viernes, 9 de julio de 2010

Magisterio


Habíamos hablado la semana pasada acerca de una necesaria discusión acerca del Magisterio. Finalmente, un amigo conocer del tema, me ha hecho llegar su escrito que, como verán, es revelador. Casi no plantea interpretaciones u opiniones personales. Simplemente, enumera una serie de hechos históricos, bastante recientes, que han provocado la exageración del magisterio romano que ahora tenemos.

Mi amigo el Wanderer me ha pedido algunas reflexiones acerca del Magisterio. Evidentemente no sabe en lo que se mete pues me temo que todo esto no haga sino aumentar el ya nutrido grupo de enemigos que se ha ganado en estos años de provocación virtual.

La tesis que quiero presentar es muy simple y es la siguiente: en el curso de los siglos y, sobre todo a partir del posconcilio de Trento, se pasado de una noción objetiva de la Tradición como depósito revelado a una noción subjetiva que insiste sobre todo en el órgano que propone la verdad, o sea el Magisterio. En términos escolásticos, un tránsito del quod al quo.

¿Cómo llegué a esta cuestión? Simplemente un día saltó a mis ojos, estudiando la Suma, que el método teológico que Santo Tomás aplica no es el que según los manuales modernos debe seguirse para probar una proposición teológica, o sea prueba por el Magisterio, prueba por la Escritura, prueba por la Tradición. En Santo Tomás no existe la prueba por el Magisterio; para él las auctoritates son la Escritura y los Padres. Las citas de Papas o Concilios son escasas. O, por ejemplo, si tomamos el Denzinger, los primeros trece siglos de la Iglesia, vgr. hasta la muerte de Santo Tomás, sólo cubren un quinto del total de las intervenciones del Magisterio. Y podemos seguir añadiendo datos significativos: la palabra Magisterium no aparece en el Concilio de Trento. La noción comienza a tomar forma a partir de Stapleton a fines de siglo XVI y sobre todo en los tratados del siglo XVIII: Mayr, Gotti y Billuart.

Todo esto obviamente no significa, y es importante aclararlo, que pongamos en duda el primado de la Sede Romana sino simplemente notar que antes de la época moderna ésta no ha ejercido el magisterio activo de definiciones dogmáticas y formulación constante de la doctrina católica que sí ejerce desde el pontificado de Gregorio XVI y sobre todo de Pío IX.. En la antigüedad la Sede Romana funcionaba más bien como una corte suprema de última apelación –que incluía a las Sedes Orientales, es muy bueno notarlo, antes de la paulatina separación luego del siglo XIII, y que sólo actuaba una vez que la cuestión en disputa había sido estudiada y desmenuzada por doctores, escuelas teológicas, universidades y concilios locales.

Podemos decir a grandes rasgos que en los primeros siglos y hasta bien entrado el segundo milenio, la Regula fidei era objetiva o sea la misma doctrina recibida de los Apóstoles, y los Papas, Concilios y Obispos cumplían una función de conservación y de testificación del hecho de que una doctrina había sido siempre mantenida, que se remontaba a los orígenes y pertenecía por tanto a dicha Regula fidei.

Por razones que sería largo relatar –hasta donde el entendimiento humano puede penetrar en las razones de la historia y sobre todo en los designios de la Providencia, se ha ido produciendo, lentamente luego del comienzo del segundo milenio y más aceleradamente en los últimos siglos, una especie de reducción de la Tradición al Magisterio. Se fue produciendo la transición de una concepción de la Tradición como contenido del depósito apostólico, a la de Tradición considerada desde el punto de vista del órgano transmisor, estimado como residente en el Magisterio de la Iglesia. El siguiente paso fue hablar, a partir probablemente del siglo XIX, de la Tradición y la Escritura como reglas remotas de la fe, mientras que el Magisterio es la regla próxima. Los teólogos de principios del siglo XX hablarán del Magisterio como desempeñando una función formal en relación con el depósito objetivo. Finalmente se critica la noción de regla remota y se concluye por atribuir exclusivamente al Magisterio viviente la calidad de regla de fe. Se ha introducido así al Magisterio en la definición misma de la Tradición. Dicho en forma exagerada, se cree en la Tradición porque así lo manda el Magisterio. Y así en la actualidad, y esto es propio del imaginario colectivo de todo buen católico, todos estamos esperando que el Papa se expida sobre tal o cual asunto. Yo no sé si esto está bien o está mal; lo que sí sé es que no fue así durante quince siglos. Cuando el Papa, o el Concilio con el Papa, hablaban era porque las papas verdaderamente quemaban: crisis arriana, nestorianismo, monofisismo, protestantismo, jansenismo, modernismo, etc.

