viernes, 19 de junio de 2020

Sobre la "reflexión" de un párroco mendocino

El P. Aldo Vallone, párroco de la catedral de Mendoza, ha hecho circular en los últimos días una “reflexión” destinada a los fieles que se niegan a comulgar en la mano, tal como lo han ordenado los obispos mendocinos.

El autor comienza descalificando a esos fieles. Los trata de escrupulosos, desobedientes e ignorantes. Y así, el objetivo de su escrito es deshacer los escrúpulos, reparar la ignorancia y doblegar la desobediencia. A mi entender, se queda bastante corto en sus propósitos. Analicemos sus argumentos:

1. Comienza estableciendo que la potestad de régimen en la Iglesia la tiene el Sumo Pontífice y los obispos que están en comunión con él. Y esto incluye también la disciplina litúrgica, por lo que los obispos, concluye el P. Vallone, tendrían potestad para prohibir la comunión en la boca y obligar a sus fieles a recibirla en la mano.

Se trata de un argumento FALSO. En primer lugar, porque los obispos, aún con la autoridad disciplinar que poseen, no pueden modificar la disciplina litúrgica de acuerdo a sus caprichos y en contra de la Tradición y del rito mismo. Por ejemplo, no podrían obligar a sus sacerdotes a distribuir la comunión bajo las dos especies, aunque sea ésta una práctica permitida, y tampoco podrían prohibirles usar el velo del cáliz, porque una ley superior a la de su autoridad —la de la Sede Apostólica—, deja su uso ad libitum. Es decir, ni el Papa ni los obispos pueden comportarse como dictadores africanos. Su autoridad en este campo, no es absoluta. Está limitada por la Tradición y el derecho.

En segundo lugar, la falsedad del argumento se manifiesta porque el P. Vallone no tiene en cuenta el principio jurídico por el que la ley de una autoridad inferior no puede contradecir la de una autoridad superior. Un gobernador de provincia o un intendente no podría disponer que en su territorio no se aplique, por ejemplo, la ley del divorcio, puesto que ha sido sancionada por una autoridad superior. En nuestro caso, la autoridad superior en materia litúrgica es la Congregación del Culto Divino que, cuando autorizó la comunión en la mano, envió a los obispos una carta en que se establecía la disciplina de esta nueva práctica. Allí se dice: 

La nueva manera de comulgar no deberá ser impuesta de modo que excluya el uso tradicional. Importa especialmente que cada fiel tenga la posibilidad de recibir la Comunión sobre la lengua allí donde se conceda legítimamente el nuevo uso y cuando se acerquen a comulgar al mismo tiempo que otras personas que reciban la Hostia en la mano. (Acta Apostolicae Sedis 69, p. 546)

Por tanto, la autoridad que legítimamente dispone la disciplina litúrgica ha dispuesto exactamente lo contrario a lo que afirma el P. Vallone. 

2. Recurre también el autor a algunos argumentos históricos. Los hechos que destaca son acertados. Tal como sostiene Jungmann (El sacrificio de la misa, BAC, Madrid, 1963, p. 942), el historiador de la liturgia más reconocido del último siglo, la costumbre de comulgar en la mano se abolió en el siglo IX. Es decir, durante ochocientos años, en algunas zonas de las cristiandad, la comunión podía ser distribuida en la mano de los fieles. Infiere entonces el P. Vallone que este hecho debería ser suficiente para despejar cualquier escrúpulo u objeción contra dicha práctica que, para él, sería tan tradicional como la comunión en la boca.

Se trata, una vez más, de un argumento FALSO. En primer lugar, porque la selección de elementos de una tradición no puede ser arbitraria, sino que debe seguir un desarrollo homogéneo entre sus partes y es así como se la guarda de un modo inviolado. Si fuera el caso de tomar tradiciones de los primeros tiempos, podría el P. Vallone proponer que las mujeres entraran con la cabeza cubierta al templo o que la misa se celebrara en latín, pues es así como la iglesia procedió no sólo durante el primer milenio, sino hasta finales del segundo. 

