sábado, 14 de enero de 2017

Clemente V y Francisco


Los que reclamábamos que el Papa Francisco fuese un pontífice de acuerdo a la tradición de la Iglesia, hemos recibido una respuesta contundente: Francisco ha decidido imitar a su antecesor Clemente V. Recordemos que fue este pontífice de comienzos del siglo XIV el que instituyó una comisión investigadora a resueltas de cuyo informe ordenó la disolución de la Orden de los Caballeros Templarios y condenó a su gran maestre Jacques de Molay que terminó en la hoguera. El motivo no fue otro que las presiones recibidas del rey de Francia que quería hacerse de los numerosos bienes que poseían los templarios. 
Bergoglio, epígono devaluado de los peores papas de la historia, quiere replicar a Clemente V. Ha decidido acabar con la Orden de Malta, la única orden de caballería que aún subsiste con todos sus fueros, y sus motivos no son, a mi entender, económicos, sino el mero resentimiento plebeyo que lo caracteriza: no puede soportar que aún exista un residuo medieval que se precie de la nobleza de muchos de sus miembros. La excusa es, como ya expusimos hace algunas semanas, la expulsión de quien fuera el Hospitalario de la Orden debido a que en una de las misiones sanitarias que comandó, había distribuido preservativos y abortivos. Todos sabemos que el Papa Francisco posee una enorme misericordia hacia los que niegan las verdades de la fe o hacia los que llevan con pertinacia una vida desordenada, pero es implacable a la hora de perseguir a quienes se mantienen fieles a la doctrina de la Iglesia. 
Al modo de Clemente V, instituyó una “comisión investigadora” a fin de que lo informaran lo que había ocurrido con el infortunado distribuidor de condones. Sabemos lo que ocurrió luego: el Gran Magisterio declaró que la Secretaría de Estado se había confundido ya que la Santa Sede no tiene ninguna jurisdicción para involucrarse en los asuntos internos de la Orden. 
El 10 de enero, en una nueva declaración, el Gran Maestre estableció que la Orden no colaboraría de ninguna manera con la Comisión porque se trataba nada menos que de defender su soberanía. Y la respuesta del Vaticano no se hizo esperar. Fue publicada el día 11, en un medio progresista de Estados Unidos, y, en resumen, lo que allí se afirma es:
  1. La Comisión fue designada directamente por el Papa Francisco. Es decir, le responden al Gran Magisterio que no se la tienen que ver con el difuso cardenal Parolín, Secretario de Estado, sino con el mismo Pontífice. Es el mismo recurso que utilizan los padres cuando le dicen a sus hijos: “Juancito, obedéceme porque si no, vendrá el Viejo de la Bolsa y te llevará”. O bien, “Señores caballeros, pórtense bien porque si no, harán enojar al Papa”.
  2. Y, para justificar su intervención, aducen el siguiente argumento: “El Papa tiene derecho a investigar porque tiene jurisdicción inmediata sobre todos los bautizados, sean religiosos o laicos”.
Yo no soy canonista -y los que lo son podrán corregirme-, pero me parece un soberano disparate. Más aún, un disparate de dimensiones cósmicas. La Orden de Malta es un sujeto de derecho público internacional, es decir, es propiamente un estado soberano. No es primariamente una orden religiosa, como los franciscanos y los dominicos. El Anuario Pontifico, que vaya si tiene autoridad en el tema, menciona en una sola ocasión a la Orden de Malta, y lo hace dentro del listado de los Estados con los cuales la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas. Es decir, no la ubica dentro de las órdenes religiosas. Por tanto, el derecho que aduce Bergoglio sería análogo al siguiente caso. Supongamos que el presidente Macri expulsa al ministro de Salud Lemus. Como ambos son bautizados, y el Papa tiene jurisdicción inmediata sobre todos los bautizados, establece un comisión para averiguar por qué fue desplazado de su cargo el ministro Lemus. Si esto ocurriera, las carcajadas se oirían no solamente en la Cancillería argentina sino hasta en un bar perdido de Villa Mercedes. 
Francamente, parece un acto de insanía de Bergoglio. Es decir, parece que está completamente loco y nadie se anima a frenarlo. Ni a Gregorio VII o a Bonifacio VIII se les ocurrió tamaño disparate. Ni el mismísimo Luis XIV se habría animado a tanto. Este hombre se quiere llevar todo por delante, con la prepotencia propia de un jesuita resentido.

