jueves, 10 de mayo de 2018

Pensando en el cónclave

Por lo vicoli romanos se habla en voz baja de un hecho; en realidad de una práctica que está llevando a cabo fuera parte del clero de la Urbe: antes o después de celebrar la misa, los sacerdotes rezan esta oración:"Señor, haz que el papa Francisco abra cuanto antes lo ojos, o cuanto antes los cierre para siempre. Amén". Y no es que los curas romanos sean todos conservadores, o tradicionalistas o bienpensantes; lo que ocurre es que si sono stufatti. Se hartaron ya hace rato de este pontificado de quinta categoría, de este Papa del Tercer Mundo y de su modesta capacidad, y quieren que se vaya, como sea. Por eso, y ante la posibilidad que el Señor no haga oídos sordos a ese pedido, me animo a hacer un ejercicio de imaginación.
Es un ejercicio más o menos frecuentado en los últimos tiempos tratar de encontrar similitudes entre el pontificado del papa Francisco con el de otros pontífices de la historia. Yo encuentro varios puntos en común con el de Juan XXIII. Me apresuro a decir, claro, que también hay muchas diferencias: no solamente algunas decenas de kilos, sino también que el bueno del papa Juan era un hombre piadoso, tradicional y erudito historiador, autor, entre otras obras, de una historia de la pastoral de San Carlos Borromeo en varios volúmenes. Nuestro modesto Bergoglio apenas si cuenta en su haber con unas pocas cuartillas que los años olvidarán rápidamente.
Pero hay un punto en común: la incapacidad para el cargo, que los sobrepasa enormemente. En el caso de Juan XXIII se pone de manifiesto por su convocatoria al Concilio Vaticano II, decisión tomada súbitamente luego de acceder al pontificado y con escasas o nulas consultas previas. Actuó con irresponsable precipitación tal como los más conocedores y avispados obispos percibieron. El mismo Mons. Battista Montini, que sería luego quien todos sabemos, dijo cuando se enteró de la decisión de Roncalli: “Este santo anciano no comprende qué nido de avispas está sacudiendo” (A. Fappani y F. Molinari, Giovanni Battista Montini Giovane. Documenti inediti e testimonianze, Mariette, Turín: 1979, p. 171). Y convengamos que Montini sabía muy bien lo que decía luego de haber pasado la casi totalidad de su vida en los escondrijos más profundos de la Curia Romana. Otra de las figuras descollantes del momento, el cardenal Giuseppe Siri, diría luego de algunos años de pontificado de Juan XXIII: “La Iglesia necesitará cuatro siglos para recuperarse del pontificado del papa Juan” (Mencionado por P. Hebblethwaite, Pablo VI. El primer papa moderno, Vergara: Buenos Aires, 1995, p. 267). Y Helder Câmara, que sin ser aún obispo tenía amplísima llegada en Roma como secretario de la Conferencia Episcopal Brasileña, dijo: “Del Concilio no puede salir nada bueno a menos que el Espíritu Santo produzca un milagro”. Nosotros sabemos, cincuenta años después, que el milagro no se produjo.  
Sin embargo, el principal hecho que revela la flagrante irresponsabilidad del papa Juan fue que en ningún momento se planteó elaborar un plan para el concilio que había convocado, y que planeaba que durara apenas dos meses. ¿A qué persona sensata puede ocurrírsele que casi tres mil personas de todos los lugares de la tierra, que no se conocen, podían ponerse de acuerdo en temas tan delicados como los que se pretendía tratar, de un día para otro, por más obispos que fueran? Y lo peor es que no se sabía qué temas había que tratar. En pocas palabras, Juan XXIII convocó a un concilio para que los obispos del mundo entero se juntaran a tomar mate y hablar del tiempo… Y esto, una vez más, no es una opinión personal: es la conclusión a partir de los hechos que se conocen. 
Se sabe que el cardenal Montini, cuando comenzó a asistir a las reuniones de la Comisión preparatoria del Concilio, se alarmó al descubrir que no había un plan general y, consecuentemente, no había dirección. Se requería de un liderazgo que el papa Juan no podía suministrar. Por su parte, Mons. Suenens, arzobispo de Bruselas, llegó a la misma conclusión y en marzo de 1962 preguntó a Juan XXIII: “¿Quién elabora un plan general para el Concilio?”. “Nadie”, dijo el papa Juan. “Pero habrá un caos total -siguió Suenens- ¿Cómo cree que podemos discutir setenta y dos borradores de omni re scibili et quibusdam aliis (acerca de todo lo que se puede saber y unas pocas cosas más?”. “Sí -convino Juan XXIII-, necesitamos un plan… ¿Desearía preparar uno?”. Y así fue que el primer plan general del concilio fue preparado por el progresista Suenens, que poco después se convertiría en cardenal, y sobre ese plan maestro, Montini elaboró el definitivo que fue el que finalmente se ejecutó (Este hecho lo narra Hebblethwaite, ex jesuita de abiertas simpatías progresistas y cercano a todos los protagonistas del momento). 

