viernes, 23 de febrero de 2018

Con tal de que no haya terceros…


Jack Tollers

Así decía el Anónimo Normando, en un comentario a la entrada anterior: en la concepción católica dominante de nuestro tiempo, si hay una separación de cónyuges casados, pero ninguno comete adulterio… pues entonces no hay pecado y entonces, todo está bien. Así llegamos, dice él, como consecuencia de reducir nuestra santa religión a la moral, la moral a lo sexual y (añado yo) lo sexual a lo genital. 
Así, separados (si es posible, en buenos términos), se arregla todo. 

Y la realidad, lo que nadie denuncia, es que las cosas son exactamente al revés. El insigne C.S. Lewis alguna vez definió a la guerra como “el empeoramiento de todo” (y de eso sabía, como que había vivido dos guerras mundiales, una como combatiente, la segunda como civil). 
Efectivamente, bien pensadas las cosas, la guerra es “el empeoramiento de todo”: más violencia, más injusticia, más frío, más hambre, más violaciones, más viudas, más viudos, más pobreza, desarraigos, tristezas sin cura,  etcétera, etcétera. Con la guerra no mejora nada y todo empeora. 
Pues bien, la separación de los cónyuges (por “civilizados” que sean sus términos, por higiénicos que se muestren los separados, por mucho que no haya adulterio), es, no cabe duda, el empeoramiento de todo. Y para hacerme entender, me veo obligado a recurrir a una metáfora (o parábola, si se escribiese de otro modo, que yo no sé). 
La familia es como un barco botado por un astillero muy acreditado: se llama “santo sacramento del matrimonio”, qué se creen ustedes. Ahora bien, ninguna embarcación de ningún tipo puede ser gobernado democráticamente, tiene que haber un jefe y ése es el pater familias, el capitán. 
¿Y bien? Pues por bueno que sea el capitán, tampoco se puede arreglar solo, necesita el concurso de la contramaestre, una señora que, si bien no manda sobre el capitán (donde manda capitán, no manda marinero), sabrá cómo arreglárselas para corregir rumbos equivocados y atenuar el rigor del capitán con la tripulación, además de sí mandar sobre el resto de la tripulación, además de ocuparse de la cocina y un sinfín de menesteres que parecen pequeños, pero que no lo son, ni en un millón de años. 
Y luego, claro, está la tripulación que son los hijos (cuando no sumamos, los yernos, las nueras, los nietos y a veces algún que otro agregao como había antes en las viejas estancias argentinas). 
En la Escritura (y en todas partes) el mar siempre ha representado el mundo, un mar de a ratos apacible, frecuentemente revuelto, con corrientes traicioneras y cada tanto, protagonista de tremendas tormentas que pondrán a prueba a todo el mundo—especialmente al capitán (off topic: ¡qué bueno es Conrad describiendo esta clase de cosas!), y un buen capitán será aficionado a la botella, cómo no, pero cuando las procelosas aguas del mar se rebelan tan seriamente tendrá que dejar eso momentáneamente, empleado como estará en tratar de sobrevivir (y hacer sobrevivir a todos los que están a bordo), a la tremenda tempestad.
Así está el mundo en los días que corren y así está el barco de cualquier familia en los días que corren y así está el capitán, y así se siente la contramaestre, y así lo sufren los tripulantes. 
Pero, claro, las cosas siempre se pueden poner peor: supongamos que la tripulación amenace con un amotinamiento (el diablo sugiere eso, siempre, a toda hora), justo en medio de la tormenta. Y que, para peor, la contramaestre parece muy inclinada a sumarse a ese amotinamiento (la esposa que quiere más a sus hijos que a su marido, je, o que por lo menos siempre parece estar poniéndose de su lado en contra del marido), y la tormenta que no sólo se muestra bravísima, sino que es larga, muy larga, sin dar respiro…
Entonces el capitán puede verse tentado, muy tentado de tomarse el buque… este, no…, digo, tomarse el olivo, subirse a un salvavidas y que los amotinados se arreglen: total, si no lo quieren a él, si lo tienen por un inútil, si no quieren reconocer su autoridad, ¿para qué se va a quedar en ese barco de los mil demonios en el que todo parece andar tan mal?
Pues amigos, ese capitán está pensando mal porque eso sería el empeoramiento de todo.
Por lo pronto para él mismo: ¿qué le asegura que en un miserable bote salvavidas va a sobrevivir en un mar así de revuelto, en medio de una tormenta semejante? ¿Y cómo resistirá el canto de las sirenas? (ni poste tiene el salvavidas para atarse, por lo menos). Y aun cuando sobreviva a todo eso y llegue a tierra y se arme un rancho tranquilo para pasar el resto de sus días en apacible soledad: ¿cómo se perdonará haber abandonado el barco? ¿No era que el capitán es el último en abandonarlo? ¿Qué quedó de su honor, de su dignidad de marino? (Y recuerde que al final de todo, va a haber un Juicio en el Almirantazgo, que no te digo nada).
En cuanto a la contramaestre, ahora sola y a cargo del buque, ¿cómo hará cuando se le amotinen a su vez a ella? ¿Y acaso tiene la pericia, la fuerza, el tesón como para gobernar aquel barco en medio de una tormenta como esa (y que bien puede que se ponga peor, un poco más adelante)?
No, Sr. Capitán: es una mala idea, es el empeoramiento de todo, quédese al mando de su barco, vea como hace para convivir con (aquella insoportable) contramaestre, domine el incipiente motín, piense en el ejemplo que tiene que darle a la tripulación… y a todos, y a todos los demás capitanes que surcan el mar con problemas más o menos igualmente graves, más o menos igualmente insoportables. 
Es cierto que en estas circunstancias—cuando se levantan vientos semejantes, cuando el furor de las olas parecen estar a punto de ahogarnos—Nuestro Señor tiene la desesperante costumbre de quedarse (¿o de hacerse el?) dormido. Pues nada, habrá que despertarlo a fuerza de gritos y conjuros: en algunas traducciones de San Marcos, los aterrorizados discípulos le gritan: “¿No te importa lo que nos pasa?”. 
Mejor eso, cualquier cosa es mejor que bajarse del barco, bajarse de sus responsabilidades, de sus incumbencias específicas, del ejemplo que tenemos que dar…
Ya sé, ya sé que lo que digo resultará durísimo para más de uno que se dirá, “este dice esto, porque no sabe lo que estoy pasando”.
Pero sí sé lo que digo, yo también navego en el mismo mar, con los mismos problemas que todos mis colegas en este dificilísimo oficio de marinería en pleno siglo XXI (y si no, ¿cómo creen ustedes que se me ocurrió escribir este post?). 
Y por las dudas, lo repito, abandonar el barco resultará en el empeoramiento de todo. 
Mejor, despertar al que está “en la popa, dormido sobre un cabezal” (Mc. IV:38).

