martes, 22 de mayo de 2012

El Napoleón polaco


Juan de Mendoza, a quien extrañábamos en este blog, escribió ayer un comentario en el que, rápidamente, compara a Juan Pablo II con Napoleón. La idea es genial. Las coincidencias entre ambos personajes son numerosas. Aquí van algunas de ellas y, seguramente, encontraremos muchas más:
Napoleón se hace con el poder total de Francia luego de la revolución de brumario en 1799, es decir, diez años exactos después de la Revolución, y conservará ese poder durante quince años, hasta su derrota en Waterloo. El suyo será un poder que no quedará reducido a Francia sino que se extenderá a prácticamente toda Europa. Es decir, poder inmenso e incontestable.
¿Cuántas cosas buenas podría haber hecho con ese poder? Una infinidad, pero señalo la más importante: podría haber contrarrestado la Revolución. Podía hacerlo. Habían pasado sólo diez años, que es poco tiempo para que los ideales revolucionarios permearan completamente la cultura del pueblo cristiano multisecular de Europa. Podría haber restaurado la monarquía tradicional, con algunos cambios saludables si era necesario, pero habría sido esto la clave de bóveda para sostener el orden tradicional que no estaba todavía derrumbado del todo.
Lejos de eso, Napoleón empeoró la situación. Astutamente, frenó a los revolucionarios más radicales, con lo cual se granjeó el apoyo de los moderados y, más tarde, de toda la población francesa a medida que conquistaba Europa y la sometía a sus criterios. En este raid de conquistas, expandió por todo el Viejo Continente los ideales de la Revolución. Aquel veneno que podría haber quedado concentrado en Francia durante un buen tiempo, fue desparramado por toda Europa en el término de diez años. Y no sólo en Europa. Nosotros también lo recibimos de manos de nuestros próceres de la Mayo y de San Martín.
Además, ayudado por Talleyrad, un obispo apóstata, metió mano en todas las estructuras políticas europeas, armando y desarmando países, destronando monarquías seculares y estableciendo a su familia en todas las cortes. No dejó nada por tocar, y estropear, cursilizando lo que lo siglos y la cultura habían construido.
Vayamos ahora a Juan Pablo II. El cardenal polaco fue elegido papa en 1978, es decir, poco más de diez años después del Concilio Vaticano II. Otra vez, era poco tiempo y la revolución conciliar aún no había calado tan profundamente. De hecho, la mayoría de obispos y sacerdotes formados en el ancien régime eclesiástico estaban todavía vivos y en funciones. Ellos aseguraba la transmisión de la tradición (con minúsculas) o del savoir faire en la liturgia, en la formación sacerdotal, en la vida religiosa, etc. El nuevo papa, por tanto, podría haber vuelta atrás con relativa facilidad. No era cuestión de que anulara los documentos del Concilio; era cuestión, en todo caso, que anulara algunos documentos posteriores que distorsionaban a los escritos conciliares; que frenara con fuerzas los excesos que afloraba en todas partes y que rápidamente comenzara a nombrar obispos y cardenales conservadores.
Pues no. Como Napoleón, bonapartizó la Iglesia. Es verdad que frenó excesos dogmáticos, pero con eso se ganó el apoyo de los movimientos neoconservadores más poderosos como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, los Carismáticos y los Neocatecumenales. A ellos les permitió todo: canonizó en tiempo record a Escrivá de Balaguer, cajoneó sistemáticamente las denuncias que llovían sobre el depravado de Maciel y alentó las locuras de Kiko y de Chiara.
Con las espaladas protegidas, se dedicó a recorrer no ya Europa, como hizo Napoleón, sino el mundo entero desparramando el espíritu de la nueva iglesia conciliar. Era el mensajero de la paz, a quien todos querían ver bajar de la montaña y, entronizado como semidios, se dedicó a nombrar pésimos obispos -veamos tan sólo el caso argentino- y a crear cardenales que aseguraran su línea renovadora.
En vez de Talleyrand, hizo obispo a su monaguillo -Piero Marini- y con él se dedicó a meter mano en todo lo que los siglos habían edificado en la Iglesia: desde cambiar la ceremonia de la apertura de la Puerta Santa hasta modificar el modo de rezar el Santo Rosario y prohibiendo tajante y policíacamente la celebración de la liturgia tradicional. Como Napoleón, cursilizó la liturgia y la Iglesia de modo tal que hoy, como decía otro comentarista del blog, los católicos nos sentimos extraños en la propia Iglesia. A todos nosotros nos ha pasado de estar en misas juanpablistas y sentir la certeza de que esa no es la iglesia a la que pertenecemos.
Tuvo casi treinta años para cambiar el desastre posconciliar. Al contrario, arruinó todo. Hoy, mal que nos pese, esa tradición con minúsculas y ese savoir faire se han perdido.
Pero hay una diferencia. El Corso terminó exiliado en Santa Elena. El Polaco beatificado.

