miércoles, 4 de abril de 2018

La reforma de la Semana Santa I


La celebración de la Semana Santa según el rito romano tradicional -es decir, previo a las reformas de Pío XII introducidas en 1955- se sucedieron este año a lo largo de todo el mundo. Los sitios dedicados al tema han dado cuenta de ello en un sinfín de fotografías que vale la pena mirar (por ejemplo, pueden verse aquí los álbumes del monasterio San Benito de La Garde-Freinet) y llevan a preguntarnos si el tema es, contrariamente a lo que se decía, mucho más que una cuestión menor, propia de discusiones exquisitas y en las que no vale la pena detenerse. Pareciera que, a tal punto es importante, que apenas pasada la Pascua, el ínclito Andrea Grillo, de quien ya habíamos dado noticia en este blog aquí y aquí, publicó una furiosa crítica al permiso otorgado por la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Y tan arrebatado está en sus broncas que comete el error garrafal de utilizar un mismo argumento, y en un mismo párrafo, para justificar posiciones contradictorias. En el quinto párrafo, dice a modo de defensa de la reforma de Pío XII que "había introducido algunas importantes recuperaciones históricas", y pocas líneas más abajo, criticando el rito tradicional, afirma que solamente sirve para alimentar "una iglesia reducida a museo diocesano". El Professore Grillo debería ponerse de acuerdo: la recuperación de elementos históricos de la liturgia, cosa que según él aconteció con la reforma del Novus ordo, ¿es positiva o no lo es? Si lo es, no pareciera entonces que quienes preferimos el rito tradicional suframos de alguna "patología social", como afirma más abajo. Y, en todo caso, si la celebración del rito pre-Pío XII convierte a la Iglesia en un "museo diocesano", sus reclamos de recuperación de elementos históricos de las comunidades cristianas primitivas, según se declama para la nueva misa, la convertirían en un "museo paleolítico".
Para ser honestos no solamente un progresista a ultranza como Andrea Grillo está furioso, sino que también lo están unos cuantos tradicionalistas que consideran que, si la reforma de la Semana Santa fue aprobada por Pío XII, entonces, por ese solo hecho, es buena y santa, y se juramentan entonces sobre el misal de Juan XXIII de 1962. 
Para ser serios, lo mejor es repasar en qué consistió esa reforma y por qué el interés de celebrar al rito anterior. Pocos de los que hablan y critican saben de qué se trata, y piensan que solamente fue una cuestión de cambios de horarios: la vigilia pascual dejó de celebrarse el sábado por la mañana, y pasó a celebrarse por la noche. En realidad, esto sí que fue un detalle. Los cambios fueron mucho más profundos.  Y un texto del papa Pablo VI que aparece en la constitución apostólica que pone en vigencia el misal de 1969, es suficientemente significativo al respecto:
“Se ha visto la necesidad que las fórmulas del Misal Romano fuesen revistas y enriquecidas. El primer paso de tal reforma ya se había realizado por obra de Nuestro Predecesor Pío XII con la reforma de la Vigilia Pascual y de los ritos de la Semana Santa, que constituyeron el primer paso de la adaptación del Misal Romano a la mentalidad contemporánea”.
Así es. Las reformas de las ceremonias de Semana Santa de mediados de los ’50 fueron instrumentadas a fin de comenzar a adaptar la liturgia romana a la mentalidad del mundo contemporáneo, y la prueba más clara de esto la constituye no solamente la afirmación de Pablo VI, sino también la identidad de quienes realizaron esa reforma: Annibale Bugnini, Carlo Braga y Ferdinando Antonelli, los mismos personas que una década más tarde llevaría a cabo la reforma de todo el misal romano y parirían la mostrenca criatura del Novus Ordo Missae.  
Voy a dedicar algunos post a explicar detalladamente las reformas instrumentadas bajo el pontificado de Pío XII, a partir de un trabajo  del P. Stefano Carusi aparecido ya hace varios años. 
Los cambios introducidos en la reforma de la Semana Santa en 1955 no se limitaron a los horarios que legítima y sensatamente podían ser modificados para el bien de los fieles. Desde el mismo Domingo de Ramos se inventa un rito cara al pueblo y de espaldas a la cruz y al Cristo del altar, el Jueves Santo se permite que los laicos accedan al coro, en el rito del Viernes Santo se reducen los honores que se tributan al Santísimo Sacramento y se altera la veneración de la cruz, el Sábado Santo no solamente se da vía libre a la fantasía reformadora de los expertos, sino que se demuele la simbología relativa al pecado original y al bautismo como puerta de acceso a la Iglesia. En una época en la que se proclamaba el redescubrimiento de la Escritura, se reducen los pasajes bíblicos leídos en estos importantísimos días, y se cortan incluso los mismos pasajes evangélicos relativos a la institución de la eucaristía en los textos de Mateo, Lucas y Marcos. En la tradición, siempre que se leía en estos días la institución de la eucaristía, la misma se ponía en relación con el relato de la Pasión, para indicar de qué modo la Última Cena era una anticipación de la muerte en la cruz y para indicar también que esa cena tenía una naturaleza sacrificial. Se consagraban tres días a la lectura de estos pasajes evangélicos: el Domingo de Ramos, el martes y el miércoles santos, pero gracias a la reforma, la institución de la eucaristía desapareció de todo el ciclo litúrgico.

