lunes, 28 de abril de 2014

Sobre las últimas canonizaciones

La revista americana Catholic Family News le realizó una entrevista al Prof. Roberto de Mattei acerca de las canonizaciones que se llevaron a cabo el día de ayer en el Vaticano. Aquí va una traducción.
Si bien es un tema que hemos tratado anteriormente en este blog, las respuestas del entrevistado son muy claras y vale la pena leer el reportaje porque esclarece la situación en muchos sentidos.
Es oportuno aclarar, para quienes no lo conocen, que De Mattei es un historiador italiano, ampliamente reconocido en los ámbitos científicos extra-eclesiales. De hecho, durante varios años fue director del equivalente italiano al Conicet.

Profesor de Mattei, las inminentes canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo segundo suscitan, por varios motivos, dudas y perplejidades. ¿Cómo católico y como historiador, cuál es su juicio?
Puedo expresar una opinión personal, sin pretensiones de resolver un problema que se presenta complejo. En líneas generales, estoy perplejo por la facilidad con la cual en los últimos años se llevan a cabo y se concluyen los procesos de canonización. El Concilio Vaticano I definió el primado de jurisdicción el Papa y la infalibilidad de su Magisterio, con determinadas condiciones, pero no ciertamente la impecabilidad personal de los Soberanos Pontífices. En la historia de la Iglesia hubo buenos y malos papas y es reducido el número de quienes fueron elevados a los altares. Y hoy parece que al principio de infalibilidad del Papa se lo quiere sustituir por el principio de su impecabilidad. A todos los Papas, o mejor dicho a los últimos, a partir del Concilio Vaticano II, se los presenta como a santos. Por cierto no es casualidad que las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II hayan postergado o dejado atrás la canonización de Pío IX y la beatificación de Pío XII, mientras avanza el proceso de Pablo VI. Casi parece que una aureola de santidad debiese envolver la era del Concilio y del postconcilio, para “infalibilizar” una época histórica que ha afirmado el primado de la praxis pastoral sobre la doctrina.

¿Usted opina entonces que los últimos Papas no han sido santos?
Permítame expresarme sobre un Papa al que como historiador lo conozco bien: Juan XXIII. Habiendo estudiado el Vaticano II, profundicé en su biografía y he consultado las actas del proceso de su beatificación. Cuando la Iglesia canoniza un fiel no quiere solamente asegurar que el difunto está la gloria del cielo, sino que lo propone como modelo de virtudes heroicas. Según los casos, se tratará de un perfecto religioso, párroco, padre de familia, etc. En el caso de un Papa, para ser considerado santo debe haber ejercitado las virtudes heroicas en el cumplimiento de su misión como pontífice, como fue, por ejemplo, para San Pío V o San Pío X. Y bien, en lo que se refiere a Juan XXIII, alimento la meditada convicción de que su pontificado ha representado un daño objetivo a la Iglesia y que es imposible encontrar santidad en él. Antes que yo lo afirmaba el dominico Innocenzo Colosio, uno de los mayores historiadores de la espiritualidad en los tiempos modernos, en un célebre artículo aparecido en la Rivista de Ascetica e Mistica.

Si, como usted piensa, Juan XXIII no fue un Santo Pontífice y si como parece las canonizaciones son un acto infalible, nos encontramos frente a una contradicción. ¿No hay riesgo de caer en el sedevacantismo?
Los sedevacantistas atribuyen un carácter hipertrófico a la infalibilidad Pontificia. Su razonamiento es elemental: si el Papa es infalible y hace algo malo, la sede está vacante. La realidad es mucho más compleja y es errada la premisa según la cual cada acto del Papa es infalible. En realidad, si las próximas canonizaciones plantean problemas, el sedevacantismo plantea problemas de conciencia mucho mayores.

