sábado, 5 de diciembre de 2009

Piedra Libre


Página 12 los descubrió. A los católicos fascistas y homófobos argentinos, representados por un grupillo de abogados pertenecientes al elenco estable de cuanta causa reaccionaria haya estallado el país en los últimos treinta años.

En fin, una de las periódicas diatribas del Pasquinete 12, esta vez con información de baja, o bajísima, calidad. En efecto, cualquiera puede conocer los “asombrosos” datos que descubre con sólo tipear los nombres propios que allí aparecen en el Google. No me explico por qué, si todo responde a un pequeñísimo número de trasnochados, le dedican al tema la nota de tapa y cuatro subnotas. Aunque, pensándolo bien, es fácil de explicar. Saben exactamente dónde poner el objeto de su odio.

Pero me voy a dedicar a una de las subnotas, firmada por Sergio Kiernan, quien es el titular en Argentina de la Jewish Telegraphic Agency, titulada Redes y cajas chinas. El autor demuestra que, en realidad, los católicos reaccionarios argentinos, no son más que cuatro pelagatos que, utilizando sellos de goma y apelativos diversos, pretenden aparecer como multitud. El impresionante listado de asociaciones católicas busca “disimular la escasez de gente y hacer pensar que los proverbiales cuatro gatos locos son legión”.

El autor pasa lista a un buen número de nombres, todos ellos conocidos por nosotros y, como corresponde, todos ellos enemigos del Wanderer, y desenmascara a las instituciones, asociaciones, librerías y sellos de gomas desde los que operan. En fin, nada que no sepamos.

Pero hay algo verdaderamente preocupante en la nota: todo lo que dice es verdad. Es decir, los católicos reaccionarios argentinos somos cuatro gatos locos. Y menos mal que no se ha enterado que estamos irreconciliablemente peleados entre nosotros. Una innegable realidad trágica.

No vamos a discutir ahora si son convenientes o no las acciones realizadas por los abogados católicos. Lo cierto es que nadie había hecho nada frente a la putimonio. JB, desde su oculta sede cardenalicia, se había limitado a señalar el problema legal que ese acto acarrearía. No era cuestión de hablar de orden natural, por ejemplo; no sea lo confundieran a él también con los reaccionarios. Pero la realidad es que los católicos, y no hablemos ya de reaccionarios o progresistas porque este tema no admite esas divisiones, no tenemos una think tank respetable. O, dicho de otra manera, no tenemos intelectuales católicos.

En verdad creo que la escasísima especie de los intelectuales católicos argentinos se extinguió hace ya varios años. Repasemos un poco lo que hay.

No quedan casi revistas católicas serias, canal casi natural de expresión de esa intelectualidad. Criterio apostató hace rato (basta ver su misión) y Cristo Hoy cumple más bien que mal una función pastoral y masiva, pero del todo ineficaz en cuanto a influencia en la opinión pública. Queda Gladius, un limitado órgano de divulgación con un poquito más de nivel que la antiguo Esquiú. Muchos se enojarán por esta afirmación pero a las pruebas me remito, y los invito a hojear el último número (74), deteniéndonos en los artículos.

1) Un relato de Nicolás Kasanzew de su encuentro con Solyenitzin. Interesante, pero es divulgación.

2) Un artículo acerca de las fuentes de la ley natural en Tomás de Aquino. En el primer párrafo, la autora hace referencia a la “filosofía de la acción” de Santo Tomás de Aquino, algo que, por cierto, no existe, y las únicas referencias comprobables que aporta, fuera de obra de Tomás de Aquino, es a Cicerón. Ni una sola referencia a la autoridad mundial en ese tema preciso que, casualmente, es una investigadora católica argentina (Laura Corso de Estrada), ni a ninguna otra bibliografía. Es decir, el articulito es solamente una divulgación del tema o, si quieren, una reflexión bienintencionada de la autora sobre los textos tomasianos.

3) Un artículo sobre el sentido de la educación en Tomás de Aquino. Como dice en el acápite, se trata de una conferencia pronunciada en el colegio Catherina de Fasta. Es decir, divulgación, y de la mejor.

4) La ¡cuarta! parte de un artículo sobre el excelente libro de Marie-Christine Ceruti-Cendrier sobre la desmitologización de los Evangelios que es, como el autor dice, una “enumeración de los argumentos identificados por la autora”. Es decir, divulga un libro escrito en francés para los que nos saben francés.

5) Un artículo sobre la psicología moderna a partir de la Veritatis Splendor. Ya de entrada, de científico no tiene nada cuando se pretende juzgar una ciencia experimental a partir de una encíclica polaca, pero todo se resuelve en las palabras que encabezan la conclusión: “La psicología moderna es limitada. Son sus bases una filosofía antimetafísica, una satánica psicología y una herética teología”. Toda una declaración de principios que eximen cualquier comentario.