40 comentarios:

Anónimo dijo...

Quizá el enano de córcega se haya arrepentido al final sus días, y ahora está muy ocupado con los Seraphim (serpientes de fuego) que lo purifican en el purgatorio. Despues de todo, era tano y de los antiguos.

Pero el polaco, por la materia y la gravedad de sus acciones, creo que se ganó un domicilio fijo por la eternidad, en un lugar que no es exactamente el Cielo. Aún cuando lo canonicen, sus actos serán sus actos, y nadie puede ya borrarlos. En cada "misa" carismática, donde bailan los asistentes, su culpa se sigue multiplicando.

En cuanto al Marqués de Peralta, no habíamos hablado de su ascendencia? Yo también podría comenzar a sumarme apellidos. Ya que el mío es González, podría agregar "de Borbón-Mil ojos", para tener "más gancho".

Por último, Wanderer, creo que la analogía JP2 - N1 ya la había mencionado Ludovicius en un post anterior. Eso no le quita el mérito a Don Juan, que lo hizo salir de la cueva. Bienvenido nuevamente!

Caronte

PACOMIO dijo...

NO TIENEN TEMOR DE DIOS.
UDS. SABRÁN MUCHO DE MUCHAS COSAS, PERO NADA DE RESPETO Y CARIDAD.
AL MENOS NO SE LLAMEN CATÓLICOS, Y FUNDENSE UNA IGLESIA PROPIA, SEGURO MÁS PERFECTA Y DIVINA QUE LA QUE FUNDÓ JESUCRISTO Y RIGEN LOS PAPAS.

Anónimo dijo...

Jaja, un choreo a - entre otros - una editorial de Andrés de Asboth en Roma de los años ochenta!

Se titulaba "Restauración sí, bonapartismo no".

Saludos!

Wanderer dijo...

Parece entonces, que Ludovicus le robó la idea a Andrés de Asboth; Juan de Mendoza se la robó a Ludovicus, y yo se la robé Juan.
Sea de quien sea la idea, es buena.

Anónimo dijo...

Al contrario Pacomio, tienen tanto temor de Dios que no temen anteponer la verdad a los hombres.
Para el caso, Santa Catalina de Siena tampoco lo habrá tenido, ya que llamó a los Cardenales "Demonios Encarnados". Lo del Wanderer es mucho más suave.

Gelfand dijo...

Napoleón era hijo de la Revolución, no hubiera llegado a nada sin ella, así que no veo porque la tenía que tratar de frenar. Restaurar las monarquía tradicionales que lo despreciaban? Para que? Quizás la historia hubiera sido distinta si eran las monarquías tradicionales la que hubieran tratado de ganarse a Napoleón y lo hubieran sosegado y no hubieran querido ir a todo o nada. Porque la verdad estaba en el orden y no en quien ejecutaba el orden y mucho menos cuando quien lo ejecutaba antes era una banda de parásitos libertinos.
Y si, puede ser que en ese sentido la analogía valga.

Anónimo dijo...