Sin embargo, la mayoría de los teólogos, y sobre todo los más seguros, los de la “Escuela Romana”, afirman que las canonizaciones son infalibles.
La infalibilidad de las canonizaciones no es un dogma de fe y esta es la opinión de la mayoría de los teólogos, sobre todo después de Benedicto XIV, que la expresó además como doctor privado y no como soberano pontífice. En lo que atañe a la “Escuela Romana”, el máximo exponente viviente es monseñor Brunero Gherardini, quien ha expresado en la revista Divinitas todas sus dudas sobre la infalibilidad de las canonizaciones. Conozco en Roma distintos teólogos y canonistas discípulos de otro ilustre representante de la misma escuela, monseñor Antonio Piolanti, que tienen las mismas dudas de monseñor Gherardini. Ellos opinan que las canonizaciones no entran en las condiciones requeridas por el concilio Vaticano I para garantizar la infalibilidad de un acto pontificio. La sentencia de la canonización no es en sí misma infalible, porque faltan las condiciones de la infalibilidad, empezando por el hecho de que la canonización no tiene por objeto directo explícito una verdad de fe o de moral contenido en la Revelación, sino solamente un hecho indirectamente ligado con el dogma, sin ser propiamente un “hecho dogmático”. El campo de la fe y de la moral es vasto porque abarca toda la doctrina cristiana especulativa y práctica, el creer y el obrar humano, pero una precisión es necesaria. Una definición dogmática no puede jamás implicar la definición de una nueva doctrina en materia de fe o de moral. El Papa sólo puede explicitar en lo que es implícito en materia de fe y de moral y es transmitido por la tradición de la Iglesia. Lo que los Papas definen debe estar contenido en la Escritura y en la Tradición y esto es lo que asegura la infalibilidad del acto. Esto no es ciertamente el caso de las canonizaciones. Por cierto, ni los Códigos de Derecho Canónico de 1917 y de 1983, ni en los catecismos, antiguos y nuevos, exponen la doctrina de la Iglesia sobre canonizaciones. Sobre el tema, además del citado estudio de monseñor Gherardini, hay un óptimo artículo de José Antonio Ureta en el número de marzo 2014 en la revista Catolicismo.

¿Usted opina que las canonizaciones han perdido su carácter infalible, como consecuencia del cambio querido por Juan Pablo en 1983 en el proceso de canonizaciones?
Esta tesis es sostenida en el Courrier de Rome por una excelente teólogo, el padre Jean-Michel Gleize. Por otra parte, el padre Low, en la voz “Canonizaciones” de la Enciclopedia Cattolica, fundamenta la tesis de la infalibilidad en la existencia de un poderoso complejo de investigaciones y verificaciones, seguido por dos milagros, que preceden a la canonización. No hay dudas de que después de la reforma del procedimiento querida por Juan Pablo II, este proceso de verificación de la verdad es mucho más frágil y que ha sido un cambio en el mismo concepto de santidad. No obstante, el argumento no me parece decisivo porque el procedimiento de las canonizaciones fue modificado a través de la historia. Por ejemplo, cuando un siervo de Dios es declarado santo por la fuerza de una veneración secular. Es el caso de la proclamación de la santidad de Ulrico de Augsburgo, hecha por Juan XV en el 993, que es considerada como la primera canonización pontificia en la historia y fue proclamada sin ninguna investigación por parte de la Santa Sede. El proceso de investigación profundizada se remonta sobre todo a Benedicto XIV: a él se debe, por ejemplo, la distinción entre canonización formal según todas las reglas canónicas y canonización equivalente, cuando un siervo de Dios es declarado santo por la fuerza de una veneración secular. La Iglesia no exige un acto formal y solemne de beatificación para calificar un santo.
Santa Hildegarda de Bingen recibió culto de santa y el Papa Gregorio IX, desde 1233, inició una investigación para la canonización. No obstante, nunca hubo canonización formal, ni siquiera Santa Catalina de Suecia, hija de Santa Brígida fue canonizada. Su proceso se desarrolló entre 1446 y1489, pero nunca se terminó y fue venerada como Santa sin siquiera estar canonizada.

