lunes, 8 de enero de 2024

Se descubre un nuevo libro oculto del cardenal Tucho Fernández

 


Debo comenzar este post particularmente desagradable pidiendo disculpas a los lectores por la indecencia del tema y del vocabulario que encontrarán en él, pero no hay otra opción. Puedo decir en mi defensa que no se trata  de mis palabras sino que fueron escritas por el hoy cardenal prefecto de Doctrina de la Fe.

    El cardenal Víctor Manuel Fernández no es el autor solamente de un libro sobre “el arte de besar” sobre el que hablamos aquí y en todo el mundo. Escribió otro más impúdico y también lo ocultó. De hecho, no aparece en el listado que incluyó en su CV y publicado luego por la página oficial del Vaticano en ocasión de su nombramiento. El libro en cuestión se llama La pasión mística. Espiritualidad y sensualidad, y fue publicado en la ciudad de México por la editorial católica Dabar en 1998. Hace pocos días, fue subido a Scribd y allí lo encontramos. Los interesados pueden descargarlo gratuitamente desde aquí, La veracidad del texto está confirmada no solamente por el ejemplar físico al que hemos accedido sino también por su inscripción en el registro internacional de ISBN (aquí) y su inclusión en Google Books (aquí), como así también en varios repertorio bibliográficos que pueden encontrarse en la web (por ejemplo este), incluido su propio blog personal.

    Habrá alguna persona que quiera leer el libro completo, aunque no lo aconsejo. Son poco más de noventa páginas que no edificarán a nadie y para más de uno será ocasión de pecado.

    Sin embargo, resulta importante comentar algunos de los pasajes más notables que aparecen sobre todo en los tres últimos capítulos titulados respectivamente: “Orgasmo masculino y femenino”; “El camino hacia el orgasmo” y “Dios en el orgasmo de la pareja”. Un poco antes, al iniciar el capítulo 6 titulado “Hermosa mía ven”, el cardenal Fernández escribe: 

Voy a intentar describir, con mis pobre palabras, una experiencia de amor, un encuentro apasionado con Jesús que me contó una adolescente de dieciséis años”. 

Es decir, Tucho Fernández se entretenía con menores de edad quienes le relataban lo siguiente: “Acaricio tu rostro, Jesús, y llego a tu boca. […] Acaricio tus labios, y en un inaudito impulso de ternura tú me permites que los bese suavemente. […] Entonces acaricio tus piernas delicadas, que me parecen columnas perfectamente esculpidas, llenas de fuerza y vitalidad. Las acaricio, las beso…”. (p. 59; 61-62).

    En el capítulo 7, el cardenal prefecto se dedica a describir con precisión anatómica la mecánica del placer sexual:

Normalmente, la mujer, más que el hombre, considera muy insatisfactorio el sexo sin amor y necesita condiciones adecuadas para sentirse excitada sexualmente. Le atrae menos que al hombre mirar fotos con escenas sexuales violentas, imágenes de orgías, etc.

Pero esto no significa que se sienta menos excitada por la pornografía fuerte, sino que la disfruta y la valora menos y, en algunos casos, le despierta temor.

Disfruta más con las caricias y los besos, y necesita que el varón juegue un poco antes de penetrarla. Pero a él, en pocas palabras, le interesa más la vagina que el clítoris.

En los momentos del orgasmo, él suele emitir gruñidos agresivos; ella, un balbuceo infantil o suspiros.

No olvidemos que la mujer tiene un rico plexo venoso alrededor de la vagina, que mantiene un buen flujo sanguíneo después del orgasmo. Por eso suele ser insaciable. Necesita descargar la congestión pelviana, y mientras esto no suceda, después del orgasmo puede tener ganas de más. La mujer requiere más tiempo, más dedicación; le hace falta que el varón le dedique un plus después que él haya alcanzado su propia satisfacción. Pero él normalmente se descarga bien en la eyaculación y queda satisfecho y agotado. (p. 65-66)

    Por supuesto, esta descripción tiene una finalidad espiritual:

Preguntémonos ahora si estas particularidades del varón y de la mujer en el orgasmo, se dan también de algún modo en la relación mística con Dios.

Podríamos decir que la mujer, por ser más receptiva, también está mejor dispuesta a dejarse tomar por Dios, está más abierta a la experiencia religiosa. Será por eso que en los templos predominan las mujeres. (p. 67).

    En ese momento culmine del placer carnal, pareciera que las diferencias sexuales desaparecen:

Por eso, los científicos suelen decir que las diferencias entre el varón y la mujer se viven en la etapa previa al orgasmo, pero no tanto en el orgasmo mismo, donde las diferencias entre lo femenino y lo masculino ya no son tan claras y parecen desaparecer. (p. 70).

    En el capítulo 8, el purpurado autor se entretiene en la dimensión mística del itinerario hacia el orgasmo, y nos explica que:

Algunos santos comenzaron a tener experiencias embriagantes de Dios poco tiempo después de haberse convertido, o en la misma conversión; otros, como santa Teresa de Ávila, lograron esas experiencias después de muchos años de sequedad espiritual. Santa Teresita de Jesús, aunque se sentía tiernamente amada por Dios, nunca tuvo experiencias muy “sensuales” de su amor, y parece que sólo alcanzó un gozo desbordante y apasionado en el instante de su muerte, cuando su rostro se transfiguró y dijo sus últimas palabras: “¡Te amo, oh Dios mío, te amo!”.

    Ciertamente, las experiencias “embriagantes” o “sensuales” del amor de Dios que el cardenal Fernández atribuye blasfemamente a Santa Teresa de Jesús y a Santa Teresita del Niño Jesús son orgasmos. 