Estimado, si no lo toma a mal, le hago algunas preguntas:
- en qué sentido los carismáticos son neoconservadores?
- cómo los definiría a las neocon? algunas notas característacas
Se agradece!

El Séptimo Rey Mago dijo...

Coincido con que la comparación es buena. De hecho, no es más que una "continuación lógica" de éso del Cardenal Leo Suenens, de que el Concilio fue 1789 en la Iglesia. El mismo cardenal que dio el empujonazo a los carismáticos, que forjó el sistema ecuménico conciliar y post conciliar, que logró la desnaturalización del sacramento del matrimonio, etc, etc. Un Marat cualquiera.

El Polaco fue el Bonaparte, Paulo VI Roberspierre y El "papa bueno" Philippe, el Duque de Orléans, el inefable "Felipe Igualdad".

Napoleón terminó sus días en Santa Elena, lejos de la Francia que había dado vuelta como una media (y por lo tanto, de Europa y del Mundo, que también terminó de invertir), el Polaco, el Napoleón Moderno, reinó hasta su muerte sobre las ruinas de su propia demolición porque como decía otro francés (y que tomó acá un santafesino), la historia no se repite, se repiten las herejías.

Otra diferencia: Napoleón tomó en sus manos la corona Imperial, y se autocoronó, tremendo gesto. El Polaco, por su parte, eliminó de su escudo la Tiera. Poder temporal sin unción de un lado, autoridad espiritual sin espíritu del otro.

El Séptimo Rey Mago

Anónimo dijo...

Cuídese usted también, Caronte.
No hay un González en el cielo.
Ni Nuñez, ni Gutierrez.
Sé lo que le digo.

Wanderer dijo...

Gelfand, evidentemente Napoleón era hijo de la Revolución. Yo no dije otra cosa. Lo que digo es que, si hubiese sido un buen pensante o alguien interesado en conservar el orden, lo podría haber hecho, porque tenía las condiciones y los medios para hacerlo.

Gelfand dijo...

Siguiendo con la comparación política - eclesial, me parece que hay dos tipos de defectos. Unos son los que quieren seguir a la historia, los otros los que la quieren frenar y, a veces, hacerla volver para atrás. Después de Napoleón hubo dos imperios que volvieron al estado anterior. Y los dos terminaron implosionando por su propio peso.
El JP II, que hizo todo lo que critican que hizo, es también el que llevó a Ratzinger a Roma y el que lo sostuvo contra la masmedia, que hablaba del "panzerkardinal".
Todavía estamos muy cerca para poder hacer historia. Esperemos un poco.

Gelfand dijo...

Y disculpe Wanderer que abuse del espacio, pero me viene en mente lo de Tocqueville. La revolución es la consecuencia del Antiguo Régimen, no su contraparte.
¿No se puede quizás decir lo mismo de la Iglesia?

Anónimo dijo...

Anónimos Pacomio y "15:54", ¿Quieren que sea un "fiel negador"? JP2 se rió de todos con misas en que había payazos, despreció 2.000 años de Iglesia haciendo concesiones por las que los antiguos mártires padecieron tortura y muerte, pero es así... ahora la gente se gobierna por lo que siente, por lo que le gusta, como un gran circo romano. La verdad ya no importa, porque tipos como JP2 enseñaron que no existe con su mal ejemplo, y cada cual "la construye".

Y sí, hay unos cuántos Santos de apellido González, no se si Nuñez también, pero bien se que no tengo ganado el Cielo. Lo que puedo afirmar, es que alguien que murió sin arrepentirse ni dar señal alguna de querer revertir sus malas acciones -gravísimas y todavía existentes-, es muy probable que se haya ganado un domicilio fijo en el averno.

Who knows? Who cares? Lo importante es que fue un pésimo Papa, pudiendo haber sido uno de los grandes Papas de la historia.

Caronte

Javier dijo...