Estos hechos, a mi entender, demuestran que más allá de la piedad y bonhomía de Roncalli, no poseía la capacidad suficiente para desempeñar el cargo más alto sobre la tierra. Y es lo mismo que ocurre con el papa Francisco. En los últimos meses se ha manifestado con evidencia ya para todo el mundo, y no solamente para los miembros de la Curia, el caos de este pontificado. De hecho, la misma prensa civil anunciaba días atrás la “catástrofe para la Iglesia católica” que significa el pontificado de Bergoglio.   
Pero a mí me interesa, en este post, fantasear acerca de la posibilidad de similitudes también entre el cónclave que eligió a Pablo VI , luego de un pontificado caótico, con el que elegirá al sucesor de Francisco, luego de otro pontificado caótico. 
El cardenal Montini era, nos guste o no, el más preparado para el cargo. Había pasado todo su sacerdocio sirviendo a la Curia Romana y había sido la mano derecha de Pío XII a quien apreciaba sinceramente [Véase la carta que escribió a The Tablet sobre Pacelli dos días antes del inicio del cónclave en el que sería elegido papa]. Pero además, y esto también pesaba, había sido uno de los responsables más notorios de que el Partido Comunista no ganara las elecciones italianas de 1948 y que se estableciera la Democracia Cristiana como partido dominante. Pero también era un enamorado de la teología francesa del momento, abanderado del Humanismo integral de Jacques Maritain y pastor más o menos populista en su sede milanesa. Y por todo esto, y con razón, era resistido por los conservadores quienes tenían todo el poder para bloquear su elección. 
Y es aquí donde aparece la astucia de unos, y la poca astucia de otros. Montini no levantó la cabeza porque sabía que si lo hacía, sería blanco para muchos fuegos. En la primera sesión del Concilio apenas si había intervenido dos veces, sin fijar nunca su posición sobre temas álgidos, y así se mantuvo con discreta neutralidad hasta el mismo cónclave. De hecho, llegó a Roma sólo dos días antes de su inicio y se alojó en el convento de las Hermanas de la Virgen Niña, para mantenerse alejado de cualquier centro de intrigas. 
Los liberales, por otro lado, levantaron dos cabezas a sabiendas que eran inaceptables. El cardenal König hizo saber que un no italiano sería aceptable para los italianos, y eso significaba candidatear a Suenens, que se había enamorado de la idea de convertirse en el primer papa extranjero en más de cuatro siglos. Y, por otro lado, le dieron aires al cardenal Lercaro, arzobispo de Bolonia, conocido por ser quien primero había incorporado los experimentos litúrgicos en Italia y por ser el primero también en haber hablado de una iglesia para los pobres durante el Concilio. Lercaro, que a juicio de Bouyer era una persona “poco instruida”, se creyó papa. Luego de una reunión con Montini en la que el zorro de Brescia le habría dado garantías, escribió una carta a sus fieles de Bolonia en la que les decía que ya no volvería a su sede y se despedía de ellos. Estaba seguro de ser elegido. No se daba cuenta que era una herramienta del partido liberal. 
En cambio, por parte de los cardenales conservadores, no había estrategia ni candidato definido alguno. Probablemente seguían creyendo que al papa lo elige el Espíritu Santo… Por cierto que Siri era el más conocido y se lo consideraba el heredero natural de Pío XII, pero parece que el no estaba convencido. De hecho, junto al cardenal Ottaviani, apoyó y bregó para que fuera elegido el cardenal Antoniutti, en el que se concentrarían los votos conservadores. Pero no era un buen candidato. Lo único que le jugaba a favor era su edad (sesenta y cinco años), pero venía de un paso algo turbio para la época: había sido nuncio en España y amigo personal de Franco. Era demasiado para los optimistas aires democráticos de los ’60. 
Sin embargo, lo que terminó de hundir cualquier posibilidad que ganara un candidato conservador fue el desatinado discurso De eligendo pontifice que pronunció en presencia de todos los cardenales electores Mons. Amleto Tondini, un notorio miembro del partido tradicionalista. Fue un discurso que yo habría aplaudido de pie y lo mismo habrían hecho seguramente todos los lectores del blog. Mostró que el optimismo del Juan XXIII había sido infundado y que el mundo que lo aplaudía era el mundo enemigo de Cristo que nunca aceptaría el liderazgo de la Iglesia, y denunció las novedades del momento como el cientificismo, el materialismo y el relativismo, a las que muchos veían con buenos ojos. Para finalizar, dijo claramente que si los “hermanos separados” querían reunirse, debían todos ellos volver al seno de la Iglesia católica. 
Estrategia típica de los conservadores: despertar aplausos entre los propios y espantar a los que podrían haberse acercado. Según los informes de la época, como el de Bernard Pawley, consideraron con razón que este discurso tuvo el efecto “de fortalecer a la izquierda y quizás, incluso, de acercar hacia la izquierda a algunos de los vacilantes del centro, que de ese modo tuvieron una demostración gratuita de lo les esperaba si elegían un papa derechista”. Total que entraron al cónclave cuatro candidatos: Antoniutti por los conservadores; Suenens y Lercaro por los liberales, y Montini que se había convertido en el moderado. La jugada estaba armada.
Según relatan los que saben, las primeras dos votaciones de la mañana del 20 de junio de 1963, parecieron darle cierta chance a los conservadores, si no para elegir a su candidato, al menos para bloquear a Montini y volcarse por un candidato de compromiso, que era el cardenal Francesco Roberti. Montini obtuvo treinta votos y Antoniutti veinte. Lercaro también veinte, y el resto se dispersó. Aquí Suenens se bajó y exhortó a sus partidarios a dar sus votos a Montini. La tercera votación, en la tarde de ese mismo día fue tan inconcluyente como las anteriores. 
Se dice que al finalizar la votación se escuchó la voz airada del cardenal Gustavo Testa quien dijo que debían cesar las maniobras y pensar en el bien de la Iglesia. Y esa noche, los conciliábulos se sucedieron en todo el Palacio Apostólico. Era una noche muy calurosa en la que se hacía difícil conciliar el sueño. El cardenal König de Viena habría prometido a Montini el apoyo de los liberales, y el cardenal Siri habría pactado también con él el apoyo renuente de los conservadores a condición de que mantuviera como Secretario de Estado al cardenal Amleto Cicognani y no nombrara a Suenens como había sido el acuerdo previo con los progresistas. Y fue lo que efectivamente sucedió (Andrew Greeley, The Making of the Popes, Andrews and McMeel, Kansas City; 1978, p. 262).  Incluso el cardenal Ottaviani se habría inclinado por Montini (Giancarlo Zizola, Quale Papa?, Borla, 1977, p. 167), con quien había sido amigo cercano en los años ’30.
Al día siguiente, 21 de junio, y recién en la sexta votación, Giovanni Battista Montini obtuvo raspando la mayoría exigida: cincuenta y siete votos, apenas dos más de los necesarios. Y así nació Pablo VI, de triste y lamentable memoria.  
A modo de fantasía, preguntémonos si las similitudes de ambos pontificados se reflejarán también en los cónclaves. Es decir, si el cónclave que se reunirá en algún momento de la historia -si es que aún queda historia- para elegir al sucesor de Francisco tendrá elementos comunes con el que eligió al sucesor de Juan XXIII. 
Y la propuesta de esta fantasía no es caprichosa, puesto que yo veo varios puntos en común. En primer lugar, el menguado grupo conservador no tiene candidato. En algún momento podría haberlo sido el cardenal Burke, pero se inmoló  en un gesto de nobleza, desprendimiento y virtud que lo honra, al ponerse franca y abiertamente a la cabeza del grupo de resistencia a Bergoglio, y como esperanza y consuelo de millares de fieles en medio de estos tiempos de confusión.
Otro al que miramos con buenos ojos es al cardenal Sarah, quien no solamente es favorable a la liturgia tradicional, sino que es un hombre de Dios. Esa es la impresión que se desprende luego de la lectura de su libro La fuerza del silencio, que recomiendo vivamente. Pero justamente estas características le quitan posibilidades: pocos, ni siquiera los moderados, querrán un papa que recomiende abiertamente volver a celebrar la misa ad Orientem o que sea tan “monástico”, y tan santo… Le faltaría la sagacidad necesaria para moverse en los terrenos curiales.
Hasta hace algunos meses el candidato perfecto, a mi entender, habría sido el cardenal Pell. Tenía todas las condiciones: no era europeo (australiano), era educado (formado en Oxford) e inteligente, y con la personalidad suficiente para imponerse en los corrillos episcopales. Pero la sucia jugada que le hicieron -según dicen muchos, sus propias colegas de la Curia- aventando las falsas denuncias de encubrimiento de abusos sexuales ocurridas en los ’80 por las que se está defendiendo en Australia, hacen imposible su elección.
Algunos piensan, quizás, en el cardenal Müller. No me parece. En primer lugar, porque sería repetir, como en un calco la elección de Ratzinger. Es decir, en el imaginario sería volver a elegir a Benedicto, y el Sacro Colegio no haría eso. En segundo lugar, porque sería una oposición demasiado fuerte y abrupta al pontificado de Francisco. Y, finalmente, porque dudo que Müller sea un candidato conservador como la mayoría lo imagina. Es un candidato católico, lo cual ya es mucho decir, pero no es un conservador.
Los progresistas, en cambio, tienen varios candidatos, y tendrán más porque nadie dice que Francisco no siga nombrado cardenales a troche y moche, así como nombra obispos. Y bien pueden tramar un estrategia como la que triunfó en el cónclave del ’63. Podrían, por ejemplo, darle aires con ayuda de la prensa a cardenales definidamente liberales como Marx, de Münich o Schönborn de Viena, o con definido olor a oveja, como Tagle, de Manila, y que difícilmente podrían ser elegidos (unos por demasiado progresistas y el otro porque ninguna persona sensata elegiría a otro cardenal del tercer mundo después de la experiencia Bergoglio), para obligar a los conservadores a llegar a un candidato de compromiso. Y éste podría ser Ravasi o Baldisseri, por ejemplo, si pensamos en los más liberales, o Erdö, que cobró bastante protagonismo en el último sínodo, si nos inclinamos por alguien más conservador.