    En el mismo capítulo, el prefecto de Doctrina de la Fe, afirma lo siguiente:

Pero esto tampoco significa necesariamente que esa experiencia gozosa del amor divino, si la alcanzo, me liberará de todas mis debilidades psicológicas. No significa, por ejemplo, que un homosexual necesariamente dejará de serlo. Recordemos que la gracia de Dios puede coexistir con debilidades y también con pecados, cuando hay un condicionamiento muy fuerte. En esos casos, la persona puede hacer cosas que objetivamente son pecado, pero no ser culpable, y no perder la gracia de Dios. (p. 80)

    Es otras palabras, los homosexuales pueden hacer cosas que objetivamente son pecado —mantener relaciones sexuales, por ejemplo— pero no son culpables. Aquí tenemos ya un indicio lejano de Fiducia supplicans y de lo que probablemente estén preparando en el dicasterio que se encuentra a las órdenes de Fernández: las relaciones homosexuales, aunque objetivamente son pecaminosas, no son culpables. Este es el pensamiento del defensor de la ortodoxia católica…

    Señalamos un consuelo que Tucho ofrece a las religiosas afligidas, que son las que más consumen sus libros:

Puede haber una religiosa que tenga que hacer grandes sacrificios para ser fiel a su virginidad, porque su psicología tiene algún fuerte condicionamiento en ese orden, y, sin embargo, tener al mismo tiempo una hermosa vivencia del amor de Dios muy auténtica, que la haga feliz. )p. 80)

    El capítulo 9, en cambio, está destinado a la presencia de Dios en el orgasmo de la “pareja”. Es curioso que el autor no habla de “matrimonio” sino de “pareja” la que, por lo que hemos visto más arriba, podría estar constituida por individuos de distinto o igual sexo. E introduce el tema diciendo:

Hasta ahora hemos hablado sobre la posibilidad de llegar a una especie de orgasmo plenificante en nuestra relación con Dios; lo que no implica tanto alteraciones físicas, sino simplemente que Dios llega a tocar el centro anímico-corpóreo del placer, de modo que se experimenta una satisfacción que abarca a toda la persona. Esto nos lleva a otra consecuencia importante: nos invita a descubrir que, si Dios puede hacerse presente en ese nivel de nuestra existencia, también puede hacerse presente cuando dos seres humanos se aman y llegan al orgasmo; y ese orgasmo, vivido en la presencia de Dios, puede ser también un sublime acto de culto a Dios. (p. 14)

    A fin de liberar a sus lectores de cualquier cargo de conciencia, les dice que:

Vemos así que el placer también es algo religioso, porque “es un don de Dios”. Por eso, el que es capaz de disfrutar en la presencia de Dios, puede ser más fácilmente consciente del amor de Dios, y así abrirse a amar a los demás. El que no es capaz de disfrutar de los placeres de la vida, porque no se ama o no se acepta a sí mismo, difícilmente podrá amar generosamente a los demás. […] Entonces, no tenemos que escapar o escondernos de Dios cuando gozamos, porque es él quien “creó todas las cosas para que las disfrutemos” (1 Tim 6,17). (p. 86-87)

    Y la conclusión de este razonamiento es muy previsible:

Así, el placer del orgasmo se convierte en un anticipo de la maravillosa fiesta de amor que es el cielo. (p. 88)

    Los rígidos semipelagianos, por su parte, deben estar alertas:

Debemos decir, por lo tanto, que no agrada a Dios la actitud de ciertas personas falsamente espirituales que niegan permanentemente al cónyuge la relación sexual, con la excusa de que buscan un amor más “perfecto”. Porque es precisamente la unión sexual, como expresión de amor, […] (p. 88)

    ¿Qué pensará del cardenal prefecto San Alejo y tantos santos que eligieron de común acuerdo con sus cónyuges la abstinencia sexual por un amor más elevado? 

    E interpretando torcidamente a los grandes maestros afirma lo contrario a lo que la Iglesia siempre afirmó:

El placer sexual no dificulta la espiritualidad ni la contemplación, porque si la unión sexual es un acto de amor, éste no hace más que abrir el corazón, y facilita así la contemplación de Dios. Ya decía san Buenaventura que “nadie llega a la contemplación si no se ejercita en el amor al otro” (III S., 27, 2, 4; IV S, 37, 1, 3, ad 6), y según santo Tomás de Aquino “el afecto humano se dilata con el placer” (Summa Th., I-IIae, 31, 3). (p. 88-89)

    El problema, según Tucho, viene de “la mentalidad griega la que influyó negativamente en el cristianismo, transmitiéndole un cierto desprecio del cuerpo”. (p. 89) Pero Santo Tomás restituyó todo a su justo lugar y, para confirmar su opinión, trae el testimonio del P. Danielou quien en un escrito afirma que “De la unión erótica a la unión mística hay un paso fácil de dar” y, sobre todo la de “un venerable teólogo egipcio del siglo XV [olvida decir que se trata de un musulmán] que hacía la siguiente alabanza a Dios:

Alabado sea Alá, que afirma los penes duros y rectos como las lanzas para hacer la guerra en las vaginas (Al Sonuouti). (p. 91)

    No abundaremos. Esta última cita completa ya el asco que provoca la lectura del libro del cardenal Fernández. 

    Alguien podría aducir que también el Papa Juan Pablo II escribió sobre la teología del cuerpo. Sin embargo, el pontífice polaco escribió “teología” y no “pornografía”, que es lo que escribe Tucho Fernández. Podrá opinarse de diverso modo acerca de esta enseñanza particular de Juan Pablo II, pero no puede negarse que se trata de un reflexión profunda, propia de un espíritu fino, y no la brutalidad y grosería que se encuentra en el libro de Fernández.

    La pregunta obvia es si el Papa Franciso tendrá algo que decir al respecto. Nosotros sí tenemos algo que decir: El cardenal Tucho Fernández debe ser desposeído de su cargo y de su dignidad cardenalicia. 


jueves, 4 de enero de 2024

Tucho pone marcha atrás


 

El dicasterio de Doctrina de la Fe publicó hoy en su página una "Nota de prensa sobre la recepción de Fiducia Supplicans"  (aquí).

