tiempo las vanidades de este siglo, pero estáis engañados, porque vendrá el día y la hora en los que no pensáis, no sabéis e ignoráis; enferma el cuerpo, se aproxima la muerte y así se muere de muerte amarga. Y dondequiera, cuando quiera, como quiera que muere el hombre en pecado mortal sin penitencia ni satisfacción, si puede satisfacer y no satisface, el diablo arrebata su alma de su cuerpo con tanta angustia y tribulación, que nadie puede saberlo sino el que las sufre. Y todos los talentos y poder y ciencia y sabiduría (2 Par 1,12) que pensaban tener, se les quitará (cf. Lc 8,18; Mc 4,25). Y lo dejan a parientes y amigos; y ellos toman y dividen su hacienda, y luego dicen: Maldita sea su alma, porque pudo darnos más y adquirir más de lo que adquirió. Los gusanos comen el cuerpo, y así aquéllos perdieron el cuerpo y el alma en este breve siglo, e irán al infierno, donde serán atormentados sin fin.
A todos aquellos a quienes lleguen estas letras, les rogamos, en la caridad que es Dios (cf. 1 Jn 4,16), que reciban benignamente, con amor divino, las susodichas odoríferas palabras de nuestro Señor Jesucristo. Y los que no saben leer, hagan que se las lean muchas veces; y reténganlas consigo junto con obras santas hasta el fin, porque son espíritu y vida (Jn 6,64). Y los que no hagan esto, tendrán que dar cuenta en el día del juicio (cf. Mt 12,36), ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo (cf. Rom 14,10).

San Francisco de Asís

San Francisco es pre Trento...

Richard

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Richard, bien corto, es "et et", no "aut aut".
Y primacía formal de la gracia, siempre.
The rest is silence.

Pablo dijo...

Muy bueno el post de Wanderer y muy interesantes los comentarios. Algunos, particularmente reveladores de la continuidad de modos de ver y de actuar.

Respecto del deplorable caso que menciona Ludovicus, parece que hay una buena noticia:

http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=4193

Cordiales saludos.

Pablo dijo...

Me parece que la seguridad es un valor subordinado a la verdad. El lema: “la seguridad ante todo”, además de anti-vital, puede generar peligros imprevistos y más graves. El empeño sobre-protector, con todo su instrumental (sanciones de severidad creciente, normas cada vez más particulares, reglamentación, al detalle, de cualquier posible acontecimiento, etc.), crea una apariencia de seguridad en superiores, formadores, directores espirituales... El resultado, sin embargo, puede ser: súbditos inmaduros, discípulos ignorantes, dirigidos autómatas; afectividades congeladas; equilibrios psíquicos alterados…

Junto con la sobre-valoración de la seguridad en el gobierno, el paquete barroco-voluntarista trae una la mala comprensión de la teoría y práctica de la virtud de la obediencia, de consecuencias muy dañosas.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Al anónimo de 8.18 quisiera comentarle alguna cosita, y el bueno de Ludovicus se me adelantó en lo esencial. Pero de todos modos digamos: entiendo que aquel entienda el punto, y entiendo sus temores. Le señalo simplemente dos cosas:1) No creo que a Trento y compañía "no se lo puede mal entender". De hecho se lo malentendió. Todo se puede malentender. 2) De aquellos polvos vienen estos lodos, decía Castellani. El progresismo que tanto lo asusta se genera en el voluntarismo crispado del Trento malentendido, digamos, o entendido en una hermenéutica de la ruptura con lo anterior. Bien dice Ludovicus que Trento, como todo en la historia de la Iglesia, requiere una hermenéutica de la continuidad. Que en muchos casos faltó.

El anónimo normando

Anónimo dijo...

Richard, parece que San Francisco, más que seráfico, fue barroco.
Digo ... según Ludovicus y Wanderer.
Pero cómo podrá ser, si el C. de Trento aun no existía en épocas del barroco-ex.seráfico de Asís?
The Serafic.

Juancho dijo...

A ver si entiendo...

Siguiendo esta línea de argumentación, de "crítica" a la espiritualidad, liturgia, pastoral y demás post-tridentinas, podemos concluir que era necesario un Concilio Vaticano II, pero no para oficializar el modernismo (lo que buscó el famoso "espíritu del concilio") sino para "ir a las fuentes" de la Escritura y los Padres.

Es decir que lo que Dios quiso de la Iglesia con el CV II aún no se entendió ni se aplicó, y que recién ahora con las aguas del progresismo más frenadas podría vislumbrarse.

¿Ven algunos movimientos en las "bases" -clero, congregaciones, fundaciones nuevas...- en ese sentido? Evidentemente el Mago Blanco (como dicen Uds y me gusta) estaría en esa línea.

Juancho (preguntón).

Juancho dijo...

Un excursus personal: la lectura de Wanderland me hace pensar en el "mirar lo que se dice, y no quien lo dice".

Porque si un progresista dice algunas de las cosas que dicen el Wanderer y Ludovicus, yo les saltaría al cuello con las merecidas diatribas (mentalmente, at least).