Para ser totalmente objetivo, aclaro que desde el mismo Magisterio del último siglo y medio es posible reconstruir la noción antigua de Tradición como norma objetiva para dicho Magisterio. Pero esto no quita el movimiento general descrito en cuanto a la reflexión teológica, y la consecuente y anteriormente citada percepción del imaginario colectivo católico, incluso a pesar de explícitas aseveraciones del Papa actual quien tiene esto muy claro, si uno sabe leer entre líneas.

A propósito de las voces que seguramente se van a alzar, querido Wanderer, contra todo esto, simplemente quiero terminar diciendo que todos estos son hechos constatables y bien conocidos por los tratadistas. Más allá de la evaluación que se pueda hacer, y que me he cuidado de hacer, las cosas ocurrieron tal como he relatado y cualquiera puede reconstruirlas y mejorar la descripción con una buena biblioteca. En definitiva, es lo que hay.

Ignotus Inceptor


Nuevo material en el Arcón: La alegría del amor de Dios, de Müller, y el primer capítulo de La restauración de la cultura cristiana, de John Senior.

24 comentarios:

Teseo dijo...

Corroborando bibliograficamente el post de Ignotus Inceptor:

"Por lo cual, generalmente, los loci theologici se dividen:

PROPIOS Apodícticos:

Sagrada Escritura. Tradiciones divinas.
Autoridad de la Iglesia católica.
Autoridad de los concilios ecuménicos.
Autoridad de los Romano Pontífice:

PROPIOS probables:

Autoridad de los Santos Padres.
Autoridad de los teólogos escolásticos

EXTRAÑOS Apodícticos:

La razón natural

EXTRAÑOS Probables:

La historia humana
La autoridad de los filósofos"


Garrigou Lagrange, De revelatione.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer. Disculpas por mi ignoracia cyber. El Arcon es un/nos archivo/s especial/les? Se puede acceder a los textos?
Gracias.
jeronimodelrey

Anónimo dijo...

Malachi Martin dijo:

Wanderer e Ignotus Inceptor, clarísimo y ciertamente revelador el tema desarrollado.

Gracias a Ignotus por el esfuerzo y la generosidad de compartir el hallazgo y gracias a Wanderer por animarse a publicarlo.

Como dudo que los que se molesten por el contenido del post se pongan a trabajar y ver si realmente es así como afirma, me adelanto a decirle que no se desanime por las críticas que le lloverán. Siga adelante, que hace mucho bien.

Saludos.
- M. Martin-

Wanderer dijo...

El Arcón: http://elwanderer.wordpress.com/

San Isidoro dijo...

Muy interesante. Ese traslado que se ha producido en el devenir histórico es indicativo de que los "juzgados están sobrecargados".

Y la pregunta es, ¿por qué se ha llegado a esta situación?

Por ejemplo, aplicando la propia dinámica expuesta en el artículo al momento actual, ¿se imaginan lo que quedaría del dogma, por ejemplo, cristológico si fuesen los teólogos de hoy los que tuviesen que analizar una cuestión? Miedo me da....

Rublev Maier dijo...

Sin duda es un tema medular, y habría que sacar todas las consecuencias de lo desarrollado. Cuantos documentos del Magisterio citaban sólo al Magisterio (postconciliar), cosa que cambió con Benedicto.
Más polémica, pero abonando la Teis expuesta, Pío IX decía: "La Tradizione sono io".
Hay una tesis doctoral de un vescovo hoy en San Luis, que habría que insertarla-críticamente- en esta Tesis.
Agradecido por ayudarnos a pensar.

Rublev Mayer

Anónimo dijo...

Muy pero muy interesante el aporte de Ignotus. Para pensar y repensar mucho. Es como si "despejara" el cerebro.
Yo le agradecería que diera su opinión acerca de la tesis que defiende Mons. Pedro Martínez, según la cual el magisterio ordinario de los papas goza de infalibilidad. Siempre me pareció un poco exagerada.
Pablo Mármol

Anónimo dijo...

Muy interesante y esperada la entrada. Ahora quedo aguardando más comentarios.

Gracias también por publicar el texto sobre el gozo de ser cristianos de Müller (en fin, no es ese el nombre, pero bueh). Lo estuve hojeando, y me gustó mucho, además de llegarme en un momento muy oportuno.

