viernes, 29 de noviembre de 2019

Deconstrucciones y microdeconstrucciones


Comentaba yo hace unos días el desacierto de Mons. Eduardo Taussig en participar de un encuentro universitario sobre la deconstrucción y, sobre todo, el desacierto de sus palabras que no hicieron más que dañar el ya ajado prestigio de la Iglesia y el suyo propio. Sin embargo, desacierto no siempre es error. Don Eduardo acertó al sostener que la Iglesia católica se encuentra en un intenso proceso de deconstrucción comenzado hace ya varios años. Balaam enalbardó a su burra y luego la vareó porque lo llevaba por donde no quería ir, aunque finalmente terminó salvándole la vida; creo que tampoco nosotros debemos hostigar a Mons. Taussig puesto que también él, haciendo y diciendo lo que hizo y dijo, nos ha enseñado una lección.

Considero que el Concilio Vaticano II marcó el inicio del gran proceso de deconstrucción de la Iglesia. Los papas Juan XXIII, Pablo VI y también Juan Pablo II —el gran Napoleón del Concilio—, quisieron voluntariamente “cambiarle el rostro” a la Iglesia y al hacerlo según lo había dictaminado la magna asamblea, la deconstruyeron, al menos en buena parte. No estoy afirmando que lo hicieran porque querían dañarla o protestantizarla, o porque fueran masones o judíos. No. Su intención era recta y creyeron que era eso lo que debían hacer. 
La Iglesia, desde la Reforma, había vivido en lento movimiento de retroceso que se aceleró con la Revolución Francesa. A mediados del siglo XIX, los papas se dieron cuenta que, a ese paso, en pocas décadas la Iglesia dejaría de ser la referencia mundial como lo había sido hasta entonces, con todo lo que implicaba ese puesto: desde la capacidad para llevar el Evangelio a todos los hombres y el magisterio moral y autoridad pastoral sobre millones de personas, hasta influencias, dinero y poder. La reacción frente a tal situación fue, como es natural, la de una frontal oposición. Los casos de Gregorio XVI, Pío IX y San Pío X son conocidos por todos. Pero más de un siglo después, cuando la Segunda Guerra Mundial había terminado, la intelligentsia de la Iglesia se dio cuenta que el mundo irremediablemente cambiaría de un modo radical y que la estrategia de oposición que hasta ese momento se había elegido no había dado resultados. Eligieron, entonces, cambiar de estrategia. La Iglesia ya no se opondría al nuevo mundo y a la nueva humanidad que renacía en los ’60 de las cenizas de la guerra, sino que lideraría el cambio. El patético discurso de Pablo VI ante la asamblea general de las Naciones Unidas de 1965, en el que proclamó a la Iglesia como “experta en humanidad”, es quizás la dramatización más elocuente de esa nueva estrategia. 
Cincuenta años después, vemos que la táctica elegida fracasó rotundamente, aunque el Papa Francisco se empeñe todavía en ella. Él es quizás el último y más dramático representante de la estrategia sesentista, con sus empeños muchas veces grotescos de liderar el “espíritu de los tiempos”, empecinándose en acaudillar el ecologismo, la inmigración indiscriminada y últimamente también, la oposición a la energía nuclear. 
Esta estrategia fracasada implicó necesariamente la deconstrucción de la Iglesia. Mucho antes que Jacques Derrida enarbolara la famosa palabrita, la iglesia católica ya era diestra en el proceso. ¿De qué otro modo si no puede calificarse la reforma litúrgica? Y no me refiero a lo que los padres conciliares pretendían, sino que a lo que efectivamente se hizo. Hace unos pocos días, el domingo 24 de noviembre, entré por la tarde a visitar la iglesia de Santiago de Cádiz, y me encontré con el espectáculo que pueden ver en este vídeo. Yo me pregunto si un gaditano como José María Pemán, o cualquier otro católico que haya vivido en los casi dos mil años que precedieron al Vaticano II, reconocería a este espectáculo como una misa católica. Si por el arte de alguna bruja hubiese yo entrado a esa bellísima iglesia con algún vecino de la ciudad de comienzos del siglo XX, ellos habrían jurado y perjurado que eso no era una misa y que el payaso que grita no era sacerdote y ni siquiera católico. ¿No se trata, acaso, de una deconstrucción?
Podrá objetarse que el ejemplo que traigo se refiere a la liturgia que según el (jesuítico) sentir de muchos, no es más que un aspecto accesorio de nuestra fe. Pero, ¿acaso no se ha deconstruido también el dogma? No se lo ha hecho de un modo espectacular negando verdades de fe, sino callando sobre ellas y humanizándolas. ¿Cuántos católicos creen verdadera y propiamente en la Santísima Trinidad, en la Encarnación del Verbo o en la Virginidad y Concepción Inmaculada de Nuestra Señora? Pienso que escasamente se cree en el pecado original, con lo cual se hacen casi innecesarios buena parte de los dogmas. Y si pasamos al ámbito de la moral, todos estaremos de acuerdo que muchos pecados —de hecho o de derecho—, hace mucho que dejaron de existir y ya nadie se preocupa de ellos, aunque ahora el pontífice reinante amenace con agrandar el decálogo incorporando algunas nuevas transgresiones a la ley divina.