Toda la ratio de esta reforma aparece permeada de una mixtura de racionalismo y arqueologismo de contornos muchas veces fantasiosos. No es que se afirme que a este rito le falte la necesaria ortodoxia […]. Pero a pesar de esta precisión, no se puede evitar precisar la incongruencia y la extravagancia de algunos ritos de la Semana Santa reformada, al mismo tiempo que se reclama la posibilidad y la licitud de una discusión teológica sobre el tema en la búsqueda de la verdadera continuidad de la expresión litúrgica de la tradición.
Negar que el Ordo Hebdomadae Sanctae se el producto de un grupo de eruditos académicos que, además, fueron acompañaron de notorios experimentadores litúrgicos, es negar la realidad de los hechos.
Según el P. Carlo Braga, secretario personal de Mons. Bugnini, esta reforma fue “el ariete” que desestabilizó la liturgia romana en los días más santos del año, y tamaño desbarajuste tuvo notables repercusiones sobre todo el espíritu litúrgico subsiguiente. En efecto, signó el inicio de una despreciable actitud según la cual en materia litúrgica se podía hacer o deshacer según fuera el gusto de los expertos, se podía suprimir o reintroducir elementos según las opiniones histórico-arqueológicas, para darse cuenta más tarde que los historiadores se habían equivocado (el caso más notario será, mutatis mutandis, el tan aclamado “canon de Hipólito”). La liturgia no es un juguete en manos del teólogo o del simbolista más en boga, la liturgia posee su fuerza de la Tradición, del uso que la Iglesia infaliblemente ha hecho de ella, de los gestos que se han repetido durante los siglos, de una simbología que no puede existir solamente en la mente de académicos originales sino que responde al sentido común del clero y del pueblo, que durante siglos rezaron de esa manera. Nuestro análisis se confirma con la síntesis del P. Braga, protagonista excepcional de estos acontecimientos: “Aquello que no hubiese sido posible psicológicamente y espiritualmente, en tiempos de Pío V y de Urbano VIII por causa de la tradición, de la insuficiente formación espiritual y teológica, de la falta de conocimiento de las fuentes litúrgicas, fue posible en tiempos de Pío XII” (Carlo Braga, “Maxima Redemptionis Nostrae Mysteria” 50 anni dopo (1955-2005)",  in Ecclesia Orans n. 23 (2006), p. 18).
Bajo el pretexto de arqueologismo se termina por sustituir la sabiduría milenaria de la Iglesia por el capricho del arbitrio personal. De esta manera, no se reforma la liturgia, sino que se la deforma. Bajo el pretexto de restaurar los aspectos antiguos, sobre los que existen estudios científicos de dudoso valor, se desprenden de la tradición y, después de haber descuartizado el tejido litúrgico, se hace un vistoso remiendo recurriendo a retazos arqueológicos de improbable autenticidad. La imposibilidad de resucitar en su integralidad los ritos que alguna vez existieron pero que están muertos desde hace siglos, provoca que la obra de restauración sea dejada a la libre fantasía de los expertos.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy interesante todo esto, Grillo (Gran líder del Movimiento (litúrgico) 5 stelle en Italia) se pone él solito en evidencia como defensor de la "Hermenéutica de la ruptura" que denuncia hace años Ratzinger-Benedicto. Hace unos años, estando de visita en Roma, tuve testimonio de personas que conozco bien y que (independientemente) han tratado al P Braga acá mencionado (que más que secretario de Bugnini fue su discípulo y colaborador y redactó y firmó con él varios libros) y este, ya muy viejo, contaba con humor algunas "estrategias" que hacían para evitar interferencias de la Congregación de Culto o como se llamase en esa época, los que trabajaban en esta primera parte de la reforma que reconocía, orgulloso, era el primer triunfo de un "nuevo espíritu" en la liturgia hay alguna frase de él que sería muy ilustrativa pero que no he retenido en sus detalles. El asunto es que si el Motu Proprio se ha inspirado en lo que Benedicto XVI decía de que lo que fue vehículo de Santidad no puede convertirse de golpe en una amenaza y un peligro, en este sentido la autorización por parte de Ecclesia Dei es plenamente coherente con el Motu Proprio, pero Grillo no se ha enterado de esto y su información se queda en el Motu Proprio Ecclesia Dei de Juan Pablo II que tenía como objetivo el darles a los miembros de la Fraternidad San Pío X lo que ellos reclamaban, y por esas vueltas de la vida, el "Vetus Ordo de la Semana Santa" no estaba dentro de esos reclamos. El Motu proprio de Benedicto, en cambio, no está hecho en función de los reclamos de la Fraternidad sino de los de la tradición litúrgica, como lo muestran los que han estudiado seriamente el tema. Grillo empieza simulando defender el Motu Propio a la letra, limitándolo al 62, pero muestra enseguida la hilacha y se ve claro que está en contra de sus principios fundamentales.