Y como fantasear es gratis, yo propongo otro candidato de compromiso: Mons. Michel Aupetit, arzobispo de París recientemente nombrado por lo que no es aún cardenal. Es un hombre de fe y de doctrina católica; es simpatizante de la liturgia tradicional (cuando era párroco en París, en su parroquia se celebraba dominicalmente la misa en forma extraordinaria), es inteligente y tiene una característica muy valiosa: no proviene de ámbitos clericales. Fue médico, ejerció once años su profesión, hizo su doctorado en medicina, se especializó en bioética y fue profesor universitario. Luego entró al seminario -que habrá sido más bien breve-, y se ordenó sacerdote a los 44 años. Es decir, no pasó por la picadora de sesos en la que se han convertido los seminarios contemporáneos, y es extraño a las camarillas y a las costumbres de los clérigos que suelen ser malsanas. El sitio Messa in latino, que no es precisamente liberal, publicó hace pocos días su homilía pascual, un texto católico, inteligente y breve, lo que siempre se agradece de una homilía. 
Habrá que esperar que llegue el momento del cónclave. Me auguro que la espera no sea muy larga. 

49 comentarios:

Anónimo dijo...

Quizás no esté de más recordar aquí que no hace falta ser cardenal para ser elegido Papa. Basta con ser varón y bautizado. Incluso está previsto expresamente que "si el elegido no tiene el carácter episcopal, será ordenado Obispo inmediatamente".

Anónimo dijo...

Decía mi abuela que "no hay poco que no llegue, ni mucho que no se acabe".

De modo paralelo pienso que por muy mal que estén las cosas, Dios siempre puede hacer un milagro. Y en cambio, por muy bien que parezca que están, el diablo siempre puede intentar estropearlas.

Yendo a su escrito, querría señalar lo siguiente:

1º.- Las diferencias entre Juan XXIII y Francisco son mucho mayores que las supuestas similitudes, empezando porque no parece que Juan XXIII pretendiera "ab initio" los resultados que obtuvo; en cambio Francisco, me parece que sí.

