viernes, 6 de abril de 2018

Novus Ordo de la Semana Santa: el Domingo de Ramos


En octubre de 1949, la Comisión de Ritos nombró una comisión litúrgica que debía ocuparse del rito romano y de eventuales reformas a realizarse y sobre la necesidad de aplicarlas. Lamentablemente, la calma necesaria para tal trabajo no fue posible a causa de las continuas presiones de los episcopados de Francia y Alemania que reclamaban, en la más grande y exigente precipitación, cambios repentinos. La Congregación de Ritos y la Comisión se vieron obligadas a ocuparse de la cuestión de los horarios de la Semana Santa a fin de bloquear las fantasías de ciertas “celebraciones autónomas” especialmente las relativas a la vigilia del Sábado Santo. En este contexto se debía aprobar ad experimentum un documento que permitiese la celebración vespertina de los ritos del Sábado Santo: se trata del Ordo Sabatto Sancti, del 9 de junio de 1951.
En los años 1948-1949, la comisión fue erigida bajo la presidencia del Cardenal Prefecto Clemente Micara y sustituido en 1953 por el cardenal Gaetano Cicognani. Contaba también con la presencia de Mons. Alfonso Carinci, de los padres Giuseppe Löw, Alfonso Albareda, Agostino Bea, y Annibale Bugnini. En 1951 se unió Mons. Enrico Dante, en 1960 Mons. Pietro Frutaz, don Luigi Rovigatti, Mons, Cesario d’Amato y finalmente el padre Carlo Braga. Este último, era desde hacía un tiempo un estricto colaborador de Annibale Bugnini y, durante 1955 y 1956, aunque no era todavía miembro de la Comisión, fue participante de los trabajos (C. Braga, “Maxima Redemptionis Nostrae Mysteria 50 anni dopo (1955-2005)” in Ecclesia Orans n. 23 (2006), p. 11). Braga afirma claramente haber vivido en primera persona la reforma y haber participado activamente en los trabajos. Fue también autor, junto a Bugnini, de los textos histórico-críticos y pastorales sobre la Semana Santa. Nos referimos a A. Bugnini y C. Braga, Ordo Hebdomadae Sanctae instauratus (Bibliotheca Ephemerides Liturgicae, sectio historica 25), Roma: 1956, los cuales funcionaría como una suerte de salvoconducto “científico” de las modificaciones aportadas. 
La Comisión trabajaba en secreto y bajo la presión de los episcopados centroeuropeos. Tanto era el secreto que la improvisada e inesperada publicación del Ordo Sabbati Sancti instaurati del 1 de marzo de 1951, “tomó por sorpresa a los mismos oficiales de la Comisión de Ritos”, como refiere el miembro de la Comisión Annibale Bugnini (A. Bugnini, La riforma liturgica (1948- 1975), Roma 1983, p. 19).
Y fue el mismo Padre Bugnini quien explicó el modo singular con el cual los resultados de los trabajos de la Comisión sobre la Semana Santa eran referidos a Pío XII, quien “era mantenido al corriente por Mons. Montini y, más todavía y semanalmente por el P. Bea, confesor de Pío XII. Gracias a este procedimiento se pudo alcanzar resultados notables, también en los periodos en las cuales la enfermedad del Papa impedía que nadie se avecinara a su presencia” (A. Bugnini, La Riforma liturgica, op. cit., p. 19). El Papa estaba afectado de una enfermedad grave del estómago que lo obligaba a una larga convalecencia, y no era por tanto el cardenal prefecto de Ritos, responsable de la Comisión, quien lo informara, sino el entonces Mons. Montini y el futuro cardenal Bea, que tanta parte tendría en las reformas posteriores.
Los trabajos de la Comisión terminaron en 1955, cuando el 16 de noviembre fue publicado el decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria, que debía entrar en vigor en la Pascua del año sucesivo. El episcopado mundial recibió de modo diverso las novedades y, más allá del triunfalismo debido a una decisión pontificia, no faltaron lamentos por los inventos introducidos e incluso se multiplicaron los pedidos para poder conservar el rito tradicional, pero ya la máquina de la reforma litúrgica se había puesto en movimiento y detener su curso sería imposible como lo iba a demostrar la historia sucesiva.
Entre los personajes más notorios que plantearon su oposición a la reforma se cuenta el liturgista  León Gromier, conocido por su documentado comentario al Caeremoniale Episcoporum, y que era consultor de la Congregación de Ritos y de la Academia Pontificia de Liturgia. El mismo Papa Juan XXIII, en la celebración del Viernes Santo de 1959, en la iglesia de la Santa Cruz en Jerusalén, celebró siguiendo las prácticas tradicionales y haciendo caso omiso de las reformas de Pío XII, dando prueba que no compartía las incongruencias adoptadas (Puede verse la documentación fotográfica y la confirmación por parte de Mons. Bartolucci quien afirmó que recibió la orden de Mons. Dante de seguir los ritos tradicionales: https://bit.ly/2q74aJF). 
Veremos a continuación en los próximos post, de modo detallado, cuáles son los cambios que se introdujeron por esta reforma, que el cardenal Antonelli definió como el “acto más importante en materia litúrgica desde San Pío V a nuestros días” (F. Antonelli, “La riforma liturgica della Settimana Santa: importanza attualità prospettive” in La Restaurazione liturgica nell’opera di Pio XII. Atti del primo Congresso Internazionale di Liturgia Pastorale, Assisi- Roma, 12-22 settembre 1956, Genova 1957, p. 179-197). 