En segundo lugar, la instrucción Memoriale Domini de la Congregación para el Culto Divino que establece la práctica de la comunión en la mano, dice en su número 7: 

Andando el tiempo, después de que la verdad del misterio eucarístico, su eficacia y la presencia de Cristo en el mismo fueron escrutados más profundamente, por ungirlo ya el sentido de la reverencia hacia este Santísimo Sacramento, ya el sentido de la humildad con que es preciso que éste sea recibido, se introdujo la costumbre de que el ministro pusiese por sí mismo la partícula de pan consagrado en la lengua de los que recibían la comunión.

Y esto justamente lo que afirma Jungmann: “Con todo, más que el temor a los abusos, influyó [en la prohibición de comulgar en la mano], sin duda, la creciente reverencia al sacramento a que se diese más tarde la sagrada forma directamente en la boca” (Jungmann, 942).

Como vemos, se trata de un prístino caso de desarrollo armónico no sólo del dogma, sino también de las formas sacramentales. El cambio en la práctica de la distribución de la eucaristía no se debió a un capricho pontificio que podría ser anulado por otro capricho pontificio, o episcopal, sino a una profundización en el misterio de la Eucaristía.

3. El P. Aldo Vallone afirma a continuación: “las dos [formas de recibir la eucaristía] son tradicionales, si el Magisterio con su autoridad disciplinar las ha legitimado y recomendado a ambas”. En poco más de diez palabras ha concretado tres graves error por lo que su afirmación, una vez más, es FALSA.

En primer lugar, como ya vimos, recibir la comunión en la mano no es tradicional, sencillamente porque la tradición se desarrolla armónicamente. Sobre este punto tan importante se explayó con autoridad magisterial, el Papa Pío XII en su encíclica Mediator Dei, donde parece que responde a este reclamo de tradición del P. Vallone. Allí dice en el n. 80: 

“… pero, ciertamente, no es prudente y loable reducirlo todo, y de todas las maneras, a lo antiguo. […] Tal manera de pensar y de obrar hace revivir, efectivamente, el excesivo e insano arqueologismo despertado por el ilegítimo concilio de Pistoya, y se esfuerza por resucitar los múltiples errores que un día provocaron aquel conciliábulo y los que de él se siguieron,…”.

Más aún, la instrucción Memoriale Domini, en el n. 10, adjudica expresamente el carácter de “tradicional” a la comunión en la boca, en contraste con la comunión en la mano. Por tanto, reclamar el carácter de tradicional a este último modo de comulgar sólo porque fue una práctica de los primeros siglos, como hace Vallone, es erróneo y contradice el magisterio pontificio.

En segundo lugar, pareciera que el párroco de la catedral mendocina, tiene un concepto de magisterio demasiado extenso. Se designa por magisterio la función que incumbe a la Iglesia, y especialmente a su jerarquía apostólica, de anunciar perpetuamente la palabra de Dios en su nombre y con sus autoridad y definir su sentido cuando es necesario (L. Bouyer, Diccionario de teología, Herder, Barcelona, 1977, p. 419). Me pregunto, entonces, de qué modo entra en la categoría magisterial una disposición disciplinar sobre el modo de recibir la eucaristía. ¿Es que esa cuestión forma parte del Depósito de la Fe, del que el magisterio es guardián? Como afirma el cardenal Billot, s.j., lo que le corresponde a la jerarquía es proponer y definir con autoridad en qué sentido Escritura y tradición deben entenderse. Consecuentemente, las disposiciones de los obispos mendocinos que obligan a sus fieles a comulgar en la mano no forman parte de ninguna manera del magisterio.