Me parece que al hablar de Napoleón, y del daño que hizo, se idealiza a la Europa del Ancien Règime.
No hay que olvidar a los lansquenetes imperiales saqueando Roma, y cazando Cardenales por las calles. Y al Papa salvado de la muerte por la Guardia Suiza.
Ni al muy católico Francisco I, estratégicamente aliado con Otomanos y luteranos, para hacerle a Carlos V la guerra en tres frentes.
Ni hay que olvidar a Luis XIII y al Cardenal Richelieu, entrando en la Guerra de los Treinta Años muy ecuménicamente del lado de los Suecos protestantes, contra los Habsburgos católicos. Y ojo que no fue una guerra menor. En proporción a la población, murieron más alemanes que en la Segunda Guerra. Alemania quedó arrasada (8 millones de muertos). Y de paso los franceses se volvieron también contra España, asegurando así la hegemonía holandesa protestante en los Países Bajos.
Todo lo anterior fue hecho por Monarcas Católicos, y por Cardenales preconciliares.

Slds.

Anónimo dijo...

Algunas precisiones me parecen convenientes y otras necesarias:
1º En efecto, la idea genuina era de Andrés de Asboth; cuando le festejamos la ocurrencia, declaró con toda humildad que esa comparación "napoleónica" era un recurso frecuente en la literatura para criticar a quien aumentaba ciertos males, pudiendo suprimirlos o aminorarlos.
2º A don Gelfand: Las monarquías tradicionales han sido muy criticadas precisamente por lo contrario a lo que Ud. dice, tratar de ganarse a Napoleón, no solo para sosegarlo, sino para sumarlo a su causa, como prueba su matrimonio con la heroína María Luisa de Habsburgo (al fin y al cabo sobrina de la odiada "austríaca" María Antonieta) y la repugnante relación con los aún más repugnantes Borbones españoles. Pónganse de acuerdo, lean algo de historia y después hablamos.
3º Esos "parásitos libertinos", como Ud. llama a los príncipes europeos, Gelfand, han dado santos y hechos políticos incomparables, como el propio Karl Iº de Austria-Hungría (beatificado por el susodicho Bonaparte eclesiástico). En todo caso, compárelos como grupo social con los descendientes directos de Napoleón, los políticos de todo el mundo de hoy en día –los peronistas por ejemplo– y vuelva a pensar donde pone la fichita "parásitos libertinos".
4º Acusar a San Martín (al nuestro, al argentino, no al de Uds.) de desparramar ideología liberal es un disparate enorme y algo de mala entraña, además de una notoria falsedad, siendo como fue el ejecutor táctico de la primer derrota militar importante del bonapartismo en toda Europa y el único obstáculo serio para su instalación en América.
5º Por lo demás, la comparación inicial JPIIº/Nap.Bonaparte me parece justa y podría ajustarse más todavía, aunque Bonaparte no haya dejado prácticamente nada bueno para recordar, salvo su talento militar, y el bueno de JP algo sí: La canonización del P. Pío, la beatificación del Emperador antedicho, la de Ana Catalina Emmerick, la canonización y beatificación de los mártires de la masonería y el comunismo del siglo XX, especialmente en España y México –acaso lo más importante de un pontificado decepcionante–, la canonización de dos notorios "antisemitas", como sor Benedicta de la Cruz y el P. Maximiliano Kolbe (cuyas obras no han leído los criticones habituales), la aún más notable Encíclica "Evangelium Vitæ" (que ningún curita nuevaolero recuerda o conoce) donde hace afirmaciones que pueden considerarse dogmáticas, y tres o cuatro cositas más. No son muchas, es verdad.
Sancho Dávila

Anónimo dijo...

De acuerdo con Gelfland. ¿Qué hubiera sido de la Iglesia post CVII con otro Papa? Gobernar la Iglesia Católica no debe ser fácil, y gobernar la Iglesia de Roma ni te cuento...

El Juglar

Anónimo dijo...