Domingo de Ramos



1. Invento: Uso del color rojo para la procesión y morado para la misa.
Práctica tradicional anterior a la reforma: uso del morado tanto para la procesión como para la misa.
Justificación de la Comisión: “… se podría restituir el rojo primitivo usado durante el medioevo para esta solemne procesión. El color rojo recuerda la púrpura real… y de esta manera la procesión se distinguiría como un elemento sui generis” (Archivio della Congregazione dei Santi, fondo Sacra Congregatio Rituum, Annotazione intorno alla riforma della liturgia della Domenica delle Palme, p. 9. Todas las citas de textos de la Comisión que siguen a continuación proceden de este mismo documento.
Objeción: No se trata de negar que el color rojo pueda ser signo de la púrpura real aunque habría que probar que, efectivamente, se usaba durante el Medioevo en ese sentido, pero resulta llamativo el modo de proceder y el motivo por el cual se buscan razones sui generis y se decide que el rojo deba tener en este día una simbología determinada racionalmente, según el capricho o la fantasía de los liturgistas. De hecho, en el rito romano, el rojo es el color del martirio o del Espíritu Santo, y en el rito ambrosiano, que se usa el Domingo de Ramos, se lo hace para indicar la sangre de la Pasión y no la realeza. En el rito parisino se usaba el negro. Este cambio no habría que atribuirlo a una práctica atestiguada sino a la idea caprichosa de un “pastoral profesor de seminario suizo” (L. Gromier, Semaine Sainte Restaurée, in Opus Dei (1962), n. 2, p. 3).

2. Cambio: Abolición de las planetas (o casullas) plegadas y consecuentemente del estolón o stola largior.
Práctica tradicional anterior a la reforma: Uso de la planeta plegada y del estolón, y de la planeta enrollada en bandolera por parte del diácono durante el canto del Evangelio.
Era esta una práctica de las más antiguas del rito romano que había sobrevivido hasta entonces, y que nunca se había osado cambiar por la veneración que implicaba, por lo extraordinario de los ritos de Semana Santa y por extremo dolor de la Iglesia durante estos días. Por otro otro lado, no se explica que la misma Comisión que introducía del color rojo porque era una práctica medieval, aboliera otra práctica medieval por ser, justamente, medieval. 

3. Invento: Bendición de los ramos cara al pueblo y a dando la espalda a la cruz y al altar y, en algunos casos, al Santísimo.
Práctica tradicional anterior a la reforma: Los ramos se bendecían en el altar, del lado de la epístola, luego de una lectura, un gradual, un evangelio y, sobre todo, de un Prefacio con el Sanctus que introducía las oraciones de bendición. 
Con el objetivo de lograr la participación de los fieles, se introduce la idea de las celebraciones litúrgicas cara al pueblo y de espaldas a Dios. Se inventa una mesa, que se coloca entre el altar y el comulgatorio, con los ministros versus populum, con lo cual se introduce un nuevo concepto del espacio litúrgico y de la orientación de la oración. 