En tercer lugar, el P. Vallone afirma que el magisterio “ha recomendado” ambas formas de recibir la eucaristía. Es exactamente lo contrario. El magisterio no recomienda la comunión en la mano; más aún la desaconseja. Y recurro al documento magisterial con mayor autoridad en el tema, la instrucción Memoriale Domini

15. Así, pues, […] en razón de la gravedad del asunto y la fuerza de los argumentos aducidos, al Sumo Pontífice [San Pablo VI] no le ha parecido oportuno mudar el modo hace mucho tiempo recibido de administrar a los fieles la Sagrada Comunión” [es decir, en la boca]. 

Hacia el final del documento, el Papa permite a los que obispos de aquellas zonas donde la costumbre de comulgar en la mano se hubiese arraigado, recurrir a la Santa Sede a fin de conseguir un indulto para continuar con la misma.

En conclusión, y tal como se desprende de toda instrucción Memoriale Domini , y en especial del n. 18, la posibilidad de comulgar en la mano es un indulto o permiso especial y extraordinario concedido expresamente y para cada caso en particular por la Sede Apostólica. Afirmar, entonces, como hace el P. Vallone, que la Iglesia recomienda tanto la comunión en la boca como en la mano, es un error. Es equivalente al caso del indulto que concede un obispo para que puedan casarse primos hermanos. Este permiso no implica que se recomiende el casamiento entre primos; se lo permite a regañadientes.

El P. Vallone ofrece otro argumento para defender su postura. Escribe: “…en otra diócesis sólo se permitía comulgar en la boca. Y, Esto (sic), no es ni discriminación, ni abuso de autoridad… ¿Por qué aceptar y alabar con religioso respeto una determinación y despreciar otra?”. Es decir, así como en una diócesis (San Luis) no se permite comulgar en la mano, es perfectamente lícito que en otra (Mendoza y San Rafael) no se permita comulgar en la boca. Pareciera que no es necesario explicar que se trata, una vez más, de un argumento FALSO.

Siguiendo el mismo razonamiento, podríamos decir que así como en San Luis está prohibido que las mujeres ayuden a misa, Mendoza podría prohibir que lo hagan los varones. ¿Le parecería a alguien atinada semejante prohibición? O, para seguir con el ejemplo anterior y siguiendo con el razonamiento de Vallone, así como un obispo podría negar el indulto a una pareja de primos hermanos para contraer matrimonio, otro obispo podría obligar a que todos las parejas que se casen en su diócesis sean primos hermanos.

Finalmente, los argumentos de autoridad que esgrime el P. Vallone en los últimos párrafos de su “reflexión” se vuelven en su contra. Cita allí al Papa Pío IX, que en su carta Tuas libenter afirmó que “llega a estar frecuentemente de acuerdo con quienes claman y chillan contra los decretos de esta Sede Apostólica y de nuestras Congregaciones…”. Lo que hemos visto es que la Sede Apostólica y las Congregaciones vaticanas sostienen que “la nueva manera de comulgar no deberá ser impuesta de modo que excluya el uso tradicional. Importa especialmente que cada fiel tenga la posibilidad de recibir la Comunión sobre la lengua…” (AAS 69, 546). ¿Quiénes son, entonces, los que “claman y chillan”? ¿Los fieles que se resisten a comulgar en la mano, o los obispos que quieren obligarlos a ello?


 

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Impecable. Nada que agregar.

Anónimo dijo...

Así funcionan las cosas hoy, lamentablemente, a riesgo de ser demasiado sintético:
1. Quienes denuncian el clericalismo son los que más lo practican. Como se suele decir, el que se excusa antes de que lo acusen se autoincrimina.
2. A la hora de abordar cualquier cuestión, la mentalidad dialéctica, hace que todo esté tamizado por falsos dilemas que impiden ver los matices y la riqueza y profundidad de la realidad. Es ideología.
Pero no nos desesperancemos, vivir en este tiempo no es un error, tenemos contados hasta los cabellos y es la promesa de Jesús estar hasta el final de los tiempos.
Atte.,
Costia

Capitán Dalroy dijo...