Junto a estas deconstrucciones monumentales tenemos también un sinfín de microdeconstrucciones. Una de las últimas decisiones del progresismo mundial es el combate que se ha propuesto librar contra los micromachismos, es decir, contra algunos tipos de expresiones o actitudes que suelen pasar desapercibidas —violencia suave— pero que denotan actitudes machistas. Si observamos con cuidado caeremos en la cuenta que la Iglesia tiene también sus microdeconstrucciones.
Y pongo un par de ejemplos. Cualquiera que se dedique a visitar algunas de las grandiosas iglesias y catedrales que posee España, probablemente tendrá oportunidad de pasar por lo que llaman “sala del tesoro”, y verán allí tras las vitrinas, decenas de relicarios preciosos con la reliquias dentro. Yo pasé frente a la falange de un dedo de San Juan de Ribera, de un trozo del cráneo de Santa Apolonia y de un buen número de huesos de los mártires de Legión Tebana, entre otras muchas. Y junto a mi pasaban riadas de turistas que miraban con interés o apatía, y comentaban sobre las enormes riquezas que tienen los curas. Lo que resulta incomprensible es que las reliquias de los mártires y santos, que desde los primeros siglos fueron objeto de veneración por parte de los cristianos y en ocasiones especiales se exponían a la devoción pública, sean hoy, con la anuencia de obispos y deanes, expuestas a la curiosidad o al ludibrio de turistas y mirones. ¿No se trata, acaso, de una microdeconstrucción
Y ese mismo visitante que se ha paseado entre las reliquias, se paseará también frente a los monumentales coros de las catedrales y colegiatas, donde cantaban los canónigos diariamente el oficio divino. Esta especie —la de los canónigos—, fue exterminada por el Concilio Vaticano II, y si se conservan aún en algunas diócesis, han sido desposeídos de sus privilegios y convertidos en un cuerpo de la tercera edad. Pero no se trata solamente de haber acabado con una vistosa tradición medieval por la que algunos sacerdotes privilegiados vestían de morado o incluso usaban mitra sin ser obispos. Lo importante es que el cabildo era un cuerpo que balanceaba el poder de los obispos pues estaban exentos de su autoridad. Resulta curioso que los que se llenan la boca hablando de la novedosa sinodalidad que nos trajo el bendito concilio, no se den cuenta que se destruyeron los órganos de representación que tenía el clero frente a las curias episcopales, permitiendo que los obispos, en la actualidad, puedan hacer lo que se les antoja con sus curas. ¿No se trata, acaso, de otra microdeconstrucción?

En fin, que las afirmaciones de Mons. Eduardo Taussig acerca de la deconstrucción de la Iglesia terminaron, volens nolens, siendo ciertas, aunque en un sentido diverso al que él pretendía.

20 comentarios:

Chestertoniano español dijo...

Gracias por mencionar el asunto de las reliquias. A mi me duele cada vez que lo veo. Este verano estuve en la cartuja de Miraflores (Burgos). Es bellisima y aún hay cartujos ahí (que obviamente no vimos). Transmite oración, silencio etc. Recomendable su visita para todo el mundo. Pero había una sala en la que vimos un montón de objetos: cruces, manos en posición de bendecir etc. no ponía nada de nada de lo que era pero a los pocos segundos según me acercaba vi que era una inmensidad de reliquias las que había allí. Los, se notaba que piadosos, que estaban a cargo de atender a las visitas me comentaron que bueno, que si, pero que eran santos sin mucha importancia y que no estaban claro muchas veces que reliquia era de quien (al parecer hubo confusión cuando las tropas napoleónicas estuvieron allí - lo convirtieron en un establo).
El asunto es que muchos visitantes se notaba que eran creyentes. Nosotros lo somos. Pero íbamos allí a admirar la belleza del lugar (y si, que de alguna manera nos llegue la oración de los cartujos...). Hasta no hace mucho los cristianos iban allí para venerar las reliquias. Como a las catedrales etc. Ahora nadie va a ninguna parte a venerar reliquias (y que otro sentido cristiano tiene ir a una catedral? A un monasterio puedes ir de retiro pero a una catedral?). De vez en cuando se exponen y viajan algunas, siempre de un santo moderno (los santos viejos se los llevamos un rato a los ortodoxos, porque ellos si las veneran..).
Pero indignante (y deconstructor) fue que con la reforma litúrgica no es que se permitiese que los altares nuevos no llevasen reliquias. Es que se prohibió que la llevasen. Que queremos que haga la gente común luego.