6) Un muy breve comentario a Macbeth de Shakespeare.

Luego vienen comentarios al paso sobre noticias que al redactor le parecieron relevantes y termina con la reseñas a libros escritos por amigos y, cuando no es el caso, libros de divulgación altamente conocidos como los de Régine Pernoud.

En definitiva, Gladius es una revista de divulgación con cierto nivel. ¿Y eso está mal? No, al contrario, está muy bien. Y esperemos que siga saliendo por muchos años. Pero no nos confundamos, Gladius no es una revista de la intelectualidad católica argentina. Y, si lo fuera, estaríamos peor de lo que creo.

Y si pasamos a los libros católicos argentinos, nos encontramos con un panorama similar. Excelente divulgadores que publican en buenas ediciones (nobleza obliga reconocer la excelente edición que realizó el IVE al libro de divulgación sobre el Ché Guevara de Díaz Araujo), pero nada más que eso.

¿Existieron los intelectuales católicos argentinos alguna vez? Yo creo que sólo tuvimos dos: Leonardo Castellani y Carlos Di Sandro. Dejo abierta la lista. Es para discutirla.

45 comentarios:

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo

Domingo Renaudiere de Paulis
Guido Soaje Ramos

Anónimo dijo...

Entiendo que hablamos únicamente de filosofos o teólogos, sin entrar en la historia ni en la política.

Si es así:
Nimio de Anquín, aunque terminó hegeliano y claro que comparto lo de Soaje.
Puede ser que estemos siendo injustos con algunos que no conozcamos u olvidemos. Fue grande Meinvielle. No hablo de todos sus libros ni de su aburrido estilo, pero la crítica al personalismo de Maritain no es el libro de un "repetidor". Tampoco Castellani entra en la dupla de Wanderer por "todos" sus libros... Me parece que su cumbre fue el Apokalypsis.

No creo que sea un mal exclusivo nuestro. Ni España ni Argentina dieron nada en estos siglos verdaderamente original y científico.
La España del siglo pasado a cuántos dio?
Seguro que a Vazquez de Mella. No hay más que leer su Filosofía de la Eucaristía para descubrir lo que un poderoso cerebro puede filosofar. No mucho más, aunque sí tipos muy notables, pero repetidores, no creadores originales (eso que pedía a gritos Disandro, con motivo que el barroco es i-restaurable, nada puede "fundar").

Y al nivel de la política en Argentina?
Antes los nacionalistas eran del fuste de Irazusta. Y ahora?
Ya no hay un Ernesto Palacio para escribir un Catilina.

Y del arte?
Hoy Bernardez el beatón hoy sería tenido por genio y Lugones por Supermán.

En todo caso, consientes también nosotros que tampoco somos como los del siglo pasado, cuidemos de transmitir lo recibido. Quizás las próximas generaciones ... quizás no ... Yo creo que no.

Saludos,

El Carlista.

Coronel Kurtz dijo...

Estimado Wanderer: ¿Podría aclararnos qué entiende usted por "intelectuales católicos argentinos"? Como para ponernos de acuerdo.

Me parece que no exagero si digo que los Cursos de Cultura Católica de Buenos Aires y sus epígonos del Interior -especialmente entre la salida de la primera "Criterio" hasta el secuestro de los Cursos por parte del Clero en el '39-, fueron lo más parecido a una intelectualidad católica, obviamente que con diferencias y figuras más o menos descollantes. Pero, lamentablemente, el nacionalismo primero, y el peronismo después, los liquidaron.

Además de los que usted cita, y con las limitaciones propias de su tiempo, pienso en personajes de la talla de Julio Irazusta, Ernesto Palacio, Atilio Dell'Oro Maini, Tomás Casares y César Pico, quizá Anzoátegui, Ballester Peña y Spotorno, y unos cuantos otros. ¿Por qué? Porque cada uno, además de poder escribir con bastante destreza sobre temas como los que se discuten en Wanderer (y que les costaron la expulsión de "Criterio" en el '29 y de los Cursos diez años después), eran bastante reconocidos en sus respectivas ocupaciones, artes, profesiones u oficios (Dell'Oro delegado en la OIT, Casares ministro de la Corte, Pico director del Inst. Nacional de Bacteriología, McDonagh director del Museo Nacional de Cs. Naturales, etc.); muchas veces ocupando cátedras en una Universidad estatal que no era menos hostil que hoy en día (los citados y unos cuantos otros), y otras pudiendo mantener debates de nivel (siendo escuchados) con figurones de su tiempo. Algunos tenían buenos conocimientos de dos o tres idiomas en un tiempo en que esto no era nada común, y estaban al tanto de los últimos movimientos literarios y artísticos, pudiéndolos apreciar con verdadero criterio (por ej., el ex-martinfierrista Palacio, el oxioniense Irazusta y otros podían escribir para las secciones culturales de los diarios en sus buenos tiempos y eran publicados). En el Interior, tenemos además, a un Sisto Terán o un P. Petit de Murat, por nombrar sólo a tucumanos, pero podemos encontrar otros de similar nivel en Córdoba, Santa Fe, Salta, Mendoza, Corrientes, etc.