    El texto indudablemente ha sido redactado por el cardenal Fernández. Se colige por la permanente tendencia que tiene el purpurado a autojustificarse y la utilización de términos que le son propios, y me refiero sobre todo a hablar de moral “clásica” y no moral “tradicional”, como es habitual en los textos oficiales de la Iglesia, o bien a expresiones coloquiales e impropias de un documento oficial como “fuerte”.

    Esta modificación no hace otra cosa que embarrar aún más la cuestión, pues con ella la moral católica (FS, más allá de las protestas de Tucho, cambia la apreciación moral en lo referido a las relaciones homosexuales) termina siendo relativa a las culturas y legislaciones de los diversos países. Con igual criterio, si Tucho hubiese nacido en el siglo XVI, habría promulgado una declaración condenado los sacrificios humanos pero habría aclarado que en algunos lugares —como México— existen “fuertes cuestiones culturales e incluso legales” que exigen que la prohibición de tales sacrificios se de luego de un periodo de reflexión y discernimiento.

    Por último, es notable el empeño del cardenal prefecto por decir una y otra vez que los obispos podrán hacer todos los discernimientos que quieran, pero que están obligados a aceptar la doctrina impuesta por el Papa Francisco. Pero ¿no es que FS no contiene ninguna doctrina nueva? Sí, hay una novedad, explica el cardenal: la distinción entre bendiciones litúrgicas o ritualizadas y bendiciones pastorales. Ciertamente, se trata de un invento surgido de la prodigiosa inteligencia teológica de Tucho, y que él procura una y otra vez adjudicar a la preocupación por la “pastoral popular” de Francisco.

    Conociendo el paño, no me extrañaría que haya sido el mismo Bergoglio que, presionado por todos los pronunciamientos públicos contrarios a FS (aquí un listado actualizado) y otros muchos privados que ha recibido, quien exigió a Tucho Fernández que arreglara el lío en el que lo metió. Y, por supuesto, el favorito pontificio no hace más que complicar todo. 

“Tu scendi dalle stelle “ (Tú bajaste de las estrellas)


 


por Eck


El firmamento predica las obras que Él ha hecho: 

cada día transmite al siguiente este mensaje, 

y una noche lo hace conocer a la otra...

Salmo XVIII, 2-3


En agradecimiento al P. Andrés Palomar, O.F.M. 


Allí, en lo alto, arriba, a la vista de todos. Se podía y todavía se puede ver de noche en lo profundo del cielo. Formada por brillantes estrellas, se dibuja luminosa en la oscuridad de la noche la figura de una mujer con un haz de espigas en la mano. Es Virgo, la constelación de Virgo, la Virgen, que representa a la Justicia y por eso tiene cerca de si a la constelación de Libra, las balanzas. Para los antiguos era una señal ambigua porque les recordaba melancólicamente que fue la última diosa en abandonar a los hombres después de la dichosa era de Saturno donde convivía la divinidad con los humanos, un tiempo paradisíaco donde imperaba el bien sobre la Tierra. 

    Cansada durante la edad de hierro de las injusticias de los hombres y de sus crímenes, entonces la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo; y a continuación habitó esta región donde de noche aparece todavía a los mortales como la Virgen, cerca del esplendente Boyero.” (Arato, Fenómenos, 135, pg. 75, de. Gredos, Madrid, 1993).

Decimos ambigua porque no se fue del todo, sino que sigue mirando a los hombres desde las alturas y les recuerda que todavía hay esperanza de un nuevo mañana. Constelación del verano, Virgo también marcaba la época de las cosechas, pálido reflejo de un tiempo en que la Tierra hacía brotar todo magnánimamente, sin esfuerzo, dolor ni trabajo. Cuando todos eran hermanos, todo se compartía y todos eran iguales entre sí. En diciembre se rememoraba esos felices tiempos en las saturnalias romanas, cuando los amos servían a sus siervos y se hacían regalos.

    Tampoco es nada casual que dos de sus más fulgurantes luminarias se llamen Spiga (espiga) y Vendimiatrix (Vendimiadora). Una Virgen que se relaciona con el Pan y el Vino y que enlaza con el mito de Ceres y su hija Proserpina, que regresaba cada año del reino de la muerte en primavera. ¿Cómo no ver en estos mitos antiguos un viejo mensaje, adulterado y corrompido pero en el fondo auténtico, de la verdad de la Caída y de la esperanza de la humanidad de la vuelta de la Justicia a este mundo? ¿Una profecía del porvenir, una preparación? Una Justicia relacionada con el Pan y el Vino, con la vida y la resurrección, nacida de una Virgen fértil y pura. Una Justicia que rompiendo el puro aire, se va al inmortal seguro pero de la que se nos dijo que vendrá de la misma manera que lo habéis visto ir al cielo (Hch. I, 11) y que hizo clamar al profeta Isaías con desesperación esperanzada: “Derramad, oh cielos, desde arriba el rocío, y lluevan las nubes la justicia; ábrase la tierra y produzca la salvación; y brote juntamente con ella la justicia” (Is. XLV, 8) o a Virgilio, el archipoeta: “Ya vuelve la Virgen, ya vuelve el reinado de Saturno,/ ya desciende del profundo Cielo una nueva progenie./ Tu, al ahora naciente niño, por quien la vieja raza de hierro termina y surge en todo el mundo la nueva dorada, se propicia ¡oh casta Lucina1” (IV Égloga, 6-8)

    Una noche lo hace conocer a la otra, como canta el salmo, y el firmamento predica las obras que Él hace como lo podemos ver y reconocer en nuestros días.

    Pero el mito antiguo nos recuerda además otra verdad olvidada pero para eso debemos volver al origen, al génesis.


Emmanuel


El Señor Dios, que se paseaba en el jardín 

al tiempo de la brisa de la tarde...