2º.- El pontificado de Francisco, no obstante su amago inicial de "pocos años", será largo. Juan XXIII estuvo menos de cinco años y Francisco parece que estará más de diez y me sorprendería mucho que renunciara, ni pronto ni tarde.

3º.- No solo Juan XXIII y Francisco, sino la inmensa mayoría de los papas parece que han estado muy por debajo de "lo que cabría esperar". Quizá Nuestro Señor lo permite así para que no pongamos nuestra confianza en los hombres sino en Él.
En particular, papas aparentemente grandes como Juan Pablo II y Benedicto XVI creo que no comprendieron bien la raíz de los actuales males de la Iglesia y se limitaron a combatir los síntomas.

4º.- Las cosas son susceptibles de empeorar. En mi adolescencia creía ingenuamente que Pablo VI era una anomalía. Sin juzgar a la persona, pensaba que no acertaba en el gobierno (des-gobierno) de la Iglesia. Pero como era una anomalía, necesariamente el papa que lo siguiera sería "perfecto". Ahora veo que a mis inmaduros 15 o 16 años me equivocaba bien.
Por lo tanto, nada nos garantiza que tras el pontificado de Francisco no venga otro peor, incluso mucho peor.

5º.- El mero transcurso del tiempo tampoco garantiza nada, pero tiene algunas cosas buenas. La distancia creciente respecto de los tiempos del Concilio hace posible cada vez más ver su valor relativo. Pronto habrá más distancia entre nosotros y el Vaticano Ii, que entre el Vaticano II y el Vaticano I.
Opino que las cosas podrán empezar a arreglarse cuando venga un papa nacido después del Concilio y podrá aplicar al Concilio su propia medicina, es decir, ser criticado por antiguo y desfasado.

Anónimo dijo...

Sarah en poor ser hombre dedicated Dios uno de los que pueda darnos la verdadera fe y la busqueda de la santidad.

Anónimo dijo...

En primer lugar, me pregunto qué tan lejano puede estar el próximo cónclave... ¿a fin de este año? ¿en 2019? ¿En 2020? El Papa cumplirá 82 años en diciembre. Como sea, la espera no será tan larga. Por otro lado, es curiosa la insistencia del Papa Bergoglio en su "no sé si estaré en Panamá" (por la jornada de la juventud, que se celebra en enero 2019)... varias veces lo ha repetido. "No sé si iré yo, el Papa irá". Eso me ha hecho pensar que tal vez tengamos sorpresas antes de lo previsto.

Respecto al cónclave, creo que será uno de los más difíciles de los últimos tiempos. Sin embargo me parece que la incertidumbre será más parecida a la del cónclave de octubre de 1978... cuando nadie sabía quién sería elegido Papa después de haber desaparecido, en poco más de un mes, el flamente Papa Luciani.

Respecto a los candidatos... es muy difícil. Yo no estaría tan seguro de que Tagle no sea una opción: es joven, es muy conocido, es muy cercano a Francisco, y a la vez es muy cercano a Benedicto. De ahí a que lo elijan es otro tema. Pero que será una opción lo creo bastante probable. Otro candidato posible me parece Parolin, al menos en línea de principio, es el primer colaborador de Bergoglio y sin embargo no piensa igual que él en muchas cosas, sin embargo es diplomático e italiano, sin experiencia de obispo diocesano, y eso hoy por hoy podría jugarle en contra, en tiempos de una indefinida "pastoralidad". Ouellet, que a mi parecer era uno de los grandes candidatos del 2013, ya parece pasado de tiempo. Y los del ala de Burke, por muchos sueños que se tengan, me parece que sería demasiado iluso pensar que puedan ser elegidos en el cónclave inmediatamente posterior a Francisco. Yo veo con mucha fuerza a Parolin, a Tagle, con menos a Sarah, con ninguna a Burke o Marx. Por eso bien podría ser que la opción venga de otro lado no tan esperado, como pasó en octubre de 1978, y ahí sí podrían entrar en juego cardenales más del estilo de Erdo, que están en un segundo plano y que sin embargo pueden ser una sorpresa: creo que la opción podrá venir por ese lado. También he pensado en el nuevo arzobispo de Mexico, en el de Brasilia o alguno de esos... pero dudo que después del primer papa latinoamericano, lo suceda otro del mismo continente.

Anónimo dijo...

Os olvidáis de una posibilidad: el Cardenal Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

javcus dijo...

Puestos a fantasear, ¿qué tal el cardenal Eijk, de Utrech? Pertenece a los del Rin, no es alemán, y la iglesia holandesa, después de tantos horrores doctrinales, litúrgicos y de lo que se os ocurra, que abanderaron y experimentaron y tanta ruina les trajo, parece que tocó fondo y remonta. Quizá se vacunaron: por ejemplo, los fieles holandeses escribieron hace un mes a sus obispos para que advirtieran a Francisco. La noticia fue comunicada por Radio María Holanda, aquí está la referencia:

http://secretummeummihi.blogspot.com/2018/04/catolicos-holandeses-envian-peticion.html

Y Eijk es el único cardenal que ha tenido los cojones de censurar a Francisco y relacionar públicamente la situación actual de la Iglesia con la apostasía final:

El Papa Francisco necesita dar claridad sobre la intercomunión
http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=32203

Cardenal Eijk: la práctica de la Iglesia se basa en la fe y no en las mayorías
http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=32204

El problema es que yo, y muchos, estamos de acuerdo con él. Y quizás ya no haya próximo cónclave. En una versión inglesa del XIX de las profecías de S. Malaquías (idéntica a la de Arnoldo de Wion, 1595) se ven dos lemas donde se piensa que hay uno. Y como lista papas y antipapas, asigna a Peroncho (ya sea uno u otro) el lema «In psecutione. extrema S.R.E sedebit.». El «Petrus Romanus» parece ya parusíaco, ¿quizás el propio S. Pedro según interpretación milenarista?

https://infovaticana.com/blogs/cristo-era-sabio/san-malaquias-habla-papa-mas-uno-menos/

Lo que está claro es que si Pancho no es el Falso Profeta, lo interpreta muy bien, y el lema le viene como anillo al dedo... como perseguidor también.