¿Qué piensa usted de la tesis de Santo Tomás, también expuesta en el artículo “canonizaciones” del Dictionnaire de Théologie catholique, según la cual si el Papa no fuese infalible en una declaración solemne se engañaría asimismo y a la Iglesia?
Es preciso disipar primeramente un equívoco semántico: un acto no infalible no es un acto equivocado que necesariamente engaña, sino un acto sometido a la posibilidad del error. De hecho, este error podría ser rarísimo o nunca sucedido. Santo Tomás, siempre equilibrado en sus juicios, no es un “infalibilista” a ultranza. Como está justamente preocupado por salvaguardar la infalibilidad de la Iglesia, lo hace con un argumento de razón teológica, a contrario. Su argumento puede ser recibido en sentido lato, pero admitiendo la posibilidad de excepciones. Estoy de acuerdo con él sobre el hecho de que la Iglesia, en su conjunto, no puede errar cuando canoniza. Pero esto no significa que cada acto de Iglesia sea en sí mismo infalible, como tampoco lo es en sí mismo infalible el acto de canonización. El asentimiento que se brinda a los actos de canonización es de fe eclesiástica, no divina. Esto significa que el fiel cree porque acepta el principio según el cual la Iglesia normalmente no se equivoca. La excepción no cancela la regla. Un acreditado teólogo alemán, Bernhard Bartmann, en su Manual de Teología dogmática (1962), compara el culto rendido a un falso santo con el homenaje rendido al falso embajador de un rey. El error no quita el principio según el cual el rey tiene verdaderos embajadores y la Iglesia canoniza a verdaderos santos.

¿En qué sentido entonces se puede hablar de infalibilidad de la Iglesia en las canonizaciones?
Estoy convencido de que sería un grave error reducir la infalibilidad de la Iglesia al magisterio extraordinario del Romano Pontífice. La Iglesia no es infalible solamente cuando enseña de manera extraordinaria, sino también en su Magisterio ordinario. Pero así como existen condiciones de infalibilidad para el magisterio extraordinario existen condiciones de infalibilidad para el magisterio ordinario. Y la primera de ellas es su universalidad, que se verifica cuando una verdad de fe o de moral, es enseñada de manera constante a través del tiempo. El magisterio puede enseñar infaliblemente una doctrina con un acto definitorio del Papa o con un acto no definitorio del Magisterio ordinario, a condición de que esta doctrina haya sido constantemente conservada y mantenida por la Tradición, y haya sido trasmitida por el Magisterio ordinario y universal. La constitución Ad tuendam fidem de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del 18 mayo de 1998 (n.2) lo confirma. Por analogía, se podía sostener que la Iglesia no puede equivocarse cuando confirma constantemente en el tiempo verdades conexas a la fe, hechos dogmáticos, usos litúrgicos. También las canonizaciones pueden entrar en este grupo de verdades conexas. Se puede estar seguro de que santa Hildegarda de Bingen está en la gloria de los altares y puede ser propuesta como modelo, no porque haya sido solemnemente canonizada por un Papa, porque en su caso nunca existió una canonización , sino porque la Iglesia reconoció su culto, sin interrupción, desde su muerte. Con mayor razón, para los santos que tuvieron canonización formal, como San Francisco o Santo Domingo, la certeza infalible de su gloria nace del culto universal, en sentido diacrónico, que la Iglesia les ha tributado y no de la sentencia de canonización en sí misma. La Iglesia no engaña en su magisterio universal, pero se puede admitir un error de las autoridades eclesiásticas circunscrito en el tiempo y el espacio.

¿Quiere usted resumir su posición?
La canonización de Juan XXIII es un acto solemne del Soberano Pontífice, que proviene de la suprema autoridad de la Iglesia y que debe ser recibida con el debido respeto, pero no es una sentencia en sí misma infalible. Para usar un lenguaje teológico, no es una doctrina de tenenda fidei, sino de pietate fidei. No siendo la canonización un dogma de fe, no existe para los católicos una obligación positiva de prestar asentimiento. El ejercicio de la razón, respaldado por un riguroso reconocimiento de los hechos, demuestra con toda evidencia que el pontificado de Juan XXIII no ha sido beneficioso para la Iglesia. Si se debiese admitir que el Papa Roncalli ha ejercido de modo heroico las virtudes, cumpliendo su rol de Pontífice, se minarían las bases de los presupuestos racionales de mi fe. En la duda me atengo al dogma de fe establecido por el Concilio Vaticano I, según el cual no puede existir contradicción entre la fe y la razón. La fe sobrepasa la razón y la eleva, pero no la contradice, porque Dios, verdad por esencia, no es contradictorio. En conciencia, mantengo todas mi reservas sobre este acto de canonización.