(Gn. III, 8)


Este es, a mi juicio, uno de los versículos más hermosos de toda la Escritura a pesar de su sencillez. Aquí hay todo un mundo, un abismo, un misterio grande.

    Ya han pasado los grandes calores del día y el Sol se pone cuando el tiempo parece detenerse por un instante eterno. El aire se serena y con los últimos rayos todo parece iluminarse con fulgores dorados mientras el cielo resplandece y las sombras huyen. Todo está en calma y en paz cuando de repente se levanta una leve brisa que refresca y perfuma, que mueve levemente y con delicadeza las copas de los árboles y devuelve todo a la vida mientras las golondrinas dibujan con sus negras alas el blanco del cielo. Es la hora del paseo, cuando el hombre puede contemplar tanto el comienzo como el fin de la Creación a la espera que las estrellan alumbren el firmamento. 

    Que el Creador disfrute del paseo de la tarde por su Creación nos muestra su bondad y amor por sus criaturas. Es una confirmación de la bendición primigenia por Su presencia en medio de sus criaturas, de la Verdad, el Bien y la Hermosura gozando y alegrándose de darse a su creación. Del amor que mueve el Sol y las otras estrellas, que crea de la nada y que comparte lo que tiene con ellas.

    Con la Caída y el Pecado de nuestros primeros padres esta presencia de Dios en medio de sus criaturas se perdió. El Jardín del Edén se cerro y desde entonces Dios brilla por su ausencia entre nosotros. La Edad de Oro se acabó, comenzó la de hierro y la Justicia huyó a los cielos. Ahora yacemos en esclavitud y la Creación gime por el peso del pecado, la muerte y la servidumbre de la corrupción. Ahora estamos solos y en la soledad, nuestra mayor condena. La nada con la nada. Las tinieblas se ciernen sobre todos y la oscuridad nos rodea con sus fríos brazos muertos pero el Hacedor no podía consentir que su amor se perdiera para siempre y, tras preparar sus caminos por su misteriosa providencia, Él señaló el día de su manifestación ante los hombres y todos los seres.

    Y así en tiempos del emperador Augusto (27 a. C-14 d. C.), estando el orbe extrañamente en paz, la Justicia volvió al mundo para reconciliarlo con Él destruyendo con su encarnación y sacrificio las obras de la muerte del Diablo, reparando el daño de la Caída Original y sobrepujando todo lo imaginable al asumir la carne. Por primera vez desde el Paraíso, el Altísimo vuelve a pasear por su creación al frescor de la tarde y a oler los aromas de las higueras, del olivo y de la vid. De la jara, el tomillo y el romero. El cantar de los pájaros y el zumbido de las abejas. El oleaje de la mies y el tañido de los árboles. El rumor de las aguas y el rugido de las olas. Y el ruido callado del día y el silencio sonoro de la noche.

-Mira, yo hago nuevas todas las cosas.

    Y así Dios volvió a ser Emmanuel, Dios con nosotros, para siempre. Y el Señor Dios volvió a pasear en el jardín al fresco de la tarde llenando todo de hermosura.


Epifanía


y nosotros vimos su gloria, 

gloria como del Unigénito del Padre, 

lleno de gracia y de verdad 

(Jn. I, 14)


“Os aseguro: muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron” (Lc. X, 24) ¿Y qué desearon ver los reyes y profetas de antaño?¿Qué desearon oír todos los pueblos y naciones? ¿todas las gentes y personas? A Dios y su palabra, a ese Dios desconocido (Hch. XVII, 23) al cual adoraban sin conocerle y le servían con sus buenas obras y esas palabras de amor y de perdón, salvadoras.

    Como si quisiera restaurar todas las cosas desde el principio y recapitularlas el Altísimo se fue manifestando a todos los hombres paso a paso.

    Los tiempos mesiánicos se abrieron de par en par cuando Zacarías el sacerdote entró en el Santuario y se le apareció el ángel Gabriel ante el altar donde subía el incienso, signo de que las oraciones habían sido escuchadas. Como nuestros primeros padres, desconfió de Dios y fue privado del habla no pudiendo bendecir al pueblo (Nm. VI, 22-27), imagen de una humanidad muda, impedida de hablar con el Altísimo y con los demás hombres palabras de verdad y vida. Todavía no había bajado el carbón ardiente que tocase los labios, removiera la culpa y perdonase el pecado (Is. VI, 7), el Verbo de Dios con el que iniciar de nuevo el diálogo pero se anunció a su heraldo, la voz que clama en ese desierto de mudos ya desde el vientre de su madre. Cuando nació el Precursor el sacerdote Zacarías ya pudo bendecir de nuevo y lo hizo pues se estaba manifestando el rostro del Señor. A partir de ahora, la faz del Eterno ya se podía ver sin morir (Ex. XXXIII, 20) pues se volvió vida para todos los hombres. Ya podíamos hablarle como el amigo al amigo, cara a cara (Ex. XXXIII, 11) como en los orígenes. Ya estaba en la Tierra y aún antes de nacer ya bendijo a Juan y a Isabel, su madre, con la gracia como la aurora anuncia al Sol con sus resplandores.

    Una vez nacido se manifestó a los pastores que dormían al raso en los montes de Judea acordándose de aquel pastor al cual se le prometió que su descendencia sería como las estrellas del cielo (Gn. XXII, 17) y que en él serían benditas todas las familias de la Tierra (Gn. XII, 3) por su fe. Ahí estaba la primera familia bendecida en José y María y que se fue extendiendo a otras, como a la familia de Zacarías y Ana, que como Abraham y Sara esperaron contra toda esperanza. Desde entonces, el hijo de María y José, el hijo de David, de Rut, de Jacob, Isaac, Abraham, de Sem, de Noé, de Adán y Eva, es familiar nuestro, nuestra carne y nuestra sangre, Dios es pariente de todos y familia de todos.