Veremos qué ocurre. Conozco personalmente al Gran Maestre, fra’ Mathew Festing y a algún otro miembro del Gran Magisterio, y conozco también a varios Caballeros de Justicia y de Honor y Devoción, y puedo dar testimonio de su integridad y fidelidad a la Iglesia y a sus enseñanzas. En Argentina, como en otros países americanos, tenemos una imagen distorsionada de la Orden de Malta, convertida en muchas ocasiones en una especie de club exclusivo de gente snob que organiza conciertos a los que asisten Mirtha Legrand y Cecilia Zuberbhuler. No es así en los países europeos, donde aún se exige la condición de nobleza de sangre para ingresar, o bien, sus miembros son católicos devotos y ejemplares. 
Justamente ha sido la política del fra’ Mathew Festing fortalecer el aspecto religioso de la Orden, alejándola de ese modo de la apariencia de una ONG humanitaria, que es en lo cual la quiere convertir del papa Francisco. Para eso, se ha preocupado en aumentar el número de los Caballeros de Justicia, es decir, de aquellos que pronuncian los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia y que, aunque no están obligados a hacer vida comunitaria, continúan trabajando en su lugares habituales, dando testimonio de Cristo y sirviendo al prójimo. 
Tuitio fidei et obsequium pauperum (“Defensa de la fe y servicio a los pobres”): ese es el lema de la Orden de Malta. Como sabemos, la defensa de la fe no es una de las prioridades del Papa Francisco. Deberíamos decir más bien, que su objetivo es la destructio fidei. No es extraño, entonces, que quiera disolver y acabar con la Orden. 
Yo espero que, si dentro de algunas semanas, nos enteramos que el pobre fra’ Mathew ha sido quemado en el Aventino, cual otro Jacques de Molay, lance también como éste una maldición. Se dice que el último gran maestre de los Templarios exclamó antes de ser arrojado a la hoguera: 

Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir. Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año..

El papa Clemente V murió un mes después y el rey Felipe IV ocho meses más tarde. Si así fuera, en menos de dos meses tendríamos un nuevo cónclave....

miércoles, 11 de enero de 2017

Democratismo ilustrado

H
El triunfo de Donald Trump, sus escarceos amorosos con Vladimir Putin y la posibilidad real que Marine Le Pen gane las elecciones en Francia, han hecho surgir en el mundo civilizado una suerte de democratismo ilustrado que da mucha risa. Todos somos democráticos y respetuosos de la voluntad popular siempre y cuando el pueblo vote como debe votar. ¿Y cómo debe votar? Tal y como la clase ilustrada piensa. ¿Y quiénes integran la clase ilustrada? Los progresistas.
Este es el razonamiento que siguen impúdicamente, y con más impudicia afirman con gestos adustos y empacados las consecuencias más absurdas de tales postulados: 
  1. “El pueblo que no vota como debe votar, es un pueblo bruto, de pescadores y labradores iletrados, que se dejan engañar por los demagogos”. Estas son las palabras con que los demócratas ilustrados calificaron a los británicos que votaron a favor del Brexit, a los americanos que votaron por Trump, a los húngaros que sostienen a Viktor Orbán, a los polacos que hacen lo propio con Beata Szydło, y a los franceses que votarán a Le Pen. 
  2. Los únicos que tienen derecho a expresarse en los medios de comunicación y las únicas opiniones que deben ser tenidas en cuenta son la de los demócratas ilustrados. Los otros, quienes no pertenecen a esta exclusiva clase dirigente, solamente podrán hablar cuando sus palabras permitan la réplica y la burla de los progresistas. 
  3. A fin de poder distinguir claramente quiénes pertenecen a la clase ilustrada y quiénes son los enemigos de la ilustración, han creado un rótulo para identificarlos: populistas de derecha. Así, quedan perfectamente descalificados a los ojos de los bienpensantes, y asimilados a todos los malvados de la historia: Chávez y Kirchner, entre los modernos, o Hitler y Mussolini, entre los más viejos. 
Francamente, me hace mucha gracia, porque muestra que están nerviosos. 
Lamento no creer demasiado en Trump, en Putin o en Le Pen, pero debo reconocer que prefiero que sean ellos quienes gobiernen el mundo, en vez del demonio de Hillary Clinton o de François Hollande, del mismo modo que prefiero mil veces que Argentina sea gobernada por Macri y no por la caterva de ladrones del peronismo.
Pero hay algo curioso. El progresismo, o democratismo ilustrado, se ha quedado sin líderes globales o, mejor dicho, ha adoptado como líder al que nunca nadie hubiese pensado: al mismísimo Papa Francisco. Es decir, el líder de la retrógrada y siempre odiada Iglesia católica, es el líder de los que siempre odiaron y denostaron a la Iglesia. Y esto no es imaginación mía. Bergoglio fue proclamado urbi et orbi como líder del progresismo global nada menos que por el influyente diario americano Wall Street Journal, el de mayor circulación en Estados Unidos. 
¿Es que cambió la Iglesia para que los inveterados enemigos de Cristo eligiera como capitán de sus huestes al Romano Pontífice? La Iglesia, ciertamente, no cambió. Quién cambió es el Papa. (¡Ni Benson imaginó algo parecido cuando pensó en Felsenburgh!)
Y hagamos un ejercicio contrafáctico: ¿qué ocurriría sin , en vez de tener como Sumo Pontífice a un traidor, tuviéramos un Papa según el corazón de Cristo? Ciertamente, el bien que podría hacer a la humanidad junto a líderes mundiales más propensos a los valores tradicionales, sería enorme. 
Conclusión: Bergoglio es una calamidad y una catástrofe no solamente para la Iglesia, sino para el mundo entero.