Napoleón era un emperador ilegítimo, por ser plebeyo. Al Magno mínimamente lo designó un cónclave.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

El bonapartismo también hace referencia, en materia política, a un orden artificial y autoritario, basado en el personalismo, no orgánico, impuesto ad extra, que congela la protesta, clausurando el libertinaje conjuntamente con las libertades legítimas y trocando las críticas, aún las justas,en un sordo resentimiento, que da ulteriormente origen a explosiones y revueltas. Mutatis mutandi...

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Eso sí, quiero anotar una diferencia a favor del corso, al menos como estadista: alguna vez dijo que "desde Clodoveo hasta la Convención, me hago cargo de todo". En eso, Bonaparte sabia que una gran institución no se recibe con beneficio de inventario, y que nadie es dueño de la historia de una Nación, mucho menos de la Iglesia.

Anónimo dijo...

De como por puro ortodoxos, amanecemos un dia protest...ones, comparando peras con tomates (agarrensela con Bousset que era tradi)


There were thus [prior to the 16th century] two different sorts of persons who called for reformation: one, the truly peaceful and true children of the Church, without bitterness supporting her grievances, and who, with respect, proposed a reformation of them, and in humility bore them despite its delay.


Far from desiring to effect this object by schism, they, on the contrary, looked on schism as the greatest of all evils. In the midst of these abuses, they admired the Providence of God, who, according to his promises, knew how to preserve the faith of the Church.


And, though they could not accomplish a reformation of attitudes, free from all bitterness, and free from all passion, they deemed themselves glad that nothing prevented them from accomplishing it within themselves. These were the strong ones of the Church, whose faith no temptation could shake, nor induce to deviate from unity.


Besides these, there were proud spirits, who, shocked by the disorders they saw prevailing in the Church, particularly in her ministers, did not understand how the promises of her eternal duration could subsist in the midst of such abuses; whereas the Son of God had taught to respect for the chair of Moses, notwitstanding the evil works of the Scribes and Pharisees who sat upon it; these became proud, and thereby weak, yielding to the temptation which inclines to hate the Chair itself, due to the hatred towards those who preside upon it; and, as if the wickedness of man could make void the work of God, the aversion they had conceived against the Doctors made them hate both the doctrines they taught and the authority they had received from God to teach.


Such were the Waldensians and Albigensians; such were John Wycliffe and Jan Hus. The ordinary bait by which they induced weak souls into their webs was the hatred with which they inspired them against the Pastors of the Church; influenced by this spirit of bitterness, they desired nothing but rupture.


Jacques-Bénigne Bossuet
Histoire des variations des églises protestantes

poncharelo dijo...

Hay algo en común a todos los movimientos revolucionarios, sean o no políticos, de uno u otro lado del charco: es la hora de los advenedizos.

Para reflexioanrlo, ahora, que estamos a pasitos del 25 de Mayo y cuando olvidamos que los Padres de la Patria hicieron sus primeras armas en eso de afrancesarse en sus viajes a España, para volver aquí con sus aires libertarios. Y así nos fue.

Estimado Sancho, no es mi intención ofuscarlo, pero las visiones eruditas de la historia encarada en determinado sentido, precisamente por eruditas tienen una inmensa cantidad de datos a mano para defender la postura que consideran a priori buena. En esos despliegues de detalles históricos, de cartas enviadas de un prócer a otro y otros detalles de color se pierde el fondo. Son miles de datos, miles de árboles que tapan el bosque, impidiendo la mirada que sobrevuela la historia permitiéndonos entender procesos más amplios que una supuesta patriada y, donde muchos de los actores posiblemente no hayan tenido mala intención, habiendo sido tan solo idiotas útiles.

Fíjese que lo mismo sucede con los eruditos en la Segunda Guerra, entre los que muchos simpatizan con Hitler, como es el caso de una porción nada pequeña del nacionalismo argentino. Allí se puede ver que hacen un enjuague tan vasto de guerras, batallas, batallitas, etnias, religiones, masones, antimasones y canciones de gesta, que salen justificando a Adolfo. Y cuando se les contesta que de todos modos algo huele mal, tienen más detalles para tirarnos y nosotros quedamos callados, pues los eruditos son ellos. Pero, la cosa, es que algo huele efectivamente mal en la Alemania nazi...