Âνδρέας dijo...

Si don Wanderer me lo permite, yo comparto un chascarrillo para colaborar con la fantasía:

Año 1978:
El Liverpool campeón de Europa.
Muere el Papa Juan Pablo I.

Año 1981:
El Liverpool campeón de Europa.
Atentado contra el Papa Juan Pablo II.
Boda Real británica de Carlos y Diana.

Año 2005:
El Liverpool campeón de Europa.
Muere el Papa Juan Pablo II.
Boda Real británica de Carlos y Camila.

Año 2018:
De momento el Liverpool está en la final y el Príncipe Harry se casa en dos semanas.
Yo iría avisando al Papa,
que rece por que gane
el Real Madrid.

JOSÉ JAVIER TORRES PONCE dijo...

NO SE LES OCURRA VOLVER A PENSAR EN UN PAPA LATINOAMERICANO!! En estos momentos, la Iglesia Latinoamericana está plagada de modernismo y sigue muy vigente la nefasta teologia de la liberación. Se necesita un Papa mediador, que concilie a todas las fuerzas existentes en la Iglesia y que las una en favor de una lucha contra los males externos (el avance del islam, la "pseudounión" con los protestantes, el liberalismo...) El Cardenal Aguiar de México y el Cardenal Da Rocha de Brasilia, tienen mucho caracter pastoral pero infectado de modernismo. Abogo por un candidato de compromiso y secundo la opinión de que el Arzobispo de Paris sea el elegido. Esperamos que pronto el Papa Francisco le otorgue el capelo.

Anónimo dijo...

No creo que sea corto este pontificado, hoy se viven muchos años y quitando algún achaque no parece estar mal de salud. León XIII llegó a los 91 años y si la cabeza está bien pues puede ser factible. Si el peso del pontificado es moral más que otra cosa igual piensa en renunciar cosa que no creo porque habría tres Papas, uno ya emérito pero vestido de blanco y no como simple cardenal y otro igual. Podría esperar a que falleciera Benedicto XVI que Dios guarde muchos años. Sería un caos y daría carta a las profecías de los tres Papas, los cismas y demás escatología. Si hay Cónclave no creo que salga un Latinoamericano ni de casualidad, pues a la vista está del fracaso actual donde fuera de ciertos ámbitos no se entiende un Papa tan populista y el cuál es bastante rechazado en Europa.Parolín es un curial de libro y la antítesis de lo que se elige desde hace más de 40 años y significaría un cerrarse de la Iglesia y un reconocimineto claro del desastre de este pontificado. Muy mal está la Iglesia si tienen que buscar un curial total, secretario de Estado e italiano.Estadounidense no creo que sea porque una potencia mundial puede influir pero no pone candidato de su nacionalidad. Los alemanes casi todos desprestigiados, estos Kasper, Marx etc. Los italianos improbable y quizás tengan posibilidades algunos del Este de Europa o Lituanos o de la antigua Yugoeslavia. Africanos como Sarah pues influirá pero no lo veo y Burke menos. También de Asia puede que veamos, hay muchos nombres que ni siquiera sabemos escribir ni pronunciar.Tagle es filipino, podría ser pero no lo veo y españoles tampoco pues son bastante mediocres.

Anónimo dijo...

Yo rezo para que gane el Liverpool :)

el Nevado

Hermenegildo dijo...

Wanderer: los cardenales Ravasi y Baldisseri están descartados para el papado por su edad, ya que ambos rebasan los setenta y cinco años. No creo que el cónclave vuelva a elegir un candidato de esa edad tras Ratzinger y Bergoglio.

Por otra parte, ni Ravasi ni Baldisseri tienen experiencia como obispos diocesanos, lo cual parece un requisito inexcusable para los papas postconciliares.

Y, en fin, Tagle todavía no ha cumplido los 61 años. En caso de ser elegido, sería papa durante al menos veinte años. No creo que los cardenales estén por la labor de hipotecar a la Iglesia durante tanto tiempo con un papa marcadamente liberal.

Anónimo dijo...

Interesante artículo don Wanderer.

Yo quiero ver a nuestro Señor venir de entre las nubes, a juzgar vivos y muertos. Por lo tanto en este ejercicio fantástico, pongo todas mis fichas a Marx. Un cardenal que progresista como pocos y líder de la Iglesia alemana, acelere la Venida del Cordero.

Anónimo dijo...

Vuelve Benedicto......y vuelve Cristina.

Anónimo dijo...

Una cosa queda muy clara. Si los derrotados en las guerras hubieran tenido como arma secreta a la posibilidad de implantar al peronismo entre sus enemigos, el resultado desfavorable que tuvieron en los conflictos habría sido evitado y los habrían vencido al poco tiempo.
Hay que tratar de convencer al Adversario para que lo ponga en práctica en el infierno y así terminar con ese lugar y con todos sus jefes.
King Clave, el bombo neutrónico devastador.

Guillermo dijo...

Estimados:
Si ya esta hablando del Cónclave , es porque tiene una información que nosotros no manejamos. Mas allá de las preferencias entiendo que dadas las nuevas designaciones los liberales son mayoría así que entiendo quedará a su arbitrio. O un Papa europeo o yankee moderado para disimular un tanto, o directamente ir a la Abominación de la desolación con Kasper, Marx, Tagle y cía. De lo único que tengo certeza es que Pancho es peronista, y un peronista es raro que renuncia o muere o lo sacan. Saludos.