En tiempos en los que viajar era molesto y demoraba días, estos muchachos pudieron atraer a la Argentina a un Maritain, un Garrigou-Lagrange y a unos cuantos otros. O, en tiempos donde no existía el mail ni la computadora, recibir colaboraciones para sus publicaciones de un Chesterton o un Papini.

Creo, entonces, prudente darles algún mérito.

Anónimo dijo...

che Wan,
en la Argentina, no sólo no hay intelectuales, sino algo más preocupante: tampoco santos.

maxwell smart

Anónimo dijo...

Sumo dos intelectuales católicos mendocinos, vivos los dos:
Rubén Calderón Bouchet, profesor universitario y autor de numerosos libros sobre historia y filosofía;
y Miguel Verstraete, que fue 16 años decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Cuyo.

Pedro Mendocino

Pablo dijo...

El Coronel hizo preguntas que también me hago.

Para Molnar lo definitorio de un intelectual es la aplicación de una claridad mental y de expresión a ciertas necesidades políticas y sociales, sobre las que, además, se trata de influir. Al intelectual no le basta con interpretar los hechos sociales de su tiempo sino que además trata de transformarlos. A lo especulativo, agrega una dimensión práctica y política. Es lo que permite diferenciarlo del erudito, el científico, el investigador, el escritor, el artista, etc.

Habría que ver, se me ocurre, si basta la capacidad de influir y hacer el intento, o si además hace falta algún resultado, y cómo se mide ese resultado de influjo social.

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Adhiero al reconocimiento de Soaje Ramos. Este año pude conocer parte de su obra inédita. “Pegaba en el ser” me dijo uno de sus discípulos.
Y también el recuerdo del P. Petit de Murat.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Pedro, comparo lo que dice de Calderón Bouchet, aunque creo que Wanderer se refiere a intelectuales en filosofía y teología.

Si política e historia incluimos, también hay que poner a Falcionelli. No fue el mejor sovietólogo que tuvimos, fue el único.

No conozco otros autores nacionales (Falcionelli un cuasi nacional, en rigor fue francés) que hayan escrito de política e historia con más gracia, ironía y implacable fiereza al momento de golpear al enemigo que éstos dos íntimos amigos que supongo se retroalimentaban mientras observaban a la medianía tomándose unos amargos con Soaje Ramos y los padres Lira y Sánchez Abelenda ("amigos son los amigos", diría Carlín). Para llegar a escribir de este modo tan personal hay que ser consiente que se tiene la autoridad del que sabe más y haber vivido cosas imposibles hoy en día. Falcionelli luego de pelear en África (que Esteban me corrija en todo caso), volver y quedar preso por los masones a cargo de Francia y ser excomulgado por la torpeza de Pío XI (Falcionelli abuelo, padre del historiador y fundador de la Acción Francesa con Maurras murió -injustamente- excomulgado), cómo no escribiría con ese estilo y luego no se dejaría de matar de la risa frente a las excomuniones de Juan Pablo II? Estos detalles creo que pueden permitir entrever cómo es que se llega a ser un autor de éstos.

Ambos escribieron mucho y en forma sistemática. Lo de Falcionelli absolutamente original (y necesario), lo de don Ruben, en no menos de 10 obras, también.

Si no discriminamos entre "especialidades", en términos generales, creo que Calderón Bouchet, con sus 92 años, es el último heredero.

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Ferro, Allegri, Randle y Alejandro Dolina.

Felipe.

Anónimo dijo...

Olvidé al P. Carlos Baliña.

Felipe.

Javier dijo...

Wanderer,

sobre su interesante artículo quiero hacer una reflexión sobre el tema puntual del matrimonio gay. ¿Deberíamos oponernos los católicos?. Cuando se creó el Registro Civil, el catolicismo argentino de su momento se opuso fieramente, y provocó que Roca rompiera relaciones con el Vaticano. No he leído los motivos de esa oposición, pero puede que sospecharan que el Estado, más que un simple catastro, quería crear una suerte de Autoridad Moral Paralela, en la cual uno se sintiera casado por el simple trámite de pasar frente a un notario estatal que anotaba cosas en un un cuaderno.
Eso el Estado, de algún modo, hoy lo ha logrado. La gente dice "estoy casado por civil", como si eso significara algo. Le dan cierto valor ritual a un acto notarial.
Creo que la legalización del matrimonio civil gay, será un importante golpe de martillo que impactará de pleno en el valor simbólico del matrimonio civil como tal, y contribuirá a mandarlo a pique. Cuando nadie pueda definir exactamente que es un "matrimonio civil", ¿cuántos, de qué sexo, se juntan, para qué, por cuánto tiempo?, el acto notarial se habrá vaciado de contenido, y la gente lo hará por obligación, y con una mueca de aburrimiento. Y sólo habrá quedado en pie el Matrimonio Religioso, como ante de Roca.
Algo así como lo que pasó con los Anglicanos, que se hicieron tan pero tan amplios, que ensancharon tanto las fronteras de lo que abarca el anglicanismo, que hoy, realmente, a nadie le importa un belín ser anglicano.