    Después se manifestó en el Templo ante los profetas y los sacerdotes. Allí el anciano Simeón Lo tomó en sus brazos, y alabó a Dios (Lc. II, 28) Modelo de sacerdotes en el altar al tener al Salvador en las manos y alabar a Dios también representa a todo Israel, nación santa, pueblo sacerdotal. Anunciado por la tribu de Levi en la Casa de Aarón, nacido en la tribu de Judá en la Casa de David, es anunciado al universo por las tribus perdidas. Simeón, la más sureña y terruñera, y la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, la más norteña y marinera, y llevado a los extremos de la tierra por Saulo, de la tribu de Benjamín y los Doce. Por fin la espera había dado cumplimiento y la Luz se reveló a los gentiles, y dio gloria a Israel, su pueblo (Lc. II, 32).

    Una luz se reveló a los gentiles, una estrella sale de Jacob (Nm. XXIV, 17). Esto fue profetizado por un pagano, Baalam, hijo de Beor, en tiempos muy antiguos y fueron otros paganos los que la vieron entre las estrellas de los cielos pues una noche lo hace conocer a la otra y el firmamento predica las obras que Él hace. Los estrelleros supieron leer a Dios en los cielos y comenzaron el peregrinaje a Belén guiados por una luz que les brilló en medio de las tinieblas, primicia de todos los pueblos en conocer al Salvador. Nuestros antepasados no se confundieron cuando imaginaban a los tres Reyes Magos como representantes de los tres linajes, Sem, Cam y Jafet y de las tres edades, juventud, madurez y vejez, ni como sabios ni reyes, los reyes filósofos. Vieron a través de la poesía la gran verdad, la universalidad de todos los pueblos y edades y del fundamento de unión de todos los hombres, el amor por la Verdad, la Esperanza y el Agradecimiento

    Por fin la Justicia volvió a bajar del Cielo para volver a pasear por el Edén, a estar con Él en el Paraíso (Lc.XXIII, 43) y hablar con Él cara a cara pues quien Le ve, ve al Padre (Jn XIX, 9) y tiene vida en abundancia.

    Todos les ofrecieron sus dones, desde pan, requesón y vino hasta oro, incienso y mirra, pero Él se trajo su propio don, el gran don: el Verbo de Dios, que creó el Cielo y la Tierra. Él se nos entregó a sí mismo pues nos ama hasta el extremo y da su vida por sus amigos para el perdón de los pecados, salvación de los hombres y restauración del Cosmos. El gran don de Dios es Dios mismo y este es el regalo que hace en la Navidad con su encarnación, la vuelta de su presencia a la Creación y la confirmación definitiva de su bendición original: valde bonum. Volvemos a poder pasear con Él a la brisa de la tarde.


martes, 2 de enero de 2024

Veinte preguntas para el cardenal Fernández (¿y el papa Francisco?)

 


P. Raymond J. de Souza


A principios de este año, el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, y el cardenal Víctor Manuel Fernández, entonces arzobispo de La Plata, tenían sedes a uno y otro lado del mismo río. Ahora se encuentran en corrientes opuestas, ya que al primero le aflige que el segundo sumerja a la Iglesia en un gran conflicto y confusión justo antes de Navidad.  “No creo que fuera un tema para salir ahora en Navidad”, dijo Sturla sobre Fiducia Supplicans (FS), la declaración del FDD sobre la bendición de parejas “irregulares” y “del mismo sexo”. “[Esa decisión] me llamó poderosamente la atención, porque es un tema controvertido y está dividiendo aguas dentro de la Iglesia”.

    Aguas no sólo el Tíber, sino también del Plata.

    Tanto Fernández como Sturla fueron nombrados arzobispos por el papa Francisco en su primer año, y ambos para arquidiócesis adyacentes a Buenos Aires. Si ahora Fernández ha perdido el apoyo de un cardenal creado por el Papa Francisco al otro lado del río, da una medida de lo mal que ha sido recibido FS. Así que Fernández se ha esforzado por contener el fiasco de sumir a toda la Iglesia en el conflicto y la confusión sobre un tema controvertido justo días antes de Navidad, una época en la que las voces religiosas tienen más eco en la prensa laica.

    El cardenal Fernández había pretendido que sus instrucciones sobre cómo bendecir a las “parejas irregulares” —parejas que cohabitan, “parejas” polígamas, parejas adúlteras, parejas del mismo sexo— fueran definitivas. “Por lo tanto, más allá de la orientación proporcionada más arriba, no deben esperarse más respuestas sobre posibles formas de regular los detalles o los aspectos prácticos relativos a las bendiciones de este tipo”, escribió Fernández el lunes. A finales de semana, había concedido una entrevista en español a The Pillar. Las cosas no marchaban según lo previsto. Uno de sus predecesores en la oficina doctrinal declaró que FS era “autocontradictorio”.

    En el Vaticano, en la semana previa a la Navidad, las bendiciones para personas del mismo sexo fueron colgadas de la chimenea con cuidado, con la esperanza de que el P. James Martin llegara pronto. Con el polvo asentándose ahora y los prelados de todo el mundo registrando su consternación, he aquí una serie de preguntas que el cardenal Fernández puede optar por responder al iniciar una nueva serie de entrevistas para defender su declaración.

En su primer discurso del Ángelus tras su elección, el Papa Francisco habló de la superior sabiduría teológica de la abuela, un tema sobre el que ha vuelto muchas veces. ¿Es acorde la distinción de su declaración entre bendiciones “ascendentes” y “descendentes” con la experiencia de la abuela? ¿Se llenará su alma de la alegría del Evangelio cuando oiga que su yerno, que ha abandonado a su hija y a sus nietos, ha sido bendecido con su nueva amante por el párroco?