Una duda entre tantas: había oído decir que la validez (en fin, seguro que no es ése el término adecuado, sorry) de nuestra fe viene dada por el hecho de que nos llega a través de una autoridad viviente, digamos así, ininterrumpida desde la fundación de la Iglesia. O sea, que creemos que las Escrituras son la Palabra de Dios Revelada porque ahí está la Iglesia viva (encarnada en los papas, obispos y fieles, o más precisamente en los papas, no sé), que nos dice que sí, que esa Palabra es revelada.

Bueno, Ignotus Inceptor nos dice que eso sería algo moderno: sin duda, que la mayoría de los cristianos, que, mea culpa, no estudiamos seriamente, tenemos esa idea.

De todos modos, creo que aún con la noción moderna de magisterio, siempre es necesario algo así como el acuerdo unánime de la Escritura, los Padres, los téologos, y aún el sentir del pueblo fiel. Digamos que ése, creo, fue el caso del dogma más recientemente declarado, el de la Asunción. No es que salió de la galera del papa.

En fin, no digo nada nuevo, y no sirve de nada este comentario, ni queda muy claro qué pretendo. Tal vez, sólo corroborar la malformación que tenemos los cristianos de a pie.

Igual, ¿no habrá un modo de llegar a la conclusión de que el magisterio, en realidad, estaba ya presente antes, pero sin necesidad de ningún nombre, y que, simplemente, la Escritura y la Tradición eran el magisterio, y que ahora se ha especificado que el papa, o el concilio con el papa, lo que hace es recoger eso, y se le dio un nombre?

Anónima ignorante
(es difícil sacarse de encima los esquemas con los que uno ha crecido... o decrecido)

Rublev Maier dijo...

addenda: Me parece que el Denzinger es un resumen, o sea que hay un abultado magisterio pre-Trento que no aparece en el Denzinger. Si esto es cierto, el argumento porcentual no sería relevante.

Rublev Mayer

Anónimo dijo...

Me vino a la mente el tema de las famosas discusiones doctrinarias entre la FSSPX y Roma. Digamos que, grosso modo, se trata de saber ver hasta qué punto la enseñanza de CVII en temas controvertidos como la libertad religiosa, concuerda o no con el magisterio anterior. Y además, qué fuerza vinculante tienen los documentos del CVII. En fin, hay especialistas, como Mons. Gherardini que acaba de publicar un libro sobre el tema, y que no he leído (y si lo tuviera, no sé si lo leería, xq, antes tengo otras prioridades), que ciertamente pueden iluminar el tema con amplitud. Pero digamos que es recurrente la alusión a la homogeneidad o continuidad de la enseñanza magisterial pre y post conciliar. ¿Habría que referirse más bien, a la tradición, entendida como la Escritura interpretada por la Iglesia y a la enseñanza de los Padres de la Iglesia? Es cierto que esto es algo secundario o tangencial con relación al post, pero por ahí Ignotus Inceptus se aventura a aclarar algo. O algún otro.
Perdón y grazie.

Anónima ignorante

Lucho Paredes dijo...

Muy bueno el post y agradecido al autor y Wanderer por publicarlo.

Yo creo que la función Magisterial de la Iglesia es más que necesaria, lo entiendo como un oficio, o en palabras más tradicionales, como un servicio, en este caso a la verdad.

Pero pienso que el problema no lo genera la función magisterial en sí, sino los distintos tipos de magisterio, con sus diversos niveles asentimiento que se han ido multiplicando con el correr de los años: dogmas, definiciones ex catedra... sin ir más lejos, la curiosa especificidad que figura en Ad Tuendam Fidei de JPII, de Magisterio no infalible pero definitivo, una categoría un tanto particular de magisterio.

El otro problema creo que viene de no distinguir las importancia o jeraquía de verdades dentro de los dogmas y dentro del magisterio mismo.

Esta falta de buena formación por parte sacerdotes y laicos ha llevado siempre a una pésima visión de los problemas cuando, por ejemplo, se ha amonestado a un teólogo o cuando la fuerza o la importancia del magisterio se ha hecho sentir.

Anónimo dijo...

