jueves, 12 de diciembre de 2013

Don Gabino y el monte tenebroso


El sol se estaba ocultando y don Gabino estaba en el saloncito de su casa, repatingado en su sillón y leyendo un libro de tapas que en algún tiempo fueron blancas pero que ahora aparecían amarillentas y en las que los años habían dejado pequeños lunares marrones. Sus páginas abiertas derramaban un agradable olor a libro viejo: mucho de moho, algo de tinta seca y otro poco de papel quebradizo. Don Gabino pensaba a veces que sería capaz de descubrir la valía de un libro guiándose solamente por su olfato, y lo cierto era que más de una vez había comprado libros simplemente porque olían a libro.  
Leía Le Grand Meaulnes, de Jean Fournier en la primera edición de 1913, dedicada por el autor a su amigo Jean Variot. La había comprado hacía muchos años a un buquinista de la rive gauche y siempre que lo veía recordaba la cara de tristeza con la que el librero le había contado la historia de Fournier, el escritor al que la vida le alcanzó para escribir una sola novela porque la guerra le quitó lo llevó en 1914, cuando apenas tenía veintisiete años. 
Golpearon la puerta. Era el Profesor, como todos le decía, aunque su nombre era Juan Worms. De alemán sólo tenía el apellido y la cabeza, y ese atardecer venía tristón y con una bolsa de papel madera de la que sacó una botella de  Black Grouse. Don Gabino se dio cuenta que la cosa era seria y se dispuso a escucharlo.
- Dígame Profesor, ¿qué le pasa que anda con esa cara?
- Lo que pasa es que me aburrí don Gabino. Me cansé. Ya todo por lo que luchábamos ha caído, incluso en este pueblo perdido. Ya ve lo que está haciendo y diciendo el nuevo intendente; no hablemos del obispo ni del cura, que nos han dejado huérfanos, y si seguimos para arriba todo es mucho peor: la provincia, el país, el mundo, la Iglesia… Me cansé de resistir.
- A todos nos pasa alguna vez lo mismo. Todos nos cansamos en algún momento, o en varios momentos de la vida –o de la carrera, como decía San Pablo- de resistir. Pero para eso está la Biblia. Los primeros que se cansaron fueron los judíos, perseguidos por fuera y por dentro, y Dios les mandaba a sus profetas. La palabra de los profetas no fue solamente para reanimar a los hebreos del destierro o de la reconstrucción del Templo. Es también para reanimarnos a nosotros en tiempos de desolación, junto con los amigos y el whisky.
- ¿Los profetas?- dijo desganado el Profesor-. Me parece muy retórica su respuesta. No creo que me consuelen las profecías. No soy dado a creer en visiones, apocalipsis próximos y cataclismos cósmicos.
- ¿Y usted cree que yo lo soy?  Pero no puedo dejar de hacer caso a la Palabra revelada. Le aconsejo que lea al profeta Isaías, y usted que sabe latín, léalo de la Vulgata, que la traducción de San Jerónimo es más poética que la de los biblistas. Y empiece por el capítulo trece.
- ¿Qué dice en ese capítulo?, preguntó animándose el Profesor.
- Describe esos días oscuros que usted está viendo ahora. Y da un poco de susto leerlo. Dice, por ejemplo, que las estrellas del cielo ya no esparcirán su resplandor, que el sol se oscurecerá apenas nace en el Oriente y que la luna no derramará más su luz. Ad ponendam terram in solitudinem, dice el profeta. Imáginese lo que será eso. La soledad profunda y desesperante de la tierra porque Dios le ha quitado su luz.
- No es muy alentador que digamos-, dijo el Profesor apurando su segundo vaso de Ganso negro.
- Es que lo mejor viene ahora, aunque con eso comienza el capítulo. “Sobre el monte tenebroso, levantad la bandera, gritadles con voz potente, hacedles señas con las manos para que entren por la puerta de los nobles”. La Vulgata dice Super montem caliginosum…, y es muy fuerte esa expresión, porque caligo, en latín, es tinieblas, oscuridad, nubes densas e impenetrables, pero también es tribulación, miseria, aflicción, ignorancia. Dios nos ha puesto –sabrá Él por qué-, en la cima de ese monte terrible. Es un monte caliginoso, donde no solamente estamos rodeados de tinieblas físicas sino también espirituales. Nadie ve nada, ni siquiera nosotros que estamos en la cima. Imagínese los que viven en la planicie… Pero el mismo profeta nos indica nuestro deber: izar la bandera, dar gritos y hacer señas para que, de ese modo, al menos algunos de los que siguen perdidos en los laberintos inferiores puedan subir el monte. Yo creo que serán muy pocos, pero ingresarán por “la puerta de los nobles”.
- No entiendo bien qué quiere decir con eso. Nobles, yo no conozco ninguno.
- Yo creo que Isaías se refiere al noble como el hombre fiel, en oposición al plebeyo cuya fidelidad cambia según la conveniencia y los aplausos del mundo le indiquen. El que se anima a subir al monte, a pesar de la oscuridad y sin saber bien quién lo está llamando y haciendo señas desde arriba, es un noble, porque es fiel a ese llamado.
Se quedaron en silencio, mientras don Gabino agitaba un cubo de hielo durante unos segundos con una pinza dentro del vaso de whisky a fin de humedecerlo y abrirle todas sus aromas y sabores.
- No lo convenzo me parece…
- No es eso, dijo el Profesor. Pero con esto que usted me dice, al final terminan teniendo la razón los que dicen que nosotros creemos ser el pequeño grupo de los elegidos…

