martes, 7 de agosto de 2012

Las penas son de nosotros, by Tollers




"One has to accept sorrow
for it to be of any healing power,
and that is the most difficult thing in the world."
Maurice Baring

1.- Cuando aprendimos la "Salve", no sé, a los catorce o quince años tal vez, nos gustó y la rezamos muchas veces. Pero había un tramo de la oración que nos hacía sonreír un poco: "a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas". No será para tanto, nos decíamos. Tampoco tanto. Catorce, quince años, la vida por delante, con inmensas expectativas y poca experiencia. ¿Valle de lágrimas? Exceso pietista, andaluzada devota, pensábamos.
2.- Después vino la vida, acreditando los suspiros, haciéndonos gemir una y mil veces, llorar también y ahora lo de que esta vida no es mucho más que un valle de lágrimas, nos parece una verdad incontrovertible. Y cada día, un poquito más. Porque si bien todavía concordamos con Teresa la Grande en que "no es todo más que una noche de mala posada", se nos hace larga la noche esta. Y sí, la venta es mala en verdad.
3.- Y, a poco de reflexionar sobre la cosa, no hay alegría, gozo o felicidad que no venga ineluctablemente unida a su correspondiente pena: ese sí que es un matrimonio indisoluble. Como la borrachera está casada con la resaca y los hijos con unos dolorazos de cabeza y todos los afectos con separaciones igualmente penosos. Como que la vida misma en esta tierra está casada con la Tremenda, y no hay cómo negarlo. Y sí, en esto también tenía razón Teresa: "aquí, todo es un sí y un no".
4.- ¡Cómo abundan las penas en esta vida! ¡Y cuán variopintas no lo son! La de quien perdió a un hijo, la de quien se peleó con un amigo, la del que se quedó sin trabajo, la del que contrajo esta enfermedad terrible, la del cónyuge engañado, por no mencionar la del que quedó preso, o no tiene qué comer, o la del que se muere incomprendido por sus seres queridos, o esas penas inconmensurables como la que produce el amor no correspondido… ¿para qué seguir? Son la trama secreta de esta vida, la fuente inagotable que riega este valle de lágrimas.
5.- Y cuando uno aprende esto (aunque son muchos los que no lo quieren aprender nunca, que niegan esto tozudamente o que se niegan a mirarlo de frente), le quedan dos caminos: rebelarse, pelear con todas las fuerzas para construirse una vida sin penas, o con la menor cantidad posible. Y si vienen, hacerle frente como sea y ver cómo liquidarlas cuanto antes. El otro camino es aceptarlas.
6.- Pero en esto de "aceptar" las penas de esta vida, por recomendable que fuere, conviene hacer unas cuantas distinciones. La primera es que hay que aprender a lidiar con la tristeza concomitante. Toda pena es pena sólo en la medida en que constatamos una distancia entre lo que creíamos nos era dable esperar y la realidad que nos cachetea con otra cosa. Esa distancia tiene un efecto concomitante sobre nuestras almas y lo llamamos tristeza. No hay pena sin tristeza. Pero por mucho que querramos aceptar la pena como venida de la mano de Dios (ora en términos de desgracia, de destino fatídico, ora en términos de Providencia-secreta-buena-para-mí) siempre habrá que combatir la tristeza pues con su morbo bien puede vencernos, convirtiéndonos en seres infértiles. Por eso Santo Tomás se empeña en enseñarnos los cinco remedios para vencer la tristeza. Y por eso San Agustín insiste en definir a la virtud de la fortaleza como "resistir y no dejarse vencer por la tristeza". Pues tristeza tiene que haber, como hija que es de las penas que nos tocan en suerte. Y las penas están ahí, no hay cómo negarlo. Las penas, sí, está muy bien, hay que aceptarlas, es gran negocio. Pero a la tristeza hay que combatirla con toda el alma (o con lo que nos queda de ella, apenados como estamos).
7.- Negar las penas de esta vida es locura, insensatez y a la larga no puede sino aumentar su número y peso. Intentar digerirlas con gobierno político del alma, administrarlas como si dijéramos, combatiendo la tristeza, es mejor. Pero lo mejor de todo, más allá de una resignada resignación está en aceptarlas como venidas de la mano de Dios, para nuestro bien. Para eso, hay que tener perfectamente en claro que es el único remedio para nuestro mal principal: la culpa.
8.- Si tenía razón aquel Papa que denunciaba que se había perdido la noción de pecado, yo diría que eso se debe a que se ha perdido la noción de culpa, muchas gracias señor Freud. Porque resulta que si se amputa la noción esta de que todos somos culpables, que hay una culpa en nuestro origen ("He aquí que mi madre me concibió en iniquidad", como quiere el salmista), que todos somos culpables de innumerables pecados acumulados a lo largo de nuestras vidas, entonces las penas de esta vida carecen de sentido (y no hay cómo aceptarlas). Un poco al modo de las cárceles en las que uno se topa con que todos se declaran perfectamente inocentes, así andan la mayoría de los hombres en este mundo sublunar. Y con eso la cárcel se vuelve más penosa aun, se agrava la pena del preso, aumenta su número y peso y todo parece un gran sinsentido.
9.- Pero si lográsemos aceptar las penas que nos tocan en suerte, podríamos extraerle el jugo terapéutico que tienen: curan la culpa, remedian nuestro mal mayor, que es el mal de culpa y, en esa medida se les puede dar (hasta cierto punto, y en cierto modo) la bienvenida.
10.- Esta disposición del alma es una cosa interior y muy difícil de lograr—es el resultado de intensos y variados ejercicios llevados a cabo a lo largo de la vida. Ejercicios de aceptación. Y por tratarse de cosas interiores, no es fácil detectarla (esta disposición que digo) mediante signos exteriores, pues esos signos frecuentemente se revelan ambivalentes y de difícil interpretación. Por caso, la gran protesta de Lewis ante la muerte de su mujer en "Una pena observada" o la de Job a lo largo de más de treinta capítulos en el libro que lleva su nombre, parecen casos, justamente de "no-aceptación" de las penas que les tocaron en suerte. Y bien sabemos que no es así. Lo que hacen estos dos es enfatizar con toda precisión la distancia que existe entre lo que ellos habrían querido y la realidad que les toca: definen, delimitan, precisan, identifican la pena. Si ese ejercicio parece una rebelión, si adopta una dialéctica de protesta, no lo es, pues no termina ahí. Eso es el principio del ejercicio. Sigue una cosa más interior, menos visible y que en cierta forma resulta incomunicable: qué se hacen con la correspondiente tristeza.
11.- O más bien, qué hace Dios con esa tristeza del apenado que acepta su pena. Frecuentemente se les aparece aunque no lo reconozcan fácilmente, como María Magdalena que lo tomó por un jardinero. Pero ella "estaba afuera y lloraba". Y Cristo se le apareció pronto, cuanto antes, es a la primera que se le aparece, según los Evangelios. ¿Por qué? Porque ella es ejemplo de perfecta aceptación de la pena que le da comprobar que su "Rabbuní" ha muerto. Y la tristeza concomitante la hace llorar. Quizás se había olvidado que su "Rabbuní" había enseñado que los que lloran son bienaventurados. Pero lo comprobó, esto de los "beati lugent", esto de que aceptar las cosas tal como son, las penas de este mundo, por dolorosas que sean, es el mejor negocio del mundo.
*