Anónimo dijo...

Ya que estamos, se puede agregar al R. P. Alfredo Saenz (SJ) y a Agustín del Rio. El último es muy jóven, y probablemente le falta mucho por publicar para ser reconocido, pero va por buen camino.

También debería tomar en cuenta al P. Gabriel Diaz-Patri, que con sus estudios de Liturgia hizo un trabajo de síntesis e historia cultural-eclesial único en lengua hispana.

No caigamos en el "munus tanguero", que solo aprecia muertos ó gente próxima a abandonar este mundo. También hay coetaneos que hacen aportes de valor.

Crux Australis

Anónimo dijo...

Ya que habló un Pedro de Mendoza, ¿qué me dice Wander del otro Pedro, de Mendoza también, flamante Obispo de san Luis?

También atañe al post, pues es un típico caso de un doble (o triple, no recuerdo) doctorado que no ha aportado jamás una sola idea propia al cavilar humano y cristiano.

Taussig se sacó un problemón de encima, pero... no es cuestión de usar San Luis de basurero, ¿no?

Uranga Imaz

Anónimo dijo...

Dónde está el P. Carlos Baliña?
Es sacerdote de la diócesis de Buenos Aires?
He tenido las mejores referencias de él.
Gracias.

Anónimo dijo...

Crux Australis.
Cuál es la obra de auténtico valor científico del P. Sáenz?
No es "munus tanguero". Entre Calderón Bouchet y el P. Sáenz hay un abismo similar al que existe entre Irazusta y Montejano y este abismo no aparece porque Julio esté muerto y Bernardino vivo.
Claro que le agradecemos a Montejano y a Sáenz sus escritos, pero aquí se está hablando de otra cosa.
Marcos.

Anónimo dijo...

En este tan alto nivel, también el discípulo de Guido Soaje Ramos, el Dr. Félix Lamas, creo que tiene un lugar.

Marcos.

Teseo dijo...

Agrego a Caturelli.

Juancho dijo...

Wanderer:

Que los "intelectuales" tomados en el sentido estricto de gente original, con aportes, que dice cosas nuevas, me parece que es natural que sean pocos.

Lo que me parece más grave (aparte de que estén dividos entre sí) es esto: que tienen una casi nula inserción en la Iglesia "oficial".

No hay curas ni obispos en ese grupo. Los curas y obispos parece que les rajan para no quedar pegados al "integrismo" o "fundamentalismo".

No son parte de instituciones católicas tipo "Acción Católica" (la actual: puaj) desde donde hacer algo orgánico.

Me parece bien la referencia del Coronel a los Cursos de Cultura Católica. Ahì el panorama era bien distinto.

Juancho.

Anónimo dijo...

¡Mmmmmm! Pregunta intersante, formulada en un mal sitio. Si no hay verdaderos "intelectuales" (adjetivo sustantivado que uso por seguir la corriente) ¿quién tendrá los talentos para descubrirlos...?
Hay cosas buenas, como los genios o los reyes y los santos, que Dios no las da como premio sino como artículo de primera necesidá; pero nosotros las buscamos como si fuean recompensas a nuestro valer y, así, es claro, nunca las descubrimos.
¡Arre y a seguir buscando!
Anónimo univitelino

Anónimo dijo...

Anónimo univitelino.

Se requiere ser un genio para componer como Juan Sebastián Bach o escribir como Rubén Darío, pero no para darse cuenta que éstos lo son.

Lo mismo sucede con la posibilidad de reconocer a los grandes intelectuales. No hay que ser de Anquín para reconocer a Disandro. Usted y yo también lo podemos reconocer pues se nos pide mucho menos que a ellos. Tan sólo que nos demos cuenta del nivel de un autor, no que lo seamos.

Adan Buenosayres.

Teseo dijo...

¿Y como olividarnos del Padre Biestro!

Benigno dijo...

Yo creo que hay un par mas por ejemplo el Padre SJ Alfredo Saenz o el Padre SJ Enrique Laje y Antonio Caponetto.

Saludos
Benigno

Wanderer dijo...

Benigno: hay que ser bueno pero no buenudo....