Anónimo dijo...

No sé qué tradicionalistas estarán enojados. Tal vez sean los que nunca hablaron de este tema con curas tradicionalistas, siendo que estos curas tampoco prefieren la reforma de Pío XII y Juan XXIII, aunque recen la misa según estas reformas por no resultar abiertamente inaceptables, como es el caso del N.O.que no aceptan rezar.

Saludos.

Nicolás.

Pensador dijo...

Hay dos cosas que me hacen muchísimo ruido y muestran la incongruencia de tales reformas y reformadores:

1. la modernidad como tal, en cuanto a lo tecnológico, ciertamente supone un progreso de la ciencia, pero el hombre moderno como tal (en su psicología y en sus costumbres) desde el punto de vista cristiano, constituye un retroceso mayor incluso al pagano, debido a que cambió el ansia de Dios por el ansia de revolución. Ante esto la lógica es contundente, cualquier acto en pro, no del hombre moderno para salvarlo, sino del hombre moderno para que siga siendo tal, es destruir lo que la cultura cristiana había construido (s. John Senior et alii)

2. EL novus ordo y muchas reformas que afectan a los sacramentos se basan, como bien marca el post, en la vuelta o retorno a ritos antiguos, en desuso de la Iglesia. Dicho argumento también cae por tierra ante las siguientes proposiciones: A) quienes quieren volver a la liturgia antes de la reforma siguen una tradición muerta (sin embargo los nuevos ritos parecen zombies o momias entonces). B) para la mentalidad moderna, lo mejor son las cosas antiguas....(¿muy ilógico no?). C) los ritos que se traen a la "vida" son altamente selectivos, nunca vi que se reivindicara el dejar a los catecúmenos fuera del templo. D) la diferencia entre ritos antiguos rearmados por los reformadores y los ritos tradicionales es que los primeros tuvieron un proceso de génesis similar al de Frankestein y los segundos a lo sumo necesitaron reanimación cardio-respiratoria o una prótesis.

La vorágine de los cambios del ultimo siglo pasado no permitió ver en detalle los alcances de tales cambios, ahora tampoco se ven de modo directo, pero si indirecto .

Âνδρέας dijo...

Anónimo de las 13:41

El Motu Proprio de Benedicto XVI no es menos monstruoso que el Novus Ordo en sí.
Summorum Pontificum introduce una irracional bicefalia en el Rito Romano, a la vez que reduce a ghetto a los grupos adictos al "rito extraordinario".
Honestamente, sólo había que recordar la Bula de San Pío V donde se dice literalmente que ningún sacerdote puede ser obligado a celebrar en otro Rito, y que si alguien se atreviera, incurrirá en la ira de Dios, la Virgen, los Arcángeles, los Santos Apóstoles, y todo el Cielo.
Era tan simple... ¿por qué lo complicó tanto Benedicto?
Ahora lo sabemos, gracias a aquello de la "continuidad interna"... Benedicto nunca dejó de ser discípulo de Rahner, aunque haya mejorado en bastantes aspectos. Nunca dejó de ser un "Papa conciliar".

Preguntón dijo...

Nicolás, tampoco sé qué sacerdotes tradicionalistas se oponen a la celebración del rito pre-Pío XII, pero llama la atención que según parece hay curas tradicionalistas que celebran la Semana Santa nueva y el misal de 1962 porque no lo consideran "abiertamente inaceptables", según dice usted. Es decir, que los consideran "subrepticiamente inaceptables", o "casi inaceptables" o algo parecido. Lo que yo les preguntaría es por qué, frente a esa dosis más o menos elevada de inaceptabilidad, no celebran directamente el misal tradicional -pre 1962-, y la Semana Santa previa a la reforma. De esa manera tendrían la certeza de celebrar un rito propia e indiscutiblemente tradicional.