30 comentarios:

Kike dijo...

Complicado el tema, doctor, muy complicado.

Añado una a lo de santo Tomás, su definición de paciencia, que tanto me cautivó: "Que no caiga el alma en un desesperado estado de tristeza por las penas recibidas al hacer el bien".

Lo de María Magdalena: muy complicado. En cierto sentido, es natural y propio del homen vallis lacrimarum llorar; sin embargo, no deja de ser cierto que al ir al sepulcro con perfumes y ungüentos, la doña iba a buscar a un muerto, a un cadáver, a alguien que olvidó o no creyó que fuera a resucitar.

¿Lo de mejor de la entrada para mí (aunque, por cierto, nadie me lo preguntó)?: "Esta disposición del alma [para la aceptación de la pena] es una cosa interior y muy difícil de lograr—es el resultado de intensos y variados ejercicios llevados a cabo a lo largo de la vida. Ejercicios de aceptación. Y por tratarse de cosas interiores, no es fácil detectarla (esta disposición que digo) mediante signos exteriores, pues esos signos frecuentemente se revelan ambivalentes y de difícil interpretación".

Salud.

Milkus Maximus dijo...

Hace tiempo que no lo leía con tanto gusto Mr. W.

Hoy ha estado inspirado. Felicitaciones, y sobre todo, gracias por estas líneas. Sepa que a algunos nos vienen como anillo al dedo.