Estimados amigos:
Les agradezco la buena recepción del post y todos los aportes realizados. La verdad es que pensaba que esta cuestión iba a generar más polémica. Por el momento no es el caso.
Con respecto a lo expuesto por Rublev Maier (¡qué lindo nombre!; les recomiendo la película de Tarkovsky), el comentario a propósito del Denzinger no demuestra nada, sólo muestra. Sí me parece digna de reflexión la cuestión acerca del método de Santo Tomás, tan diferente del actual.
Aunque todos han captado la esencia de la cuestión no está de más remarcar que no se está hablando en contra de la función magisterial en la Iglesia, absolutamente imprescindible, sino de un cambio de acento que puede poner en riesgo la objetividad del contenido de la fe. Personalmente me gusta mucho la distinción newmaniana entre tradición profética y tradición episcopal. La primera, fundamental, está repartida en todo el cuerpo de la Iglesia y constituye su misma vida. La segunda tiene por objeto custodiar el recto despliegue de dicha vida, autenticando con su autoridad los desarrollos legítimos de la tradición viva y separando lo dudoso o erróneo.
Anónima ignorante (ma non troppo . . .) me parece que este problema que se ha planteado luego del Vaticano II y que SS Benedicto XVI ha designado hermenéutica de la ruptura y que constituye el núcleo del libro de Gherardini, es inseparable de esta hipertrofia del Magisterio y de la subjetivización aneja de los que estamos hablando. Se ha llegado así ha hablar entre los progresistas de un magisterio posconciliar, nuevo e incluso en muchos aspectos, opuesto al anterior. Esto es absolutamente impensable en la perspectiva tradicional, donde la objetividad de la Tradición y del Depósito vuelven imposible tal dislate, pues a nadie se le podía pasar por la cabeza poner la mano sobre la Regula fidei. La sedicente reforma litúrgica va por el mismo carril. Intelligentibus pauca . . .

Ignotus inceptor

Lucho Paredes dijo...

Estimado Ignotus no le parece que el hecho de que en el magisterio pos-conciliar hayan desaparecido listas interminables de anatema no le da a pensar que hay una nueva dirección del magisterio.

Yo no me animaría a decir que es un nuevo magisterio, pero sí un modo de exponer las cosas.

Salvo Trento y otras honrosas excepciones, creo que la suma y suma de de anatemas hizo muy mal a la Iglesia y en cierta manera la ridiculizó haciéndola parecer una vieja histérica que todo le molesta, que de todo sospechaba y desconfiaba y de todo tenía algo para decir...

El período post-tridentino, marcado por la lucha con el modernismo, evolucionismo, poñítica y etc no me pareció una de las épocas más memorables del Magisterio

Anónimo dijo...

Y si, Lucho, la verdad es que prohibir demasiado nunca es bueno. No es precisamente signo de fortaleza y vitalidad.

Ignotus inceptor

Anónimo dijo...

Cuando recordamos la “descentralización” de la Iglesia, desde sus comienzos hasta el Concilio de Trento, ponderando sus “ventajas”, tenemos que tener en cuenta los “inconvenientes” que podría traer en las presentes circunstancias: falta de unidad en las decisiones; insuficiente aprovechamiento de los recursos humanos más calificados; falta recursos materiales apropiados o de funcionarios idóneos en el campo de actividades que se quiere descentralizar. Esos “inconvenientes” pueden proyectarse tanto en la función docente como en la de gobierno. Y así podría pasarse de una legítima pluriformidad, a un peligroso pluralismo o a un nocivo relativismo.

Martin Ellingham.

larvatus prodeo dijo...

Ignotus, no se olvide de Newman que tenía esto perfectamente en claro. Así, por ejemplo, en su "Oficio profético de la Iglesia" (se puede descargar de la página de Jack Tollers) destaca las dificultades con que se enfrenta el Magisterio cuando de enseñar se trata. Y de allí, la importancia de las Escuelas, etc...

Pero de toda la obra de Newman se puede colegir lo que dice Ud. en su post. Y de ambos, (de su post, de Newman), la importancia que tiene estudiar la Historia de la Iglesia, cosa de la que aquí, entre nosotros, se sabe poco y nada.

L. P.

Wanderer dijo...

Larvatus: Quizás la historia de la Iglesia, por acá, se haya estudiado sólo en función de la apologética, y rescatando únicamente los elementos que servían para probar las hipótesis que nos interesaban.

Lucho Paredes dijo...

Concuerdo plenamente con los últimos comentarios y cre oque el desafío es muy grande para la Iglesia.

Por un lado tenemos el tema del servicio a la Verdad (y esta palabra y tarea ya es de por sí un problema) y por otro lado, la descuidada función docente en estas cuestiones.