22 comentarios:

Anónimo dijo...

Reitero:

"para los santos que tuvieron canonización formal, como San Francisco o Santo Domingo, la certeza infalible de su gloria nace del culto universal, en sentido diacrónico, que la Iglesia les ha tributado y no de la sentencia de canonización en sí misma"

Entiendo lo que dice el profe, pero esto abre nuevos dilemas:

1.- ¿Y dentro de 50 años, cuando las masas que son católicas-masita le rindan culto universal y sigan reconociendo a Roncalli como santo, efectivamente podremos considerarlo tal?

2.- ¿O lo que dice de Mattei es "para antes", para un tiempo anterior? Porque "antes" el católico no era masita y con hombres como los da antaño no había forma de lograr un reconocimiento y culto universal hoy harto posible. "No es santo de mi devoción", se decía, y a la lona. ¿Se entiende?

Es como la cuestión del infalible Sensus Fidelium que supone una unción especial que posee la universalidad de los fieles para no fallar en su creencia.
¡Pero -reitero- los fieles de ahora son fieles masita!, el sensus éste les patina... No sería raro que en 50 años muy mayoritariamente los católicos sean pro gay. Que una cosa es el sensus y otra la mayoría democrática-masita.

Pero con el sensus fidelium la cosa es más fácil de solucionar, pues si se contradice lo que todos aceptan con el dogma o la moral anterior es sensus-trucho-masita; en cambio, con las canonizaciones no tenemos esa "contradicción" con lo anterior que permita el rechazo novedoso. No tenemos el "primero en el infierno, luego lo quieren santo; conclusión: no puede ser realmente santo".

Por ello, lo mejor es no coquetear con estas cosas y decir que las canonizaciones nunca han sido de fe por no ser la piedad materia de infalibilidad, sean anteriores o posteriores al Vaticano II y tengan o no reconocimiento en el culto.

Ps.

Perdón, salvo las canonización de María Santísima que es dogma de fe que fue asunta y de san Dimas, que lo canonizó Cristo.

J dijo...

Nos estamos equivocando si vamos a buscar la razón de la infalibilidad en la voluntad de alguien. La infalibilidad es tal cuando es algo congruente con la recta razón. El producto de un silogismo.
Si mañana sube un loco y declara santo al Gaucho Gil, no es infalible. Y esa posibilidad ciertamente existe. No es algo absurdo o impensable. Es el producto de una voluntad y de un poder, no de una razón.
Por el contrario si declara el dogma de la Ssma. Trinidad, es ciertamente impensable, pero no absurdo, no contrario a la razón, e inclusive necesario que así sea.

Si vamos a buscar la fundamentación de la infalibilidad papal como lo venimos haciendo, es decir en reglamentos y opiniones librescas estamos haciendo algo igual a lo del P. Iraburu. Dicho con todo respeto hacia este buen sacerdote, que siempre termina diciendo que no hay que pensar.

Es puro sentido común.

Anónimo dijo...

Gracias, Wanderer, leer este artículo ha traído paz a mi espíritu.

Anónimo dijo...

J, no entiendo su argumento. Algo sería infalible cuando no es errado. Es una perogrullada grande como una casa.
Justamente el don de la infalibilidad se lo da Cristo a la Iglesia (con todas las restricciones circunstanciales y de jurisdicción que correspondan) para asegurarnos que nunca un loco va a subir y declarar una falsedad dogma de fe. Dejo el tema de las canonizaciones de lado, pues su ejemplo, aunque exagerado, es lo que se está discutiendo aquí. Pero Ud. mismo se desdice cuando menciona que muchos dogmas no son de ningún modo "producto de un silogismo".

No son reglamentos, ni opiniones librescas, sencillamente son Concilios, Tradición y Escrituras.