4. Cambio: Supresión del prefacio con las palabras relativas a la autoridad de Cristo sobre los reinos y su autoridad sobre este mundo. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: El rito romano preveía en ocasión de los grandes momentos litúrgicos como la consagración de los óleos o la ordenación sacerdotal, el canto de un prefacio como un modo particularmente solemne de dirigirse a Dios. También para la bendición de los ramos estaba previsto un prefacio que describía el orden divino de la Creación y su sumisión a Dios Padres, sumisión de lo creado que era advertencia a los reyes y gobernantes acerca de su propia sumisión a Dios: “Tibi enim serviunt creaturae tuae: quia te solum auctorem et Deum cognoscunt et omnis factura tua te collaudat, et benedicunt te sancti tui. Quia illud magnum Unigeniti tui nomen coram regibus et potestatibus huius saeculi libera voce confitentur”. El texto revela en pocas líneas la base teológica que fundamenta el deber que tienen los gobernantes temporales de someterse a Cristo Rey.
La asombrosa justificación de la Comisión para este cambio es la siguiente: “Teniendo en cuenta la poca coherencia de estos prefacios, su larga extensión y, en algunos casos, la pobreza de pensamiento, su pérdida no parece relevante” (C. Braga, op. cit., p. 306). 

5. Cambio: Supresión de las oraciones sobre el significado y beneficio de los sacramentales, y sobre el poder que tienen contra el demonio. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: Las antiguas oraciones recordaban el rol de los sacramentales, los cuales poseen un poder efectivo (ex opere operantis Ecclesiae) contra el demonio.
La Comisión consideró que estas oraciones eran “ampulosas…, con toda las características de la erudición típica de la época carolingia”. Se ve que aunque los reformadores están de acuerdo con respecto a la antigüedad de los textos, no los consideran de su gusto porque “es muy débil la relación directa de la ceremonia con la experiencia de la vida cristiana, o sea el significado litúrgico pastoral de la procesión como homenaje a Cristo Rey”. Nadie puede entender la razón de tal “débil relación”. 
La “experiencia de la vida cristiana concreta” de los fieles es poco más adelante completamente despreciada por la misma Comisión que considera que “estas piadosas costumbres [los ramos bendecidos], aún justificadas teológicamente, puede degenerar como de hecho se degeneran, en supersticiones”. Más allá del tono racionalista apenas disimulado, hay que tener en cuanta que las antiguas oraciones fueron deliberadamente sustituidas por nuevas fórmulas según lo dicen expresamente los autores. Es decir, las antiguas oraciones no gustaban porque expresaban de un modo demasiado marcado la eficacia de los sacramentales y, por tanto, se inventan otras nuevas. 


6. Invento: cruz procesional no velada, aún cuando la cruz del altar permanece velada.
Práctica tradicional anterior a la reforma: La cruz del altar permanece velada como así también la cruz procesional, a la cual se ata un ramo bendecido, como una referencia a la cruz gloriosa y a la Pasión vencedora del Señor.
El motivo de este invento se nos escapa completamente. Más que un eventual significado místico, parece más bien el fruto de las prisas que tenían los redactores debido a las presiones de los episcopados.

7. Cambio: Eliminación de los golpes con la cruz a la puerta de la iglesia que permanecía cerrada. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: La procesión se reunía delante de la puerta cerrada de la iglesia. Un diálogo cantado entre un coro de cantores en el exterior se alternaba con otro que estaba dentro del templo. Luego se procedía a la apertura de las puertas, la que ocurría después de haberla golpeado con la parte baja del asta de la cruz procesional. 
Este rito simbolizaba la resistencia inicial del pueblo judío y el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén, pero también la cruz vencedora de Cristo que abre las puertas del cuelo y que es causa de nuestra resurrección: “hebraeorum pueri resurrectionem vitae pronuntiantes”.

8. Invento: Una oración que se recita al final de la procesión, en el centro del altar cara al pueblo. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: La procesión terminaba normalmente y luego se iniciaba la misa con las oraciones al pie del altar como de costumbre. 
La oración introducida aparece como una pegatina al rito en razón de su naturaleza arbitraria: “A fin de dar a la procesión un elemento preciso de conclusión, hemos pensando en proponer un particular Oremus”, dice la Comisión. 
El mismo padre Braga confesaba cándidamente cincuenta años después que el invento de esta oración no había sido feliz: “El elemento que desentona un poco en el nuevo Ordo es que la oración conclusiva de la procesión que rompe la unidad de la celebración” (C.Braga, op. cit., p. 25).