Wanderer dijo...

Ojo, que el autor del texto es Jack Tollers. Yo apenas lo copié...

Milkus Maximus dijo...

Entonces extienda mi agradecimiento a Mr. Tollers por el texto. Y a Ud. por publicarlo ;)

Walter E. Kurtz dijo...

Muy buen tema. Da para mucho.

Desde pensar el lío que se le armó a De Mattei el año pasado por decir que el tsunami de Japón era un castigo de Dios, siendo "condenado" hasta por Monsignori vaticanos.

Hasta el "tout est grâce" del cura rural de Bernanos al que todo le salía al revés, fracaso tras fracaso.

Es que tanto Hollywood con sus finales felices y redondos, nos ha secado la sesera y nos ha hecho perder el juicio. Dando por resultado esa especie de semipelagianismo y progresismo que se extiende de "izquierda" a "derecha" de la Iglesia, tanto en movimientos primaverales como en grupos misioneros, en grupos de autoayuda como en fieles tradicionalistas, que cree que "la alegría de los hijos de Dios" (como el título de cierto folleto del Marqués de Peralta) es poner cara de feliz cumpleaños las 24 horas.

Pero la vida en este mundo sublunar es dura y nuestros planes son vanos (Ps. 94), pronto pasan y las cosas no suceden como deseábamos. Es más, muchas veces acontecen de manera completamente opuesta hasta el punto que nos da miedo rezar y pedir.

No hay alegría forzada que soporte la vida. O nos convertimos en zombies, o terminamos abandonando. Y es así como con casi toda seguridad, más de la mitad de los que hoy tocan la guitarra y se abrazan emocionados, terminarán en 10 años (o antes) en otra cosa.

Lo difícil es confiar, lo difícil es soportar, lo difícil es creer que aunque Dios se ría de nuestros planes (o, a veces, parezca que se nos c*ga de risa), en el fondo "así, como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también Mis caminos se elevan por encima de sus caminos y Mis proyectos son muy superiores a los de ustedes" como le dice a Isaías, y que aunque haya "muchos proyectos en el corazón del hombre, sólo se realiza el designio del Señor" como dicen los Proverbios.

Voluntas autem Domini permanebit

Y aún así, como le sucede al Guy Crouchback de Waugh (otro que ve caer uno a uno sus grandes proyectos de vida, mientras que los atorrantes se llevan las condecoraciones), aún así podemos cumplir nuestro papel por muy pequeñito que sea (e ignorado por el resto); y aún así Dios nos da pequeñas alegrías que, como primicias del Reino, nos ayudan a sobrellevar este caminar por el valle de la sombra de la muerte (Ps. 23), hasta llegar a la meta.

Anónimo dijo...

El vórtice de todo este torbellino --me parece a mí-- está en aquello que el Señor le dice al gran Athonita, san Silvano: "persevera en el infierno y no desesperes".

el Pseudo-Athonita

el Fennian dijo...

Διὰ τοῦτο ὥσπερ δι' ἑνὸς ἀνθρώπου ἡ ἁμαρτία εἰς τὸν κόσμον εἰσῆλθεν καὶ διὰ τῆς ἁμαρτίας ὁ θάνατος, καὶ οὕτως εἰς πάντας ἀνθρώπους ὁ θάνατος διῆλθεν, ἐφ' ᾧ πάντες ἥμαρτον (Rm5:12)... (Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron -Bbl de Jrslm-)
Quizás uno de los versículos más graves de todo el NT. Explicar hoy el "mysterium iniquitatis", su universalidad, su culpa y su pena es una de las cosas que me resulta más difícil de hacer entender. Sin descartar la pobreza del que intenta la explicación -siempre corta- creo que la atmósfera reinante lo hace algo totalmente extraño a la mentalidad contemporánea.
En ruso queda más claro:
" Mi querida madre, ya sé que ha de haber amos y servidores, pero yo quiero servir a mis criados como ellos me sirven a mi. Y aún te diré más, madre mía: todos somos culpables ante los demás por todos y por todo, y yo más que nadie.
Al oír esto, mi madre sonrió a través de sus lágrimas.
¿Cómo puedes tener tú más culpa que todos ante los demás? Hay asesinos, bandidos... ¿Qué pecados has cometido tú que sean más graves que los de todos tus semejantes?
Mi querida mamá, mi adorada madrecita solía decir enton¬ces estas cosas dulces, inesperadas , te aseguro que todos somos culpables ante todos y por todo. No sé explicarme bien, pero veo claramente que es así, y esto me atormenta. ¿Cómo se puede vivir sin comprender esta verdad?
(...)
Su habitación daba al jardín, donde crecían árboles añosos. Los retoños habían brotado; llegaban bandadas de pájaros; algu¬nos cantaban ante su ventana, y para él era un placer con¬templarlos. Un día empezó a pedirles perdón también a ellos.
Pájaros de Dios, alegres pájaros: perdonadme, pues también contra vosotros he pecado.
Nosotros no lo comprendimos. Él lloraba de alegría.
La gloria de Dios me rodeaba: los pájaros, los árboles, los prados, el cielo... Y yo llevaba una vida vergonzosa, insultando a la creación, sin ver su belleza ni su gloria.
Exageras tus pecados suspiraba a veces su madre.
Mi querida madre, lloro de alegría, no de pesar. Quiero ser culpable ante ellos... No sé cómo explicártelo... Si he pecado contra todos, todos me perdonarán, y esto será el paraíso. ¿Acaso no estoy ya en él? " Los Karamazov