    En el momento de su nombramiento como prefecto del DDF, el Santo Padre le escribió una carta advirtiéndole contra una “teología de escritorio”. ¿Son las finas distinciones de FS —bendecir a las “parejas” pero no a las “uniones” que las convierten en pareja— la forma en que los católicos de a pie ven las cosas, o más bien una casuística de escritorio?

FS pretende ser “innovador” y un “desarrollo” en la comprensión teológica de las bendiciones. Estas novedades están “basadas en la visión pastoral del papa Francisco”. ¿Es la “visión pastoral” del papa ahora un locus teológico, afín a la Escritura, la Tradición y el Magisterio? ¿Es tal comprensión supremacista de la visión papal coherente con la enseñanza del Vaticano II sobre el colegio episcopal?

    ¿Cuál es la “visión pastoral” del papa Francisco? Dado que FS contradice el documento DDF 2021 sobre el mismo tema, también emitido con la aprobación papal, ¿cómo se conoce la visión pastoral? ¿O conocer la visión pastoral es una especie de gnosticismo, que el Santo Padre ha criticado implacablemente?

    FS instruye que “cuando las personas piden una bendición, no se debe poner como condición previa para conferirla un análisis moral exhaustivo. A quienes solicitan una bendición no se les debe exigir una perfección moral previa”. ¿Es la opinión del DDF que ésta es una práctica generalizada que necesita corrección? ¿Alguien en el DDF ha presenciado alguna vez, siquiera una, que un sacerdote realice algún “análisis moral exhaustivo” cuando se le pide una bendición? ¿Algún sacerdote, en algún lugar, alguna vez, ha exigido “perfección mora” antes de conceder una bendición? ¿Qué aspecto podría tener eso? ¿Es posible que se esté formando aquí un hombre de paja clerical?

    En la entrevista de The Pillar, usted escribe: “No sé en qué momento comenzamos a exaltar tanto este sencillo gesto pastoral y lo hemos equiparado a la recepción de la Eucaristía. Es por eso queremos poner tantas condiciones para la bendición”. ¿Conoce el DDF a alguien, en algún lugar, en algún momento, que haya “equiparado” una bendición con la “recepción de la Eucaristía”? ¿Se trata de otra hombre de paja clerical fabricado con el heno de la escena del pesebre?

       En la misma entrevista, usted escribe que “algunos episcopados habían adelantado formas ritualizadas de bendición de parejas irregulares, y esto es inadmisibl”. ¿Se encargará el Dicasterio para el Culto Divino de supervisar el cumplimiento de FS, como, por ejemplo, ese mismo Dicasterio exige permiso para que se ofrezcan misas tridentinas en las iglesias parroquiales?

    FS cita Amoris Laetitia en el sentido de que “lo que forma parte de un discernimiento práctico en circunstancias particulares no puede elevarse al nivel de regla” porque esto “conduciría a una casuística intolerable”. ¿Pretende FS hacer con las bendiciones lo que Amoris Laetitia hizo con la recepción de la Sagrada Eucaristía, es decir, convertir el mismo acto en santo o pecaminoso según la geografía? Los pecados en Polonia son santos en Alemania, los pecados en Canadá son santos en Malta.

    En FS, usted escribe que el DDF ha estado trabajando en esta declaración desde antes de que usted asumiera el cargo en septiembre. ¿Se compartió esta información con los miembros de la asamblea sinodal de octubre, que debatieron esta misma cuestión? ¿Se les informó de que, aunque decidieran no abordar la cuestión en su informe final, el FDD seguiría valientemente adelante?

    ¿Se les dijo a los responsables del proceso sinodal sobre la sinodalidad para una Iglesia sinodal que no se molestaran en abordar las cuestiones de las parejas del mismo sexo en el informe sinodal porque el FDD trataría esa cuestión al margen del proceso sinodal? ¿Aceptaron las enmiendas que eliminaban las referencias “LGBT” del informe final sabiendo ya lo que planeaba el FDD, tomando así por tontos a los miembros del sínodo que las propusieron?

    El patriarca Sviatoslav Shevchuk de la Iglesia greco-católica ucraniana, la mayor de las Iglesias orientales católicas, ha afirmado que la declaración del DDF “no tiene fuerza legal para los fieles de la Iglesia greco-católica ucraniana” porque no tiene en cuenta el derecho canónico oriental, la liturgia ni su propia comprensión teológica de las bendiciones. ¿Era consciente el DDF de que su orientación contradice rotundamente el catecismo de la Iglesia greco-católica ucraniana, que enseña que “la bendición de un sacerdote u obispo es un gesto litúrgico que no puede separarse del resto del contenido de los ritos litúrgicos y reducirse únicamente a las circunstancias y necesidades de la piedad privada”?

    Dada la herencia bizantina compartida en oriente, ¿consideró el FDD las implicaciones ecuménicas de autorizar bendiciones que contradicen la comprensión y la práctica de las iglesias ortodoxas?

    Varias conferencias episcopales africanas han rechazado la enseñanza del FS. De hecho, el cardenal Fridolin Ambongo de Kinshasa, presidente del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar, escribió a sus hermanos obispos que, “como pastores de la Iglesia en África, nos corresponde proporcionar una claridad inequívoca sobre este asunto”. Propuso que los obispos africanos ofrecieran “una orientación definitiva a nuestra comunidad cristiana” “[redactando] un único pronunciamiento sinodal”. ¿Se consultó a algún obispo africano de alto rango, en el espíritu de la sinodalidad, antes de que se emitiera el FS?

    El cardenal Ambongo es miembro del Consejo de Cardenales, el círculo íntimo de asesores del Santo Padre. El Consejo se reunió en Roma en diciembre, pocas semanas antes de que se emitiera el FS. ¿Se consultó al cardenal Ambongo cuando estuvo en Roma? ¿Le pidió el DDF su opinión?