9. Cambio: Se elimina la distinción entre la Pasión  y Evangelio. Además, en la Pasión se elimina la frase final. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: El canto de la Pasión era distinto del canto del Evangelio, que llegaba hasta Mateo 27, 66. 
La Pasión había tenido siempre un estilo narrativo, como un momento distinto al Evangelio. Era cantada por tres voces distintas luego de la lectura del Evangelio, el que era cantado solamente por el diácono con un tono diferente, con el uso del incienso pero sin cirios. La reforma confunde los dos aspectos; Pasión y Evangelio son amalgamados en un único canto sin ahorrarse vistosos recortes del inicia hasta el final. De esta manera, se termina por privar a la misa y al diácono del canto del Evangelio que resulta formalmente suprimido. 

10. Cambio: Eliminación del pasaje evangélico que conecta la institución de la eucaristía con la Pasión de Cristo (Mt. 26, 1-36).
Práctica tradicional anterior a la reforma: La Pasión era precedida por la lectura de la institución de la eucaristía revelando de ese modo el vínculo íntimo, esencial y teológico de ambos pasajes.
Este cambio es desconcertante. Según lo que aparece en los archivos de la Comisión, se había decidido no hacer ningún cambio con respecto a la lectura de la Pasión ya que era una institución antiquísima. Sin embargo, no se sabe cómo ni por qué, la narración de la Última Cena fue eliminada. Parece difícil pensar que el único motivo haya sido una cuestión de tiempo, para no hacer tan larga la lectura, sobre todo cuando se considera la relevancia del pasaje. Hasta ese momento, la tradición había querido que en la narración de la Pasión de los Sinópticos tuviera siempre incluida la institución de la eucaristía que, con la separación sacramental del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el anuncio de la Pasión. La reforma amputa un pasaje fundamental de la Escritura que es vínculo de consecuencialidad entre la Última Cena, sacrificio del Viernes Santo y Eucaristía. 
El pasaje de la institución de la eucaristía será también eliminado del Martes y el Miércoles Santos, con el extraordinario resultado que permanecerá ausente de todo el ciclo litúrgico! Es decir, luego de la reforma de la Semana Santa por parte de Pío XII, en ningún momento del año se leía el evangelio de la institución de la eucaristía. 
Esto fu consecuencia de un cambio hecho a las apuradas que desbalanceó una obra plurisecular


(A partir del estudio realizado por el P. Stefano Carusi).

14 comentarios:

Paulus Albus dijo...

Para llorar.

Anónimo dijo...

El cardenal Bea fue confesor de Pio XII???

Hna. Pasqualina dijo...

Así es. Confesor durante años de Pío XII y con acceso diario al Pontífice.
Bea era biblista y fue el que con todo el apoyo del papa -su penitente-, hizo la famosa nueva traducción de los salmos, llamada "piana", que impusieron por la fuerza pero que te dan infumable, apenas pudieron se la sacaron de encima y volvieron a la Vulgata, incluso los más pogres.

Pensador dijo...

Exelente aporte y estudio! Para quiénes estudiamos la liturgia estos archivos son invaluables, mil gracias!
Es de particular importancia ver las motivaciones de la comisión a la hora de hacer los cambios y lo contradictorio de los argumentos...Quo vadis Ecclessia?

Anónimo dijo...

Soy el anónimo del post anterior (4 de abril de 2018, 13:41) que estuvo en Roma con gente que trató al P. Braga. La pregunta del anónimo de hoy a las 10:25 me hizo acordar que Braga contaba que habían metido al P Bea SJ en la comisión no porque entendiera nada de liturgia sino justamente por ser el confesor del Papa y tener acceso directo a él lo cual podía serles muy útil. En cuanto al nuevo salterio hecho por el instituto Biblicum bajo la dirección de Bea y que por unos años llegó a reemplazar a la traducción multisecular de San Jerónimo, tenía dos características que lo alejaban marcadamente de la tradición: el basarse directamente en el texto hebreo (toda la tradición litúrgica había usado siempre traducciones basadas en la Septuaginta (o "Traducción de los Setenta") que era el texto griego del Antiguo testamento, usado por los primeros cristianos y que es más antiguo que el texto hebreo que ahora tenemos. Y en segundo lugar el apartarse del "latín cristiano" de los Padres de la Iglesia para usar el latín clásico de Cicerón y Julio César (Ese salterio de Bea era en latín). Alguno podría arriesgar la hipótesis de que como confesor le puso como penitencia a Pio XII firmar la aprobación del "Ordo Hebdomadae Sanctae"... (Bromeo, por supuesto). Lo que no es broma es que los liturgistas de la comisión (Bugnini y Braga en especial) veían este "Novus Ordo" Piano, sólo como un primer paso de una reforma general porque sabían muy bien que "Piano, Piano... si va lontano".