Walter E. Kurtz dijo...

¡Genial Wanderer!

Permítaseme sólo recordar que la deconstrucción empezó antes. Cuando cierto Papa llamó a Maritain a Roma recibiéndolo en audiencia pública, cuando ese mismo Papa prohibió a Garrigou-Lagrange criticar al pope del "nuevo humanismo", cuando ese mismo Papa --a través de Montini-- pidió a Derisi que le dijera a su amigo Meinvielle que "el Papa ve con malos ojos que critique a Maritain". Ese mismo Papa que, según contaba Malachi Martin, había metido el "americanismo" en la Iglesia, porque --según contaba el cardenal Bea-- había quedado impresionado por la devoción de los soldados estadounidenses.

Anónimo dijo...

Voy a reiterar un comentario que dejé muy a destiempo en un post anterior:
Lo de JPII es inentendible. Pero hay gente supuestamente bien leída que lo sigue justificando por la falta de formación que el polaco tuvo en el seminario...yo no lo entiendo (a estos perejiles que lo defienden no me interesa entenderlos), digo a JPII. Qué lo llevó a hacer lo que hizo? La falta de formación? Que era un inútil para el cargo? Todo eso junto y todavía más? Les pido me iluminen los que saben, porque los perejiles leídos a mi no me convencen o quizás el perejil soy yo.

Fuenteovejuna dijo...

Creo que es muy cierto que después de asimilar el golpe de la Revolución Francesa la Iglesia comprendió que estaba quedando rezagada frente a los grandes cambios sociales, y que esos cambios se fueron acentuando a tal punto que después de la II Guerra Mundial la intelligentzia romana comprendió que algo había que hacer para no perder el liderazgo que la Iglesia siempre tuvo, lo que no se puede entender entonces, es cómo no se dan cuenta ahora que los cambios que enfrentamos hoy son los más radicales de la historia.
Tan es así, que los cambios que empezaron con la Reforma y se extendieron hasta el Vaticano II son un juego de niños frente a la monstruosidad del matrimonio homosexual, el travestismo, la Educación Sexual Integral, la ideología de género y la transexualidad que Sodoma nunca soñó y que acabará por convertir en escombros lo poco que queda del majestuoso edificio de la Civilización Cristiana que alguna vez fue, y hasta de la misma Iglesia Católica, muchos de cuyos templos hoy sólo sirven para conciertos de rock.
Más que deconstrucción, estamos frente a un inmenso agujero negro que si Dios no interviene se devorará hasta la historia y el nombre de la Iglesia Católica, porque si durante 2000 años la Iglesia siempre enfrentó numerosas herejías y siempre salió airosa, fue porque los enemigos estaban afuera, pero ahora los enemigos están adentro, y si como nos advirtió Nuestro Señor todo reino dividido camina a la ruina, esta batalla final contra la ideología de género está perdida desde el vamos.
Y la derrota nos traerá de yapa un cisma pavoroso.
Claro, los católicos sabemos que finalmente la victoria será nuestra porque las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, pero lo increíble es que antes de llegar a eso tendremos que vivir una tragedia enorme que ya está aquí, golpeando las puertas, ¡y nadie se da por enterado!

Anónimo dijo...

Yo estoy de acuerdo con lo de la "deconstrucción", si se aclara su sentido. Me parece que más allá de las intenciones y efectividades conducentes de los eclesiásticos, debemos tener claro que el gran arquitecto quiere una demoliciòn de la Iglesia hasta sus cimientos, para edificar en su lugar una cosa nueva (no basta con suprimir, la idea es suplantar) porque lo que se procura es que la nueva construcción del culto del hombre y finalmente del anti-Cristo ocupe el lugar del culto verdadero y se haga por los ministros de ese culto. Hasta hace poco parecìa que sòlo demolían, ahora se ve claro que están construyendo algo enteramente nuevo. Nuevos dogmas, nuevo culto, nueva moral, nuevos modelos de santidad (por eso las reliquias al armario). Habrá obispos que no saben lo que hacen, pero eso no los exculpa, porque como dijo Castellani, debían saber.
Hilbert

Anónimo dijo...