    El papa Francisco ha optado, tras la jubilación del cardenal Robert Sarah y la destitución del cardenal Peter Turkson, por no tener prefectos curiales procedentes de África. ¿Podría haber sido diferente FS si la actual cohorte de prefectos curiales hubiera sido más representativa e inclusiva?

    En otra entrevista reciente habló usted de África, donde “hay una legislación que penaliza con la cárcel el mero hecho de declararse homosexual, imagínese [lo que haría] una bendición”. ¿Consideró el DDF el impacto en África de la FS, que quizá pueda aumentar la violencia letal anticristiana debido a la percepción de que se aprueban las uniones entre personas del mismo sexo? Si es prudente que un obispo africano no aplique el FS debido a las penas civiles para los homosexuales, ¿fue imprudente que el DDF creara una impresión global de que la Iglesia católica aprueba ahora las uniones conyugales del mismo sexo? Sólo en Nigeria han sido asesinados más de 4000 cristianos este año, y unos 150 en Navidad.

    La Comunión Anglicana llegó efectivamente a su fin este año, ya que los primados que representan a más del 80% de los anglicanos ya no reconocen al arzobispo de Canterbury como “instrumento de comunión”. La causa próxima de la disolución fueron las bendiciones para las parejas del mismo sexo. ¿Confía el DDF en que las catastróficas consecuencias para los anglicanos no encontrarán eco en la Iglesia católica?

    El Papa Francisco comenzó su ministerio petrino soñando con una “Iglesia pobre para los pobres”. ¿Hubo alguna Iglesia pobre que pidiera las disposiciones que establece FS? Por el contrario, ¿podría pensarse que el FS es el tipo de cosa que una Iglesia rica haría por los ricos, como podrían encontrarse en el West Side de Manhattan o en Alemania, la Iglesia local más rica del mundo?

    Usted anunció que viajaría a Alemania para abordar algunas de las difíciles cuestiones planteadas por la “vía Sinodal” alemana, que ha sido condenada repetidamente por el Vaticano. ¿Cree que FS inspirará a los alemanes a cambiar sus costumbres, o a volverse más obstinados, esperando que al igual que el Santo Padre cambió de opinión con FS, cambie de opinión también con respecto a la Vía Sinodal en general?

    Antes de su nombramiento como prefecto doctrinal este año, el cardenal Eduardo Pironio fue el argentino más destacado que sirvió en la Curia romana entre los años setenta y noventa. Fue beatificado dos días antes de que usted publicara FS. ¿Lo toma como modelo para su servicio en la Curia Romana? En su próxima visita a casa, cuando visite sus reliquias, ¿cree que él daría su bendición a su trabajo, si se la pidiera espontáneamente? ¿Podría rezar ante las reliquias con el cardenal Sturla de Montevideo?


Fuente: The Catholic Thing

domingo, 31 de diciembre de 2023

Oración para el Año Nuevo

 




Oh Señor Dios nuestro, Tú eres el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Creador del tiempo, existente antes del tiempo y fuera del tiempo, el mismo ayer, hoy y siempre. Tú eres el Pantocrátor, el Gobernante absoluto que ejerce autoridad soberana sobre todo el universo y sus leyes. Tú no estás limitado por ningún acontecimiento o suceso natural, ni por nuestra acción o inacción. El mundo no es impulsado por fuerzas ciegas, sino que es gobernado sabia y amorosamente por Tu divina Providencia.

    Tú, oh Rey y Amo del mundo, gobiernas por Tu todopoderosa voluntad el mundo que creaste como un capitán gobierna su barco. No tenemos nada que temer mientras Tú estés al timón. Los mismos elementos de la naturaleza Te obedecen. Nada ocurre por casualidad. Lo que nos ocurre no sucede al azar. Ni un solo cabello de nuestras cabezas cae al suelo sin Tu poderosa voluntad. Estamos en Tus manos. Lo que somos, todo lo bueno que hay en nosotros, procede de Ti, fuente de toda bondad.

    Te pedimos humildemente, nuestro Salvador, al entrar en este nuevo año de nuestra salvación, que nos bendigas a todos; que bendigas nuestros esfuerzos y todo lo que hagamos. Te pedimos, oh Señor, que bendigas el tiempo que nos concedes, para que podamos pasar este nuevo año de tu gracia y de la vida que nos has dado en el arrepentimiento, el perdón, la paciencia, la tolerancia, la paz, la lucha contra nuestras pasiones, la práctica de las virtudes, en hacer tu voluntad, no la nuestra, y en aceptarla alegremente, sin lamentos ni quejas.

    Concédenos, oh Padre Todopoderoso, una fidelidad sincera, una vigilancia dispuesta y un testimonio activo, para ser fuertes y crecer en la fe y el amor hacia Ti, y trabajar diligentemente por el establecimiento de Tu Reino, un Reino de paz y justicia. Infunde en nosotros el anhelo por el establecimiento de Tu Reino celestial, un Reino de vida eterna, paz y alegría.

    Te suplicamos también, Señor, que bendigas al mundo entero y a todas lasnaciones. Guíalas hacia Ti, para que lleguen a conocerte a Ti, el único Dios verdadero, y a hacer Tu Santa Voluntad. Y protege, oh Señor, a Tu Santa Iglesia, en todas partes, para que con una sola voz y un solo corazón todos podamos alabar y glorificar Tu Santísimo y magnífico Nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 29 de diciembre de 2023

El cardenal Fernández: un príncipe que retornó a su pueblo

 


por El jején de Alcira


Alcira Gigena es un pueblo ubicado en el suroeste de la provincia de Córdoba. Araña los seis mil habitantes y es uno de los tantos pueblos ventosos y aburridos de las pampas argentinas, más aburrido y deprimente aún que Calchín, el pueblo donde nació el escritor Héctor Bianciotti, cuya vida monótona y polvorienta inmortalizó en Lo que la noche le cuenta al día.