Para divertirnos un poco, les dejo dos breves textos de ilustres demócratas ilustrados aparecidos en los últimos días.
David Brooks, columnista del New York Times, el viernes 6 de enero:

“La cosa que más nos preocupa es un cambio en la política exterior americana. Nosotros hemos tenido una misma política exterior compartida por ambos partidos, basada en las instituciones nacidas luego de la Segunda Guerra Mundial, y que cree en un mundo democrático y global, al que Rusia y la Unión Soviética frecuentemente vieron con hostilidad. Y la mayoría de los demócratas y republicanos siempre creyeron básicamente en este orden mundial. Donald Trump y Vladimir Putin, y quizás Marine Le Pen, no están de acuerdo con este estructura básica del mundo. Pareciera que no tiene respeto por las instituciones que fueron creadas luego de la Segunda Guerra Mundial, y prevén una alianza con los otros populistas del mundo, que lucharán contra el Islam y restaurarán algunos de los valores tradicionales”. 

Julio Algarañaz, columnista de Clarín, el domingo 8 de enero: 
“Los descalabros sociales de la globalización produjeron hechos políticos cruciales como la Brexit. la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, y el mismo triunfo de Trump en las presidenciales norteamericanas. 
El proceso venía incubándose desde que la crisis de 2008 castigó en especial a los 28 países de la Unión Europea, dominada en el área de los 18 Estados que utilizan la moneda única, el euro, por la dictadura del gigante alemán. La austeridad que produjo medidas rígidas y la oleada de inmigrantes que en 2016 hicieron entrar 503 mil desesperados en el espacio europeo de 540 millones de habitantes, favoreció netamente a los movimientos derechistas en varios países de la UE, que se están convirtiendo en una pesadilla
En dos países, Polonia y Hungria, triunfó la contrarrevolución nacional, que se sintetiza en blindar la soberanía absoluta y en reducir los espacios democráticos. Un economista turco, Dani Rodrik, enseña que la democracia, la soberanía nacional y los capitales globales, no pueden coexistir. “Uno de estos tres componentes debe caer”. 
La Unión Europea enfrenta la peor contestación a sus principios en la campaña que lanzó el polaco Jaroswlaw Kaczynski, líder del partido de Derecho y Justicia, junto con el primer ministro húngaro Viktor Orbán. El momento es pésimo. Además del enorme embrollo que representa la gestión de la traumática salida de Gran Bretaña, la UE enfrenta este año dos pruebas electorales muy difíciles, con la probable victoria de la ultraderecha en Holanda y las buenas posibilidades de Marine Le Pen y su Frente Nacional en Francia. 
En Polonia, Kaczynski, que ha impuesto medidas restrictivas de la libertad, asegura que “hay que reforzar el patriotismo y la identidad nacional”. Reclama que haya una presencia de “más capital polaco en la economía” y naturalmente propone medidas estrictas de clausura a la entrada de inmigrantes refugiados. 
La unificación europea, propuesta como lejana ilusión, es rechazada de plano. Kaczynski le contrapone el “concepto del Estado Nacional” y agrega: “Una unificación cultural de Europa significa degradación y sería peligrosa”. Música celestial para los oídos de Donald Trump”.

¡Pobre Brooks, parece que vuelven los valores tradiciones! ¡Pobre Algarañaz, tiene pesadillas porque está triunfando la contrarevolución!