21 comentarios:

el mejillón del tango dijo...

Lo del empeoramiento de todo es muy cierto en términos paganos y religiosos. El religioso es el del post.
En términos paganos, qué facil es verlo, especialmente en las mujeres.

Miren, tengo cuarentipico y soy abogado, lo que me confiere dos excelentes condiciones para ver este tema (a los cuarenta comienzan estas cosas y a los abogados nos consultan sobre ellas).

La cosa es que buscando lo mejor, viene lo peor: en el 95% de los casos, son ellas las que les dicen a ellos que se las tomen.
Él sabe que ella no la puede rajar y quedarse con todo y se queda y se cocina y no le habla.
Ella, también asesorada, sabe que si él se va, ya no podrá volver salvo que ella lo acepte. Ahí lo comienza a despertar a las 3;00 a.m. con trompetazos o amenazas a mano armanda, (lo he visto en la profesión) hasta conseguir que él, que no era el de la idea de la separación, además se quede sin casa.
Él se va y ese mismo día ella empieza ser feliz, adelgaza y lo empieza a tratar bien, mientras él no sabe si esto es un sueño o si realmente le está sucediendo.
Pero, al poco tiempo, a lo sumo 4 o 5 meses, él mal que mal se adaptó y ella cae en una picada que no cesa (hacerse cargo de la logística de los hijos sola, falta de compañía, compañía sobredimensionada de su madre y mil cosas más).
Si ella decide "ensamblarse" con otra media familia, no pierde de vista que el nuevo tipo está cómodo y que para ella es el último cartucho (si se ensambla por segunda vez le muestra a sus hijos un tercer papá y ensamblarse a la primera ya le hace sospechar que es mal ejemplo para la nena...).
Ella además ve que él cambia el auto, que le sonríe cuando va a buscar a los chicos el fin de semana (el tipo es como que aprendió a disfrutarlo) y ella ahí desespera, enloquece (alega que hay que aumentar la cuota alimentaria, que la novia de él es muy joven y muy mala con sus hijos y otras cosas que le quitan la sonrisa definitivamente aunque ella también ande noviando).