Walter E. Kurtz dijo...

Para ser justos, es de suponer con mucha probabilidad que el aferrarse al misal del '62 tuvo un fin táctico y práctico. Pedir la liturgia pre-55 hubiese sido muy posiblemente demencial. Casi como pedir la restauración de la liturgia horaria anterior a San Pío X. Y, además, hacia adentro, calculo que no hubiese ayudado a "limpiar" de sedevacantistas esas mismas organizaciones que en aquel momento luchaban por su subsistencia.

Por otro lado, se me ocurre también una causa psicológica. Tengamos en cuenta que el pontificado de Pío XII había llevado a extremos el "culto a la personalidad" del Papa, v.gr. la película "Pastor Angelicus", con las poses hieráticas del pontífice que parece un superhéroe o un dios pagano de Oriente. En este caso, haberse metido en el embrollo de si el Papa Pío se equivocó o no con la reforma de la Semana Santa, era abrir otro frente de conflicto, no sólo hacia afuera (donde todavía había en Roma monseñores y cardenales "fieles a Pío XII" y que podían convertirse --eventualmente-- en aliados), sino también hacia adentro donde muchas de estas organizaciones estaban formadas por curas ordenados en aquel tiempo.

En fin, es sólo un intento de ponderar un poco más amablemente las razones de los que defendieron el misal del '62.

De cualquier modo, gracias, Wanderer, por el desarrollo de este interesante tema.

Anónimo dijo...

Ni casi, ni subrepticiamente inaceptables. Lo inaceptable, es sin matices (vgr. el N.O.).

Las reformas de Pío XII y Juan XXIII, disgustan, no se prefieren, además introdujeron la idea (y esto es lo peor) que la liturgia es "tocable"; pero de ahí a inaceptable, hay menudo trecho.
Tal vez le parezcan distinciones demasiado sutiles, pero no lo son tanto para los distinguidos comensales de la mesa wanderiana.

Saludos.

Nicolás.

Anónimo dijo...

Creo que la FSSPX ha llegado a un equilibrio interesante. Si bien celebran con el misal de 1962, introducen cambios que provienen del misal anterior que me parecen buenos, como por ejemplo el Confiteor que se reza antes de la comunión, el cual fue suprimido por el papa Juan XXIII en su misal del '62, y sin embargo los padres de la Fraternidad igualmente lo rezan.

Lefe de toda la vida

Pensador dijo...

Cualquier análisis de la situación actual y las decisiones de Fraternidades, Obispos, etc sobre estos temas tienen que tener en cuenta, como primicia, el caos liturgico que se desató en pocos años.
Tampoco hay que desestimar la diferencia de información, o acceso a ella, que había con algunas décadas de diferencia.

La reforma de la Semana Santa ya de por sí requiere el estudio serio y detallado. Porque como se afirma, hay algunos aspectos minimos mutables de forma aceptable y otros no. Cuando se manosea todo el conjunto se pierde mucho la objetividad.

El horario de la vigilia es un claro ejemplo de ello, la vigilia bien implica que pueda hacerse el dia previa en espera del siguiente, y es mutable.
O en el caso del doble confíteor, que algunos lo ponen al mismo nivel de reforma que remover el "misterium fidei" de su lugar en la consagración.

Y hay que tener la suficiente cabeza para saber discutir estos temas, porque por ejemplo, las reformas de Juan XXIII son cuestionables, pero no para hacerlo por facebook y con argumentaciones que no pasan las 20 palabras

Agustín dijo...

Y si se restaurara el rito pre tridentino, no inventando o agregando cosas, sino quitando lo que agregó al ordinario san Pío V (las oraciones al pie del altar, las del ofertorio, y las que siguen el Ite Missa Est-Deo Gratias) ¿se estaría cometiendo el mismo error?

El gregoriano de Solesmes o el de Pérès, no son también artificiales? Y el gothic revival?

Son preguntas sinceras que me hago desde hace mucho.

Guillermo dijo...