- Y esa sería una tentación muy peligrosa sobre la que siempre hay que estar atentos. En primer lugar, todo cristiano debe creerse y saberse del grupo de los elegidos. Si así no fuera, no se entendería por qué es cristiano y no musulmán o hindú. Se es cristiano porque ha sido elegido por Dios para serlo. Y sobre esto basta leer los Evangelios y todas las cartas apostólicas y a todos los Padres. Ahora, que nosotros seamos del pequeño rebaño que permanecerá fiel hasta el final, nadie puede decirlo. Pero tenga en cuenta una cosa. Montes tenebrosos con unos cuantos locos arriba izando banderas y haciendo señas, hay muchos. En este pueblo insignificante, por ejemplo, hay uno; pero muchos más deben haber en el país y en el mundo. No somos los únicos, pero ciertamente somos pocos.
- ¿Y cómo sabe que no estamos locos y que los equivocados no somos nosotros?
- Porque estoy absolutamente convencido de lo que pienso. Más le diría, porque lo veo, y no puedo dejar de ver sin traicionar mi inteligencia, que por algo Dios me la dio. Y lo que yo veo es exactamente lo contrario de lo que ve la gran mayoría del mundo, obispos y curas incluidos. ¿No leyó que un obispo de no sé de qué diócesis anduvo diciendo hace poco que la Iglesia está atravesando su mejor momento? Y todos lo aplaudieron, menos usted, yo y algunos otros más de los que están encaramados en la cumbre del monte tenebroso.
- Sí, está bien. Pero eso de que usted, yo y algunos más veamos las tinieblas que nos rodean y los demás se crean felices viviendo en medio de un gran resplandor, ¿no es un poco soberbio?
- Sobre eso ya muchos respondieron. Léalos, si es que no los ha leídos. Lea a León Bloy, a Kierkegaard, a Castellani, a Simone Weil. Y aquí no es cuestión de místicos ni de visionarios. Es cuestión de ejercer la inteligencia iluminada por la fe. Solamente eso.
El Black Grouse se había acabado. El Profesor se quedó sentado un rato largo, en silencio, mientras don Gabino volvía a Fournier. Después se levantó y volvió a su casa, caminando torcido, pero con las ideas más claras. 

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Un artículo de Cesar Uribarri que "misteriosamente" ha desaparecido a las pocas horas de su publicación en "Religión en Libertad" y que ha sido copiado en otra página:

http://diariodeunnaufrago-bate.blogspot.com.es/2013/12/el-preocupante-apartado-32-de-la.html

Anónimo normando dijo...

Política y clericalmente incorrecto, Wanderer... Y muy equilibrado, como siempre.

Anónimo dijo...


A por ellos!
Menos mal que el whisky me
funciona como conjuró contra la tristeza


http://www.infovaticana.com/el-papa-habla-de-los-cristianos-tristes-enjaulados-en-su-preceptos-compromisos-planes-revolucionarios-o-en-su-espiritualidad/

Lector benevolente dijo...

En el artículo de Cesar Uribarri referido en el primer comentario, el autor hace una interpretacion dramática de la idea en Evangelii Gaudium de dar autoridad doctrinal a las Conferencias Episcopales.

Ofrezo a continuacion una interpretacion totalmente distinta, y a mi juicio mas directa e inmediata, del texto en cuestion:

"todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal."

La idea no es que las Conferencias episcopales puedan definir doctrina, y menos aun modificar doctrina ya definida, sino que puedan juzgar las proposiciones doctrinales presentes en la obra/cátedra/prédica de un autor/docente/predicador católico de su pais, dictaminar si esas proposiciones son heterodoxas, y eventualmente sancionar al autor como corresponda (prohibicion de docencia, suspension a divinis, excomunion) si no se retractase de ellas. El dictamen seria apelable ante Roma solamente en el caso de que un obispo estuviese disconforme con él, caso contrario quedaría firme.

Esta operatoria estaria en total contraste con la situacion actual en que cada caso es examinado por la Congregacion para la Doctrina de la Fe en Roma, lo cual dificulta y dilata el tratamiento del caso, permitiendo que mientras tanto el heterodoxo sigue propagando sus errores.

Esta interpretacion está en linea con el texto que sigue inmediatamente al citado al principio:

"Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.”

En este caso, la prediccion de Fátima que Uribarri vincula con su interpretacion del texto de EG:

“En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc”.

seria interpretable como que Portugal no iba a caer bajo un regimen comunista que la llevase a la apostasia, como estaba por ocurrir con Rusia.

Anónimo dijo...

Menos mal que No hay whisky JB que dure 100 agnos.

Anónimo dijo...

Además, el JB hace doler la cabeza.

Anónimo dijo...

"Aguante San Lorenzoo, Aguante el Papaaaaa!!"

Se apaga la cristiandad, empieza lo nuevo.
Es tiempo de ir cerrando filas.

Degrelle

Anónimo dijo...

El Time puso como personaje del año a Bergoglio, en primera plana. ¿Por eso lo del Time no?

saludos