Anónimo dijo...

Por las penas y las tristezas, muchísimas veces me he inclinado hacia la rebelión...y eso también me ha apenado..

Anónimo dijo...

Como dijo Tomás Moro, hay que cruzar el Cedrón nomás:

«Marchó a la otra parte del torrente Cedrón, a un huerto llamado Getsemaní». Corre el Cedrón entre la ciudad de Jerusalén y el monte de los Olivos, y el vocablo «Cedrón» significa en lengua hebrea
«tristeza», mientras que «Getsemaní» quiere decir «valle muy fértil» y también «valle de olivos». No se ha de pensar que es simple casualidad el hecho de que los evangelios recordaran con tanto
cuidado estos nombres. De lo contrario, hubieran considerado suficiente indicar que fue al monte de los Olivos, a no ser que Dios hubiera escondido bajo estos nombres algunos misteriosos significados que hombres estudiosos, con la ayuda del Espíritu Santo, intentarían descubrir, por el simple hecho
de ser mencionados. Dado que ni una sílaba puede considerarse vana o superflua en un escrito
inspirado por el Espíritu Santo mientras los Apóstoles escribían, y dado el hecho de que ni siquiera
un pájaro cae a tierra fuera del orden querido por Dios, me es imposible pensar que los evangelistas mencionaran estos nombres de manera fortuita, o bien que los judíos los asignaran a lugares (cualquiera que fuese su intención al hacerlo) sin un plan escondido del Espíritu Santo, que guardó en tales nombres un depósito de misterios para que fueran desenterrados más adelante.
«Cedrón» significa tanto «tristeza» como «negrura u oscuridad», y da nombre no sólo al torrente mencionado por los evangelistas, sino también -como consta con claridad- al valle por el que corre el torrente y que separa a Getsemaní de la ciudad. Así, todos estos nombres evocan a la memoria (a no ser que nos lo impida ver nuestra somnolencia) la realidad de que mientras estamos distantes del Señor, como dice el Apóstol, y antes de llegar al monte fructífero de los Olivos y a la agradable finca de Getsemaní -cuyo aspecto no es triste y áspero, sino fértil en toda clase de alegrías-, debemos cruzar el valle y la corriente del Cedrón. Un valle de lágrimas y un torrente de tristeza, en cuyas aguas puedan limpiarse la suciedad y negrura de nuestros pecados. Mas, si cansados y abrumados con dolor y llanto intentamos perversamente cambiar este mundo, este lugar de trabajo y de sacrificio, en puerto de frívolo descanso; si buscamos el paraíso en la tierra, entonces nos apartamos y huimos para siempre de la verdadera felicidad, y buscaremos la penitencia cuando ya es demasiado tarde, y nos veremos además envuel-tos en tribulaciones intolerables e interminables.
Esta es la lección saludable de la que estos nombres nos advierten, tan oportunamente escogidos
están. Y como las palabras de la Sagrada Escritura no están atadas a un solo sentido, sino cargadas
con otros misterio-sos, estos nombres de lugares armonizan bien con la historia de la Pasión de
Cristo. Parece como si sólo por esta razón la eterna providencia de Dios se hubiera cuidado de que
esos lugares recibieran tales nombres, que serían, siglos después, señales anunciadoras de su
Pasión. El que «Cedrón» signifique «ennegrecido», ¿no parece querer recordar aquella predicción
del profeta sobre Cristo, anunciando que entraría en su gloria por un suplicio ignominioso, y que
quedaría desconocido por las contusiones y los cardenales, la sangre, los escupitajos y la suciedad hasta tal grado que «no hay forma ni belleza en su rostro»?. Y que el nombre del torrente que cruzó no en vano significa «triste» es algo que el mismo Cristo atestiguó al decir: «Mi alma está triste con
tristeza de muerte.» «Y le siguieron también sus discípulos», es decir, los once que habían quedado con Él.