Es el exceso de datos que no les permite ver el fondo, siempre claro cuando pasó el tiempo, de los hechos de trascendencia política. Es el detalle en desmedro de la visión histórica.

Por los frutos, como manda el Evangelio.

Anónimo dijo...

Arnault dijo,

Pero qué buen inglés que tenía Bossuet.

Anónimo dijo...

Que tilinguería eso de citar la fuente en francés y el texto en inglés....

Y que lindo el recuerdo de Andrés de Asboht, humilde y bueno con todos.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Por encima de todo, lo màs duro de los napoleonismos es lo que podríamos llamar la irreparabilidad consolidada en el tiempo. Se dice que varias tradiciones de la edad apostólica que llegaron hasta la Edad Media sobreviviendo a Atila, a los vándalos, al siglo de hierro, desparecieron con el destierro de Avignon (el canto romano, por ejemplo, vástago directo de la liturgia judía). Y es que una cesura de dos o tres generaciones es devastadora.

Las revoluciones son rupturas, pero puede haber restauraciones. La herida sangrante puede suturarse. Los napoleonismos bañan y asean a las revoluciones, al par que las consolidan bajo capa de moderación. Los napoleonismos son los agentes conservadores de la revolución. El neoconismo es, simplemente, una variante.

Anónimo dijo...

Anonimo de las 14 03


Los cardenales de los cuáles Santa Catalina dice : “ Demonios Encarnados “ y “ estupidos”.. etc.... eran cardenales desobedientes al Papa , …y camino hasta el Gran Cisma de Occidente …

Anónimo dijo...

Una solución , seria beatificar a Napoleon.....

Anónimo dijo...

Anónimo de las 12.32, precisamente, como dos tercios de los cardenales actuales..... desobedientes y camino a un Gran Gran Cisma.
Anónimo de las 14.03

Anónimo dijo...

Sancho Dávila, no olvide que pasó lo msimo en Rusia. Napoleón fue derrotado, pero triunfó el bonapartismo.

En cuanto a los que defienden a San Martin, también les recuerdo que dentro de la logia hay conflictos. Pero gane quien gane, pierde la Iglesia.

Caronte

Anónimo dijo...

Bossuet para todos y todas ...



Esas tiele [antaŭ la 16a jarcento] du malsamaj specoj de personoj kiuj petis reformo: oni, la vere paca kaj veraj idoj de la Eklezio, sen amareco apogi ŝin ofendoj, kaj kiu, kun respekto, proponis reformon de ili, kaj en humileco naskis ilin malgraŭ ĝia malfruo.


For de dezirante efektivigi tiun celon per skismo, ili, male, ekvidis skismo kiel la plej granda el ĉiuj malfeliĉoj. En la mezo de tiuj ekscesoj, ili admiris la Providenco de Dio, kiu, laŭ lia promesoj sciis konservi la fidon de la Eklezio.


Kaj, kvankam ili ne povis plenumi reformo de sintenoj, libera de ĉiuj amareco, kaj libera de ĉiu pasio, ili opiniis sin ĝojas ke nenio malhelpis ilin de plenumi ĝin en si. Ili estis fortaj de la eklezio, kies fido ne tento povus skui, nek indukti al devias de unueco.


Krom tiuj, estis fiera spiritoj, kiuj, ŝokitaj de la malordoj ili vidis triumfi en la Eklezio, aparte en lia ministroj, ne komprenis kiel la promesoj de lia eterna daŭro povis subsistir en la mezo de tiaj misuzoj; dum kiu la Filo de Dio estis instruinta al respekti la seĝo de Moseo, notwitstanding la malbono verkoj de la Skribistoj kaj Fariseoj, kiuj sidis sur gxi; tiuj fariĝis fiera, kaj tio malforta, liveranta al la tento kiu ekklinas malami la Katedro mem, pro la malamo al tiuj kiu prezidas sur gxi; kaj, kvazaŭ la malboneco de la homoj povus detruos sur la laboro de Dio, la aversión ili elpensis kontraŭ la Kuracistoj faris ilin malamas ambaŭ la doktrinoj ili instruis kaj la aŭtoritato ili ricevis de Dio por instrui.