Se va a poner divertido. 

lunes, 9 de enero de 2017

La Iglesia traicionada


En 2010, el profesor Antonio Caponnetto publicó un libro titulado La Iglesia traicionada. En él, daba a conocer a los lectores quién era en verdad el entonces arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, el cardenal Jorge Bergoglio. Y lo daba a conocer a partir de documentos públicos, a los cuales cualquiera puede acceder. Y, también, a partir de documentos privados que el mismo purpurado le había enviado en su momento. En efecto, el 14 de octubre de 1992, Mons. Jorge Bergoglio, en ese entonces obispo auxiliar de Buenos Aires, le escribía al autor: “San Cesáreo de Arlés decía que los fieles tienen que ser -para con el obispo- lo que el ternero a la vaca: así como el ternero le hociquea la ubre para que descienda la leche, así los fieles deben golpear, hociquear, al obispo para que les dé la leche de la divina sabiduría. Tenía razón el santo obispo. Y a mi humilde entender, la mejor ayuda que un obispo puede tener de sus fieles es que no lo dejen tranquilo” (p. 17).
Y Caponnetto le hizo caso: no lo dejó tranquilo. Lo hociqueó continuamente; con el libro al que hicimos referencia, con otro posterior -cuando ya había sido elegido Papa-, llamado Francisco, y un tercero próximo a aparecer.
Cuando Bergoglio fue elegido Sumo Pontífice, algunos obispos conservadores argentinos -aquellos siempre prestos a llevarle una manzana al Papa- renegaron de Caponnetto. Tanto el de San Luis como el de San Rafael, prohibieron a sus fieles organizar conferencia alguna con su presencia, y el pequeñín Eduardo Taussig, llegó a amenazarlo con el entredicho (?), tal como dimos cuenta en su momento. Esos mismos obispos que andan a los besuqueos con quienes niegan la divinidad de Nuestro Señor cuando asisten a cordiales encuentros con la comunidad judía, o con quienes niegan el dogma de la Santísima Trinidad cuando celebran reuniones ecuménicas con protestantes de diversos pelajes, cabalgan lanza en ristre sin temores ni cobardías cuando se trata de defender al Romano Pontífice. No sea que Bergoglio se entere que en su diócesis se habla mal de él y les caiga una misericordiación de arriba. Ese es su mayor temor: no trepar en la carrera eclesiástica y quedarse anclados en las diócesis periféricas.
Releyendo el libro de Caponnetto en estos días estivales -libro escrito tres años antes del aciago 13 de marzo de 2013-, uno cae en la cuenta de la capacidad profética que ha tenido Caponnetto. Con prosa vibrante e implacable, como es la suya, desenmascara al verdadero Bergoglio.
Dejo aquí -con permiso del autor-, algunas partes del capítulo central del libro. Vale la pena leerlo. Es una lectura triste y dolorosa pero necesaria, puesto que nos hace caer en la cuenta y recordar quién es verdaderamente el papa Francisco, qué es lo que está haciendo y qué es lo que hará con la Iglesia de Cristo.
Quienes deseen adquirir el libro, pueden ponerse en contacto con la editorial Santiago Apóstol

viernes, 6 de enero de 2017

Nobleza obliga


En este blog somos particularmente críticos del episcopado argentino, y en ocasiones hemos sido críticos también del arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer. 
Nobleza obliga, debemos reconocer en él a un pastor que habla claro, sin ninguna vergüenza ni corrección política, de las verdades de nuestra fe, lo cual ha quedado demostrado una vez más en un reportaje que le realizaron hace pocos días.
Aquí dejó el enlace. Vale la pena escucharlo. Un vaso de agua fresca en medio de tanto calor, o un poco de sencillas verdades católicas en medio de tanta confusión y silencio. 