Ahora que uno las escucha de dos tradicionales (o similar) uno las toma en serio como para meditarlas al menos. Cuando no aprobarlas de una.

Cosas nomás de la debilidad intelectual. O de los prejuicios.

En todo error hay algo de verdad.

Juancho.

Anónimo dijo...

Tengo que leer a San Francisco. Gracias por la cita Richard!
Wanderer, se anima a un post sobre ese gran santo?

Tito

Anónimo dijo...

Hermeneutica, paradigmas ..., demasiado relativismo para mi gusto; si hablamos de Trento como un nuevo paradigma, resulta imposible la continuidad, ya que el paradigama es una ruptura tal con lo anterior que nos impide conocerlo acabadamente; los paradigmas son inconmensurables y así desde Trento no podría comprender pre-Trento, y a su vez, quien nación inmerso en el CVII no podría tampoco inteligir el tridentinismo. Pero en buena lógica, el concepto es inteligeble para todo ser racional, por lo tanto todo ser humano puede comprender los conceptos de la teología pretridentina, tridentina o postridentina; lo contrario es instaurar una suerte de relativismo kuhniano en la teología.
La espiritualidad barroca, que tanta polémica genera, no es sino una de las tantas manifestaciones de la irresoluta cuestión fe-obras, gracia-libertad que permanece aun abierta (empate de bañezianos y molinistas), y que para mí debe mantenerse como un misterio insondable, inexplicable. Aspecto mysterico que confrontado suerte de tendencia como innata hacia el pelagianismo (a fuer de ser sinceros, quien luego de leer el Tratado De Gracia no se reconoció un poco pelagiano hasta ese momento, y pregunten además al común de los fieles sobre la materia y lo comprobarán), pone en evidencia su dificultadad extrema no solo en sus aspectos teóricos sino también prácticos ("solucionados" a fuer de máximas como "a Dios rogando y con el mazo dando") que aflora una y otra vez en la teología, aunque con diferentes ropajes y terminología. Tribunus Plebis.

Anónimo dijo...

Sería interesante ver que le critica a San Francisco.

The Seafarer.

Wanderer dijo...

¿Son o se hacen?
¿Qué problema hay con la cita de San Francisco? ¿Es qué alguien habló en contra de la penitencia? Creo que, más bien, afirmé lo contrario.
Tribunus Plebis: ¿Quién habló de paradigma? Ese concepto lo introduce Ud.

Anónimo dijo...

No sé si somos o nos hacemos, lo que sí es seguro es que San Francisco pidió todo lo que Richard transcribió "para poder salvarse", lo que es diametralmente diferente a decir "ya estamos salvados".
The Serafic.

Anónimo dijo...

Y bueno Wandy, si estamos salvados, para qué insiste tanto San Francisco en todas esas cosas?

Tito

Anónimo dijo...

Muy buen comentario de Tribunus Plebis. Lo felicito.

Coronel Kurtz dijo...

No sé dónde está el escándalo. Creo que, bien leído, Wanderer dice lo mismo que decía Réginald Garrigou-Lagrange en Les trois ages.... Incluso Santa Teresa la Grande y San Juan de la Cruz, se pueden "salvar" de la acusación de barroquismo si son leídos a la luz de la espiritualidad tradicional como hizo el gran dominico.

Anónimo dijo...

Estimados:
No fue mi intención refutar a Wanderer, sino complementar. Como bien dice Ludovicus, es "et et".
Solo quería agregar lo de San Francisco para mostrar la continuidad histórica de la necesidad de poner algo de nuestra parte. Somos salvados, pero podemos echarlo a perder. Y la realidad es que es fácil hacerlo. Dios es Misericordioso, pero en estas cosas no vale la chantada de dejar todo para el final "igual Diosito es bueno y me va a perdonar". Tenemos que pasar esta vida tratando de orientarnos a Dios. Si estamos en cualquiera, cualquiera será nuestro dios.

Richard

Anónimo dijo...

Wanderer, Ludovicus habla de "paradigma".Pregunto: se habla mucho de lo anterior al barroco, alguién podría caracterizármelo, no desde el anti-barroco (pues me parece que se construye una suerte de edad de oro por oposición al barroco) sino desde sí mismo ?. Gracias. Tribunus Plebis.

Anónimo dijo...

Me gustó el apodo que acuñó Tito, Wandy, jajaja


The Seafarer

Capitán Lope de Aguirre dijo...

Pablo ,Pablo por que lo persigues?Ahora que decís tener un lugar asegurado en el purgatorio estás salvado? Uyyy cierto que este blog es sólo para elegidos como vos.Hasta ahí funcionas como un protestante.

Pablo dijo...

Sí, claro, mi posición es recontraprotestante, y muy coherente con la tesis 19…

El OCD es tratable.

Anónimo dijo...

Hablando desde mi inorancia: ¿podría aclarar que se entiende por una ascesis acósmica? Y en qué sentido la ascesis (mal entendida) implicaría condenación? ¿condenación de qué? Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Pues parece que hay una respuesta de un tal "sacerdote fiel", que descubre la "herejía sobrenatural":

http://elblogdecabildo.blogspot.com/2009/09/errores-modernos.html