Por otro lado presento una duda: cómo puede ser que el CV1 declare el dogma de la infalibilidad pero no especifique si este caso que parece tan relevante, es decir, las canonizaciones, caen bajo su órbita. Me resulta extraño que estemos seguros que el Papa es infalible pero no sepamos bien respecto de qué.

Saludos, uno que busca lleno de esperanzas.

Martin Ellingham dijo...

Si sirve para tranquilizar conciencias perplejas por las recientes canonizaciones, copio un párrafo de un autor infaliblista:
La particularidad que puede presentar la prueba de las virtudes heroicas de un siervo de Dios viene sobre todo por su objeto, totalmente diferente de lo habitual en cualquier otra causa. En primer lugar porque no es un hecho concreto que debe ser probado sino una serie de hechos que, unidos unos con otros, deben llevar al conocimiento de la actitud profunda o situación espiritual del que los realizó, y no en un lapso breve de tiempo, como podría ocurrir con el martirio, sino en un periodo largo, que Benedicto XIV define como «longo tempore», y que algunos autores concretan en diez años. Si bien lo importante no es la cantidad de los años sino la intensidad con que el Siervo de Dios vivió las virtudes, aunque el espacio de tiempo fuera más breve -tenemos el ejemplo de Catalina Tekakwitha, heroica en sus virtudes, aunque murió cuatro años después de su bautismo-, no deja de ser un objeto de prueba más complejo que los hechos puntuales que se suelen probar en los procesos.” (A. Royo Mejía).
Aunque no adhiero a la tesis infaliblista, justo es reconocer que su exposición puede ser más profunda y matizada que la presentación habitual de algunos manuales vulgarizada por apologetas.
Saludos.

Walter E. Kurtz dijo...

Sobre el tema que plantea un comentarista, me permito recomendar "Los fieles y la tradición" de Newman (On consulting the faithful in matters of doctrine). Especialmente, la edición que viene con traducción, estudio preliminar y notas del P. Carlos Baliña.

Es bibliografía fundamental para este tema, aunque no se refiera en concreto a las canonizaciones.

Rigoberto Gerardo Ortiz Treviño dijo...

Querido Wanderer:

Ya es un poco a toro pasado, Roma locuta, causa finita. De alguna manera esa es la postura de Terzio en su blog ex orbe.

Otra historia es la cita del P. Royo que nos obsequia, con mucho tino, Martin E Llingham.

Al final, Juan XXIII y Juan Pablo II fueron los canonizados, no sus pontificados.

un abrazo,

Rigoberto

Anónimo dijo...

Estimado Coronel,
Conozco la hermosa obra en esa traducción. Pero el problema "actualizado" que le encuentro a la cuestión del Sensus Fidelium es que el mismo ya no es de fiar. No porque haya dejado de ser inenarrable, que no puede ser. Sino porque ya no es Sensus Fidelium luego de tantos años de animalización de la feligresía y abandono de la doctrina mínima elemental.
Este Sensus Fidelium, sin ello, ya no es tal. Se confirmaba en la tradición y ya no se confirma, pues perdió aquella apoyatura.
Podrá mostrarse como tal, pero no es lo mismo Sensus Fidelium que Opinión Mayoritaria, aunque sea muy mayoritaria. Se muestra igual, pero no lo es.
Ese es el problema que veo hoy.
Y es un problema que se agrava progresivamente desde el posconcilio y hace su epifenómeno en Francisco, pues este último pontífice, sin desparpajo, a veces directamente y otras en forma velada, les dice a las masas ni más ni menos que lo que quieren escuchar, sea o no contrario a la fe, a la moral y a veces hasta al buen sentido (que si se va a convertir en un asistente social, que no sea en uno tan choto).
Y esto provoca un sistema de erosionamiento cerebral general y, naturalmente, dejan de ser fiables los erosionados.

Nada nuevo bajo el sol, que Dios no miente y tanto la apostasía de las masas, como que éstas serán perseguidoras apasionadas y sinceras del reducto fiel, lo dice el Evangelio.

Ventarrón.

Ludovicus dijo...