miércoles, 4 de enero de 2017

Beria en el Vaticano


Laurenti Beria fue uno de los personajes más temibles y crueles del régimen estalinista. Miembro de la cheka, luego de la NKVD (antecedente de la KGV), se erigió en mano derecha de Stalin para establecer una enorme red de espionaje y ejecutar las purgas contra “los enemigos del pueblo”, es decir, los enemigos del líder soviético.
Las noticias de lo que está ocurriendo en el Vaticano en los últimos días llevan a pensar que un hijo de Beria se ha instalado en los poderes más elevados de la Iglesia católica, con su propia red de espionaje y las purgas consecuentes.
Nos referimos, por cierto, al Papa Francisco que, jesuita al fin, es bien ducho en la promoción del espionaje y la delación. Relata Sebastián Randle en el capítulo 51 del segundo tomo de su biografía de Leonardo Castellani (que aparecerá publicada en Vórtice en abril próximo), que visitó semanalmente durante dos años, autorizado expresamente por el Provincial, el archivo secretos de la Compañía de Jesús en Argentina que se conserva en el colegio Máximo. Descubrió allí que la Compañía posee lo que denominan “Régimen de Consultas” y que consiste en lo siguiente: en cada casa religiosa hay un “consultor” designado secretamente por el Provincial que tiene por incumbencia informarle anualmente sobre cada uno de sus cófrades en aquella casa. El resultado son incontables cartas-informes (algunas considerablemente extensas, otras, breves) en que el “consultor” se despacha a gusto y piacere criticando a los que conviven con él. El provincial, con esa información clasificada, sabe qué hacer con sus súbditos. Éstos, por su parte, sabiendo que tienen un topo entre ellos, y que no pueden hacer nada al respecto, viven cuidándose continuamente sobre lo que dicen, hacen y ofenden, no vaya a ser que aquél en quien confían o el que moja el pan en su mismo plato, sea el que pasa información al superior que será, en última instancia, quién decidirá sobre su futuro.
Este régimen establecido por los bondadosos hijos de San Ignacio, fue abundantemente utilizado por el P. Jorge Bergoglio mientras era provincial (1973-1980), como bien pueden atestiguar los sacerdotes que lo padecieron en ese periodo (pregunten, por ejemplo, a quien fue su socius). Y exportó el mismo régimen de espionaje cuando se hizo cargo del arzobispado de Buenos Aires. Los que conocen los intríngulis curiales, relatan que el entonces cardenal Bergoglio había fichado sacerdotes en cada diócesis y congregación religiosa del país para que le enviara información confidencial (omitiré en este caso relatar los fines para el cual la usaba). Sería este uno de los motivos por los que sus pares obispos argentinos jamás lo quisieron. 
No resulta demasiado difícil descubrir quiénes eran los topos de Bergoglio: la mayoría de ellos han sido nombrados obispos. Ponemos el caso de Mons. Jorge Torres Carbonell, que era el encargado de reportar, entre otras cosas, los movimientos financieros de los obispos argentinos. O bien, del frustrado monseñor Carlos Novoa, fraile capuchino y espía de Bergoglio en esa orden, que fue nombrado obispo auxiliar de Lomas de Zamora y, pocos días antes de la consagración renunció, según se dice “apretado” por la revelación de algún secreto inconveniente. 
Esta misma red de espionaje y sospecha ha sido instalada por Francisco en la Curia Vaticana, y está dando sus frutos. Beria ha comenzado la purga. Hagamos un repaso de lo ocurrido en los últimos meses.
1. Hace algunas semanas el sitio Life Site News dedicó un artículo a describir el ambiente de miedo y angustia que se respira en el Sacro Palacio donde todos los oficiales vaticano miran a los cuatro costados antes de decir una palabra por temor a los micrófonos ocultos o a los oídos traidores.
2. A fines de octubre, pocos meses después que el cardenal Sarah invitara a los sacerdotes católicos a volver a celebrar la Santa Misa ad orientem, el Papa Francisco le vació literalmente la Congregación para el Culto Divino de la cual es prefecto, llenándosela con cardenales y obispos conocidos por su ideas progresistas, entre ellos, el deletéreo Piero Marini, discípulo de Mons. Bugnini y esperpéntico maestro de ceremonias de Juan Pablo II.
3. Hace un par de años degradó al cardenal Burke de su puesto en la Signatura Apóstólica y lo ubicó como patronus de la Orden de Malta. Pero, liderando el prelado americano a los cardenales de las dubia, pretendió vaciarle la Orden, o intervenirla, lo cual fue impedido como ya dimos a conocer hace pocos días. 
4. A mediados de noviembre, Bergoglio decidió abolir los estatutos de la Pontificia Academia para la Vida, que había sido creada por Juan Pablo II y estaba estrechamente relacionada con el cardenal Carlo Caffarra, otro de los firmantes de las dubia, y establecer nuevas reglamentaciones que permitirán remover a todos sus miembros y nombrar otros nuevos, esta vez sin ningún tipo de discriminación religiosa. Como presidente fue encumbrado Mons. Paglia, conocido defensor de las parejas homosexuales y de la nueva moral de las periferias.
5. Una fuente inobjetable relató que todos los sacerdotes y laicos que trabajan en la Santa Sede viven temerosos de hablar con quien sea puesto que saben que una palabra de más les puede costar el puesto. Fue el caso de dos sacerdotes que trabajaban en la Congregación para la Doctrina de la Fe y que en alguna reunión fueron un poco críticos del Papa Francisco. Pocos días después, fueron expulsados del dicasterio y devueltos a sus diócesis. Los pobres curas comentaba que consideraban que ellos serían sólo los primeros de una purga mucho mayor.