Pero también hay que decir en favor del Magisterio que en no pocas ocasiones se adelantó o zanjó (por las dudsa que la palabra adelanto no guste) cuestiones en las que la teología (de todos los gustos y sabores) se encontraba embrollada.

Coincido con Wanderer cuando dice que quizás la historia de la Iglesia se ha escrito de manera apologética en función del "non prevalebuntur" y poco se ha estudiado y se ha dicho de la Iglesia como sujeto histórico presente en una diversidad de épocas y culturas. Y la consecuencia de esto ha sido la aparición de diversas re-lecturas de la historia de corte marxista, sociológico, estructuralista, etc etc que no dejan de ser parciales, por más que se presenten como una visión descriptiva y objetiva.

Referido a lo decoente yo quiero insistir en la falta de una buena formación en los distintos tipos de Magisterio y niveles de asentimiento que está directamente ligado a la profesión de fe, porque se corre el riesgo de meter a todo en la misma bolsa y pecar por exceso y por defecto innecesariamente.

Anónimo dijo...

Gracias, Ignotus Inceptor, por tomarse la deferencia de responder, le aclaro que ignoro el latín, así que no comprendí sus palabras finales, ¿los inteligentes son pocos? ¿pocos entienden?

Y con respecto al magisterio pre y post conciliar, hay temas que tal vez se entendieron como irreformables por la corriente "tradi", por llamarla de algún modo, y que tal vez eran más bien circunstanciales. No le digo el de la libertad religiosa, sobre el que se han escrito ríos de tinta, que nunca leeré. Pero sobre la colegialidad, por ejemplo (tampoco sé nada del tema, ni la doctrina tradicional ni la supuesta innovación, si es que la hay). Digamos que establecer de una que las encíclicas son infalibles..., como lo hacen creer muchos. Supongo que lo que es infalible es la doctrina si coincide con lo que siempre se sostuvo, y que, en todo caso, es reafirmada en ellas; pero no por el hecho de figurar en la encíclica, sino por pertenecer a la regula fidei. Pero no hay duda de que antes y hoy, en las encíclicas hay "opiniones" sobre temas de política, por ejemplo, que pueden ser más que discutibles. Me viene a la memoria una relativización del entonces Card. Ratzinger con respecto a algunas afirmaciones de la "Centesimus annus" (era en una entrevista o un artículo, así que sólo comprometía su opinión personal, con la que uno puede concordar o no, pero él no tuvo ningún problema en mostrar la debilidad de alguno de sus análisis); y también, en su momento, en Francia, el tolle tolle que se armó con "Parvenu à la 25e année" -si no me equivoco- y la política de "ralliement" con la república. Si se hubiera tenido más en claro el tema del magisterio, creo que muchos católicos se habrían ahorrado bastantes dilemas de conciencia, o no habrían cambiado su postura.

Ahora, lo que parece que se va abriendo camino, es una consideración de los documentos del CVII con un mayor desapasionamiento, y creo, que se va admitiendo que ciertas cosas no fueron formuladas con claridad, otras tal vez en forma dudosa, y además, el tema, como lo recordó por ahí Lucho Paredes, del valor de cada documento en sí. No hay duda de que la Gaudium et Spes comienza con un optimismo que la realidad se encargó de desmentir... y contra los hechos no hay nada que valga.

Espero que los que saben sigan aportando, porque es un tema muy interesante.

Creo que es muy válida la observación de Wanderer respecto del tema que se enseña la historia de la Iglesia en función apologética. La verdad es que en cada época, si uno lee los comentarios de los contemporáneos, siempre parecía que ya era el acabóse, que casi no quedaba fe sobre la tierra, que los pastores no hacían más que comportarse como lobos de la grey, que ésta andaba descarriada, etc., etc. Sin contar las politiquerías humanas, ambiciones, peleas, etc., que permean toda su historia. Digamos que no hay mucha diferencia con la historia del pueblo de Israel. Permanentes infidelidades, y la increíble fidelidad de Dios, que, igual, a veces, nos parece que guarda un silencio abrumador. Somos como Pedro cuando le cortó la oreja a Malco y los dos (?) apóstoles que pedían fuego del cielo.

Como siempre, me fui de tema, pero espero que sean indulgentes con esta

Anónima ignorante

Lucho Paredes dijo...