Tia estis la Waldensians kaj Albigensians; tiaj estis John Wycliffe kaj jan Hus. La ordinara logaĵo per kiu ili induktis malfortaj animoj en iliajn sxpinajxoj estis la malamo, kiun ili inspiras ilin kontraŭ la Paŝtistoj de la eklezio; influitaj de ĉi tiu spirito de maldolĉeco, ili deziris nenion sed rompo.


Jacques-Bénigne Bossuet
Histoire des variadoj donas églises protestantes

Anónimo dijo...

Que tilinguería eso de citar la fuente en francés y el texto en esperanto....

Y que lindo el recuerdo de Andrés de Asboht, humilde y bueno con todos.

Anónimo dijo...

¿Ironía? ¿pedantería? ¿chiste? ¿boludismo?

El Séptimo Rey Mago

PD: En serio no lo entiendo.

Rublev Mayer dijo...

Me parece que el argumento es demasiado "claro y distinto" para ser aceptado en bloque. Creo que olvida que así cómo el Concilio es un momento que ya pasó de la Iglesia, otro tanto con Juan Pablo II, ya fue, la historia fluye, en este caso, guiada por el Espíritu Santo. Para el caso Benedicto en todo lo que puso ya desbonapartizó la Iglesia. El polaco era eslavo y necesitaba viajar, estar en contacto con la multitudes, y allí hacía su plegaria mística. Mientras tanto, los curiales manejaban Roma. Benedicto no viaja, y desde Roma gobierna estando, con pocas palabras y gestos, pero claros. Aclaro, nunca simpaticé ni con Asís, ni la visita a la sinagoga, y un etcétera largo, peroo creo que la historia siguió fluyendo, y si es que hay siglos por delante, lo del polaco será apenas un capítulo.
Rublev Mayer

Uno que apreció a Andres de Asboth dijo...

Siguiendo este paralelismo, convengamos que Benedicto XVI no es ni un Luis XVIII ni un Carlos X, sino más bien un Napoleon III, que no era un "bonapartista" (aunque sí Bonaparte). No era una restauración, más bien un nuevo orden, conservador en varios aspectos y mirado con cierta simpatía incluso por los legitimistas y detestado por la izquierda.
Eso sí: los cortesanos de lo imposible (buscar en Google, es largo de explicar) nunca lo van a querer.

Anónimo dijo...

Qué blog más interesante, me entretiene aunque en el fondo me interesa poco tanta palabreria al cuete, Dios restaurará lo que haya que restaurar si es su voluntad, yo me hice a un lado, mi pequeño mundo ya es demasiado para mi..

Anónimo dijo...

Que tilingueria es despreciar el fondo por no comprender la forma ;

Anónimo dijo...

Sí, vayan a un curso de catecismo para adultos y verán que las conclusiones del post son ciertas. Yo quería hablar con el cura y me dejo plantado porque se fue a bendecir unos autos. Por lo tanto, las personas no son importantes, sino la fe.
Saludos

batman dijo...

"Qué tilingueria es despreciar el fondo por no comprender la forma".

Esta frase es una perfecta idiotez.

Correcta hubiese sido si dijese:

"Qué tilingueria es despreciar el fondo por no comprender la superficie".

o,

"Qué tilingueria es despreciar la materia por no comprender la forma".

La mixtura de fondo con forma, como la de peras con manzanas, falla.

Como también fallaría decir:

"Qué tilingueria es despreciar a Cristian Castro por no comprender a Diego Armando Maradona".

o,

"Esta lloviendo estrellas en nuestra habitación", porque Diego no mete más goles." No tiene nada que ver.

http://www.youtube.com/watch?v=oKwVP56-_7o

sambigliong dijo...