Ella, que creyó quedarse con todo, lo complicó todo, es la guerra, con una sola parte vencida, o vencida definitivamente.

Es bueno que las mujeres sepan esto. Y que lo sepan los hombres también (siempre le recuerdo estas historias a mi señora).

Anónimo dijo...

Don Jack, originalmente, incluso fuera del cristianismo (algo de "naturaleza" había en esto, parece), el barco lo piloteaba el capitán y la contramaestre estaba cerca, tirando ideas ("detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer", se decía). Todo giraba alrededor del capitán. Pero llegó un día en que la contramaestre fue subida al lado del capitán, quedando el resto abajo (y la cosa se complicó con cuatro manos al mando del timón). Pero la cosa no quedó allí, y se subieron también a los hijos, con muchas manos a cargo del timón (cada uno tirando para distintos lados). Luego se bajó el capitán y más adelante la contramaestre y quedaron sólo los hijos, mientras los anteriores miraban desde abajo. Y fue en este contexto que se tiró por la borda primero el capitán, luego la contramaestre y los hijos chocaron el barco porque les convencieron que tenían "capacidad progresiva" para manejarlo, o conducirlo/conducirse. Y esto lleva cerca de un siglo de "heteropatriarcado machista" inexistente pese a las irreales proclamas de moda ideológica. Cómo se arregla humanamente esto, no tengo la menor idea porque el barco ya encalló y ni el capitán, ni la contramaestre, ni la tripulación de a bordo pueden hacer nada por si mismos para volver a sacarlo a flote, hace falta la mano del Astillero, de alguna manera, con un poderoso grito al viento. Son tiempos recios.

Pensador dijo...

Tantas veces se escucha que el paliativo y la mejor opción es la separacion o cuando dicen que la convivencia es ya insoportable.
Hasta ahi llego la caridad de la que habla San Pablo y que los novios embobados junto a la familia escuchaban el dia de su matrimonio.
Si, es cierto, no hubo adulterio ni infidelidad....pero hay injusticia, falta de caridad, soberbia, pereza.

Si como maridos se debe a la esposa el mismo amor que Cristo tiene con la Iglesia, ¡basta ver la situación actual para saber que clase de amor hay que tener!

Anónimo dijo...

Me viene a las mientes otro caso al que se aplica ese apólogo del capitán que deja barco. No era un hombre casado, aunque sí padre de familia numerosa: el añorado Benedicto XVI, que abdicó de sus responsabilidades cuando no pudo aguantar más la deslealtad, hostilidad y malevolencia de sus contramaestres. ¡Y por supuesto que todo empeoró!

Anónimo dijo...

Buena entrada de Jack, aunque temo que se haya perdido de vista el meollo de la cuestión que tan sagazmente insinuó el Anónimo Normando. Más allá de los problemas reales que existen dentro del matrimonio y que precipitan a una separación diplomática buscando "lo mejor"; creo que sería oportuno entrever la causa de esas rencillas y en el caso final el porqué estas no pueden superarse, o bien tolerarse, o más bien sufrirlas. Y creo que por ahí va la trama de la escena. Preguntas disparadoras quizás: ¿qué es la moral? ¿ qué implica la misma y qué abarca?. Como para repasar conceptos viejos y quien dice "encontrarse con nuevas pero viejas sorpresas".
Copio del pensador algo que creo indica el norte del asunto : "Si, es cierto, no hubo adulterio ni infidelidad....pero hay injusticia, falta de caridad, soberbia, pereza"

"Si como maridos se debe a la esposa el mismo amor que Cristo tiene con la Iglesia, ¡basta ver la situación actual para saber que clase de amor hay que tener!"

A.G.

Anónimo dijo...