Coincido con "Anónima e Ignorante" (no quiero faltar el respeto y realmente me resulta incómodo deominarla así), respecto a algunas observaciones del CVII y creo que hay que dejar atrás la etapa en que se divinizó o se demonizó a tal acontecimiento. Siguen corriendo los tiempos de lo que decía JPII y repite B16 (al cual le creo más) "de la renovación a la profundización del Concilio. Con esto queda de lado algunos obispos europeos que hace algunos años palnteaban el disparate de un Vaticano III. A esos señores no les hubiera venido mal unas clases de Historia de la Iglesia donde les informaran que por ejemplo en Francia se tardó más de 100 años en aplicar las reformas de Trento...

Hay un tema que respecto al magisterio seguirá siendo delicado: la liturgia. Antes de empezar quiero aclarar que no estoy de acuerdo con todo el "folclore ideológico" (por llamarlo de un modo) en torno a la misa tridentina, S. Pío V, lefevrismo y lo que ya todos saben.
Pero no obstante hay que hacer notar algunas cosas que son ciertas: la reforma de la misa fue apresurada, irresponsable e improvisada, por más que a los partidarios de la reforma litúrgica no les guste.

El Card. Ratzinger hizo esta observación muy cierta que me parece importante a la hora de enfrentar algunas desprolijidades y sanar heridas: cuando "aparece" la misa tridentina convive varios años con el rito anterior hasta que finalmente se universaliza el nuevo rito. En cambio, cuando se da la reforma del CVII se prohíbe a la misa tridentina, o sea, se anula un rito, lo cual es un disparate que nunca había pasado en la historia de la Iglesia.

Perdón por irme por las ramas pero es un tema no menor que está ligado al Magisterio también.

Por otro lado sigue siendo una deuda la aclaración de las materias a las cuales está referida el Magisterio: no es lo mismo lo referido a la Regula Fidei, a lo social (que por su naturaleza es rápidameente cambiante) o la ético (esto evitaría que moralistas como Cafarra, luego Cardenal, hubiese tenido la peregrina idea de proponerla dogma a la Humanae Vitae, por ejemplo)

Respecto a la calificac

Coronel Kurtz dijo...

Respecto al Magisterio “negativo” versus el “positivo” contemporáneo, se me ocurre —también— que si no se hubiese producido este cambio “en el modo de exponer las cosas”, de que habla bien Lucho, tal vez nos hubiésemos evitado las toneladas de papel magisterial de los últimos 70 años que, como sucede con las leyes modernas, es imposible conocer “a full” y, además, se presta a interpretaciones (¿qué es Magisterio y qué no?, ¿qué son meras indicaciones pastorales o disciplinarias y—por lo tanto—teológicamente opinables?, ¿qué son meros “gustos” del Papa?). Toneladas de papel que sólo ha sido alimento de “conservadores” clericalistas, para los cuales hasta la cerveza preferida del Papa es Magisterio [*], y de “neo-modernistas”, para los que todo el Magisterio es opinable y está sujeto a debate (preferiblemente a través de los medios de difusión). Se me ocurre que, al menos, cuando los Papas sólo abrían la boca para anatemizar, hablaban poco y escueto, dejando mayor libertad a los hijos de Dios.

[*] Bueno, lo de la cerveza puede ser una exageración, pero no me digan si no han visto que muchas veces una foto con el Papa tiene para muchos carácter magisterial.

Juancho dijo...

Anónima:

Yo mucho latín tampoco, pero creo que "Intelligentibus pauca" es como "para los inteligentes, poco..." equivalente a nuestro "A buen entendedor, pocas palabras".

Juancho.

Lucho Paredes dijo...

Estimado Coronel ud no exagera para nada con el ejemplo que pone. Varias veces me he topado con gente que tiene esta actitud de "magisterializar" o "dogmatizar" infaliblemente (por decirlo de un modo) todo lo que dice el Papa, el como lo dice y dónde lo dice.

Un capítulo aparte merece la actitud de muchos fieles que toman como infalible lo que dice cualquier padrecito por ahí (a veces acertado, pero la gran mayoría de las veces "razonando fuera del recipiente") y la actitud por parte de algunos sacerdotes que creen que gozan del carisma de la infalibilidad (tanto progres como conservadores) y se la pasan pontificando con una soltura de cuerpo que es admirable

Anónimo dijo...

Correcto Juancho.
De acuerdo Lucho. La reforma litúrgica es todo un capítulo de todo esto que estamos considerando. Sin este cambio de acento hubiese sido impensable poner la mano sobre la liturgia del modo que se hizo.

Ignotus inceptor