Teseo dijo...

Carlista:

¿no le parece que "San Agustín y nosotros" y "Psicología humana" son también obras muy buenas de Castellani?

Teseo dijo...

El genio de Disandro ha sabido vislumbrar el gran problema del hombre argentino: su falta de interioridad. El argentino carece de profundidad, porque ha reducido la teoría a la praxis, el ver al tocar y comprobar. Y no me refiero a lo meramente técnico, a lo "manual". El mismo interes de la inteligencia por las cuestiones más abstractas y luminosos se reduce a un mera mnemotecnia, a una curiositas desgajada y timorata.
La educación argentina, desde su inicio, careció de contemplación. Sus esfuerzos corrieron a la par de las gloriosas gestas conquistadoras de España, y por ello quizás se vio "desatendida", aunque su principal causa habría que buscarla en la ruda voluntad de los padres jesuitas, más dados al facere que al contemplare.

"Por esto es que habría que reformar desde sus raices la educación argentina. En la escuela primaria habría que estudiar canto y enseñar a los chicos las cosas. Cosas y nada más. En la educación secundaria habría que enseñar los instrumentos de la captación de la realidad: los principales son las lenguas. Todo lo demás es una superestructura inutil que mata el espíritu; eso lo vemos en la educación argentina: los niños y los adolescentes mueren en las aulas. Esta situación se agrava en la educación universitaria. No hay que buscar la causa de todo esto solamente en la Reforma Universitaria de 1918 ni en el liberalismo. Las taras educativas comienzan de muy atrás: es el desprecio, evidenciado en distintos y líneas de la educación argentina, por las Musas, por la inspiración, por el canto, por la formación artística. Así se ha construido un hombre, el hombre argentino, cuya interioridad artística es precaria, no porque no la tengamos, ya que tenemos alma espiritual, sino porque nos cuesta cultivarla. Como consecuencia de ello ha nacido una sociedad que carece de interioridad en el sentido explicado por Píndaro. Es una sociedad que desde el comienzo está masificada, aun cuando no operen las técnicas de masificación, dado que es una sociedad sin interioridad comunitaria".

Disandro, Humanismo, La Plata, Decus, 2004, p. 68-69.

Anónimo dijo...

Entre los actuales, adhiero a los Padres Carlos Biesto y Carlos Baliña.

Anónimo dijo...

Para Wanderer Carlos Disandro es un intelectual porque criticaba a los jesuitas y al "barroquismo contrarreformista" (dígase lefebvrismo...). Un hombre que hablaba de la sinarquía y que filosofaba sobre la Tercera Posición...etc. etc. no es justamente un modelo de intelectual. ¡Por favor! Los comentaristas han nombrado personas de mejor nivel intelectual. Me parece que Wanderer tiene ideas fijas.

Bárbol dijo...

Para mi humilde entender los dos más grandes en Filosofía fueron el P. Castallani y Emilio Komar

Anónimo dijo...

Los artistas son intelectuales?

Qué importa más, tener grandes artistas o grandes pensadores?

Pablo dijo...

Carlos Biestro. Un hombre con una visión sapiencial de las cosas.

Anónimo dijo...

Me parece importante la definición de Molnar sobre lo que es un intelectual. Porque intelectual es una categoría moderna. Es el que piensa y quiere transformar la realidad. Por eso el concepto de intelectual estuvo unido al de "comprometido"; esto luego de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, si lo queremos llevar al campo católico y siguiendo a Molnar, no entrarían muchos de los personajes nombrados. Yo apuesto por uno, que creo que da en el clavo: difusor de buena doctrina pero también con interpretaciones originales (no siempre conocidas), y además "jugado" políticamente. Me refiero a Enrique Díaz Araujo. Los que hemos sido sus alumnos lo sabemos, lo hemos visto, lo hemos escuchado.

Anónimo dijo...

Anónimo de 8:20:

Ninguna duda. Es mucho más importante la irrupción del artista genial a la del gran pensador, llamado intelectual.

En rigor, el artista es el "intelectual" por excelencia. La inteligencia especulativa se encuentra a sus anchas en la contemplación y goce de lo bello. (vea el maravilloso Arte y Escolástica de Maritain y el otro que escribió con Raissa).

El hábito intelectual se corrompe con su falta de "uso", según enseña la Summa. Eso le sucedió a la Argentina en su desprecio a lo bello y a sus veros artistas, en ese complejo de pretender lo foraneo que se conoce como tilinguería.

Porque el gran artista es el intelectual por excelencia es que no hay argentinos verdaderamente cultos que no conozcan el Martín Fierro, toda la poesía lugoniana y, al menos, lo más importante de su prosa; y lo mismo con un inglés y sus genios, etc. Cuando esto falta hay diletantes, pero no hombres cultos según la cultura de "su" país. Cultura que debería "informarlos" y no lo hace.