Bueno, podemos pasar un rato con capitanes,contramaestres y tripulantes pero lo cierto es que el matrimonio empieza a complicarse cuando la humanidad, u occidente, decide que hay que casarse por amor.
Qué amor ni que niño frito ; lo único que funciona para siempre es el matrimonio por interés . Bueno, siempre que se mantenga el interés .
Ese interés puede ser material o espiritual, pero tiene que existir. Porque, otro error, uno no se casa para ser feliz sino para llevar a cabo un proyecto de vida.
Total, cuando Pompeyo Magno casa con la hija de Cesar, casa por interés . En ese caso como prenda de alianza. Y luego Pompeyo se enamora de la hija de Cesar y se convierte en el hazmerreir de Roma.
Si al interés común se añade buena educación , miel sobre hojuelas.
Y si ambos comparten un ideal superior de búsqueda de santidad, les garantizo un matrimonio para siempre y, por si esto fuera poco, un matrimonio feliz.

Epiphanio dijo...

Muy buen commentario, mejillon.
Perfetto.

Mary Poppins dijo...

Me parece que el problema es complejo. Desde que el hombre dejó de ser el verdadero sostén económico también perdió cierta o mucha autoridad. Porque desde que la mujer realiza tareas de capitán y no de contramaestre automáticamente le nacerá tomar decisiones de capitán. Y ni digamos si el capitán abdica de sus tareas.

No se puede decir que alguien será la cabeza de la familia cuando no puede siquiera darles de comer. Cuando por deseos de pasar una vida un poco más burguesa exige a la mujer que realice todas las tareas de contramaestre sumadas a las de capitán. Ahí se produce un enorme desarreglo.

También por supuesto en esto tiene su buena parte la mujer: si su interés en quedar "a la par" de sus amigas la obliga a desertar de la casa para ganar unos pesitos más... Si ser una buena esposa y madre no la plenifica... Si vive quejándose de que no alcanza... Si no se empeña en darle la vuelta a la cosa... también ahí tenemos un problema.

Muchas veces nos quejamos de que no ayuda el alto precio de los colegios católicos. Pues bien. Podemos mandar a nuestros hijos al colegio del estado. No creo que enseñen cosas peores que en la mayoría de los colegios católicos. Lo que pasa es que muchas veces los mandamos a colegios católicos para que se junten con gente bien. Y eso está muy bien, es uno de los fines y es loable. Pero entonces paguémoslo. No querramos tener todo servido de arriba con la excusa de la fe. Hagamos un esfuerzo para obtener ese fin. Ajustemos otros gustos.

En la ambición están la mayoría de los problemas y de los desarreglos.

Pues como dice el pensador no sólo el problema es el adulterio. También hay otros pecados que dificultan o imposibilitan la vida conyugal.

Domingo dijo...

Factores de estos fracasos hay muchos, uno de ellos parte de clarificar este punto:

Dios mismo nos elige marido o mujer?

O lo eligen los novios, tal vez asistidos de una gracia especial, a la que eventualmente pueden desoír?

El libre albedrío, durante el noviazgo y hasta la boda, cesa sobre este tema en particular?

Si uno "trata de elegir bien" con quien casarse, es un poco pelagiano porque es en Dios en quien debe poner la responsabilidad?

Con esto no quiero negar que bien o mal casados, el matrimonio sea hasta que la muerte los separe, obviamente.

Tampoco niego que Dios, desde toda la eternidad sabe que A se casaría con B.

Pero eso no quita que hubiese sido mejor que A eligiese a C y B a D.

Digo esto, porque suele suceder que no entender del todo bien lo de gracia y naturaleza, libre albedrío y fin, puede provocar en algunos en relajamiento posterior a la boda, pues total "así lo dispuso Dios", que atentará contra la familia.

Acaso los matronios "arreglados" que tanto defendió Thibon no funcionaban mejor que los actuales y no se perdía de vista el fin sobrenatural del periplo familiar? Y ahí, el libre albedrío en la elección dónde estaba?

No corresponde a los padres, al menos en las buenas familias, echar novios y novias? Y no ha funcionado bien?

Si es Dios quien "elige", a qué echar indeseables pretendientes, a qué aconsejar, a qué preocuparse en la elección?

Este error frecuente es otra causa de la desgracia.

Anónimo dijo...

Afirmar que no hay libre albedrío en el Matrimonio (tal vez lo hagan porque lo que se recibe es un sacramento) y que el mismo está determimado por Dios, nos llevaría a afirmar lo mismo (por qué no?) de la Comunión.
Pero entonces, cómo explicar las comuniones sacrílegas?
Acaso no son nuestras piernas las que nos llevan hasta el comulgatorio?
Alguno llegó alguna vez hasta allí a pesar de hacer fuerza contra sus miembros, como si un titiritero implacable manejase su cuerpo?

USOZ dijo...