Mr. Wanderer: qué buena su entrada para despejar dudas en tiempos de marea revuelta. Gracias.
Veremos si lo del p. Vallone es ideología o búsqueda sincera de la Verdad. Veremos si tiene solvencia para entrar en el debate, o lo suyo fue una jugarreta manipuladora para aprovecharse de la feligresía sencilla... ¿Son "errores" los suyos o falacias?

Y me embarga una objeción: Si se trajera a colación el argumento de la emergencia sanitaria para exigir la Comunión en la mano; ¿quedaría justificado el obispo? ¿O contraatacaría con nueva entrada y nuevos argumentos?

A barlovento y de pie, lo saluda

Capitán Dalroy.-

Un Nostálgico Lector dijo...

Decreten lo que quieran.
Los laicos estamos en nuestro derecho a no obedecer leyes injustas

Y si nos dicen algo, les tiramos el concilio por la cabeza

Padre Vicente Capuano, S. J. dijo...

El clericalismo consiste en sobrepasar los limites de la ley canónica. Un diacono, sacerdote o obispo con este vicio se pone por encima de la ley. Hay otras notas en la definición de clericalismo pero esta es la principal.


Anónimo dijo...

Me extraña su pregunta Capitán. Por un lado, hay suficientes evidencias médicas de que el riesgo de contagio por dar la comunión en la boca es mínimo; incluso menos que dándola en la mano. Al respecto, hicieron un estudio algunos médicos católicos de EE.UU. cuándo sobrevino la gripe porcina en 2009. Por el otro, sabiendo que hoy es una gran falta de respeto contra el Santísimo Sacramento (sacrilegio)..¿Es suficiente motivo para cometerlo?. En el último de los casos (que no es el presente caso), si no se puede comulgar, no se comulga ¿cuál es el inconveniente?. En fin, no creo que sea un argumento que merezca mucha respuesta. Lo jugoso estaba en el escrito. No creo que le queden balas al prete. Si espero que le quede caballerosidad y pueda reconsiderar su posición.
Afectuosamente
A.G.

Marcelo Eduardo Grecco dijo...

Que hermoso ver a los que han hecho gala de toda desobediencia liturgica y magisterial, exigen la obediencia que nunca han tenido. Dime quien lo dice y te dire de donde viene, párroco de la Catedral de Colombo.... ya todo está dicho.
Rezamos por Cuyo donde todavía hay fe en seglares y pastores!!

Wanderer dijo...

Capitán Delroy, el P. Vallone, en su carta, hace referencia a la comunión en la mano simpliciter, y no relacionada con la situación actual provocada por la pandemia. Por eso, en mi artículo trato de mostrar que los argumentos que usa no son válidos.
En cuanto a la cuestión sanitaria, estoy perplejo. Es real que existe un nuevos virus, peligroso y contagioso. No sabemos si la distribución de la comunión en la boca aumenta la posibilidades de contagio. Un comentario reciente en esta misma página asegura que hay un estudio que demostraría que hay mínimos riesgos de contagio. Habría que ver ese estudio y la seriedad que posee. No estamos frente a una cuestión baladí, en la que arriesgamos pescarnos un resfrío.
Ante una situación de perplejidad, lo prudente es actuar suponiendo la peor de las hipótesis. Como dice el dicho popular, "Ante la duda, abstente". Por eso mismo, y hasta que el panorama aclare, creo que lo prudente es asistir a misa pero abstenerse de comulgar. No hay obligación alguna de hacerlo, y siempre puede hacerse la comunión espiritual que, como enseña la Iglesia, reporta las mismas gracias y beneficios que la comunión sacramental.

Anónimo dijo...

la autoridad civil no tiene ninguna potestad sobre la Liturgia, nunca y bajo ningún pretexto ni situación. Y que nadie debe permitirle a los gobiernos entrometerse en esta cuestión.
La Comunión en la mano es un "abuso" ilícito o sea un delito canónico, para el cual no existe ni puede darse "permiso" alguno, sino que existe un "indulto", es decir, la remisión de la pena merecida, de forma anticipada, si sucediese que esta práctica hubiese existido, y hubiese arraigado, en la diócesis o conjunto de diócesis que solicitasen el indulto desde antes de 1969. MEMORIALE DOMINI.