Después de 1570, el Misal Romano sufrió modificaciones bajo los pontificados de Clemente VIII (Bula Cum sanctisimum Eucharistiae, del 7 de julio de 1604), Urbano VIII (Bula Si quid est, del 2 de septiembre de 1634).
Estas modificaciones consistieron, generalmente, en cambios de rúbricas, en la adición de las misas de nuevos Santos y en la inclusión de algunos prefacios.
Leon XIII agrego oraciones al final de la misa rezada.
San Pío X quiso hacer una revisión general del Misal, similar a la reforma realizada en el Breviario (otro tema interesante pues valga la redundancia se hizo mas "breve"), pero su muerte en 1914 le impidió impulsar la tarea. Solo agrego al final de las oraciones el "Cor Iesu Sacratissimun.."
Hasta Pío XII no volverá a haber más cambios.El papa Pío XII instituyó en 1948 una Comisión para la reforma litúrgica, en la que figuraba ya un hombre que sería clave en los trabajos preparatorios del Vaticano II en el campo litúrgico, y después del Concilio en la reforma litúrgica: Aníbal Bugnini.
La comisión creada por Pío XII tuvo doce años de vida, realizando su tarea en el más absoluto secreto.
Frutos de sus trabajos fueron la restauración de la Vigilia Pascual en 1951, la reforma de toda la Semana Santa en 1955 y la publicación del Código de Rúbricas en 1960, esto último por mandato del Juan XXIII.
La reforma de la Semana Santa se incluyó en la última edición típica del Missale Romanum efectuada en 1962.
Luego en 1965 se hizo una especie de misa mutante en latín "de cara al pueblo" que entre otras cosas omitía el salmo 42 y las oraciones de Leon XIII antedichas.- Se cuenta que Mons. Lefevbre llego a rezar esta misa. Fue como una preparación para el Novus Ordo.
A lo que voy es que no se que entienden estimados por misa "tocable", una cosa es cambiar a San Guillermo y otra es alterar el canon de la misa.
No me quiero extender demasiado pero me parece excelente que se haga un análisis de las reformas de Pío XII, por lo que estoy por demás agradecido.
Guillermo

Cripto dijo...

Recomiendo la lectura del segundo capítulo de "La descomposición del catolicismo", que aquí se puede bajar de Internet http://www.vorticelibros.com.ar/libro.php?id=121 .
Entender la Tradición como algo dinámico puede dar aire a estas discusiones, que sin dejar de ser muy interesantes, pienso que en el fondo se reducen a la laberíntica cuestión de cuándo y con qué criterio considerar fijo e inmutable lo que debe transmitirse fija e inmutablemente.

Eck dijo...

El quid de la cuestión esta en otro lado y se refleja en las criticas del tal Grillo. Si no ¿qué importancia tendría una restauración de ritos que solo afectarían al 0´01 por ciento de los fieles y que sólo lo entenderían una fracción aún menor? ¿Qué diferencia práctica tendría con una misa rociera o una misa vestidos de medievales? La clave está en un sólo punto: en la negación o no de la Potestad del Papa en el cambio profundo de los ritos seculares (no de adiciones o de pequeños ajustes como prefacios o rubricas) por su simple voluntad frente al respeto por la Tradición de la que debería ser custodio y servidor.
Como los reyes absolutistas del XVIII Pío IX, S. Pio X y Pio XII fueron, a su pesar e incluso sin darse cuenta,instrumentos revolucionarios que quitaron las trabas tradicionales que frenaban los poderes papales pero también evitaban su abuso. Los poderes extraordinarios y exorbitantes que asumieron en nombre de combatir el modernismo, la herejía y otros males podrían usarse para otros fines si cambiaba de manos...como el fortalecimiento del poder real frente al reino y los estamentos, ciudades y corporaciones fueron usados por la Revolución para destruir el Antiguo Regimen: el heredero de Luis XIV fue Robespierre, el de los Pios fue Francisco.
Soy muy pesado con el rito hispano y su supresión pero es una de las raices de estos problemas. Un rito con más de 1000 años de desarrollo, procedente de los apostoles y edificado sobre la fe y el saber de los Santos Padres españoles y africanos (hay que recordar lo que debe el Derecho canonico a la Hispana) fue suprimida de un plumazo por el autor del Dictatus Papae. Fue la primera de la historia, luego vinieron los intentos de latinización de los orientales, de los sirio-malabares, etc.
Hagamos un juego mental: se diría lo mismo si, verbi gratia, se pretendiera usar el breviario de Quiñones o el anterior a Pio X. Hoy en día, en la practica, ¿cual sería la diferencia? Ninguna y ¿en teoria? Toda. En uno el Papa resucitaría por su voluntad algo muerto mientras el otro es un crítica implícita a la potestad omnimoda papal.
La gran cuestión actual, con su reflejo liturgico, es: Cual es el limite de la potestad papal en la Iglesia, seperando lo que es de derecho divino de sus añadiduras historicas.