    Calchín dio al mundo dos celebridades: Bianciotti, que ocupó en la Academia Francesa el puesto de André Frossard, y Julián Álvarez, un joven futbolista que se lució en la selección argentina en el mundial de 2022. Alcira Gigena también tiene su celebridad: como una amapola de las pampas, de aquí emergió el cardenal Víctor Fernández, prefecto del dicasterio de Doctrina de la Fe.  

    Yo vivo en Alcira, en una casa intrascendente sobre el bulevar de palmeras y farolas azules que divide el pueblo en mitades. Poco antes de la Navidad de este año se supo que, desde Roma, el cardenal Tucho hacía saber a nuestro párroco, el buen padre Germán, que quería regresar a su pueblo. “¡Qué orgullo para ustedes!”, decía el purpurado mientras preparaba su maleta en su casita de los jardines vaticanos. Él nació y creció aquí, en Alcira Gigena. Siempre fue un niño y adolescente “raro”, medio poeta, de languideces existencialistas, amante de cosas piadosas y de ánimo delicado. Después se fue al seminario, donde su personalidad perseveró en la delicadeza de sentimientos. Son conocidas en el ambiente clerical de la diócesis de Río Cuarto sus pertinaces acercamientos a los superiores y sus suspiros cuando, hablando con el rector, le confesaba: “Ay padre; cuánto sufro cuando escucho a mis compañeros criticarlo a usted y a otros formadores. ¡Qué doloroso es que se rompa la unión de nuestra comunidad”. De Río Cuarto pasó a la ciudad de Córdoba, y de allí a Buenos Aires. Y así, Víctor Manuel se fue yendo del pueblo, el que comenzó a olvidar su silueta delgada y su andar pizpireto. ¡Y llegó a Roma y fue hecho cardenal! Y él quería regresar en estas navidades con su sotana roja a recibir el afecto de los suyos y los honores pueblerinos. Y así lo hizo.

    Se vistió con sus mejores galas cardenalicias, propias de los rígidos clericalistas como el cardenal Burke, y entró saludando por la nave central de la única iglesia local. Parecía una novia ingresando al templo; sólo faltaba la marcha nupcial y el novio esperándola al pie del altar ("Roja y radiante va la novia", me susurraba al oído un antiguo compañero de la escuela primaria del cardenal mientras contemplaba el espectáculo y recordaba la sesentosa canción de Antonio Prieto). Se descubrió una placa inmortalizando su visita y señalando que allí solía rezar él, de modo que todos los conductores distraídos y los adormilados viajantes de comercio que en lo sucesivo se aventuren a las soledades de Alcira Gigena, sepan que están pisando un lugar histórico. También la intendente lo declaró ciudadano ilustre; hubo regalos, muchas fotos  y besos. Los lectores de este prestigioso blog pueden ver aquí un breve video que resume el recorrido del cardenal.

    Pero la hilacha aparece siempre. El estupor de los alcirenses fue creciendo al escuchar las palabras que el homenajeado desparramaba en la homilía de la misa. Insistió en marcar que Alcira es un pueblito insignificante (dijo otra palabra grosera que prefiero evitar), que no tiene posibilidades de nada y que por eso hay que irse. Pero él, sin embargo —mírenlo bien—, él ha logrado sobresalir y hoy es mundialmente conocido. En ese contraste, entre lo que es la insignificancia de Alcira y la magnitud de su actual figura, sin embargo se puede extraer una enseñanza. Y así, como sabio que es, la verbalizó frente a los alcirenses: aún de lo más irrelevante y despreciable puede surgir lo más grande. Por ello no hay que deprimirse ni dejar de aspirar a la grandeza y a las altas dignidades.

    Nos echó una capa de alquitrán y nos dijo que él pudo quitársela de encima; a él, que era negro como la pez por haber nacido en Alcira,  podemos verlo ahora rojo como la grana viviendo en Roma. La distancia entre el príncipe y el común de los plebeyos, que somos nosotros, nos debe servir de orgullo y de consuelo en el horizonte gris y ventoso que habitamos.

    El colmo de la molestia de mis vecinos se dio cuando, a propósito de la distinción municipal de ciudadano ilustre, el purpurado, siempre de sotana y solideo rojos, bromeaba acerca de lo que significaba la distinción recibida (él, aclamado por las naciones, es distinguido con un pergamino inútil por una gruesa y teñida intendente) y no tuvo mejor idea que hacer mención a la película de Gastón Duprat El ciudadano ilustre. La sarcástica referencia no cayó nada bien y sigue comentándose después de su partida. Ese paralelismo no era lo que la gente esperaba.

    Es cierto que las formalidades pueblerinas suelen ser un poco cursi. Es cierto que para quien se codea con el Papa y le escribe sus papeles, los discursos escueleros, las flores, los regalos de artesanía local, los libros del párroco y los pergaminos municipales son poca cosa, y apuesto a que los habrá tirado en el primer cesto de basura que encontró. Pero el afecto con olor a oveja suele ser así. Y el sinsabor de las ovejas queda, hasta que el olvido se lo lleve.

    El ciudadano ilustre vino y no pudo ocultar su sobradora superioridad; por algo está donde está. Pero ya se fue, como el de la película y, como Mambrú, no sé cuando vendrá otra vez.


[Junto a agradecer al jején de Alcira por esta crónica, no quiero dejar de llamar la atención sobre la vulgaridad del cardenal Tucho Fernández, cada vez más desatada. En el minuto 3 del video enlazado más arriba, se expresa de un modo soez durante la homilía, y poco después, en una entrevista concedida a la inefable Elizabetta Piqué, utiliza la expresión “mala leche” para referirse a quienes cuestionan Fiducia supplicans, expresión que, aunque en España sea de carácter coloquial, en Argentina es particularmente vulgar y zafia. Este es el nivel de quienes gobiernan la Iglesia. Al respecto, recomiendo este artículo del esclarecido intelectual argentino Bernardino Montejano].