Man With No Name dijo...

“No creo que sea corto este pontificado, hoy se viven muchos años y quitando algún achaque no parece estar mal de salud“; efectivamente hoy se viven mas años. pero mientras más viejo se es, más se deteriora la persona tanto física como mentalmente. por ende la cuestión no es solo de salud. y bergoglio no parece estar mal de salud, pero cada dia se le ve más deteriorado. y eso pesa mucho en el efectivo ejercicio de un cargo cualquiera.

“León XIII llegó a los 91 años y si la cabeza está bien pues puede ser factible“; el tiempo de leon xiii era absolutamente distinto al tiempo actual, ya que gobernar a la iglesia en dicho tiempo era mucho más fácil que en la actualidad. hoy en dia la iglesia es mucho mas grande y con muchos más problemas de gran complejidad, y eso requiere gran fortaleza física y mental. y cuando por cuestiones de edad la cabeza se deteriora se hace menos factible gobernar eficientemente, ejemplo de ello, benedicto xvi quien sintió que simplemente no podía y renunció con 85 años de edad.

“Si el peso del pontificado es moral más que otra cosa igual piensa en renunciar cosa que no creo porque habría tres Papas, uno ya emérito pero vestido de blanco y no como simple cardenal y otro igual“; ya hay 2 papas uno en ejercicio, y otro emérito, por ende si mañana hay 2 papas emérito y un papa en ejercicio, que mas da, no habría ninguna diferencia. hasta el mismo bergoglio en una entrevista ya había dicho con claridad que podía haber, hasta 3 eméritos!https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/june/documents/papa-francesco_20160626_armenia-conferenza-stampa.html.

Anónimo dijo...

Yo diría que el "tapado" de los conservatradicionales es el cardenal arzobispo de Colombo.

Walter E. Kurtz dijo...

Creo que, antes que nada, hay que pensar en unos escenarios previos: que durante el Cónclave Ratzinger y Bergoglio sigan vivos (si por ej. éste renunciase ahora); que sólo Bergoglio esté vivo; que sólo lo esté Ratzinger (menos probable pero no imposible); que ninguno de los dos lo esté. En el primer caso, los cardenales eligierían a alquien distinto pero no considerado "enemigo" de los Papas eméritos, irían seguramente por un moderado y quizá un curial (Parolin?); en el segundo, sólo se preocuparían de no contrariar a Francisco y creo que irían por un progre moderado, en el tercero, viceversa, yendo por un conservador que no enturbie la memoria francisquista. Pero en el último caso, ahí sí tendrán más libertad y probablemente elijan a alguien bien distinto a Benedicto y Francisco, ¿un yanqui?.
Más allá de las similitudes con Juan XXIII, este pontificado tocó fondo en muchos sentidos, no menos en los que hoy son importantes para la "iglesia de la publicidad". Donde hay vergüenzas incluso entre los sectores más progresistas, por lo que no creo que vuelvan a aventurarse con un cardenal del Tercer Mundo.

Don Diego dijo...

Después de tres papados seguidos de "extranjeros", ¿no creen que llegó la hora de elegir de nuevo un italiano? Probablemente no sea un curial, ¿no hay algún obispo italiano que ya sea cardenal y ni sea muy liberal? (No soñemos, no van a elegir un conservador)

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:
Su ultimo párrafo me ha alegrado enormemente, no porque piense que Aupetit pueda ser papa, sino porque su impresión confirma la que yo tengo sobre este arzobipo. Desde que tomó posesión de su diócesis, estoy siguiendo domingo tras domingo sus misas en Notre Dame por KTOtv ( suelen subirlas a You tube el mismo domingo por la noche, con la diferencia horaria). Sus homilías no tiene desperdicio. Recuerdo aquella primera "no miren al arzobispo, miren a Jesucristo..." las de Cuaresma tan espirituales y a la vez realistas, me divierto con su sentido del humor y me impacta el respeto que tiene por su propio ministerio. En fin, concuerdo con usted en que es un hombre de Dios y no un impresentable, como los de nuestro episcopado vernáculo. Además canta bien, cosa que no sucedía con la espantosa voz del pobre Veintitrés. Saludos!

Jack Tollers dijo...

De muy pocas cosas estoy seguro; pero de algunas no tengo la menor duda:

a) Que este es el peor pontificado de la historia.

b) Que la canonización de Juan XXIII es la peor canonización de la historia; y que

c) Todo este despelote se lo debemos, en muy buena parte, a Benedicto XVI.

Y, como diría Castellani, si supiese cosas peores, ésas se las diría.

Sursum corda,

J.T.

Anónimo dijo...

Para el Nevado (10 de mayo de 2018, 13:19):
Pues no olvide que hay otro Papa y entonces, si pierde el R. Madrid puede también fallecer BXVI...

Anónimo dijo...

Anónimo de las 7:15: Efectivamente, eso me hicieron notar también otros que me contaron el mismo chiste y a quienes hice el mismo comentario. Rezaré, entonces, por dos cosas: que gane el Liverpool Y que el Papa que se vaya sea el indicado ;)

El Nevado

Falstaff dijo...

"Os olvidáis de una posibilidad: el Cardenal Osoro Sierra, arzobispo de Madrid" (Anónimo 11:35).

No sé hasta que punto se puede descalificar a un Obispo sin cometer pecado, pero yo, que tengo por Arzobispo a Osoro, puedo decir que su comportamiento es deleznable. Éste al menos no disimula que se mueve según sople el viento, otros que van de tradicionales son igual o peores.