6. Y pareciera que ese es el caso. Marco Tossati, incuestionable conocedor de los pasillos vaticanos, comenta lo ocurrido la semana pasada en la Congregación para la Doctrina de la Fe. El cardenal Müller recibió una nota del Santo Padre ordenándole que despidiera y enviara a casa a tres buenos y fieles sacerdotes que habían trabajado allí durante años: un americano, un francés y un mexicano, sin dar ninguna explicación. La nota decía: “Le pido que por favor despida a ...”. El prefecto de la Congregación quedó perplejo y, antes de cumplir la orden, pidió en varias ocasiones una entrevista con el Papa la cual era siempre postergada. Finalmente, recibido por el Pontífice, le dijo: “Santidad, he recibido esta carta, pero no sé que hacer porque estas personas están entre las mejores de mi dicasterio. ¿Qué hicieron?” La respuesta fue la siguiente: “Y yo soy el Papa, y no tengo necesidad de dar razones de ninguna de mis decisiones. Yo decidí que estos tres se tienen que ir, y se tienen que ir”. Se levantó y estrechó la mano del cardenal Müller dando a entender que la entrevista había terminado. El 31 de diciembre, los sacerdotes dejaron su puesto en Roma, luego de largos años de servicio. Según parece, uno de ellos había sido un poco crítico con algunas decisiones deFrancisco. La crítica fue escuchada por algún espía y el chisme pronto llegó a los misericordiosos oídos pontificios. 
7. En diversas ocasiones hemos hecho referencia a la periferia sacerdotal a la que recurre el Santo Padre para escoger los obispos argentinos. Nadie puede olvidar al danzarín Mons. Pedro Torres o al lumpen Chino Mañarro. Sin embargo, el criterio de selección no rige solamente para nuestro país. Comenta también Tossati el siguiente caso: Se necesitaba nombra un obispo en cierto país. El nuncio había preparado la terna. El cardenal prefecto del dicasterio, Marc Ouellet, durante la asamblea ordinaria, tomó la palabra diciendo: “El primer candidato propuesto es óptimo, y el segundo es bueno. Pero quisiera advertir sobre el tercero, al que conozco bien desde que era seminarista, y que presenta problemas tanto en el plano de la doctrina como de la moral”. Pero resulta ser que este tercero era amigo de alguien importante, por lo que, otro purpurado muy cercano al poder pontificio (¿Baldisseri?) que asistía a la asamblea increpó al cardenal prefecto por su opinión. En esa reunión no se decidió nada pero al día siguiente, el secretario personal del Pontífice se presentó en la Congregación diciendo que el elegido había sido el tercero. 

En fin, si estos son los casos que se filtran, podemos imaginar lo que está ocurriendo dentro de la Curia, y de lo cual no nos enteramos. Lamento que mi corresponsal Dall’Ombra der Cuppolone se haya llamado a silencio, aunque puede entenderse su decisión.

Conclusiones:
1. Cuando el cardenal Daneels admitió hace poco más de un año la existencia de un club o mafia de cardenales, apodada de Saint Gallen que, desde 1996, confabularon para que Ratzinger no se convirtiera en el sucesor de Juan Pablo II y, cuando esto sucedió, para forzarlo a renunciar, no estaba relatando una novedad. Malachi Martin, en 1978, había escrito su libro El último cónclave (que pueden leer aquí en portugués), en cuya parte de no-ficción (la primera), explica una trama análoga liderada por el cardenal Villot y autorizada por el mismísimo Pablo VI. Y lo más plausible es que estos cardenales no solamente hayan elegido un sucesor de Benedicto sino que le hayan trazado también las líneas programáticas de su pontificado: modernizar la Iglesia adaptándola a los cambios producidos en el mundo en las últimas décadas. Es este el espectáculo al que estamos asistiendo: el cambio de la religión.
La impresión que dan los pocos hechos que he relatado en este post, es que Bergoglio y lo suyos están tratando de vaciar el contenido de la fe, a fin de reemplazarlo por otro, pero conservando las estructuras. De ese modo, serán pocos los que, efectivamente, se darán cuenta que lo que en verdad se cambió fue la religión. Es lo que hicieron los arrianos en su momento. En su época de mayor esplendor (s. IV) la mayor parte de las sedes episcopales estaban ocupadas por obispos arrianos, y los obispos ortodoxos debían celebrar en alguna casa de familia rodeados de los pocos fieles que los seguían. Y algo similar ocurrió en Alemania con Lutero: en las primeras décadas de la Reforma, poca gente se dio cuenta que, efectivamente, se había cambiado la religión puesto que los cambios que veían les parecían secundarios. 
Creo que es eso lo que está haciendo Bergoglio. Ha comenzado a vaciar las estructuras de la Curia romana para poder llenarla luego con quienes le son fieles. Mantendrá las estructuras, pero cambiará la fe.