YORCH dijo...

Y el mundo actual pretende hacernos creer que la vida es pura diversión y gozo.

Simplemente Esencial dijo...

Que buenas reflexiones muchachos.
Tengo penas. Y todo el entorno te pide "alegria". Es que no me sale, estoy triste. Me queda vivir esta tristeza."No hay alegría forzada que soporte la vida"... ¡¡Que buen post Walter!!!
Si lo comento copio todo, no puedo agregar nada. Solo preguntarte sobre este tema a quien conviene leer....

Caminante dijo...

Yo creo que la tristeza morbosa es perniciosa, pero la culpabilidad morbosa también. Suele paralizar.
No pienso que la conciencia de la culpa deba estar presente a todas horas, interpretando toda desgracia como efecto de una culpa anterior. Cada dolor puede ser fruto del pecado original, de pecados actuales propios o del pecado de un tipo que ni conozcamos. Toda la Creación está dañana hasta por el mínimo pecado.

De hecho, hay personas que sienten una culpa excesiva porque se hacen cargo de los problemas y errores de su gente sin que hayan tenido que ver.

Una cosa es la conciencia de culpa y otra la culpabilidad obsesiva. En ese sentido, Freud no erró del todo el tiro.

Anónimo dijo...

Muy bueno, pero si no contemplamos que en la comunión de los santos unos podemos sufrir por los pecados de otros (aún sin saberlo)la tristeza sería insoportable
Salo

Anónimo dijo...

Simplemente Esencial: Podría empezar con Una Pena Observada, de C.S. Lewis.... y de más acá, con Aproximación al Dolor, de Federico Mihura.

Anónimo dijo...

Acaso, ¿no querrá decir que las penas "son nuestras"?

Anónimo dijo...

Kike, ¿me indicaría de dónde es la cita de Santo Tomás?
Saludos,
A.

Anónimo dijo...

Con los dirigentes ( de todo tipo )que tenemos , ni gozo , ni diversión....

Anónimo dijo...

Quiero hacer un paréntesis sobre el tema.
Como me dijo un fraile del palo hace tiempo, a veces es necesario recurrir a un especialista, sea un psicologo o psiquiatra, para que nos ayude si no podemos con nosotros mismos. El alma a veces se enferma en el plano natural.

Quebracho

Anónimo dijo...

Anónimo de las 21:47: No sé si Ud. será argentino, pero la frase está incluida en una canción de nuestro país.
"Las penas son de nosotros, /las vaquitas son ajenas".
Slds.,
El Sanjua

Anónimo dijo...

Psicólogos... A esa profesión la tengo por un curro. Curro en auge. Lindo tongo.

El Carlista.

Kike dijo...

(1)
Apoyo lo de Quebrancho: esa es la diferencia con los protestantes: ellos nos dirán que basta tener fe en la palabra para sanarse; el cura sensato, en cambio, sabrá cuándo decir "No me jodas, hijo mío, que lo tuyo es cosa de ir a ver un loquero y te curaste".

(2) Para A.
Según entiendo, encontrará al Aquinate diciéndolo en la Summa Theologiae, II-II, 136, 4 ad 2, y en la II-II, 128, 1. Servido.

Anónimo dijo...

No se si tiene relación directa con lo que hablan, pero este artículo del P. Iraburu parece especialmente dedicado al voluntarismo semipelagiano tan extendido hoy en la Iglesia:

http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=3423

Wanderer dijo...

Kike, es verdad lo que usted dice, pero está errando el vizcachazo: apunte más alto, que es adonde apunta Tollers.

Anónimo dijo...

Hoy está más que probado que la psicología es un ciencia y no cosa de manosantas.
Parece mentira o broma algunas cosas que se leen.

Ernesto.

Kike dijo...

Buenassss...