Lo que pasa es que "sensus fidelium" evoca, en estos tiempos democráticos, masas, opinión pública, lugares comunes. Cuando puede estar concentrado sólo en un happy few.
¿Dónde residió el sensus fidelium durante el Viernes y Sábado Santos? En una sola persona.

Anónimo dijo...

Ventarrón, entonces el peronismo es esjatológico en su afán de movimiento de masas.

Anónimo dijo...

En efecto. El peronismo es es(j)atológico. También es(c)atológico.

Fernando dijo...

De Mattei ejemplifica claramente lo que he dicho antes.

El sencillamente no puede aceptar que Juan XXIII sea santo (y en consecuencia lanza juicios temerarios -casi afirmó que el papa actual es el anticristo-). A partir de allí, busca justificar su personal opinión. No se trata de un debate teológico descarnado, una mera discusión de eruditos.

Entonces, ¿Importa si existe o no infalibilidad? Aunque no la haya, la intención de De Mattei ¿No está viciada desde el vamos? ¿No es como el curita pro misa rock que se defiende bajo un "no es dogma de fe" (la forma normal y mandada de celebrar)?

Javier dijo...

Respecto del "sensus fidelium", me da la impresión de que debe seguir vigente. Pero el que debe seguir hoy vigente es el "sensus fidelium" de aquellos que conservan la Fe católica en su integridad, que deben de ser un 5% de todos los católicos del mundo, con muchísima suerte.
De los católicos yanquis sólo el 63% cree en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Uno diría que la cifra debería ser el 100%. Es una creencia básica para poder llamarse católico. O basta tomar casi cualquier Biblia de los últimos veinte años -con sus aprobaciones eclesiásticas correspondientes- y las notas dirán que las palabras de Cristo no son tales, que lo que se dice que pasó no pasó, y etc., ad nauseam.
O sea que hoy estamos hablando del "sensus fidelium" de un montón de paganos.
Creo que la forma de revertir esto y dejar sólo a los católicos dentro de la Iglesia, es una buena persecución, que castigue con la muerte a los católicos que se confiesen como tales. Van a quedar dentro del catolicismo cuatro o cinco que le tengan más miedo al juicio final que a una bala en la nuca. Pero esos que queden tendrán un confiable "sensus fidelium".

Fide firma cum mente clara dijo...

El cuestionamiento de de Mattei de la canonizacion de Juan XXIII porque "el pontificado de Juan XXIII no ha sido beneficioso para la Iglesia" carece totalmente de sustento a partir del precedente de San Celestino V. Y esta observacion no es original mia, sino de Rorate Caeli:

http://rorate-caeli.blogspot.com/2014/04/editorial-note-what-pope-with-lousy.html

Por otro lado, la confusion conceptual de de Mattei entre capacidad y virtud heroica es realmente sorprendente. Confusion que justamente el caso de San Celestino V pone en evidencia.

párroco afligido dijo...

Firma fide cum mente clara:

la clave de S Celestino V es justamente la abdicación!

De todos modos también ésa fue una canonización "política" contra Bonifacio VIII.

Juan XXIII estará en el cielo, pero no previó los males que traerían a la Iglesia el Concilio. Tanto que incluso habló de profetas de calamidades a quienes se lo advertían.

El eremita dijo...

Estimados caballeros,

Si bien es cierto que el afirmar que las canonizaciones son infalibles es meramente una "sentencia común", la santidad de un canonizado concreto es por lo menos una "sentencia cierta" (al menos "próxima a la fe" si nos referimos exclusivamente al destino eterno del canonizado) cuya negación implica la posibilidad de temeridad. Además, siendo dicha santidad promulgada de forma solemne por el Magisterio ordinario del Sumo Pontífice, no solo se debe obsequio religioso, sino que además uno ya no tiene libertad de negarla públicamente, fuera de los ámbito de la investigación teológica.

Digo, despotricamos (¡y con razón!) cuando algún curita o "tiólogo" aparece públicamente enseñando doctrinas heterodoxas, no seamos tan tolerantes con uno que cae en lo mismo solo por el hecho de que es "del palo".