Interesante artículo y comparto en sustancia sus dichos. Sin embargo, le pregunto ¿cómo puede Vd. determinar la rectitud de intención de los papas mencionados con motivo de sus acciones? Me parece que allí derrapa.

Javier Rosaz dijo...

La mediocridad de la mayoría de los clérigos es innegable.

¿Pero qué es la fe entonces? Según el catecismo de Trento es la "Virtud que nos hace creer por firme e infalible todo aquello que la autoridad de la santísima madre Iglesia asegura ser revelado por Dios".
Creo que ante tan delicada definición valdría la pena explayarse un poco más. Y advertir a los fieles lo deletéreos que pueden ser los clérigos. Digo porque el catecismo romano habla de los pastores como si fueran garantía de sana doctrina, y la verdad es que la mayoría, pareciera que todo lo contrario.

Kusiwakcha dijo...

La misa reportada, evidentemente se trata de una celebración de la Renovación Carismática Católica, en fin es lo que hay, desgraciadamente hay cosas infinitamente peores. Veo que nuestro Guander es asiduo a lo que JPII dijo que es tierra de María, ahora es tierra quemada, en fin... Si en vez de una misa con tintes pentecostales desea ver algo más serio y singular si se acerca un jueves por Valencia del Cid (terminología militar no sé si vigente) y va al Real Colegio del Copus Christi, fundado por San Juan de Rivera podrá contemplar la ceremonia de los alabados, en el que se hace una ofrenda de espigas al Santísimo Sacramento según el ritual instituido por el Patriarca Rivera. Y si sigue el viernes en el mismo Real Colegio la breve ceremonia del canto del Miserere mientras se va descubriendo un impresionante Cristo crucificado en el altar mayor cubierto por el retablo de la última cena que es el que lo preside.
Cierto es que había que hacer algo para anunciar el evangelio y quizá esto podía incluir una pequeña reforma litúrgica con los frutos de lo mejor del movimiento litúrgico, del más serio, de ese que propició la participación por medio de los misales bilingües. Litúrgicamente se fue mucho, pero mucho más lejos de lo que se aprobó en la Sacrosantum Concilium y el problema fue que cuando era evidente que la primavera había sido una alucinación hubo demasiada soberbia que se empeñó en el "sostenella y no enmendalla", se arrastraba muchas deficiencias desde antes del Concilio, de hecho todos los grandes desmanes los hicieron gente formada en el pre-Concilio. Los neocones por narices hemos heredado esto, pues no hemos conocido otra cosa y muchas veces hemos conocido dentro de este ambiente lo mejor y ya éramos como unos bichos raros. Pero bueno, a pesar de que da la impresión de que miramos el túnel y no veamos luz, no significa que no la haya, significa que el túnel es muy largo, ya iremos llegando. Es cierto que los chicos de la gasolina se han empleado a fondo y que las deconstrucciones y demoliciones y las microdeconstrucciones y microdemoliciones están ahí, pero si somos hombres de fe hemos de creer que la Providencia no se tomó unas vacaciones y que de lo malo por error, por imprudencia e incluso por pura maldad con fe se puede sacar algo bueno, aunque pasemos tiempo sin saberlo o acabemos muriendo sin saberlo conceptualmente, el Señor no deja de obrar con su gracia. Muchas gracias Wanderer y comentaristas por lo que aprendo de uds. hasta de los que me cabrean un poco. In corde Christi.

Anónimo dijo...