Importa más la aparición del poeta genial. Cambia los destinos de la patria. Vea la relación entre la Paideia griega y Homero. No hay Paideia sin él. Vea la relación entre Gabriel D'Annunzio y la resurrección nacionalista de Italia del siglo pasado (esto lo notan los historiadores y filósofos de la historia de enserio. Lo notó Calderón Bouchet).

Dijo Hölderin: "Los poetas han emergido por lo general al comienzo o al término de un período histórico. Con su canto descienden los pueblos desde el cielo de su niñez a la vida afanosa, a la tierra de la cultura. Con su canto regresan desde allí a la vida originaria. El arte es la transición de la naturaleza a la educación, y de la educación a la naturaleza", de allí su importancia.

Esa "transición" no se puede dar sin la "contemplación" más alta, como lo explica Disandro en su dura crítica a Góngora.
Dijo: "el malsano espíritu de imitación y esta carencia de empuje creativo se confunde con ciertos aspectos del horizonte mental hispano-americano, entregado más bien a la custodia que a la contemplación", que no crea porque se encuentra pegado a ciclos perimidos irrestaurables.

O lo que dijo Disandro en el libro que escribió sobre Lugones (el mejor de todos los que trataron del poeta, aun mejor que los de Ezequiel Martínez Estrada y la tesis doctoral de Teobaldi):
"Poemas Solariegos y Romances del Río Seco traducirían pues esa armonía sustancial y ese acorde incomparable que hace de Lugones no solo un poeta que canta a la patria, sino UN POETA QUE LA FUNDA CON SU CANTO".

Saludos,

El Carlista.


Ps. Pero hay una luz al final del tunel. Hay una esperanza. Tenemos un poeta. Tenemos a Whiskerer: http://cuidatedelmalditoliquidoamarillo.blogspot.com/2009/12/whisky-fierro.html

Anónimo dijo...

Teseo, claro que me parecen grandes libros. No sólo ésos, también De Kirkegor a Sto. Tomás, por ejemplo. Lo que digo es que al nivel al que se refiere Wanderer no parecen estar todas sus obras.

Ojo, mi preferido de Castellani es Historias del Norte Bravo, y es un libro de cuentos.

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Con respecto al término intelectual, me gustaría saber cuándo surgió. Me suena a moderno, y aclaro que para mí, moderno no es sinónimo de condenable. Supongo que ante realidades nuevas, surgen nombres apropiados para identificarlas, por caso, periodismo y periodistas, publicidad y publicistas (no me simpatizan demasiado ni estas dos actividades, ni sus practicantes). En la Antigüedad, ¿existían la realidad y el concepto?, ¿en la Edad Media? ¿un Alcuino podría considerarse un intelectual? (mis referencias se limitan a las clases de cultura general de mis ya lejanos tiempos escolares) ¿o acaso los monjes del siglo XII, a quienes Benedicto XVI ha dedicado sus últimas alocuciones de los miércoles? ¿o tal vez los escolásticos?

Y otra pregunta, medio descolgada, o descolgada y medio ¿por qué en el imaginario colectivo se suele asociar al intelectual con un ser ajeno a la vida, que contempla la realidad desde su habitáculo preservado, con una mirada aséptica, impasible? ¿Será por la aversión que siente la masa ante todo lo superior, y que la lleva a descalificar lo que la obligaría a salir de inercia y su sopor, y así mejor justificar su conciencia?

Por último, si tomamos la acepción de intelectual que dio Pablo, no sé si calificaría a Disandro de intelectual, porque todo su intelectualismo no le sirvió para evitar dos escollos prácticos, bastante graves para mí, cada uno en su nivel: el sedevacantismo y el peronismo (si es correcto lo que he leído en otros posts y comentarios en estas columnas).

Atentamente.

No Logo.

Anónimo dijo...

Adán BuenosAyres tiene razón (otra vez); pero yo también, aunque sea un poquitín. Es difícil el hallazgo de verdaderos intelectuales (en el "buen sentido", como decía Carrizo, Antonio) por que los medios o canales de comunicación social y cultural en al Argentina están casi totalmente cortados o extintos, lo que es peor aún. Quedan (tentación: decir "quedamos") francotiradores y amigos de los amigos, que es un modo muy humano, interesante y digno pero poco eficaz a la hora de difundir la Verdad. Salvo, claro es, la Gracia de Dios.
Por eso digo que esto (la Argentina, no esta página) es mal sitio para buscar intelectuales, habiendo tanto diario y tanta librería playera o macaneadora, que son una falsificación que desplaza la labor intelectual auténtica, genuina y original.
A esta dificultad del juicio hay que sumar las locuras personales de cada uno, que son distractivas, como Disandro que era medio peronista del todo, o Belloc, que admiraba incodicionalmente a Bonaparte, o sea, era un peronista francés. O inglés. O el pobre Brasillach, casi rabiosamente anticatólico, confudiendo su justo anticlericalismo con un inaceptable anticatolicismo, el cual me dijeron abandonó en sus últimas horas en al forteleza de Fresnes, a Dios gracias.
Lo que es absolutamente cierto, amigo BuenosAyres, es que no encontrará ni perdido ningún hombre de talento, honesto y trabajador (las 3 cosas), cual fuera por ejemplo don Leopoldo Marechal, en las presentes tramas de la "clase dirigente"; a saber: obispos, políticos, militares y profesores universitarios, especialmente si son de la UCA.
En fin, será para otra época más feliz.
Anónimo univitelino