Un ilustrado fue a ver al Primer Cónsul y le expuso su plan de una religión racional para sustitituir a todas las existentes. Al final de su perorata le preguntó: "¿Cree usted que esta iea puede triunfar". Y el Napo le contestó: ¡Claro que sí! hay una receta infalible: hágase crucificar y resucite al tercer día"

Anónimo dijo...

Wanderer, creo que hace tiempo había un Napoleón -o almenos un bonaparte- de origen polaco. ¿Le suena el fruto de la restauración polaca, el joven Conde Walevski?

Genealogista

Anónimo dijo...

Me fuí de paseo por ahí, así que no reabrí esta interesante polémica. Algo tarde, me devuelvo generosamente a ella.
Al contertulio 23 de mayo de 2012 07:38: Por desgracia (para su preposición) el único modo de conocer la Historia es por sus rastros, los historiográficos primero de todo. En este terreno, San Martín sale agrandado, y sus enemigos los liberales salen ganando y sacándolo del medio. Los afrancesados, le recuerdo, no fueron nuestros patriotas de aquella hora sino los que movieron ejércitos contra los tres "libertadores". A tal punto que, siempre que pudieron, intentaron negociar cualquier cosa a cambio del reconocimiento de la Constitución de Cádiz de 1812; aquí, en Lima, en México o en Bogotá. Don Santiago de Liniers es caso aparte y con él, se ha construido ese mismo mito que se quiere endilgar a un nebuloso "nacionalismo", pero sin nignún apoyo documental. Consta sin lugar a dudas, que el noble marino vandeano recibió en su casa a un viejo amigo de la infancia, el marqués de Sassenay, quien venía con la penosa misión de Bonaparte de lograr su reconocimiento (o de de su alicorado hermanito) como rey de España, a cambio de permitírsele retornar a Francia y recuperar sus posesiones incautadas por la Revolución como "emigrado". Esto ocurría en 1808 después de que el "monarca absoluto" de España, el felón Fernando, arrojara del trono al rey legítimo, su padre don Carlos, con el pretexto de que dejaría pasar franceses a España, siendo que pocos días después él mismo iría a los pies del plebeyo corso a depositar la Corona sagrada... Haga sus cuentas, estudie el primer motín de Álzaga (el exitoso, de principios de 1809), agréguele el odio mutuo que se profesaban con Liniers y saque sus conclusiones si las lágrimas lo dejan.
Los comentarios sobre la 2ª guerra corren por su cuenta; mas le digo que si hubiese tenido que elegir entre Adolph y Benito y Franklin Del-ano, Winston y Pepito ... mama mía.
Los frutos no parecen, pues, darle a Ud. igual que a mí.
A Caronte, 23 de mayo 19:59: Lo de Rusia no lo entiendo; aunque tal vez se refiera al Tratado de la Santa Alianza, donde se terminaron confirmando algunas cuantas victorias revolucionarias. Gracias a Inglaterra, Prusia (Hegel ya era un tipo importante...) ¡y a Fernando VII!
A Genealogista, 26 de mayo de 2012 11:15: En efecto, hubo un conde Waleswki hijo natural de N. Bonaparte, una de cuyas hijas (la primera del 2º matrimonio del conde) nació y murió en Buenos Aires en tiempos de Rosas y está o estaba enterrada en la Recoleta. Creo que han trasladado su cajoncito al cementerio P. Lachaise en París. Se dijo mucho que era ahijada de Bautismo de Mariquita Sánchez de Thompson y Mandeville, en cuya bóveda familiar le dieron sepultura, pero el registro parroquial de La Merced afirma que lo fue la mujer del almirante LePredour, jefe de la flota francesa asaltante.
Al amigo Caronte no le gustan los documentos ni los "hechos pequeños" de la historia, pero como me parece que a Ud. sí, se lo hago saber.
Sancho Dávila