Primero reaparece D. Wanderer y ahora D. Jack.

Me siento como cuando Beren oyó a Lúthien cantar desde los fosos de Tol-in-Gaurhoth (“Beren la oyó y pensó que soñaba; pues arriba brillaban las estrellas y en los árboles cantaban los ruiseñores...”).

Gracias por su vuelta : )

Bulgarov dijo...

Y sin dejar de señalar las causas segundas, pues Dios "rara vez prescinde de ellas", mi querido Jack.
In Domino!

Anónimo dijo...

Pensar que Dios mismo elige al cónyuge es la versión familiar de la teología ultramontana sobre el Papado.

Anónimo dijo...

La confusión viene de los sermones de Misa de Esponsales. Es habitual que allí se diga que Dios los eligió marido y mujer desde toda la eternidad. Pero es sólo una forma de decir.
En verdad, Dios lo "permitió", pero eligieron los recién casados y aunque no sean las dos perfectas medias naranja, reciben un sacramento y la gracia necesaria para entrar en una nueva vida familiar.

Pepe dijo...

Y por las dudas, lo repito, abandonar el barco resultará en el empeoramiento de todo.
Mejor, despertar al que está “en la popa, dormido sobre un cabezal” (Mc. IV:38).


Aunque creo que el proposito únicamente concierne a la Ecclesia Doméstica, por analogía, me ha recordado un buen aviso también para la Barca de San Pedro, en estos tiempos de guerra y empeoramiento.

Anónimo dijo...

Yo tuve suerte con mi contramaestre

Anónimo dijo...

El planteo esta.perfecto.
El tema es que hoy se casan (es decir reciben el Sacramento del matrimonio) menos del 10% de las parejas llamadas Catolicas.
Hoy el resto se junta tienen un par de hijos se separan se vuelven a juntar tienen otro par de hijos y asi.
No hay mas barcos.

En el medio le sumamos todos los condimentos mujeres golpeadas hijas abusadas por sus padrastros hijos asesinados por sus familias politicas, etc etc.
Lo peor es que desaparece y rapido el valor de familia como tal.
Me animo a decir que en 20 o 30 años no vamos a tenerlas mas salvos en muy extraños casos.
En menos de 100 años las familias Catolicas van a ser una rara cosa tildada de retrograda conservadora y snob.

Benigno

Anónimo dijo...

Gracias Wanderer por volver, y gracias a Jack Tollers por el presente texto. Me viene a la perfección porque estoy pasando en estos momentos por una de esas tormentas furiosas, y fui tentado varias veces de abandonar el barco.
Aprovecho para agradecer al señor Tollers que nos disponibiliza tan hermosas y excelentes traducciones en su página "et voilà".

Hoi Sec dijo...

Gracias Jack. Por escribir. Aquel del espejo es una obra maestra!

-

Todo esta muriendo. Ya no se ve futuro posible para los hijos. En algo tenia razon aquel que renuncio, una vez cuestionado por la salud de la Iglesia: dijo que estaba bien -en lo que no concuerdo-, pero aprovechó para aclarar que en realidad la Iglesia es mas chica de lo que parece. Chica... pequeña.

El unico matrimonio posible es el de "interes". Pero no material. Interes al estilo de los patriarcas. Hay que repasar los arreglos matrimoniales de isaac, moises, y un tercer caso que no recuerdo, pero es de los tres que tienen que ver con el pozo de agua.

Un comentador biblico dice que ahora eso no va mas porque el pozo fue reemplazado por las aguas vivas de Cristo en el incidente de la platica con la cananea. No se...

Yo encontre en el pozo de un grupo de preparacion para la consagracion de los 33 dias de Montfort.

Y como papá que soy, hoy por la gracia del Buen Dios, voy buscando siempre pozos, donde acudan aquellos familiares mios en Cristo.

Cristo, pozos y familia.
...¿Quien es mi madre o mi hermano?... los que cumplen...
¿algo asi no?

El que lea entienda, o sino... josade.

Anónimo dijo...

"Pensar que Dios mismo elige al cónyuge es la versión familiar de la teología ultramontana sobre el Papado."

¿Alejandro Bermúdez sería uno de esos ultramontanos?:
https://www.youtube.com/watch?v=yMJMqlfl2u8

Cid Campidoctor

Anónimo dijo...

Qué manera de decir pavadas ese Bermúdez, por favor. No termino de sorprenderme.