Teseo dijo...

Estimado No Logo:

¿y quién no se ha equivocado? Que Disandro halla sido sedevacantista no dice nada acerca de la luminosidad y profundidad de su trayectoria intelectual. Los yerros los vino a enderezar a último momento, como compete a un alma de profunda himildad: volvió a ROMA.

Con respecto a su peronismo, creo que vio la oportunidad de aportar algo a la causa patria, volviéndose hacia el tipo que parecía podía hacer algo. Se equivocó, como tantos otros católicos tradi. ¿Y por ello impugnará su voluminoso acerbo contemplativo?

De acuerdo o no con él en cuestiones políticas, e inclusive teóricas, nadie puede negar que fue un verdaero bocho, una luz como quizás no ha habido en estas tierras agatháuricas.

Anónimo dijo...

No, amigo Teseo, no impugno a nadie por sus locuras personales o por sus furcios vitales que, a lo sumo, prueban (como dicen los zurdos) su "compromiso vital" con la realidad. No. Lo que digo es que, cortados los canales ordinarios de comunicación social y cultural en nuestro país, y de hecho en menor medida en todo el mundo, es muy difícil ubicar a los "intelectuales católicos" por que el propio catolicismo está de capa caída, como en estado faccioso, al menos institucionalmente aunque no como Cuerpo Místico.
Y eso esteriliza algo que debe funcionar unido, aunque no uniforme. Si Usté, hace unos años, hablaba de la Misa Gregoriana o Tradicional sin ser Lefe, lo colgaban de las ... orejas en el atrio de cualquier Iglesia. ¡Eso es "intelectualidad" católica, canejo!
Y si la sal no sala, no sé qué papel creen que pueda tener el Gobierno o la universidad borbónica que hay aquí. Queda la prensa ¡Dios Bendito! no sigamos adelante.
La desnutrición cultural es pareja a la ausencia completa de una aristocracia entera, o más o menos entera. Un país no puede existir (como país) sin aristocracia; la tiene propia o la tomará prestada, como el caso nuestro, pero prescindir no se puede.
Si uno se acostumbra a tomar prestado siempre, depués ya no le quedan ganas de trabajar usté mismo; esto es un hecho. La cultura católica es igual. Se puede tomar prestada la pelota y las reglas de juego, pero no la cancha. Eso es lo que digo.
Y de las "instituciones" serias ni hablemos, porque 150 años de secularismo estatista las han dejado por el suelo o más abajo, sin prestigio suficiente para nada. Cualquier mentalista tiene aquí mas poder que la Universidad de Buenos Aires; cualquier diarucho o canaleta de televisión irresponsable, más llegada y peso que un dictámen de una Academia. En fin.
Justamente el "compromiso político" hace temer en el intelectual un servilismo mercenario antes que un servicio honesto e inclaudicable a la Verdá.
Fíjese las prouestas de esta página para el encumbramiento de intelectuales: son todos "inconformistas", mejores o peores, todos "rebeldes" (¿La zurda tenía razón? Entonces le dejamos profetizar sobre algo que era nuestro...). Esto será admirable, pero NO es el medio adecuado para la formación de una verdadera "filosofía argentina", como decía Castellani debía haber aquí como base estructural y estructurante de una cultura. Y para lo cual, probó había o existía una "filosofía yanki"; para después abrir sobre ella un juicio plúmbeo; pero existir, existía y explicaba mucho de como ellos son.
Aquí no hay eso por que, como dice el antiguo colega Malcontent, los enemigos del alma son TRES: el demonio, el mundo, la carne y el Estado. Y el "estado" democráticoliberalzurdito, exige poner al servicio de su perpetuación todos los resortes sociales, que así quedan corruptos.
Bien, ya hablé demasiado en un lugar donde soy solamente invitado.
Que la Virgen Bendita, patrona de los pensadores católicos (fíjese lo poco o nada que habla en el Evangelio) nos obtenga del Cielo mejor futuro. Dios lo quiera.
Anónimo univitelino.

Benigno dijo...