Asumamos que la Jerarquía hoy es, en una gran mayoría, una basura. Y cobardes. A lo mejor el laicado tendría que decírselo a la cara, pero el clericalismo ahoga la Fe y las obras.

Âνδρέας dijo...

De acuerdo con Jack Tollers, brillante como siempre. Nada más yo no estoy tan seguro de la premisa b)...
Canonizaciones malas ha habido antes, y hay quien dice que para canonizar a Castellani habría que descanonizar a Escrivá de Balaguer.
Pero en cualquier caso, ahora se viene una peor, que es la de Pablo VI.

Pero sí, Benedicto no es ajeno a todo el despelote. Eso de irse a rezar a un monasterio al lado como quien no quiere la cosa...

Anónimo dijo...

Si Jack, a Benedicto y a Peron. Sin dudas. Todos los males del mundo se los debemos a ellos.
Volvio Fray Gerundio. Lamentablemente con una noticia satanica.... https://adelantelafe.com/blasfemia-fashion/

Adosinda dijo...

Hay otra opción que no han considerado: que el Señor diga "hasta aquí llegó la marea" y, en respuesta a esa oración de "ilumínalos o elimínalos" decida quitar a muchos del medio y llevarlos a su presencia.
Personalmente, preferiría esa opción.

jimefeliz dijo...

No se olviden de Georg Gänswein

Anónimo dijo...

Mientras tanto en Buenos Aires, la vida religiosa sigue dando sus frutos: El convento de la Misericordia de Devoto se transformará en un moderno proyecto inmobiliario.
http://www.telam.com.ar/notas/201805/279159-casa-foa-2018-devoto.html

Junger

Anónimo dijo...

Miremos al prójimo que está al lado y no le demos pelota al que está en Roma o en Tanzania.

Anónimo dijo...

Ya que la conjetura de W. ha abierto la esclusa para que todos manifiesten la suya sobre este escandaloso "reinado", con total atrevimiento no me quedaré atrás...
La opción que falta a tantas y tan ingeniosas como las declaradas -y que pienso sería la más probable dado el cariz del personaje- es que el hombre decida subir la apuesta en lugar de retraerse, lo que excluye su retiro volutario o forzado. Si, como muchos piensan, es en efecto el "falso profeta", solo le faltaría abrirle la puerta al Anticristo y dejarlo pasar...
En ésas podría ser que ande y así, se explican muchas cosas. Solo falta el hecho desencadenante; el que, naturalmente, debería ser de carácter político y no tanto religioso. El naturalismo imperante no advertiría la -ahora- sutil diferencia entre ambos órdenes, el político y el religioso, lo que equivale a decir que el mundo está listo para terminar con el papado -al menos a la vista- y auparlo al carro triunfal de algún vencedor temporal.
Si la Guerra en Medio Oriente sigue por el rumbo que el giro presente le ha hecho tomar, poco falta para que Israel, con su díscolo proceder, logre el enfrentamiento entre Rusia y EE. UU. y sus aliados. Y de allí no saldrá nada bueno y, menos aún, para la Religión, cuya destrucción es el fin último de todos estos movimientos subversivos.
Del mismo modo que, tras muchos años de vacilaciones, han comprendido algunos estudiosos lo que fue la Primera Guerra Mundial: la destrucción del modesto poder político que le quedaba a la Cristiandad, aunque fuera la de la Santa Alianza, así sucederá ahora pero en dimensión muchísimo mayor. Global, digamos.
En este contexto Bergoglio adquiere mucho sentido; como lo tiene también su presunta -a mi juicio calculada- vacilación o doblez en materia doctrinal o su estudiada pose populachera e ignorantona.
Perdónenme, pero yo no lo veo como un "accidente" de la Teología de la Liberación, del peronismo o del progresismo, una palurdo que llegó por casualidad a una función que le queda grande, como el burro flautista del cuento, sino como la culminación de un plan perfectamente trazado y cuidadosamente ejecutado.
Sí coincido con todos los demás comentaristas: Dios Nuestro Señor quiera abreviar los tiempos.
Ath.

Anónimo dijo...

Adosinda: sería tan larga la lista como la hebra de María Moco! decía mi abuela.

Anónimo dijo...

Uno bueno seguiría siendo el Card. Ranjith.

Anónimo dijo...

Me parece que a esta altura clasificar a los Cardenales (y a los católicos en general) en liberales, conservadores y tradis, no refleja la realidad. La línea divisoria importante pasa entre católicos ateos (perdón por el oximoron) y católicos creyentes. Una persona que afirma que nuestra conciencia, entregada a un profundo discernimiento, puede decidir que lo que está haciendo está bien y que eso que hace es el Bien que Dios le pide, es una persona atea. No es un católico liberal. Es un ateo. Una persona que afirma que no podemos saber qué dijo Jesús porque en esa época no había grabadoras, es atea. El drama actual de la Iglesia es que la mayoría de los Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, son ateos. No son malos, son ateos. Y gobiernan y administran la Iglesia Católica con la visión de un ateo occidental.

Anónimo dijo...

Según fuentes bien informadas, un sacerdote de nuestros pagos porteños, visitó a Pancho y se produjo el siguiente diálogo:

Sacerdote: Che, que bien se te ve!
Pancho: La verdad que me siento echo un toro

En mi opinión hasta los 95 dura, y como dijo otro forista, un peronista o muere en el poder o lo sacan.

Anónimo dijo...

Al Arzobispo de Madrid no lo quieren ni en su Diócesis y en las elecciones a la Conferencia Episcopal queda el último y le van a querer como Papa. Este sí que es el chaquetero por definición, ahora hace todo lo contrario de lo que hizo toda su vida. Como ya es cardenal que es lo que vino buscando siempre supuestamente se le debería haber acabado la ambición pero quien sabe.Resulta el pobre ridículo toda su vida siendo más bien un conservador en formas y en todo a estar siempre rebajado ante la ultraizquierda de Madrid como para hacerse perdonar.