El asunto del artículo, de por sí pavoroso, no pasa de todos modos de ser una reacción periférica al asunto central, que no es otro que el abandono de toda noción verdadera de Dios. Si Dios Se reveló como Quién Es, la Iglesia no es otra cosa que Su Cuerpo Místico. Los criterios humanos, inclusive y sobre todo los históricos, son muchísimos y poderosos, pero irrelevantes en último análisis, porque es Dios mismo quien guía a Su Iglesia; pero cuando los hombres intentan reemplazarLo, sucede lo que sucedió. El Concilio VII fue exactamente eso: reemplazar a Dios con criterios puramente humanos, históricos, temporales.
Contra lo que se advierte en el Apocalipsis la jerarquía de la Iglesia no mantuvo lo que tenía, sino que intentó mejorarlo por sí misma. Y los resultados están a la vista.
Creo que, lo vea esta generación o no -y me inclino a pensar que sí lo hará- Dios Nuestro Señor intervendrá para salvar in extremis a su pequeña grey, sencillamente porque el plan de Dios no puede fracasar y los hombres lo hemos puesto tan completamente en peligro con nuestra soberbia que no existe otra manera de que la Iglesia complete su misión.
Si un Obispo -cualquiera es igual- reconoce los síntomas pero deja hacer, no se distingue de la profecía de Caifás que ponía a los judíos fuera de la Salvación hasta su final conversión. Es un final y, como en aquellos días, algunos quedarán de un lado y otros del otro. Pero Dios puede salvarlos a todos y, en esto, sigo a quienes piensan -lo dice Royo Marín- que al final de los tiempos se salvarán muchos más que los que se condenarán. ¿Qué otra cosa que no sea una intervención divina directa podría lograr una cosa así?
Euclides

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer,
Entiendo su buena disposición, pero como no tiene el don de la cardiognosis, no puede afirmar que los Papas conciliares y post conciliares hayan actuado con mala intención, como tampoco puede afirmar lo contrario. No digo que los hechos hablen por sí solos, pero todo hace presumir que la intención de esos pontífices no fue buena; sin embargo, más allá de esa razonable presunción, sería una imprudencia y una jactancia afirmar cualquier cosa sobre la intención de esas personas.
Saludos.
El desfacedor de entuertos

Anónimo dijo...

Maldigo el instante en cual hice clic sobre enlace al vídeo de la misa ...

Hermenegildo dijo...

Wanderer: soy gaditano y vivo en Cádiz. Si hubiera sabido que usted visitaba mi ciudad habría hecho lo posible para que nos conociésemos personalmente. Si vuelve por Cádiz, hagámelo saber.

Anónimo dijo...

Al anónimo de las 15:36

Cualquier misa "kika" (neocatecumenal) es así.

Hermenegildo dijo...

Y qué puntería ha tenido usted, Wanderer. En la iglesia de Santiago de Cádiz, antiguo templo jesuita ahora convertido en iglesia del Seminario Diocesano, la liturgia se celebra con bastante corrección. Al parecer, aquel día habían venido de fuera los de la Koionía de San Juan Bautista, que tienen algunos seguidores en la ciudad. Son de estilo carismático.

Anónimo dijo...

Acá tenemos lo nuestro, las Misas Arquidocesanas en el Luna Park ..

Hermenegildo dijo...

A los comentaristas que censurar a Wanderer por haber presumido la buena fe de los papas conciliares, les recuerdo que, como norma general, la buena fe se debe presumir siempre mientras no se demuestre lo contrario. Así lo establece el artículo 434 del Código Civil español en relación con la posesión: "La buena fe se presume siempre, y al que afirma la mala fe de un poseedor corresponde la prueba".

Otro principio jurídico que refuerza la presunción de buena fe es: "in dubio, pro reo".

Anónimo dijo...

¿ Y el principio de San Peperino Pómoro: "piensa mal y acertarás aunque no te enteres" ?

Anónimo dijo...

Gran argumento ese de invocar Códigos vaciados bajo el molde de las normas napoleónicas. La presunción de inocencia se invierte cuando se ostenta la máxima jerarquía, con poder ilimitado, y se producen daños monumentales. Los hechos incriminan. Las disculpas subjetivas quedan para el juicio de Dios, que nosotros no podemos conocer. A menos que crea en la infalibilidad de las beatificaciones y canonizaciones. No es mi caso.
Saludos.
El Desfacedor de Entuertos

Kusiwakcha dijo...

No, las misass kikas son de otra manera, seguro que nada del gusto de los comentadores del blog, esta es de alguien de la Renovación Carismática Católica o su grupo disidente Renovación Carismática en el Espíritu, que se diferencian solo por aceptar o no aceptar unos estatutos.

Anónimo dijo...

Señor Desfacedor de Entuertos:
Sírvase algo de su propia medicina y dése una vueltita por algún buen libro de Derecho (lo más recomendable: "Instituciones del derecho real de España", del profesor guatemalteco José María Álvarez [1777-1822]; hay muchísimas ediciones, y una edición porteña de la época de Rosas de la "Imprenta del Estado" con notas de Dalmacio Vélez) así comprenderá que aún los mal llamados "códigos napoleónicos" tienen en su inmensa mayoría reglas del derecho romano clásico, de donde provienen TODAS sus instituciones. Y en el caso del Imperio Hispánico, pasadas por las Partidas.