Liturgista Amateur (pero que no come vidrio)

Santiago dijo...

Hablar de "Novus Ordo" en este caso ¿No es un poco exagerado? Por más que se hayan inventado un montón de cosas en la Semana Santa, no creo que se los pueda comparar. No discuto, pregunto.

Eck dijo...

Puedo dar fe que algunos de estos usos antiguos se han conservado en España, por lo menos en el rito tradicional:
-Bendición de los Ramos hacia Dios y en el lado de la epistola.
-Velación de la cruz procesional con el ramo bendecido.
-Los tres golpes con el asta de la cruz en la puerta (uno de los ritos, en mi opinión, más hermosos de la Iglesia). De este puedo dar fe completa porque hace dos año fui yo el encargado de los golpes con bronca del preste por casi cargarme la puerta...por intentar que sonase.
Lo peor son las razones, de tan debiles que son hasta insultantes amen de sus desprecios al pueblo y a la Tradición de la Iglesia. Gracias al Cielo que el ecologismo no estaba de moda porque no me imagino lo que hubiesen hecho al saber que los obispos vestían de verde en la Edad Media...

Anónimo dijo...

Santiago: Estrictamente hablando lo es, porque es propiamente un "Ordo" (el nombre oficial es "Ordo Hebdomadae Sanctae Instauratus") y cuando se publicó era el más nuevo que había. Ahora, claro, después del '69 el "Novus Ordo" es este último, pero no nos olvidemos de que el "Novus Ordo" de la Semana Santa del '69 no es "Novus" por comparación con un "Vetus" que lo precediera sino con uno "un poquito menos Novus" (perdón por la mescolanza de lenguas pero no sé cómo se dirá en latín) que por otra parte se había usado sólo durante 13 años. Lo que es objetivamente "exagerado" es llamar "Tradicional" a ese producto efímero de un laboratorio litúrgico en formación.

Liturgista Amateur

Anónimo dijo...

Entonces, salvo esos pocos privilegiados que tienen ese indulto de ahora, el resto estamos encerrados entre el "Novus" y el "un poquito menos "Novus" ¡qué claustrofobia!

Anónimo dijo...

No hay duda que el "Novissimus" es menos tradicional que el "Novus".
Hilbert.

Anónimo dijo...

No crea, Hilbert, por lo que estoy leyendo en algunas cosas no, por ejemplo, la vigilia pascual el novus renovus tiene más lecturas, menos que el tradicional pero más que el semi-novus.

Anónimo dijo...

"Pensando y repensando dentro de mí estas cosas, no dejo de admirarme ante la inmensa locura de algunos hombres, ante la impiedad de su mente cegada y ante la pasión desenfrenada del error, que no les deja satisfechos con una norma de fe tradicional y recibida de la antigüedad, sino que cada día andan buscando cosas nuevas y arden continuamente en deseos de cambiar, de añadir, de quitar algo a la religión. Como si ésta no fuese un dogma celestial, que ya es suficiente que haya sido revelado una vez para siempre; como si fuera una institución humana, que no puede llegar a ser prefecta sino mediante asiduas enmiendas y correcciones".

"El Conmonitorio", San Vicente de Lerins, siglo V.

fr. Rafael María Rossi O.P. dijo...

pax tecum! estas comparaciones deberían hacerse con el misal de 1962, que es el actual misal del rito romano extraordinario o tradicional; aunque en realidad el rito romano nuevo no es una reforma del rito romano tradicional es otro rito distinto, realizado por una comisión ad hoc; al comparar uno con otro da la impresión de una degradación del antiguo, cuando en realidad son dos ritos diversos y optativos.
p. fr. rafael maría rossi o.p.

Wanderer dijo...

fr. Rafael María Rossi, Las comparación son, efectivamente, con el Misal de 1962.
Las reformas de la Semana Santa, que ocurrieron en 1955, fueron incorporadas al misal del '62, y prácticamente no fueron modificadas en el Novus Ordo. Según el P. Braga, no fue necesario hacerlo "porque ya lo habíamos hecho en el '55".
Es decir, en estos posts no hay referencia al novus ordo. La referencia es al misal de 1962 a partir de lo que había sido la liturgia tradicional hasta Pío XII.