b. El vaciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe no es un hecho menor. En la actual estructura de la Iglesia es el único organismo que tiene cierta autoridad para ponerle límites al Papa. De hecho, todos los documentos que éste escribe deben pasar por la Congregación que le señala errores, ambigüedades, etc. y le sugiere cambios (que Bergoglio nunca acepta). El cardenal prefecto tiene autoridad para frenarlo o, al menos, para expresar públicamente la enseñanza de la verdadera fe para que pueda ser contrastada con las falsedades que nos quiere imponer Francisco. Si ese dicasterio se vacía y se puebla de seguidores del actual pontífice, ya nadie podrá cumplir esa misión con autoridad. Serán, en todo caso, opiniones de "cardenales ultracatólicos" o de "cardenales rebeldes", pero no más que eso. 
Insisto, entonces, en la enorme gravedad que implica lo que está ocurriendo en la Curia Romana. En una organización tan profundamente centralizada como es la Iglesia católica, los cambios en el centro del poder repercutirán rápidamente en todo el mundo, sobre todo si tenemos en cuenta la cobardía y doblez de los obispos. 

Esto me lleva a plantear dos escolios:
1. Frente a todo esto, nada puede hacerse. El papado, tal como se fue construyendo en la iglesia latina a partir del segundo milenio, terminó por crear un monstruo inmanejable: Francisco. Ya hemos insistido en numerosas ocasiones en este hecho, pero las consecuencias son cada vez más claras y cada vez las padecemos más. Frente al poder omnímodo y absoluto de Bergoglio nada puede hacerse. Nadie puede oponerse. Lo único que cabe esperar es el día en que el Señor se acuerde de él, o bien, que alguna bondadosa monjita le acerque una tisana fortificada, como en los buenos tiempos de los Borgias.
2. Cuidémonos de ser demasiado ingenuos con respecto a la red de espionaje montada por Bergoglio. Hay un antecedente cercano: el Sodalitium pianum, una sociedad secreta fundada en 1906 y dedicada a espiar a sacerdotes, obispos y cardenales para descubrir a los modernistas que se alojaban dentro de la Iglesia. Esta organización fue aprobada y financiada por el papa San Pío X (de allí su nombre) y disuelta por Benedicto XV. Ningún tipo de sodalitium es aceptable, ni el pianum ni el franciscanum. El fin no justifica los medios

lunes, 2 de enero de 2017

Carta al adolescente

En respuesta al comentario de un adolescente recibido hace algunos días:


Estimado adolescente:
Quizás su comentario podría resumirse en uno de sus propios párrafos: “¿En verdad creen que delatando errores, malas conductas e, incluso, herejías de la jerarquía eclesiástica se saca algún provecho? ¿Acaso ustedes pueden hacer algo al respecto?”
Le tengo que decir que sí, que en verdad creo -y si usted echa un vistazo a la blogísfera católica verá que son muchos los que opinan como yo-, que en este momento el deber de algunos es denunciar lo que está ocurriendo con la Iglesia y en la Iglesia. 
Por cierto que es importante anunciar el amor a Dios y al amor al prójimo al que nos manda el Evangelio, pero si hay verdadero amor a Dios, se defiende su causa cuando es atacado por sus enemigos. Zelo zelutus sum pro Domino Deo exercituum (“Me consume el celo por el Señor Dios de los ejércitos”) decía el profeta Elías, y se lanzaba a combatir a los dioses paganos y a sus sacerdotes. Y esa era su modo (o su carisma) para demostrar el amor a Dios y el amor a sus hermanos judíos, porque el amor más grande hacia el prójimo es mostrarle la Verdad de Dios tal como nosotros hemos tenido la gracia de conocerla.
Estamos viviendo desde hace algunas décadas momentos gravísimos. Si no fuera por la promesa hecha por Nuestro Señor a Pedro, muchos de nosotros pensaríamos que la Iglesia está punto de desaparecer, engullida por el Mundo y, lo más grave de todo, entregada por quienes ocupan el lugar de administradores: el Papa y los obispos. Sabemos que esto había sido profetizado en el Apocalipsis y otros libros sagrados; los principales exégetas y comentadores así lo han explicado e, incluso, las revelaciones privadas que se ha dignado hacernos la Santísima Virgen hablan de lo mismo. Pero saber que todo esto debe cumplirse no nos exime del deber de la denuncia. 
Ciertamente, esa función -denunciar e identificar a los lobos que rodean el rebaño- es función principal e ineludible de los pastores pero, como sabemos, nuestros pastores, en su inmensa mayoría, se han vendido a los lobos y no trepidan en entregar sus ovejas a cambios de los favores y aplausos del mundo. Son pastores que fornican con los poderes de la tierra. Y me refiero a los obispos, sobre todo a los argentinos, que son los que más conozco. No sucede lo mismo con buena parte de los sacerdotes, que son fieles pastores de su rebaños y, por eso mismo, son perseguidos implacablemente con la crueldad que solamente un obispo puede exhibir. Sé de sacerdotes que, siguiendo la sugerencia del cardenal Sarah, comenzaron a celebrar la misa ad orientem en sus parroquias y sus obispos desataron contra ellos feroces persecuciones. Y ellos no poseen muchos medios de defensa; suelen estar solos, desamparados y empobrecidos. 
A los laicos, entonces, corresponde suplir en cuanto podemos la función que ellos -los obispos- no cumplen, y denunciar a diestra y siniestra los estragos que estamos viendo a diario. Y estas denuncias no tienen como objeto escandalizar. Por el contrario, buscan evitar el escándalo que provocan en los fieles las palabras y los gestos del Papa Francisco y de sus adláteres. Y le pongo un par de ejemplos muy recientes:
1. Un alto oficial de la Curia vaticana, el P. Hofmann, dijo la semana pasada: “Queridos amigos judíos e israelíes, no se preocupen que no se le dará a la FSSPX la regularidad canónica”. Este personaje, desembozadamente y sin ninguna vergüenza, admite que, para una parte al menos del Vaticano, es más importante estar de amigos y mantener “relaciones carnales” con los judíos en vez de levantar las injustas sanciones canónicas que pesan sobre un importante número de católicos nucleados en la Fraternidad. Prefieren al enemigo aún a costa de entregar a los propios. O, dicho de otro modo, entregan a las ovejas para que sean devoradas por los lobos.
2. A partir del último viernes, Argentina cuenta con una edición semanal de L’Osservatore Romano, que ha sido puesta a cargo, por expreso deseo de Bergoglio, de Marcelo Figueroa, un “teólogo” protestante y de Santiago Pont Lezica, director de FM Milenium, una radio que se precia de ser ecuménica porque “se seleccionan textos del Corán, como de diferentes religiones”; se lee la Biblia o la promueve la campaña de la tolerancia...”. El objetivo de la nueva publicación es "llevar la palabra verdadera y concreta del Papa”. Es decir, la palabra del sucesor de Pedro y vicario de Cristo, de aquél puesto para confirmar a sus hermanos en la fe, estará en manos de un protestante y de un licuado de religiones; es decir, estará en manos de los lobos. Una vez más, y en este caso el mismísimo Sumo Pontífice, entrega el aprisco a la jauría para que se den un festín. 
Dígame usted, estimado adolescente, si frente a esta situación no le hierve la sangre y no siente la necesidad de denunciar el crimen que se está cometiendo. Y más aún, si no le asombra y rebela que aquellos mismos que se proclaman devotos católicos y a quienes Dios ha concedido suficiente inteligencia para discernir, sigan ciegamente -insisto, ciegamente- las palabras del Papa Francisco, aún a costa de sus propios hermanos. Los famosos neocones, la quinta columna dentro de la Iglesia, que pretenden fidelidades a Santo Tomás de Aquino y se agrupan como la Falange española, pero terminan siendo funcionales a un enemigo peor aún que la Pasionaria.  
Finalmente, señor adolescente, dice usted: “no gasten tintas en otra cosa que no sea para parir la verdad que salve o bien para incrementar nuestro amor hacia el prójimo; de lo contrario, callen…pues ya estamos saciados de desprecios”. Recuerde que la Verdad ya fue parida por la Santísima Virgen un día de Navidad hace algo más de dos mil años, y el mensaje que la Verdad nos trajo lo tiene usted en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, tal como nos ha sido enseñada por los Padres y Doctores de la Iglesia. Allí debe acudir en busca de la Verdad. A nosotros, en este momento histórico, se ha encomendado la tarea de denunciar el error, para que la Verdad brille aún más. 
Como usted dice, repitiendo el salmo 122, “estamos saciados del desprecio de nuestros enemigos”.  Los que escribimos y comentamos en este blog también estamos saciado del desprecio de nuestros enemigos desde que éramos adolescentes como usted. Y aquí nos tiene, varias décadas más tarde, con el mismo desprecio a cuesta. Esto vir! Sea hombre, y resista.