Wanderer,
Amigo lo de mi Nickname no es por bueno sino por el Tte. Coronel Hector Benigno Varela.
Y no es tanto porque yo sea nacionalista (en cierta forma comparto su concepcion del nacionalisma argentino) sino por el simple hecho de que este buen hombre hizo en su momento lo que muchos tenemos ganas de hacer ahora con la caterva "K"


Saludos.

Benigno

Anónimo dijo...

Anónimo Univitelino.

Todos los propuestos son "rebeldes" porque en un país donde todo está mal, inclusive el pensamiento, al hablar de intelectuales notables no podían ser otros que los disconformes con lo habitual y aceptado.

Para el caso, Castellani (que a usted le gusta) fue más rebelde que Disandro (sedevacantista), de Anquín (sedevacantista) y Soaje Ramos (lefe) juntos. O no se acuerda?

Belén Franchese.

Anónimo dijo...

Pimero Disandro y luego Nimio de Anquín.
Ya lo he descifrado: el carlista es cripto-sedevacantista.
El Inspector Ardilla.

Anónimo dijo...

Entre Wanderer que escribe mal el apellido de uno de los pocos (2) intelectuales argentinos y otro que habla de la originalidad de Disandro distinguiendo a los intelectuales de los repetidores (basta leer cualquier obra de Disandro para ver que el también era, si nos ponemos en palanca, un repetidor: de Cassel, de Otto, etc) creo que no avanzamos un pomo.

Anónimo dijo...

Anónimo de 22:27. Obviamente Disandro no inventó la filología sino que hizo su trabajo considerando (y la mayor de las veces coincidiendo poco y nada) a los filólogos anteriores.
Para no ser un repetidor no hay que ser un "inventor" que olvida absolutamente a todos sus predecesores.
A esto se suma que hizo estudios filológicos que no coinciden tampoco en su objeto de análisis con los intelectuales que usted menciona.
Con ese criterio Soaje Ramos no sería de gran valía porque el de Aquino ya había escrito la base de su filosofía!
Como verá, sí avanzamos.
Los que vienen después están sobre los hombros de los anteriores, viendo más lejos, precisamente, porque se apoyan en ellos. Quien lo niegue sí que no es un intelectual.

Rinaldi, Susana.

Anónimo dijo...

No mi amigo, con "repetidor" me refiero a otra cosa.

Verá usté que creo que Meinvielle no lo ha sido, y aunque no cita a Cassel u Otto, cita a Tomás de Aquino y al canadiense Carlos Koninck.

No veo cómo un filósofo, un filólogo, o un teólogo, podrían prescindir de sus antesesores y pretender seguir siéndolo. Eso no les quita que puedan (o no) superar el rol del repetidor, del maestro, del escritor de manuales o de tesis doctorales que aunque orginales tengan un aporte pobre, como sucede en la mayoría de los casos.

Disandro tuvo posiciones originales que ahora no detallaré. No hubiese estado mal que en todos sus libros cite a Cassel y a Otto, pero, en rigor, no lo hizo siempre. Hay libros enteros donde no los menciona.

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Estimada Tana Rinaldi.

No puedo más que coincidir con sus dichos, máxime, cuando sólo tuve ojos para usted y para la maravillosa e inmejorable tana Noemí Alan.

Siempre suyo,

El Carlista.

Garmendia dijo...

Una pregunta para el amigo Teseo, y sin ánimo de polemizar, sólo para informarme:
Usted escribe que el hecho de que “Disandro haya sido sedevacantista no dice nada acerca de la luminosidad y profundidad de su trayectoria intelectual. Los yerros los vino a enderezar a último momento, como compete a un alma de profunda humildad: volvió a ROMA.”
Justamente es de esto último que quiero preguntarle:
¿Que quiere decir usted cuando dice que Disandro “volvió a ROMA.”?
¿Quiere decir que abandonó su posición acerca de la posibilidad de la “vacancia de la sede romana”?
¿O quiere usted decir que Disandro abjuró de su sedevacantismo y reconoció a Juan Pablo II?

Teseo dijo...

Estimado Garmendia:

disculpe no poder contestar antes. El trabajo me tiene medio "ido".

Cuestión: ¿Quiere decir que abandonó su posición acerca de la posibilidad de la “vacancia de la sede romana”?
¿O quiere usted decir que Disandro abjuró de su sedevacantismo y reconoció a Juan Pablo II?

Respuesta: Es más bien esto último, estimado Garmendia.
La posibilidad de la "vacancia" puede plantearse en una doble situación hipotética:

1- sin Papa por cuestiones de situación (persecuciones, muerte, etc)

2- sin Papa por la incursión en herejía del mismo.

Disandro, como Ud. bien sabe, sostenía la vacancia petrina por la "herejía de Montini". Disandro, en mi opinión, siguió sosteniendo ésto hasta su muerte.