Repito, no me refiero a sostener que las canonizaciones no son infalibles, sino a negar (públicamente, fuera de ámbitos más adecuados) que a San Juan XXIII y San Juan Pablo II les convenga el culto público de la Iglesia.

Digámoslo de paso, De Mattei se manda unas cuantas patinadas en esta entrevista: omite la distinción que acabo de hacer, llama a Gleize un "excelente teólogo" (¿quién lo conoce fuera de la SSPX? Sus intervenciones públicas fueron bastante pobres), omite por completo el caso de San Celestino V, habla de una "demostración" histórica del perjuicio que ocasionó el pontificado de Juan XXIII (cualquier persona mas o menos aristotélico-tomista sabe que partiendo de lo particular no se puede "demostrar" nada en sentido estricto).

Mantengamos nuestra crítica en un nivel elevado, esta entrevista de De Mattei, en mi humilde opinión, no lo alcanza.

Cordiales saludos.

Martin Ellingham dijo...

La virtud heroica de un papa debe manifestarse en el cumplimiento de sus deberes de estado como Pontífice. Otra cosa es que deba ser “exitoso”, como si dicha heroicidad en el ejercicio de la función debiera seguirse buen obrar necesario de parte del resto de la Iglesia.
Saludos.

Anónimo dijo...





Me gusta la explicación de Martin ..

cortita , concisa , clarita....

P...S...

párroco afligido dijo...

Estimado Eremita:

cómo puede der que la santidad de un xanonizado sea "promulgada de forma solemne por el Magisterio ordinario del Sumo Pontífice" si no pertenece a la Revelación y el Magisterio debe enseñar la Revalción?

Dice Ud que “De Mattei llama a Gleize un "excelente teólogo" (¿quién lo conoce fuera de la SSPX?)”. Pregunto, un buen teólogo de ser “conocido”? No olvide las posiciones al respecto –entre otros- de Ols y Gherardini, teólogos intachables y enteramente ortodoxos –además de conocidos-.

Cordiales saludos

Martin Ellingham dijo...

Nueva entrevista a Roberto De Mattei:

La canonización de un Papa implica su santidad no sólo en la vida privada, sino también en la vida pública, o sea el ejercicio heroico de la virtud en el cargo que le es propio, el de sumo Pontífice. Como autor de una historia del concilio Vaticano II, he estudiado el breve pontificado de Juan XXIII, desde el 25 octubre de 1958 hasta su muerte el 3 junio de 1963, y estoy convencido de que no lo hizo ejerciendo las virtudes cristianas de modo heroico, comenzando por la virtud de la prudencia… Un análisis objetivamente racional de los hechos demuestra la falta de virtudes heroicas en el papa Roncalli. Si, por fideísmo, debiese negar lo que impone la razón, suprimiría los fundamentos racionales de mi fe. Por lo tanto, mantengo en conciencia mis dudas y perplejidades sobre la canonización de Juan XXIII…. Es evidente que no ser elevado a la gloria de los altares no significa ir al infierno. De otra manera, deberíamos creer que son muy pocos los papas que se salvan, y menos aún, los fieles que se salvan. Sólo Dios conoce el destino ultraterreno de las almas. Mis dudas no se relacionan con la salvación eterna de Juan XXIII, sino sobre la heroicidad de sus virtudes en el gobierno de la Iglesia.

http://www.catapulta.com.ar/

Pablo dijo...

La cosa es más grave que canonizar a Pontífices ineficaces. ¿Cómo se puede declarar santo a Juan Pablo II sin aclarar antes su papel en decisiones que atentan contra la Caridad, como el encubrimiento de sacerdotes pederastas y el apoyo al sátiro Maciel?

Si se hubiera investigado a fondo y aclarado la actuación de Juan Pablo en estos casos se podría haber demostrado que actuó desde la ignorancia. O, por el contrario, se podría haber llegado a la conclusión de que lo hizo a voluntad y entonces no podría haber sido canonizado. Mientras, a los fieles con un mínimo de uso racional de la cabeza nos quedará una duda inquietante.

Anónimo dijo...




Justamente , la canonización me quita totalmente la duda , como a Escriba de Balaguer .