No sé si se entendió lo mío. Me refería a que las ayudas para curarse algunas cosas (enfermedades físicas, mentales, espirituales, etcétera) son bienvenidas en el catolicismo, y a veces son las vías ordinarias de la Providencia para proveer de salud a sus hijos. Con esto no busco divinizar la psicología ni otorgarle un papel que no tiene ni convertirlas en cura de las penas de la vida.

El protestante ortodoxo jamás buscará ayuda ahí: le dirán sus pastores que recurra a la palabra salvadora de Dios, etcétera.

Lo mencioné porque alguien mencionó lo de la psicología por ahí.

Salud.

Anónimo dijo...

Siempre tienta ser cool, para lo que es necesario sostener algunas gansadas como reconocerse fan de la películas de Tarantino o creer en el Cuco.
Yo no puedo. Me crié entre sanos prejuicios, anticuerpos definitivos que ahora transmito a mis hijos y que mucho más divertido es cuando lo hace su abuelo.

No tengo nada contra la psicología, que sería entre otras cosas tener por malandras a Castellani, Thibon o Petit, todos buenos tipos; pero sí contra los psicólogos.

No hay que agregarle al día a día más de lo necesario, que se tapona, aqueja, traba, la vida misma, y se termina viviendo una vida con los adheresos aceptados por las mayorías.
Es dejar de lado el sentido común para meterse en una vorágine de trabalenguas tan bobos como los de la filosofía alemana. No hay para qué.

Ahora resulta que un ser querido estaría "con depresión", por lo que uno de esos truchimanes, en vez de decirle que su vida hace agua por todos lados, porque sencillamente "el hombre solo necesita Dios, casa y mujer", le recetó antidepresivos que no sé qué efecto químico le provocarían en el mate al segregar no se qué cosa que no tiene y plin caja.
Puros parches que no reemplazan a una vida que comienza por la casa y la infancia. El tipo mitad dopado y mitad tarado la pasará bomba por un tiempo, pero el problema sigue allí.

Con unas pocas cosas, como una buena confesión que reemplaza al psicólogo, según Castellani, estamos.
Me quedo con mis prejuicios.

El Carlista.

Caminante dijo...

Eso de tener prejuicios contra la psicología me suena al que tienen los testigos de jeová contra las trasfusiones de sangre. Dios suele actuar a través de medios naturales y la depresión y otros males psicológicos han exisstido siempre, con fe o sin ella. Si se arreglaran por ir al confesionario habría que suponer que un esguince de tobillo también sanaría con hablar con un cura y hacer una buena confesión.

Una cosa es el padecimiento espiritual por una vida desordenada y otra un dolor mental aunque la vida esté ordenada. en el primer caso está claro que no se requiere más que convertirse a Dios, pero en el segundo lo que falla es la naturaleza, y par eso se han de buscar medios naturales.

Anónimo dijo...

Existen sicólogos que saben qué necesita el hombre y qué sobra y que en el ejercicio de su profesión (por esto mismo) convierten al catolicismo a muchos de sus pacientes.
Son muy pocos. No conozco a ninguno, pero me dicen que existen.

L.

Anónimo dijo...

¡Bravo! Excelente artículo, Tollers (gracias W.).
Al Anónimo de 8 de agosto de 2012 08:07. El salmo profético 109, refiriéndose a N. S. Jesucristo dice en sus dos postreros versos (traducción de Carlos Sáenz) «beberá en el camino, del torrente y sobre todos alzará la frente».
La traducción de la Nueva Vulgata aprobada por Pío XII dice así: «En el camino beberá del torrente,
por eso erguirá su cabeza».
Es tradición que N. S. fué arrojado al torrente del Cedrón por la policía, camino a Jerusalém. Una interpretación espiritual del pasaje indica precisamente que en este gesto sería reconocido como el Mesías, el que apura el trago de la amargura, de la tristeza de este mundo sin ahogarse en ella, y "por eso erguirá su cabeza", para respirar y permitirse beberla hasta el final.
Saludos

Anónimo dijo...

En esto estoy con el Carlista y es que la psicologia es una ciencia adecuada a la modernidad que lo que procura es que la persona que no esta a gustoen este mundo o no encaja el loquero lo haga encajar y funcional a ello. Las excepciones existen claro pero frente a un problema realmente serio es el psiquiatra el adecuado. Un psicologo solo puede hacer daño ya que su métodos es dañino del inicio...