Así y todo, dado que, conforme la Memoriale Domini de Paulo VI, la norma actual de la Iglesia es la comunión en la boca, un indulto que tuviese la recognitio de la Santa Sede, tampoco podría imponerse dado que lo que es indultado a modo de excepción no puede, por regla, imponerse de modo general.

Anónimo dijo...

Y Vallone no se pregunta porque el magisterio posconciliar no obedece al preconciliar...

Anónimo dijo...

"Por eso mismo, y hasta que el panorama aclare, creo que lo prudente es asistir a misa pero abstenerse de comulgar. No hay obligación alguna de hacerlo, y siempre puede hacerse la comunión espiritual que, como enseña la Iglesia, reporta las mismas gracias y beneficios que la comunión sacramental"
Wanderer, ¿no le parece que hacen falta muchas distinciones y precisiones para afirmar algo asi? Por el ejemplo, la eficacia "ex oper operato" del sacramento.
Me parece que por como viene la mano, lejos de abstenerse, lo mejor que podemos hacer en los tiempos que nos tocan, es recibir a Nuestro Señor sacramentado cuantas veces podamos y como Dios manda!
¡Basta de tantos cálculos mundanos por favor! ¡Que de alguna forma u otra moriremos y más vale hacerlo para dar mayor gloria a Dios!

Hermenegildo dijo...

En cuanto a que la comunión en la mano existiera hasta el siglo IX, creo fue de manera cada vez más marginal, como ocurrió con el matrimonio de los sacerdotes, que siempre se toleró como excepción, teniendo en cuenta que el celibato era lo ideal. Lo digo porque, Según el "Liber Pontificalis", en una época tan temprana como los comienzos del siglo I, prohibió a los laicos tocar los vasos sagrados. De esto se deduce que, si los laicos no podían tocar los vasos sagrados, menos aún podrían tocar con sus manos el Cuerpo de Cristo.

Por lo que se refiere a la forma de comulgar y la emergencia sanitaria, con motivo de una fuerte epidemia de gripe en 2009 se planteó la cuestión de si hacer obligatoria la comunión en la mano, y ésto es lo que respondió la Santa Sede:

“Este dicasterio hace notar que su Instrucción Redemptoris Sacramentum (25 de marzo de 2004) estipula claramente que “cada uno de los fieles tiene siempre el derecho a recibir la Santa Comunión en la lengua” (nº 92), y no es lícito negar la Sagrada Comunión a ningún fiel cristiano a quien no impida la ley recibir la Sagrada Eucaristía”.

Anónimo dijo...

Otro cura que ha perdido el oremus. Y van...

Anónimo dijo...

Agradezco nuevamente sus orientaciones y argumentos ante una situación que vivo como un abuso de autoridad por parte de mi obispo. Ahora bien, en el caso de mi diócesis la razón esgrimida es que la comunión en la boca supone mayor peligro de contagio. El apoyo técnico es supuestamente la opinión de la asociación de médicos católicos de Cataluña. Creo que es lo que debe desmentirse de forma rigurosa. Vd. cita una opinión médica en contra (gripe porcina 2009) y pueden aducirse las del Dr. Boscia, presidente de la asociación de médicos católicos de Italia, y la de la diócesis de Portland. No puedo estar de acuerdo, sin embargo, con su afirmación de que sea enseñanza de la Iglesia que la comunión espiritual reporte las mismas gracias y beneficios que la comunión sacramental.

Wanderer dijo...

Hermenegildo, gracias por el dato de la instrucción Redemptoris Sacramentum.
En cuanto al Liber Pontificale que menciona, debe haber un error en la fecha. Usted dice que es de comienzos del siglo I, por lo que estimo que habrá sido el libro litúrgico que usó Nuestro Señor en la Última Cena. No lo conocía.
Tenga en cuenta que el primer pontifical que conocemos es el compilado por Egberto de York en el año 766.