Anónimo dijo...

https://www.cronica.com.ar/amp/opinion/Una-buena-noticia-Bergoglio-goza-de-buena-salud-20180512-0017.html

Anónimo dijo...

Creo que una excelente opción sería el Patriarca de Venecia, Mons. Moraglia, ortodoxo y con fuerte "olor a oveja". Bergoglio lo ha insultado hasta ahora pegándole el capelo, que es obligado para su sede. Opino que sería un Papa extraordinario.

Zalacain dijo...

Me gustaría saber cuántos casos ha habido de papas no cardenales. Ya sé que se puede ser Papa sin ser siquiera obispo pero ser elegido sin entrar en el cónclave es algo prácticamente imposible. Exigiría que un nutrido grupo de cardenales de forma concertada le votaran en la primera votación. Yo no lo veo.
Más para Dios nada hay imposible.

Anónimo dijo...

A veces me pregunto hasta dónde llega el mandamiento que dice no tomar el nombre de Dios en vano. A estas alturas, gente grande, ¿jugando con la imaginación en temas donde se mezcla la Providencia, la Revelación en cuanto a las profecías, el pecado y la gracia, el dolor de Nuestro Señor?

Anónimo dijo...

Interesante artículo W., pero permítame algunas observaciones.

Si se quiere hacer una especulación sobre un futuro cónclave, incluso con la comparación histórica que se propone, hay que tener en cuenta la composición actual del colegio cardenalicio, electores, que ya es de mayoría bergogliana -es decir neomodernistas pro-luteranos- entre los nombrados por FI (48) y buena parte de los nombrados por BXVI (48) que ejercen como tales, como se comprueba en distintos dicasterios. Hay 19 del pontificado de JPII. En total son 115.

La clasificación que se hace de los cardenales - conservadores, progresistas, etc.- no es católica, es política. Hoy, como ayer (Rm 12,2), la confrontación intra-eclesial es entre católicos y neomodernistas: hablar de conservadores y progresistas, es reducir la vida de la Iglesia a la política.

También es preciso discernir los signos de los tiempos, y la crisis de la Iglesia es de tal gravedad que hay que tomarse en serio la advertencia del Cardenal Eijk -un verdadero puntal del catolicismo desde el inicio de este pontificado-, que ha recordado el numeral 675 del Catecismo, sobre la prueba final de la Iglesia antes del advenimiento de Cristo, en la que «se desvelará el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente de sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad». ¿No es esta la descripción precisa de la situación actual?. Y si estamos ante esa prueba final de la Iglesia no cabría esperar un retorno a la normalidad católica en el ministerio petrino. Es el momento de «revestirnos de la armadura de Dios para resistir, porque el combate no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas» (Ef 6,12).

Âνδρέας dijo...

Anónimo del 13 de mayo 20:38

Yo a veces me pregunto hasta dónde puede llegar la papolatría.
Y hasta dónde pueden llegar las lágrimas de cocodrilo.
Me imagino lo que pensarías si leyeras las teorías sobre el Papa hereje en los teólogos medievales, teorías que hoy por hoy están siendo recuperadas y analizadas de nuevo.

El límite del juego de imaginación, es entender que es imaginación y no profecía.

Walter E. Kurtz dijo...

Estimado Anónimo de las 21:41,

Ud. bien dice "hablar de conservadores y progresistas, es reducir la vida de la Iglesia a la política". Pero díganos, con una mano en el corazón, ¿cuántos cardenales y obispos no reducen la Iglesia a la política?

Si la vida eclesial es reducida a la política, no es fundamentalmente por culpa de los laicos, me parece humildemente. Por lo cual, es lógico que hagamos quinielas en esos términos.

Anónimo dijo...

Al escrupuloso de las 20:38 quisiera tranquilizarle sobre que no estamos tomando el nombre de Dios en vano. Estas elucubraciones son desde luego un jueguecito vano, y quizá una pérdida de tiempo, pero no faltan al respeto divino. A mí casi me mueve a ternura ver a la caterva de tradis que frecuentamos esta casa —bravucones ingenuos— fantasear con que saliese electo al solio un eclesiástico de nuestro gusto: Sarah, Burke, Schneider, Ranjith...

Mi abuela, que se había educado en un ambiente muy monjil, tenía un dicho para estos casos: «Hablan las monjas de casar... Hablar por hablar».

Mercedes dijo...

Comparto de cabo a rabo lo expresado por Anónimo de 13 de mayo 21:41. Si no lo vemos así, y divagamos, nos perdemos como los apóstatas. Esta guerra no es humana solamente... Lo demás cartón pintado!

senador Organa dijo...

No falta mucho tiempo para comprobar si es cierta la profecía de San Malaquías. Si lo es, como mucho, queda un solo cónclave romano. Y según como se interprete puede que no haya ningún cónclave romano más... por destrucción de la ciudad de las siete colinas

Gelfand dijo...

La falta de sagacidad de Sarah está más que comprobada...
Hay que pensar en alguien que arregle el caos de la curia y que respete mínimamente las reglas. Yo le pondría una ficha a Parolin...

Y si gana el Liverpool, se casa el principito y muere Benedicto XVI...eso también quiere decir algo...

ZM dijo...

Actualizando el comentario de Âνδρέας:

Año 2018:
El Príncipe Harry ya se casó.
Mañana 26/Mayo es la final de la copa Europea...
Si gana el Liverpool nos queda el resto del año para ver qué pasa.

ZM dijo...

Pues ganó el Real Madrid. ¿Y ahora?